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sábado, 12 de mayo de 2012

Cine: "Kokoda" (2006)

Mientras recopilaba información para este post sobre la campaña de la Ruta de Kokoda supe de la existencia de este film australiano basado en esta batalla de la Segunda Guerra Mundial apenas conocida, y me picó la curiosidad ver esta cinta dirigida por un tal Alister Grierson.

Pongámonos un poco en el contexto de la película. Corre el año 1942, los japoneses se encuentran en el norte de Nueva guinea y amenazan con invadir Australia, situada al sur de dicha isla. Para ello, los nipones deben capturar la vital base naval de Port Moresby cruzando la isla de norte a sur por la única ruta terrestre existente y "practicable": la pista de Kokoda, una inhóspita y escarpada senda en medio de la jungla que atraviesa la imponente cadena montañosa Owen Stanley.

Dicho sendero será objeto de duros y penosos combates entre los japoneses y un par batallones de inexpertos reclutas de la Milicia Australiana (llamados despectivamente por los soldados del AIF (2nd Australian Imperial Force) "chocos", por considerar que no eran más que soldados de chocolate que se derretirían al instante en el fragor de la batalla). Los hermanos  Jack (Jack Finsterer) y Max (Simon Stone) Sholt son dos de los componentes de una patrulla del 39º Batallón de la Milicia Australiana destinado en Kokoda, que tras un primer encuentro con los japoneses, sufre importantes pérdidas de efectivos y ve superadas sus posiciones, viéndose obligados sus supervivientes a emprender una penosa y peligrosa huida a lo largo de la espesa e inhóspita jungla, tratando de regresar a sus líneas y evitar a las patrullas niponas.


Es evidente que la película pretende ser algo así como el "Gallipoli" (1981) de la Segunda Guerra Mundial - o incluso un "Salvar al Soldado Ryan" (1998) en versión australiana -, pero lo cierto es que no le llega al film del gran Peter Weir ni a la suela de los zapatos (ni mucho menos a la película de Spielberg, por cierto). "Kokoda" es una película que se deja ver sin más, es entretenida a ratos, aburrida a otros, pero que a duras penas llega al aprobado. Ciertamente, se agradece la intención de sus responsables de rendir un homenaje a los sufridos soldados australianos que lucharon en una de las batallas mas duras y a la vez desconocidas de la Segunda Guerra Mundial, pero el resultado final es bastante discreto para una historia que pienso ofrecías muchas posibilidades y a la que tanto, director como guionistas, podían haberle sacado mucho más jugo.


Uno de los aciertos de la película es el plano visual: la fotografía capta a la perfección los distintos matices y colores, luces y sombras de los escenarios selváticos. Además, la ambientación, resulta bastante lograda y ajustada a las condiciones reales de la batalla, mostrando las armas y equipamiento reales - como los fusiles Lee Enfield o la ametralladora ligera Bren, como la que maneja el duro y adusto Darko (Travis McMahon) - y reflejando a la perfección las duras condiciones imperantes en la selva de Kokoda: las copiosas lluvias, el intenso calor y la humedad, el espeso barro, lo escarpado e impracticable de la senda, el extremo cansancio, las enfermedades (como la disentería o las enfermedades cutáneas, hongos y ulceraciones generalizadas), así como la crueldad y brutalidad de los japoneses con los prisioneros.


Otro aspecto que me gustó fue el modo en que se muestra a los soldados nipones. Apenas se les ve, son figuras emboscadas, sin rostro, camufladas, acechantes (a veces, incluso solo aparecen en cámara sus pies o sus cascos cubiertos de hojas y ramas, partes de sus cuerpos, equipación o sus armas) lo que les de un aire tenebroso y amenazante, pero también claramente deshumanizador. No sé, me recordó un poco, salvando las distancias, al modo en que Oliver Stone mostraba a los vietnamitas en la excelsa "Platoon" (1986). Ello unido a la espesura de la jungla, a sus inquietantes sonidos, al amenazador entorno en que se mueven los sufridos y exhaustos soldados australianos, crea un innegable clima de tensión y suspense, pues en cualquier momento puede acechar el peligro para los protagonistas.


Pero el principal problema de "Kokoda" (imagino que por cuestiones de presupuesto) es que apenas muestra escenas de combates y cuando las vemos, no pasan de pequeños enfrentamientos, a lo sumo escaramuzas, que además suceden en un pis-pas y prácticamente no te enteras qué o cómo han ocurrido. La batalla final, a mayor escala, tampoco es gran cosa y está rodada sin mucho despliegue de medios, lo que tampoco hace que la película remonte excesivamente el vuelo. El film concluye de manera bastante convencional con el típico discurso épico alabando el valor de los soldados australianos, los padecimientos sufridos y la importancia de la victoria obtenida sobre las fuerzas japonesas. 

