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martes, 4 de junio de 2013

Desastre en Bari: El Segundo Pearl Harbor

Desde el inicio de la invasión de Italia por los Aliados, en septiembre de 1943, el puerto de la ciudad de Bari, con una población de 250.000 habitantes, adquirió una gran importancia estratégica, convirtiéndose en el principal centro logístico de mercancías y suministros en el Mar Adriático. Partiendo de Bari, los víveres, municiones y equipamiento para las tropas marchaban hacia la Línea Gustav más al norte, donde los alemanes resistían en una cruenta y sangrienta batalla que se estaba alargando meses. Por ello, el puerto italiano habitualmente solía estar atestado de barcos amarrados en sus muelles, normalmente cargueros de mercancías y tropas, o navíos militares, llegando casi al 100% de su capacidad útil. El puerto estaba bajo jurisdicción británica, pues era la base principal de suministros para el 8º Ejército Británico, pero la ciudad también alojaba el cuartel general de la 15ª Fuerza Aérea norteamericana. Todo ello hacía que, además del habitual material de guerra, los barcos anclados en Bari transportasen combustible de aviación, bombas y municiones.


Uno de esos cargueros, un buque norteamericano de los llamados "Liberty Ships" (imagen sobre estas líneas), el SS John Harvey, había llegado al puerto italiano el 26 de noviembre de 1943, conteniendo una peligrosa carga: 1350 toneladas de bombas de gas mostaza, que llegaban en el más absoluto secretismo - incluso su capitán, Edwin F. Knowles, y la mayoría de la tripulación del carguero, salvo un pequeño grupo de expertos en el manejo de materiales tóxicos, desconocía que transportaba realmente -, y que debían tenerse en reserva, por si los alemanes decidían recurrir al uso de armas químicas. La autorización de atracar el navío allí se saltaba por completo todas las normas de seguridad, ya que un material químico de esas características tan peligrosas tenía prohibida la entrada en puertos no homologados. Bastaría que un pequeño ataque aéreo dañase al barco para que se desatase una gran tragedia. Por si fuera poco las medidas de seguridad en el puerto de Bari eran prácticamente inexistentes, ya que los aliados no consideraban la posibilidad de un ataque aéreo alemán. La Luftwaffe se encontraba muy debilitada y dispersa en Italia, por lo que las luces del puerto permanecían encendidas durante toda la noche para facilitar las labores de carga y descarga, y apenas existían baterías antiaéreas para defender su cielo. Aquella cadena de errores conduciría al desastre.


Desconociendo el arma secreta que portaba el SS John Harvey, la Luftwaffe, tras comprobar mediante un vuelo de reconocimiento que la seguridad en el puerto de Bari era prácticamente nula, decidió bombardearlo con la finalidad de golpear duramente las líneas de suministros aliados hacia el frente. La tarde del 2 de diciembre de 1943, un total de 105 bombarderos Junkers Ju-88 despegaron desde la base de Foggia con dirección al puerto de Bari. Unos aparatos volaron directos atravesando la península italiana y otros paralelos junto a la costa de Yugoslavia para despistar a los observadores enemigos. Además uno de los aviones lanzó tiras de aluminio sobre los radares para confundir a los operadores. La aproximación al objetivo fue un éxito, pues cuando el centenar de bombarderos germanos aparecieron sobre Bari a las 19:25 horas, todo el puerto estaba desprevenido.


Bombardear Bari fue un juego de niños para los pilotos alemanes. Sin apenas ser molestados por las baterías antiaéreas, los bombarderos alemanes apuntaron y soltaron tranquilamente sus bombas sobre sus objetivos. Las explosiones en el puerto se sucedieron una tras otra, y una de las bombas impactó sobre un oleoducto, causando su rotura y provocando un incendio que se propagó por el puerto y los muelles. Los navíos aliados fueron alcanzados uno tras otro en un apocalipsis de explosiones y de marineros saltando al agua para escapar de las deflagraciones y los incendios. Un carguero con 5000 toneladas de municiones, el SS John L. Motley se incendió y saltó por los aires. Mientras, el SS John Harvey, que no había recibido ningún impacto, fue alcanzado por las llamas de los buques vecinos. Sus tripulantes no abandonaron el barco y trataron de sofocar el fuego, pero de repente el buque estalló, desintegrándose en una gigantesca bola de fuego con forma de hongo (fotografía inferior), que mató en el acto a su capitán y a los 76 miembros de su tripulación.


Tras la explosión del SS John Harvey, un extraño olor se extendió por las instalaciones portuarias. Algunos de los supervivientes recordarían que comenzaron a tener problemas para respirar y que notaban un "olor a ajo". El gas se había mezclado con el aceite que flotaba en las aguas del puerto, e impregnaba el humo de los incendios que envolvía el área. Por tanto, no sólo era respirado, sino que también impregnaba los cuerpos de los marineros que se encontraban en el agua. Y no sólo ellos, la fuga del letal gas también se extendió a la misma ciudad de Bari a continuación, causando igual efecto entre su población civil. A los afectados por el gas, empezó a quemárseles la piel, a tener problemas respiratorios y a morir entre insoportables espasmos de dolor. Se estima que a consecuencia del ataque murieron más de 1.000 soldados y marineros aliados y un número desconocido de civiles italianos, aunque algunas fuentes los cifran igualmente en el millar.


En poco menos de una hora, fueron hundidos un total de 17 buques aliados de diversas nacionalidades, resultando dañados otros 12, 7 de ellos gravemente. Se perdieron unas 38.000 toneladas de cargamentos para el frente y los aeródromos aliados (munición, víveres, equipamiento, combustible…), entre ellos 10.000 toneladas de planchas de acero destinadas a dichos aeródromos. Por su parte, los alemanes solamente perdieron un bombardero Junkers-Ju 88. El puerto quedó inutilizado hasta febrero de 1944, lo que quizá fue determinante para el fracaso de las operaciones lanzadas por el general norteamericano Mark W. Clark en el mes de enero, pues no pudo contar con el aporte necesario de suministros para su V Ejército. La 15ª Fuerza Aérea también sufrió retrasos en su despliegue, lo que provocó el aplazamiento de una ofensiva combinada contra Alemania. Fue una de las incursiones más devastadoras de la Luftwaffe durante toda la guerra. Los norteamericanos suelen referirse a esta incursión aérea como el "segundo Pearl Harbor".


