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miércoles, 31 de julio de 2013

Roosevelt y el Cadillac blindado de Capone

Horas después de producirse el ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor (Hawaii) el Servicio Secreto de EE.UU se encontró con un inesperado problema. Al día siguiente el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt debía a acudir al Capitolio para hablar ante el Congreso (en lo que sería el famoso discurso del "día de la infamia"), y, aunque el viaje desde la Casa Blanca era corto, las medidas de seguridad tenían que adaptarse a la nueva situación de estado de guerra. 


La limusina presidencial no era a prueba de balas, y el Servicio Secreto contaba con unas pocas horas para conseguir un vehículo blindado que la sustituyese. Además, según las normas vigentes en aquel momento, el límite de gasto para cualquier vehículo oficial era de 750 dólares. Por ello, el nuevo coche tenía que estar acondicionado para servir al presidente en sus desplazamientos, contar con un buen blindaje, estar disponible de forma inmediata y ser barato. 


Entonces alguien cayó en la cuenta de que el gobierno federal ya tenía en su poder un coche que se ajustaba a todas esas características: Entre los bienes incautados por el Departamento del Tesoro al famoso gánster Al Capone (en la imagen superior), que había sido arrestado en 1931 y condenado por evasión de impuestos, se encontraba su automóvil, un Cadillac V8 Town Sedan de 1928. Estaba pintado de verde y negro, los colores utilizados en los vehículos de la policía de Chicago, contaba con transmisor de radio, y lo más importante: tenía un blindaje de más de 1000 kgs de planchas de acero y cristales a prueba de balas de una pulgada de grosor. 



El Cadillac (en las fotografías sobre este párrafo) había estado parado durante años en un estacionamiento del Departamento del Tesoro, y los agentes del Servicio Secreto tuvieron que trabajar aquella noche para dejarlo a punto, limpiándolo y revisando todos los detalles. Al mediodía del 8 de diciembre de 1941 todo funcionó a la perfección en el traslado de Roosevelt al Capitolio. Se dice que cuando se enteró del origen de su nuevo coche, el presidente bromeó: "Espero que al señor Capone no le importe".

Fuente:

miércoles, 26 de junio de 2013

Uniformes de la 2ª Guerra Mundial (5)

¡¡Compañíaaaaaa!! ¡¡Fiiiiirmes!! ¡¡Presenteeeeen armas!! Caballeros, descansen. Aprovechando que hace escasos días le dedicaba un post al Ejército Imperial Japonés, me complace dejarles una nueva entrega de esta sección del blog en la que se da un amplio repaso a sus uniformes a lo largo de las distintas campañas en las que combatieron durante la Segunda Guerra Mundial (China, Manchuria, Filipinas, Nueva Guinea, Birmania...). ¡¡Rompan filas!!:
  














martes, 18 de junio de 2013

El Ejército Imperial Japonés

El Ejército Imperial Japonés del período de 1931 a 1945 era una combinación extraña: una fuerza moderna, bien entrenada y armada, pero imbuida de las tradiciones antiguas y cerradas de un pueblo que acababa de salir de siglos de un autoimpuesto aislamiento del mundo moderno. Las contradicciones de la sociedad japonesa se reflejaban en sus fuerzas armadas, que abrazaban cualquier avance tecnológico militar pero seguían ancladas en las costumbres de una sociedad medieval, esencialmente feudal. Estas contradicciones crearon un ejército que era un enigma para la mayoría de los observadores extranjeros, un ejército que fue fatalmente malinterpretado y menospreciado por sus enemigos en los primeros compases de la guerra, pero que al mismo tiempo fue terriblemente vulnerable a ellos en cuanto mostró sus peculiares debilidades.


