jueves, 23 de junio de 2011

Personajes (3): Simo Häyhä

Hoy tenemos por aquí otra historia de francotiradores. Concretamente, os voy a hablar del mejor y más mortífero de la historia. Era un soldado finlandés y se llamaba Simo Häyhä, aunque sus enemigos, los soldados del Ejército Rojo, le apodaban "La Muerte Blanca" ("Belaya Smert" en ruso).

Nacido el 17 de diciembre de 1905 en un pueblecito finlandés cercano a la frontera con Rusia llamado Rautjärvi, este humilde pescador y cazador, inició su servicio militar en 1925 y cuando la URSS invadió Finlandia el 30 de Noviembre de 1939 (tres meses después del inicio de la Segunda Guerra Mundial), sirvió en el 34º Regimiento de Infantería del ejército finlandés luchando como francotirador contra el invasor ruso. Stalin pretendía conquistar Finlandía rápidamente haciendo valer la superioridad de sus fuerzas, pero la enconada resistencia finesa lo impidió. Aunque los rusos consiguieron romper la defensa finlandesa sufrieron enormes bajas y una pérdida de credibilidad internacional por parte del Ejército Rojo, lo que a buen seguro influyó en la decisión de Hitler de lanzar poco después la Operación Barbarroja, invadiendo la URSS.

Finlandia aguantó hasta marzo de 1940, fecha en que un tratado de paz resolvió ceder casi el 10% del territorio finés y el 20% de su capacidad industrial a la Unión Soviética, pero el país nórdico retuvo su soberanía y su resistencia despertó simpatías en todo el mundo. Durante esa contienda, denominada Guerra de Invierno, que duró poco más de 3 meses (entre el 30 de noviembre de 1939 y el 12 de marzo de 1940), Simo Häyhä liquidó a más de 500 soldados soviéticos. Ahí es nada. Menudo hacha el tío...

Actuando a gélidas temperaturas que oscilaban entre los 20º y 40º grados bajo cero, vestido completamente de camuflaje blanco y usando un fusil M28 Pystykorva - una variante finlandesa del fusil soviético Mosin-Nagant - "La Muerte Blanca" abatió a 505 soldados enemigos, aunque datos extraoficiales elevan esta cifra a 542. Además de todas estas bajas causadas con su fusil, Häyhä tiene también acreditados otros 200 enemigos más con un subfusil ametrallador. El recuento diario de los enemigos muertos se llevaba a cabo en el campo de batalla por los propios francotiradores, por lo que deben tomarse esas cifras con cierta cautela.

Häyhä prefería no usar mira telescópica para no aumentar el tamaño del blanco que ofrecía al enemigo durante los combates, y porque con frecuencia, los francotiradores eran delatados por el reflejo del sol en las lentes de estas miras. Además, a temperaturas tan bajas, las miras telescópicas podían empañarse o romperse con facilidad. Otra de sus tácticas consistía en compactar la nieve delante de él, para que al disparar esta no se removiese y delatara su posición. Con igual objetivo, llenaba su boca de nieve a fin de evitar el vaho de su aliento. Su corta estatura (1,52 metros) también le sirvió de gran ayuda a la hora de pasar inadvertido en el combate.

A medida que la leyenda de "La Muerte Blanca" iba creciendo, los rusos pusieron precio a su cabeza y trataron de acabar con Häyhä, planificando multitud de planes para eliminarlo, incluyendo el envío de francotiradores y ataques de artillería, que no consiguieron ningún resultado. Sin embargo, el 6 de marzo de 1940, Häyhä fue herido en la cara por una bala perdida que le atravesó la mandíbula y le destrozó la mejilla izquierda, dejándolo en estado de coma. El pequeño francotirador fue rescatado por sus compañeros, quienes relataron posteriormente que "la mitad de su cara había desaparecido". El 13 de marzo, el mismo día en que se firmó la paz entre la Unión Soviética y Finlandia, Häyhä recuperó la consciencia, aunque tardó varios años en recuperarse de sus heridas y su rostro quedó desfigurado.

Tras la guerra, fue ascendido de Cabo a Teniente Segundo por el mariscal de campo Carl Gustaf Emil Mannerheim, pero se dedicó a la caza, sobre todo de alces, y a la cría de perros, y en varias ocasiones cazó con el presidente finlandés Urho Kekkonen y otras personalidades de su país. Cuando en 1998 se le preguntó cómo llegó a ser tan buen tirador, simplemente contestó que "practicando". Sobre su increíble record de muertes en tan corto lapso de tiempo decía: "Hice lo que se me ordenó lo mejor que pude".

Pasó sus últimos años en una pequeña aldea llamada Ruokolahti, situada en el sudeste de Finlandia, muriendo el 1 de abril de 2002 a los 96 años de edad.