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miércoles, 26 de junio de 2013

Uniformes de la 2ª Guerra Mundial (5)

¡¡Compañíaaaaaa!! ¡¡Fiiiiirmes!! ¡¡Presenteeeeen armas!! Caballeros, descansen. Aprovechando que hace escasos días le dedicaba un post al Ejército Imperial Japonés, me complace dejarles una nueva entrega de esta sección del blog en la que se da un amplio repaso a sus uniformes a lo largo de las distintas campañas en las que combatieron durante la Segunda Guerra Mundial (China, Manchuria, Filipinas, Nueva Guinea, Birmania...). ¡¡Rompan filas!!:
  














martes, 18 de junio de 2013

El Ejército Imperial Japonés

El Ejército Imperial Japonés del período de 1931 a 1945 era una combinación extraña: una fuerza moderna, bien entrenada y armada, pero imbuida de las tradiciones antiguas y cerradas de un pueblo que acababa de salir de siglos de un autoimpuesto aislamiento del mundo moderno. Las contradicciones de la sociedad japonesa se reflejaban en sus fuerzas armadas, que abrazaban cualquier avance tecnológico militar pero seguían ancladas en las costumbres de una sociedad medieval, esencialmente feudal. Estas contradicciones crearon un ejército que era un enigma para la mayoría de los observadores extranjeros, un ejército que fue fatalmente malinterpretado y menospreciado por sus enemigos en los primeros compases de la guerra, pero que al mismo tiempo fue terriblemente vulnerable a ellos en cuanto mostró sus peculiares debilidades.


La adaptabilidad, las tácticas agresivas, el valor fanático y la obediencia ciega del soldado japonés iban a dar a ese ejército una victoria tras otra durante la guerra contra China en la década de 1930 y en las ofensivas relámpago contra las fuerzas estadounidenses, holandesas, británicas y de la Commonwealth en Asia y el Pacífico en 1941-1942. Sin embargo, estas cualidades humanas no bastaron cuando se enfrentaron al poderío económico, militar e industrial y a la cultura bélica verdaderamente moderna de EE.UU. Desde la perspectiva de hoy, puede decirse que el Ejército Imperial Japonés iba ya camino de la derrota cuando empezó a conseguir sus primeras y espectaculares victorias en diciembre de 1941.


A mediados de 1942, las fuerzas armadas imperiales japonesas habían expandido enormemente el Imperio en una espectacular campaña de conquista de 6 meses. Pero casi desde el mismo momento en que cesó su avance por el Pacífico se vieron obligadas a defender sus ganancias frente a las contraofensivas aliadas, que al principio fueron lentas y débiles pero fueron ganando en potencia y confianza. Fue una defensa para la que  Japón estaba preparado en el plano táctico, no así en el estratégico. Tras unos reveses iniciales se estableció una Esfera de Defensa Nacional Absoluta que incluía Birmania, Malasia, las Indias Orientales, Nueva Guinea occidental y las islas Carolinas, Marianas y Kuriles. Durante los 3 años siguientes, los japoneses iban a defenderla con una determinación feroz que sorprendió a sus enemigos, pero con un resultado final incuestionable.


Tanto había conquistado el ejército nipón que ahora se hallaba desplegado en el extremo de unas líneas de suministro extraordinariamente largas. El sistema logístico japonés era inadecuado - e incluso primitivo - a todos los niveles, pero los planes del alto mando para defender un perímetro tan inmenso no parecieron tener esto en cuenta. Con sus fuerzas dispersas en el extremo de unas largas líneas de suministro, amenazadas cada vez más por la supremacía aérea y naval aliada, Japón careció de los medios y el material para abastecer y reforzar sus guarniciones, y los efectos de las escaseces estratégicas de todo tipo empezarían a dejarse sentir entre la población japonesa ya en 1942. El Imperio quedó abrumado por la capacidad de EE.UU. de producir cañones, carros de combate, buques y aviones, y de tripularlos. Japón por su parte carecía de la base industrial necesaria para mantener a sus desperdigadas fuerzas armadas y reemplazar las enormes pérdidas sufridas. En el último año de la guerra, la producción japonesa se vio reducida drásticamente por los bombardeos aéreos aliados. Por ejemplo, en 1940 se fabricaron 1.023 carros de combate, por sólo 94 en 1945, y de modelos totalmente obsoletos.


