jueves, 20 de junio de 2013

Apocalipsis en el Puerto de Bombay

A comienzos de 1944, los japoneses, presionados por el avance de las tropas norteamericanas en el Pacífico, se encontraban atrincherados en sus guarniciones o en franca retirada en la mayoría de frentes, pero decidieron lanzar una ofensiva contra la India desde sus bases en Birmania ("Operación U-Go"). Los británicos comprendieron que ése era un momento crucial para la defensa de la perla de su imperio, pues si los japoneses lograban rebasar sus posiciones defensivas, no tendrían ningún obstáculo para avanzar por las llanuras del golfo de Bengala y apoderarse  del puerto de Calcuta, y si eso sucedía, los ingleses tendrían los días contados en la India. Por eso, el gobierno británico, decidido a prestar todo el apoyo necesario para las tropas destacadas en la zona, envió numerosos buques cargados con municiones, armamento, provisiones y todo tipo de material necesario para sostener el esfuerzo bélico en la India.


Uno de esos barcos era el SS Fort Stikine (en la imagen sobre estas líneas), un mercante de la clase Liberty - idéntico al que provocó la catástrofe en el puerto de Bari, que os relataba no hace mucho -, que había partido de Liverpool el 24 de febrero de 1944 rumbo a Bombay con un cargamento consistente en 1.400 toneladas de explosivos (torpedos, minas, municiones...) y alimentos, así como 12 cazas Supermarine Spitfire, desmontados y embalados, junto a repuestos de aviación. También transportaba varias cajas de lingotes de oro por valor de 2 millones de libras, destinadas a apoyar el valor de la rupia india y mantener las tasas de cambio, afectadas por la economía de guerra. Tras un viaje sin incidentes a través del estrecho de Gibraltar, el Mediterráneo, el canal de Suez y el océano Indico, arribó a Karachi (Pakistán) donde descargó los Spitfire, y añadió a sus bodegas un cargamento de balas de algodón. 


El SS Fort Stikine llegó a Bombay el 12 de abril de 1944 y quedó amarrado en uno de los muelles de dicho puerto a la espera de ser descargado. Parece ser, que el capitán del buque, incumpliendo las más elementales normas internacionales de navegación, no comunicó a las autoridades portuarias la peligrosa naturaleza de la carga, y atracó junto a otros mercantes en el muelle y no en un apartadero. Hacia las 14:00 horas del 14 de abril la tripulación dio la alarma de incendio en las bodegas del SS Fort Stikine, al parecer por un fuego originado en el cargamento de algodón (aunque fue imposible determinar la fuente del incendio debido a la densidad del humo). A pesar de que los bomberos arrojaron toneladas de agua dentro del mercante, el fuego fue imposible de controlar. A las 15:50 horas se dio orden de abandonar el barco, y poco después, a las 16:06 se produjo una gigantesca explosión que partió en dos el carguero y llegó a romper cristales de ventanas a una distancia de 12 kms. La explosión fue de tal magnitud que incluso llegó a ser detectada por un sismógrafo emplazado en el norte del país. El fuego lo arrasó todo en un radio de 800 metros, extendiéndose a los demás buques amarrados en los muelles, así como a las instalaciones portuarias. 


Instantes después de la explosión 11 buques dentro del puerto estaban hundidos o yéndose a pique. El personal de emergencia había sufrido muchas bajas (dos brigadas de bomberos habían quedado aniquiladas), y si ya entonces la lucha contra el fuego era enormemente difícil,  la situación empeoró todavía más cuando a las 16:34 horas se produjo una segunda explosión. Se tardaron 3 días en controlar el gigantesco incendio y fueron necesarios más de 8.000 hombres para retirar las más de 500.000 toneladas de escombros y poder reabrir el puerto, trabajos que se prolongaron durante 7 meses. Un total de 27 barcos resultaron hundidos o dañados y el coste en vidas humanas, según cifras oficiales, ascendió a casi 800 muertos, entre marineros, trabajadores del puerto y civiles, más unos 1.800 heridos. Otras estimaciones consideran que el número de muertos fue mucho mayor (1.200 o 1.500), y alrededor de 2.500 heridos. La metralla provocada por la explosión y el gigantesco incendio afectaron también a la ciudad de Bombay, y muchas familias perdieron sus casas y todas sus pertenencias. 


Sin embargo, irónicamente, muchos recuerdan este triste episodio como “el día que llovió oro”. Muchos lingotes de oro de los que transportaba el SS Fort Stikine en sus bodegas salieron despedidos por la explosión y cayeron sobre la ciudad. Uno de los primeros en ser recuperado fue entregado por un ingeniero jubilado llamado Burjorji Motiwala. El lingote, que había caído sobre su azotea, tenía un valor de 90.000 rupias. El señor Motiwala recibió una recompensa de 999 rupias, que donó al fondo de ayuda a los afectados por el desastre. Hasta la década de los 70 era habitual recuperar lingotes de oro durante los trabajos de dragado del puerto. De hecho, en febrero de 2011 dos trabajadores del puerto de Bombay, que trabajaban en la construcción de un muelle, encontraron sendos lingotes de oro (podéis leer la noticia aquí).


Pese a la enorme magnitud de la tragedia, los británicos optaron por silenciar el incidente, decretando un apagón informativo casi total, y lo cierto es que nunca se llevó a cabo una investigación de las causas de la catástrofe, dando lugar a todo tipo de especulaciones (incluido un posible sabotaje por activistas a favor de la independencia india del imperio británico).

Fuentes: 
"100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández
http://nonsei2gm.blogspot.com.es/2010/04/la-catastrofe-del-fort-stikine.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Bombay_Explosion_(1944)
http://www.flickr.com/photos/haligo/sets/72157632932414292/detail/

3 comentarios:

Llorenç Carbonell dijo...

Como no se encontraron los 2 millones de libras en oro, siempre es posible que la causa de la catástrofe hubiera sido el robo perfecto. Imposible de encontrar todos los lingotes, parte de ese oro bien podría haber caído en manos de un ladrón sin escrúpulos. Pero claro, eso, ya es una obra de ficción.

Un saludo,

http://librosenguerra.blogspot.com.es/

charlie furilo dijo...

Bueno, es una hipótesis. Qué mejor forma de encubrir el robo, sin dejar ni una huella. Saludos!!!

Llorenç Carbonell dijo...

Huella dejaron, pero imposible de seguir, ejejejej

Un saludo

http://librosenguerra.blogspot.com.es/