La adaptabilidad, las tácticas agresivas, el valor fanático y la obediencia ciega del soldado japonés iban a dar a ese ejército una victoria tras otra durante la guerra contra China en la década de 1930 y en las ofensivas relámpago contra las fuerzas estadounidenses, holandesas, británicas y de la Commonwealth en Asia y el Pacífico en 1941-1942. Sin embargo, estas cualidades humanas no bastaron cuando se enfrentaron al poderío económico, militar e industrial y a la cultura bélica verdaderamente moderna de EE.UU. Desde la perspectiva de hoy, puede decirse que el Ejército Imperial Japonés iba ya camino de la derrota cuando empezó a conseguir sus primeras y espectaculares victorias en diciembre de 1941.


A mediados de 1942, las fuerzas armadas imperiales japonesas habían expandido enormemente el Imperio en una espectacular campaña de conquista de 6 meses. Pero casi desde el mismo momento en que cesó su avance por el Pacífico se vieron obligadas a defender sus ganancias frente a las contraofensivas aliadas, que al principio fueron lentas y débiles pero fueron ganando en potencia y confianza. Fue una defensa para la que  Japón estaba preparado en el plano táctico, no así en el estratégico. Tras unos reveses iniciales se estableció una Esfera de Defensa Nacional Absoluta que incluía Birmania, Malasia, las Indias Orientales, Nueva Guinea occidental y las islas Carolinas, Marianas y Kuriles. Durante los 3 años siguientes, los japoneses iban a defenderla con una determinación feroz que sorprendió a sus enemigos, pero con un resultado final incuestionable.


Tanto había conquistado el ejército nipón que ahora se hallaba desplegado en el extremo de unas líneas de suministro extraordinariamente largas. El sistema logístico japonés era inadecuado - e incluso primitivo - a todos los niveles, pero los planes del alto mando para defender un perímetro tan inmenso no parecieron tener esto en cuenta. Con sus fuerzas dispersas en el extremo de unas largas líneas de suministro, amenazadas cada vez más por la supremacía aérea y naval aliada, Japón careció de los medios y el material para abastecer y reforzar sus guarniciones, y los efectos de las escaseces estratégicas de todo tipo empezarían a dejarse sentir entre la población japonesa ya en 1942. El Imperio quedó abrumado por la capacidad de EE.UU. de producir cañones, carros de combate, buques y aviones, y de tripularlos. Japón por su parte carecía de la base industrial necesaria para mantener a sus desperdigadas fuerzas armadas y reemplazar las enormes pérdidas sufridas. En el último año de la guerra, la producción japonesa se vio reducida drásticamente por los bombardeos aéreos aliados. Por ejemplo, en 1940 se fabricaron 1.023 carros de combate, por sólo 94 en 1945, y de modelos totalmente obsoletos.


La disparidad entre la producción de guerra de EE.UU. y Japón queda de manifiesto en una estadística extraordinaria: por cada soldado japonés en el Pacífico había 1 kg. de material, mientras que por cada estadounidense había 4 toneladas. Otro dato: ya en 1941, la producción de aviones estadounidense era 4 veces mayor que la japonesa, una brecha que se iría ampliando de forma imparable. Sin embargo, el carácter único de la milicia japonesa le permitió desafiar esas condiciones tan negativas. Aunque sus fieras batallas defensivas no lograron otra cosa que enormes pérdidas humanas, todavía había 2 millones de soldados dispuestos a defender las islas metropolitanas de la invasión aliada cuando el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, convencieron finalmente al gobierno imperial de la futilidad de seguir resistiendo. Aún así, un grupo de oficiales planeó, sin éxito, sabotear la alocución de rendición del emperador Hirohito.


Para mediados de 1942, el Ejército Imperial Japonés se había ganado la reputación de invencible entre las conmocionadas tropas aliadas, pero en cuanto éstas empezaron a contraatacar - en Guadalcanal y Nueva Guinea - salieron a la luz las deficiencias de dicho ejército y se aprendió a explotarlas. La mayoría de los comandantes japoneses carecían de imaginación más allá de la doctrina de atacar a toda costa: cuando el ataque fallaba, tendían a repetir el intento hasta que sus tropas quedaban diezmadas. En una sociedad fuertemente jerarquizada, el cuerpo de oficiales temía quedar desacreditado si reconocía dificultades, por lo que sus informes tendían a ser optimistas en exceso. Los mandos daban órdenes, pero se tomaban pocas molestias en supervisar su ejecución.


