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jueves, 30 de mayo de 2013

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (36)


"Psicológicamente me cuesta mucho trabajo soportar que, después de haber estado charlando amigablemente con un compañero, al cabo de media hora te lo encuentres convertido en poco más que un montón de trozos de carne, como si nunca hubiera existido, o que unos camaradas, que yacen malheridos ante tus ojos, en medio de un charco de su propia sangre, te imploren con ojos suplicantes que los ayudes, pues en la mayoría de los casos ya no pueden articular palabra, o el dolor les anula la capacidad de hablar. Es terrible...esta guerra es una guerra de nervios nefasta." 

Soldado alemán destacado en el Frente Oriental (junio 1944) en una carta dirigida a su familia


Fuentes:
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor

martes, 28 de mayo de 2013

La Lucha en el 'Bocage' Normando


Tras consolidar, no sin dificultades, las cabezas de desembarco en las playas de Normandía, los aliados tuvieron enormes problemas para avanzar hacia el interior del país galo. Mientras los británicos, enfrentados al grueso de las divisiones panzer alemanas destacadas en la zona, se veían incapaces de tomar Caen ante la durísima y bien organizada defensa enemiga, un poco más al oeste, el I Ejército Americano del general Omar Bradley quedó atascado en los sangrientos combates en los que se había visto envuelto en los pantanos al sur de la península de Cotentin y el "bocage", en la zona rural al norte de Saint-Lô.


Los alemanes describían los combates en el "bocage", un paisaje compuesto de pequeñas parcelas irregulares (tierras de cultivo y prados), separadas entre sí por setos vivos, muretes y terraplenes, y por árboles que a menudo bordean los caminos, como un "Schmutziger Buschkrieg", es decir, una "guerra sucia entre los arbustos", pero sabían que ellos, como defensores, tenían mayor ventaja sobre los aliados. Los americanos no estaban preparados para la espesura del "bocage", para la altura de los árboles, los setos y los duros y elevados terraplenes en los que crecían. Durante los entrenamientos habían supuesto que los setos eran como los del sur de Inglaterra, pero nada más lejos de la realidad.


Los soldados estadounidenses, en especial los reemplazos recién llegados, se sentían desorientados y sobrecogidos por la imposibilidad de avistar al enemigo cuando avanzaban por los pequeños campos cercados y por los caminos y senderos rodeados de esa espesa vegetación. El pánico pronto se desató entre los combatientes aliados, que parecieron olvidar las enseñanzas básicas de todo entrenamiento de infantería. Su instinto, cuando se veían acosados por la artillería o el fuego de mortero alemán, era tirarse al suelo o retroceder en busca de algún refugio, en lugar de avanzar y cargar contra el enemigo, una actitud que resultaba mucho más peligrosa, en contra de lo que pudiera parecer  a priori.


El disparo de un único fusilero desde lo alto de un árbol daba lugar con demasiada frecuencia a que los hombres de toda una unidad se echaran cuerpo a tierra, donde ofrecían un blanco mucho más fácil. De hecho, los alemanes provocaban muchas veces esta situación deliberadamente, para disparar a renglón seguido una densa cortina de fuego de mortero, explotando las bombas en el aire mientras los soldados americanos estaban tendidos en el suelo, indefensos y con todo el cuerpo expuesto. "Seguid andando si queréis seguir con vida" fue el eslogan adoptado por el cuartel general del I Ejército Americano de Bradley como instrucción para todo el mundo. Se hicieron advertencias a los oficiales y suboficiales para que no se echaran cuerpo a tierra, ya que el resto de los hombres bajo su mando seguiría su ejemplo. Dado que una actitud agresiva daba lugar a que se produjeran menos bajas se hizo hincapié en la importancia del "fuego en marcha", que consistía en disparar constantemente (a costa de un enorme gasto de munición), a medida que avanzaba la infantería, contra todo lo que pudiera ser una posición enemiga, sin esperar a tener un objetivo identificado.


Igualmente se aconsejó a los soldados que, si caían heridos por un francotirador, permanecieran inmóviles y  en silencio, ya que probablemente el tirador alemán no malgastaría otra bala en un posible cadáver, pero por contra si que volvería a disparar contra el herido, si este se movía tratando de guarecerse, o contra cualquier compañero que acudiera a socorrerle. De hecho, a los sanitarios que acudían a auxiliar a los heridos les disparaban deliberada y sistemáticamente. Los francotiradores alemanes escondidos en los árboles a menudo se ataban al tronco para no caer en caso de resultar heridos; otro escondite favorito en campo abierto eran los almiares, pero esta práctica se desechó enseguida, cuando los soldados estadounidenses aprendieron a disparar balas trazadoras con las que prendían fuego a la paja, para luego coser a tiros al tirador cuando trataba de escapar de las llamas.


Utilizando las lecciones aprendidas en el frente oriental, los alemanes lograron compensar su inferioridad numérica en materia de hombres, artillería y sobre todo, aviones, minimizando sus pérdidas en defensa. Para su primera línea de defensa, excavaban pequeños refugios en la base elevada de los impenetrables setos del "bocage" - tarea dura y laboriosa habida cuenta de lo intrincado de las viejas raíces - para construir en ellos nidos de ametralladoras. Varios cientos de metros más atrás estaba preparada una línea de posiciones bastante más sólidas. Luego existía una tercera línea todavía más atrasada, que disponía de tropas suficientes para llevar a cabo un rápido contraataque. Detrás de ellas, habitualmente en terreno elevado, solía colocarse un cañón antitanque de 88 mm, capaz de dejar fuera de combate a cualquier blindado enemigo que apareciera en apoyo de la infantería.


Los soldados aliados descubrieron que los alemanes eran muy buenos en las técnicas de camuflaje y ocultación. Cortaban ramas frescas para camuflar meticulosamente los cañones y los vehículos blindados y ocultarlos de la vista de la aviación aliada, lo que suponía que la ayuda que pudieran prestar los cazabombarderos enemigos era relativamente escasa. Sus soldados estaban acostumbrados a disimular las huellas de los blindados, e incluso intentaban levantar de nuevo la hierba o el grano que habían aplastado a su paso. Además, la infantería alemana no se limitaba a cavar pequeñas trincheras. Se enterraban "como si fueran topos", cubriéndose la cabeza contra las andanadas de la artillería y abriendo túneles bajo los setos. La pequeña abertura en el terreno que dejaban les proporcionaba el hueco ideal desde el que cortar el avance de una unidad aliada con las ráfagas de una ametralladora MG-42.


