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viernes, 29 de junio de 2012

La Guerra en Imágenes: Bombarderos Pesados Aliados


Tres bombarderos pesados Short 'Stirling' Mk I de la Royal Air Force (RAF) volando en formación sobre la campiña inglesa


Un Short 'Stirling' de la Nº 1651 Heavy Conversion Unit de la RAF recibe su carga de bombas en el aeródromo de Waterbeach, Cambridgeshire (Inglaterra). Abril 1942  


Bombardero pesado Avro 'Lancaster' Mk I del 460º Escuadrón de Bombardeo de la RAF. Fecha desconocida

Formación de tres Avro 'Lancaster' B Mk I del 44º Escuadrón de Bombardeo de la RAF volando entre las nubes. 29 Septiembre 1942


Bombardero pesado Handley Page 'Halifax' B Mk III de la RAF en pleno vuelo. Fecha desconocida 


Handley Page 'Halifax' B Mk III del 462º Escuadrón de Bombardeo de la Royal Australian Air Force (RAAF) en el aeródromo de Foulsham (Inglaterra) a comienzos de 1945.

  

 Bombardero pesado Avro 'Manchester' Mk I del 207º Escuadrón de Bombardeo de la RAF sobrevuela la campiña inglesa. 1940-1941

 
  
Bombardero pesado Boeing B-17 'Flying Fortress' de la United States Air Force (USAAF) en vuelo durante una misión. Septiembre 1943


 Formación de tres Boeing B-17 'Flying Fortress' de la USAAF volando sobre las aguas del mar. 1941-1942
 

Bombardero pesado Consolidated B-24 'Liberator' de la 15ª Fuerza Aérea de EE.UU. lanzando sus bombas sobre las vías de ferrocarril en Muhldorf (Alemania). 19 Marzo 1945


Formación de cuatro Consolidated B-24 'Liberator' del 330º Escuadrón, 93º Grupo de Bombardeo (8ª Fuerza Aérea de los EE.UU.). Diciembre 1942-Junio 1943


 Tres bombarderos pesados Boeing B-29 Superfortress de la USAAF volando en formación, hacia finales de 1943


Otro Boeing B-29 'Superfortress' de la USAAF en pleno vuelo. 1945-1946


Consolidated B-32 'Dominator' de la USAAF en vuelo. Agosto 1943-Junio 1947

lunes, 28 de mayo de 2012

La Misteriosa Muerte de Glenn Miller

Uno de tantos enigmas que todavía encierra la Segunda Guerra Mundial es la muerte del famoso músico norteamericano Glenn Miller, desaparecido el 15 de diciembre de 1944 mientras su avión sobrevolaba el Canal de la Mancha en dirección a Francia  donde debía encontrarse con su orquesta y realizar una serie de conciertos para los soldados norteamericanos allí destinados. Aunque la versión oficial dijo que la causa del accidente había sido el mal tiempo, lo cierto es que la existencia de algunos puntos oscuros ha llevado a sospechar si la muerte del célebre músico no ocurrió realmente de ese modo.


Siendo ya toda una celebridad y con unos ingresos anuales cercanos al millón de dólares anuales, en octubre de 1942 - diez meses después de EE.UU. entrara en la Segunda Guerra Mundial - Glenn Miller se alistó como músico del Ejército, obteniendo el rango de Capitán y ascendiendo luego a Mayor. En junio de 1944, mientras las tropas aliadas asaltaban las playas de Normandía, se aprobó la propuesta de que Miller y la orquesta de la Army Air Force Band llevase a cabo una gira por Inglaterra para tocar ante las tropas estadounidenses destacadas, y ello dentro del programa de shows y espectáculos organizado por la USO (United Services Organizations). De este modo, en los siguientes 5 meses y medio, Miller y su orquesta, ofrecieron un total de 71 conciertos.  