En definitiva, y como digo, aunque se agradece que se haga esta aproximación cinematgráfica a un episodio semidesconocido de la Segunda Guerra Mundial, a través del cual nos hacemos una idea de lo canutas que las pasaron los australianos en Kokoda, lo cierto es que la película  no es nada del otro mundo. Una pena, porque como digo, bien llevada, la historia podía haber dado mucho más juego.

lunes, 27 de febrero de 2012

La Ruta de Kokoda


Al principio, la campaña de Guadalcanal estaba separada de otra simultánea que se libraba en el este en Nueva Guinea. Como parte de su estrategia general en el Pacífico, los japoneses tenían intenciones de llegar por mar para tomar Port Moresby, base aliada en la costa sur de Nueva Guinea Oriental, a partir de la cual, podrían alcanzar la mayor parte de Australia nororiental y controlar un ruta importante entre los océanos Pacífico e Índico. El primer intento de capturar Port Moresby mediante una invasión anfibia fue frustrado en la Batalla del Mar del Coral en mayo de 1942.


Tras la derrota nipona en la Batalla de Midway, con la pérdida de 4 portaaviones, las futuras posibilidades de nuevas operaciones navales y anfibias en el Pacífico Sur se vieron gravemente trastocadas y los planes japoneses cambiaron. El 22 de julio de 1942, los japoneses desembarcaron en la costa norte de Nueva Guinea y se hicieron con Gona y Buna. Su intención era seguir avanzando por tierra hacia Port Moresby por la ruta de Kokoda (the Kokoda track) en la creencia de que se trataba de una carretera de grava. En realidad, eran 160 kilómetros de sendero por la selva que atravesaba la imponente cadena montañosa de Owen Stanley. Durante la mayor parte de su recorrido era tan estrecha y escarpada que las tropas no podían caminar ni en filas de a dos.


Para hacer frente a un posible ataque terrestre sobre Port Moresby a través de la ruta de Kokoda, el 21 de junio de 1942 se creó la llamada Maroubra Force al mando del General Basil Morris, que consistía en 3 batallones, el Papuan Infantry Battalion - formado por tropas nativas y oficiales australianos -, y dos batallones de la Milicia Australiana (39th Battalion y 53rd Battalion), y que debían de proteger la zona de Buna, mantener la aldea de Kokoda, su aeródromo y el escarpado y sinuoso sendero que conducía hacia Port Moresby.


Inicialmente, los japoneses no tuvieron muchos problemas para superar la débil oposición de las inexpertas tropas australianas. Los jóvenes reclutas australianos se enfrentaban a una fuerza de élite preparada para la guerra en la selva, el Destacamento Japonés de los Mares del Sur (Nankai Shitai) al mando del General de Brigada Tomitaro Horii, y además tenían que soportar enfermedades, infecciones y falta de alimentos. No estaban entrenados para el combate en la jungla ni contaban con un apoyo adecuado. La humedad descomponía sus ropas y el esfuerzo físico para moverse por las escarpardas montañas Owen Stanley era durísimo y agotador. La escasa visibilidad entre la vegetación suponía que a menudo la primera señal del enemigo fueran las ráfagas de disparos.


A pesar de todo, los australianos aunque se vieron obligados a retirarse, lograron retrasar a los japoneses aguantando bastante bien el tipo contra unas fuerzas que en ocasiones les superaban en una proporción de quince contra uno. Al respecto,el corresponsal de guerra George H. Johnston dijo en septiembre de 1943 "tengo la convicción de que el nombre de la ruta Kokoda va a permanecer en la memoria de los australianos como el de Gallipoli. Cada hora que pasa es una pesadilla". Una vez que se empezaron a incorporar a la batalla las unidades australianas que se habían retirado de Oriente Medio - pertenecientes a la 7ª División de Infantería -, más veteranas y experimentadas, los japoneses comenzaron a encontrar cada vez más resistencia.