A diferencia de los ejércitos occidentales, el japonés apenas progresó en cuanto a mecanización. Sus unidades siguieron siendo esencialmente fuerzas de infantería apoyadas por artillería media y cuyo transporte seguía dependiendo de caballos y mulas. El ejército nipón andaba escaso de artillería pesada y era incompetente en su uso, pues se ponía todo el énfasis en el apoyo inmediato a la infantería. En esto, como en el uso de los carros de combate, los Aliados le ganaron rápida y decisivamente la partida. Pese al éxito de las unidades blindadas en Malasia a principios de 1942, los tanques fueron dispersados para dar apoyo a la infantería, un poco como si fuesen fortínes móviles (cada división de infantería Tipo A - es decir, la "reforzada" -, solía tener una unidad de carros de combate). Existía poco interés en el uso independiente de masas de carros como medios medios de maniobra (de hecho la primera división acorazada no se formó hasta 1942, y durante la guerra sólo habría un total de 4). Sin embargo, se potenció un tipo de carros de combate que sacrificaban el blindaje y la potencia del armamento en aras de la liviandad y la velocidad, por lo que resultaron extremadamente vulnerables. La calidad de la mayoría del material bélico aliado mejoró sin pausa, mientras que la del japonés se mantuvo mayormente en sus niveles de la década de 1930; en el orden cuantitativo, las diferencias se hicieron enormes.


La planificación y ejecución logística fue mala desde el principio: en el invierno de 1942-43, en Nueva Guinea, decenas de miles de soldados fueron más o menos abandonados a su suerte, y no sería la última vez. Existía una fuerte rivalidad entre el Ejército y la Marina Imperial, lo que tenía unas consecuencias nefastas en unas campañas en las que la cooperación interarmas era vital. La superioridad aérea japonesa de 1941-1942 empezó a ser disputada enseguida, y luego doblegada. Frente al avance estadounidense por el Pacífico, el Alto Mando Japonés fue incapaz de formular una estrategia más prometedora que la de atrincherarse, conservar el territorio hasta el último hombre e infligir al enemigo el mayor número de bajas posibles. Para la mentalidad occidental, ello era fruto de la desesperación, pero para la japonesa, la muerte honorable por el emperador era un premio.


El Ejército Imperial Japonés poseía importantes cualidades tácticas que puso en práctica casi hasta el final. El enemigo más temible es el soldado al que no le importa morir o seguir vivo, y esta cultura permeó en todas las fuerzas imperiales. Los Aliados descubrieron que era casi imposible tomar prisioneros japoneses: "la muerte antes que la rendición" era un principio genuino y no sólo un eslogan. Cuando se quedaban sin posibilidad de seguir resistiendo, se mataban en sus pozos de tirador, sus cuevas, fortines o búnkeres, o se inmolaban en suicidas cargas banzai o arrojándose bajo los tanques con una granada. Antes de 1945, el escaso número de prisioneros hecho entre fuerzas japonesas derrotadas - sobre todo heridos, de entre los miles de muertos en el campo de batalla - no incluía ningún oficial de graduación superior a la de comandante. En consecuencia, en todos los campos de batalla, cada posición japonesa tenía que tomarse individualmente, con fuego de artillería seguido de carros, ametralladoras, cargas explosivas, lanzallamas y granadas de mano. Ello era muy costoso en vidas estadounidenses y no sorprende que, después de haber experimentado este tipo de combate, pocos infantes aliados se tomasen demasiadas molestias en hacer prisioneros japoneses.


