¡¡Compañíaaaaaa!! ¡¡Fiiiiirmes!! ¡¡Presenteeeeen armas!! Caballeros, descansen. Aprovechando que hace escasos días le dedicaba un post al Ejército Imperial Japonés, me complace dejarles una nueva entrega de esta sección del blog en la que se da un amplio repaso a sus uniformes a lo largo de las distintas campañas en las que combatieron durante la Segunda Guerra Mundial (China, Manchuria, Filipinas, Nueva Guinea, Birmania...). ¡¡Rompan filas!!:
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miércoles, 26 de junio de 2013
martes, 18 de junio de 2013
El Ejército Imperial Japonés
El Ejército Imperial Japonés del período de 1931 a 1945 era una combinación extraña: una fuerza moderna, bien entrenada y armada, pero imbuida de las tradiciones antiguas y cerradas de un pueblo que acababa de salir de siglos de un autoimpuesto aislamiento del mundo moderno. Las contradicciones de la sociedad japonesa se reflejaban en sus fuerzas armadas, que abrazaban cualquier avance tecnológico militar pero seguían ancladas en las costumbres de una sociedad medieval, esencialmente feudal. Estas contradicciones crearon un ejército que era un enigma para la mayoría de los observadores extranjeros, un ejército que fue fatalmente malinterpretado y menospreciado por sus enemigos en los primeros compases de la guerra, pero que al mismo tiempo fue terriblemente vulnerable a ellos en cuanto mostró sus peculiares debilidades.
La adaptabilidad, las tácticas agresivas, el valor fanático y la obediencia ciega del soldado japonés iban a dar a ese ejército una victoria tras otra durante la guerra contra China en la década de 1930 y en las ofensivas relámpago contra las fuerzas estadounidenses, holandesas, británicas y de la Commonwealth en Asia y el Pacífico en 1941-1942. Sin embargo, estas cualidades humanas no bastaron cuando se enfrentaron al poderío económico, militar e industrial y a la cultura bélica verdaderamente moderna de EE.UU. Desde la perspectiva de hoy, puede decirse que el Ejército Imperial Japonés iba ya camino de la derrota cuando empezó a conseguir sus primeras y espectaculares victorias en diciembre de 1941.
A mediados de 1942, las fuerzas armadas imperiales japonesas habían expandido enormemente el Imperio en una espectacular campaña de conquista de 6 meses. Pero casi desde el mismo momento en que cesó su avance por el Pacífico se vieron obligadas a defender sus ganancias frente a las contraofensivas aliadas, que al principio fueron lentas y débiles pero fueron ganando en potencia y confianza. Fue una defensa para la que Japón estaba preparado en el plano táctico, no así en el estratégico. Tras unos reveses iniciales se estableció una Esfera de Defensa Nacional Absoluta que incluía Birmania, Malasia, las Indias Orientales, Nueva Guinea occidental y las islas Carolinas, Marianas y Kuriles. Durante los 3 años siguientes, los japoneses iban a defenderla con una determinación feroz que sorprendió a sus enemigos, pero con un resultado final incuestionable.
Tanto había conquistado el ejército nipón que ahora se hallaba desplegado en el extremo de unas líneas de suministro extraordinariamente largas. El sistema logístico japonés era inadecuado - e incluso primitivo - a todos los niveles, pero los planes del alto mando para defender un perímetro tan inmenso no parecieron tener esto en cuenta. Con sus fuerzas dispersas en el extremo de unas largas líneas de suministro, amenazadas cada vez más por la supremacía aérea y naval aliada, Japón careció de los medios y el material para abastecer y reforzar sus guarniciones, y los efectos de las escaseces estratégicas de todo tipo empezarían a dejarse sentir entre la población japonesa ya en 1942. El Imperio quedó abrumado por la capacidad de EE.UU. de producir cañones, carros de combate, buques y aviones, y de tripularlos. Japón por su parte carecía de la base industrial necesaria para mantener a sus desperdigadas fuerzas armadas y reemplazar las enormes pérdidas sufridas. En el último año de la guerra, la producción japonesa se vio reducida drásticamente por los bombardeos aéreos aliados. Por ejemplo, en 1940 se fabricaron 1.023 carros de combate, por sólo 94 en 1945, y de modelos totalmente obsoletos.
La disparidad entre la producción de guerra de EE.UU. y Japón queda de manifiesto en una estadística extraordinaria: por cada soldado japonés en el Pacífico había 1 kg. de material, mientras que por cada estadounidense había 4 toneladas. Otro dato: ya en 1941, la producción de aviones estadounidense era 4 veces mayor que la japonesa, una brecha que se iría ampliando de forma imparable. Sin embargo, el carácter único de la milicia japonesa le permitió desafiar esas condiciones tan negativas. Aunque sus fieras batallas defensivas no lograron otra cosa que enormes pérdidas humanas, todavía había 2 millones de soldados dispuestos a defender las islas metropolitanas de la invasión aliada cuando el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, convencieron finalmente al gobierno imperial de la futilidad de seguir resistiendo. Aún así, un grupo de oficiales planeó, sin éxito, sabotear la alocución de rendición del emperador Hirohito.
Para mediados de 1942, el Ejército Imperial Japonés se había ganado la reputación de invencible entre las conmocionadas tropas aliadas, pero en cuanto éstas empezaron a contraatacar - en Guadalcanal y Nueva Guinea - salieron a la luz las deficiencias de dicho ejército y se aprendió a explotarlas. La mayoría de los comandantes japoneses carecían de imaginación más allá de la doctrina de atacar a toda costa: cuando el ataque fallaba, tendían a repetir el intento hasta que sus tropas quedaban diezmadas. En una sociedad fuertemente jerarquizada, el cuerpo de oficiales temía quedar desacreditado si reconocía dificultades, por lo que sus informes tendían a ser optimistas en exceso. Los mandos daban órdenes, pero se tomaban pocas molestias en supervisar su ejecución.
