Mostrando entradas con la etiqueta Batalla de Guadalcanal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Batalla de Guadalcanal. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de junio de 2013

El Ejército Imperial Japonés

El Ejército Imperial Japonés del período de 1931 a 1945 era una combinación extraña: una fuerza moderna, bien entrenada y armada, pero imbuida de las tradiciones antiguas y cerradas de un pueblo que acababa de salir de siglos de un autoimpuesto aislamiento del mundo moderno. Las contradicciones de la sociedad japonesa se reflejaban en sus fuerzas armadas, que abrazaban cualquier avance tecnológico militar pero seguían ancladas en las costumbres de una sociedad medieval, esencialmente feudal. Estas contradicciones crearon un ejército que era un enigma para la mayoría de los observadores extranjeros, un ejército que fue fatalmente malinterpretado y menospreciado por sus enemigos en los primeros compases de la guerra, pero que al mismo tiempo fue terriblemente vulnerable a ellos en cuanto mostró sus peculiares debilidades.


La adaptabilidad, las tácticas agresivas, el valor fanático y la obediencia ciega del soldado japonés iban a dar a ese ejército una victoria tras otra durante la guerra contra China en la década de 1930 y en las ofensivas relámpago contra las fuerzas estadounidenses, holandesas, británicas y de la Commonwealth en Asia y el Pacífico en 1941-1942. Sin embargo, estas cualidades humanas no bastaron cuando se enfrentaron al poderío económico, militar e industrial y a la cultura bélica verdaderamente moderna de EE.UU. Desde la perspectiva de hoy, puede decirse que el Ejército Imperial Japonés iba ya camino de la derrota cuando empezó a conseguir sus primeras y espectaculares victorias en diciembre de 1941.


A mediados de 1942, las fuerzas armadas imperiales japonesas habían expandido enormemente el Imperio en una espectacular campaña de conquista de 6 meses. Pero casi desde el mismo momento en que cesó su avance por el Pacífico se vieron obligadas a defender sus ganancias frente a las contraofensivas aliadas, que al principio fueron lentas y débiles pero fueron ganando en potencia y confianza. Fue una defensa para la que  Japón estaba preparado en el plano táctico, no así en el estratégico. Tras unos reveses iniciales se estableció una Esfera de Defensa Nacional Absoluta que incluía Birmania, Malasia, las Indias Orientales, Nueva Guinea occidental y las islas Carolinas, Marianas y Kuriles. Durante los 3 años siguientes, los japoneses iban a defenderla con una determinación feroz que sorprendió a sus enemigos, pero con un resultado final incuestionable.


Tanto había conquistado el ejército nipón que ahora se hallaba desplegado en el extremo de unas líneas de suministro extraordinariamente largas. El sistema logístico japonés era inadecuado - e incluso primitivo - a todos los niveles, pero los planes del alto mando para defender un perímetro tan inmenso no parecieron tener esto en cuenta. Con sus fuerzas dispersas en el extremo de unas largas líneas de suministro, amenazadas cada vez más por la supremacía aérea y naval aliada, Japón careció de los medios y el material para abastecer y reforzar sus guarniciones, y los efectos de las escaseces estratégicas de todo tipo empezarían a dejarse sentir entre la población japonesa ya en 1942. El Imperio quedó abrumado por la capacidad de EE.UU. de producir cañones, carros de combate, buques y aviones, y de tripularlos. Japón por su parte carecía de la base industrial necesaria para mantener a sus desperdigadas fuerzas armadas y reemplazar las enormes pérdidas sufridas. En el último año de la guerra, la producción japonesa se vio reducida drásticamente por los bombardeos aéreos aliados. Por ejemplo, en 1940 se fabricaron 1.023 carros de combate, por sólo 94 en 1945, y de modelos totalmente obsoletos.


La disparidad entre la producción de guerra de EE.UU. y Japón queda de manifiesto en una estadística extraordinaria: por cada soldado japonés en el Pacífico había 1 kg. de material, mientras que por cada estadounidense había 4 toneladas. Otro dato: ya en 1941, la producción de aviones estadounidense era 4 veces mayor que la japonesa, una brecha que se iría ampliando de forma imparable. Sin embargo, el carácter único de la milicia japonesa le permitió desafiar esas condiciones tan negativas. Aunque sus fieras batallas defensivas no lograron otra cosa que enormes pérdidas humanas, todavía había 2 millones de soldados dispuestos a defender las islas metropolitanas de la invasión aliada cuando el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, convencieron finalmente al gobierno imperial de la futilidad de seguir resistiendo. Aún así, un grupo de oficiales planeó, sin éxito, sabotear la alocución de rendición del emperador Hirohito.


Para mediados de 1942, el Ejército Imperial Japonés se había ganado la reputación de invencible entre las conmocionadas tropas aliadas, pero en cuanto éstas empezaron a contraatacar - en Guadalcanal y Nueva Guinea - salieron a la luz las deficiencias de dicho ejército y se aprendió a explotarlas. La mayoría de los comandantes japoneses carecían de imaginación más allá de la doctrina de atacar a toda costa: cuando el ataque fallaba, tendían a repetir el intento hasta que sus tropas quedaban diezmadas. En una sociedad fuertemente jerarquizada, el cuerpo de oficiales temía quedar desacreditado si reconocía dificultades, por lo que sus informes tendían a ser optimistas en exceso. Los mandos daban órdenes, pero se tomaban pocas molestias en supervisar su ejecución.