Los alemanes sabían muy bien que el mejor momento para pillar desprevenidas a las tropas aliadas era justo después de que éstas hubieran tomado una posición. Habitualmente se infligían en ese momento más bajas que durante el ataque original. Los soldados aliados eran muy lentos a la hora de abrir nuevas trincheras y a menudo se limitaban a utilizar los hoyos y las zanjas cavadas por los alemanes. En muchos casos estas posiciones estaban provistas de trampas explosivas, pero además, siempre podían estar localizadas de antemano como objetivo por los batallones de apoyo de la artillería alemana, dispuestos a abrir fuego sobre ellas en cuanto sus hombres se retiraran. Una y otra vez, las tropas aliadas fueron pilladas desprevenidas. Agotados por el ataque y ufanos por el éxito obtenido, los soldados no encontraban demasiado atractiva la idea de ponerse a cavar frenéticamente nuevas trincheras. A la infantería americana les costó mucho tiempo y muchas muertes innecesarias aprender a seguir la máxima de la Wehrmacht según la la cual "el sudor ahorra mucha sangre".


Combatiendo contra el Ejército Rojo los veteranos del frente oriental habían aprendido todas las triquiñuelas imaginables. Colocaban minas en el fondo de los cráteres abiertos por las bombas delante de sus posiciones para matar o herir gravemente a cualquier soldado atacante que se lanzara a ellos buscando refugio ante el fuego de ametralladoras o de mortero. Si abandonaban una posición, no sólo preparaban trampas explosivas en sus refugios subterráneos, sino que dejaban también una caja de granadas, varias de las cuales habían sido manipuladas para reducir el tiempo de demora a cero. También eran expertos en esconder en las cunetas minas de fragmentación, llamadas por los norteamericanos Bouncing Betty o "minas castradoras" (en la imagen superior) porque, al activarse, se elevaban hasta la altura de la entrepierna antes de estallar.


Los tripulantes de sus tanques y los artilleros de los cañones de campaña se hicieron expertos en disparar las llamadas "salvas de árbol", lo que significaba disparar contra las copas de los árboles, para que al explotar el proyectil, produjeran astillas capaces de herir a cualquiera que estuviera cerca. También tendían cables bien tirantes a la altura del cuello en los caminos usados por los jeeps aliados con el fin de decapitar a los conductores distraídos que pasaban por allí. Los americanos enseguida se acostumbraron a soldar una barra en forma de "L" invertida en la parte delantera de los vehículos descubiertos con el fin de enganchar y cortar dichos cables (fotografía sobre este párrafo).


Otra treta que utilizaban los alemanes cuando los americanos lanzaban una ofensiva por la noche consistía en disparar con una ametralladora balas trazadoras por encima de las cabezas de sus atacantes. De ese modo conseguían que los soldados aliados siguieran avanzando erguidos, para luego abrir fuego a menor altura con munición normal. A menudo, aparecía un sólo alemán con las manos en alto como si quisiera rendirse y cuando los americanos se acercaban con la intención de hacerlo prisionero, se echaba a un lado y las ametralladoras escondidas acribillaban a los desprevenidos soldados estadounidenses. No es de extrañar que después de varios incidentes de ese estilo fueran pocos los americanos dispuestos a coger prisioneros.


La presencia de los tanques utilizados para apoyar los ataques de la infantería estadounidense casi siempre atraía el fuego de la artillería o de los morteros alemanes. El Sherman era especialmente ruidoso, y los alemanes sabían cuando iba a producirse un ataque por el sonido de los motores de los tanques. Las tripulaciones de los blindados corrían también muchos riesgos, ya que los temidos cañones antiaéreos de 88 mm utilizados como arma antitanque eran de una precisión aterradora, siendo capaces de dejar fuera de combate a los tanques aliados, incluso a más de 1 km. de distancia.


Los grupos cazatanques alemanes con el lanzagranadas Panzerfaust al hombro se escondían y aguardaban el paso de las columnas de carros blindados americanos, y luego disparaban contra ellos por detrás, en la zona en la que eran más vulnerables. Otros se acercaban arrastrándose a los blindados y arrojaban contra ellos bombas adhesivas, o se encaramaban a ellos sin ser vistos, lanzando granadas por la escotilla. No es de extrañar que a las compañías de Sherman no les gustara moverse por el "bocage" sin tener el flanco guardado por la infantería.


Los alemanes solían colocar un cañón de asalto o un tanque al final de un largo trayecto en línea recta para tender emboscadas a cualquier Sherman que intentara seguir ese camino. Si se internaban en los campos de cultivo, el comandante del tanque, incapaz de ver casi nada a través del periscopio, tenía que sacar la cabeza por la escotilla de la torreta, ofreciendo un blanco perfecto. En los campos rodeados de setos, los tanques eran más vulnerables, cuando entraban o salían de una parcela por un hueco evidente. Se intentaron diversos métodos de evitar ese peligro.


La infantería que acompañaba a los tanques intentaba abrir brechas en los setos con torpedos Bangalore, pero con escaso éxito, debido a la solidez del suelo y al tiempo que se tardaba en meter la carga bajo tierra. Además se necesitaban cantidades enormes de explosivos. La solución perfecta la encontró el sargento Curtis G. Culin, del 102º Escuadrón de Reconocimiento de Caballería, integrado en la 2ª División Acorazada, quien inventó el conocido como "tanque rinoceronte" (Rhino Tank), que podéis ver en las fotografías superiores. Soldando, a modo de dientes, trozos de acero - obtenidos de las vigas y obstáculos de playa alemanes - a la parte frontal del Sherman, se conseguía en unos 3 minutos abrir un agujero entre el terraplén y el seto (imagen bajo estas líneas).


Casi todas las bajas estadounidenses de carácter psico-neurótico de la campaña de Francia se produjeron como consecuencia de la lucha en el "bocage" y la mayoría de sus víctimas fueron reemplazos, que se habían visto metidos en el combate mal entrenados y peor preparados para sustituir a un caído en combate. Al final de la campaña, 30.000 hombres del I Ejército fueron computados como bajas psicológicas. El jefe del servicio de sanidad de los Estados Unidos, estimaba en un estudio que entre las fuerzas de primera línea un 10% causó baja por motivos psicológicos (fatiga de combate).