Las posiciones de campaña que los japoneses defendían hasta la muerte solían ser numerosas, bien emplazadas y de sólida construcción. Su talento para el camuflaje era de primer orden, y su disciplina de fuego, excelente. Habían aprendido de sus errores. En Tarawa fortificaron todo el perímetro de la isla, por lo que cuando los norteamericanos desembarcaron en el lado opuesto al más esperado, una gran parte del plan defensivo se vino abajo, pues no existía un reducto central desde el que lanzar contraataques en todas direcciones. En Peleliu y en adelante se aplicó esa lección: la mayor parte de guarniciones estaban desplegadas en amplios y complejos sistemas tierra adentro formados por emplazamientos de armas, búnkeres profundos, túneles interconectados y cuevas naturales optimizadas. Aunque básicamente defensivas, las tácticas japonesas implicaban siempre contraataques inmediatos y desesperados para retomar el terreno perdido. Los soldados japoneses eran valientes, disciplinados y tenaces, y muy hábiles en la lucha nocturna, la infiltración, el engaño, las trampas y las emboscadas.


Dado el escaso valor que se daba a la vida del soldado japonés, no es extraño que éste tuviese en una estima aún menor la de los extranjeros. Entrevistas a veteranos han confirmado que era habitual que, al llegar a una unidad en el frente chino, el soldado fuese obligado a demostrar su obediencia y su espíritu matando a bayonetazos a un prisionero o campesino chino (o, si el recién llegado era un oficial, decapitándolo con su espada). Espoleados por sus mandos, estos soldados embrutecidos - producto de una sociedad que se vanagloriaba de su superioridad racial - trataron a los civiles de los territorios conquistados con una crueldad medieval. En China, la pesadilla de los ataques guerrilleros desembocó en la aplicación de la política oficial de los "tres todos": "quemadlo todo, cogedlo todo, matadlo todo". Tampoco sorprende que veteranos de China siguiesen comportándose de la misma forma cuando fueron transferidos al sur para "liberar" a otras razas asiáticas, en especial cuando las deficiencias de su sistema logístico los dejó a expensas de lo que pudiesen requisar.

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército de Kwantugn y la expansión japonesa" de Philip Jowett
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los Comandos Suicidas y otras unidades japonesas" de Philip Jowett

viernes, 17 de mayo de 2013

Fukuryu: Los Buzos Suicidas Japoneses

Los Fukuryu ("dragones agachados", en japonés), fueron unas unidades especiales de buzos suicidas creadas en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial por los japoneses, para hacer frente a la proyectada invasión aliada del archipiélago nipón (conocida como Operación Downfall). 


Estaban equipados con un equipo de respiración autónoma formado por dos botellas de aire comprimido (cuya patente al parecer los alemanes habían cedido a Japón). Como hacían recircular el aire, no dejaba una estela de burbujas, y favorecía que el buzo se aproximara a su objetivo sin ser visto. Pero por contra, como recirculaba el aire y lo purificaba mediante carbonato cálcico, si el buzo se sumergía más abajo de 10 metros, acababa respirando ácido y moría en pocos segundos. 


Para que el buzo se mantuviera en el fondo y no flotara, contaba con entre 6 y 9 kilogramos de plomo a modo de lastre. Podían podían permanecer sumergidos a una profundidad de 5 a 7 metros durante un máximo de 6 horas, y avanzar andando por el fondo marino hasta unos 2 kms. aproximadamente. Dentro del casco, el buceador podía beber zumos o alimentos líquidos que llevaba consigo gracias a un tubito. 


Estaban armados con una mina de ataque del Tipo 5, de unos 15 kgs. de explosivo y una cámara hueca que hacía de cámara de flotación, que estaba situada en el extremo de una pértiga de bambú de 5 metros de longitud (fotografía superior). La idea era que cuando los buques y lanchas de desembarco de tropas o vehículos enemigas se aproximasen a las playas de invasión, los buzos se situarían debajo de ellas, colocarían la mina bajo la embarcación con la pértiga y la harían estallar, muriendo con toda seguridad durante el proceso. 