La disparidad entre la producción de guerra de EE.UU. y Japón queda de manifiesto en una estadística extraordinaria: por cada soldado japonés en el Pacífico había 1 kg. de material, mientras que por cada estadounidense había 4 toneladas. Otro dato: ya en 1941, la producción de aviones estadounidense era 4 veces mayor que la japonesa, una brecha que se iría ampliando de forma imparable. Sin embargo, el carácter único de la milicia japonesa le permitió desafiar esas condiciones tan negativas. Aunque sus fieras batallas defensivas no lograron otra cosa que enormes pérdidas humanas, todavía había 2 millones de soldados dispuestos a defender las islas metropolitanas de la invasión aliada cuando el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, convencieron finalmente al gobierno imperial de la futilidad de seguir resistiendo. Aún así, un grupo de oficiales planeó, sin éxito, sabotear la alocución de rendición del emperador Hirohito.


Para mediados de 1942, el Ejército Imperial Japonés se había ganado la reputación de invencible entre las conmocionadas tropas aliadas, pero en cuanto éstas empezaron a contraatacar - en Guadalcanal y Nueva Guinea - salieron a la luz las deficiencias de dicho ejército y se aprendió a explotarlas. La mayoría de los comandantes japoneses carecían de imaginación más allá de la doctrina de atacar a toda costa: cuando el ataque fallaba, tendían a repetir el intento hasta que sus tropas quedaban diezmadas. En una sociedad fuertemente jerarquizada, el cuerpo de oficiales temía quedar desacreditado si reconocía dificultades, por lo que sus informes tendían a ser optimistas en exceso. Los mandos daban órdenes, pero se tomaban pocas molestias en supervisar su ejecución.


A diferencia de los ejércitos occidentales, el japonés apenas progresó en cuanto a mecanización. Sus unidades siguieron siendo esencialmente fuerzas de infantería apoyadas por artillería media y cuyo transporte seguía dependiendo de caballos y mulas. El ejército nipón andaba escaso de artillería pesada y era incompetente en su uso, pues se ponía todo el énfasis en el apoyo inmediato a la infantería. En esto, como en el uso de los carros de combate, los Aliados le ganaron rápida y decisivamente la partida. Pese al éxito de las unidades blindadas en Malasia a principios de 1942, los tanques fueron dispersados para dar apoyo a la infantería, un poco como si fuesen fortínes móviles (cada división de infantería Tipo A - es decir, la "reforzada" -, solía tener una unidad de carros de combate). Existía poco interés en el uso independiente de masas de carros como medios medios de maniobra (de hecho la primera división acorazada no se formó hasta 1942, y durante la guerra sólo habría un total de 4). Sin embargo, se potenció un tipo de carros de combate que sacrificaban el blindaje y la potencia del armamento en aras de la liviandad y la velocidad, por lo que resultaron extremadamente vulnerables. La calidad de la mayoría del material bélico aliado mejoró sin pausa, mientras que la del japonés se mantuvo mayormente en sus niveles de la década de 1930; en el orden cuantitativo, las diferencias se hicieron enormes.


La planificación y ejecución logística fue mala desde el principio: en el invierno de 1942-43, en Nueva Guinea, decenas de miles de soldados fueron más o menos abandonados a su suerte, y no sería la última vez. Existía una fuerte rivalidad entre el Ejército y la Marina Imperial, lo que tenía unas consecuencias nefastas en unas campañas en las que la cooperación interarmas era vital. La superioridad aérea japonesa de 1941-1942 empezó a ser disputada enseguida, y luego doblegada. Frente al avance estadounidense por el Pacífico, el Alto Mando Japonés fue incapaz de formular una estrategia más prometedora que la de atrincherarse, conservar el territorio hasta el último hombre e infligir al enemigo el mayor número de bajas posibles. Para la mentalidad occidental, ello era fruto de la desesperación, pero para la japonesa, la muerte honorable por el emperador era un premio.