A diferencia de los ejércitos occidentales, el japonés apenas progresó en cuanto a mecanización. Sus unidades siguieron siendo esencialmente fuerzas de infantería apoyadas por artillería media y cuyo transporte seguía dependiendo de caballos y mulas. El ejército nipón andaba escaso de artillería pesada y era incompetente en su uso, pues se ponía todo el énfasis en el apoyo inmediato a la infantería. En esto, como en el uso de los carros de combate, los Aliados le ganaron rápida y decisivamente la partida. Pese al éxito de las unidades blindadas en Malasia a principios de 1942, los tanques fueron dispersados para dar apoyo a la infantería, un poco como si fuesen fortínes móviles (cada división de infantería Tipo A - es decir, la "reforzada" -, solía tener una unidad de carros de combate). Existía poco interés en el uso independiente de masas de carros como medios medios de maniobra (de hecho la primera división acorazada no se formó hasta 1942, y durante la guerra sólo habría un total de 4). Sin embargo, se potenció un tipo de carros de combate que sacrificaban el blindaje y la potencia del armamento en aras de la liviandad y la velocidad, por lo que resultaron extremadamente vulnerables. La calidad de la mayoría del material bélico aliado mejoró sin pausa, mientras que la del japonés se mantuvo mayormente en sus niveles de la década de 1930; en el orden cuantitativo, las diferencias se hicieron enormes.
La planificación y ejecución logística fue mala desde el principio: en el invierno de 1942-43, en Nueva Guinea, decenas de miles de soldados fueron más o menos abandonados a su suerte, y no sería la última vez. Existía una fuerte rivalidad entre el Ejército y la Marina Imperial, lo que tenía unas consecuencias nefastas en unas campañas en las que la cooperación interarmas era vital. La superioridad aérea japonesa de 1941-1942 empezó a ser disputada enseguida, y luego doblegada. Frente al avance estadounidense por el Pacífico, el Alto Mando Japonés fue incapaz de formular una estrategia más prometedora que la de atrincherarse, conservar el territorio hasta el último hombre e infligir al enemigo el mayor número de bajas posibles. Para la mentalidad occidental, ello era fruto de la desesperación, pero para la japonesa, la muerte honorable por el emperador era un premio.
El Ejército Imperial Japonés poseía importantes cualidades tácticas que puso en práctica casi hasta el final. El enemigo más temible es el soldado al que no le importa morir o seguir vivo, y esta cultura permeó en todas las fuerzas imperiales. Los Aliados descubrieron que era casi imposible tomar prisioneros japoneses: "la muerte antes que la rendición" era un principio genuino y no sólo un eslogan. Cuando se quedaban sin posibilidad de seguir resistiendo, se mataban en sus pozos de tirador, sus cuevas, fortines o búnkeres, o se inmolaban en suicidas cargas banzai o arrojándose bajo los tanques con una granada. Antes de 1945, el escaso número de prisioneros hecho entre fuerzas japonesas derrotadas - sobre todo heridos, de entre los miles de muertos en el campo de batalla - no incluía ningún oficial de graduación superior a la de comandante. En consecuencia, en todos los campos de batalla, cada posición japonesa tenía que tomarse individualmente, con fuego de artillería seguido de carros, ametralladoras, cargas explosivas, lanzallamas y granadas de mano. Ello era muy costoso en vidas estadounidenses y no sorprende que, después de haber experimentado este tipo de combate, pocos infantes aliados se tomasen demasiadas molestias en hacer prisioneros japoneses.
Las posiciones de campaña que los japoneses defendían hasta la muerte solían ser numerosas, bien emplazadas y de sólida construcción. Su talento para el camuflaje era de primer orden, y su disciplina de fuego, excelente. Habían aprendido de sus errores. En Tarawa fortificaron todo el perímetro de la isla, por lo que cuando los norteamericanos desembarcaron en el lado opuesto al más esperado, una gran parte del plan defensivo se vino abajo, pues no existía un reducto central desde el que lanzar contraataques en todas direcciones. En Peleliu y en adelante se aplicó esa lección: la mayor parte de guarniciones estaban desplegadas en amplios y complejos sistemas tierra adentro formados por emplazamientos de armas, búnkeres profundos, túneles interconectados y cuevas naturales optimizadas. Aunque básicamente defensivas, las tácticas japonesas implicaban siempre contraataques inmediatos y desesperados para retomar el terreno perdido. Los soldados japoneses eran valientes, disciplinados y tenaces, y muy hábiles en la lucha nocturna, la infiltración, el engaño, las trampas y las emboscadas.
Dado el escaso valor que se daba a la vida del soldado japonés, no es extraño que éste tuviese en una estima aún menor la de los extranjeros. Entrevistas a veteranos han confirmado que era habitual que, al llegar a una unidad en el frente chino, el soldado fuese obligado a demostrar su obediencia y su espíritu matando a bayonetazos a un prisionero o campesino chino (o, si el recién llegado era un oficial, decapitándolo con su espada). Espoleados por sus mandos, estos soldados embrutecidos - producto de una sociedad que se vanagloriaba de su superioridad racial - trataron a los civiles de los territorios conquistados con una crueldad medieval. En China, la pesadilla de los ataques guerrilleros desembocó en la aplicación de la política oficial de los "tres todos": "quemadlo todo, cogedlo todo, matadlo todo". Tampoco sorprende que veteranos de China siguiesen comportándose de la misma forma cuando fueron transferidos al sur para "liberar" a otras razas asiáticas, en especial cuando las deficiencias de su sistema logístico los dejó a expensas de lo que pudiesen requisar.
Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército de Kwantugn y la expansión japonesa" de Philip Jowett
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los Comandos Suicidas y otras unidades japonesas" de Philip Jowett
Dado el escaso valor que se daba a la vida del soldado japonés, no es extraño que éste tuviese en una estima aún menor la de los extranjeros. Entrevistas a veteranos han confirmado que era habitual que, al llegar a una unidad en el frente chino, el soldado fuese obligado a demostrar su obediencia y su espíritu matando a bayonetazos a un prisionero o campesino chino (o, si el recién llegado era un oficial, decapitándolo con su espada). Espoleados por sus mandos, estos soldados embrutecidos - producto de una sociedad que se vanagloriaba de su superioridad racial - trataron a los civiles de los territorios conquistados con una crueldad medieval. En China, la pesadilla de los ataques guerrilleros desembocó en la aplicación de la política oficial de los "tres todos": "quemadlo todo, cogedlo todo, matadlo todo". Tampoco sorprende que veteranos de China siguiesen comportándose de la misma forma cuando fueron transferidos al sur para "liberar" a otras razas asiáticas, en especial cuando las deficiencias de su sistema logístico los dejó a expensas de lo que pudiesen requisar.
Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército de Kwantugn y la expansión japonesa" de Philip Jowett
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los Comandos Suicidas y otras unidades japonesas" de Philip Jowett
viernes, 3 de mayo de 2013
Los Chindits
El general de brigada Orde Wingate, fue el cerebro que estuvo detrás del concepto de inserción tras las líneas enemigas de fuerzas de penetración de largo alcance - que serían conocidos con el nombre de "Chindits" - continuamente reabastecidas desde el aire, para que se dedicaran a atacar las líneas de suministros y las comunicaciones enemigas en su retaguardia. Era una audaz respuesta a las habituales tácticas japonesas de amenazar las líneas de comunicación aliadas y atacar sus escalones de retaguardia para obligar a las tropas de primera línea a defender sus espaldas. Los factores principales debían ser la gran movilidad, para conservar el factor sorpresa, golpeando donde menos se esperaba, para desvanecerse después en la jungla, y el lanzamiento en paracaídas de suministros sobre posiciones indicadas por radio a los aviones por equipos de señaleros especialistas de la RAF que acompañarían a los grupos de penetración. De esa forma, los incursores carecerían de cualquier línea de comunicación que pudiera ser cortada por el enemigo; su empleo como parte de una ofensiva coordinada más amplia podía quebrantar la retaguardia japonesa y forzarlos a resituar sus tropas, en beneficio del plan general aliado.
Wingate (en la imagen bajo este párrafo) era un muy imaginativo aunque algo neurótico oficial de 38 años que se había dedicado a la guerra no convencional. Antony Beevor lo describe en su obra, "La Segunda Guerra Mundial" (2012) como un "cristiano fundamentalista y visionario ascético al que el general Slim comparaba con Pedro el Ermitaño", pero "no era un charlatán. Es harto probable que fuera un maníaco depresivo, y había intentado suicidarse cortándose el cuello. No era fácil relacionarse con él. Trataba a sus hombres con dureza; de hecho, no sentía misericordia ni siquiera con los heridos, pero era igual de severo consigo mismo. Era un tipo barbudo y desaliñado, que llevaba siempre un salacot que parecía demasiado grande para él. Evidentemente, su imagen no correspondía a la de un alto oficial británico de artillería. Se paseaba desnudo, comía cebollas crudas, filtraba té con sus calcetines y a veces llevaba un despertador colgado de una cuerda alrededor del cuello. Se había ganado la fama de ser todo un maestro de la guerra no convencional, especialmente tras haber organizado en Palestina "escuadrones nocturnos especiales" formados por judíos para responder a las agresiones de los árabes, y por su manerar de liderar la Fuerza Gedeón en Etiopía."
Churchill siempre había recibido con agrado cualquier idea no convencional, y parecía que Wingate iba a ofrecer una solución para salir de la situación de estancamiento en la que se encontraba el norte de Birmania. La idea de Wingate fue tomando forma ya durante la retirada de Birmania, y el general Archibald Wavell, comandante en jefe del ejército británico en el frente asiático, lo aceptó rápidamente en principio, aunque en aquellos momentos resultaba imposible dedicar tropas a una gran ofensiva. Wingate estaba convencido de que una brigada de penetración de largo alcance (77ª Brigada de Infantería India) sería capaz de conseguir valiosos resultados incluso operando por su cuenta: podría causar daños, recoger información, entrar en contacto con colaboradores birmanos y probar el equipamiento y los métodos para misiones posteriores. Si la operación resultaba un éxito podría además proporcionar un estímulo para la moral en un momento desalentador en que había enormes dificultades para una ofensiva general y la iniciativa parecía haber sido dejada en manos de los nipones.
En julio de 1942, la brigada (que no era una fuerza escogida ni de voluntarios, sino una unidad de infantería común) se entrenó en la jungla, y se ordenó el lanzamiento de su primera operación en febrero de 1943. Para caracterizar a su fuerza, Wingate escogió como insignia, a sugerencia de un oficial birmano, un "chindé", el mítico león cuya imágenes guardan los templos birmanos, pero se equivocó durante una entrevista y deformó accidentalmente el nombre convirtiéndolo en "Chindit", que fue finalmente el nombre con el que se conoció a sus unidades, probablemente porque era más fácil de pronunciar.
Churchill siempre había recibido con agrado cualquier idea no convencional, y parecía que Wingate iba a ofrecer una solución para salir de la situación de estancamiento en la que se encontraba el norte de Birmania. La idea de Wingate fue tomando forma ya durante la retirada de Birmania, y el general Archibald Wavell, comandante en jefe del ejército británico en el frente asiático, lo aceptó rápidamente en principio, aunque en aquellos momentos resultaba imposible dedicar tropas a una gran ofensiva. Wingate estaba convencido de que una brigada de penetración de largo alcance (77ª Brigada de Infantería India) sería capaz de conseguir valiosos resultados incluso operando por su cuenta: podría causar daños, recoger información, entrar en contacto con colaboradores birmanos y probar el equipamiento y los métodos para misiones posteriores. Si la operación resultaba un éxito podría además proporcionar un estímulo para la moral en un momento desalentador en que había enormes dificultades para una ofensiva general y la iniciativa parecía haber sido dejada en manos de los nipones.
En julio de 1942, la brigada (que no era una fuerza escogida ni de voluntarios, sino una unidad de infantería común) se entrenó en la jungla, y se ordenó el lanzamiento de su primera operación en febrero de 1943. Para caracterizar a su fuerza, Wingate escogió como insignia, a sugerencia de un oficial birmano, un "chindé", el mítico león cuya imágenes guardan los templos birmanos, pero se equivocó durante una entrevista y deformó accidentalmente el nombre convirtiéndolo en "Chindit", que fue finalmente el nombre con el que se conoció a sus unidades, probablemente porque era más fácil de pronunciar.
