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viernes, 24 de febrero de 2012

El Frente Civil en EEUU

La participación directa de EEUU en la Segunda Guerra Mundial, además de globalizar el conflicto a escala mundial y de ser determinante para decantar definitivamente la victoria hacia el bando aliado, tuvo efectos económicos, políticos y sociales de gran alcance en el seno del país norteamericano, a pesar de que nunca viera invadido su territorio (el continental se entiende, pues diversos territorios insulares como Wake o las Aleutianas si fueron ocupados en su momento por los japoneses).


Desde el punto de vista político, el presidente Franklin D. Roosevelt y sus consejeros obtuvieron más poder que nunca para gobernar el país (a lo que contribuyó el hecho de que el Tribunal Supremo rechazara la vista de casos que pusieran en duda su autoridad y la de su gobierno). Durante la guerra, el número de funcionarios federales aumentó de un millón en 1940 a casi 4 millones, muchos de ellos leales al presidente y al Partido Demócrata. Por ello, este partido siguió siendo mayoritario, lo que permitió a Roosevelt ser reelegido en 1940 y 1944. Sin embargo, los republicanos lograron reducir el control demócrata en el Congreso y unirse a los demócratas conservadores para desmantelar los programas sociales del "New Deal". El gasto militar provocó la reducción radical de los fondos destinados a programas de ayuda a los necesitados y los que sufrían discriminación laboral, afectando su desaparición, principalmente, a la población afroamericana, mujeres y ancianos. También hubo cambios en la burocracia federal: los empresarios, a los que disgustaban los programas de bienestar social del "New Deal", se las arreglaron para sustituir al grupo de expertos en asuntos sociales y económicos.


A nivel económico, la movilización influyó en muchos aspectos de la economía estadounidense y puso fin a la Gran Depresión. El Gobierno empezó a desempeñar un mayor papel en la economía, inyectándola con pedidos de material bélico. De este modo, las empresas que tenían contratos con el Gobierno emplearon a más gente, establecieron más horas de trabajo e incrementaron la capacidad de producción. En 1940 había 8 millones de desempleados, pero hacia 1943 el desempleo prácticamente había desaparecido y en algunas industrias escaseaba incluso la mano de obra. La jornada semanal media en las fábricas de bienes de consumo no perecederos pasó de 38 horas en 1939 a 47 horas en 1943. Ello dio como resultado unas cifras de producción realmente apabullantes. Así por ejemplo, en 1940 las acerías operaban al 82% de su capacidad y producían 67 millones de toneladas, mientras que en 1944, lo hacían al 100% con una producción de 89 millones de toneladas. De 1940 a 1945 se fabricaron 80.000 buques (muchos de ellos en tiempo récord, como por ejemplo el SS Robert E. Peary  - en la imagen superior -, uno de los cargueros denominados Liberty Ships, que fue terminado en 4 días, 15 horas y 29 minutos) o lanchas de desembarco, 100.000 tanques y carros blindados, 300.000 aviones, 15 millones de armas y 41.000 millones de cargas de munición. La tasa del producto nacional bruto creció a un ritmo sin precedentes, pasándose de 91.000 millones en 1939 a 214.000 millones de dólares en 1945, es decir, un 235% más. La renta nacional se dobló, y el gasto y el ahorro de los consumidores aumentaron significativamente.


La gran demanda de alimentos en tiempos de guerra conllevó también una nueva prosperidad para los granjeros norteamericanos. El Gobierno mantuvo los precios altos, les ofrecía créditos a bajo interés y les ayudaba a introducir tecnologías modernas para aumentar las cosechas. La producción a altos precios incrementó los ingresos netos de 5.300 millones de dólares en 1939 a 13.600 millones en 1944. En contraposición, como el Gobierno proporcionaba ayuda a granjeros con terrenos, el número de arrendatarios y pequeños granjeros descendió drásticamente, aumentando el número de grandes propietarios agrícolas. Por otra parte, la nueva maquinaria también desplazó a muchos trabajadores agrícolas, que se trasladaron a zonas urbanas en busca de trabajo en la industria.

El espíritu de sacrificio que inspiraba la movilización también contribuyó a forjar una sociedad unida. Uno de los objetivos más importantes de la administración Roosevelt fue preparar a la población para un duro y largo esfuerzo bélico. El servicio militar acabó afectando a unos 15 millones de hombres y mujeres, y a los que estaban en el frente interno se les alentaba para aportar su granito de arena por medio de anuncios, historias en revistas, películas y programas de radio.