Los Fukuryu o bien, se meterían en el agua caminando desde la playa, o esperarían ocultos entre los restos de un barco naufragado o instalación preparada al efecto, o avanzarían por una cañería oculta, una especie de boca del alcantarillado, que los llevaría a varios cientos de metros mar adentro (ver ilustración sobre estas líneas). Una vez allí, a unos 6 metros de profundidad, un batallón de buzos formaría en 3 líneas (tres compañías de 150 buzos cada una de ellas) separadas entre sí unos 60 metros. Los buzos activarían unas minas convencionales situadas bajo el agua y se apartarían de ellas. Las lanchas de desembarco enemigas procurarían evitar esas minas y se meterían justo donde los esperaban los Fukuryu. Entonces comenzaría el ataque. 


Los Fukuryu tenían que procurar apartarse de los buzos suicidas más próximos, para evitar morir sin querer cuando éstos se suicidaran debajo de un buque enemigo. Se consideraba que había suficiente con mantener unos 50 metros de distancia entre buzo y buzo. Se organizaban en secciones de 6 buzos, 5 secciones por pelotón y 5 pelotones por compañía. Se esperaba que cada uno de ellos pudiese hundir una lancha de desembarco de hasta 950 toneladas. 


En agosto de 1945, los japoneses ya tenían preparados 1.000 trajes de buzo, pero tenían previsto haber acabado 8.000 en septiembre. En octubre, los Fukuryu sumarían unos 6.000 buzos suicidas, entrenados y dispuestos a todo. La 71.ª Unidad de Ataque Especial (en Yokosuka, en la bahía de Tokyo) contaba, al final de la guerra, con dos batallones de buzos a punto y cuatro más entrenándose, y esperaba contar con 4.000 buzos para defender la bahía de Tokyo y las playas de Honshu en otoño. Otra unidad, la 81.ª, pretendía desplegar a 1.000 buzos en Kure y Sasebo. Los planes de la Armada Imperial Japonesa eran muy ambiciosos, pues pretendían que fueran 40.000 los buzos suicidas que defenderían las playas y puertos de Japón antes de final de año.

Finalmente la rendición japonesa en septiembre de 1945 evitó la invasión, por lo que los Fukuryu nunca llegaron a entrar en combate. Sin embargo, muchos de ellos murieron durante los ejercicios de entrenamiento.

Fuentes:

lunes, 13 de mayo de 2013

El USS Stanly (o cómo sobrevivir a 3 ataques suicidas en un mismo día)

El USS Stanly fue un destructor estadounidense de la clase Fletcher que sirvió en la US Navy durante la Segunda Guerra Mundial, y que entró en la historia por sobrevivir milagrosamente a tres ataques suicidas japoneses sufridos en un mismo día.


El 12 de abril de 1945, el destructor norteamericano se encontraba en aguas del Pacífico, al norte de la isla japonesa de Okinawa, realizando una misión de alerta de radar, cuando  recibió el aviso de otro buque estadounidense, el destructor USS Cassin Young, estaba siendo atacado por kamikazes japoneses, por lo que partió hacia el lugar a toda máquina para socorrerlo. Inmediatamente, el USS Stanly se vio rodeado por un enjambre de aviones japoneses que comenzaron a atacarle. El destructor se defendió con bravura, navegando en zig-zag y disparando con sus baterías antiaéreas contra los aviones nipones, consiguiendo derribar 6 aviones torpederos Aichi D3A "Val".