A diferencia de los ejércitos occidentales, el japonés apenas progresó en cuanto a mecanización. Sus unidades siguieron siendo esencialmente fuerzas de infantería apoyadas por artillería media y cuyo transporte seguía dependiendo de caballos y mulas. El ejército nipón andaba escaso de artillería pesada y era incompetente en su uso, pues se ponía todo el énfasis en el apoyo inmediato a la infantería. En esto, como en el uso de los carros de combate, los Aliados le ganaron rápida y decisivamente la partida. Pese al éxito de las unidades blindadas en Malasia a principios de 1942, los tanques fueron dispersados para dar apoyo a la infantería, un poco como si fuesen fortínes móviles (cada división de infantería Tipo A - es decir, la "reforzada" -, solía tener una unidad de carros de combate). Existía poco interés en el uso independiente de masas de carros como medios medios de maniobra (de hecho la primera división acorazada no se formó hasta 1942, y durante la guerra sólo habría un total de 4). Sin embargo, se potenció un tipo de carros de combate que sacrificaban el blindaje y la potencia del armamento en aras de la liviandad y la velocidad, por lo que resultaron extremadamente vulnerables. La calidad de la mayoría del material bélico aliado mejoró sin pausa, mientras que la del japonés se mantuvo mayormente en sus niveles de la década de 1930; en el orden cuantitativo, las diferencias se hicieron enormes.


La planificación y ejecución logística fue mala desde el principio: en el invierno de 1942-43, en Nueva Guinea, decenas de miles de soldados fueron más o menos abandonados a su suerte, y no sería la última vez. Existía una fuerte rivalidad entre el Ejército y la Marina Imperial, lo que tenía unas consecuencias nefastas en unas campañas en las que la cooperación interarmas era vital. La superioridad aérea japonesa de 1941-1942 empezó a ser disputada enseguida, y luego doblegada. Frente al avance estadounidense por el Pacífico, el Alto Mando Japonés fue incapaz de formular una estrategia más prometedora que la de atrincherarse, conservar el territorio hasta el último hombre e infligir al enemigo el mayor número de bajas posibles. Para la mentalidad occidental, ello era fruto de la desesperación, pero para la japonesa, la muerte honorable por el emperador era un premio.


El Ejército Imperial Japonés poseía importantes cualidades tácticas que puso en práctica casi hasta el final. El enemigo más temible es el soldado al que no le importa morir o seguir vivo, y esta cultura permeó en todas las fuerzas imperiales. Los Aliados descubrieron que era casi imposible tomar prisioneros japoneses: "la muerte antes que la rendición" era un principio genuino y no sólo un eslogan. Cuando se quedaban sin posibilidad de seguir resistiendo, se mataban en sus pozos de tirador, sus cuevas, fortines o búnkeres, o se inmolaban en suicidas cargas banzai o arrojándose bajo los tanques con una granada. Antes de 1945, el escaso número de prisioneros hecho entre fuerzas japonesas derrotadas - sobre todo heridos, de entre los miles de muertos en el campo de batalla - no incluía ningún oficial de graduación superior a la de comandante. En consecuencia, en todos los campos de batalla, cada posición japonesa tenía que tomarse individualmente, con fuego de artillería seguido de carros, ametralladoras, cargas explosivas, lanzallamas y granadas de mano. Ello era muy costoso en vidas estadounidenses y no sorprende que, después de haber experimentado este tipo de combate, pocos infantes aliados se tomasen demasiadas molestias en hacer prisioneros japoneses.


Las posiciones de campaña que los japoneses defendían hasta la muerte solían ser numerosas, bien emplazadas y de sólida construcción. Su talento para el camuflaje era de primer orden, y su disciplina de fuego, excelente. Habían aprendido de sus errores. En Tarawa fortificaron todo el perímetro de la isla, por lo que cuando los norteamericanos desembarcaron en el lado opuesto al más esperado, una gran parte del plan defensivo se vino abajo, pues no existía un reducto central desde el que lanzar contraataques en todas direcciones. En Peleliu y en adelante se aplicó esa lección: la mayor parte de guarniciones estaban desplegadas en amplios y complejos sistemas tierra adentro formados por emplazamientos de armas, búnkeres profundos, túneles interconectados y cuevas naturales optimizadas. Aunque básicamente defensivas, las tácticas japonesas implicaban siempre contraataques inmediatos y desesperados para retomar el terreno perdido. Los soldados japoneses eran valientes, disciplinados y tenaces, y muy hábiles en la lucha nocturna, la infiltración, el engaño, las trampas y las emboscadas.


Dado el escaso valor que se daba a la vida del soldado japonés, no es extraño que éste tuviese en una estima aún menor la de los extranjeros. Entrevistas a veteranos han confirmado que era habitual que, al llegar a una unidad en el frente chino, el soldado fuese obligado a demostrar su obediencia y su espíritu matando a bayonetazos a un prisionero o campesino chino (o, si el recién llegado era un oficial, decapitándolo con su espada). Espoleados por sus mandos, estos soldados embrutecidos - producto de una sociedad que se vanagloriaba de su superioridad racial - trataron a los civiles de los territorios conquistados con una crueldad medieval. En China, la pesadilla de los ataques guerrilleros desembocó en la aplicación de la política oficial de los "tres todos": "quemadlo todo, cogedlo todo, matadlo todo". Tampoco sorprende que veteranos de China siguiesen comportándose de la misma forma cuando fueron transferidos al sur para "liberar" a otras razas asiáticas, en especial cuando las deficiencias de su sistema logístico los dejó a expensas de lo que pudiesen requisar.

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército de Kwantugn y la expansión japonesa" de Philip Jowett
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los Comandos Suicidas y otras unidades japonesas" de Philip Jowett

jueves, 14 de junio de 2012

Las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada Japonesa (Tokubetsu Rikusentai)

Durante la guerra contra Rusia (1904-1905), los japoneses utilizaron por primera vez en sus buques de guerra pequeños destacamentos de tropas navales que podían ser desplegados con armas ligeras para hacer tareas de control de las costas y de combate. Aquellas tropas navales podían ser transportadas con rapidez por barcos hasta los lugares conflictivos como puntas de lanza de posteriores operaciones militares de mayor envergadura. Ese fue el comienzo de las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada (en adelante FEDA) o Tokubetsu Rikusentai.