El Ejército Imperial Japonés poseía importantes cualidades tácticas que puso en práctica casi hasta el final. El enemigo más temible es el soldado al que no le importa morir o seguir vivo, y esta cultura permeó en todas las fuerzas imperiales. Los Aliados descubrieron que era casi imposible tomar prisioneros japoneses: "la muerte antes que la rendición" era un principio genuino y no sólo un eslogan. Cuando se quedaban sin posibilidad de seguir resistiendo, se mataban en sus pozos de tirador, sus cuevas, fortines o búnkeres, o se inmolaban en suicidas cargas banzai o arrojándose bajo los tanques con una granada. Antes de 1945, el escaso número de prisioneros hecho entre fuerzas japonesas derrotadas - sobre todo heridos, de entre los miles de muertos en el campo de batalla - no incluía ningún oficial de graduación superior a la de comandante. En consecuencia, en todos los campos de batalla, cada posición japonesa tenía que tomarse individualmente, con fuego de artillería seguido de carros, ametralladoras, cargas explosivas, lanzallamas y granadas de mano. Ello era muy costoso en vidas estadounidenses y no sorprende que, después de haber experimentado este tipo de combate, pocos infantes aliados se tomasen demasiadas molestias en hacer prisioneros japoneses.


Las posiciones de campaña que los japoneses defendían hasta la muerte solían ser numerosas, bien emplazadas y de sólida construcción. Su talento para el camuflaje era de primer orden, y su disciplina de fuego, excelente. Habían aprendido de sus errores. En Tarawa fortificaron todo el perímetro de la isla, por lo que cuando los norteamericanos desembarcaron en el lado opuesto al más esperado, una gran parte del plan defensivo se vino abajo, pues no existía un reducto central desde el que lanzar contraataques en todas direcciones. En Peleliu y en adelante se aplicó esa lección: la mayor parte de guarniciones estaban desplegadas en amplios y complejos sistemas tierra adentro formados por emplazamientos de armas, búnkeres profundos, túneles interconectados y cuevas naturales optimizadas. Aunque básicamente defensivas, las tácticas japonesas implicaban siempre contraataques inmediatos y desesperados para retomar el terreno perdido. Los soldados japoneses eran valientes, disciplinados y tenaces, y muy hábiles en la lucha nocturna, la infiltración, el engaño, las trampas y las emboscadas.


Dado el escaso valor que se daba a la vida del soldado japonés, no es extraño que éste tuviese en una estima aún menor la de los extranjeros. Entrevistas a veteranos han confirmado que era habitual que, al llegar a una unidad en el frente chino, el soldado fuese obligado a demostrar su obediencia y su espíritu matando a bayonetazos a un prisionero o campesino chino (o, si el recién llegado era un oficial, decapitándolo con su espada). Espoleados por sus mandos, estos soldados embrutecidos - producto de una sociedad que se vanagloriaba de su superioridad racial - trataron a los civiles de los territorios conquistados con una crueldad medieval. En China, la pesadilla de los ataques guerrilleros desembocó en la aplicación de la política oficial de los "tres todos": "quemadlo todo, cogedlo todo, matadlo todo". Tampoco sorprende que veteranos de China siguiesen comportándose de la misma forma cuando fueron transferidos al sur para "liberar" a otras razas asiáticas, en especial cuando las deficiencias de su sistema logístico los dejó a expensas de lo que pudiesen requisar.

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército de Kwantugn y la expansión japonesa" de Philip Jowett
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los Comandos Suicidas y otras unidades japonesas" de Philip Jowett

sábado, 12 de mayo de 2012

Cine: "Kokoda" (2006)

Mientras recopilaba información para este post sobre la campaña de la Ruta de Kokoda supe de la existencia de este film australiano basado en esta batalla de la Segunda Guerra Mundial apenas conocida, y me picó la curiosidad ver esta cinta dirigida por un tal Alister Grierson.

Pongámonos un poco en el contexto de la película. Corre el año 1942, los japoneses se encuentran en el norte de Nueva guinea y amenazan con invadir Australia, situada al sur de dicha isla. Para ello, los nipones deben capturar la vital base naval de Port Moresby cruzando la isla de norte a sur por la única ruta terrestre existente y "practicable": la pista de Kokoda, una inhóspita y escarpada senda en medio de la jungla que atraviesa la imponente cadena montañosa Owen Stanley.