Para la primera misión "Chindit", bautizada en código como Operación "Longcloth", la 77ª Brigada de Infantería India estaba formada por el 13er Batallón del King's Regiment, el 3er Batallón del 2º Regimento de Fusileros Gurkhas, tropas locales del 2º Batallón del Burma Rifles Regiment y la 142ª Compañía de Commandos. Se abandonó la estructura ordinaria de una brigada, estando repartidas las unidades en 8 columnas independientes numeradas, cada una con 4 secciones de infantería y una de apoyo. Cada columna llevaba 4 cañones contracarro, 2 ametralladoras medias, dos cañones antiaéreos y 9 ametralladoras ligeras; las armas pesadas, las radios y los suministros eran transportados por un millar de mulas, que podían convertirse en fuente de alimentos de emergencia una vez se usara la carga que transportaban. Cada hombre transportaba más de 30 kg de equipo, proporcionalmente más que las mulas. El peso se soportaba gracias a los arneses Everest (una estructura metálica como la de una mochila pero sin bolsa) e incluía las raciones para 7 días, un machete (o cuchillo kukri para los gurkhas), el fusil, munición, granadas, capa/tela para el suelo, camisa y pantalones de recambio, 4 pares de calcetines, pasamontañas para las noches frías, cuchillo, zapatillas de tenis, equipo de aseo y afeitado, cordones de recambio, menaje, cantimplora y la bolsa de agua chagil.
Los objetivos para la "Operación Longcloth" implicaban varias líneas de suministro ferroviario principales en 3 situaciones separadas, siendo los puentes y desfiladeros los blancos principales. Para lograrlo, las columnas de la brigada se dividieron en dos grupo: el grupo Norte, con 2.200 hombres en 5 columnas, y el grupo Sur, con unos 1.000 efectivos en 2 columnas, con los fusileros birmanos repartidos en secciones de reconocimiento para cada columna, proporcionando la 142ª Compañia de Commandos los equipos de demolición y un equipo de radio de la RAF por cada columna. El propio Orde Wingate marcharía con el grupo Norte, cruzando el río Chindwin en Tonhe entre el 14 y el 15 de febrero de 1943 y moviéndose al este vía Pinbon para cortar el ferrocarril entre Bongyaung y Nankan. El grupo Sur, bajo el mando del teniente coronel Alexander, cruzaría el Chindwin unos 60 kms más abajo en Auktang y marcharía por Thaiktaw para volar el ferrocarril en Kyaikthin.
Estos objetivos se consiguieron el 5 de marzo; se solicitaron y recibieron con éxito suministros aéreos y las bajas fueron leves en los primeros encuentros con el enemigo, cuyos batallones de búsqueda se sintieron confusos inicialmente por la falta de líneas de retaguardia que apoyaran a la misteriosa fuerza. Avanzando más al este, ambos grupos usaron luego embarcaciones nativas para cruzar el río Irawadi (que tenía más de un kilómetro y medio de ancho en algunas zonas), con la intención de volar la carretera Mandalay-Lashio en el desfiladero de Gokteik. Pero el contacto por radio resultaba cada vez más difícil, al igual que la localización de las provisiones y pertrechos lanzados en paracaídas, pues dos divisiones japonesas las hostigaban constantemente obligándolas a mantenerse en continuo movimiento. Las dificultades se multiplicaron: debido a la falta de alimentos, los hombres de Wingate empezaron a sacrificar las mulas para comerlas, lo que comportó el abandono de buena parte de su equipamiento. Las columnas "Chindit" no tardaron en emprender la retirada sin haber podido cortar la carretera que unía Mandalay y Lashio.
Hasta entonces las bajas habían sido de menos de un 5%, pero la retirada fue una experiencia terrible. Emboscado por los japoneses en el río Irawadi, Wingate ordenó a las columnas que se dispersaran y se abrieran camino por su cuenta de regreso a las líneas británicas, a 400 km de distancia incluso en línea recta, pero a través de dos grandes ríos y uno de los territorios montañosos más agotadores del mundo. Se aplicó rígidamente la disciplina: algunos hombres fueron castigados con azotes, y se llevaron a cabo incluso una cuantas ejecuciones. Un gran número de heridos y enfermos tuvo que quedarse atrás. Hambrientos, enfermos, exhaustos, tras haber perdido la mayoría de los animales de carga y bajo la constante amenaza de ataques, hasta finales de abril no consiguieron poner pie en la orilla occidental del Chindwin los últimos demacrados soldados "Chindit", después de haber caminado entre 1.200 y 1.600 kms. De los 3.000 hombres que partieron sólo 2.182 regresaron, y de éstos, unos 600 fueron declarados inútiles para cualquier servicio posterior.
Hasta entonces las bajas habían sido de menos de un 5%, pero la retirada fue una experiencia terrible. Emboscado por los japoneses en el río Irawadi, Wingate ordenó a las columnas que se dispersaran y se abrieran camino por su cuenta de regreso a las líneas británicas, a 400 km de distancia incluso en línea recta, pero a través de dos grandes ríos y uno de los territorios montañosos más agotadores del mundo. Se aplicó rígidamente la disciplina: algunos hombres fueron castigados con azotes, y se llevaron a cabo incluso una cuantas ejecuciones. Un gran número de heridos y enfermos tuvo que quedarse atrás. Hambrientos, enfermos, exhaustos, tras haber perdido la mayoría de los animales de carga y bajo la constante amenaza de ataques, hasta finales de abril no consiguieron poner pie en la orilla occidental del Chindwin los últimos demacrados soldados "Chindit", después de haber caminado entre 1.200 y 1.600 kms. De los 3.000 hombres que partieron sólo 2.182 regresaron, y de éstos, unos 600 fueron declarados inútiles para cualquier servicio posterior.