El 28 de febrero de 1932 una fuerza de 2.000 soldados de la Tokubetsu Rikusentai tuvo su primer enfrentamiento con tropas chinas en lo que los japoneses llaman "el incidente de Sanghai". Tras su bautismo de fuego, comenzaron a tomar la forma de una fuerza de élite a cuyas unidades se asignaban las tareas más difíciles. Las cuatro principales bases navales de Japón - Kure, Maizuru, Sasebo y Yokosuka - crearon unidades FEDA que recibieron instrucción especial, incluidos el uso de artillería ligera y las operaciones anfibias de desembarco. El primer choque a gran escala en que intervinieron tuvo lugar en la Segunda Guerra Chino-Japonesa, concretamente en Sanghai, el 13 de agosto de 1937, donde 2 divisiones chinas intentaron echar de la Concesión Internacional a 2.000 soldados de las FEDA y 1.300 hombres más de la Armada Imperial. Aunque superados numéricamente en una proporción de 7 a 1, los nipones resistieron.


Las Tokubetsu Rikusentai fueron reestructuradas en unidades de 750 a 1500 hombres con dos compañías de fusileros y una o dos con armamento pesado (morteros, ametralladoras pesadas, ametralladoras antiaéreas ligeras o cañones ligeros de campaña). Esas compañías se conformaban con un número menor de efectivos, comparadas con las fuerzas regulares del ejército, pero fueron entrenadas para combatir independientemente si fuera necesario y en muchos casos sin esperar ayuda de ningún tipo. Al momento de declarar la guerra a los EE.UU, el país nipón tenía 16 unidades de las FEDA. La mayor de ellas, con un total de 1.600 hombres, era la 1ª Sasebo Rikusentai, seguida por la 2ª Sasebo Rikusentai, con 1.400 hombres, y las  y 2ª Kure Rikusentai, que también contaban ambas con 1.400 efectivos. Cada una de las 12 unidades restantes disponían entre 750 y 1.000 hombres. Además, había 2 unidades de paracaidistas especialmente entrenados, la y 3ª Yokosuka Rikusentai, con cerca de 750 soldados cada una de ellas.


Durante la Segunda Guerra Mundial, las unidades de las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada Imperial consiguieron una reputación desmesurada para su pequeño tamaño. Las fuerzas aliadas se refieron erróneamente a ellas como "marines japoneses" pero técnicamente no había comparación posible con el U.S. Marine Corps, que era independiente del Ejército y de la Armada estadounidenses, y sus divisiones estaban entrenadas y equipadas específicamente para establecer cabezas de playa en desembarcos anfibios antes de la llegada del Ejército. Las Tokubetsu Rikusentai no eran un cuerpo independiente - eran marineros bajo el mando de oficiales de la Armada Imperial - y, como se ha indicado, los efectivos humanos de una unidad solían aproximarse a los 2 batallones como mucho.


Por causa de las discrepancias políticas y de un acusado complejo de superioridad, la Armada y el Ejército de Japón rara vez colaboraban, una situación que a menudo llevaba a una innecesaria e ineficiente duplicación de los esfuerzos y los gastos, así como a una deficiente coordinación operacional. Eso hizo que fuera de la mayor importancia que la Marina Imperial contase con su propio contigente de tropas de infantería para acompañar a sus buques en las misiones remotas. Con sus propias tropas, los comandantes navales, podían, en teoría, vigilar sus fondeaderos y también tener control sobre la situación local sin tener que estar bajo el mando de sus compañeros rivales del Ejército Imperial.


Cuando comenzó la Guerra del Pacífico, las FEDA participaron en la invasión de las Islas Filipinas. Las incursiones aéreas japonesas dejaron fuera de servicio los aeródromos claves y pillaron totalmente desprevenidas a las guarniciones filipinas y estadounidenses. La 1ª Kure Rikusentai desembarcó en Legazpi, en la isla de Luzón, el 12 de diciembre de 1941 con 575 hombres - un modesto desembarco que en ese momento mereció la consideración de gran operación-. La 2ª Kure Rikusentai desembarcó en Mindanao el día 20. Enfrentados a una resistencia débil y desorganizada, los hombres de las FEDA sufrieron pocas bajas.


La Batalla por la isla Wake se convirtió en una empresa formidable cuando la pequeña guarnición de Marines estadounidense destacada en la isla, ampliamente superada en número, presentó una tenaz y enconada resistencia, rechazando un primer intento de desembarco de la Maizuru Rikusentai  el día 11 de diciembre de 1941 (lo que fue aprovechado al máximo, propagandísticamente hablando, por los norteamericanos con el famoso "Send us more japs!"); el 23 de diciembre, los nipones lo volvieron a intentar, esta vez reforzados con unidades del Ejército  y asaltaron las costas meridionales de las islas Wake y Wilkes a las 02,35 horas. En una dudosa victoria para la Maizuru Rikusentai, la guarnición estadounidense se vio obligada a rendirse a las 08.00 horas.


La primera utilización de los paracaidistas de la Armada Imperial tuvo lugar el 11 de enero de 1942, cuando la 1ª Yokosuka Rikusentai  del comandante  Toyaki Horiuchi, fue lanzada para tomar el aeródromo holandés de Langoan, en las afueras de la ciudad de Manado, en la isla Célebes (la actual Sulawesi, ahora territorio de Indonesia, entonces Indias Orientales Holandesas). El asalto desde el aire efectuado por unos 430 hombres fue precedido por desembarcos anfibios de las y 2ª Sasebo, con 2.500 hombres en total, bajo el mando del capitán Kunizo Mori.  En Manado se les enfrentó una fuerza de cerca de 1.500 soldados holandeses y locales, la mayoría de ellos reservistas y milicianos. Los paracaidistas saltaron directamente sobre el defendido aeródromo de Langoan y sufrieron bajas (32 muertos y 32 heridos), pero la operación combinada de fuerzas aerotransportadas y anfibios logró una rápida victoria.