Dicho sendero será objeto de duros y penosos combates entre los japoneses y un par batallones de inexpertos reclutas de la Milicia Australiana (llamados despectivamente por los soldados del AIF (2nd Australian Imperial Force) "chocos", por considerar que no eran más que soldados de chocolate que se derretirían al instante en el fragor de la batalla). Los hermanos  Jack (Jack Finsterer) y Max (Simon Stone) Sholt son dos de los componentes de una patrulla del 39º Batallón de la Milicia Australiana destinado en Kokoda, que tras un primer encuentro con los japoneses, sufre importantes pérdidas de efectivos y ve superadas sus posiciones, viéndose obligados sus supervivientes a emprender una penosa y peligrosa huida a lo largo de la espesa e inhóspita jungla, tratando de regresar a sus líneas y evitar a las patrullas niponas.


Es evidente que la película pretende ser algo así como el "Gallipoli" (1981) de la Segunda Guerra Mundial - o incluso un "Salvar al Soldado Ryan" (1998) en versión australiana -, pero lo cierto es que no le llega al film del gran Peter Weir ni a la suela de los zapatos (ni mucho menos a la película de Spielberg, por cierto). "Kokoda" es una película que se deja ver sin más, es entretenida a ratos, aburrida a otros, pero que a duras penas llega al aprobado. Ciertamente, se agradece la intención de sus responsables de rendir un homenaje a los sufridos soldados australianos que lucharon en una de las batallas mas duras y a la vez desconocidas de la Segunda Guerra Mundial, pero el resultado final es bastante discreto para una historia que pienso ofrecías muchas posibilidades y a la que tanto, director como guionistas, podían haberle sacado mucho más jugo.


Uno de los aciertos de la película es el plano visual: la fotografía capta a la perfección los distintos matices y colores, luces y sombras de los escenarios selváticos. Además, la ambientación, resulta bastante lograda y ajustada a las condiciones reales de la batalla, mostrando las armas y equipamiento reales - como los fusiles Lee Enfield o la ametralladora ligera Bren, como la que maneja el duro y adusto Darko (Travis McMahon) - y reflejando a la perfección las duras condiciones imperantes en la selva de Kokoda: las copiosas lluvias, el intenso calor y la humedad, el espeso barro, lo escarpado e impracticable de la senda, el extremo cansancio, las enfermedades (como la disentería o las enfermedades cutáneas, hongos y ulceraciones generalizadas), así como la crueldad y brutalidad de los japoneses con los prisioneros.


Otro aspecto que me gustó fue el modo en que se muestra a los soldados nipones. Apenas se les ve, son figuras emboscadas, sin rostro, camufladas, acechantes (a veces, incluso solo aparecen en cámara sus pies o sus cascos cubiertos de hojas y ramas, partes de sus cuerpos, equipación o sus armas) lo que les de un aire tenebroso y amenazante, pero también claramente deshumanizador. No sé, me recordó un poco, salvando las distancias, al modo en que Oliver Stone mostraba a los vietnamitas en la excelsa "Platoon" (1986). Ello unido a la espesura de la jungla, a sus inquietantes sonidos, al amenazador entorno en que se mueven los sufridos y exhaustos soldados australianos, crea un innegable clima de tensión y suspense, pues en cualquier momento puede acechar el peligro para los protagonistas.


Pero el principal problema de "Kokoda" (imagino que por cuestiones de presupuesto) es que apenas muestra escenas de combates y cuando las vemos, no pasan de pequeños enfrentamientos, a lo sumo escaramuzas, que además suceden en un pis-pas y prácticamente no te enteras qué o cómo han ocurrido. La batalla final, a mayor escala, tampoco es gran cosa y está rodada sin mucho despliegue de medios, lo que tampoco hace que la película remonte excesivamente el vuelo. El film concluye de manera bastante convencional con el típico discurso épico alabando el valor de los soldados australianos, los padecimientos sufridos y la importancia de la victoria obtenida sobre las fuerzas japonesas. 