Durante la campaña, las tropas australianas perdieron, recuperaron y volvieron a perder una segunda vez Kokoda. Las fuerzas japonesas, sin provisiones y confiadas en mantenerse a si mismas con los suministros capturados al enemigo, rodearon las posiciones australianas y llevaron el campo de batalla a Ioribaiwa Ridge, a unos 48 kilómetros de Port Moresby, el 16 de septiembre. Los australianos allí atrincherados tenían órdenes de resistir a toda costa, pero finalmente se vieron obligados a retirarse, siendo ocupado Ioribaiwa Ridge por las tropas niponas. Sin embargo, ese sería su máximo avance en su carrera hacia Port Moresby. Apenas sin suministros ni provisiones, los japoneses se vieron forzados a decidir entre las dos campañas y, como ya habían comprobado las desastrosas consecuencias de un segundo desembarco en Nueva Guinea, concretamente en la Batalla de la Bahía de Milne (del 25 de agosto al 7 de septiembre), se decidieron por concentrar sus esfuerzos en la campaña de Guadalcanal y las Salomón del Sur, de manera que el 26 de septiembre, en un intento por consolidar sus posiciones en Nueva Guinea oriental, dejando abandonadas a su suerte a las tropas de Horii, las cuales se vieron obligadas a comenzaron una lenta retirada a lo largo de la ruta de Kokoda, para atrincherarse en la cabeza de playa de Gona-Sanananda-Buna, en el extremo norte de la isla.


Entre tanto, las fuerzas estadounidenses - la 32ª  y 41ª Divisiones de Infantería - pudieron emprender un agotador avance alrededor del flanco izquierdo japonés, ahora desprotegido. Al mismo tiempo, aviones de transporte trasladaron fuerzas para ocupar Wanigela en la costa del noroeste, y también se transportaron por mar tropas aliadas a lo largo de la costa. Esto proporcionó a estadounidenses y australianos una enorme ventaja en número y emplazamiento, que les posibilitó tomar la iniciativa. Los japoneses, sin alimentos y acosados por la malaria, el beriberi y la disentería causada por las reservas de comida que las tropas australianas en retirada habían contaminado, tuvieron que recurrir al canibalismo. A finales de noviembre estaban encerrados en el área de la cabeza de playa de Gona-Sanananda-Buna (Batalla de Buna-Gona).


La última y definitiva ofensiva aliada contra la cabeza de playa se paralizó varias veces. El primer ataque de los australianos a Gona fue repelido y tuvieron que retroceder. En diciembre de 1942, los japoneses desembarcaron 1.300 soldados más. Los enfrentamientos más duros se desarrollaron en pantanos con agua hasta la axila y en campos donde la visibilidad terminaba a los pocos metros. A pesar de todo, los australianos tomaron Gona el 9 de diciembre. Las tropas estadounidenses, con la ayuda de divisiones blindadas, tomaron la ciudad de Buna 5 días después y Sanananda el 14 de enero de 1943, un día después de que Japón decidiera abandonar la lucha. La captura aliada de Giruwa, entre Buna y Gona, fue la última acción de una campaña en la que los australianos perdieron 5.698 soldados, entre muertos y heridos, y los estadounidenses cerca de 2.400; además, 38.000 soldados fueron evacuados por enfermedad. Los japoneses habían destinado 17.000 soldados a la campaña de Nueva Guinea oriental y sólo sobrevivieron unos 3.000.

Por si os pudiera interesar, os digo que existe una película australiana basada en los duros combates que los aussies sostuvieron en las junglas y montañas de la ruta de Kokoda, que lleva por título "Kokoda" (Kokoda: 39th Battalion) (2006). No la he visto,  así que no puedo opinar. En cualquier caso, aquí podéis ver su trailer

viernes, 2 de septiembre de 2011

La Fuga Suicida de Cowra

La fuga más numerosa, y a la vez más trágica, de la Segunda Guerra Mundial, se produjo en el campo de prisioneros de guerra de Cowra, un distrito agrícola en el valle Lachlan de Nueva Gales del Sur (Australia), a unos 300 kms al oeste de Sydney.

La denominación oficial del recinto era Prisoner of War Camp nº 12, y encerraba entre sus alambradas unos 4.000 hombres, militares y civiles pertenecientes a países del Eje y algunos indonesios detenidos a petición de las autoridades de las Indias Orientales Holandesas acusados de colaborar con el enemigo. El campo de prisioneros de Cowra ocupaba un área de más de 30 hectáreas. Tenía una forma octogonal, dividido en cuatro partes por dos carreteras de 700 metros de largo, conocidas como “No Man’s Land” (que iba en sentido este-oeste y tenía 10 metros de ancho, incluidas las alambradas que lo delimitaban) y “Broadway” (llamada así por su iluminación nocturna, que servía de camino de acceso al campo y vía principal, tenía una anchura de 45 metros y lo recorría en dirección norte-sur). Alrededor del perímetro del campo había tres vallas, con metros de alambradas entre ellas. El campo contaba con seis torres de vigilancia, de casi nueve metros de altura, con ametralladoras Vickers. El perímetro estaba regularmente recorrido por guardias armados pertenecientes al 22nd Garrison Battalion de la Milicia Australiana, formada en su mayoría por veteranos o jóvenes considerados físicamente incapaces para su servicio en el frente.