Los corresponsales de guerra vieron cómo los censores suprimían de sus artículos cualquier tipo de alusión al ataque sufrido. El secretismo que rodeaba a la letal carga transportada por el SS John Harvey tendría una consecuencia más: los médicos encargados de curar tanto a los soldados como a los civiles heridos tras el ataque no conseguían comprender por qué tantos de ellos no podían abrir los ojos, sufrían erupciones en la piel que daban paso a graves quemaduras y complicaciones respiratorias, reaccionaban negativamente a los tratamientos para sus heridas convencionales,  y morían en medio de grandes dolores. Tardarían días en darse cuenta de la verdadera causa de esas muertes. Cuando se empezaron a tomar medidas realmente efectivas el daño ya estaba hecho.


El empecinamiento en “guardar el secreto” provocó muertes que hubiesen sido fácilmente evitables si se hubiesen tomando medidas elementales desde el principio, como por ejemplo, desinfectar y cambiar de ropa a los pacientes, ya que los afectados y los que estaban alrededor habían pasado horas inhalando gases tóxicos de sus propias ropas contaminadas. Se estimó un mínimo de 628 bajas militares provocadas por los efectos de la inhalación del gas mostaza, con 83 muertes confirmadas, sin embargo los investigadores reconocen muchas más que no pueden ser rastreadas. Las bajas entre los civiles italianos son desconocidas es muy probable que fueron bastante mayores ya que ellos nunca supieron a lo que se enfrentaban realmente, falleciendo posteriormente al no ser sometidos a un tratamiento adecuado.


Terminada la Segunda Guerra Mundial, los efectos del bombardeo sobre Bari se notaron en las siguientes generaciones. El gas mostaza liberado en la ciudad permaneció durante décadas, enfermando por ello muchas personas que irían muriendo con el paso del tiempo o tendrían secuelas gravísimas. A pesar de todo Washington ocultó la tragedia, siendo desclasificados los primeros archivos en 1967, fecha demasiado tardía. Hasta 1986, es decir, más de 40 años después, Bari no fue desinfectada totalmente del gas mostaza. Ese mismo año, el gobierno británico admitió oficialmente que las víctimas del raid había estado expuestas al gas mostaza, y tuvo que pagar indemnizaciones económicas con efectos retroactivos a 600 marineros supervivientes de la tragedia por las lesiones y secuelas sufridas.

Fuentes:

http://www.eurasia1945.com/batallas/contienda/raid-sobre-bari/
http://s2.elforo.de/arhem/viewtopic.php?t=1244&sid=ade86a73eb1767c974a84cfb00814637
http://en.wikipedia.org/wiki/Air_raid_on_Bari
"100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor

miércoles, 23 de enero de 2013

Los Comandos "Brandenburg"

El origen de esta unidad alemana de comandos de élite debemos buscarlo en las ideas de Theodor von Hippel, un especialista en operaciones especiales durante la Primera Guerra Mundial, quien durante dicho conflicto acumuló una gran experiencia en la realización de ataques sorpresa tras las líneas enemigas, particularmente en Sudáfrica Oriental. Von Hippel (en la fotografía de aquí abajo) había estudiado profundamente las tácticas de guerrilla de T. H. Lawrence, que consistían atacar y escapar rápidamente. Tras la Gran Guerra, von Hippel ingresó en los servicios de inteligencia alemanes y presentó a sus superiores una serie de innovadoras ideas y tácticas, entre ellas, la formación de una unidad de élite entrenada especialmente para adentrarse en territorio enemigo antes de una ofensiva para asegurar objetivos estratégicos; sin embargo, sus proyectos no fueron tenidos en cuenta. La idea colisionaba con el protocolario sentido prusiano del honor. Tales unidades, creían la mayoría, serían una infracción de las reglas de la guerra y, además, tales saboteadores no serían dignos de ser llamados soldados.


Con la creación del Abwehr, el servicio de inteligencia militar de la Alemania nazi bajo el mando del almirante Wilhelm Canaris, las ideas de von Hippel fueron recibidas con los brazos abiertos y se le autorizó a formar un grupo de "soldados especiales" al cual debía entrenar de manera acorde a las operaciones que  proponía (sabotaje, captura de puentes y cruces carreteras, aseguramiento de objetivos estratégicos, demolición y eliminación selectiva de personas). Von Hippel rastreó las fronteras de Alemania para encontrar individuos de origen alemán (volkedeustche), eslavos u otros grupos étnicos. Cada miembro de la unidad tenía que hablar con fluidez una lengua extranjera, ya sea checo, ruso, letón, lituano, finés, estonio, polaco, ucraniano o rutenio, y tenían que conocer bien las costumbres del país o región donde se infiltrarían y los hábitos locales y comportamientos de los nativos.


En octubre de 1939, se dio a la unidad el inocente nombre de Bau-Lehr-Kompanie 800 (800ª Compañía de Demostración de Construcciones). En enero de 1940 fue reestructurada como Bau-Lehr-Bataillon zbV 800 (Batallón 800 de Demostración de Construcciones para Aplicaciones Especiales). El batallón estaba formado por 4 compañías, un pelotón de motocicletas, otro paracaidista y otros pelotones especializados. Dado que tenían su cuartel general en Branderburgo, la unidad fue conocida como "Brandenburg" y sus efectivos recibieron el apelativo de "brandenburgers".