El 20 de febrero de 1942 los paracaidistas de la 3ª Yokosuka Rikusentai (teniente comandante Fukumi) fracasaron en una operación contra el aeródromo de Penfui en Timor Occidental, una zona controlada por una fuerza holandesa-australiana de unos 1.600 hombres. Simultáneamente, el 228º Regimiento de Infantería del ejército y la 1ª Kure Rikusentai  desembarcaron a unos 15 kms hacia el sur con 4.600 efectivos. Para evitar volver a sufrir muchas bajas como en Langoan, donde los paracaidistas habían saltado directamente sobre las defensas, los cerca de 630 paracaidistas de la 3ª Yokosuka fueron lanzados en una zona a 15 kms de su objetivo - demasiado lejos para que pudiesen avanzar rápidamente a través de la espesa jungla -. Quedaron detenidos en la única carretera por la resuelta resistencia enemiga y allí murieron 36 y otros 24 fueron heridos; y para cuando consiguieron llegar a su objetivo, el 22 de febrero, ya había sido tomado por la fuerza anfibia de la 1ª Kure. Aunque la Armada Imperial planeó otras operaciones con tropas aerotransportadas, ninguna fue puesta en práctica, y en diciembre de 1942, la y 3ª Yokosuka fueron enviadas a Japón y su personal fue absorbido por una 1ª Yokosuka Rikusentai reorganizada y más convencional.


Entre otras acciones ofensivas en que participaron las FEDA, la 3ª Yokosuka desembarcó en abril en 1942 en la isla de Tulagi, en las Islas Salomón, para establecer una base para hidroaviones, pero los Marines de EE.UU. liberaron la isla el 7 de agosto de 1942 al comienzo de la campaña de Guadalcanal, en la que lucharon otras tropas de las FEDA. Los soldados de las Tokubetsu Rikusentai fueron enviados a combatir en otros lugares de las Salomón y de Nueva Guinea durante 1942, pero las desastrosas pérdidas sufridas por la Armada Imperical en la Batalla de Midway en el mes de junio ya habían empezado a limitar la capacidad de Japón de maniobrar con libertad en las enormes distancias que separaban sus posiciones avanzadas en las islas. A medida que las pérdidas de la Armada Imperial frente a las fuerzas navales y aéreas aliadas iban en aumento, las Tokubetsu Rikusentai fueron perdiendo eficacia para su pretendida función; sin superioridad naval no era posible organizar operaciones de desembarco enérgicas y gran escala.


A partir de ese momento, las Tokubetsu Rikusentai se vieron limitadas a funciones de defensa de las islas ya ocupadas por Japón, y en tales combates aquellas pequeñas unidades carecían de la fuerza necesaria para ser efectivas por altas que fuesen su moral y determinación. Los encarnizados combates en la jungla, las enfermedades tropicales y el bloqueo que mantenían los Aliados sobre sus líneas de aprovisionamiento (que provocó auténticas situaciones de hambre y desabastecimiento de todo tipo de cosas) continuaron minando las fuerzas de las dispersas guarniciones. Al menos 4 de las principales unidades de las Tokubetsu Rikusentai fueron disueltas en 1942 ( y 2ª Kure, y la y 2ª Sasebo).


El último golpe real asestado por las FEDA tuvo lugar durante la Batalla de Tarawa, en las Islas Gilbert, entre el 20 y el 23 de noviembre de 1943. Allí, unos 1.500 hombres  de la 7ª Sasebo lucharon codo con codo con 1.100 marineros de la 3ª Fuerza Especial de Bases (antes 6ª Yokosuka) para defender sus posiciones principales en el atolón de Betio y en los islotes circundantes de los desembarcos de la 2ª División de Marines estadounidense. Aquel fue el primer gran asalto anfibio lanzado por EE.UU. contra una isla ocupada por japoneses, en el cual se pusieron a prueba nuevos equipos y tácticas. Cuando consiguieron tomar el atolón, 3 días más tarde, cerca de 1.000 Marines norteamericanos habían muerto o desaparecido (o murieron después de sus heridas) y otros 2.300 más habían resultado heridos. Sólo 17 hombres de la guarnición japonesa fueron capturados con vida (el resto murió en combate o decidió suicidarse como los soldados de la imagen inferior).


Un buen número de guarniciones japonesas fueron ignoradas y quedaron abandonadas a su suerte en islas a medida que la máquina de guerra estadounidense barría el Pacífico sin pausa en dirección a las islas del archipiélago japonés. Las unidades de las Tokubetsu Rikusentai destinadas en Saipan, Iwo Jima y Okinawa fueron masacradas a largo de 1944 y1945. Para ese momento ya no había clase alguna de tropas de élite japonesas, por falta de instrucción, mando, equipos y moral. Muy pocos de sus veteranos vivieron para llegar a ver el final de la guerra.


Fuente: 
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Las Fuerzas Japonesas de Desembarco" de Gary Nila y Robert A. Rolfe
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-JAP/tokubetsu-rikusentai.html

lunes, 27 de febrero de 2012

La Ruta de Kokoda


Al principio, la campaña de Guadalcanal estaba separada de otra simultánea que se libraba en el este en Nueva Guinea. Como parte de su estrategia general en el Pacífico, los japoneses tenían intenciones de llegar por mar para tomar Port Moresby, base aliada en la costa sur de Nueva Guinea Oriental, a partir de la cual, podrían alcanzar la mayor parte de Australia nororiental y controlar un ruta importante entre los océanos Pacífico e Índico. El primer intento de capturar Port Moresby mediante una invasión anfibia fue frustrado en la Batalla del Mar del Coral en mayo de 1942.


Tras la derrota nipona en la Batalla de Midway, con la pérdida de 4 portaaviones, las futuras posibilidades de nuevas operaciones navales y anfibias en el Pacífico Sur se vieron gravemente trastocadas y los planes japoneses cambiaron. El 22 de julio de 1942, los japoneses desembarcaron en la costa norte de Nueva Guinea y se hicieron con Gona y Buna. Su intención era seguir avanzando por tierra hacia Port Moresby por la ruta de Kokoda (the Kokoda track) en la creencia de que se trataba de una carretera de grava. En realidad, eran 160 kilómetros de sendero por la selva que atravesaba la imponente cadena montañosa de Owen Stanley. Durante la mayor parte de su recorrido era tan estrecha y escarpada que las tropas no podían caminar ni en filas de a dos.