En definitiva, y como digo, aunque se agradece que se haga esta aproximación cinematgráfica a un episodio semidesconocido de la Segunda Guerra Mundial, a través del cual nos hacemos una idea de lo canutas que las pasaron los australianos en Kokoda, lo cierto es que la película  no es nada del otro mundo. Una pena, porque como digo, bien llevada, la historia podía haber dado mucho más juego.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Auxiliares Extranjeros en el Ejército Japonés


La sociedad japonesa era profundamente racista y todos los gaijin o extranjeros eran considerados intrínsecamente inferiores incluso a los japoneses más modestos. El Ejército Imperial Japonés no quería emplear personal de los territorios ocupados, pero una excepción a ello fue la formación de unidades de incursión entre los Takasago, una tribu indígena amiga de las tierras altas de la Isla de Formosa (también conocida como Taiwan - la principal isla de las que componen la actual República China - que era una dependencia colonial del Imperio Japonés desde 1895), que tenían fama de ser grandes luchadores y de tener una gran capacidad de supervivencia en la selva.

Los voluntarios taiwaneses fueron entrenados en la Escuela Militar de Nakano en tácticas de infiltración, guerra de guerrillas, lucha en la jungla, demoliciones, camuflaje, etc..., y aunque inicialmente fueron asignados en unidades de transporte y apoyo, la falta de personal que comenzó a acusar el Ejército japonés conforme avanzaba la guerra, llevo al alto mando nipón a utillizarlos como unidades de combate que lucharon en las Filipinas, las Indias Orientales Holandesas, las Islas Salomón y Nueva Guinea, contra las fuerzas estadounidenses y australianas. Se estima que entre 1800 y 5000 voluntarios Takasago prestaron servicio en el Ejército Imperial Japonés.  Estas tropas taiwanesas llevaban el uniforme tropical estándar del ejército japonés sin ningún tipo de insignia especial: la única concesión a su nacionalidad era el derecho a usar la espada tribal tradicional (giyuto o espada de lealtad y coraje)


En concreto, un buen número de ellos, fueron encuadrados en las Compañías de Incursión Takasago 1ª y , con cuadros de mando japoneses, y en mayo de 1944 fueron asignadas al 2º Ejército de Área, responsable de las Indias Orientales Holandesas, con cuartel general en Menado. Luego, la 2ª Compañía fue enviada a la isla de Morotai (Nueva Guinea), para misiones de guía y lucha antiguerrilla, mientras que la 1ª Compañía quedó estacionada en la isla filipina de Luzón de camino a Nueva Guinea,  al desembarcar las fuerzas de EEUU en Leyte (Filipinas) el 20 octubre de 1944. Por una vez, la superioridad aérea estadounidense no fue determinante: las operaciones acusaron las lluvias monzónicas y el mal estado de las pistas, y los escuadrones japoneses de las otras islas filipinas disputaron valientemente el control del espacio aéreo.


El mando japonés decidió entonces usar la 1ª Compañía de Incursión Takasago para realizar un ataque aerotransportado contra los dos aeródromos de Burauen, que habían quedado en manos norteamericanas en la misma cabeza de playa, en el centro de la costa oriental de Leyte, convirtiéndose en la principal base estadounidense en la zona. Los guerrilleros de la 1ª Compañía tuvieron que recibir un rápido entrenamiento en operaciones aerotransportadas, tras el cual la unidad fue rebautizada con el nombre de Destacamento de Asalto Aerotransportado Kaoru (también conocida como Unidad Kaoru). El plan consistía en un aterrizaje por sorpresa de 4 aviones de transporte "Tabby" (Showa/Nakajima L2D) (en la imagen superior), con diez hombres en cada uno de ellos, tras el cual, los comandos taiwaneses armados con cargas de demolición, debían destruir las instalaciones y el mayor número posible de aviones enemigos.


La misión, al mando del teniente Shigeo Naka, no era esencialmente suicida, pero lo cierto es que las posibilidades de éxito eran mínimas y no existía un plan de regreso o evacuación de los guerrilleros, que debían huir tras el ataque, ocultarse en la jungla y arreglárselas por sí mismos. Aunque contaban con el elemento sorpresa de un ataque tan audaz como inesperado, casi podría decirse que el ataque en sí era la menor de las dificultades a la que los atacantes debían enfrentarse, pues los aviones tenían primero que orientarse correctamente en vuelo nocturno, localizar los aeródromos y lograr tomar tierra en ellos.