Los "Branderburgers" tuvieron una intervención destacada en la campaña del oeste. Así por ejemplo, dos noche antes de la invasión de Bélgica y Holanda, el 8 de mayo, vistiendo uniformes holandeses, cruzaron secretamente la frontera. Uno de sus objetivos era el puente sobre el río Mosa en la ciudad de Gennep (Holanda). A las 2:00 horas del 10 de mayo, el teniente Wilhelm Walther dirigió a su destacamento de 8 hombres en un intento de capturar el puente intacto tras obtener información sobre donde habían sido situadas las cargas de demolición. Disfrazados como policías militares holandeses escoltando a varios "prisioneros alemanes", los "Brandenburgers" sorprendieron a los defensores del puente. Dos puestos de guardia fueron inmediatamente destruidos, pero tres hombres fueron heridos, y los puestos al otro lado del puente aún no estaban bajo control alemán. Vestido con un uniforme holandés, Walther avanzó atrevidamente, y los defensores vacilaron. Sacando provecho de este error, el resto de los comandos destruyeron los puestos de guardia restantes y cogieron el detonador conforme los primeros panzer rodaron por el puente.


Los comandos "Brandenburg" (en la foto, vistiendo uniformes belgas) combatieron en prácticamente todas las campañas de todos los frentes. En el batallón estaban representadas muy diversas capacidades y habilidades lingüísticas, y se pretendía utilizar a los miembros de la unidad angloparlantes, con uniforme británico, como avanzada de la fuera de invasión si se llevaba a cabo la "Operación León Marino". Cuando Hitler volvió su atención al sur, hacia los Balcanes, durante la "Operación Marita", de nuevo, los "brandenburgers" –ahora organizados como un regimiento- abrieron el camino a sus ejércitos. El 5 de abril de 1941, un día antes de la invasión de Grecia y Yugoslavia, un destacamento de 54 hombres aseguraron los muelles en Orsova, en el río Danubio. Otra unidad capturó el puente sobre el río Vardar en Grecia, cerca a Salónica durante la ofensiva alemana. También estuvieron en Atenas antes que llegaran las fuerzas alemanas, procediendo luego a izar la bandera con la esvástica sobre la Acrópolis.


Después de la invasión de la URSS en junio de 1941, miembros de la unidad disfrazados con uniformes soviéticos (en las imágenes de aquí arriba) se infiltraron en las columnas de heridos enemigos que se retiraban del frente para poder moverse libremente por la retaguardia enemiga y tomar el vital puente sobre el Daugawa en Dünaburg (Daugavpils, Letonia). El regimiento rara vez operaba como una unidad, pues su particular naturaleza obligaba a destacar sus elementos para realizar operaciones especiales en varios frentes. A comienzos de agosto de 1941, un destacamento  de 62 bálticos y sudetes alemanes dirigido por el barón Adrian von Fölkersam (en la fotografía bajo este párrafo) penetró más lejos en territorio enemigo que ninguna otra unidad Brandenburgo,  con el fin de capturar y asegurar los campos petrolíferos de Maikop. Utilizando camiones del Ejército Rojo y los uniformes del NKVD, Fölkersam se infiltró en las líneas soviéticas. Inmediatamente se toparon con un gran grupo de desertores soviéticos, y Fölkersam vio una oportunidad para utilizarlos. Persuadiéndolos de retornar a la causa soviética, fue capaz de unirse a ellos y moverse casi a voluntad a través de las líneas rusas hasta llegar a Maikop.


Una vez allí, haciéndose pasar por el mayor Truchin de la NKVD, se entrevistó con el comandante del puesto y lo convenció para que lo guiara en un recorrido para inspeccionar las defensas de la ciudad. Este, muy contento por complacer a un alto oficial de la NKVD aceptó de buen grado, discutiendo incluso las ventajas y desventajas de los sistemas de defensa. El 8 de agosto, la Wehrmacht estaba sólo a 20 kms, por lo que los "brandenburgers" hicieron su jugada. Usando granadas para simular un ataque de artillería, destruyeron el centro de comunicaciones de la ciudad. Fölkersam fue a los diferentes puestos de  mando de la ciudad informando a los oficiales soviéticos que se estaba realizando una retirada general. Como lo habían visto con su propio comandante visitándolos, y careciendo de comunicaciones para refutar o confirmar su declaración, los soviéticos comenzaron a evacuar Maikop. El Ejército Alemán entró en la ciudad sin pegar un solo tiro el 9 de agosto de 1942.


En 1942 la unidad madre fue aumentada hasta las dimensiones de una división, y entre los elementos añadidos había un destacamento de incursión costera (Kuestenjaegerabteilung) formado con voluntarios de la Kriegsmarine que operó en la costa del Mar Negro y del Mar de Azov, y un batallón de voluntarios ucranianos. Sus destacamentos operaron nuevamente en los Balcanes a finales de 1943, donde se vieron envueltos en acciones contra los partisanos en Grecia y Yugoslavia y tuvieron una intervención destacada en la captura de las islas de Kos y Leros a los británicos. Elementos de la división tomaron parte en la ocupación de Budapest en marzo de 1944, y también, muy activamente, en la "Operación Rösselsprung", el intento de capturar a Tito en su cuartel general de Dvar. 



Durante la investigación del intento de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944 se reveló la implicación de varios miembros de la unidad. Habiendo perdido la confianza en esos comandos de élite, Hitler transfirió la responsabilidad de las operaciones especiales, que siempre habían quedado en manos de los "brandenburgers", a unidades de comandos de las SS bajo el mando del SS-Obersturmbannführer Otto Skorzeny. Aunque muchos decidieron ingresar en los comandos de Skorzeny, otros permanecieron en la División "Branderburg", que en octubre de 1944 fue convertida en una Panzergrenadier-Division ordinaria, y quedó lista para entrar en acción en su nueva función en diciembre de 1944. Tras entrar en combate en el Frente Oriental, que se desmoronaba rápidamente, sus efectivos fueron cayendo de manera continua y la guerra acabó para la división en Moravia. Muchos de sus supervivientes fueron hechos prisioneros por el Ejército Rojo o murieron a manos de checos ávidos de venganza; pero algunos, recurriendo a su antigua habilidad para las operaciones especiales, consiguieron escapar al oeste haciéndose pasar por refugiados.