Así por ejemplo, la Oficina de Información de Guerra encargó una serie de películas, producidas la mayoría por Frank Capra, tituladas "Why We Fight" (¿Por qué luchamos?) para ayudar a los estadounidenses (especialmente a los soldados) a entender por qué empezó la guerra, qué estaba en juego y por qué hacia falta sacrificarse. Estrellas de cine como Ronald Reagan, Robert Taylor y Clark Gable, que habían sido llamados a filas, trabajaron en Hollywood en estos y otros proyectos con fines propagandísticos y de concienciación de la sociedad norteamericana. La publicidad de los servicios públicos intentaba avergonzar a los estadounidenses mostrando a un soldado muerto con el texto: "Él ha muerto hoy. ¿Qué has hecho tú para evitarlo?" Otros anuncios presentaban a hombres en el servicio civil y trabajadores del frente civil como soldados luchando por la libertad, sacrificándose codo con codo por la causa. En todos los casos se mostraba al soldado estadounidense como una figura heroica, preocupado por la vuelta al hogar, pero entregado a la lucha por la libertad y por los valores tradicionales norteamericanos.


El Gobierno motivaba a la población a ayudar a sus héroes ahorrando y reciclando todo el material que fuera posible. Por ejemplo, se les decia que si donaban una pala, con ella se podrían fabricar granadas de mano o piezas de un tanque, con los tubos de pintalabios se podía hacer cartuchos de bala, y hasta el papel de aluminio del chicle podría servir para fabricar aviones. En la imagen de arriba podéis ver a la actriz Rita Hayworth, en una imagen en la que pide a los conductores que conduzcan con cuidado porque ha donado los paragolpes de su automóvil para ser reciclados a lo fines arriba indicados. Además el Gobierno racionó ciertos artículos como la gasolina, el café, el azúcar y la carne, y animaba a plantar "huertos de la victoria" para ahorrar alimentos necesarios en el frente.

Famosos como Bob Hope, Frank Sinatra y Bing Crosby aparecían en campañas de Bonos del Estado - los llamados Bonos de Guerra (War Bonds) - para convencer a los estadounidenses de que hicieran donaciones para sostener el esfuerzo bélico y serían recompensados con intereses. El Gobierno,  llegó incluso a introducirse en el negocio de la moda dictando estilos que permitieran ahorrar metal y tejidos para la guerra. De este modo se dejaron de llevar los trajes masculinos de 3 piezas con chaleco y los pantalones con dobladillo, las faldas se hicieron más cortas y estrechas, y se presentó el escandaloso bañador de dos piezas para ahorrar ropa y goma. Era el nuevo estilo llamado "chic patriótico".


A nivel social, los efectos de una ciudadanía más unida y la economía de guerra se hicieron notar en la sociedad estadounidense. Aunque la gente ya se desplazaba antes hacia el norte, el oeste y a las zonas suburbanas de los grandes centros industriales, la tendencia se aceleraría durante la guerra en una proporción de 1 de cada 5 estadounidenses. El contacto entre ciudadanos de diferentes partes del país reforzó los sentimientos de unión, pero también surgieron conflictos raciales y de clase.

La población negra se enfrentó a continuas discriminaciones y prejuicios en el ámbito militar y en la industria. Durante la guerra sirvieron en unidades separadas; algunos destacaron, como por ejemplo, los Tuskegee Airmen, pero muchos fueron relegados a trabajos de baja categoría, como camareros y cocineros. Muchos blancos se negaban a saludar o recibir órdenes de oficiales negros y hasta el propio Secretario de Guerra Henry Stimson consideraba que no tenían capacidad de liderazgo. En el frente civil, la migración de más de 700.000 negros hacia el norte y el oeste incrementó los conflictos raciales. Entre 1940 y 1946, la población urbana negra aumentó de forma significativa. En San Francisco, por ejemplo, creció en un 560%, en contraste con el 28% de la población blanca. En Los Angeles, la cifra fue de 105% frente al 18% de blancos y en Detroit 47% frente al 5,2%. Los empresarios industriales discriminaban a los trabajadores negros pagándoles sólo una parte de lo que cobraban los blancos por el mismo trabajo. En el verano de 1943, la frustración estalló en los disturbios de Detroit - que causaron 34 muertos y 700 heridos - Michigan y Harlem (New York).


