martes, 4 de junio de 2013

Desastre en Bari: El Segundo Pearl Harbor

Desde el inicio de la invasión de Italia por los Aliados, en septiembre de 1943, el puerto de la ciudad de Bari, con una población de 250.000 habitantes, adquirió una gran importancia estratégica, convirtiéndose en el principal centro logístico de mercancías y suministros en el Mar Adriático. Partiendo de Bari, los víveres, municiones y equipamiento para las tropas marchaban hacia la Línea Gustav más al norte, donde los alemanes resistían en una cruenta y sangrienta batalla que se estaba alargando meses. Por ello, el puerto italiano habitualmente solía estar atestado de barcos amarrados en sus muelles, normalmente cargueros de mercancías y tropas, o navíos militares, llegando casi al 100% de su capacidad útil. El puerto estaba bajo jurisdicción británica, pues era la base principal de suministros para el 8º Ejército Británico, pero la ciudad también alojaba el cuartel general de la 15ª Fuerza Aérea norteamericana. Todo ello hacía que, además del habitual material de guerra, los barcos anclados en Bari transportasen combustible de aviación, bombas y municiones.


Uno de esos cargueros, un buque norteamericano de los llamados "Liberty Ships" (imagen sobre estas líneas), el SS John Harvey, había llegado al puerto italiano el 26 de noviembre de 1943, conteniendo una peligrosa carga: 1350 toneladas de bombas de gas mostaza, que llegaban en el más absoluto secretismo - incluso su capitán, Edwin F. Knowles, y la mayoría de la tripulación del carguero, salvo un pequeño grupo de expertos en el manejo de materiales tóxicos, desconocía que transportaba realmente -, y que debían tenerse en reserva, por si los alemanes decidían recurrir al uso de armas químicas. La autorización de atracar el navío allí se saltaba por completo todas las normas de seguridad, ya que un material químico de esas características tan peligrosas tenía prohibida la entrada en puertos no homologados. Bastaría que un pequeño ataque aéreo dañase al barco para que se desatase una gran tragedia. Por si fuera poco las medidas de seguridad en el puerto de Bari eran prácticamente inexistentes, ya que los aliados no consideraban la posibilidad de un ataque aéreo alemán. La Luftwaffe se encontraba muy debilitada y dispersa en Italia, por lo que las luces del puerto permanecían encendidas durante toda la noche para facilitar las labores de carga y descarga, y apenas existían baterías antiaéreas para defender su cielo. Aquella cadena de errores conduciría al desastre.


Desconociendo el arma secreta que portaba el SS John Harvey, la Luftwaffe, tras comprobar mediante un vuelo de reconocimiento que la seguridad en el puerto de Bari era prácticamente nula, decidió bombardearlo con la finalidad de golpear duramente las líneas de suministros aliados hacia el frente. La tarde del 2 de diciembre de 1943, un total de 105 bombarderos Junkers Ju-88 despegaron desde la base de Foggia con dirección al puerto de Bari. Unos aparatos volaron directos atravesando la península italiana y otros paralelos junto a la costa de Yugoslavia para despistar a los observadores enemigos. Además uno de los aviones lanzó tiras de aluminio sobre los radares para confundir a los operadores. La aproximación al objetivo fue un éxito, pues cuando el centenar de bombarderos germanos aparecieron sobre Bari a las 19:25 horas, todo el puerto estaba desprevenido.


Bombardear Bari fue un juego de niños para los pilotos alemanes. Sin apenas ser molestados por las baterías antiaéreas, los bombarderos alemanes apuntaron y soltaron tranquilamente sus bombas sobre sus objetivos. Las explosiones en el puerto se sucedieron una tras otra, y una de las bombas impactó sobre un oleoducto, causando su rotura y provocando un incendio que se propagó por el puerto y los muelles. Los navíos aliados fueron alcanzados uno tras otro en un apocalipsis de explosiones y de marineros saltando al agua para escapar de las deflagraciones y los incendios. Un carguero con 5000 toneladas de municiones, el SS John L. Motley se incendió y saltó por los aires. Mientras, el SS John Harvey, que no había recibido ningún impacto, fue alcanzado por las llamas de los buques vecinos. Sus tripulantes no abandonaron el barco y trataron de sofocar el fuego, pero de repente el buque estalló, desintegrándose en una gigantesca bola de fuego con forma de hongo (fotografía inferior), que mató en el acto a su capitán y a los 76 miembros de su tripulación.


Tras la explosión del SS John Harvey, un extraño olor se extendió por las instalaciones portuarias. Algunos de los supervivientes recordarían que comenzaron a tener problemas para respirar y que notaban un "olor a ajo". El gas se había mezclado con el aceite que flotaba en las aguas del puerto, e impregnaba el humo de los incendios que envolvía el área. Por tanto, no sólo era respirado, sino que también impregnaba los cuerpos de los marineros que se encontraban en el agua. Y no sólo ellos, la fuga del letal gas también se extendió a la misma ciudad de Bari a continuación, causando igual efecto entre su población civil. A los afectados por el gas, empezó a quemárseles la piel, a tener problemas respiratorios y a morir entre insoportables espasmos de dolor. Se estima que a consecuencia del ataque murieron más de 1.000 soldados y marineros aliados y un número desconocido de civiles italianos, aunque algunas fuentes los cifran igualmente en el millar.