Algunos terminaron prestando sus servicios en otros países. Los servicios de información de las potencias vencedoras estaban dispuestos a emplear a los "brandenburgers" que estuvieran dispuestos a adoctrinarse. Estadounidenses y rusos emplearon sin duda a algunos de ellos. Los nuevos estados africanos se sirvieron para los sucesivos golpes de estado de muchos profesionales de la unidad. El jefe de los servicios de seguridad del presidente de Indonesia, Achmed Sukarno, era un "brandenburger". Mao Tse-tung y el separatista congoleño Tshombé fueron asesorados por "brandenburgers" y muchos otros terminaron en Egipto luchando contra los judíos.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Un Providencial Caramelo

Durante un combate en el sur de Italia contra las tropas alemanas, al sargento norteamericano de la 45ª División de Infantería, Charles A. Corella, se le encomendó, junto a dos de sus hombres, la misión de volar con dinamita una cueva que existía en la parte superior de una montaña, desde la que se controlaba todo el valle ocupado por las tropas aliadas, y donde los alemanes habían emplazado un puesto de observación para dirigir los disparos de su artillería.


Tras unas horas de escalada, el sargento y sus hombres consiguieron situarse en la parte superior de la cueva y colocar las cargas de dinamita. Una vez que hicieron explosión, tapando la entrada de la gruta, los tres bajaron corriendo por la ladera de la montaña. Los alemanes apuntaron todas sus armas hacia los soldados norteamericanos y les atacaron con un fuego intenso de fusil, ametralladores, granadas y morteros. Sin embargo, los tres hombres consiguieron llegar sanos y salvos a las posiciones aliadas.


Una vez allí, el sargento Corella, comprobó estupefacto lo que le había salvado la vida. Se trataba de un insignifcante caramelo. Al parecer, un trozo de metralla había penetrado en un bolsillo, siendo desviado por una cucharilla, y finalmente se había alojado en un caramelo que llevaba en el otro bolsillo. Si no llega a ser por la presencia de la golosina, el trozo de metralla hubiera entrado en su cuerpo, directamente hacia el corazón. Corella, inicialmente quiso desdramatizar el suceso, gritando a los alemanes "¡malditos, habéis echado a perder mi caramelo!", pero más tarde se dio cuenta de lo cerca que había estado de perder la vida, por lo que se arrodilló y dio gracias a Dios por esa carambola que le había permitido no sufrir ni un rasguño.


Por la destrucción de la posición enemiga, a Corella se le condecoró con la Estrella de Plata. Tras seguir combatiendo en Italia, fue enviado a Francia, para participar en la invasión de Alemania. Antes de ser capturado por los alemanes en 1944, le dio tiempo a ser condecorado por su heroísmo en combate con una Estrella de Bronce y un Corazón Purpura. Fue liberado del campo de prisioneros Stalag 13, en Ebelsbach (Baviera) en junio de 1945.

Fuentes:
"Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

lunes, 17 de diciembre de 2012

Las Mulas Paracaidistas

Durante la Segunda Guerra Mundial se intentaron llevar a cabo numerosos planes y proyectos de lo más absurdo y disparatado. Como se suele decir, "a situaciones desesperadas, medidas desesperadas". Una de esas estrambóticas ideas fue la que a continuación os cuento. En mayo de 1943, las fuerzas angloamericanas, con el apoyo de la Francia Libre, estaban preparando en el Norte de África el asalto al continente europeo por el sur. El lugar elegido para realizar el primer gran desembarco fue la isla de Sicilia, una maniobra previa al asalto de la península itálica, que recibiría el nombre en clave de "Operación Husky". Para alcanzar las metas fijadas en esa compleja operación había que tener en cuenta las características especiales de la isla italiana, cuya difícil orografía, muy montañosa y con malas comunicaciones, dificultarían el desplazamiento de tropas y material.


Para solucionarlo se pensó en la utilización de un número importante de mulas, pero el problema residía en que éstas no podrían utilizarse durante las importantes acciones que llevarían a cabo los paracaidistas estadounidenses de la 82ª División Aerotransportada. Los "All Americans" tenían que saltar tierra adentro, tras las defensas costeras italianas y alemanas horas antes del asalto anfibio, para facilitar el desembarco del grueso de las tropas aliadas. Las dudas sobre el éxito de las tropas aerotransportadas surgieron de inmediato: ¿cómo se iban a desplazar los paracaidistas norteamericanos por aquel terreno pedregoso y reseco sin vehículos de apoyo para transportar el equipo lanzado desde los aviones?. Ante ese dilema, alguien pensó que la solución podría ser embarcar mulas en los aviones de transporte y lanzarlas sobre la isla en paracaídas, algo que hasta entonces no se había intentando nunca.


El encargado de la misión fue el mayor Mark Alexander que, aunque se mostró escéptico, inició los ensayos para conseguir abastecer de mulas de este original modo a los paracaidistas que saltarían sobre Sicilia. El lugar elegido para llevar a cabo las pruebas fue el desierto que rodea a la población de Oujda, en el norte de Marruecos, en ese momento ocupado por las tropas estadounidenses. Para llevar a cabo esta operación se confeccionaron unos paracaídas enormes y especialmente resistentes, y se adaptaron al cuerpo de los animales. Tras conseguir mulas y equiparlas se procedió a introducirlas en aviones de transporte Douglas C-47 "Dakota". Aquella operación fue especialmente complicada, pues, a pesar de llevar los ojos vendados, los tercos animales se mostraron nerviosos, asustados y poco sumisos a entrar en los aviones. Una vez dentro de los aparatos, y conforme estos iban ganando altura, la actitud de las mulas empeoró más si cabe, haciendo peligrar la estabilidad de los aviones de carga. Finalmente, cuando se alcanzó una altitud de 1.000 metros, se encendió la luz verde y las “mulas paracaidistas” fueron arrojadas al vacío.