Para hacer frente a un posible ataque terrestre sobre Port Moresby a través de la ruta de Kokoda, el 21 de junio de 1942 se creó la llamada Maroubra Force al mando del General Basil Morris, que consistía en 3 batallones, el Papuan Infantry Battalion - formado por tropas nativas y oficiales australianos -, y dos batallones de la Milicia Australiana (39th Battalion y 53rd Battalion), y que debían de proteger la zona de Buna, mantener la aldea de Kokoda, su aeródromo y el escarpado y sinuoso sendero que conducía hacia Port Moresby.


Inicialmente, los japoneses no tuvieron muchos problemas para superar la débil oposición de las inexpertas tropas australianas. Los jóvenes reclutas australianos se enfrentaban a una fuerza de élite preparada para la guerra en la selva, el Destacamento Japonés de los Mares del Sur (Nankai Shitai) al mando del General de Brigada Tomitaro Horii, y además tenían que soportar enfermedades, infecciones y falta de alimentos. No estaban entrenados para el combate en la jungla ni contaban con un apoyo adecuado. La humedad descomponía sus ropas y el esfuerzo físico para moverse por las escarpardas montañas Owen Stanley era durísimo y agotador. La escasa visibilidad entre la vegetación suponía que a menudo la primera señal del enemigo fueran las ráfagas de disparos.


A pesar de todo, los australianos aunque se vieron obligados a retirarse, lograron retrasar a los japoneses aguantando bastante bien el tipo contra unas fuerzas que en ocasiones les superaban en una proporción de quince contra uno. Al respecto,el corresponsal de guerra George H. Johnston dijo en septiembre de 1943 "tengo la convicción de que el nombre de la ruta Kokoda va a permanecer en la memoria de los australianos como el de Gallipoli. Cada hora que pasa es una pesadilla". Una vez que se empezaron a incorporar a la batalla las unidades australianas que se habían retirado de Oriente Medio - pertenecientes a la 7ª División de Infantería -, más veteranas y experimentadas, los japoneses comenzaron a encontrar cada vez más resistencia.


Durante la campaña, las tropas australianas perdieron, recuperaron y volvieron a perder una segunda vez Kokoda. Las fuerzas japonesas, sin provisiones y confiadas en mantenerse a si mismas con los suministros capturados al enemigo, rodearon las posiciones australianas y llevaron el campo de batalla a Ioribaiwa Ridge, a unos 48 kilómetros de Port Moresby, el 16 de septiembre. Los australianos allí atrincherados tenían órdenes de resistir a toda costa, pero finalmente se vieron obligados a retirarse, siendo ocupado Ioribaiwa Ridge por las tropas niponas. Sin embargo, ese sería su máximo avance en su carrera hacia Port Moresby. Apenas sin suministros ni provisiones, los japoneses se vieron forzados a decidir entre las dos campañas y, como ya habían comprobado las desastrosas consecuencias de un segundo desembarco en Nueva Guinea, concretamente en la Batalla de la Bahía de Milne (del 25 de agosto al 7 de septiembre), se decidieron por concentrar sus esfuerzos en la campaña de Guadalcanal y las Salomón del Sur, de manera que el 26 de septiembre, en un intento por consolidar sus posiciones en Nueva Guinea oriental, dejando abandonadas a su suerte a las tropas de Horii, las cuales se vieron obligadas a comenzaron una lenta retirada a lo largo de la ruta de Kokoda, para atrincherarse en la cabeza de playa de Gona-Sanananda-Buna, en el extremo norte de la isla.


Entre tanto, las fuerzas estadounidenses - la 32ª  y 41ª Divisiones de Infantería - pudieron emprender un agotador avance alrededor del flanco izquierdo japonés, ahora desprotegido. Al mismo tiempo, aviones de transporte trasladaron fuerzas para ocupar Wanigela en la costa del noroeste, y también se transportaron por mar tropas aliadas a lo largo de la costa. Esto proporcionó a estadounidenses y australianos una enorme ventaja en número y emplazamiento, que les posibilitó tomar la iniciativa. Los japoneses, sin alimentos y acosados por la malaria, el beriberi y la disentería causada por las reservas de comida que las tropas australianas en retirada habían contaminado, tuvieron que recurrir al canibalismo. A finales de noviembre estaban encerrados en el área de la cabeza de playa de Gona-Sanananda-Buna (Batalla de Buna-Gona).


La última y definitiva ofensiva aliada contra la cabeza de playa se paralizó varias veces. El primer ataque de los australianos a Gona fue repelido y tuvieron que retroceder. En diciembre de 1942, los japoneses desembarcaron 1.300 soldados más. Los enfrentamientos más duros se desarrollaron en pantanos con agua hasta la axila y en campos donde la visibilidad terminaba a los pocos metros. A pesar de todo, los australianos tomaron Gona el 9 de diciembre. Las tropas estadounidenses, con la ayuda de divisiones blindadas, tomaron la ciudad de Buna 5 días después y Sanananda el 14 de enero de 1943, un día después de que Japón decidiera abandonar la lucha. La captura aliada de Giruwa, entre Buna y Gona, fue la última acción de una campaña en la que los australianos perdieron 5.698 soldados, entre muertos y heridos, y los estadounidenses cerca de 2.400; además, 38.000 soldados fueron evacuados por enfermedad. Los japoneses habían destinado 17.000 soldados a la campaña de Nueva Guinea oriental y sólo sobrevivieron unos 3.000.

Por si os pudiera interesar, os digo que existe una película australiana basada en los duros combates que los aussies sostuvieron en las junglas y montañas de la ruta de Kokoda, que lleva por título "Kokoda" (Kokoda: 39th Battalion) (2006). No la he visto,  así que no puedo opinar. En cualquier caso, aquí podéis ver su trailer

jueves, 29 de septiembre de 2011

El Euskera en Guadalcanal

Durante la Segunda Guerra Mundial era fundamental la comunicación entre las tropas para poder coordinar las operaciones. El problema era que el enemigo podía también escucharlas, por lo que había que inventar un método para impedir por todos los medios que el enemigo descifrase los mensajes. Aunque el ejército norteamericano contaba con sofisticadas máquinas de cifrado rotatorio que mediante complejos algoritmos matemáticos encriptaban las comunicaciones - la SIGABA, similar a la británica Typex o la alemana Enigma - en la Guerra del Pacífico, los Marines recurrieron a un método más sencillo y original: utilizar idiomas minoritarios, extraños y difíciles de comprender para así despistar a los japoneses.