Fue precisamente durante los años de la guerra cuando el Movimiento de los Derechos Civiles empezó a adquirir ímpetu. Líderes negros como A. Phillip Randolph (en la foto superior), jefe del sindicato de mozos de coches de cama, exigían un cambio. Randolph llegó a amenazar a Roosevelt con una marcha de un millón de personas hacia Washington si no tomaba medidas respecto a la discriminación laboral. El presidente, preocupado por la posible comparación entre el antisemitismo nazi y el racismo contra la población negra, promulgó la Orden Ejecutiva 8802, que establecía la creación de un comité para las prácticas de empleo justo en el procedimiento federal de contratación. El comité no hizo gran cosa para detener las prácticas laborales injustas y discriminatorias, pero el hecho de que un líder negro consiguiera presionar al presidente sentó precedentes para el futuro Movimiento de los Derechos Civiles después de la guerra.


Los estadounidenses de origen italiano, judío, japonés y mexicano también sufrieron discriminación y prejuicios durante la guerra. En 1943, el objetivo de los blancos durante los disturbios de Los Ángeles fueron los mexicanos, pero sin duda los peor tratados fueron los de origen japonés (los llamados nisei): pese a la falta de evidencias o pruebas creíbles, unos 120.000 de ellos se vieron obligados a abandonar sus casas, fueron despojados de sus propiedades y realojados en campos de internamiento (ya hablé de ellos por aquí, si os interesa) en virtud de la Orden Ejecutiva 9066, que los clasificaba como "extranjeros enemigos". No obstante, la guerra significó mayores oportunidades sociales y económicas para muchos otros inmigrantes, especialmente del sur y el este de Europa, ya que se integraron mejor en el tejido social estadounidense.


La guerra trajo consigo cambios de primer orden para las mujeres estadounidenses. Antes de la guerra, existía una gran reserva de mano de obra femenina, compuesta básicamente por mujeres jóvenes y solteras, sin acceso a muchos tipos de trabajo y restringidas al servicio doméstico y al comercio. Sin embargo, las necesidades de producción en la industria de guerra, combinadas con la reducción del número de hombres (incorporados al ejército), proporcionaron a las mujeres una ocasión única para ampliar sus posibilidades laborales. La respuesta a la solicitud de trabajadoras por parte del Gobierno fue apabullante y conllevó cambios notables. En 1941 había 14,6 millones de trabajadoras, hacia 1944, su número había crecido a más de 19,4 millones. Hacia 1945, las mujeres constituían el 36% de la mano de obra y realizaban trabajos hasta entonces reservados a los hombres.


Las mujeres eran especialmente activas en las industrias de defensa. Entre 1940 y 1944, el número de mujeres empleadas en las fábricas creció en un 141%. En Detroit, por ejemplo, en 1943 las mujeres suponían el 91% de los nuevos contratos en 185 instalaciones bélicas. Más del 10% del personal de astilleros estaba compuesto por mujeres. Ahora bien, muchos de estos trabajos incluían una notificación de despido, ya que las mujeres serían despedidas cuando los hombres volvieran de la guerra, y además los sueldos eran manifiestamente desiguales en relación a los que cobraban los hombres por hacer el mismo trabajo (¿De qué me suena esto? Tiene narices que hayan pasado 70 años y el mundo, en líneas generales y salvo honrosas excepciones continúe igual).

Al acabar la guerra y con la desmovilización, las mujeres perdieron sus puestos el doble de rápido que los hombres. En 1945, tres cuartas partes de las mujeres que trabajaban en la construcción de aviones y barcos fueron despedidas, y en la industria del motor el número de mujeres descendió de un 25% a un 7%. Aunque las mujeres creían que su trabajo era satisfactorio y liberador - pese a la lógica frustración que pudiera producirles la desigualdad de salarios respecto a los hombres -, la propaganda de posguerra se centró en transmitir que su deber era el de ayudar a asimilar la reincorporación de los veteranos a la sociedad "haciendo que él volviera a ser el hombre de la casa".