El resultado fue un auténtico desastre. Cuando se llegó a la zona de lanzamiento, un pedregoso desierto, se comprobó que la mayoría de los animales habían sufridos fracturas en las patas a consecuencia del impacto sufrido en la caída, por lo que hubo que sacrificarlas. Tras la pifia de Oujda, el Cuartel General Aliado canceló el plan y continuó con la "Operación Husky". Una vez iniciadas las operaciones militares, los norteamericanos se dieron cuenta que el experimento de las “mulas paracaidistas” había sido una pérdida de tiempo. Sicilia, por su orografía y complicadas comunicaciones, poseía en 1943 una nutrida población de estos cuadrúpedos y los paracaidistas norteamericanos no tuvieron ningún problema para proveerse de ellos, una vez en tierra. Además, las tropas que desembarcaron en las playas sicilianas, trajeron con ellas varios centenares más de mulas, por lo que si hubo algo que no escaseó durante esos días en la isla italiana fueron precisamente estos animales.

Fuentes:
"Las 100 méjores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández
http://suite101.net/article/disparates-de-la-segunda-guerra-mundial-mulas-con-paracaidas-a44369

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Citas de Cómic (19)

Soldado Smith: "¿Ha oído lo de Lady Astor, señor?

Teniente Ross: "¿Lady Astor?"

Soldado Smith: "Se ve que habló en el Parlamento el otro día. Nos llamó los gallinas del Día D, señor. Dice que estamos tan tranquilos aquí, en Italia, que es en Francia donde se lucha de verdad".

Teniente Ross: "¡Pero eso es una aberración...! ¡Smith, no puede ser cierto!

Soldado Smith:
"Es lo que he oído, señor."


"War Story: Los Gallinas del Día D" de Garth Ennis y John Higgins

lunes, 29 de octubre de 2012

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (27)


"El campo de batalla ofrecía una lúgubre visión. Había enormes depósitos de munición sin usar y aquí y allá montones de minas terrestres. Cadáveres de soldados polacos y alemanes, a veces enredados en un abrazo mortal, yacían por todas partes, y el aire estaba cargado del hedor de los cuerpos pudriéndose. Había blindados volcados con las orugas rotas y otros parados como si estuvieran listos para un ataque, con sus cañones apuntando aún hacia el Monasterio. Las laderas de las colinas, especialmente donde el fuego había sido menos intenso, estaban cubiertas de amapolas en número increíble, sus flores rojas eran extrañamente apropiadas para la escena...Los cráteres de las explosiones llenaban las laderas de las colinas, y esparcidos sobre ellos había fragmentos de uniformes, cascos, subfusiles Tommy y Schmeisser, ametralladoras Spandau y granadas de mano. Del Monasterio apenas quedaba un enorme montón de ruinas y escombros, con algunas columnas rotas aquí y allá. Sólo el muro occidental, sobre el que ondeaban las dos banderas, estaba aún en pie. Una campana de iglesia rajada yacía en el suelo al lado de un proyectil de gran calibre sin estallar y en paredes y techos destrozados podían verse fragmentos de pinturas y frescos. Obras de arte de valor incalculable, esculturas, grabados y libros yacían entre el polvo y el enlucido roto".

El General Wladyslaw Anders, comandante del II Cuerpo de Ejército Polaco, describe el escenario de la Batalla de Monte Cassino tras la victoria aliada (20 de mayo de 1944)


Fuente: "La Batalla de Monte Cassino" de Matthew Parker

martes, 15 de mayo de 2012

El Ataque a la Base Naval de Tarento

El vaivén de los combates en el Norte de Africa solía depender de las posibilidades del transporte de suministros que llevaban los barcos mercantes surcando las peligrosas aguas del Mediterráneo. Las líneas británicas de suministro hacia la zona ya eran largas y peligrosas, navegando con rumbo sur por el Atlántico y cruzando el estrecho de Gibraltar. Pero fue la entrada de Italia en el conflicto la que hizo la situación aún más peligrosa, porque la Regia Marina italiana tenía una flota más potente y numerosa que la que poseía la Royal Navy en el Mediterráneo con base en Alejandría (Egipto).


Superada numéricamente y en armamento, la Flota del Mediterráneo británica a las órdenes del Almirante Andrew Cunningham (en la foto) - junto con la Fuerza H, con base en Gibraltar -, tenía que proteger las vitales líneas de suministro a África, así como apoyar a la asediada base británica de Malta (de vital importancia, pues la pequeña isla estaba a caballo de las líneas de suministros del Eje al Norte de África y era la única base aérea avanzada británica en el Mediterráneo Central). Esta guarnición, con una minúscula fuerza naval y aérea, solía hacer pagar un gran peaje a los buques mercantes del Eje, pero se enfrentaba a un bombardeo constante y a la amenaza de invasión, convirtiéndose la pequeña isla en uno de los puntos focales del conflicto en el Norte de Africa.


Aunque en inferioridad numérica, los británicos superaban notablemente en tecnología a sus enemigos italianos. La Flota del Mediterráneo tenía mejor información, debido a las interceptaciones "Ultra", el uso del radar daba a los británicos una capacidad para el combate nocturno de la que carecían los italianos y los británicos podían contar con la cobertura aérea que podían prestar los portaviones HMS Illustrious (en la imagen superior) y HMS Formidable. Por su parte, los italianos tenían una potente flota formada por 6 acorazados (en la foto de aquí abajo, podéis ver a dos de ellos, el Vittorio Venetto y el Littorio), 18 cruceros, 60 destructores y más de 100 submarinos. La mayoría eran buques modernos, muy veloces, aunque deficientemente armados, pero lo que más le perjudicaba a la Regia Marina era su concepto de estrategia naval que se basaba en la idea de Mussolini de que Italia era un gran portaaviones y por tanto la flota no los necesitaba, pues la aviación basada en tierra podía cumplir el rol de asistir a la flota.