Seguro que gracias a la película "Windtalkers" (2002) todos conoceis la utilización del idioma de los indios navajos, encargándose a soldados de esta tribu el transmitir y recibir las comunicaciones por radio. Pero ese no fue el único idioma utilizado en las comunicaciones de los Marines estadounidenses. También se recurrió al idioma de otras tribus nativas norteamericanas como los iroqueses, los oswego o los shaishai, pero en estos casos para entablar comunicaciones con el continente americano, en relación sobre todo al envío de convoyes navales.

Y aunque pueda parecer increíble, el euskera también fue empleado por la Marina norteamericana, concretamente durante el desembarco en Guadalcanal, el 7 de agosto de 1942. Según cuenta el catedrático y escritor Daniel Arasa en su libro "Los españoles en la guerra del Pacífico" (2001), el mexicano hijo de vizcaínos Ernesto Carranza, oficial de Transmisiones del Ejército norteamericano, propuso y consiguió que se usara el euskera como idioma para las transmisiones. La idea presentaba indudables ventajas: La primera y más evidente, la rapidez en la transmisión. Bastaba con colocar a ambos lados del hilo de comunicación a dos vascoparlantes; la segunda y más importante, la certeza de que los japoneses no descifrarían los mensajes.

La idea de emplear el lenguaje paterno surgió en el cuartel de transmisiones de San Francisco en el que Carranza estaba destinado, y adonde en mayo de 1942 llegaron miles de reclutas desde California, Nevada, Idaho, Oregón, Montana y otros estados del Oeste. A este acuartelamiento fueron a parar también alrededor de 60 hijos de vascos que habían emigrado a la floreciente norteamérica en la mayoría de los casos para trabajar como pastores. Muchos de ellos hablaban mal el castellano, tenían un regular inglés pero un buen euskera. Según Arasa, a Carranza se le ocurrió que, dado su uso minoritario, sería un buen idioma para ser empleado en las transmisiones más relevantes, siendo aceptada su propuesta por el alto mando.

Después de realizar varias pruebas con todos los idiomas elegidos se comprobó que los japoneses no entendían los mensajes por lo que, se empleó cada idioma un día distinto de la semana con la intención de despistar al enemigo. El reparto que se realizó fue: lunes, euskera; martes, oswego, miércoles, iroqués; jueves shaishai; viernes, euskera; sábado, clave 2x2, domingo, oswego. El euskera se empleó primero para los convoys de carga que navegaban por el Pacífico evitando a los aviones y submarinos nipones que tras el ataque a Pearl Harbor dominaban el mar. Vista su efectividad, se siguió usando para el desembarco en Guadalcanal. En San Diego, las órdenes eran redactadas en inglés pero se traducían al euskera para transmitirlas al jefe de la flota y al resto de almirantes.

La primera orden concreta para el asalto se remitió el 1 de agosto de 1942, "Egon arretaz, X egunari" ("atención al día X"); ese día elegido era el 7 de agosto. A ésta le siguieron otras como "Gudari-talde asko 100.000" ("las tropas japonesas ascienden a 100.000 hombres" - cifra que luego se demostró ser muy exagerada-), "lurrepaira idarrepairaindartsuak" ("poseen fuertes trincheras y fortificaciones") o "aurreta zuhaitzairi" ("atención a las copas de los árboles").

El mensaje más relevante se emitió en la madrugada del 7 de agosto de 1942, "Sagarra eragintza zazpi" ("la operación manzana comenzará a las siete"). A esa hora se había decidido desembarcar sobre el islote Tulagi y sobre Guadalcanal, una isla casi deshabitada donde los Estados Unidos, tras una dura y cruenta campaña que finalizó el 9 de febrero de 1943, obtuvo una decisiva victoria.

Por lo tanto, la lengua vasca se empleó durante la campaña de Guadalcanal para emitir diversas órdenes de combate y en las descripciones que efectuaban los aviones que sobrevolaban la isla. No obstante, y pese a reconocer su validez, los norteamericanos prefieron no utilizarlo en demasía, debido, según parece, a la existencia de una importante colonia de inmigrantes nipones en Sudamerica y el temor a que alguno pudiera poseer algún conocimiento del euskera, prefiriendo potenciar el uso de códigos basados en las lenguas indias.

jueves, 9 de junio de 2011

Salvar al Soldado Niland

Supongo que todos Vds. habrán visto la película "Salvar al Soldado Ryan". Imagino que también sabrán que el film de Steven Spielberg está inspirado en hechos reales acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial. En cualquier caso, y por si hay alguien que no conozca la historia, voy a contarla por aquí.

En la cinta, a la Compañía C del 2º Batallón de Rangers que manda el Capitán John H. Miller (Tom Hanks) se le ordena encontrar al soldado James Francis Ryan (Matt Damon), paracaidista de la 101ª División Aerotransportada, desaparecido en combate en algún lugar de Normandía, a fin de enviarlo de regreso a casa inmediatamente, ya que los 3 hermanos de Ryan han fallecido en combate con escasos día de diferencia y su madre recibirá los avisos de su fallecimiento en la misma fecha.

Pues bien, la historia se inspira en lo sucedido a los 4 hermanos Niland, originarios de Tonawanda, New York (y al menos parcialmente en otra trágica historia, la de los 5 hermanos Sullivan - a los que se cita expresamente en el film de Spielberg -, que también os contaré en esta entrada).

El Sargento Frederick Niland de la Compañía H, del 501º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101ª División Aerotransportada, fue lanzado en paracaídas el Día D - 6 de Junio de 1944 - en las inmediaciones de Carentan, luchando durante los primeros días de la Batalla de Normandía. "Fritz", como era llamado por sus compañeros, era amigo de Warren "Skip" Muck y Donald Malarkey, paracaidistas de la Compañía Easy, 506º Regimiento, de la misma división aerotransportada, soldados que aparecen en la serie de HBO, "Hermanos de Sangre" (que se basa en el libro de idéntico título escrito por Stephen Ambrosse, el cual por cierto, también recoge la historia del soldado Niland y sus hermanos, no así la serie).