Tras esa gira de actuaciones, se decidió en el mes de diciembre que el músico y su orquesta viajarían a Francia para realizar otra ronda de actuciones similar para los soldados estadounidenses existentes en las bases y hospitales galos. El músico decidió viajar a París el 15 de diciembre de 1944 para preparar personalmente una emisión de radio especial para el Día de Navidad, aunque este tipo de gestiones solía quedar en manos de su manager. Ese fatídico día amaneció con mal tiempo, lo que hacía arriesgado volar sobre el Canal de la Mancha, pero Miller, pese a la climatología adversa, se mantuvo en sus trece de viajar y logró convencer al Teniente Coronel Norman Baessell, con el que tenía una gran amistad, para despegar en un vuelo privado en dirección a la capital francesa.


Glenn Miller, despegó del aeródromo de Twinwoods (Bedfordshire) a bordo de un Noorduyn Norseman D-64 (en la foto inferior),  junto con el piloto y otro oficial estadounidense, y desde ese momento nada se volvió a saber del pequeño avión monomotor. La versión oficial es que el Norseman desapareció en el Canal de la Mancha, pero las explicaciones sobre el supuesto accidente no son concluyentes. Cabría la posibilidad de que, a causa de las bajas temperaturas, las alas del avión acumulasen hielo, lo que acabaría por hacerle caer al mar. En tal caso, según los expertos, dentro del agua las alas se habrían desprendido del fuselaje del avión, saliendo a la superficie en un plazo de unos 18 horas, lo que no ocurrió; ello unido a que no se encontró ni rastro del aparato ni ningún otro vestigio del accidente, determinó que la desaparición del músico haya sido objeto de innumerables versiones a lo largo de los años siguientes, muchas de ellas de lo más descabelladas.


Así por ejemplo, John Edwards, un empresario inglés que combatió en la RAF durante la guerra y que afirmaba ser el mayor admirador del músico norteamericano, emprendió una investigación que le costó 10.000 libras, tras la cual, afirmaba tener pruebas de que Miller no estaba en el avión que se estrelló en aguas del Canal de La Mancha, sino que realmente había sido asesinado en París 3 días después. El empresario aseguraba contar con el testimonio de un hombre que decía haber visto el avión en Borringdon (Hertfordshire), cambiando allí de aeronave, la cual, habría llegado a París sin novedad. Igualmente, aseguraba que un oficial de la USAAF le había asegurado que el jefe de seguridad de las tropas estadounidenses en la capital francesa le había informado de que el músico había sido asesinado en la ciudad, y que un médico militar norteamericano se encargó de firmar su certificado de defunción.


Según Edwards, el artista había sido asesinado en el barrio de Pigalle, lugar en el que se concentraban la mayoría de los prostíbulos de la ciudad, y las autoridades militares, que no podían permitir que el mito de Miller se derrumbase al descubrirse que había fallecido en circunstancias tan sórdidas, decidieron ocultar la verdad y elaborar la versión del accidente. Para argumentar su teoría, el empresario británico insistió en que las autoridades nunca realizaron una investigación exhaustiva de las causas del accidente y que además se había encontrado con muchas trabas en su investigación (por ejemplo, se le dijo que todos los registros oficiales del accidente se habían destruido en un incendio; los datos de las personas que acompañaban al músico no estaban claros e incluso los datos meteorológicos de ese día permanecían oficialmente como "desconocidos").


Pero existen otras muchas versiones. Testigos de dudosa fiabilidad aseguran conocer las circunstancias exactas de su muerte, afirmando unos que fue apuñalado, otros que alguien le partió el cráneo en una disputa o que incluso murió a consecuencia de los disparos de la Policía Militar norteamericana. En muchos de estos casos, se asegura que el motivo de la supuesta pelea eran las relaciones del músico con el mercado negro y los bajos fondos, que le llevarían a sufrir algún tipo de ajuste de cuentas. También existen los aseguran que Miller era en realidad un contrabandista o un agente nazi, y que por ello huyó rumbo a Alemania, mientras otros afirman que fue capturado por los alemanes, siendo torturado y quedando horriblemente desfigurado.  