El valor de Longcloth fue cuestionado: no había conseguido nada de importancia estratégica, dado que la ausencia de operaciones importantes simultáneas implicó que la desorganización de los repliegues japoneses no aportó mayor beneficio general. Sin embargo, había sido un importante golpe propagandístico que elevó la moral en el Reino Unido y entre las fuerzas del Extremo Oriente. Quizá lo más importante fuera que ayudó a disipar la paralizante imagen de invencibilidad de la que había disfrutado el soldado japonés desde principios de 1942, demostrando que el Ejército Británico podía golpear profundamente en su retaguardia y sobrevivir. Las técnicas de penetración profunda, movimiento en la jungla y reabastecimiento desde el aire habían superado una valiosa prueba. Con ella se aprendieron lecciones importantes, sobre todo la necesidad de despejar debidamente las zonas de lanzamiento y de nivelar las pistas de aterrizaje en la jungla. Cuando los Aliados estuvieran en posición de ofrecer suficientes medios de transporte y cobertura de los cazas, ese tipo de operaciones tendría su recompensa. Pero la primera penetración a gran escala tras la líneas enemigas tuvo una consecuencia mucho más importante. Provocó que los japoneses prepararan una gran ofensiva para la primavera de 1944, ofensiva que daría lugar a las batallas decisivas de la campaña de Birmania.
Tanto Churchill como Roosevelt quedaron impresionados con los logros de los incursores y Wingate obtuvo el permiso para una segunda expedición a primeros de 1944, como parte de la Operación "Thursday". En ella estarían implicadas no sólo una "Fuerza Especial Chindit" de mayor envergadura, la mayoría desembarcada desde el aire, sino también unos 3.000 soldados estadounidenses de la 5307ª Unidad Combinada (más conocidos como "Merrill's Marauders" ("Merodeadores de Merrill"), la única unidad de combate norteamericana en Birmania), que operarían con independencia de los "Chindits" en apoyo de las fuerzas chinas del general norteamericano Joseph "Vinegar Joe" Stilwell (en la imagen superior). A los "Chindits" les prestaría apoyo aéreo el 1er Comando Aéreo de la USAAF.
Esta vez la intención no era efectuar una incursión y retirarse, sino establecerse a caballo de las líneas de comunicación enemigas sobre una amplia zona de la retaguardia japonesa entre Indaw y Myitkyina, y combatir para permanecer allí, como parte de un plan general para paralizar la respuesta de la 18ª División de Infantería Japonesa a la ofensiva principal de los chinos de Stilwell en el norte. Algunas unidades marcharían a campo través mientras que otras volarían en planeadores para abrir pistas con el fin de que los aviones de transporte descargaran refuerzos y equipamiento pesado. Allí se establecerían fortalezas con suficiente guarnición para rechazar los ataques japoneses que se suponía que atraerían; mientras tanto, columnas flotantes atacarían las comunicaciones del enemigo. La "Fuerza Especial Chindit" consistía en unos 20.000 hombres en 6 brigadas: 14ª, 16ª y 23ª británicas, 77ª y 111ª indias y 3ª Brigada de África Occidental. Cada una de las brigadas LRP (Long Range Penetration) fue reforzada hasta el equivalente de 4 batallones; 17 de ellos eran británicos, incluyendo algunos de la Royal Artillery y unidades de reconocimiento combatiendo como infantería. Para esta segunda operación también fueron transportados 3.134 mulas, 547 caballos de carga y 250 bueyes (para proporcionar carne fresca) en las bodegas de planeadores Waco modificados y C-47 Dakota.
A principios de febrero de 1944, la 16ª Brigada "Chindit" penetró en Birmania a pie e hizo una larga y agotadora marcha de aproximación para establecer "Aberdeen", una base cerca de Manhton, al noroeste de Indaw. El 5 de marzo, la 77ª Brigada comenzó a llegar por aire a "Broadway", más al este, en la parte norte del valle de Kaukue, seguida por la 111ª Brigada y luego la 14ª y la 3ª de África Occidental; a pesar de la pérdida de muchos planeadores y hombres, la fortaleza se estableció, y el 13 de marzo, Wingate ya tenía 9.000 hombres posicionados. Se estableció otra fortaleza en "White City", cerca de Nami y entre las dos anteriores. Lo que los planificadores aliados no podían haber previsto era que la expedición coincidiría con la ofensiva del 15º Ejército Japonés a través del Chindwin hacia Imfal y Kohima, que comenzó el 15 de marzo, lo cual complicó en gran medida las misiones de los "Chindits". De todos modos, los incursores atrajeron unidades enemigas lejos de la ofensiva china y también interrumpieron de forma crítica la logística de la ofensiva japonesa sobre Imfal (fuentes japonesas confirman que esto resultó decisivo).
El 24 de marzo despegó un bombardero B-25 Mitchell de la base "Broadway" llevando consigo a Orde Wingate. Al parecer, dos periodistas norteamericanos insistieron en subir al avión con el general, a lo que éste accedió, pese a las protestas del piloto por el exceso de peso del aparato. El avión se estrelló contra un cerro, muriendo todos sus ocupantes. Wingate fue reemplazado como comandante en jefe por el general de brigada Lentaigne, de la 111ª Brigada, y el 9 de abril la misión de los "Chindits" cambió por órdenes del teniente general William Slim y del almirante Louis Mounbatten. Ahora deberían moverse hacia el norte, establecer una nueva base en "Blackpool", cerca de Sahmaw, y operar principalmente en apoyo de las acciones de Stilwell. La desgastada 16ª Brigada fue retirada, pero a pesar de su falta de equipo pesado y del creciente cansancio después de semanas de combate en la jungla, las 4 brigadas "Chindit" restantes (14ª, 77ª, 111ª y 3ª África Occidental) fueron ahora mal empleadas como infantería convencional. Desde el 1 de mayo carecieron del apoyo aéreo específico y el 17 de mayo la "Fuerza Especial Chindit" quedó bajo el mando del general Stilwell, quien los envió a atacar las principales fortificaciones japonesas a pesar de contar únicamente con equipo ligero y carecer de suministros y servicios suficientes.
El 24 de marzo despegó un bombardero B-25 Mitchell de la base "Broadway" llevando consigo a Orde Wingate. Al parecer, dos periodistas norteamericanos insistieron en subir al avión con el general, a lo que éste accedió, pese a las protestas del piloto por el exceso de peso del aparato. El avión se estrelló contra un cerro, muriendo todos sus ocupantes. Wingate fue reemplazado como comandante en jefe por el general de brigada Lentaigne, de la 111ª Brigada, y el 9 de abril la misión de los "Chindits" cambió por órdenes del teniente general William Slim y del almirante Louis Mounbatten. Ahora deberían moverse hacia el norte, establecer una nueva base en "Blackpool", cerca de Sahmaw, y operar principalmente en apoyo de las acciones de Stilwell. La desgastada 16ª Brigada fue retirada, pero a pesar de su falta de equipo pesado y del creciente cansancio después de semanas de combate en la jungla, las 4 brigadas "Chindit" restantes (14ª, 77ª, 111ª y 3ª África Occidental) fueron ahora mal empleadas como infantería convencional. Desde el 1 de mayo carecieron del apoyo aéreo específico y el 17 de mayo la "Fuerza Especial Chindit" quedó bajo el mando del general Stilwell, quien los envió a atacar las principales fortificaciones japonesas a pesar de contar únicamente con equipo ligero y carecer de suministros y servicios suficientes.