Las tasas cada vez más altas de matrimonios y nacimientos hicieron de la vivienda un problema crítico. En general, las viviendas para alojar trabajadores inmigrantes eran de inferior calidad. Sin embargo, muchas de las mujeres jóvenes que se casaron durante permanecieron con sus padres hasta que sus maridos regresaron de la guerra, y la escasez de viviendas dio lugar durante la posguerra a un auge de construcción de residencias unifamiliares. A su vez, la mayor tasa de matrimonios desencadenó un baby boom que duró hasta los años 60. Así por ejemplo, entre 1940 y 1943, la tasa de primeros nacimientos saltó de 293 a 375 por cada 10.000 mujeres, y la tasa de posteriores nacimientos también subió, de 506 a 540. Ante el mayor número de niños, la incorporación de las mujeres al trabajo y las pocas viviendas disponibles, el Gobierno tuvo que aprobar leyes para establecer servicios de guardería y proporcionar viviendas sociales.


Fuente: "La Segunda Guerra Mundial" de H.P. Willmott, Robin Cross y Charles Messenger

viernes, 13 de enero de 2012

Los Nisei


Nisei es un vocablo japonés que significa segunda generación, y se refiere a los japoneses nacidos en segunda generación en un país distinto de Japón. Este término fue aplicado fundamentalmente a los estadounidenses descendientes directos de japoneses emigrados nacidos en los EEUU que lucharon en la Segunda Guerra Mundial en el Ejército norteamericano, principalmente en el teatro europeo, donde destacaron por su valor y capacidad combativa.

Tras el ataque a la base naval de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, se desató en los EEUU un marcado odio contra todo lo japonés, así como un fuerte resentimiento hacia los ciudadanos de origen nipón que vivían allí, quienes tuvieron que sufrir no solo el desprecio de toda la sociedad norteamericana, sino también ataques contras sus propiedades - quema de sus casas y negocios - e incluso, algún asesinato de miembros de sus familias. A ello contribuyó en gran medida un falso y tendencioso rumor que, 3 días después del ataque, se propagó como la pólvora que aseguraba que 20.000 nisei estaban preparándose para iniciar un levantamiento armado en San Francisco. A comienzos de febrero, el diario Los Angeles Times, echó más leña al fuego con un desafortunado y xenófobo editorial en el que se aseguraba: "Una víbora es una víbora, sin que importe donde se abra el huevo. De la misma manera, un japonés-estadounidense, nacidos de padres japoneses, se convierte en un japonés, no en un estadounidense".


Por su parte, el propio Gobierno norteamericano efectuó registros en los domicilios, con el objetivo de incautar cámaras de espionajes, armas subversivas y otros objetos, llegando a realizar requisas "legales". La histeria llegó a tal punto que el Gobierno de EEUU declaró a los japoneses residentes como "extranjeros enemigos en territorio estadounidense" y se promulgó la Orden Ejecutiva 9066, en virtud de la cual, se fue internando a unos 110.000 japoneses residentes (de los cuales, una gran mayoría eran nisei, es decir, nacidos en los EEUU) en campos de internamiento, suspendiéndoseles sus derechos civiles. Incluso, los militares de origen japonés fueron expulsados del ejército e igualmente internados en dichos campos.


En las Islas Hawaii, esta medida resultó muy difícil de aplicar ya que la gran mayoría de sus habitantes eran de origen nipón. Tampoco se pudo aplicar totalmente la medida de expulsión de estas personas de las fuerzas armadas debido a que no había suficiente personal auténticamente estadounidense. Al mismo tiempo, se dio la particular y sorprendente circunstancias de que miles de hawaianos de ascendencia japonesa se presentaron en las oficinas de reclutamiento para luchar en la guerra contra Japón. Delos Carleton Emmons, un general del servicio de reclutamiento de EEUU en las Hawaii, decidió desactivar algunos batallones hawaianos de la Guardia Nacional en cumplimiento de las directivas del ejército, pero logró convencer al mando americano de la peculiar situación de las Hawaii. De este modo decidió no expulsar a los nipo-estadounidenses del ejército y consiguió la autorización para formar un cuerpo exclusivo formado por nisei que recibió el nombre de Batallón Provisional Hawaiano.