Herb Miller,  hermano del músico, por su parte, afirmó en 1983 que el avión despegó pero tuvo que regresar a la media hora, al encontrarse el músico muy enfermo, muriendo en un hospital al día siguiente, aquejado de una enfermedad pulmonar causada por su desmedida adicción al tabaco. Herb Miller pretendía probar su versión con una carta que su hermano le envió en el verano de 1944 en la que decía: "estoy totalmente extenuado, aunque procuro comer bien. Tengo problemas para respirar. Creo que estoy muy enfermo." Siguiendo la versión del hermano del músico, el propio artista habría decidido mantener ocultas las circunstancias de su muerte, al preferir que el mundo creyera que había muerto de una manera heroica, en lugar de fallecer postrado en la cama de un hospital.


En 1984, Fred Shaw, veterano de la Segunda Guerra Mundial, que había servido en la RAF planteó una hipótesis, que a un servidor es la que le parece pueda ser más ajustada a la realidad de lo ocurrido. El 15 de diciembre de 1944, Shaw formaba parte de la tripulación de un bombardero Avro Lancaster, que regresaba de una fallida incursión contra la ciudad alemana de Siegen. En tales supuestos, los bombarderos tenían que deshacerse de las bombas no arrojadas en una zona marítima previamente delimitada, para evitar así que los artefactos estallasen en caso de un aterrizaje forzoso. Cuando estaba cerca de la costa inglesa, el bombardero soltó su carga, incluyendo una enorme bomba Blockbuster  (también llamada "cookie") de 2 toneladas, que estaba diseñada para reventar una manzana de casas y contaba con un detonador barométrico que la hacía estallar poco antes de llegar al suelo). Cuando Shaw se asomó a las ventanillas de las bombardero para poder ver la explosión, pudo ver un Norseman volando más abajo. Instantes después, el artillero de babor le dijo por el intercomunicador: "¿Viste caer ese avión?".

La confusión originada por el estallido de las bombas les hizo dudar de si el aparato había caído al mar, como parecía, o si había seguido su camino. Aunque el incidente fue comentado por las tripulaciones de los aviones que participaron en la misión, no quedó constancia del mismo en ningún informe oficial, y tampoco se les requirió para iniciar ningún tipo indagación sobre la suerte corrida por el Norseman, por lo que el suceso fue olvidado por sus protagonistas.


Pero años más tarde, gracias a una película sobre la vida de Glenn Miller en la que se relataba su accidente sobre el Canal de La Mancha, Shaw recordó el incidente del Norseman, y llegó a la conclusión de que la onda expansiva de la potente explosión de la "cookie" (en la foto de aquí arriba) varios metros por encima de la superficie del mar podría haber derribado el pequeño avión en el que viajaba el músico.

A raíz de esta versión, se efectuó una investigación por el Departamento de Historia Aérea del Ministerio de Defensa Británico, según la cual, el avión de Miller pudo cruzarse con los bombarderos que regresaban de Alemania, puesto que la ruta que presumiblemente debía seguir el Norseman pasaba muy cerca de la zona delimitada para descargar las bombas no lanzadas. El mal tiempo pudo llevar a que, o bien los bombarderos las arrojasen fuera del áera asignada, o bien fuera el avión en el que viajaba el músico el que invadiese la zona. Si ello hubiera ocurrido así, cabe la posibilidad de que las autoridades militares, al tener conocimiento del derribo accidental del aparato por culpa de las propias bombas aliadas - es decir, en un episodio de lo que comúnmente se conoce como "fuego amigo" -, prefirieran mantener oculta la historia para no afectar a la moral de las tropas.


Fuente: 
"Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

jueves, 26 de abril de 2012

La Incursión de los "Dambusters"

A mediados de 1943, el Mando de Bombardeo Aliado concentró 43 incursiones sobre la principal zona industrial alemana de la cuenca del Ruhr. El ataque más osado fue el que llevó a cabo entre los días 16 y 17 de mayo de 1943 el Escuadrón nº 617 de la Royal Air Force (RAF), que pasó a la historia con el sobrenombre de "Dambusters" ("Rompediques"), adoptando como lema "Après moi, la déluge" (algo así como "después de mi, el diluvio (o la inundación)", frase atribuida al monarca francés Louis XV.