La Unidad Kaoru fue puesta en alerta el 22 de noviembre 1944, y en la noche del 26 del mismo mes los 40 guerrilleros partieron a bordo de los 4 aviones "Tabby" del campo de aviación de Lipa, al sur de Manila. El vuelo fue a muy baja altura para evitar los cazas estadounidenses, y dos horas después del despegue los pilotos informaron que estaban sobre el objetivo. Esta fue la última comunicación que se recibió de ellos. Como al día siguiente no hubo actividad de la aviación norteamericana en la Bahía de Ormoc, en la costa occidental de Leyte, donde los japoneses estaban desembarcando refuerzos, el mando nipón supuso que la misión se había completado con éxito. Sin embargo, la realidad era que el ataque había sido un completo desastre: tres los cuatro transportes erraron en sus objetivos y aterrizaron en campos distintos de los que estaban previstos, y el cuarto fue derribado.


Uno avión aterrizó en una playa junto al aeródromo de Dulag. Cuando una patrulla estadounidense se acercó, los japoneses abrieron fuego contra ellos. En el tiroteo subsiguiente resultaron muertos dos de los comandos. Los demás alcanzaron la orilla a nado y huyeron. El segundo avión aterrizó en Bito Beach, cerca del campo de Abuyog. En un enfrentamiento con soldados estadounidenses murió uno de los guerrilleros, el resto logró ocultarse en la selva. El tercer avión sí encontró los aeródromos de Burauen, pero fue alcanzado por el fuego de los antiaéreos y se estrelló sin que hubiese supervivientes. El cuarto erró su curso y aterrizó cerca de Ormoc, donde estaban desembarcando los refuerzos japoneses, uniéndose a ellos los guerrilleros taiwaneses.

No se sabe qué ocurrió con los supervivientes de los dos primeros aviones, que desaparecieron en la jungla sin dejar rastro. Es posible que continuasen combatiendo como guerrilleros por su cuenta o se uniesen a las tropas de la 16ª División, que se enfrentaba a los desembarcos enemigos entre la costa oriental y la cordillera central de la isla filipina.


Junto a los Takasago, el Ejército Imperial Japonés también empleó a un buen número de coreanos. Corea había sido anexionado por Japón en 1905, convirtiéndola en su colonia en 1910. Los coreanos eran vistos por los japoneses con un abierto desdén racial y había resistencia a emplearlos en la milicia; sin embargo, hacia 1942, la escasez de personal que las fuerzas armadas imperiales estaban empezando a sufrir llevó a reconsiderar su postura inicial con el resultado de que un total de 200.000 coreanos fueron evaluados por las oficinas de reclutamiento japonesas, dando finalmente el visto bueno a 130.000. La mayoría de ellos se usaron estrictamente en labores de apoyo y construcción, y encuadrados en unidades de obras que preparaban defensas y fortificaciones o aérodromos en las islas del Pacífico. Los coreanos sirvieron principalmente en las Unidades de Construcción e Ingeniería Civil de la Marina (Kaigun Kenchiku Shitetsu Butai) formadas por 1.000 hombres, mandadas por oficiales japoneses y con 100 vigilantes japoneses armados.

Otros coreanos fueron destinados a las islas metropolitanas, desempeñando tareas de apoyo que liberaban a reclutas japoneses para el servicio en combate. Los japoneses los consideraban más como trabajadores que como soldados y raramente les entregaron armas. Pero cuando la escasez de personal se hizo severa algunas pequeñas unidades de coreanos lucharon junto al Ejército japonés durante las últimas fases de la guerra en Nueva Guinea y Birmania.


Un caso distinto era el de los Gunzoku, unos civiles militarizados que sirvieron en las fuerzas armadas japonesas en tareas de apoyo y que llevaban sus propios uniformes e insignias. Los japoneses solían presentarse voluntarios para este tipo de trabajos, pero también se reclutó forzosamente a un gran número de coreanos. El número total de coreanos que pasaron por el Gunzoku durante la guerra fue de unos 150.000, de los cuales 80.000 sirvieron en la Marina Imperial y 70.000 en el Ejército.

