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miércoles, 20 de febrero de 2013

Citas Literarias (7)

"Cualquier soldado alemán que mostrara compasión por los sufrimientos de los prisioneros soviéticos era objeto de burla por parte de sus compañeros. La inmensa mayoría de ellos consideraba a los cientos de miles de prisioneros poco más que alimañas. Las lamentables condiciones de suciedad en las que se hallaban, como consecuencia del trato recibido, no hacían más que reforzar los prejuicios inspirados por la propaganda de los últimos ocho años. De ese modo, las víctimas eran deshumanizadas como si aquello fuera el cumplimiento de un profecía. Un soldado encargado de la vigilancia de una columna de prisioneros soviéticos escribía a su casa que estos comían "hierba como si fueran ganado". Y cuando pasaban por delante de un campo de patatas, "se tiran al suelo, cavan con las uñas y se las comen crudas". A pesar de que el elemento fundamental de la Operación Barbarroja según los encargados de su planificación habían sido las batallas de envolvimiento, las autoridades militares alemanas habían hecho deliberadamente muy poco para prepararse para la captura masiva de prisioneros. Cuantos más murieran por abandono, menos bocas habría que alimentar.

Un prisionero de guerra francés describía la llegada de un grupo de soldados soviéticos a un campo de la Wehrmacht en territorio del Gobierno General en los siguientes términos: "Los rusos llegaban en filas, de cinco en cinco, cogidos del brazo, pues ninguno podía caminar por sí solo; 'esqueletos ambulantes' es la única descripción que les habría cuadrado. El color de su rostro no era ni siquiera amarillo, sino verdoso. Casi todos llevaban los ojos semicerrados, como si no tuvieran fuerza para fijar la vista en nada. Caían por filas, cinco hombres a la vez. Los alemanes se precipitaban sobre ellos y los golpeaban con las culatas de sus fusiles y con látigos".

Posteriormente los oficiales alemanes intentaron atribuir el trato dispensado a los tres millones de prisioneros de guerra capturados en el mes de octubre a la falta de tropas para vigilarlos y a la escasez de medios de transporte para asegurar su alimentación. Sin embargo, miles de prisioneros del Ejército Rojo murieron durante las marchas forzadas simplemente porque la Wehrmacht no quiso que ni sus vehículos ni sus trenes se "infectaran" con la presencia de aquella masa de hombres "malolientes". No habían sido preparados campos de prisioneros de ningún tipo, de modo que decenas de millares de ellos fueron amontonados como ganado a la intemperie en recintos vallados con alambre de espino. Apenas se les daba de comer y de beber. Todo ello formaba parte del Plan Hambre diseñado por los nazis para exterminar a treinta millones de ciudadanos soviéticos y acabar así con el problema de "superpoblación" de los territorios ocupados. Los heridos eran dejados al cuidado de los doctores del Ejército Rojo, a quienes por lo demás se privaba de todo tipo de suministros médicos. Cuando los guardias alemanes arrojaban por encima de las alambradas cantidades totalmente insuficientes de pan, se divertían mirando cómo los hombres se peleaban por él. Solo en 1941 murieron de hambre, de enfermedad o de exposición a la intemperie más de dos millones de prisioneros soviéticos".

Antony Beevor - "La Segunda Guerra Mundial" (págs.295-297)

viernes, 23 de noviembre de 2012

Citas Literarias (6)

"Stalingrado vive y vivirá. Imposible quebrantar la voluntad del pueblo que quiere ser libre. Destacamentos de obreros limpian las calles, las chimeneas de las fábricas humean y el cielo está cubierto de las redondas nubecillas de las explosiones de los proyectiles antiaéreos. La gente se ha acostumbrado enseguida a la guerra. Sobre las barcazas que efectúan el transporte de tropas vuelan sin cesar los cazas y bombarderos enemigos. Tabletean las ametralladoras, el fuego de los antiaéreos es incesante, y los marineros, contemplando el cielo, comen jugosas tajadas de sandía. Los muchachos, con las piernas colgando de la borda de las barcazas, observan con mirada atenta los corchos de sus cañas de pescar; una mujer ya entrada en años hace calceta sentada en un banquillo. Cada día marchan al frente nuevos destacamentos de obreros. Stalingrado ha formado las filas de las fortalezas proletarias del país: Tula, Leningrado, Moscú. Estas fortalezas son inexpugnables. Entramos en una casa medio destruida. Sus habitantes están comiendo en mesas hechas de tablas y cajones, los niños soplan en los platos de sopa caliente. Uno de los camaradas militares levanta del suelo un libro medio quemado: "Humillados y ofendidos", lee en alta voz, mira a las mujeres sentadas sobre unos fardos a su alrededor y suspira. Una joven, comprendiendo el hilo de sus pensamientos, se le acerca y dice enfadada: "Eso no tiene nada que ver con nosotros. ¡Hemos sido ofendidos, pero no humillados! ¡Nosotros nunca seremos humillados!".