El objetivo de la incursión, cuyo nombre en clave era "Operación Chastise", consistía en destruir las presas de Möhne, Eder, Sorpe, Diemel, Lister y Enneper que suministraban la mayor parte de la electricidad de la región, así como agua para la fabricación de acero, para el consumo humano y para los sistemas de canales utilizados para el transporte de mercancías, y ello con el objetivo de inundar las tierras de cultivo y paralizar durante un largo tiempo la importantísima industria alemana del valle del Rhur.


El principal problema que presentaba la misión era que las bombas convencionales no tenían capacidad para reventar las paredes de las presas, por lo que había que encontrar otra forma de hacerlo. El Dr. Barnes Wallis (en la imagen superior) - que trabajaba como ingeniero y diseñador en la industria armamentística Vickersestuvo analizando el problema y llegó a la conclusión de que podría utilizarse un tipo especial de bomba, que fuera lanzada de forma similar a como se hace con una piedra plana que va rebotando varias veces sobre la superficie del agua hasta hundirse.


El resultado fue una "Bomba Rebotadora" ("Bouncing Bomb") bautizada con el nombre código de "Upkeep", una mina rotatoria cilíndrica cargada con 3300 kgs de explosivo - como la de aquí arriba -, que debía ser lanzada desde un avión a baja altura (entre 18 y 30 metros a una velocidad de 390 km/h), haciéndola girar previamente a 500 rpm. Una vez lanzada, la bomba iría rebotando sobre la superficie del embalse, sobrepasaría las redes anti-torpedos, golpeando finalmente la pared de la presa, para luego hundirse hasta unos 30 metros antes de estallar cerca de la base de la estructura de la presa, provocando así su colapso (vídeo explicativo aquí).


Para la misión se reclutaron a 133 hombres experimentados de diferentes nacionalidades (los había oriundos de las Islas Británicas, pero también de las fuerzas aéreas canadienses, australianas y neozelandesas) con los que formar las 21 tripulaciones de la unidad, a la que inicialmente se llamó Escuadrón X, el cual estaría al mando del Coronel Guy Gibson (en la foto), un experimentado Wing  Commander (Comandante de Ala) con más de 170 misiones de bombardeo y caza nocturno a sus espaldas pese a su juventud (24 años).


El avión escogido para la incursión fue un bombardero cuatrimotor Avro Lancaster, concretamente el modelo modificado B Mark III Special (Type 464 Provisioning) - en la imagen superior -, al que se le había reducido peso privándole de gran parte de su blindaje, algunas torretas de ametralladoras, así como las compuertas de lanzamiento de las bombas (debido al gran tamaño de la "Upkeep", esta iba colgada de dos soportes, sobresaliendo incluso del fuselaje del bombardero, como podéis observar en la foto de aquí abajo).


Una vez reclutados los miembros de las tripulaciones, comenzó un intensivo entrenamiento de vuelo nocturno y a baja cota, que reveló la existencia de dos problemas a solventar. El primero de ellos era saber cuando el bombardero se encontraba a la distancia precisa de su objetivo para soltar la bomba. El segundo, determinar si en el momento de atacar las presas la altitud del avión era la correcta. Para solucionar el primero de ellos, aprovechando que tanto la presa de Möhne como la de Eder tenían torres en sus extremos, se instaló un instrumento en forma de Y (que podéis en la imagen de aquí abajo), que llevaba sendos puntos de mira en los extremos finales de los brazos, y cuando ambas visuales coincidían con los extremos del dique (las torres), era el momento de lanzar la bomba. Para asegurarse de que la altura del bombardero era la precisa, se montaron dos focos, uno a proa y otro a popa del avión, que apuntaban hacia abajo y cuando sus haces luminosos convergían era el momento en que se encontraban a la altitud adecuada.


