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lunes, 13 de mayo de 2013

El USS Stanly (o cómo sobrevivir a 3 ataques suicidas en un mismo día)

El USS Stanly fue un destructor estadounidense de la clase Fletcher que sirvió en la US Navy durante la Segunda Guerra Mundial, y que entró en la historia por sobrevivir milagrosamente a tres ataques suicidas japoneses sufridos en un mismo día.


El 12 de abril de 1945, el destructor norteamericano se encontraba en aguas del Pacífico, al norte de la isla japonesa de Okinawa, realizando una misión de alerta de radar, cuando  recibió el aviso de otro buque estadounidense, el destructor USS Cassin Young, estaba siendo atacado por kamikazes japoneses, por lo que partió hacia el lugar a toda máquina para socorrerlo. Inmediatamente, el USS Stanly se vio rodeado por un enjambre de aviones japoneses que comenzaron a atacarle. El destructor se defendió con bravura, navegando en zig-zag y disparando con sus baterías antiaéreas contra los aviones nipones, consiguiendo derribar 6 aviones torpederos Aichi D3A "Val".


Pese a que los cazas norteamericanos acudieron al rescate y entablaron combate con los aparatos japoneses que acosaban al USS Stanly, su tripulación pudo observar atemorizada como se dirigía hacia ellos a una gran velocidad una Yokosuka MXY-7 "Ohka", una bomba tripulada propulsada por cohetes y con una carga explosiva de más de una tonelada, que era transportada por un avión nodriza, que tras soltarla, era guiada por su piloto hacia el objetivo (ver fotografía superior). El "Ohka" impactó violentamente contra la banda de estribor del USS Stanly, apenas un metro y medio por encima de la línea de flotación. Sin embargo, debido a la enorme velocidad de impacto, unos 900 km/h, la carga explosiva atravesó el casco y estalló fuera del buque, librándolo de un hundimiento seguro. 


Minutos después, otro "Ohka" falló por centímetros su impacto, arrancando el mástil con la enseña de la nave, desintegrándose en el mar tras una serie de rebotes en su superficie. Tras esto, el buque recibió la orden de retirarse, pero mientras se alejaba del lugar, fue víctima de otro ataque suicida. El piloto de un Mitsubishi A6M "Zero", tras lanzar una bomba contra el USS Stanly, se lanzó en picado con intención de estrellarse contra el destructor. Nuevamente la suerte volvió a sonreír al USS Stanly: la bomba, quedó corta en su trayectoria y estalló a popa del barco, mientras que el caza se estrelló igualmente en el mar a unas decenas de metros, tras ser alcanzado por las baterías antiaéreas del destructor. 


Pese a sufrir importantes daños, el USS Stanly (en la fotografía de aquí, tras ser reparado) no tuvo que lamentar ninguna baja mortal entre su tripulación, saldándose los tres ataques suicidas sufridos con solo 3 marineros heridos. Irónicamente, las únicas víctimas mortales a bordo de este destructor se producirían por un accidente el 28 de mayo de 1945, cuando durante unos ejercicios rutinarios de tiro estalló una de sus piezas de artillería principales, matando a dos artilleros.

Fuentes:

sábado, 24 de noviembre de 2012

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (40)

Acabo de caer en la cuenta. Hace ya bastante días que no tenemos por aquí las tradicionales noticias relacionadas con la WW II. Tranquilos, lo remedio a la voz de ya. Aquí tenéis unas cuantas:

--- Los servicios secretos británicos han pedido ayuda a la ciudadanía para descifrar un código atado a los restos de una paloma mensajera de la Segunda Guerra Mundial que, tras semanas de estudio, continúa "indescifrable" para los expertos. El código fue descubierto en 1982 entre los restos de la chimenea de una casa en Surrey (sur de Inglaterra) por el dueño de la vivienda, que halló un pequeño escrito dentro de un tubo rojo atado a la pata de una paloma muerta.


En la pieza de papel, bajo el título "Pigeon Service", había escrito a mano hasta 27 códigos. Desde el descubrimiento, hace un mes, el Servicio de Escuchas y Decodificación de los Servicios Secretos británicos - Government Communication Headquarters (GCHQ) - ha estudiado sin éxito estos códigos, por lo que pide ayuda a la población para resolver un rompecabezas que les tiene "perplejos". Un historiador de este departamento dijo a la BBC que todo indica que el mensaje se realizó durante la Segunda Guerra Mundial, y ahí radica la complejidad para descifrarlo. "Ese tipo de códigos creados para ser usados en operaciones fueron diseñados para que sólo pudieran ser entendidos por los emisores y los receptores del contenido", explicó. Por este motivo, aseguró, a menos que tengan "una mayor idea de quién mandó el mensaje y a quién estaba dirigido" no averiguarán "qué se esconde tras los números". Los expertos barajan - además de esta opción de decodificación entre dos individuos, que haría al mensaje indescifrable - la posibilidad de que su contenido se base en un libro de señas utilizado en la época para una misión en concreto que ahora probablemente esté destruido. Entre las teorías sobre su cometido, algunos sugieren que fuera una prueba de mensajería de cara al  desembarco de Normandía.