Fuentes:

"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor
"El Día D. La Batalla de Normandía" de Antony Beevor

jueves, 28 de febrero de 2013

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (34)


"Vivimos como dioses en Francia. Si necesitamos carne, se sacrifica una vaca de la que solo se toman las mejores partes, y el resto se descarta. Hay muchas cosas en abundancia: espárragos, naranjas, lechugas, nueces, cacao, café, mantequilla, jamón, chocolate, vino espumoso, vino, licores, cerveza, tabaco, puros y cigarrillos, así como juegos completos de ropa blanca. Como nuestro avance se realiza en largas marchas por etapas, perdemos contacto con nuestras unidades. Con el fusil en mano, irrumpimos en las casas para saciar el hambre. Horrible ¿no os parece? Pero uno se acostumbra a todo. Gracias a Dios que en nuestra patria no se vive en estas condiciones".

Soldado alemán de la 269ª División de Infantería, en una carta dirigida a los suyos y fechada el 20 de mayo de 1940, durante la invasión de Francia

Fuentes:
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor

miércoles, 20 de febrero de 2013

Citas Literarias (7)

"Cualquier soldado alemán que mostrara compasión por los sufrimientos de los prisioneros soviéticos era objeto de burla por parte de sus compañeros. La inmensa mayoría de ellos consideraba a los cientos de miles de prisioneros poco más que alimañas. Las lamentables condiciones de suciedad en las que se hallaban, como consecuencia del trato recibido, no hacían más que reforzar los prejuicios inspirados por la propaganda de los últimos ocho años. De ese modo, las víctimas eran deshumanizadas como si aquello fuera el cumplimiento de un profecía. Un soldado encargado de la vigilancia de una columna de prisioneros soviéticos escribía a su casa que estos comían "hierba como si fueran ganado". Y cuando pasaban por delante de un campo de patatas, "se tiran al suelo, cavan con las uñas y se las comen crudas". A pesar de que el elemento fundamental de la Operación Barbarroja según los encargados de su planificación habían sido las batallas de envolvimiento, las autoridades militares alemanas habían hecho deliberadamente muy poco para prepararse para la captura masiva de prisioneros. Cuantos más murieran por abandono, menos bocas habría que alimentar.

Un prisionero de guerra francés describía la llegada de un grupo de soldados soviéticos a un campo de la Wehrmacht en territorio del Gobierno General en los siguientes términos: "Los rusos llegaban en filas, de cinco en cinco, cogidos del brazo, pues ninguno podía caminar por sí solo; 'esqueletos ambulantes' es la única descripción que les habría cuadrado. El color de su rostro no era ni siquiera amarillo, sino verdoso. Casi todos llevaban los ojos semicerrados, como si no tuvieran fuerza para fijar la vista en nada. Caían por filas, cinco hombres a la vez. Los alemanes se precipitaban sobre ellos y los golpeaban con las culatas de sus fusiles y con látigos".

Posteriormente los oficiales alemanes intentaron atribuir el trato dispensado a los tres millones de prisioneros de guerra capturados en el mes de octubre a la falta de tropas para vigilarlos y a la escasez de medios de transporte para asegurar su alimentación. Sin embargo, miles de prisioneros del Ejército Rojo murieron durante las marchas forzadas simplemente porque la Wehrmacht no quiso que ni sus vehículos ni sus trenes se "infectaran" con la presencia de aquella masa de hombres "malolientes". No habían sido preparados campos de prisioneros de ningún tipo, de modo que decenas de millares de ellos fueron amontonados como ganado a la intemperie en recintos vallados con alambre de espino. Apenas se les daba de comer y de beber. Todo ello formaba parte del Plan Hambre diseñado por los nazis para exterminar a treinta millones de ciudadanos soviéticos y acabar así con el problema de "superpoblación" de los territorios ocupados. Los heridos eran dejados al cuidado de los doctores del Ejército Rojo, a quienes por lo demás se privaba de todo tipo de suministros médicos. Cuando los guardias alemanes arrojaban por encima de las alambradas cantidades totalmente insuficientes de pan, se divertían mirando cómo los hombres se peleaban por él. Solo en 1941 murieron de hambre, de enfermedad o de exposición a la intemperie más de dos millones de prisioneros soviéticos".

Antony Beevor - "La Segunda Guerra Mundial" (págs.295-297)

viernes, 15 de febrero de 2013

La Carga de la Caballería Polaca en Krojanty

Probablemente la imagen más famosa y persistentemente recordada en el tiempo de la invasión de Polonia por la Alemania nazi (1 de  septiembre de 1939) es la de un escuadrón de osados jinetes polacos cargando a caballo con sus lanzas y sables contra los panzer alemanes. Todo un símbolo de la desesperación de unas gentes valientes, pero abandonadas a su suerte por las potencias aliadas e impotentes ante una tecnología infinitamente superior. En mi caso, uno de los primeros y más vívidos recuerdos de mi infancia en relación con la Segunda Guerra Mundial, es la lectura de un viejo tebeo de "Hazañas Bélicas" en una de cuyas historias se mostraba este episodio. Si no recuerdo mal, uno de aquellos lanceros polacos, se abalanzaba contra un tanque y antes de caer abatido, liquidaba con su lanza a un tripulante del blindado - creo que uno de los ametralladores (o el conductor, quizás) - tras introducir, en una increíble demostración de puntería su lanza por una de las troneras del carro de combate.


Pues bien, la cuestión es que ese osado y suicida ataque nunca se produjo. Ese heroico episodio es uno de los tantos mitos y leyendas existentes en torno a la Segunda Guerra Mundial. No obstante, ello no parece haber menguado la popularidad de la leyenda, incluso entre algunos historiadores e investigadores supuestamente serios. Según el historiador Steven J. Zaloga, la historia parece tener su origen en los primeros días de la campaña, de la mano de corresponsales de guerra italianos destacados en el frente de Pomerania. Luego fue debidamente engrandecido, embellecido y transformado a su antojo por la poderosa propaganda nazi, siendo más atractivo en cada nueva versión de los hechos. También se ha dicho, de manera bastante insistente, que esa fue la última carga de caballería de la historia en un conflicto armado, a fin de pretender dejar sin argumentos a los defensores de la caballería, para dejar claro que la época del jinete había tocado a su fin, pero eso tampoco es cierto. Así a bote pronto, recuerdo un par de cargas de caballería más durante la Segunda Guerra Mundial - la del Regimiento "Savoia" italiano en Isbuschensky (Rusia) en agosto de 1942 y la del 26th Cavalry Regiment estadounidense en Morong (Filipinas) en febrero de 1942 - y lo cierto es que las unidades de caballería continuaron teniendo un papel importante durante la guerra (precisamente los alemanes las utilizaron a menudo en la lucha antipartisana).