El Escuadrón nº 617 sólo contaba con 19 aviones para acometer la misión y fue dividido en 3 grupos: el 1º formado por 9 bombarderos, atacaría la presa de Möhne, y si el ataque resultaba exitoso, los Avro Lancaster que no hubieran lanzado sus bombas, se dirigirían entonces a la presa de Eder; el 2º grupo compuesto de 5 aviones - que despegarían en primer lugar - atacaría la presa de Eder; y finalmente el 3º, que actuaría de reserva y estaba integrado también por 5 bombarderos, tenía como objetivo las presas de Lister, Ennepe y Diemel, pero si los blancos principales no habían sido destruidos, se dirigiría a los mismos.


El escuadrón tuvo que enfrentarse al fuego de la artillería antiaérea durante gran parte de su viaje por territorio ocupado por los alemanes, perdiendo en él 3 aviones, sin embargo, la mayoría de la bajas tuvieron lugar durante la peligrosa aproximación al Ruhr volando a baja cota, en la que se perdieron 5 bombarderos más. Los valientes pilotos de los "Dambusters" supervivientes consiguieron romper 2 de las presas, las de Möhne (imagen superior) y Eder (imagen inferior), pero a un alto coste: habían perdido la mitad de los bombarderos, sufriendo 53 muertos (más otros 3 que fueron capturados por el enemigo).


Del resto, 34 hombres fueron condecorados en Buckingham Palace el 22 de junio con diversas distinciones y medallas. A Gibson se le otorgó la Cruz Victoria (posteriormente murió en 1944 en el transcurso de una misión de bombardeo en los Países Bajos). Con las inundaciones provocadas con la destrucción de las presas, se calcula que murieron unas 1.300 personas (incluidos más de 700 prisioneros de guerra y trabajadores forzados franceses, belgas, alemanes, holandeses y ucranianos), pero el  daño a la industria nazi no fue tan grande como se esperaba, porque los alemanes repararon los desperfectos en tan solo 9 meses.


En septiembre de 1943, el 617º Escuadrón lanzó un nuevo ataque contra los diques del Canal Dortmund-Ems, que resultó fallido y terminó con el regreso de solo 3 Lancaster de los 8 que se habían enviado. Aunque alabados por sus acciones, los "Rompediques" consiguieron relativamente poco pagando un alto precio, dejando el futuro del bombardeo sobre Alemania a los ataques más tradicionales. Sin embargo, más entrada la guerra, el Escuadrón nº 617 continuó realizando misiones de bombardeo de precisión, lanzando las enormes y devastadoras bombas "Tallboy" y "Grand Slam" - las llamadas "bombas terremoto", diseñadas también por Barnes Wallis - contra objetivos tales como los refugios de hormigón de los U-Boot alemanes, puentes y diques del Canal Dortmund-Ems (que fue finalmente destruido en septiembre de 1944). Además, los "Dambusters" volverían a apuntarse una nueva y resonada victoria hundiendo el acorazado alemán Tirpitz, una de las joyas de la corona de la Kriegsmarine, el 12 de noviembre de 1944.


Por cierto, por si os pudiera interesar existe un film de 1955 llamado "The Dam Busters" - que un servidor no recuerda haber visto - dirigido por Michael Anderson y protagonizado por Michael Redgrave (Barnes Wallis) y Richard Todd (Guy Gibson), que recrea la famosa incursión de los "Rompediques", la cual, según se afirma, sirvió de inspiración para el ataque de la Alianza Rebelde a la Estrella de la Muerte en la primera película de la saga Star Wars ("Episode IV: A New Hope), tal y como contaba el amigo Mr. Lombreeze aquí (a quién agradezco sinceramente el darme a conocer la historia de estos intrépidos pilotos).


Fuente:

viernes, 4 de noviembre de 2011

Vivos de Milagro

A lo largo de la historia de la aviación se han dado varios casos de personas que han sobrevivido milagrosamente a caídas desde miles de metros de altura. El récord lo tiene la azafata yugoslava Vesna Vulovic, que en 1972, y después de que una explosión (cuyo origen todavía se desconoce) destruyera su avión, cayó desde 10.000 metros y vivió para contarlo. Vulovic se mantuvo dentro de un fragmento de la cola del aparato, pero también se conocen casos de otros tripulantes que se vieron obligados a saltar de sus aviones sin paracaídas a kilómetros de altura y que sobrevivieron al salto.