"Fritz" tenía 3 hermanos, a saber:

Robert Niland, apodado "Bob the Beast", también Sargento, integraba la Compañía D del 505º Regimiento de Infantería Paracadista de la 82ª División Aerotransportada, y saltó en paracaídas cerca de St. Mere Eglise el día 6 de Junio de 1944, muriendo ese mismo día en los duros combates acaecidos en torno a Neuville au Plan. Junto con otros dos paracaidistas más, se ofreció voluntario para contener a los alemanes, mientras su compañía se retiraba de dicha localidad. Murió mientras manejaba su ametralladora, si bien, los otros dos hombres lograron salvarse.

Preston Niland, quien también luchó en el Desembarco de Normandía. Era Teniente de la 4ª División de Infantería (22º Regimiento), que desembarcó en la playa Utah. Murió en combate al día siguiente, el 7 de Junio de 1944, en la zona noroeste de dicha playa.

Por último, Edward Niland enrolado en el U.S. Army Air Forces, también con el grado de Sargento, en Mayo de 1944 desapareció en combate y fue dado por muerto al ser derribado su bombardero B-25 Mitchell en el Frente del Pacífico.

"Fritz" Niland, tras luchar con su regimiento durante los primeros días de la campaña de Normandía - siendo condecorado con una Estrella de Bronce, por destruir con granadas un nido de ametralladoras el 12 de Junio -, se acercó al cuartel general de la 82ª División Aerotransportada para ver a su hermano paracaidista Robert, se enteró no sólo de la muerte de Bob sino también de la fatal suerte de sus otros dos hermanos (el telegrama comunicando el presumible fallecimiento de Edward (el aviador) llegó al domicilio de su madre el 8 de Junio de 1944).

El capellán del 501º Regimiento de Infantería Paracaidista, Francis Sampson, tuvo conocimiento de que "Fritz" era el único superviviente de los cuatros hermanos Niland y decidió escribir una carta al alto mando para que lo enviaran de vuelta a casa. Sin embargo, "Fritz" permaneció con su regimiento en Normandía hasta que a finales del mes de Julio de 1944 fue embarcado hacia Inglaterra. Allí estuvo en la base de la división en Lamborne - llegando incluso a prepararse para dos misiones más que finalmente fueron canceladas - hasta que al final del verano de 1944 llegó la orden de enviarlo de vuelta a los EEUU. Aunque protestó contra dicho mandato - quería volver al frente y vengar la muerte de sus hermanos - finalmente fue enviado a casa donde ingresó en la Policía Militar del estado de New York, en la que prestó sus servicios hasta el final de la guerra.

Posteriormente se supo que Edward Niland estaba vivo. Había podido saltar en paracaídas sobre las junglas de Birmania, siendo capturado por los japoneses el 16 de Mayo de 1944, permaneciendo en un campo de prisioneros hasta su liberación el 4 de Mayo de 1945. Preston y Robert Niland están enterrados, uno al lado del otro, en el cementerio estadounidense de Colleville-sur-Mer, Normandía.


La historia de los 5 hermanos Sullivan es más trágica si cabe, pues ambos murieron en combate al ser hundido por un torpedo japonés el crucero ligero USS Juneau, en el que todos ellos servían. Los hermanos, originarios de Waterloo, Iowa, eran George Thomas Sullivan (27), Francis "Frank" Henry Sullivan (25), Joseph "Joe" Eugene Sullivan (23), Madison "Matt" Abel Sullivan (22) y Albert "Al" Leo Sullivan (19). Se alistaron el 3 de Enero de 1942, solicitando servir juntos. La Marina estadounidense tenía la norma de separar a los hermanos para evitar que muriesen todos en un mismo ataque, pero no era siempre cumplida.

El 13 de noviembre de 1942, durante la Batalla naval de Guadalcanal, el USS Juneau fue alcanzado por un torpedo y tuvo que retirarse de la zona. Sin embargo, fue nuevamente alcanzado, esta vez por un torpedo del submarino japonés I-26, cuando dejaba la zona de las Islas Salomón tratando de alcanzar la base de Espiritu Santo, junto con otros buques supervivientes de la batalla. El torpedo hizo impacto cerca de la santabárbara (depósito de municiones y explosivos) y el buque explotó, hundiéndose rápidamente. Aunque hubo aproximadamente 100 supervivientes del hundimiento del navío, debido al dominio japonés sobre la zona, no se les pudo rescatar hasta 8 días después por un hidroavión PBY Catalina. Sólo quedaban 10 supervivientes que contaron como Frank, Joe y Matt murieron instantáneamente en el ataque, Al se ahogó al día siguiente, y George murió a consecuencia de las privaciones (hambre, sed, cansancio...) 4 días más tarde.
Por seguridad, a fin de no revelar datos al enemigo, la Marina ocultó el hundimiento del USS Juneau (en la foto de aquí abajo) y de otros buques perdidos en la batalla. Las cartas dejaron de llegar al hogar de los hermanos y sus padres comenzaron a preocuparse. No fue hasta el 12 de Enero de 1943, cuando 3 hombres de uniforme se presentaron en casa de los Sullivan y le dijeron a su padre que tenían malas noticias sobre sus hijos. El progenitor preguntó sobre cual de ellos, y el oficial naval contestó "Lo siento. De todos ellos".

Esta historia, como decía antes, también inspira en parte el film "Salvar al Soldado Ryan". En la película, cuando al General Marshall se le cuenta lo sucedido a los hermanos Ryan, se menciona también a lo ocurrido a los 5 hermanos Sullivan, tras lo cual, el general ordena que encuentren al soldado James Ryan. Además, como ocurrió con los Sullivan, en el film la muerte de los 3 hermanos Ryan se comunica al mismo tiempo a su madre.

martes, 19 de abril de 2011

Series TV: "The Pacific" (2010)

Steven Spielberg, Tom Hanks, Gary Koetzman y la cadena de televisión HBO lo han vuelto a conseguir. Si con "Hermanos de Sangre" lograron crear un joya de la televisión, con "The Pacific" han dado de nuevo en el clavo.