La fuente original está en una escaramuza cerca de la aldea de Krojanty en la tarde del 1 de septiembre de 1939 (es decir, el mismo día de la invasión). El Corredor de Pomerania, (también llamado "corredor polaco")  uno de los principales objetivos de Hitler, ya que garantizaba el acceso al mar Báltico, estaba guardado por varias divisiones polacas de infantería y por la Brigada de Caballería "Pomorska". El área era indefendible, pero esas fuerzas estaban estacionadas ahí para impedir al menos que la Wehrmacht la tomase sin oposición, como había ocurrido en los Sudetes. Al estallar la guerra, esas tropas debían retirarse inmediatamente hacia el sur. Cubriendo el repliegue estaría el coronel Kazimierz Mastalerz (en la fotografía bajo estas líneas) con su 18º Regimiento de Lanceros Ulanos "Pomorskich" y unos regimientos de infantería.


A primera hora del 1 de septiembre, la y 20ª División de Infantería Motorizada del XIX Cuerpo de Ejército alemán al mando del general Heinz Guderian empezaron a presionar a las fuerzas polacas del bosque de Tuchola. La caballería y la infantería consiguieron  contenerlas hasta primera hora de la tarde, pero finalmente se vieron obligadas a retroceder. Al atardecer, estaba amenazado el empalme ferroviario y viario clave que había al otro lado del bosque, así que Mastarlerz ordenó que se rechazara a los alemanes a toda costa. El coronel polaco contaba con su propio regimiento, alguna infantería y las tanquetas de la brigada. Las tanquetas TK eran viejas y estaban muy gastadas, así que fueron dejadas con una parte del regimiento para que sostuvieran las posiciones. Dos escuadrones de lanceros, unos 250 hombres, montaron en sus caballos y empezaron a rodear el flanco germano para atacar por detrás.


A primera hora de la tarde habían localizado un batallón de infantería alemán expuesto en un claro del bosque de Tuchola. Los escuadrones de caballería polacos estaban a unos cientos de metros, por lo que era factible lanzar una carga a sable. En unos instantes, los dos escuadrones habían salido del bosque y caído sobre la atónita infantería enemiga, a la que lograron dispersar causandole unas 20 bajas, sin que los polacos tuvieran apenas pérdidas. Cuando los jinetes se estaban reagrupando, aparecieron en el lugar unos cuantos vehículos blindados ligeros alemanes - probablemente del tipo Schewerer Panzerspähwagen y Leichter Panzerspähwagen - armados con cañones automáticos de 20 mm y ametralladoras, y abrieron fuego de inmediato sobre los jinetes polacos, que totalmente expuestos, empezaron a galopar intentando llegar al abrigo de una colina cercana. El propio coronel Mastarlerz y su estado mayor cayeron muertos, y las bajas fueron terribles (se habla de unos 20 muertos y otros 60 heridos o prisioneros, es decir, los dos escuadrones de la caballería polaca intervinientes en la escaramuza perdieron un tercio de sus jinetes). Sin embargo, gracias a su decidida acción los lanceros consiguieron ganar tiempo para la retirada de dos batallones polacos que estaban siendo atacados en la cercana batalla de Chojnice.


La evidencia de esta matanza fue descubierta al día siguiente por unos corresponsales de guerra italianos, a quienes unos soldados alemanes dijeron que aquello era consecuencia de que los jinetes polacos habían cargado contra los carros de combate. Los alemanes, impresionados por el fuerte y osado ataque, se las arreglaron para transformar una derrota táctica en una victoria propagandística, presentando así el ejército polaco como obsoleto y caduco. Y así nació la leyenda. Lo que ya no interesó tanto resaltar a los nazis fue que esa misma tarde Guderian tuviese que intervenir personalmente para impedir que el comandante de la 20ª División de Infantería Motorizada alemana retirase dicha unidad "frente a una intensa presión de caballería". Semejante presión procedía de ese mismo 18º Regimiento de Lanceros Ulanos, una unidad que había perdido el 60% de sus efectivos en los combates de ese día y cuyo tamaño no era ni el 10% de la unidad alemana a la que estaban empujando.


Los polacos también aceptaron la mentira pues ensalzaba el valor de su caballería, que dicho sea de paso, fueron las unidades del ejército polaco que más problemas dieron a los alemanes en su avance (incluso, llegaron a derrotarles en la batalla de Mokra). Eso sí, los enfrentamientos entre la caballería polaca y las unidades blindadas germanas se produjeron con los jinetes polacos luchando a pie, o atrincherados en posiciones fijas (más el apoyo de tanquetas, blindados y artillería), es decir, como infantería, y utilizando sólo la caballería para desplazarse rápidamente a otros lugares del frente. Pero todos sabemos el gran valor que tienen los símbolos y lo de las lanzas contra los tanques es una imagen muy poderosa sobre un pueblo que fue abandonado a su suerte cuando se vieron atacados por la tiranía y la sinrazón.


Fuentes:

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército Polaco" de Stephen J. Zaloga
http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Krojanty
http://www.abc.es/20120831/archivo/abci-caballeria-polaca-contra-tanques-201208301625.html
http://comprenderelayer.wordpress.com/2008/07/26/caballeria-polaca-contra-panzers-alemanes/

lunes, 26 de noviembre de 2012

La Ascensión al Monte Elbrus

En el verano de 1942, el ejército alemán batallaba en el Frente Oriental con redoblados esfuerzos. Tras la derrota ante las puertas de Moscú en el invierno anterior, la Wehrmacht y sus aliados volvieron a golpear con dureza a las fuerzas del Ejército Rojo en un enorme frente que iba desde el mar Báltico hasta el Cáucaso.En este lugar, la cadena montañosa que da nombre a la raza caucásica, situada al sur de la antigua URSS, se libraron durísimos combates para asegurar los pasos de montaña que permitían a los germanos acceder a las rutas del mar Negro, en el marco de la llamada Operación Fall Blau. Desde ahí, y con la orografía bajo su control, dirigirse hacia los codiciados pozos petrolíferos de la zona no debía ser tarea ardua.