Sin embargo, los "Chindits" entablaron varias batallas defensivas y ofensivas con éxito, tomando Mogaung el 26 de junio de 1944 tras 5 días de feroces combates, y contribuyendo en gran medida a la vital captura de Myitkyina, pero Stilwell se negó a las insistentes peticiones de extracción a pesar de que estaban claramente enfermos y agotados. Sirva este dato como ejemplo: un reconocimiento médico, el 8 de julio de 1944, reveló que todos los oficiales y tropa de la 77ª y 111ª Brigadas "Chindit", habían sufrido al menos 3 ataques de malaria (en algunos casos más de 7), que la pérdida de peso de todos ellos había sido de 18,5 kg y que las muertes por malaria cerebral y tifus seguían creciendo. A pesar de ello, hasta finales de agosto no serían retiradas de Birmania por vía aérea las últimas unidades "Chindit". La "Fuerza Especial Chindit" había sufrido un 20% de bajas, 3.628 hombres, de los que más de un millar resultaron muertos. Pocos de los supervivientes fueron considerados aptos para el servicio activo posterior. Se planificaron otras operaciones de incursión y hasta se inició el entrenamiento, pero los "Chindits" fueron disueltos en febrero de 1945 antes de que pudieran volver a operar.
Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los Chindit y otras fuerzas británicas del frente asiático" de Martin Brayley
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor
http://en.wikipedia.org/wiki/Chindits
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-BRT/chindits.html
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor
http://en.wikipedia.org/wiki/Chindits
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-BRT/chindits.html
miércoles, 30 de enero de 2013
Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (33)
"Vimos muchas veces los restos de un prisionero torturado y no era agradable de ver. Los japoneses los torturaban intensamente. Les arrancaban las uñas, los castraban, cosas así. Teníamos una enfermera inglesa, yo diría que la violaron 5 o 6 veces antes de dejarla ir, y estaba muerta cuando la encontramos. Te torturaban hasta que les dabas la posición de tus tropas. Oíamos gritar a los prisioneros. Si era para que nosotros los oyéramos, no lo sé, pero oíamos los gritos de los prisioneros de guerra."
Soldado del 14º Ejército Anglo-Indio en Birmania
Fuente: "Un Mundo en Guerra: Historia Oral de la Segunda Guerra Mundial" de Richard Holmes
martes, 25 de septiembre de 2012
Los Últimos Japoneses de Iwo Jima
Seguro que todos habéis escuchado o leido historias de soldados japoneses que después de terminada la Segunda Guerra Mundial, se negaron a rendirse - no olvidemos que para ellos era un deshonor y la mayor deshonra que podía existir para un soldado imperial - y permanecieron ocultos durante mucho tiempo (años, o incluso décadas, como el caso de Hiroo Onoda, que se rindió en Filipinas en marzo de ¡¡1974!!), en las espesas e inhóspitas junglas del sureste asiático o en pequeñas islas del Pacífico, quedando aislados y sin comunicación con sus superiores ni con el resto del mundo.
En Iwo Jima, como en otras muchas otras guarniciones japonesas derrotadas, después de la batalla hubo cientos de supervivientes, que no aceptaron entregarse a los estadounidenses y permanecieron escondidos en la maraña de túneles y cuevas que habían preparado para la defensa de la isla. Iwo Jima (en la fotografía superior) era una pequeña isla volcánica, sin agua, prácticamente sin vegetación, y sin población civil, por lo que la supervivencia allí era todavía más difícil. Antes de que finalizase oficialmente la batalla (la isla fue declarada bajo control el 26 de marzo de 1945), comenzaron a llegar a la isla miles de soldados estadounidenses, personal de la USAAF y trabajadores civiles que ponían a punto las pistas de aterrizaje. Iwo Jima se convirtió en una importante base aérea auxiliar para los bombarderos norteamericanos B-29 Superfortress, a medio camino entre las bases de las Islas Marianas y Japón. Durante los meses de abril y mayo de 1945, cuando Iwo Jima estaba ya oficialmente bajo el control de las fuerzas norteamericanas, centenares de japoneses resultaron muertos o fueron capturados por los soldados del 147º Regimiento de Infantería, que había quedado como guarnición en la isla tras la marcha de los Marines (en la imagen inferior, en acción durante las operaciones de limpieza de la isla llevadas a cabo en el mes de abril).
Algunos soldados japoneses aguantaron aún varias semanas más. Fue el caso de los tenientes Musashino y Taki, que sobrevivieron ocultos en cuevas en la costa oriental de la isla, alimentándose de lo que conseguían robar a las tropas estadounidenses durante las noches. Varias veces Musashino estuvo a punto de suicidarse con una granada, pero Taki siempre le disuadía de hacerlo. Una noche, el 8 o el 9 de junio de 1945, ambos fueron sorprendidos por el fuego de una ametralladora desde un puesto de vigilancia estadounidense. Taki cayó muerto con un balazo en la cabeza. Perdida toda esperanza, Musashino decidió ocultarse en un hueco entre las rocas y quedarse allí hasta a morir de hambre. El 16 de junio, delirando y al borde de la inanición, fue encontrado por una patrulla estadounidense. En contra de lo que esperaba, fue bien tratado por sus captores, quienes le llevaron a un hospital y le alimentaron hasta que acabó totalmente recuperado, permaneciendo en un campo de prisioneros hasta el final de la guerra.