He leido por la red abundantes debates sobre cual de las dos series es mejor. No pienso entrar en ese juego. No voy a andar con comparaciones, ni voy a decir cual es mejor y cual peor, ni si una es la hermana mayor y la otra la menor. Sinceramente me parece un debate bastante absurdo, a la par que inútil, ya que pese a estar ambas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial (y tener los mismos responsables y creadores), cuentan dos escenarios bélicos totalmente diferentes como son el frente Europeo y el del Pacífico, y además porque su enfoque es completamente distinto. En cualquier caso, ambas miniseries me parecen excelentes y, como no podía ser menos estando por medio la cadena HBO, totalmente imprescindibles para todo aficionado a la series de televisión de calidad.

En lugar de la amistad, el compañerismo y la épica, "The Pacific" apuesta por mostrarnos el horror y las calamidades de la guerra, el sufrimiento físico y psicológico de jóvenes normales y corrientes expuestos a la tremenda dureza de una campaña marcada fundamentalmente por dos terribles factores que se describen a la perfección en esta miniserie:

En primer lugar, los marines norteamericanos tuvieron que luchar contra un enemigo implacable, fiero e irreductible, que podía resistir en las más precarias condiciones, que por más que la situación fuera insostenible, por más que luchara en inferioridad de tropas y armamento, nunca se rendía (pues ello era visto como un deshonor), que prefería lanzarse sobre su oponente en acciones suicidas antes que claudicar y que rara vez hacía prisioneros.

Para que vosotros, amigos lectores, os hagais una idea de esto que os digo, voy a dar unos datos bastante reveladores. La práctica totalidad de la guarnición japonesa de la isla de Iwo Jima (21.000 soldados) murió durante la batalla (solamente se rindieron o fueron hechos prisioneros 216 japoneses), sufriendo los norteamericanos 6.821 muertos y 21.200 heridos; en la batalla de Peleliu de los 11.000 japoneses destacados, 10.695 resultaron muertos, causando 1.794 muertos y 8.010 heridos entre los marines norteamericanos; en Okinawa, de los 131.000 japoneses que defendían la isla (entre soldados y milicianos), murieron más de 107.000, contra 12.500 muertos o desparecidos y 38.000 heridos en combate en el bando de los E.E.U.U.

El segundo de esos factores a los que me refería antes era el luchar en un entorno, aparentemente paradisíaco, pero totalmente hostil y con unas condiciones climatológicas sumamente adversas. Junglas impenetrables, humedad y calor asfixiante, lluvias torrenciales e interminables, pantanos, lodazales, mosquitos, arañas, reptiles, ratas y enfermedades como la malaria o la disentería eran un enemigo tan poderoso, destructivo y desmoralizador como las balas y bombas japonesas, causando un importante número de bajas tanto físicas como psicológicas.

La nueva miniserie de HBO es una producción superlativa (más de 200 millones de presupuesto la contemplan) que cuenta con un nivel técnico de primer orden: una cuidada ambientación y documentación, inmejorables efectos especiales, excelente fotografía y el apoyo de una extraordinaria banda sonora. Pero también cuenta con un reparto bastante competente, unos guiones sólidos y una dirección a la altura de las circunstancias.

"The Pacific" se centra fundamentalmente en las vivencias de tres soldados de la 1ª División de Marines de los USA, Robert Leckie (James Badge Dale), Eugene Sledge (Joseph Mazzello) y John Basilone (Jon Seda) durante la campaña del Pacífico tras el ataque japonés a Pearl Harbor, desde la batalla de Guadalcanal hasta la de Okinawa, pasando por Peleliu e Iwo Jima.

Al contrario que en "Hermanos de Sangre", con un reparto más coral (que en ocasiones provocaba que te costara trabajo identificar a todos sus protagonistas), es más fácil conectar y cogerles cariño a los personajes, y al mismo tiempo se ofrece un retrato más sólido y compacto de sus 3 protagonistas, pudiendo observar su evolución a lo largo de la serie (más patente en el personaje de Sledge, al vemos pasar de la inocencia y los sueños de gloria a su completa deshumanización).

Eso si, no espereis una batalla tras otra, acción sin límite, en todos y cada uno de los 10 episodios. Tampoco en "Hermanos de Sangre" las había en todos sus episodios (pese a que muchos parece que así lo recuerden, según he podido leer por ahí): sin ir más lejos, en su primer capítulo se nos describía el entrenamiento de los paracaidistas de la 101 División Aerotransportada, sin embargo, en el primero de "The Pacific", ya nos meten de lleno en la batalla de Guadalcanal.

"The Pacific" alterna las vibrantes escenas bélicas - rodadas de manera magnífica, al más puro estilo "Salvar al Soldado Ryan", con un realismo y crudeza que sobrecoge, en particular los capítulos que discurren en Peleliu (los 3 que cuentan esta batalla son, sin duda, los mejores), Iwo Jima y Okinawa - con otras de ritmo más pausado, intimista y melodramático.

Existen capítulos carentes de toda acción bélica pero no por ello dejan de ser interesantes (y tan demoledores o más como la más sangrienta batalla), pues nos muestran los padecimientos de los marines por las inclemencias del tiempo o las enfermedades, las graves secuelas psicológicas provocadas por los duros y encarnizados combates, mostrándonos igualmente el llamado "descanso del guerrero" con historias de amor y romanticismo no carentes de interés, sino todo lo contrario.

A un servidor, "The Pacific" le ha ofrecido exactamente lo que esperaba de ella. Rigor histórico y realismo, junto con una perfecta realización técnica y ambientación. Un estremecedor relato de uno de los más terribles frentes de la Segunda Guerra Mundial que me ha sobrecogido, emocionado y horrorizado a partes iguales, y que me deja para el recuerdo algunas escenas que tardaré mucho tiempo en borrar de mi mente.

Dadle una oportunidad a "The Pacific". Seguro que no os defrauda.