Pese a que los cazas norteamericanos acudieron al rescate y entablaron combate con los aparatos japoneses que acosaban al USS Stanly, su tripulación pudo observar atemorizada como se dirigía hacia ellos a una gran velocidad una Yokosuka MXY-7 "Ohka", una bomba tripulada propulsada por cohetes y con una carga explosiva de más de una tonelada, que era transportada por un avión nodriza, que tras soltarla, era guiada por su piloto hacia el objetivo (ver fotografía superior). El "Ohka" impactó violentamente contra la banda de estribor del USS Stanly, apenas un metro y medio por encima de la línea de flotación. Sin embargo, debido a la enorme velocidad de impacto, unos 900 km/h, la carga explosiva atravesó el casco y estalló fuera del buque, librándolo de un hundimiento seguro. 


Minutos después, otro "Ohka" falló por centímetros su impacto, arrancando el mástil con la enseña de la nave, desintegrándose en el mar tras una serie de rebotes en su superficie. Tras esto, el buque recibió la orden de retirarse, pero mientras se alejaba del lugar, fue víctima de otro ataque suicida. El piloto de un Mitsubishi A6M "Zero", tras lanzar una bomba contra el USS Stanly, se lanzó en picado con intención de estrellarse contra el destructor. Nuevamente la suerte volvió a sonreír al USS Stanly: la bomba, quedó corta en su trayectoria y estalló a popa del barco, mientras que el caza se estrelló igualmente en el mar a unas decenas de metros, tras ser alcanzado por las baterías antiaéreas del destructor. 


Pese a sufrir importantes daños, el USS Stanly (en la fotografía de aquí, tras ser reparado) no tuvo que lamentar ninguna baja mortal entre su tripulación, saldándose los tres ataques suicidas sufridos con solo 3 marineros heridos. Irónicamente, las únicas víctimas mortales a bordo de este destructor se producirían por un accidente el 28 de mayo de 1945, cuando durante unos ejercicios rutinarios de tiro estalló una de sus piezas de artillería principales, matando a dos artilleros.

Fuentes:

lunes, 22 de abril de 2013

Los Hermanos Borgstrom

En anteriores entradas os conté las trágicas historias de varios grupos de hermanos alistados en el bando aliado que murieron durante la contienda, como los hermanos estadounidenses Niland - los más famosos, ya que inspiraron el film de  Steven Spielberg "Salvar al Soldado Ryan" (1998) - y Sullivan (podéis saber la historia de ambos en este post), o los canadienses Westlake. Pues bien, la historia que procedo a relatar a continuación es bastante similar. Sus protagonistas son también norteamericanos: los hermanos Borgstrom, hijos de un matrimonio de inmigrantes suecos que llegaron al estado de Utah a principios del siglo XX, fijando su residencia en una población llamada Thatcher.


Alben y Gunda Borgstrom tuvieron diez hijos, de los cuales siete eran varones (aunque uno de ellos murió siendo niño, por una perforación del apéndice). Cuando los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial, los cinco hermanos Borgstrom que tenían edad para alistarse lo hicieron. Eran LeRoy Elmer (nacido en 1914), Clyde Eugene (1916), Boyd Carl (1921) y los gemelos Rulon Jay y Rolon Day (nacidos en 1925). Fueron destinados, como era de esperar, en distintos cuerpos y regimientos para evitar que murieran todos. Sólo que no sirvió de mucho: la mala suerte se cebó con esta familia y cuatro de los cinco hermanos murieron en un período de tiempo de 6 meses en el año 1944. 


El primero en caer fue Clyde (28 años). Enrolado en los Marines y destinado al Pacífico Sur, donde había participado en varias batallas por la captura de pequeñas islas de esa zona. El 15 de marzo de 1944 se encontraba en la isla de Guadalcanal (Islas Salomón) cuando falleció a consecuencia de un desafortunado accidente: despejando una pista de aterrizaje de un aeródromo, un árbol le cayó encima y le mató (aunque según otras fuentes, cayó en combate en dicha isla el 17 de marzo). El siguiente de los hermanos Borgstrom en morir fue LeRoy Elmer (30 años). Prestaba servicios como sanitario en el 361º Regimiento de Infantería (91ª División) y había participado en varias batallas en el Norte de África e Italia, donde finalmente falleció el 22 de junio de 1944, al ser alcanzado por un francotirador alemán cuando trataba de evacuar a un soldado herido. El 8 de agosto de 1944, uno de los gemelos, Rolon (19 años), alistado como artillero en un bombardero pesado de la  USAAF, falleció de las graves heridas sufridas durante una misión de bombardeo llevada a cabo sobre Francia y Alemania. Apenas unas semanas después, el 25 de agosto, el otro gemelo Rulon, también artillero de un bombardero, fue dado por desaparecido tras los combates aéreos librados sobre LaDress (Francia). Su muerte no se confirmó hasta el mes de octubre