El principal problema de Gran Bretaña al comenzar la guerra era la necesidad de poder mostrar su presencia en sus aguas territoriales, en el Pacífico, en el Índico, en el Atlántico, y en el Mediterráneo. Sin embargo, sus recursos no eran suficientes para tan enorme labor como lo demuestra el hecho que aceptara el traspaso de 50 viejos destructores americanos. Sin embargo, su experiencia naval de siglos, era más que suficiente para actuar de manera adecuada en función de los recursos que tenía, y para Gran Bretaña, perder influencia en el Mediterráneo hubiera tenido resultados catastróficos. Aun siendo un jefe agresivo, Cunningham vio que estaba en inferioridad numérica para tomar la iniciativa. Por eso, en julio de 1940, temeroso de que lo que quedaba de la flota francesa cayera en manos alemanas,  la hundió en Mers el-Kebir.



Después, en noviembre de 1940, la flota mediterránea lanzó un audaz ataque preventivo - con el nombre clave de Operación Judgement -  sobre la principal base italiana, en Tarento, donde se encontraban los 6 acorazados de la marina italiana. La noche del 11 al 12 de noviembre de 1940, después de aplazar la operación dos veces, el portaaviones británico HMS Illustrious  se acercó sigilosamente a una distancia supuestamente segura de la base de la flota italiana (170 millas), para que despegara una escuadrilla de 21 aviones torpederos Fairey Swordfish (en la fotografía sobre este párrafo).


Volando en la oscuridad de la noche, los osados pilotos de los obsoletos biplanos armados con un torpedo de unos 730 kgs, llegaron en dos oleadas: 10 aviones lanzaron bengalas o efectuaron maniobras de distracción para atraer el fuego antiaéreo, mientras los otros 11 restantes lanzaron otros tantos torpedos sobre la flota italiana anclada en Tarento hundiendo un acorazado y causando graves daños a otros dos, así como a dos cruceros más, además de causar 60 muertos y unos 600 heridos. El ataque tomó tan de sorpresa a los italianos, que apenas pudieron derribar a 2 aviones británicos. Evidentemente la base no se hallaba adecuadamente defendida y el "portaaviones italiano" obviamente no funcionó, pues de haber sido alertada a tiempo, la aviación italiana podría muy bien haber derribado a todos los Swordfish.


Las pérdidas sufridas por la Regia Marina fueron el acorazado Conte di Cavour, que fue alcanzado por un torpedo y se hundió en aguas bajas (en la imagen inferior). Además, los acorazados Littorio y Caio Duilio fueron dañados seriamente, así como otros dos cruceros. El Conte di Cavour fue rescatado y remolcado a Trieste el 1 de julio de 1941, pero quedó fuera de combate para el resto de la guerra. Las reparaciones se detuvieron en 1943 debido al cambio político en la guerra y fue barrenado por los propios italianos. Los alemanes lo rescataron pero finalmente fue hundido por los americanos el 15 de febrero de 1945. De los otros dos acorazados, el potente Littorio recibió tres torpedos y fue embarrancado en la playa para evitar su hundimiento. Debió permanecer en reparaciones durante varios meses, hasta agosto de 1941. El Caio Duilio recibió el impacto de un torpedo y estuvo también en reparaciones durante mucho tiempo.


La flota italiana quedó reducida a 3 acorazados en condiciones operativas, Giulio Cesare, Vittorio Veneto y Andrea Doria. El éxito del raid - en el que se inspiró el almirante Yamamoto para planear el ataque a Pearl Harbor - ayudó a enderezar el equilibrio de poder en el Mediterráneo y obligó al resto de la marina italiana a desplazarse a bases más seguras y lejanas de la costa oeste de Italia, quedando los italianos muy reacios a medirse con la Royal Navy, que volvería golpear con dureza a la Regia Marina el 27-28 de marzo de 1941 en la batalla del Cabo Matapán, en la que los italianos perdieron 5 buques (3 cruceros y 2 destructores), resultando gravemente dañado el acorazado Vittorio Veneto, y con el coste de más de 2.300 vidas (por tan sólo 1 torpedero Swordish, 3 muertos y 4 buques levemente dañados por el lado inglés). Tras esta segunda derrota, la flota italiana nunca más se aventuró en aguas del Mediterráneo Oriental, lo que supuso una importante victoria estratégica a los aliados, que ahora podían concentrar la mayoría de sus limitados recursos contra el Afrika Korps.

Fuentes:
"Atlas de la II Guerra Mundial" de David Jordan y Andrew Wiest
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/batallas/tarento.html

jueves, 3 de mayo de 2012

Los Sanitarios Estadounidenses

Si hay unos tipos que siempre han merecido mi admiración y respeto, sin duda, esos son los médicos y sanitarios que durante la Segunda Guerra Mundial (y por añadidura durante cualquier otro conflicto armado) desempeñaron su labor en primera línea de fuego.


Bastaba que alguien gritara aquello de "¡Sanitario!" para que, bajo el fuego enemigo, corrieran a socorrer a los camaradas heridos, sin importarles su propia vida o integridad física. Es realmente encomiable y digno de todos los elogios que realizaran su trabajo con rigor y profesionalidad, soportando la tensión, el miedo, las balas y explosiones que se sucedían a su alrededor o incluso sus propias heridas. Gracias a su labor, se salvaron innumerables vidas y en muchas ocasiones dieron consuelo y evitaron el sufrimiento a los moribundos.


Creo no equivocarme si afirmo que los sanitarios del Ejército y la Marina de los EE.UU., eran los mejor preparados y equipados de toda la guerra, sobre todo en el Frente del Pacífico donde eran objetivo prioritario de los disparos de los soldados japoneses. Incluso se dieron muchos casos, sobre todo, al comienzo de la guerra, en que acudían a socorrer a algún nipón herido que solicitaba ayuda para encontrarse con que les disparara, les rebanara el cuello o activara una granada mandando a ambos al infierno.