Este terreno fue uno de los más duros para combatir de toda la Segunda Guerra Mundial, con peligrosos combates en cotas superiores a 3.000 metros y desfiladeros con caídas al vacío de más de mil metros, todo ello en un macizo montañoso donde abunda el pórfido, un mineral de color rojizo que destaca por su dureza y resistencia, muy superior a la del granito. Tras los combates en este medio tan inhóspito, los cazadores de montaña alemanes lograron su propósito de asegurar desfiladeros como nombres tan exóticos como Klujor, Sancharo o Alustraju. Al final, consiguieron, tras arriesgadas escaramuzas entre peligrosos precipicios, conquistar el Paso de Bgalar, que conducía directamente a la costa del mar Negro, hacia Sujum.


El 21 de agosto de 1942, un equipo de 23 hombres de las 1.ª y 4.ª Divisiones de Montaña (Gebirgs-Division), conducido por los capitanes Heinz Groth y Max Gämmerler consiguieron alcanzar la cima del monte Elbrus, el pico más alto de Europa con 5.642 metros de altura sobre el nivel del mar. Sobre aquel paraje, los soldados germanos izaron la bandera de guerra del Tercer Reich y las respectivas banderas divisionales, tomando fotografías de la hazaña.Sin embargo, aquella acción distaba mucho de tener valor militar y fue una iniciativa de los propios soldados de montaña alemanes. Los combates por los pasos de montaña se libraban 2.000 metros más abajo, y el coronar la cima respondía más bien al espíritu aventurero de aquellos alpinistas.


Cuando la noticia llegó a Berlín, todo el mundo se felicitó por la conquista de los puntos estratégicos en el Cáucaso, sin embargo, Hitler montó en cólera cuando se enteró que sus cazadores de montaña se dedicaban al alpinismo en vez de a combatir contra las tropas de la Unión Soviética.No obstante, el Führer se vería obligado a cambiar de opinión a la luz de los acontecimientos posteriores. Joseph Goebbels, el astuto y siniestro Ministro de Propaganda nazi, supo ver de inmediato el valor propagandístico que podían tener las imágenes de la bandera del Tercer Reich ondeando triunfante en la cumbre del citado monte. Así pues, las fotografías de los sufridos cazadores de montaña en la cima del Elbrus fueron ampliamente difundidas por todos los periódicos y revistas del país como símbolo del entonces imparable avance de la Wehrmacht.

Hitler, encolerizado al principio con la acción de sus tropas alpinas, tuvo que cambiar de opinión al ver el entusiasmo y orgullo que, imágenes como ésta - o las que llegaban desde las arenas del desierto norteafricano con el Afrika Korps en ruta hacia El Cairo - provocaban en el pueblo alemán, que veía a sus soldados como imparables máquinas de conquistar que extendían el dominio del Tercer Reich por escenarios que hasta entonces sólo conocían por los libros y las películas de aventuras. Sin embargo, ese verano de 1942 sería el último en el que los alemanes podrían soñar con esta hazañas y con el final victorioso de la guerra; entres los meses de octubre y noviembre de 1942, las tropas de Montgomery derrotaban a las de Rommel en la batalla de El Alamein, comenzando el principio del fin del Afrika Korps. Meses después se decidió el destino de la guerra en una ciudad rusa a orillas del Volga: Stalingrado.


Fuentes:
"Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

jueves, 15 de noviembre de 2012

Coreanos en Normandía

Cuando la Wehrmacht invadió la URSS ("Operación Barbarroja"), se enorgullecía de su "pureza racial". Sin embargo, pronto se encontró con la imperiosa necesidad de incorporar tropas de reemplazo, debido al gran número de bajas y al enorme territorio que tenía que conquistar, ocupar y controlar, lo que hizo que los alemanes abandonaran radicalmente esa clase de conceptos. Inicialmente, los denominados Volksdeutsche (alemanes raciales o étnicos) de Polonia y los de los Balcanes fueron forzados a presentarse "voluntarios". Su clasificación exacta era la de Abteilung 3 der Deutschen Volkklits (Sección 3 de la lista de la raza alemana); significaba que a las personas así clasificadas se les concedía la ciudadanía alemana por un período de 10 años, siendo susceptibles de ser llamados a filas aunque sin poder ascender en el escalafón de mando. 


Entre 1942 y 1943, se llevó a cabo un agresivo reclutamiento en los territorios ocupados de la Unión Soviética para la lucha contra el comunismo: las llamada Ostlegionen (también conocidas como Osttruppen y Ostbataillonen); cabe decir a este respecto que la validez de los reclutas que se presentaron voluntarios, al principio era bastante fiable, ya que los hombres procedentes de las repúblicas occidentales del imperio soviético suscribían la lucha contra el régimen de Stalin. Al iniciarse la retirada alemana, el número de voluntarios (Freiwilligen) decreció ostensiblemente a favor de la presencia de auxiliares (Hilfswilligen, comunmente conocidos como Hiwis) procedentes de los territorios ocupados y de los enormes contingentes de prisioneros de guerra capturados al Ejército Rojo. A principios de 1944, la Wehrmacht tenía "voluntarios" de Croacia, Hungría, Rumanía, Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, la Rusia Asiática, Rusia, Ucrania, Rutenia, las repúblicas musulmanas de la URSS, así como Cosacos del Volga, Tártaros de Crimea e incluso indios. Los llamados Ostbattalionen (o “Batallones del Este”), perdieron eficacia a marchas forzadas después de la derrota alemana en la crucial Batalla de Kursk. Posteriormente, fueron enviados a Francia para sustituir a las necesarias tropas alemanas allí destacadas.