Dos de los sectores, los llamados A y C, acogían a los prisioneros de guerra italianos, que sumaban aproximadamente la mitad del total, y a los indonesios. En el sector D estaban los oficiales japoneses junto a los prisioneros de Formosa y Corea, que servían en su mayoría como auxiliares en el ejército japonés. Los prisioneros del sector B (que fue en el que se produjeron los hechos que hoy os cuento) eran todos japoneses, que hacían un total de 1.104 hombres, todos ellos suboficiales y tropa, capturados en su mayoría en Nueva Guinea y las Islas Salomon.

Debe precisarse que el trato que los australianos dieron a sus prisioneros de guerra fue en general más que correcto, de acuerdo siempre a la Convención de Ginebra. Incluso permitieron a miles de prisioneros italianos trabajar en granjas sin ningún tipo de vigilancia (y en el momento de los sucesos de Cowra las autoridades australianas estaban considerando dar trabajo también a los prisioneros japoneses). Sin embargo, pese a ese trato correcto, la relación entre los presos japoneses y sus guardias era difícil, a causa de las grandes diferencias culturales. A diferencia de los italianos, que aceptaban con normalidad su condición de prisioneros y se limitaban a esperar pacientemente el fin de la guerra, los soldados japoneses capturados se sentían avergonzados de su condición. En agosto de 1944 había en Australia 14.720 prisioneros de guerra italianos, capturados principalmente en la campaña del Norte de Africa, 1.585 alemanes, en su mayoría marinos mercantes o de la Kriegsmarine, y 2.223 japoneses, incluyendo 544 marinos mercantes. Estaban repartidos en 28 campos de internamiento.

Durante la noche del 4 al 5 de agosto de 1944, los 1.104 prisioneros japoneses internados en el sector B del campo emprendieron una masiva fuga suicida saltando las alambradas. Antes, se habían distribuido las armas disponibles (cuchillos, bates de béisbol, palos y estiletes hechos con alambre, que pueden verse en la imagen de aquí arriba) y se había dividido a los hombres en grupos a los que asignaron distintos objetivos. Se decidió que antes del inicio de la evasión los prisioneros incapacitados para participar en la fuga por lesión o enfermedad pudiesen suicidarse para salvar su honor. Algunos de los líderes de la fuga también optaron por quitarse la vida cuando terminaron todos los preparativos sin llegar a participar directamente en el intento de evasión. Fue el caso del contramaestre Enji Kakimoto, piloto de caza de la Marina Imperial y as de la aviación japonesa, que se ahorcó en su barracón momentos antes del inicio de la rebelión.

Esa madrugada, poco antes de las 2, un japonés corrió a las puertas de campo y gritó lo que parecía ser una advertencia a los guardias. Entonces sonó una corneta japonesa. Esa era la señal convenida para el inicio de la rebelión (el corneta, Hajimi Toyoshima, piloto de la Marina derribado en el raid contra Darwin, que había sido el primer prisionero japonés capturado por los australianos en la guerra). Un guardia hizo un disparo de advertencia. Más guardias dispararon cuando una avalancha de presos, en cuatro grupos separados, gritando "Banzai", se abalanzaron sobre las alambradas. Dos de los grupos se dirigieron al perímetro exterior del campo, en las caras sur y oeste, los otros dos trataron de cruzar Broadway para llegar al sector D, donde se encontraban el resto de los prisioneros japoneses, y a los barracones de la guarnición australiana. Mientras tanto, los que no participaron en la primera oleada prendieron fuego a los barracones. Poco tiempo después, la mayor parte de los barracones del sector B estaba ardiendo. Para atravesar las alambradas tiraban sobre ellas mantas y ropas de invierno. Se lanzaron al asalto a los puestos de ametralladoras armados únicamente con sus armas improvisadas, mostrando un desprecio suicida por la propia vida.

Los guardias australianos Benjamin Hardy y Ralph Jones, hicieron fuego con su ametralladora Vickers contra la primera oleada de asaltantes pero, abrumados por la superioridad numérica, fueron incapaces de detenerlos y resultaron muertos. Jones antes de morir logró quitar y ocultar el cerrojo del arma, inutilizándola e impidiendo así que los fugados pudiesen utilizarla contra los guardias. Por su acción, Hardy y Jones fueron condecorados póstumamente con la George Cross. Los intentos de atravesar Broadway fracasaron. Retenidos por un intenso fuego, unos 200 hombres se refugiaron en una zanja de la que sólo salieron al amanecer para rendirse. Por contra, la mayor parte de los prisioneros de los grupos que trataron de cruzar el perímetro exterior lograron escapar. Algunos se suicidaron o murieron a manos de sus compatriotas antes de lograr escapar.