Durante la Segunda Guerra Mundial se vieron avances inmensos en el tratamiento y la evacuación de los heridos. "Drogas maravilla" como la penicilina, la sulfamida y la morfina, y la posibilidad de hacer transfusiones de sangre procedente de bancos, redujeron de modo drástico las muertes por infección y shock. Todos los médicos, y a menudo los propios soldados estadounidenses, llevaban consigo sulfamida en polvo y una jeringuilla desechable de morfina para uso de urgencia durante los combates. Si os interesa podéis pinchar en este enlace para ver el equipo médico completo que llevaba consigo un sanitario norteamericano.


Si un soldado estadounidense herido conseguía ser evacuado con seguridad para recibir tratamiento, lo que en muchas circunstancias no era precisamente moco de pavo, sus posibilidades de sobrevivir eran notablemente altas: una media del 95,5%. Un  75% de los heridos en el abdomen y un 95% de los heridos en el pecho lograban sobrevivir al tratamiento. Incluso los hombres que habían perdido miembros en una explosión o habían recibido heridas en la cabeza tenían más probabilidades de sobrevivir que lo contrario. Ahora bien, siempre en caso de que fueran evacuados a la retaguardia con suficiente rapidez.


Por cada hombre herido en combate durante toda la Segunda Guerra Mundial, hubo 27 soldados temporalmente fuera de servicio a consecuencia de las enfermedades. Así por ejemplo, las enfermedades venéreas fueron el gran azote del Frente Europeo Occidental y el Mediterráneo. La malaria fue también un serio problema en el Norte de África y Sicilia. En el Frente del Pacífico las enfermedades venéreas no eran problema, pero si casi todas las demás. La zona más peligrosa era el Suroeste del Pacífico, con su espesa jungla y la malaria. Esta enfermedad era casi universal en todas las zonas de combate, seguida de la disentería, el dengue y la fiebre tifoidea. Contra la malaria los Aliados produjeron las pastillas de Atebrina, que eliminaban los síntomas pero daban un tono amarillento a la piel como efecto secundario, y además corría el rumor entre la tropa de que causaban esterilidad e impotencia, por lo que muchos soldados evitaban tomarlas.


Con todo, ni las heridas ni las enfermedades graves era la gran causa de las miserias cotidianas del soldado estadounidense medio; lo peor era el carácter insalubre del entorno. En el Pacífico, el menor corte, la más mínima escoriación o picadura de insecto, se infectaban a toda velocidad y a menudo resultaban imposibles de curar sin tratamiento prolongado. Las rozaduras de la ropa siempre húmeda causaban enfermedades cutáneas, hongos y ulceraciones generalizadas, que solían llamarse en conjunto "putrefacción de la jungla". Además aquel frente presentaba un último problema médico que no hay que subestimar: el golpe de calor causado por las altas temperaturas y la humedad extrema.


Como los japoneses atacaban de manera prioritaria los hospitales de sangre y a los propios sanitarios - que eran el blanco predilecto de los francotiradores - éstos se abstenían de mostrar la Cruz Roja y solían ir armados. Los aborígenes del Suroeste del Pacífico - como por ejemplo los papúes a quienes los australianos que lucharon en la campaña de la "Ruta de Kokoda" apodaron fuzzy wuzzy angels - prestaron un servicio inapreciable transportando heridos a las zonas de la retaguardia. También era fácil ver capellanes ayudando a los médicos. Las tropas alemanas del Frente Europeo no tenían por costumbre disparar de manera deliberada al personal sanitario, por lo que, los médicos y camilleros ponían todo su empeño e interés en identificarse en combate con la máxima claridad mediante brazaletes de la Cruz Roja y crujes rojas dentro de un círculo blanco u otros diseños en sus cascos.

Fuente:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "La Americal y otras divisiones americanas en el Pacífico" de Mark R. Henry

miércoles, 21 de septiembre de 2011

The Tuskegee Airmen

Los Tuskegee Airmen - también conocidos como "Red Tails", por la pintura de ese color en las colas de sus aviones - fue el primer grupo de aviadores negros que voló en una unidad militar para el ejército de los Estados Unidos, concretamente en el 332 Grupo de Caza de la USAAF.

La decisión del Departamento de Guerra norteamericano de establecer una escuela de formación para pilotos afro-americanos tuvo lugar el 16 de enero de 1940, creándose la misma en Tuskegee (Alabama), de ahí el apodo. Dicha decisión (muy controvertida por aquel entonces) tuvo su origen en el aumento de la presión de la NAACP (The National Association for the Advancement of Colored People) y otras organizaciones que presionaron para obtener oportunidades para los afroamericanos en las fuerzas armadas de Estados Unidos.

En junio de 1941 comenzó oficialmente el programa de formación con el 99 Escuadrón de Caza en Tuskegee, bajo el mando del Coronel Frederick Kimble, de talante muy conservador, quien mantuvo estrictas medidas de segregación durante su dirección, nunca aceptando la igualdad de razas e impidiendo que los cadetes de color tuvieran los mismos privilegios que pudieran tener los blancos. Los innumerables problemas y quejas (que saltaron a la prensa) presionaron al Mando Aéreo, sustituyendo a Kimble por el Mayor Noel F. Parrish, quien hizo gala de una mentalidad completamente opuesta a su predecesor, mucho más abierta y progresista, e incluso facilitó la entrada en combate de los Tuskegee Airmen.