En la playa Utah, el día del Desembarco de Normandía, el teniente Robert Brewer del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101ª División Aerotransportada norteamericana, capturó cuatro asiáticos que vestían el uniforme de la Wehrmacht. Nadie comprendía su idioma ni sabía que diablos hacían allí. Finalmente se supo que eran coreanos. Nada más y nada menos. Pero ¿cómo era posible que soldados coreanos estuvieran peleando en Francia, en la otra punta del planeta, en el bando de Hitler para defender las costas normandas de la invasión aliada? Cuenta Stephen E. Ambrose en su libro  "El Día D" que lo más probable es que hubieran sido reclutados forzosamente en el ejército  japonés en 1938 - Corea era entonces una colonia japonesa -, después capturados por el Ejército Rojo durante las guerras fronterizas contra Japón en 1939, y forzados a entrar al ejército ruso. Capturados después por la Wehrmacht en diciembre de 1941, en las afueras de Moscú, su periplo terminó en Francia, donde se les encomendó la defensa de la Muralla Atlántica.  


No andaba nada desencaminado Ambrose. El soldado de la fotografía de aquí arriba es Yang Kyoungjong, nacido en Shin Wuijoo, en el norte de Corea, el 3 de marzo de 1920. Como he dicho antes, Corea era entonces una colonia japonesa - y Yang, como muchos otros jóvenes coreanos fue reclutado a la fuerza por el ejército japonés, el Kwantung, en 1938 y enviado a Manchuria. Durante la Batalla de Khalkin Gol, la poco conocida (pero fundamental) batalla entre los japoneses y los soviéticos en Mongolia en 1939, fue capturado por el Ejército Rojo y enviado a un gulag. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que se vio involucrado en otra guerra, cuando los alemanes invadieron la URSS en 1941 y el ejército soviético, necesitado de tropas, lo reclutó forzosamente junto a otros miles de prisioneros, enviándolo a luchar contra los alemanes. En 1943 fue capturado de nuevo, esta vez por los alemanes en Ucrania durante la 3ª Batalla de Jarkov, y pasó a formar parte de las Osttruppen de la Wehrmacht que fueron destinados en Francia, en la península de Cotentin, para defender las costas francesas de las fuerzas aliadas de invasión. Su última derrota la vivió, vistiendo un uniforme alemán, cuando fue hecho prisionero por los americanos en Utah Beach, el 6 de junio de 1944. Después de pasar un tiempo en un campo de prisioneros en Gran Bretaña, emigró hacia los Estados Unidos, estableciéndose en Illinois, donde vivió el resto de su vida. Murió en 1992.

Por cierto, hay una película coreana, "My Way" (2012) que cuenta la historia de Yang Kyoungjong. No he tenido la oportunidad de verla, pero para el que pudiera interesarle, aquí tiene el trailer:



Fuentes:
"El Día D" de Stephen E. Ambrose
http://en.wikipedia.org/wiki/Yang_Kyoungjong
http://www.dailymail.co.uk/news/article-2153688/Second-World-War--German-Japanese-soldier-stories-change-perception-ever.html

miércoles, 31 de octubre de 2012

Rendición a Cara o Cruz en Las Ardenas

 A mediados de diciembre de 1944, la Wehrmacht lanzó la que sería su última gran ofensiva de la Segunda Guerra Mundial: la "Operación Alerta en el Rin" (Unternehmen Wacht am Rhein) que desencadenaría la conocida como Batalla de Las Ardenas (16 de diciembre de 1944 - 25 de enero de 1945) o "Battle of the Bulge" (o "Batalla del Saliente") para los norteamericanos. A través de los densos bosques y montañas de la región de las Ardenas (Bélgica), Luxemburgo y el noroeste de Francia, los alemanes avanzaron con 29 divisiones (unos 250.000 hombres, aproximadamente) hacia un punto débil en las líneas aliadas y se dirigieron de forma masiva hacia el río Mosa durante uno de los peores y más crudos inviernos en Europa en muchos años.


La pretensión de la Alemania nazi con esta gran ofensiva era partir por la mitad la línea del frente anglo-norteamericano, tomando Amberes, para luego embolsar y destruir cuatro ejércitos enemigos, forzando a los aliados occidentales a negociar un tratado de paz en favor de las potencias del Eje, que una vez logrado, permitiría a Hitler concentrar todo su esfuerzo bélico en el Frente Oriental. Aunque la ofensiva alemana obtuvo un gran éxito inicial los aliados pudieron reaccionar y contener el avance alemán hasta hacerles perder la iniciativa, obligándoles finalmente a retirarse. Clave en el fracaso de la ofensiva alemana fue la numantina resistencia de la 101ª División Aerotransportada, que había sido cercada en Bastogne. Pese a tener todo en su contra,  su comandante, el general Anthony McAuliffe, se negó a capitular (con el célebre "nuts!")  y aguantó los embites de las fuerzas alemanas que los superaban en número, hasta la llegada del III Ejército del general Patton, que por propia iniciativa (y aprovechando una "milagrosa" mejora de las terribles condiciones climatológicas) dirigió sus tropas hacia el norte (en un considerable éxito táctico y logístico), desocupando el frente para aliviar la situación de los paracaidistas de la 101ª, y logrando finalmente romper el cerco.


La brutal batalla, las condiciones climatológicas de aquellas fechas (en pleno invierno con una fuerte nevada y espesa niebla) y la dureza del terreno (montañas y bosques densamente poblados) fueron las causas de que muchas unidades aliadas y alemanas quedasen aisladas, dispersas y sin comunicación con su respectivo Estado Mayor. Algunos grupos decidieron atrincherarse y resistir frente al enemigo o, si tenían más suerte, esperar la llegada de los suyos. Un sargento y un pelotón estadounidense decidieron seguir avanzando pero después de varios días perdidos en la inmensidad de los bosques belgas, ateridos por las bajas temperaturas, sin apenas comida y con la moral por los suelos, decidieron rendirse si se encontraban con el enemigo.


Tan pronto se toparon con un grupo de soldados alemanes, inmediatamente tiraron las armas y levantaron las manos para rendirse pero curiosamente, los alemanes que, al parecer se encontraban en idéntica y desesperada situación, habían hecho lo mismo. Ambos grupos habían decidido seguir la misma estrategia: rendirse al enemigo. Así que, para solucionar la situación, acordaron echar a cara o cruz quién se rendía. Ganaron los americanos y a ellos les tocó hacer prisioneros a la patrulla alemana. Posteriormente, el pelotón estadounidense consiguió contactar con los suyos y, lo que hace la suerte, fueron felicitados por la captura de los prisioneros enemigos.  