En total murieron durante la fuga 3 guardias australianos y otros 3 resultaron heridos. Además de los soldados Hardy y Jones, el tercer australiano muerto fue el soldado Charles Shepherd, que resultó herido de muerte en el asalto al perímetro de Broadway. La fuga se saldó con un total de 209 prisioneros japoneses muertos (31 de ellos se suicidaron, otros murieron en los incendios de los barracones) y 298 heridos, algunos con heridas autoinfligidas tratando de quitarse la vida.

Lograron escapar del campo de prisioneros un total de 359 soldados nipones, sin embargo, la mayoría de ellos fueron capturados o se rindieron sin ofrecer resistencia - incluso se dieron casos (al menos dos) de fugitivos capturados por civiles -. Otros, unos 25 hombres, se suicidaron antes de ser capturados. Dos de ellos se tiraron bajo un tren, otros muchos se colgaron. Los últimos fugados vivos fueron capturados 10 días después de la evasión; algunos llegaron hasta Eugowra, a más de 50 km de distancia de Cowra.

Entre la población civil australiana no hubo ninguno herido ni muerto, ya que los líderes de la fuga habían prohibido a sus hombres hacer daño a los civiles australianos. El único muerto en las operaciones de captura de los prisioneros fue el teniente Harry Doncaster, del 19th Australian Infantry Training Battalion, asesinado a 11 kms al norte de Cowra.

La naturaleza de esta fuga masiva encajaba perfectamente con la mentalidad de los soldados japoneses. Teniendo en cuenta que para ellos el rendirse o ser hecho prisionero era una vergüenza y un deshonor que difícilmente podría ser borrado, la huida se convirtió prácticamente en un suicidio, acorde con las cargas banzai llevadas a cabo durante la guerra en las que miles de soldados nipones fueron masacrados inútilmente. Masaru Morki, un superviviente, escribió más tarde, "Como soldados japoneses, tuvimos que elegir la muerte. No podíamos segur viviendo indefinidamente con la vergüenza de haber sido capturados... Nosotros nos guiábamos por el Código del Combatiente, el núcleo de la disciplina militar”.

Una fuga similar se intentó en un campo de prisioneros japoneses en Fetherstone (Nueva Zelanda), utilizando idéntico método de huida: centenares de nipones comenzaron a saltar la valla sin importarles las ametralladoras de los vigilantes. El resultado, 48 prisioneros japoneses muertos y otros 74 heridos.

El propio primer ministro australiano, John Curtin, se estremeció ante la descripción de la sangrienta fuga, y expresó su incomprensión hacia “semejante desprecio por la propia vida”, teniendo en cuenta que la acción de los japoneses no tenía ninguna posibilidad de saldarse con éxito.Temiendo las represalias contra los soldados australianos que se encontraban recluidos en los campos de prisioneros japoneses, las autoridades australianas decidieron declarar secreto este incidente. Los informes sobre la fuga de Cowra no serían desclasificados hasta 1950.

La investigación oficial de los hechos exculpaba totalmente a los responsables del campo de la masacre. Los informes de la investigación fueron leídos a la Cámara de Representantes australiana por Curtin en 8 de septiembre de 1944 y sus conclusiones fueron:

- El campo cumplía con la Convención de Ginebra y las condiciones de vida de los prisioneros eran buenas.
- Antes del incidente no hubo ninguna queja por el trato recibido por parte de los prisioneros japoneses o en su nombre. La rebelión parecía ser el resultado de un proyecto premeditado y previamente preparado.
- Las acciones de la guarnición australiana al resistir el ataque evitaron una mayor pérdida de vidas, y el fuego cesó tan pronto como recobraron el control del campo de prisioneros.
- Muchos de los muertos se habían suicidado o habían sido asesinados por otros prisioneros, y muchos de los japoneses que resultaron heridos se habían autoinfligido las heridas.

En la actualidad, el Cementerio Japonés de Cowra reúne las tumbas de 522 soldados nipones que murieron en Australia durante la Segunda Guerra Mundial, incluidos los que fueron abatidos durante la huida del citado campo de prisioneros. En esta localidad australiana se inaguró en 1979, con motivo del 35 aniversario, un jardín japonés que conmemora aquel intento de fuga que no fue más que un suicidio masivo.