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo al menos tres de estos casos, que ahora mismo me dispongo a contar:

--- El primero de ellos es el del teniente de la Fuerza Aérea Soviética (VVS), Ivan Mijailovich Chisov, piloto de un bombardero bimotor Ilyushin Il-4.

Un día de enero de 1942, la formación de bombarderos en la que volaba el aparato de Chisov fue atacada por cazas alemanes. Su avión resultó alcanzado y dañado gravemente y el piloto ruso se vio obligado a saltar a una altura de 6.700 metros. Como la lucha continuaba en torno a él, decidió no abrir el paracaídas hasta quedar por debajo del nivel de los combates, por miedo a que algún caza germano abriese fuego sobre él al ver el paracaídas. Lo único que pretendía era dejarse caer hasta quedar fuera de la vista de los cazas, pero a consecuencia de la altura perdió el conocimiento mientras caía y no pudo tirar de la cuerda de apertura del paracaídas.

Milagrosamente Chisov sobrevivió a la caída. Aterrizó en una pendiente cubierta de nieve, a una velocidad aproximada de entre 120 y 150 km/h y luego se deslizó rodando hasta el fondo. Veinte minutos después, tras recobrar el conocimiento comprobó que tan sólo había sufrido lesiones en la columna y que se había fracturado la pelvis, dolencias de las que se recuperó 3 meses y medio después.

--- La siguiente historia la protagoniza el norteamericano Alan Eugene Magee, quien servía como artillero en un bombardero B-17 Flying Fortress de la USAAF apodado por su tripulación "Snap, Crackle & Pop".

El 3 de enero de 1943, mientras volaba en una misión de bombardeo diurno sobre el puerto francés de Saint Nazaire su avión fue alcanzado por los cazas de la Luftwaffe, perdiendo su ala derecha y comenzando a caer en espiral. Cuando Magee, herido, logró salir de su torreta de artillero se encontró con que su paracaídas estaba completamente destrozado. Aún así, decidió saltar sin él desde una altura de 6.700 metros, como Chisov. Y al igual que el piloto ruso, durante la caída también perdió el conocimiento.

El artillero yankee cayó sobre el techo de la estación de ferrocarril de Saint Nazaire, cuya estructura, de aluminio y vidrio, se flexionó y amortiguó su caída lo suficiente como para que Magee pudiese sobrevivir al golpe, aunque sufriendo múltiples heridas: además de las causadas por la caída, tenía múltiples quemaduras y trozos del fuselaje del avión incrustados en su cuerpo. Su brazo derecho estaba prácticamente amputado, tenía daños renales y heridas en un pulmón, los ojos y la nariz. Fue capturado por los alemanes y liberado al terminar la guerra.

--- El tercer caso, sin duda el más conocido, es el del sargento británico de la Royal Air Force (RAF), Nicholas Alkemade, artillero de cola en un bombardero Avro Lancaster llamado "S for Sugar".

La noche del 23 al 24 de marzo de 1944, de regreso de una misión de bombardeo sobre la cuenca del Ruhr, su formación se vio envuelta en un combate con aviones Ju-88 alemanes. El bombardero de Alkemade fue alcanzado y comenzó a caer envuelto en llamas. Cuando el sargento pudo salir de su torreta de artillero (como la de la foto de aquí abajo) vio que su paracaídas se encontraba ardiendo. A pesar de eso, aunque estaba a una altura de 5.500 metros, prefirió saltar al vacío que morir abrasado dentro del aparato. El artillero cayó sobre un bosque de pinos, y tuvo la suerte de que las ramas de los árboles fueron amortiguando la caída hasta que aterrizó encima de una espesa capa de nieve. Cuando recuperó el conocimiento, comprobó que no tenía ninguna herida grave: únicamente sufría una fuerte torcedura en su rodilla derecha, además de magulladuras, roces y quemaduras leves.