Ahora bien, antes de que empezase el reclutamiento obligatorio, unos cuantos coreanos se habían presentado voluntarios, de los que aproximadamente 3.000 sirvieron como guardias en los campos de prisioneros aliados. Estos auxiliares coreanos tenían una condición extremadamente baja y eran tratados brutalmente por sus superiores japoneses (en un ejército que ya no se distinguía precisamente por la consideración hacia sus soldados). Ellos, a su vez, se ganaron entre los prisioneros aliados la reputación de ser especialmente brutales y crueles. Los guardianes de campos estaban considerados por debajo del nivel más bajo del escalafón militar, y había unidades de coreanos mandadas por suboficiales (hubo incluso algún campo de prisioneros en el que los guardias coreanos estaban a las órdenes de un cabo).


Fuentes:
http://nonsei2gm.blogspot.com/2011/04/el-destacamento-kaoru-y-el-ataque.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Takasago_Volunteers
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los comandos suicidas y otras unidades japonesas" de Philip Jowet

lunes, 27 de febrero de 2012

La Ruta de Kokoda


Al principio, la campaña de Guadalcanal estaba separada de otra simultánea que se libraba en el este en Nueva Guinea. Como parte de su estrategia general en el Pacífico, los japoneses tenían intenciones de llegar por mar para tomar Port Moresby, base aliada en la costa sur de Nueva Guinea Oriental, a partir de la cual, podrían alcanzar la mayor parte de Australia nororiental y controlar un ruta importante entre los océanos Pacífico e Índico. El primer intento de capturar Port Moresby mediante una invasión anfibia fue frustrado en la Batalla del Mar del Coral en mayo de 1942.


Tras la derrota nipona en la Batalla de Midway, con la pérdida de 4 portaaviones, las futuras posibilidades de nuevas operaciones navales y anfibias en el Pacífico Sur se vieron gravemente trastocadas y los planes japoneses cambiaron. El 22 de julio de 1942, los japoneses desembarcaron en la costa norte de Nueva Guinea y se hicieron con Gona y Buna. Su intención era seguir avanzando por tierra hacia Port Moresby por la ruta de Kokoda (the Kokoda track) en la creencia de que se trataba de una carretera de grava. En realidad, eran 160 kilómetros de sendero por la selva que atravesaba la imponente cadena montañosa de Owen Stanley. Durante la mayor parte de su recorrido era tan estrecha y escarpada que las tropas no podían caminar ni en filas de a dos.


Para hacer frente a un posible ataque terrestre sobre Port Moresby a través de la ruta de Kokoda, el 21 de junio de 1942 se creó la llamada Maroubra Force al mando del General Basil Morris, que consistía en 3 batallones, el Papuan Infantry Battalion - formado por tropas nativas y oficiales australianos -, y dos batallones de la Milicia Australiana (39th Battalion y 53rd Battalion), y que debían de proteger la zona de Buna, mantener la aldea de Kokoda, su aeródromo y el escarpado y sinuoso sendero que conducía hacia Port Moresby.


Inicialmente, los japoneses no tuvieron muchos problemas para superar la débil oposición de las inexpertas tropas australianas. Los jóvenes reclutas australianos se enfrentaban a una fuerza de élite preparada para la guerra en la selva, el Destacamento Japonés de los Mares del Sur (Nankai Shitai) al mando del General de Brigada Tomitaro Horii, y además tenían que soportar enfermedades, infecciones y falta de alimentos. No estaban entrenados para el combate en la jungla ni contaban con un apoyo adecuado. La humedad descomponía sus ropas y el esfuerzo físico para moverse por las escarpardas montañas Owen Stanley era durísimo y agotador. La escasa visibilidad entre la vegetación suponía que a menudo la primera señal del enemigo fueran las ráfagas de disparos.