El 100º Batallón de Infantería se formó con 1.500 soldados de la Guardia Nacional de Hawaii de ascendencia japonesa (nisei), pero en vez de ser entrenados en territorio insular, se les trasladó a territorio continental estadounidense donde pudiera ser evaluada su capacidad de combate y lealtad a los EEUU. Finalmente, el 5 de junio de 1942, el Alto Mando Estadounidense quedó satisfecho con los resultados del entrenamiento del 100º Batallón y decidieron reclutar en total unos 5.000 nisei-americanos, extrayéndolos de los campos de internamiento de California y formando el 442.º Regimiento de Infantería (442 Regimental Combat Team). La idea que se transmitió al público al formar estos contingentes era de que iban a actuar como policía militar, tropas de retaguardia o guardias de campos de prisioneros. No obstante, cabe destacar que en su fuero interno, los mandos estadounidenses consideraban a estas tropas, así como a los afroamericanos o latinos, como soldados "de segunda categoría" y que su intención real era el emplearlos como tropas de choque y asalto en escenarios muy comprometidos en caso de que se necesitaran refuerzos. Lo que en otras palabras viene a conocerse como "carne de cañón". Eso sí, los familiares prisioneros de aquellos que fueron aceptados en este regimiento no recibieron ningún tipo de privilegios y fueron tratados de igual modo que el resto de internos de los campos de internamiento.


Una de las condiciones que impuso el Alto Mando Estadounidense es que estos soldados no se enfrentarían con soldados japonesesa diferencia de otros casos similares como los italo-estadounidenses, los franco-estadounidenses que sí se les permitió combatir contra sus países de origen. No obstante, esta medida no fue del todo aplicada, ya que muchos regimientos que combatieron en el frente del Pacífico requirieron, a medida que se avanzaba hacia Japón, de traductores e intérpretes nipo-estadounidenses para labores en el Servicio Militar de Inteligencia Estadounidense. 

El 23 de septiembre de 1943, el 442º Regimiento de Infantería fue desembarcado en Salerno (Italia) siendo adscrito a la 34ª División de Infantería. El baustismo de fuego lo recibieron durante los combates en la Línea Volturno cuando se enfrentaron al 29º Regimiento Panzer, donde miembros del 442º Regimiento destruyeron tanques demostrándose como excelentes lanzadores de bazookas. Posteriormente combatieron la ciudad de Castellina y en el Monte Miletto, siendo después trasladados en febrero de 1944 a los sangrientos combate por la Abadía de Montecassino, junto a soldados de origen afroamericano y latino. Los nisei se destacaron combatiendo con extraordinario coraje y arrojo a los alemanes. El 442º Regimiento de Infantería se redujo en esos terribles combates cuerpo a cuerpo de 3.800 efectivos a apenas unos 521, ganándose el apodo de "Batallón del Corazón Púrpura", por la innumerables condecoraciones recibidas por sus miembros.


Hubo que traer a nuevos reemplazos para recomponer el aguerrido y aniquilado regimiento, que después fue enviado a luchar en la Batalla de Anzio en julio de 1944, donde logró romper el cerco formado por tropas de élite alemanas después de un mes y medio de sostenidos y reñidos combates. Después de estos escenarios, los miembros del regimiento japonés-estadounidense se destacaron bravamente en los bastiones de Lanuvia y La Torretto que permitieron despejar de alemanes finalmente el camino a Roma. El General Mark Wayne Clark deseando entrar triunfalmente a Roma con tropas americanas, retuvo al 442º Regimiento de Infantería a 11 km de la capital italiana no pudiendo participar en el desfile por la liberación, hecho que causó mucha controversia ya que tenían los méritos más que de sobra para estar presentes. Según se dice, el General Clark por un tema de imagen, no quería que los italianos vieran que sus libertadores eran realmente japoneses en vez de estadounidenses.


Posteriormente, en septiembre de 1944 el 442º Regimiento fue desplegado en el sur de Francia y agregado a la 36ª División de Infantería, combatió en St.Die y los Vosgos ganándose una Citación Presidencial. En Bruyeres, combatieron en combate urbano con notable eficacia ganándose otra Citación Presidencial. Una de las acciones más destacables del 442º Regimiento fue el rescate de 221 miembros del 1er Batallón del 141º Regimiento de Infantería - el "batallón perdido" - copados en un valle entre los bosques de Biffontaine y La Houssiere, donde estaban siendo embolsados y aniquilados por tropas de élite alemanas muy bien emplazadas y apoyadas por francotiradores. Una carga frontal con la bayoneta calada del regimiento nisei puso a la fuga a los alemanes, no sin antes sufrir 800 bajas y causar unas 100 bajas a los alemanes. Después, el regimiento fue reasignado nuevamente a la 34ª División en Italia y acabó la guerra como parte de la reconstituida 92ª División de Infantería.