La muerte de los cuatro hermanos Borgstrom fué un auténtico mazazo, no sólo para su familia, sino para toda su comunidad. Incluso, tras confirmarse la muerte de Rulon, el empleado de telégrafos de Thatcher no quiso entregar la notificación a la familia, la cuarta en menos de seis meses, para no volver a ver la misma expresión en la cara de la madre y tuvo que ser el obispo mormón de la zona (los Borgstrom eran practicantes de dicha fe) quien le diese la trágica noticia. Tras perder a cuatro hijos, toda la familia se movilizó inmediatamente, apoyada por sus vecinos, amigos y por los congresistas electos del estado de Utah para que el quinto de los hermanos, Boyd, miembro de los Marines igual que su hermano Clyde, fuese liberado del servicio y devuelto a casa. El propio presidente Franklin D. Roosevelt intervino en su favor y envió a los Borgstrom una carta de condolencia en la que decía que la pérdida de los cuatro hermanos "aumenta nuestra determinación de llevar esta guerra a un final rápido y exitoso". Finalmente, el 7 de octubre de 1944, Boyd era trasladado de vuelta a los EEUU y licenciado, mientras que el hermano menor, Elton, que todavía era menor de edad, quedaba exento del servicio militar.


Los cadáveres de los cuatro hermanos Borgstrom no pudieron ser repatriados hasta varios años después de terminada la guerra. Los cuatro fueron enterrados juntos el 25 de junio de 1948, tras una multitudinaria ceremonia, en el cementerio Riverview, en Tremonton (Utah), durante la cual se les concedieron póstumamente tres Estrellas de Bronce, una medalla de las Fuerzas Aéreas y otra de Buena Conducta. Un campo de entrenamiento en Ogden (Utah) lleva su nombre.


Casos como el de los Borgstrom, los Sullivan o los Niland llevaron al Departamento de Defensa de los EEUU a establecer la Directiva 1315.15 o "Norma Especial de Separación para la Supervivencia", conocida comúnmente como la "Norma del Único Superviviente" (Sole Survivor Policy): cuando dos o más hermanos caen en combate y sólo queda un hermano, a éste se le prohíbe ingresar en el ejército (o, si ya es miembro, se le licencia). Dicha política entró en vigor en 1948 y, aunque no siempre se ha aplicado, sigue vigente. Así, en 2007 Jason Hubbard fue licenciado después de que sus hermanos Jared y Nathan cayeran en Irak en 2004 y 2007, respectivamente. Y en 2011, Beau Wise fue retirado del servicio activo tras perder a sus dos hermanos, Ben y Jeremy, en Afganistán

Fuentes:

miércoles, 27 de febrero de 2013

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (60)




"Durante los primeros seis o doce meses de guerra contra los Estados Unidos y Gran Bretaña, causaré estragos en todos sus flancos y conquistaré una victoria tras otra. Después...no tengo esperanzas de ganar."