En 1949 la USAAF mantenía todavía activa la base aérea de Iwo Jima, aunque, lógicamente, tenía mucho menos movimiento que durante la guerra. Los bombarderos B-29 y los cazas P-51 Mustang habían desaparecido y únicamente se mantenían varios equipos de ayuda a la navegación aérea controlados por personal de las fuerzas aéreas y una guarnición de la Guardia Costera de los EE.UU. En el extremo norte de la isla, a unos 6 kms. de la base principal, había una estación de radio. Todas las mañanas alguno de los hombres destinados en la estación tenía que acudir a la base para cumplir con el trámite burocrático de solicitar al encargado de vehículos que les renovase el permiso para disponer de un jeep.
El 6 de enero de 1949, el encargado de renovar ese permiso, era el cabo Ellis, que bajó a la base acompañado por el cabo Pete, un operador de radio. Cuando iban con su jeep por la carretera que recorría todo el perímetro de la isla, los dos soldados vieron a dos hombres caminando y pararon junto a ellos para ofrecerse a llevarles hasta la base. Eran dos hombres de rasgos orientales vestidos con uniformes del ejército y chalecos militares varias tallas más grandes de lo que les hubiese correspondido. Los norteamericanos no se sorprendieron demasiado, ya que días atrás había llegado a la isla un barco chino para recoger chatarra (vehículos abandonados y otros restos de la batalla, que todavía se podían encontrar por toda la isla, como la que se observa en la fotografía de aquí arriba), y supusieron que eran miembros de la tripulación de ese barco que estaban dando una vuelta por la isla. Los orientales aceptaron subir al jeep y fueron con Ellis y Pete hasta la base. Aparte de que no parecían entender el inglés tampoco se mostraron muy comunicativos. Cuando los soldados estadounidenses llegaron a su destino se dirigieron a las oficinas de la base dejando a sus dos acompañantes en el jeep. Al salir los dos hombres habían desaparecido. Los norteamericanos regresaron a la estación de radio, sin darle mayor importancia a su extraño encuentro.
Al mediodía, para la comida, Ellis y Pete volvieron a bajar a la base principal acompañados por su superior, el sargento Donald Cook. Allí nadie hablaba de otra cosa: el sargento de suministros había capturado a dos japoneses que había encontrado justo en mitad de la base, junto al asta de la bandera.
Los hombres capturados fueron interrogados y contaron su historia: eran dos soldados de la Marina Imperial, dos jóvenes japoneses de origen campesino llamados Matsudo Linsoki y Yamakage Kufuku (en la imagen superior, por ese orden). Habían permanecido 4 años escondidos en cuevas durante el día y saliendo únicamente por las noches para buscar agua y alimentos. Según dijeron habían decidido rendirse cuando escuchando una radio que habían robado a los estadounidenses oyeron villancicos en una emisora de Tokio, lo que les hizo suponer que Japón había perdido la guerra. Habían tratado de entregarse a Ellis y Pete cuando les vieron acercarse en el jeep, pero se encontraron con que en lugar de detenerles los dos soldados les habían dejado abandonados en medio de la base norteamericana.
Más tarde los japoneses acompañaron a sus interrogadores a mostrarles el escondite donde se habían estado ocultando, una cueva cercana al punto de la carretera donde les habían encontrado Ellis y Pete, con alambre de púas en la entrada para evitar que algún soldado estadounidense se asomase por allí para curiosear. Allí se resolvieron algunos pequeños misterios, como el paradero de las latas de jamón que habían desaparecido en Navidad, o el de otros objetos que de vez en cuando alguien había echado en falta en la base.
Fuentes:
http://nonsei2gm.blogspot.com.es/2011/04/los-ultimos-de-iwo-jima.html
http://www.wanpela.com/holdouts/profiles/linsoki.html
Fuentes:
http://nonsei2gm.blogspot.com.es/2011/04/los-ultimos-de-iwo-jima.html
http://www.wanpela.com/holdouts/profiles/linsoki.html
miércoles, 18 de julio de 2012
Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (23)
"Pensábamos que los japoneses estaban entre los mejores soldados del mundo. Que lucharían hasta el final y no se rendirían nunca. Incluso solíamos encontrarlos atados a árboles, para no desfallecer y poder luchar hasta el final."
Soldado del 14º Ejército Anglo-Indio en Birmania
Fuente: "Un Mundo en Guerra: Historia Oral de la Segunda Guerra Mundial" de Richard Holmes
miércoles, 7 de marzo de 2012
Auxiliares Extranjeros en el Ejército Japonés
La sociedad japonesa era profundamente racista y todos los gaijin o extranjeros eran considerados intrínsecamente inferiores incluso a los japoneses más modestos. El Ejército Imperial Japonés no quería emplear personal de los territorios ocupados, pero una excepción a ello fue la formación de unidades de incursión entre los Takasago, una tribu indígena amiga de las tierras altas de la Isla de Formosa (también conocida como Taiwan - la principal isla de las que componen la actual República China - que era una dependencia colonial del Imperio Japonés desde 1895), que tenían fama de ser grandes luchadores y de tener una gran capacidad de supervivencia en la selva.
Los voluntarios taiwaneses fueron entrenados en la Escuela Militar de Nakano en tácticas de infiltración, guerra de guerrillas, lucha en la jungla, demoliciones, camuflaje, etc..., y aunque inicialmente fueron asignados en unidades de transporte y apoyo, la falta de personal que comenzó a acusar el Ejército japonés conforme avanzaba la guerra, llevo al alto mando nipón a utillizarlos como unidades de combate que lucharon en las Filipinas, las Indias Orientales Holandesas, las Islas Salomón y Nueva Guinea, contra las fuerzas estadounidenses y australianas. Se estima que entre 1800 y 5000 voluntarios Takasago prestaron servicio en el Ejército Imperial Japonés. Estas tropas taiwanesas llevaban el uniforme tropical estándar del ejército japonés sin ningún tipo de insignia especial: la única concesión a su nacionalidad era el derecho a usar la espada tribal tradicional (giyuto o espada de lealtad y coraje)
En concreto, un buen número de ellos, fueron encuadrados en las Compañías de Incursión Takasago 1ª y 2ª, con cuadros de mando japoneses, y en mayo de 1944 fueron asignadas al 2º Ejército de Área, responsable de las Indias Orientales Holandesas, con cuartel general en Menado. Luego, la 2ª Compañía fue enviada a la isla de Morotai (Nueva Guinea), para misiones de guía y lucha antiguerrilla, mientras que la 1ª Compañía quedó estacionada en la isla filipina de Luzón de camino a Nueva Guinea, al desembarcar las fuerzas de EEUU en Leyte (Filipinas) el 20 octubre de 1944. Por una vez, la superioridad aérea estadounidense no fue determinante: las operaciones acusaron las lluvias monzónicas y el mal estado de las pistas, y los escuadrones japoneses de las otras islas filipinas disputaron valientemente el control del espacio aéreo.