Los alemanes lo encontraron y lo capturaron prisionero, pero no dieron crédito a su increíble historia. Una vez recuperado de sus heridas fue conducido al campo de prisioneros de Dalag Luft, cerca de Frankfurt, donde la Gestapo le sometió a interrogatorios para que confesase la verdad. Sus captores estaban plenamente convencidos de que se trataba de un agente infiltrado en la retaguardia y el castigo para los espías era el pelotón de fusilamiento. Pese a las amenazas, Alkemade seguía defendiendo que había sobrevivido a un salto desde 6.000 metros, lo que acabó por desesperar a sus interrogadores.

Sin embargo, cuando su suerte parecía echada, la fortuna de nuevo le sonrió, pues llegaron noticias de que había sido hallado restos del fuselaje del "S for Sugar". Si los alemanes querían comprobar la veracidad de su historia, tan sólo tenían que ir hasta allí y buscar los restos del paracaídas al lado de la torreta del artillero cola (suponiendo que éste no se hubiera quemado por completo). Pese a la insistencia de Alkemade, los alemanes se negaron a prestar la más mínima credibilidad a su historia y a acudir a revisar el bombardero.

Afortunadamente para él, un teniente llamado Hans Feidel decidió desplazarse a los alrededores de Berlín para inspeccionar los restos del Lancaster. Para su sorpresa, junto a la posición del artillero de cola, estaban los restos de un paracaídas, por lo que Feidel regresó rápidamente a Dalag Luft y allí compararon los correajes del paracaídas con los del traje de vuelo de Alkemade. Ambos coincidían, así que el británico había dicho la verdad. Los técnicos de la Luftwaffe, incrédulos, llevaron a cabo todo tipo de comprobaciones y todas llevaban a un mismo punto; la hazaña del aviador era cierta. A partir de ese momento, los mismos alemanes que habían tratado al sargento como un espía pasaron a considerarle como un héroe.

Sus compañeros de cautiverio, que tampoco le habían otorgado demasiada verosimilitud a la historia, lo convirtieron desde entonces en un mito viviente. Convencidos de que Alkemade, cuando regresase a Gran Bretaña, tendría que enfrentarse a la incredulidad de sus compatriotas, decidieron escribir en las tapas interiores de una biblia una declaración firmada por el teniente H. J. Moore, el sargento R. R. Lamb y el sargento T. A. Jones, dando fe que su extraordinaria historia era totalmente cierta, y que decía así:

"Dalag Luft, 25 de abril de 1944: Las autoridades alemanas han investigado y comprobado que las declaraciones del argento Alkemade, 1.431.537 de la RAF, son ciertas en todos sus aspectos. Realizó un descenso de 6.000 metros sin paracaídas, al haber ardido en el interior del avión, y llegó a tierra sin sufrir heridas de importancia. Cayó en la nieve después de amortiguar su caída gracias a unos abetos".

Alkemade regresó a su país en mayo de 1945, concediendo una multitudinaria rueda de prensa en Londres para explicar los detalles de su increíble experiencia. Pese a ser un tratado como un héroe, después de la guerra tuvo que trabajar en una fábrica de productos químicos, donde por tres ocasiones más logró esquivar a la muerte.

En una ocasión, una viga de acero de más de 100 kgs de peso cayó sobre él. Rescataron su cuerpo de debajo de la viga, creyendo que estaba muerto, pero se quedaron perplejos al comprobar que, aunque estaba inconsciente, tan sólo presentaba una pequeña herida en la cabeza de la que se restableció al poco tiempo. En los años siguientes sufrió otros dos accidentes de trabajo que estuvieron a punto de acabar con su vida: sufrió quemaduras con ácido sulfúrico, de las que también pudo restablecerse, y más tarde recibió una descarga eléctrica que le hizo caer en un depósito de cloro, donde respiró sus gases durante casi un cuarto de hora, pero fue rescatado a tiempo. Ninguno de estos tres accidentes pudo acabar con él.

Sin duda, un tipo con suerte, al que la muerte sólo pudo llevárselo en 1987, a los 64 años de edad.