Terminada la guerra, el 442º Regimiento nisei cuyo lema era "Go for broke", una expresión usada en los juegos de cartas en Hawaii para indicar una apuesta y que se podría traducir como "a por todas" - fue uno de los regimientos más galardonados de la historia militar estadounidense con nada menos que 18.000 condecoraciones, dos citaciones presidenciales, 21 Medallas de Honor, 52 Cruces de Servicios Distinguidos, 1 Medalla al Servicio, 560 Estrellas de Plata, 22 Legiones al Mérito, 4.000 Estrellas de Bronce y la sorprendente cantidad de 9.846 Corazones Púrpura.

A pesar de este destacable historial de combate, los veteranos miembros nisei ya desmovilizados del regimiento nisei se encontraron con un país que aún mantenía a sus familiares en campos de internamiento y además no se les permitía ingresar a locales de comercio y bares colocando un letrero "no se admiten japos". Además, durante la guerra, muchos nisei perdieron todas sus posesiones ya que sus ahorros fueron confiscados por el gobierno al ser considerados "propiedad enemiga". Se estima que se les confiscaron unos 400 millones de dólares, pero después de la guerra, el gobierno solamente devolvió 40 millones.


El gobierno estadounidense sabía que tenía una deuda moral con sus ciudadanos de origen nipón y se disculpó con ellos en 1988, atribuyendo su accionar y la concentración de prisioneros principalmente a "los prejuicios raciales de la época, la histeria bélica y la deficiencia del liderazgo político". El presidente Ronald Reagan firmó además un acta, donde otorgaba una compensación de 20.000 dólares a las víctimas sobrevivientes. Recientemente se entregó en el Capitolio la Medalla Colectiva de Oro  - la mayor distinción civil del país - a cientos ancianos veteranos de origen japonés. "Estados Unidos estará siempre en deuda con el valor, el coraje y la dedicación de estos hombres para su país, que tuvieron que combatir dos frentes, la discriminación en casa y la lucha contra el fascismo", señaló el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, en una lectura de la ley que fue aprobada por el Congreso el año pasado y que otorgaba dicho reconocimiento.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (16)

Esta semana ha venido cargadita de noticias sobre la WW II. Allá van:

--- La policía de Croacia arrestó el miércoles pasado al ex Ministro del Interior Josip Boljkovac (el abuelete de la foto) bajo la acusación de haber ordenado la ejecución de 21 prisioneros al término de la Segunda Guerra Mundial.
Un portavoz policial explicó que Boljkovac, que cumple 91 años este mes y ha negado los cargos, permanece bajo arresto por su aparente responsabilidad en la ejecución en 1945 de 21 civiles que fueron acusados de colaborar con la Ustacha, organización paramilitar y terrorista afín al nazismo fundada por Ante Pavelic (el pájaro de la imagen de aquí abajo). Boljkovac fue un estrecho aliado del primer presidente croata, Franjo Tudjman, y su primer Ministro del Interior. En 1945, estaba al mando de OZNA, el servicio de seguridad de la antigua Yugoslavia durante la era comunista.

La detención supone un hecho inédito en los últimos años contra las autoridades del régimen comunista que gobernó Croacia entre 1945 y 1990. Al contrario de lo ocurrido en otros antiguos países comunistas de Europa del Este, las autoridades croatas nunca han iniciado una investigación a gran escala sobre los crímenes cometidos por los regímenes anteriores.

Los partidos conservadores y de extrema derecha han aplaudido la detención, mientras que las formaciones liberales y de centro-izquierda ven en ella una maniobra del partido gobernante HDZ para ganar votos de cara a las elecciones del 4 de diciembre. "En 1990, todos estos miembros del HDZ estaban callados delante de Boljkovac, sin decir una sola palabra sobre su pasado", ha criticado Damir Kajin, líder de un pequeño partido que integra una coalición de centro-izquierda.

--- Casi 70 años después de que Estados Unidos detuviera y confinara en campos de detención a los ciudadanos norteamericanos de origen japonés, el país otorgó la mayor distinción del gobierno a miles de ciudadanos con ancestros nipones que pelearon en la Segunda Guerra Mundial, pese a los prejuicios que sufrieron.