Fuentes:
http://historiasdelahistoria.com/2012/05/13/el-dia-que-alemanes-y-aliados-decidieron-echar-a-cara-o-cruz-quien-se-rendia/
 http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_las_Ardenas
 http://es.wikipedia.org/wiki/George_S._Patton

miércoles, 10 de octubre de 2012

Vídeos de la 2ª Guerra Mundial (5)

He caído en la cuenta que tenía esta sección bastante dejada de la mano de Dios, así que vamos a darle un poco de vidilla. Aquí os dejo un par de videos producidos por el Departamento de Guerra de los EE.UU., con el fin de que los soldados norteamericanos se familiarizaran con el sonido de las armas automáticas alemanas (MP-40 "Schmeisser", MG-34 y MG-42) y diferenciarlas de las estadounidenses  (en este caso de las M1928A1 Thompson y M3 Grease Gun):

 

miércoles, 3 de octubre de 2012

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (25)


"11 de septiembre: nuestro batallón combate en las afueras de Stalingrado. El fuego no cesa. Mires donde mires hay fuego y llamas. El cañón y las ametralladoras rusas disparan desde la ciudad en llamas: ¡qué fanáticos! 16 de septiembre: nuestro batallón y los tanques atacan el elevador de grano. El batallón sufre muchas bajas. El elevador está ocupado, no por hombres, sino por diablos que ni las balas ni las llamas pueden destruir. 18 de septiembre: prosigue el combate dentro del elevador. Si todos los edificios de Stalingrado son defendidos así, ninguno de nuestros soldados regresará a Alemania. 22 de septiembre: hemos vencido la resistencia rusa en el elevador. Nuestras tropas avanzan hacia el Volga. En el elevador sólo encontramos unos 40 rusos muertos. 26 de octubre: quién hubiera creído, hace 3 meses, que en lugar de la alegría de la victoria tendríamos que soportar semejantes sacrificios y torturas, cuyo final no está a la vista. Los soldados dicen que Stalingrado es la fosa común del ejército alemán".

Apuntes del diario personal de un soldado del 6º Ejército Alemán en Stalingrado


Fuente: "Un Mundo en Guerra: Historia Oral de la Segunda Guerra Mundial" de Richard Holmes

jueves, 27 de septiembre de 2012

Voluntarios Cosacos en la Wehrmacht

Los cosacos son un pueblo nómada que se estableció de forma permanente en las estepas del sur de lo que es actualmente Rusia y Ucrania aproximadamente en el siglo X. Desde siempre destacaron por su ardor guerrero, su destreza militar y la confianza que tenían en sí mismos. El nombre deriva posiblemente de la palabra turca quzzaq ("aventurero", "hombre libre"). El grupo principal y más numeroso es el de los cosacos ucranianos y los cosacos rusos de los ríos Don, Kubán, Terek y Ural, respectivamente. Algo menos conocidos son los cosacos polacos y los cosacos tártaros.


Las comunidades cosacas o "huestes", que históricamente habían proporcionado leal caballería ligera a los ejércitos de los Zares rusos (y que mayoritariamente apoyaron al Ejército Blanco durante la Guerra Civil Rusa), habían sido brutalmente reprimidas por el régimen de Stalin, que no sólo llevó a cabo persecuciones, deportaciones en masa y ejecuciones, sino que incluso prohibió la tradición y cultura cosaca. Por eso, muchos cosacos dieron la bienvenida a los invasores alemanes como libertadores, viendo la oportunidad de culminar sus ansias nacionalistas e independentistas. No obstante, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el dictador soviético  no tuvo escrúpulos en reactivar a unidades cosacas bajo estricta vigilancia de la NKVD, cuando se dio cuenta que en tiempos de guerra necesitaba tropas expertas y preparadas como las cosacas. Se dio así la situación extraña y fraticida de que hubo cosacos combatiendo en ambos lados del conflicto, como integrantes de las tropas alemanas y del Ejército Rojo de la URSS.


Desde el principio de la campaña de Rusia, las unidades alemanas comenzaron a reclutar voluntarios cosacos en pequeños escuadrones independientes agregados como auxiliares, pero más pronto en números significativos, que fueron creciendo a medida que la guerra progresaba (regimientos, brigadas y finalmente divisiones). Las unidades de caballería que operaban contra los partisanos agregaron pronto una sotnia (escuadrón) de cosacos a sus efectivos. Su potencial se puso en evidencia ya en agosto de 1941, cuando una unidad completa de cosacos del Ejército Rojo, bajo el mando del comandante Ivan Kononov, se pasó a la Wehrmacht en Bielorrusia. Fue designada primero Kosaken Abteilung 102, después Ost Kosacken Abt 600 y finalmente, 5º Regimiento Cosaco del Don.


Inicialmente suspicaz y reticente, Hitler autorizó el reclutamiento de voluntarios cosacos en abril de 1942. Los grupos más importantes que se crearon ese año fueron los Regimientos "Lehman" y "Von Jungschulz" del Grupo de Ejércitos Sur, y los Regimientos "Platov" y "Von Wolff" del Grupo de Ejércitos Centro. Un ejemplo de una unidad reducida y más oscura lo proporcionó el XL Grupo Panzer. En el verano de 1942, este cuerpo se vió desbordado por el número de prisioneros soviéticos capturados que requerían un número importante de vigilantes armados para enviarlos a retaguardia, privándose, de ese modo, de un recurso, soldados alemanes, de los que no podía prescindir. Alguien sugirió que podrían suministrarse caballos a los prisioneros cosacos y ponerlos como guardianes de la columna de prisioneros. Un tal capitán Zagorodniy fue puesto al mando y él su grupo regresaron en otoño, pidiendo que se les asignara otra misión. Que los cosacos hubiesen regresado fue toda una  sorpresa pero, no obstante, recibieron instrucción formal y se les designó como Escuadrón Cosaco 1/82, prestando servicios en la Wehrmacht hasta que fueron aniquilados en ¡Saint-Lô, Normandía, en 1944!


En septiembre de 1942, el Oberstleutnant Helmuth von Pannwitz (en la imagen superior), un oficial alemán de caballería que había mandado una unidad de cosacos con cierto éxito, agregado a la caballería rumana y que mantenía una buena relación con el atamán (líder) de la hueste Terek, promovió la idea de formar una división completa de cosacos. El proyecto recibió la aprobación y se le nombró Comandante de Unidades Cosacas (con eventual ascenso a teniente general), organizando la evacuación de muchas familias de cosacos que huían del avance del Ejército Rojo, y establecer un stan o asentamiento permanente de cosacos, primero en Polonia y, más tarde, al norte de Italia.