Isoroku Yamamoto - Almirante y comandante en jefe de la Flota Combinada de la Armada Imperial Japonesa



jueves, 10 de enero de 2013

La Guerra en Imágenes: Pearl Harbor


Pilotos japoneses a bordo de un portaaviones de la Armada Imperial Japonesa reciben las últimas instrucciones antes de lanzar el ataque contra la base naval de Pearl Harbor (Hawai). 7 diciembre 1941


Cazas nipones Mitsubishi A6M2 "Zero" sobre la cubierta del portaaviones Akagi (uno de los 6 participantes en el ataque) preparados para despegar hacia sus objetivos. 7 diciembre 1941


Miembros de la tripulación del portaaviones Zuikaku despiden sobre la cubierta del buque a los pilotos que despegan hacia Pearl Harbor (Hawai). Se observa un bombardero Nakajima B-5N "Kate". 7 diciembre 1941


Caza Mitsubishi A6M-2 "Zero" sobre la cubierta del portaaviones Akagi 7 diciembre 1941

 

Vista aérea de los primeros ataques de los aviones japoneses contra los buques norteamericanos anclados en Pearl Harbor (Hawai). diciembre 1941

 

Otra panorámica aérea tomada desde un avión japonés, en la que se observan los momentos iniciales del ataque sobre la base naval de Pearl Harbor (Hawai). El acorazado USS Oklahoma es alcanzado por un torpedo lanzado por un avión nipón. 7 diciembre 1941

 

Fotografía aérea tomada por un avión japonés derribado durante el ataque a Pearl Harbor. Al fondo se observa una densa columna de humo procedente del aeródromo de Hickam Field. 7 diciembre 1941


Al fondo, se observa una enorme columna de humo que proviene del acorazado USS Arizona, que es devorado por las llamas y comienza a hundirse tras ser gravemente alcanzado por bombas lanzadas por bombarderos "Kate" japoneses.diciembre 1941


Una amplia panorámica del cielo sobre Pearl Harbor (Hawai), lleno de humo e impactos de la artillería antiaérea. 7 diciembre 1941


Fotografía aérea tomada por un piloto nipón del raid sobre la base naval de Pearl Harbor. Justo enfrente se observa un bombardero japonés.diciembre 1941


El destructor USS Shaw es pasto de las llamas tras ser alcanzado por 3 bombas japonesas durante el ataque. 7 diciembre 1941


Una gigantesca explosión sacude al USS Shaw al explotar el depósito de municiones. 7 diciembre 1941


Marineros norteamericanos observan, entre los restos de los aviones destruidos en el aeródromo naval de Ford Island,  la enorme explosión del destructor USS Shaw.diciembre 1941


Entre un espeso humo negro, una bandera de EE.UU. ondea en la popa del acorazado USS West Virginia, hundido tras al ataque japonés a Pearl Harbor. 


El acorazado USS California se hunde en las aguas de Pearl Harbor, mientras se trata de evacuar a su tripulación.  7 diciembre 1941


Los acorazados USS West Virginia y USS Tennessee, gravamente dañados durante el raid, son pasto de las llamas. 7 diciembre 1941. 


Imagen del acorazado USS Maryland, que sufrió leves daños durante el ataque, anclado junto al USS Oklahoma, el cual fue alcanzado por 3 torpedos y se observa volcado y parcialmente hundido a la derecha. 7 diciembre 1941


Entre un espeso humo negro, el acorazado USS Arizona comienza a escorarse antes de hundirse definitivamente. 7 diciembre 1941


El dragaminas USS Oglala permanece volcado y semihundido tras ser atacado por aviones y minisubmarinos japoneses.  7 diciembre 1941


Imagen de los graves daños sufridos por los destructores USS Downes y USS Cassin, que se encontraban en un dique seco durante el ataque.


Aviones destruidos en el interior de un hangar en Wheeler Field, aeródromo del ejército estadounidense en Hawai. 11 diciembre 1941


Un automóvil, alcanzado por la metralla de un bomba japonesa durante el ataque, con tres civiles muertos en su interior. El coche estaba a 8 millas de Pearl Harbor, y no existían objetivos militares a su alrededor.


Restos del primer avión japonés derribado durante el ataque a Pearl Harbor. 7 diciembre 1941.