Cientos de ancianos veteranos de origen japonés, muchos de ellos en sillas de ruedas, llenaron el Capitolio para la ceremonia en la cual los principales líderes del Congreso les entregaron la Medalla Colectiva de Oro, la mayor distinción civil del país. "Estados Unidos estará siempre en deuda con el valor, el coraje y la dedicación de estos hombres para su país, que tuvieron que combatir dos frentes, la discriminación en casa y la lucha contra el fascismo", señaló el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, en una lectura de la ley que fue aprobada por el Congreso el año pasado y que otorga dicho reconocimiento.

Poco tiempo después de que los japoneses atacaran Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, Estados Unidos detuvo a 120.000 estadounidenses de origen japonés en campos de detención, catalogándolos como un riesgo para la seguridad del país, a pesar de que la mayoría de ellos no había nacido en Japón. A pesar de esta situación, estadounidenses de origen japonés - conocidos como Nisei - se alistaron como voluntarios para defender a su país. El 442º Regimiento de Infantería, compuesto por muchos estadounidenses de origen japonés peleó en Italia, Francia y Alemania y se convirtió en la unidad más condecorada en la historia, con 21 Medallas de Honor y 4.000 Estrellas de Bronce. "Esta ha sido una larga y gloriosa jornada", dijo el senador estadounidense Daniel Inouye, un político demócrata de Hawai que sirvió en este regimiento. "Estoy seguro de que los que yacen en los cementerios están complacidos con este día".

El General Douglas MacArthur, en su día, agradeció su labor a la unidad de inteligencia, que tradujo documentos e interrogó a prisioneros, acortando la duración de la guerra. El representante Mike Honda dijo que su difunto padre, Byron Honda, fue voluntario en esa unidad con la esperanza de "servir a su país, en defensa de la constitución mientras que el gobierno estadounidense confinó a su familia, incluyéndome a mí, en un campo alambrado". Honda, un político demócrata que representa a California, que ha defendido a los musulmanes y a los estadounidenses de origen árabe desde los ataques del 11 de septiembre, dijo que se pueden extraer lecciones de la experiencia de aquellos japoneses en los Estados Unidos hoy en día.

--- La vida de Adolf Hitler, o más bien su muerte, sigue generando controversia. En esta ocasión un nuevo libro de dos investigadores británicos afirma que el ex líder nazi no se suicidó en Berlín, sino que huyó a Argentina tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero lo nuevo (y polémico) de esta historia no es la teoría de la fuga de Hitler. La novedad es que la publicación está siendo objeto de una demanda legal por parte de un escritor argentino quien asegura que la investigación está prácticamente basada en el material que él ha recopilado durante años y que salió en sus propios libros a mediados de la década pasada.

El libro "Grey Wolf: The Escape of Adolf Hitler", que se publicará publicará en noviembre, fue escrito por el periodista Gerrard Williams y el historiador Simon Dunstan. La noticia de su contenido -que el Führer se escapó a Argentina- fue ampliamente difundida en la prensa anglosajona. Pero según el escritor Abel Basti, "todo lo que se refiere a la investigación de estos señores en Argentina está basado en mi material".

Basti es autor de varios libros sobre el tema desde 2004, los cuales fueron publicados tanto en su país como en España y Alemania. Según manifestó el escritor "en 2007 fui contratado por Williams para ayudar en una película sobre la huida de Hitler a Argentina, en la que yo aporté las investigaciones que he hecho". Sin embargo, el acuerdo se rompió en 2009 - según Basti - por incumplimiento de pago de los derechos de autor, y al resolverse el contrato, en teoría no quedó ninguna vinculación de permisos de derechos de autor. "Pero en el libro (de Williams y Dunstan) he visto que reproducen sin autorización (o mención) los mismos relatos, testimonios y datos de mis libros", aseveró. El escritor argentino inició acciones legales contra la editora del libro de los investigadores británicos, la estadounidense Barnes and Noble. Y ahora está a la espera de una respuesta de la empresa.