Vasili Grossman "Años de Guerra" (1942: "Stalingrado"), pág. 253

martes, 30 de octubre de 2012

Citas Literarias (5)

"El momento por el que mi padre recibía la calificación de héroe no era particularmente memorable ni valioso. Cuando le mostraron la foto por primera vez, no tenía ni idea de qué le estaban hablando. No se reconocía a sí mismo ni a sus compañeros. Para él, para los que estaban en la cima del Suribachi en ese instante, plantar aquella bandera fue tan importante como anudarse los cordones de las botas.

La ironía, por supuesto, es que Doc Bradley, como tantos otros, fue en verdad un héroe en Iwo Jima. Y en más de una ocasión. Y la maldita foto reflejaba, precisamente, uno de los pocos momentos en los que ni él ni sus camaradas estaban haciendo nada relevante. En 1998, el doctor James Wittmeier, supervisor médico de Doc en la isla, se sentó silenciosamente junto a mí. Me dejó que le preguntase de diversas maneras por qué creía que mi padre jamás habló sobre ese asunto. Finalmente, tras unos embarazosos minutos, se giró hacia mí y me dijo dulcemente: '¿Has tenido alguna vez entre tus manos un huevo roto? Pues bien, así es como tu padre y yo teníamos que coger las cabezas de esos muchachos en Iwo.' Las cabezas de los auténticos héroes, viendo como la vida se les escapaba a cada segundo mientras los sostenía entre sus brazos.

John Bradley sabía qué era el heroísmo y podía separar de aquella imagen, de aquella idiotez, la esencia real del concepto. Y no importaba que millones de personas creyesen lo contrario: John Bradley sabía que el fervor épico forjado alrededor de la fotografía era espurio.

Papá no quería que su vida fuese dictada por la Fotografía, por aquello que inundaba la cabeza de la gente cuando la contemplaban. Lo que el retrato representaba para ellos no tenía ningún valor para él. Bella, elegante, inspirada: sí. La imagen más reproducida en la historia de la fotografía: sí. Y un modelo para el mayor monumento de bronce del mundo, pues sí, ciertamente.

Y a partir de ahí, falacia. Una malinterpretación crucial, desde sus fundamentos. Y no representativa de ningún tipo de proeza, no para alguien que había pasado por miles de eternos segundos en situaciones realmente épicas."

James Bradley - "Banderas de Nuestros Padres" (págs. 324-325)

miércoles, 10 de octubre de 2012

Citas Literarias (4)

"Nos sentíamos tan solos, tan abandonados y entregados implacablemente a aquel infierno... El tanque de 72 toneladas fue levantado de tierra varias veces y cayó pesadamente con un crujido de todo su armazón. ¿Cuanto duraría esto, antes de que muriéramos? Un tiro en el blanco y 1.500 litros de gasolina iban a estallar; lo sabíamos, lo habíamos visto a menudo. No nos hacíamos ilusiones. Morir achicharrado es lo más normal para el soldado tanquista. De todas las armas, la nuestra es la que tiene mayor porcentaje de bajas; ello contribuye a embrutecernos. ¿Nuestras cruces? La del diablo, una de madera. De las dotaciones de tanques, sólo 1% ha sobrevivido a la guerra.

A nuestro alrededor surtidores de tierra se elevaban hacia el cielo; esta vez casi enloquecimos de terror. La muerte clavó su garra en nuestras nucas y el miedo nos doblegó. Podríamos haber hecho marcha atrás, huir, pero una disciplina férrea nos retenía. No luchábamos por Hitler ni por la patria, sino para salvar la piel, porque el temor al pelotón de ejecución es más grande que el que sentíamos por las granadas rusas. En alguna ocasión, los tripulantes de un tanque han abandonado su vehículo y han huído, pero sólo para ser conducidos al amanecer ante el piquete de ejecución. 'Cobardía ante el enemigo'. Estas historias son comunicadas a las secciones del frente para dar ejemplo."

Sven Hassel - "Batallón de Castigo" (pág. 109)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Citas Literarias (3)

"El brazo de Kubis describe un arco y la bomba vuela. Pero decididamente, nadie hace nunca con toda precisión lo que debe hacer. Aunque Kubis apunta antes hacia el asiento, la bomba cae junto a la rueda trasera derecha. Sin embargo, explota.

La bomba explota y revienta instantáneamente las ventanillas del tranvía de enfrente. Unos pedazos golpean a Kubis en la cara y lo proyectan hacia atrás. Una nube de humo inunda toda el área. Del tranvía surgen algunos gritos. Sobrevuela una guerrera de SS que estaba en el asiento de atrás. Durante unos segundos, los testigos medio ahogados sólo verán eso: esa chaqueta de uniforme flotando por los aires sobre una nube de polvo. Yo, en todo caso, es lo único que veo. La guerrera, como una hoja muerta, describe en el aire amplios rodeos mientras el eco de la deflagración se va tranquilamente resonando hasta Berlín y Londres. Sólo están en movimiento el sonido que se propaga y la chaqueta que revolotea. No hay ninguna otra señal de vida en la curva de Holesovice. Ahora estoy hablando de ese segundo. El segundo siguiente ya será otra cosa. Pero ahí, aquí, en esta clara mañana del miércoles 27 de mayo, el tiempo suspende su discurso por segunda vez en dos minutos, aunque de manera un poco diferente. 