La 1ª División Cosaca fue creada de forma oficial el 4 de agosto de 1943 bajo el mando de Von Pannwitz, incorporándose a ella los Regimientos "Platov", "Von Jungschultz", "Lehman", "Kononov" y "Von Wolff". Pronto se les agregaron muchas unidades menores, aunque algunas siguieron siendo independientes proporcionando servicios de reconocimiento, seguridad y escolta a las unidades alemanas que las habían reclutado. La división se instruyó en Mlawa, Polonia, organizada en 2 brigadas:

1ª Brigada Cosaca: 1er Regimiento Don, 4º Kuban, 2º Siberiano; Batallón de Artillería de Montaña Caúcaso.
2º Brigada Cosaca: 3er Regimiento Kuban, 5º Don, 6º Terek;  Batallón de Artillería de Montaña Caúcaso. 


Cada regimiento a caballo tenía 6 escuadrones, divididos en Gruppen de 12 hombres. Cada brigada tenía también un escuadrón pesado con 4 morteros de 81 mm y 4 ametralladoras. La división dispuso de un escuadrón contracarro con 5 cañones de 5,0 cm. Se le entregaron armas y uniformes alemanes así como material soviético capturado. Mlawa era una gran instalación del anterior Ejército Polaco que proporcionó acomodo para los 10.000 o 15.000 hombres y caballos que pasaron por ella. Se crearon unidades de apoyo divisional; un Regimiento de Reemplazo y Adiestramiento de Voluntarios con cuartel general en Mochovo dirigió una escuela para muchachos cosacos y un curso de entrenamiento para oficiales; incluso editaron un periódico. La división era rusa, y utilizaba esa lengua, aunque los técnicos como los herradores y veterinarios eran en su mayoría alemanes. Cada regimiento de 2.000 hombres tenía 160 cuadros de oficiales y técnicos alemanes.


En septiembre de 1943, de acuerdo con la nueva política de despliegue de las Osttruppen, la división fue transferida a Croacia para luchar contra los guerrilleros partisanos de Josip Broz "Tito". Ahora sería la policía alemana la que empleara a las Osttruppen en frentes muy alejados de sus patrias. La alta moral de la división y el hecho de que por lo menos los partisanos eran comunistas ayudaban a compensar la decepción sentida por los cosacos al no tener la oportunidad de combatir contra los soviéticos. A finales de 1943 las dos brigadas de la división fueron segregadas y reforzadas para convertirlas en las 1ª y 2ª Divisiones Cosacas, que junto a tropas adicionales, formaron el XIV Cuerpo de Ejército Cosaco. Los cosacos lucharon duramente y por mucho tiempo contra los partisanos, obteniendo más exitos que los alemanes en este tipo de guerra. Sus caballos les daban flexibilidad táctica en el abrupto terreno de las montañas balcánicas. Cuando el Ejército Rojo avanzó por Yugoslavia con su nuevo aliado, el Ejército Búlgaro, los cosacos consiguieron finalmente su oportunidad para combatir contra los soldados regulares soviéticos.


A finales de 1944, el cuerpo fue redesignado XV Cuerpo de Caballería Cosaca SS, pero su reasignación del control del Ejército al de las Waffen-SS fue sólo administrativa y sobre el papel, conservando la unidad sus viejos títulos y uniformes. El cuerpo - la formación más grande dentro de las Osttruppen - continuó creciendo. Una brigada sin numeración de plastum o infantería cosaca, de dos regimientos, fue creada alrededor del núcleo del antiguo 5º Regimiento de Cosacos del Don, y, con la adición de varias unidades más pequeñas formó una nueva 3ª División de Cosacos. Un poco antes del fin de la guerra, una unidad de infantería cosaca que había servido en el Muro del Atlántico, el 630º Regimiento de Infantería, fue incorporada también a la 3ª División. Sin embargo, es importante mencionar que otras unidades de cosacos continuaron dispersas por todo el ejército alemán.


Von Pannwitz estimulaba mucho el uso de las prendas tradicionales cosacas entre sus voluntarios: ésa fue una muestra típica de afinidad y comprensión que lo hizo muy popular entre ellos, y como resultado fue elegido Feldataman, el empleo más alto en la jerarquía cosaca, que tradicionalmente estaba reservado en exclusiva para el Zar. En su uniformidad se incluían dos tipos de gorro de piel y lana de oveja: el papaja de tradición zarista, de color negro con la corona en rojo para los cosacos del Don, y en blanco con la corona en amarillo para los cosacos de Siberia; y la más corta kubanka, introducida por los soviéticos en 1936, en negro con la corona en rojo y azul claro respectivamente para los cosacos del Kuban y del Terek. Todos tenían una cruz de trencilla en la corona. También fueron usadas otras prendas de cabeza de origen soviético y alemán. También se usó la burka, la pesada y rígida capa de montar de hombreras cuadradas, confeccionada con pelo negro de cabra o camello, la baschlyk (capucha con dos largas bufandas sujeta al cuello con un cordón), la tcherkesska (abrigo largo, hasta los tobillos, decorado con gaziri (cartuchos falsos) en el pecho) y las shaskas (sables tradicionales cosacos).


La suerte de los cosacos que combatían en las fuerzas alemanes iba a ser sombría. Los restos del XV Cuerpo de Caballería Cosaca se rindieron al Ejército Británico el 9 de mayo de 1945, cerca de Lienz (Austria). Pero los aliados habían acordado el traspaso de ciudadanos soviéticos capturados con uniforme alemán a la URSS, y los miles de prisioneros de guerra británicos liberados por el Ejército Rojo de los campos alemanes eran una importante baza de negociación. Los británicos entregaron a los cosacos a los vengativos soviéticos: la mayoría fue sentenciada a trabajos forzados en los gulags siberianos (donde miles morirían a causa del frío, el hambre y las enfermedades), y sus líderes fueron ejecutados, incluyendo al general Von Pannwitz, que eligió compartir la suerte de sus hombres y fue ejecutado en Moscú el 16 de enero 1947, tras ser condenado a muerte por un tribunal soviético por cometer crímenes de guerra en Yugoslavia.

 Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "La Legión Valona y otras unidades alemanas de voluntarios" de Carlos Caballero Jurado
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "La Caballería Alemana" de Jeffrey T. Fowler