A pesar de todo, los australianos aunque se vieron obligados a retirarse, lograron retrasar a los japoneses aguantando bastante bien el tipo contra unas fuerzas que en ocasiones les superaban en una proporción de quince contra uno. Al respecto,el corresponsal de guerra George H. Johnston dijo en septiembre de 1943 "tengo la convicción de que el nombre de la ruta Kokoda va a permanecer en la memoria de los australianos como el de Gallipoli. Cada hora que pasa es una pesadilla". Una vez que se empezaron a incorporar a la batalla las unidades australianas que se habían retirado de Oriente Medio - pertenecientes a la 7ª División de Infantería -, más veteranas y experimentadas, los japoneses comenzaron a encontrar cada vez más resistencia.


Durante la campaña, las tropas australianas perdieron, recuperaron y volvieron a perder una segunda vez Kokoda. Las fuerzas japonesas, sin provisiones y confiadas en mantenerse a si mismas con los suministros capturados al enemigo, rodearon las posiciones australianas y llevaron el campo de batalla a Ioribaiwa Ridge, a unos 48 kilómetros de Port Moresby, el 16 de septiembre. Los australianos allí atrincherados tenían órdenes de resistir a toda costa, pero finalmente se vieron obligados a retirarse, siendo ocupado Ioribaiwa Ridge por las tropas niponas. Sin embargo, ese sería su máximo avance en su carrera hacia Port Moresby. Apenas sin suministros ni provisiones, los japoneses se vieron forzados a decidir entre las dos campañas y, como ya habían comprobado las desastrosas consecuencias de un segundo desembarco en Nueva Guinea, concretamente en la Batalla de la Bahía de Milne (del 25 de agosto al 7 de septiembre), se decidieron por concentrar sus esfuerzos en la campaña de Guadalcanal y las Salomón del Sur, de manera que el 26 de septiembre, en un intento por consolidar sus posiciones en Nueva Guinea oriental, dejando abandonadas a su suerte a las tropas de Horii, las cuales se vieron obligadas a comenzaron una lenta retirada a lo largo de la ruta de Kokoda, para atrincherarse en la cabeza de playa de Gona-Sanananda-Buna, en el extremo norte de la isla.


Entre tanto, las fuerzas estadounidenses - la 32ª  y 41ª Divisiones de Infantería - pudieron emprender un agotador avance alrededor del flanco izquierdo japonés, ahora desprotegido. Al mismo tiempo, aviones de transporte trasladaron fuerzas para ocupar Wanigela en la costa del noroeste, y también se transportaron por mar tropas aliadas a lo largo de la costa. Esto proporcionó a estadounidenses y australianos una enorme ventaja en número y emplazamiento, que les posibilitó tomar la iniciativa. Los japoneses, sin alimentos y acosados por la malaria, el beriberi y la disentería causada por las reservas de comida que las tropas australianas en retirada habían contaminado, tuvieron que recurrir al canibalismo. A finales de noviembre estaban encerrados en el área de la cabeza de playa de Gona-Sanananda-Buna (Batalla de Buna-Gona).


La última y definitiva ofensiva aliada contra la cabeza de playa se paralizó varias veces. El primer ataque de los australianos a Gona fue repelido y tuvieron que retroceder. En diciembre de 1942, los japoneses desembarcaron 1.300 soldados más. Los enfrentamientos más duros se desarrollaron en pantanos con agua hasta la axila y en campos donde la visibilidad terminaba a los pocos metros. A pesar de todo, los australianos tomaron Gona el 9 de diciembre. Las tropas estadounidenses, con la ayuda de divisiones blindadas, tomaron la ciudad de Buna 5 días después y Sanananda el 14 de enero de 1943, un día después de que Japón decidiera abandonar la lucha. La captura aliada de Giruwa, entre Buna y Gona, fue la última acción de una campaña en la que los australianos perdieron 5.698 soldados, entre muertos y heridos, y los estadounidenses cerca de 2.400; además, 38.000 soldados fueron evacuados por enfermedad. Los japoneses habían destinado 17.000 soldados a la campaña de Nueva Guinea oriental y sólo sobrevivieron unos 3.000.

Por si os pudiera interesar, os digo que existe una película australiana basada en los duros combates que los aussies sostuvieron en las junglas y montañas de la ruta de Kokoda, que lleva por título "Kokoda" (Kokoda: 39th Battalion) (2006). No la he visto,  así que no puedo opinar. En cualquier caso, aquí podéis ver su trailer