El Mercedes cae de nuevo sobre el asfalto con pesantez. En Berlín, Hitler no puede imaginar ni por un instante que Heydrich no honrará su cita de esta noche. En Londres, Benes quiere creer todavía en el éxito de Antropoide."

Laurent Binet - "HHhH" (págs. 309-314)

jueves, 26 de julio de 2012

Citas Literarias (2)

"Entre los cráteres que se encontraban lejos del cerro, al oeste, había unos cuantos cadáveres de marines. Justo después del borde derecho de la última trinchera, el cerro caía abruptamente hasta el terreno llano y lleno de barro. Junto al pie del cerro, casi directamente debajo de mí, había un cráter parcialmente inundado de unos noventa centímetros de diámetro y probablemente de otros noventa de profundidad. En este cráter se encontraba el cuerpo de un marine cuyo espeluznante semblante ha permanecido inquietantemente claro en mi memoria. Si cierro los ojos, está tan vívido como si lo hubiera visto ayer.

La lastimosa figura estaba sentada de espaldas al enemigo y descansaba contra el borde meridional del cráter. Tenía la cabeza ladeada y el casco estaba apoyado contra el lado del cráter, de manera que la cara, o lo que quedaba de ella, miraba directamente hacia mí. Tenía las rodillas flexionadas y separadas. Cruzado sobre los muslos, aún aferrado entre sus manos esqueléticas, tenía un rifle oxidado. Llevaba las polainas de lona cuidadosamente sujetas por las pantorrillas y encima de las botas. El agua turbia le cubría los tobillos, pero las punteras de las botas se veían por encima. Las pantalones, el casco, el forro y el equipo parecían nuevos. No estaban salpicados de barro ni desteñidos.

Estaba seguro de que era un nuevo reemplazo. Todo en aquel hombretón se parecía mucho a un marine tomándose un descanso durante unas maniobras antes de recibir la orden de ponerse en marcha otra vez. Al parecer lo habían matado al principio de los ataques contra Half Moon, antes de que comenzaran las lluvias. Bajo el borde del casco pude ver la visera de una gorra de faena de algodón verde. Debajo de la gorra estaban los restos esqueléticos más espantosos que había visto nunca...y ya había visto demasiados.

Cada vez que miraba por encima del borde de aquella trinchera hacia el cráter, aquella cara medio desaparecida me lanzaba una mirada maliciosa acompañada de una sonrisa sarcástica. Era como si se mofara de nuestros lastimosos esfuerzos para aferrarnos a la vida. O tal vez se burlaba de la locura de la propia guerra: 'Soy la cosecha de la estupidez del hombre. Soy el fruto de la hecatombe. Rogué como tú por sobrevivir, pero mírame ahora. Para los que estamos muertos ya ha terminado, pero tú debes luchar, y llevarás estos recuerdos toda tu vida. Los de casa se preguntarán por qué no puedes olvidar' ".

Eugene B. Sledge - "Diario de un Marine", págs. 383-385

jueves, 5 de julio de 2012

Citas Literarias (1)

"Extraordinaria es la impresión que la guerra deja en el alma del hombre. La eterna paz de la naturaleza es eclipsada por las imágenes a las que da vida la guerra. Por eso, a los hombres que se hallaban en la cota les parecía que las ligeras nubecillas en el cielo eran huellas de explosiones de proyectiles antiaéreos; que los lejanos álamos eran altas columnas de humo negro y tierra, levantadas por las pesadas bombas de aviación; que las bandadas de cigüeñas en vuelo eran escuadrillas de aviones de guerra en riguroso orden de formación; que la niebla del valle era el humo de las aldeas en llamas, que los matorrales a lo largo del camino eran una columna de camiones camuflada con ramas en espera de la señal de partida. Más de una vez Bogariov había oído decir a la hora del crepúsculo durante los ataques aéreos: "Fíjese, los alemanes han lanzado una bengala roja". Y la burlona respuesta: "¡Qué va a ser una bengala, es el lucero vespertino". Más de una vez los lejanos relámpagos de las tardes calurosas de verano eran tomados por fogonazos de la artillería. Y cuando en el bosque enclavado al este unos grajos negros alzaron su rápido vuelo, a Bogariov y a sus camaradas les pareció que eran aviones que volaban en orden disperso."

Vasili Grossman "Años de Guerra" (1941: "El Pueblo es Inmortal"), pág. 102