La misión, al mando del teniente Shigeo Naka, no era esencialmente suicida, pero lo cierto es que las posibilidades de éxito eran mínimas y no existía un plan de regreso o evacuación de los guerrilleros, que debían huir tras el ataque, ocultarse en la jungla y arreglárselas por sí mismos. Aunque contaban con el elemento sorpresa de un ataque tan audaz como inesperado, casi podría decirse que el ataque en sí era la menor de las dificultades a la que los atacantes debían enfrentarse, pues los aviones tenían primero que orientarse correctamente en vuelo nocturno, localizar los aeródromos y lograr tomar tierra en ellos.
La Unidad Kaoru fue puesta en alerta el 22 de noviembre 1944, y en la noche del 26 del mismo mes los 40 guerrilleros partieron a bordo de los 4 aviones "Tabby" del campo de aviación de Lipa, al sur de Manila. El vuelo fue a muy baja altura para evitar los cazas estadounidenses, y dos horas después del despegue los pilotos informaron que estaban sobre el objetivo. Esta fue la última comunicación que se recibió de ellos. Como al día siguiente no hubo actividad de la aviación norteamericana en la Bahía de Ormoc, en la costa occidental de Leyte, donde los japoneses estaban desembarcando refuerzos, el mando nipón supuso que la misión se había completado con éxito. Sin embargo, la realidad era que el ataque había sido un completo desastre: tres los cuatro transportes erraron en sus objetivos y aterrizaron en campos distintos de los que estaban previstos, y el cuarto fue derribado.
Uno avión aterrizó en una playa junto al aeródromo de Dulag. Cuando una patrulla estadounidense se acercó, los japoneses abrieron fuego contra ellos. En el tiroteo subsiguiente resultaron muertos dos de los comandos. Los demás alcanzaron la orilla a nado y huyeron. El segundo avión aterrizó en Bito Beach, cerca del campo de Abuyog. En un enfrentamiento con soldados estadounidenses murió uno de los guerrilleros, el resto logró ocultarse en la selva. El tercer avión sí encontró los aeródromos de Burauen, pero fue alcanzado por el fuego de los antiaéreos y se estrelló sin que hubiese supervivientes. El cuarto erró su curso y aterrizó cerca de Ormoc, donde estaban desembarcando los refuerzos japoneses, uniéndose a ellos los guerrilleros taiwaneses.
No se sabe qué ocurrió con los supervivientes de los dos primeros aviones, que desaparecieron en la jungla sin dejar rastro. Es posible que continuasen combatiendo como guerrilleros por su cuenta o se uniesen a las tropas de la 16ª División, que se enfrentaba a los desembarcos enemigos entre la costa oriental y la cordillera central de la isla filipina.
Junto a los Takasago, el Ejército Imperial Japonés también empleó a un buen número de coreanos. Corea había sido anexionado por Japón en 1905, convirtiéndola en su colonia en 1910. Los coreanos eran vistos por los japoneses con un abierto desdén racial y había resistencia a emplearlos en la milicia; sin embargo, hacia 1942, la escasez de personal que las fuerzas armadas imperiales estaban empezando a sufrir llevó a reconsiderar su postura inicial con el resultado de que un total de 200.000 coreanos fueron evaluados por las oficinas de reclutamiento japonesas, dando finalmente el visto bueno a 130.000. La mayoría de ellos se usaron estrictamente en labores de apoyo y construcción, y encuadrados en unidades de obras que preparaban defensas y fortificaciones o aérodromos en las islas del Pacífico. Los coreanos sirvieron principalmente en las Unidades de Construcción e Ingeniería Civil de la Marina (Kaigun Kenchiku Shitetsu Butai) formadas por 1.000 hombres, mandadas por oficiales japoneses y con 100 vigilantes japoneses armados.
Otros coreanos fueron destinados a las islas metropolitanas, desempeñando tareas de apoyo que liberaban a reclutas japoneses para el servicio en combate. Los japoneses los consideraban más como trabajadores que como soldados y raramente les entregaron armas. Pero cuando la escasez de personal se hizo severa algunas pequeñas unidades de coreanos lucharon junto al Ejército japonés durante las últimas fases de la guerra en Nueva Guinea y Birmania.
Un caso distinto era el de los Gunzoku, unos civiles militarizados que sirvieron en las fuerzas armadas japonesas en tareas de apoyo y que llevaban sus propios uniformes e insignias. Los japoneses solían presentarse voluntarios para este tipo de trabajos, pero también se reclutó forzosamente a un gran número de coreanos. El número total de coreanos que pasaron por el Gunzoku durante la guerra fue de unos 150.000, de los cuales 80.000 sirvieron en la Marina Imperial y 70.000 en el Ejército.
Ahora bien, antes de que empezase el reclutamiento obligatorio, unos cuantos coreanos se habían presentado voluntarios, de los que aproximadamente 3.000 sirvieron como guardias en los campos de prisioneros aliados. Estos auxiliares coreanos tenían una condición extremadamente baja y eran tratados brutalmente por sus superiores japoneses (en un ejército que ya no se distinguía precisamente por la consideración hacia sus soldados). Ellos, a su vez, se ganaron entre los prisioneros aliados la reputación de ser especialmente brutales y crueles. Los guardianes de campos estaban considerados por debajo del nivel más bajo del escalafón militar, y había unidades de coreanos mandadas por suboficiales (hubo incluso algún campo de prisioneros en el que los guardias coreanos estaban a las órdenes de un cabo).
Fuentes:
http://nonsei2gm.blogspot.com/2011/04/el-destacamento-kaoru-y-el-ataque.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Takasago_Volunteers
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los comandos suicidas y otras unidades japonesas" de Philip Jowet
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