La versión oficial de la muerte de Hitler es que el líder nazi se suicidó, junto a su esposa Eva Braun, en 1945 en el búnker en el que resistió el avance de las tropas aliadas en Berlín. Los cadáveres de ambos habrían sido incinerados posteriormente, lo que explicaría por qué no hubo restos. Pero para investigadores como Abel Basti, esta versión de los hechos es falsa. La correcta sería la de una huida de la pareja de Berlín y un posterior viaje en submarino hasta la Patagonia argentina. "Allí se instalaron en una estancia a unos 15 kilómetros de Bariloche. En ese lugar pude obtener dos testimonios: el de la cocinera y una mujer que nació ahí. Yo lo que he trabajado se basa en testigos, personas que estuvieron con Hitler en Argentina, las cuales yo filmé para dejar el testimonio. Eso lo crucé con documentos de los servicios secretos (como del FBI y la CIA, que Basti afirma tener en su poder) y declaraciones públicas de funcionarios estadounidenses", señaló el escritor. Según Basti, "lo más fantástico del escape es que la información pública de la época hablaba de esto, a tal punto que Stalin pide que Hitler sea enjuiciado en Nuremberg. También hay una declaración de Dwight Eisenhower, en 1952, donde dice que no hay prueba suficiente de que murió en el búnker de Berlín".

Otro elemento que señala el investigador argentino es que el supuesto cráneo del dictador alemán que guardaron en Moscú las tropas soviéticas que tomaron en 1945 la capital alemana, no sería del líder alemán sino de una mujer. Así lo señalaron científicos británicos hace un par de años.

No obstante, hay historiadores e investigadores sobre el tema que desechan cualquier otra versión que no sea la muerte oficial que se conoce de Hitler. "Él murió en el búnker en 1945 como está comprobado", dijo el escritor y periodista Uki Goñi, autor de publicaciones sobre la huida de criminales nazis a Argentina tras la Segunda Guerra Mundial. "No hay prueba de que llegó en un submarino a la Patagonia. En aquella época investigadores ingleses hicieron un inventario de los submarinos alemanes y no les faltó ninguno. Además hay numerosos testigos que estuvieron presentes cuando murió. Los historiadores dicen que no se puede probar un negativo. Yo no puedo probar que Hitler no vino a Argentina, pero hasta que haya evidencia concreta de que sí vino a este país no se puede afirmar eso seriamente", agregó Goñi.

A juicio de Uki Goñi, la teoría de que el Führer huyó a Sudamérica y "la fascinación que hay sobre este tema lo que hacen es desviar la atención de lo que sí realmente ocurrió que fue el escape de cientos de Nazis a Argentina con la ayuda del gobierno de Suiza, el Vaticano, el alemán y la Casa Rosada. Entre estos criminales hay personajes terribles como Eichmann y Josef Mengele.

De acuerdo con libros de escritores argentinos como Goñi o Alberto Sarramone, fue durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón cuando se facilitó la llegada a Argentina de personas que habían combatido con las tropas nazis. "Yo tengo una lista de 280 personas con causas abiertas por lesa humanidad que vinieron en esa época y que he cotejado con el registro de migraciones aquí. Unos 33 son alemanes o austriacos, el resto son nazis belgas, franceses, croatas o de otras nacionalidades", señaló Goñi. De hecho, según Sarramone, el Director de Migraciones que nombra Perón crea un comité que diseña la estrategia para recibir extranjeros a finales de los años 40, en el que participan un belga, un croata y un checo que tenían acusaciones por crímenes de guerra. "Esto es mucho más serio y comprometedor que la fantasía de que Hitler pudo venir a Argentina en un submarino", señaló Goñi.

--- El pasado 27 de octubre, cerca de 20.000 personas tuvieron que ser evacuadas en la ciudad de Halle, situada al este de Alemania, tras el hallazgo de una bomba de la Segunda Guerra Mundial sin explotar.

La bomba, de 500 kgs. de peso, apareció durante una excavación en el centro de la ciudad. Las autoridades activaron la alarma de catástrofe y ordenaron la evacuación total en un radio de 800 metros. Entre los evacuados hubo los alumnos de 6 escuelas y 500 pacientes de un hospital. Los vecinos fueron llamados a abandonar sus casas por altavoces y trasladados en autobuses a un pabellón deportivo.

A diferencia de lo que suele ocurrir en estos casos, el proyectil encontrado hoy seguía siendo muy peligroso, según los expertos, pero finalmente los artificieros lograron desactivar el artefacto sin tener que lamentar daños personales ni materiales. En Alemania siguen encontrándose regularmente detonadores de bombas no explotadas lanzadas por las fuerzas aéreas de EEUU y Reino Unido durante la guerra, hace 70 años. Sin ir más lejos, el pasado mes de mayo, más de 8.000 personas tuvieron que ser desalojadas de sus casas para que los artificieros pudieran desactivar otras 2 bombas de la II Guerra Mundial localizadas en los alrededores de Hannover.