En poco menos de una hora, fueron hundidos un total de 17 buques aliados de diversas nacionalidades, resultando dañados otros 12, 7 de ellos gravemente. Se perdieron unas 38.000 toneladas de cargamentos para el frente y los aeródromos aliados (munición, víveres, equipamiento, combustible…), entre ellos 10.000 toneladas de planchas de acero destinadas a dichos aeródromos. Por su parte, los alemanes solamente perdieron un bombardero Junkers-Ju 88. El puerto quedó inutilizado hasta febrero de 1944, lo que quizá fue determinante para el fracaso de las operaciones lanzadas por el general norteamericano Mark W. Clark en el mes de enero, pues no pudo contar con el aporte necesario de suministros para su V Ejército. La 15ª Fuerza Aérea también sufrió retrasos en su despliegue, lo que provocó el aplazamiento de una ofensiva combinada contra Alemania. Fue una de las incursiones más devastadoras de la Luftwaffe durante toda la guerra. Los norteamericanos suelen referirse a esta incursión aérea como el "segundo Pearl Harbor".


Los corresponsales de guerra vieron cómo los censores suprimían de sus artículos cualquier tipo de alusión al ataque sufrido. El secretismo que rodeaba a la letal carga transportada por el SS John Harvey tendría una consecuencia más: los médicos encargados de curar tanto a los soldados como a los civiles heridos tras el ataque no conseguían comprender por qué tantos de ellos no podían abrir los ojos, sufrían erupciones en la piel que daban paso a graves quemaduras y complicaciones respiratorias, reaccionaban negativamente a los tratamientos para sus heridas convencionales,  y morían en medio de grandes dolores. Tardarían días en darse cuenta de la verdadera causa de esas muertes. Cuando se empezaron a tomar medidas realmente efectivas el daño ya estaba hecho.


El empecinamiento en “guardar el secreto” provocó muertes que hubiesen sido fácilmente evitables si se hubiesen tomando medidas elementales desde el principio, como por ejemplo, desinfectar y cambiar de ropa a los pacientes, ya que los afectados y los que estaban alrededor habían pasado horas inhalando gases tóxicos de sus propias ropas contaminadas. Se estimó un mínimo de 628 bajas militares provocadas por los efectos de la inhalación del gas mostaza, con 83 muertes confirmadas, sin embargo los investigadores reconocen muchas más que no pueden ser rastreadas. Las bajas entre los civiles italianos son desconocidas es muy probable que fueron bastante mayores ya que ellos nunca supieron a lo que se enfrentaban realmente, falleciendo posteriormente al no ser sometidos a un tratamiento adecuado.


Terminada la Segunda Guerra Mundial, los efectos del bombardeo sobre Bari se notaron en las siguientes generaciones. El gas mostaza liberado en la ciudad permaneció durante décadas, enfermando por ello muchas personas que irían muriendo con el paso del tiempo o tendrían secuelas gravísimas. A pesar de todo Washington ocultó la tragedia, siendo desclasificados los primeros archivos en 1967, fecha demasiado tardía. Hasta 1986, es decir, más de 40 años después, Bari no fue desinfectada totalmente del gas mostaza. Ese mismo año, el gobierno británico admitió oficialmente que las víctimas del raid había estado expuestas al gas mostaza, y tuvo que pagar indemnizaciones económicas con efectos retroactivos a 600 marineros supervivientes de la tragedia por las lesiones y secuelas sufridas.

Fuentes:

http://www.eurasia1945.com/batallas/contienda/raid-sobre-bari/
http://s2.elforo.de/arhem/viewtopic.php?t=1244&sid=ade86a73eb1767c974a84cfb00814637
http://en.wikipedia.org/wiki/Air_raid_on_Bari
"100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor

2 comentarios:

Llorenç Carbonell dijo...

Mi pregunta ante esta historia es: ¿no había otro lugar donde guardar este material tan delicado? Y ya no por un posible ataque, sino por su manipulación.

¡Increíble!

http://librosenguerra.blogspot.com.es/

charlie furilo dijo...

Tienes toda la razón, Llorenç, parece increíble la dejadez y la chapucera forma de actuar de los aliados al respecto. Tienes que tener en cuenta además que el barco había zarpado de Orán (Argelia) el 18 de noviembre, parado en Augusta (Sicilia) para una inspección técnica de seguridad y llegado a Bari el 26 de noviembre, en cuyos muelles permaneció amarrado a la espera de ser descargado durante, nada y más y nada menos, que ¡5 días! hasta que se produjo el ataque...

Saludos