Así el 99 Escuadrón de Caza fue trasladado a Marruecos para participar en la Operación Torch (Desembarco de las Tropas Anglo-estadounidenses en el Norte de Africa). Una vez llegados al frente los "Red Tails" sufrieron de nuevo en sus propias carnes los efectos de la segregación racial. Fuerons encuadrados en el 33 Grupo de Caza al mando del Coronel William W. Momyer, quien nunca aceptó una unidad formada exclusivamente por pilotos negros en su grupo e intentó boicotear a la unidad en todo lo que pudo: misiones de combate, apoyo, suministros...

Pese al buen rendimiento ofrecido en la primera gran misión de los Tuskegge Airmen, el Coronel Momyer mandó un comunicado a la prensa militar y al Alto Mando, informando de la incompetencia, inexperiencia y cobardía de los pilotos negros del 99 Escuadrón. Se abrió un expediente oficial y se decidió investigar el asunto por parte de las autoridades militares americanas. Para acentuar aún más los problemas de segregación, apareció durante la investigación, un informe científico de la Universidad de Texas, confirmando que los negros disponían de una inteligencia inferior que les dificultaba la toma de decisiones en situaciones criticas (como en combates aéreos). Al final, y sólo gracias a la intervención personal y casi milagrosa del Coronel Emmett "Rosie" O'Donnell, se evitó enviar al presidente Roosevelt la petición de desmantelamiento de la unidad negra de Tuskegee. Se ordenó un estudio comparativo de todas las unidades de caza americanas del Teatro del Mediterráneo y se demostró que los "Red Tails" estaban al mismo nivel, e incluso más, que el resto de unidades, y que las acusaciones de Momyer habían sido exageradas por su racismo.

Así pues, se permitió el envío al frente de 3 nuevos escuadrones (los escuadrones 100, 301 y 302), que hicieron posible la formación del 332 Grupo de Caza, compuesto exclusivamente por pilotos de color, entrenados en Tuskegee. Los aviones que pilotaron fueron los P-40 Warhawk, los P-39 Airacobra, los P-47 Thunderbolt (durante Junio-Julio de 1944) y finalmente los P-51 Mustang, que pintaron con la cola completamente en rojo, haciéndolos un símbolo de la unidad (como el que podéis ver aquí abajo).


Un total de 926 pilotos afro-americanos se graduó en la Escuela de Vuelo de Tuskegee entre 1940 y 1946. De ellos, 445 volaron y pelearon por su país (muriendo 150) mientras que en casa, se les negaban los más elementales derechos civiles. Estos aviadores fueron asignados al teatro de operaciones europeo, interviniendo fundamentalmente en misiones de escolta a bombarderos en Checoslovaquia, Hungría, Austria, Alemania y Polonia. Volaron un total de 1578 misiones con el inigualable record de no haber perdido un solo bombardero, mientras estaban de escolta, destruyendo además un total de 109 aparatos enemigos (al parecer eran muy solicitados como escolta, ya que a diferencia de otros grupos de caza, los Tuskegee Airmen siempre se mantenían pegados a los bombarderos, en vez de dejarlos solos, persiguiendo a cazas alemanes para sumar victorias personales). Especialmente de mención es la misión que realizaron sobre Berlín, el 24 de marzo de 1945, escoltando a los bombarderos sobre la fábrica de Daimler-Benz y derribando tres reactores alemanes Messerschimtt Me 262 en combate aéreo con la pérdida propia de tres P-51 Mustangs. Unido a ello están los éxitos cosechados en sus innumerables misiones de ataque al suelo.

El Teniente Coronel Oliver Benjamin Davis, Jr mandó la primera clase de Tuskegee Airmens que se graduó. Por su parte, el Capitán Charles B. Hall fue el primer afroamericano en derribar un avión enemigo. En Italia en 1944, los Tenientes Gwynne Pierson y Wendell O. Pruitt, a los mandos de sus cazas P-47 Thunderbolt, atacaron un destructor alemán en el puerto de Trieste. El fuego de sus ametralladoras del calibre 50 alcanzó el polvorín y el barco se hundió, acreditándose ambos pilotos como los únicos en destruir un buque enemigo usando solo fuego de ametralladora. Otro de los pilotos de Tuskegee, Daniel "Chappie" James, llego a ser General de 4 estrellas, y a Comandante en Jefe de la Zona Norte y Jefe del Comando de Defensa Aeroespacial.

Los Tuskegee Airmen fueron ampliamente condecorados: varias Estrellas de Plata, 150 Cruces de Vuelo por Méritos Distinguidos, 8 Corazones Púrpura, 14 Estrellas de Bronce y 744 Medallas Aéreas.

Paradójicamente, al terminar la guerra y regresar a su patria tuvieron que librar un nuevo combate: la lucha por la igualdad de derechos, al ser muchos de sus logros ignorados frente a los de sus colegas blancos de la USAAF. Su contribución y su lucha por lograr la paridad y el reconocimiento como militares profesionales competentes, obligó al Departamento de Guerra de los Estados Unidos a revisar sus políticas raciales y, en última instancia, eliminar la segregación de los militares.

En 1948 el presidente Harry S. Truman firmó el Decreto 9981, que abolió definitivamente la segregación en el ámbito militar. A partir de ese momento los pilotos veteranos de Tusgekee fueron muy solicitados en la nueva Fuerza Aérea Americana, algunos pasaron a puestos de instructores en diversos centros, como el Columbia Air Center, en Maryland (de propiedad afro-americana).

El 29 de marzo de 2007, unos 350 Tuskegge Airmen y sus viudas fueron condecorados con la Medalla de Oro del Congreso de los EE.UU. por sus indudables méritos y éxitos cosechados, tanto en el frente como en su propio país, terminando con la segregación en las fuerzas aéreas y abriendo las puertas a toda una generación de pilotos afro-americanos.

Aquí os dejo un póster y un trailer de "Red Tails", una película que cuenta la historia de los Tuskegee Airmen y que podremos ver el año que viene. Está dirigida por un tal Anthony Hemingway y producida por George Lucas, contando en su reparto con nombres como Terrence Howard, Cuba Gooding, Jr., Andre Royo o Bryan Cranston.