viernes, 22 de abril de 2011

Cine: "Malditos Bastardos" (2009)

Sobre esta película he oído y leído de todo. Desde obra maestra a coñazo insoportable. Vamos lo habitual. Casi siempre que Quentin Tarantino estrena película nadie queda indiferente y existen múltiples y enconadas opiniones.

Contrariamente a lo que dice su director por boca de uno de sus protagonistas en el plano final de la película, ésta no es su mejor obra, pero si que creo es una muy buena película. Entretenida, divertida, violenta, con unos diálogos excelentes, carismáticos personajes, quizás no redonda, pero si con algunos momentos sublimes.

Estructurada en capítulos, más o menos autoconclusivos, que confluyen todos ellos en el clímax final, quizás adolece un pelín de falta de ritmo narrativo y anda algo sobrada de metraje, pero bueno, este servidor se lo perdona al bueno de Tarantino solo por el hecho de haber creado ese pedazo de personaje que es el Coronel de la SS, Hans Landa, y por haber elegido para ese papel a Christoph Waltz.

El actor austríaco está Q-U-E S-E S-A-L-E, literalmente; absolutamente soberbio, con una presencia hipnótica, se come la pantalla y empequeñece a todo aquel que esté a su lado. Con todo merecimiento Waltz obtuvo el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y el Oscar al Mejor Actor de Reparto. en mi opinión sería una total injusticia que no lograra alguna estatuilla en los Oscars por esta interpretación. Sinceramente me cuesta imaginar esta película sin su presencia, y es más, pienso que si no fuera por él, "Malditos Bastardos" ("Inglorious Basterds") bajaría muchos, muchísimos enteros, pues cada vez que aparece en escena, la calidad e interés de la cinta sube considerablemente.

No en vano, Tarantino reconoció la importancia de Waltz en su película diciendo: "Creo que Landa es uno de los mejores personajes que he escrito y que escribiré, y Christoph lo interpretó a la perfección ... Es cierto que si no hubiese encontrado a alguien tan bueno como Christoph, no podría podido hecho Inglourious Basterds." Pues eso, sencillamente genial este personaje, que pese a sus modales refinados y sus métodos indagatorios detectivescos, no deja de ser un monstruo inquietante, cruel y malvado, que inspira miedo en estado puro hasta bebiendo un vaso de leche o comiéndose un strudel. ¡Cómo me gustaría ver esta película en versión original y escuchar a este tipo hablando en inglés, alemán, italiano y francés (idiomas que al parecer domina perfectamente)!

Pese al título de la película, los "bastardos" no son los protagonistas del film - y quizás se les podría haber sacado mucho más jugo -, sino que el "amigo " Hans Landa es el personaje principal en torno al cual se vertebra la historia. Y contrariamente a lo que podría parecer a priori, la película no se centra en contar exclusivamente las andanzas de estos "bastardos" aniquilando nazis con los métodos más crueles y sanguinarios que se puedan imaginar; no se me malinterprete, algo de eso si que hay (sobre todo en el segundo capítulo, quizás el más tarantiano de todos), pero "Malditos Bastardos" - al igual que su obra magna "Kill Bill" - cuenta la historia de una venganza, concretamente la de Shossana Dreyfuss (una excepcional Melanie Laurent).

Y no, tampoco es una película bélica propiamente dicha. Aunque hay guiños evidentes a títulos del género como "Doce del Patíbulo" (véase la presentación de los "bastardos" en formación mientras les arenga Aldo Raine (Brad Pitt) o la masacre final en el cine), es más un spaghetti western ambientado en la Segunda Guerra Mundial: hay música de Ennio Morricone a cascoporro, largos planos e interminables escenas plagadas de tensas miradas y duelos dialécticos (a las que solo les falta el tito Clint con su célebre "poncho") y hasta tipos cortando caballeras comandados por un tipo al que llaman "El Apache" (un gracioso Brad Pitt, plenamente consciente de su paródico papel). Todo ello sin ningún tipo de rigor histórico, pues Tarantino se permite el lujo de cambiar la historia (y el final de la Segunda Guerra Mundial) pasándosela literalmente por el forro de sus caprichos, lo cual, dicho sea de paso, me parece estupendo pues ¿para eso está el cine, no?.

Tampoco existe en el film la acción que se podía prever por el engañoso trailer. Lo que prima en este film, como buena película de Tarantino que es, son los diálogos, largos y brillantes (pero en está ocasión, a diferencias de sus anteriores películas, son más acordes con la historia que se nos cuenta), y sobre todo el suspense que se crea de manera magistral durante esas conversaciones. Valga de ejemplo el insuperable comienzo de la película, ese brutal y cruel interrogatorio (aparentemente disfrazado de banal conversación y rutinaria investigación) al que somete Landa a un granjero francés (sin lugar a dudas de las mejores escenas que haya rodado jamás Tarantino, guiño a "Centauros del Desierto" incluido), la escena en la taberna-sótano "La Louisiane" y la que transcurre en un restaurante con Landa y Shossana.

Pero ante todo, creo que la película es una oda al cine en toda regla, una película que destila amor por el celuloide por todos sus poros. Y lo digo porque Tarantino, aparte de los consabidos guiños y homenajes cinéfilos de todo pelaje, introduce referencias al cine propagandístico alemán de la época - con Goebbels y Leni Riefenstahl a la cabeza - e incluye entre sus personajes a una estrella de la interpretación (Diane Kruger) metida a espía y a un crítico de cine (excelente Michael Fassbender), ahora militar en misión secreta, pero también a un heroe de guerra metido a actor (Daniel Brühl). Es más, el climax del film acontece en un cine, regentado por Shossana (Melanie Laurent), donde se proyecta una imaginaria película propagandística nazi ("Nation's Pride" interpretada por Brühl) y es allí donde, precisamente el "poder" del celuloide - no doy más detalles - es capaz por sí solo de cambiar el signo de la historia.

En definitiva, un gran divertimento.