Durante el conflicto bélico se utilizaron en el Reino Unido hasta 250.000 palomas mensajeras, cada una de ellas con un número de identificación único para cada mensaje que portaban. Sin embargo, en este documento se han encontrado hasta dos series de números - NURP.40.TW.194 y NURP.37.OK.76 - por lo que también se desconoce cuál de ellos corresponde a esta paloma.

--- En la búsqueda de Japón de nuevas fuentes de energía, un reflector de repuesto del legendario acorazado Yamato ha sido sacado de un depósito para cumplir un uso pacífico. El reflector circular, de 1,5 metros y valorado en más de 1,3 millones de dólares, se ha convertido en parte de un horno solar que convierte la luz del sol en calor en las instalaciones de la Universidad de Tohoku en la isla meridional de Kyushu"Me llena de emoción al pensar que podemos hacer uso del reflector unos 70 años después de la guerra. Estoy profundamente emocionado porque podemos convertir un arma en fuente de energía para uso pacífico." dijo un profesor de la universidad que encabezó el proyecto. Con el uso del horno solar, el proyecto pretende desarrollar un nuevo tipo de célula de combustible que explota las reacciones químicas de magnesio.


El acorazado Yamato, el orgullo de la Armada Imperial Japonesa, fue hundido por caza-bombarderos y torpederos norteamericanos embarcados en portaaviones, el 7 de abril de 1945, mientras estaba en ruta a Okinawa para luchar contra la invasión aliada de la isla, meses antes de la rendición del país. El buque de 65.027 toneladas y 263 metros de eslora, fue conocido como el más grande y más poderosamente armado acorazado jamás construido.

--- Una máquina encriptadora Enigma utilizada por el Ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial fue subastada recientemente en más de 85.250 libras esterlinas, superando ampliamente las estimaciones iniciales, que señalaban que podría alcanzar entre 40.000 y 60.000 libras. Construida por Heimsoeth und Rinke en 1941, la Enigma que fue vendida es una versión de tres rotores y es del tipo usada por Alemania entre 1938 y 1944. 



"Las máquinas Enigma muy raramente aparecen en subastas. Este caso en particular se debe a que se encuentra en estado totalmente intacto y sin modificaciones", dijo un responsable de la casa de subastas Bonhams. "Muchas máquinas fueron tomadas por los soldados aliados como recuerdos durante las etapas finales de la Segunda Guerra Mundial y como tal, en años posteriores, tendían a ‘mezclarse y combinarse’, al sustituir rotores, cajas y cabezales con piezas de otras máquinas. Esta Enigma tiene todos los elementos con el mismo número de serie, garantizando que está totalmente completa y original en todo". El código de la máquina Enigma fue descifrado por los criptoanalistas de Bletchley Park en el Reino Unido. "Pesos pesados" en matemáticas como Alan Turing rompieron los códigos, ayudando en última instancia a ganar la guerra contra el régimen nazi. 

jueves, 26 de julio de 2012

Citas Literarias (2)

"Entre los cráteres que se encontraban lejos del cerro, al oeste, había unos cuantos cadáveres de marines. Justo después del borde derecho de la última trinchera, el cerro caía abruptamente hasta el terreno llano y lleno de barro. Junto al pie del cerro, casi directamente debajo de mí, había un cráter parcialmente inundado de unos noventa centímetros de diámetro y probablemente de otros noventa de profundidad. En este cráter se encontraba el cuerpo de un marine cuyo espeluznante semblante ha permanecido inquietantemente claro en mi memoria. Si cierro los ojos, está tan vívido como si lo hubiera visto ayer.

La lastimosa figura estaba sentada de espaldas al enemigo y descansaba contra el borde meridional del cráter. Tenía la cabeza ladeada y el casco estaba apoyado contra el lado del cráter, de manera que la cara, o lo que quedaba de ella, miraba directamente hacia mí. Tenía las rodillas flexionadas y separadas. Cruzado sobre los muslos, aún aferrado entre sus manos esqueléticas, tenía un rifle oxidado. Llevaba las polainas de lona cuidadosamente sujetas por las pantorrillas y encima de las botas. El agua turbia le cubría los tobillos, pero las punteras de las botas se veían por encima. Las pantalones, el casco, el forro y el equipo parecían nuevos. No estaban salpicados de barro ni desteñidos.

Estaba seguro de que era un nuevo reemplazo. Todo en aquel hombretón se parecía mucho a un marine tomándose un descanso durante unas maniobras antes de recibir la orden de ponerse en marcha otra vez. Al parecer lo habían matado al principio de los ataques contra Half Moon, antes de que comenzaran las lluvias. Bajo el borde del casco pude ver la visera de una gorra de faena de algodón verde. Debajo de la gorra estaban los restos esqueléticos más espantosos que había visto nunca...y ya había visto demasiados.

Cada vez que miraba por encima del borde de aquella trinchera hacia el cráter, aquella cara medio desaparecida me lanzaba una mirada maliciosa acompañada de una sonrisa sarcástica. Era como si se mofara de nuestros lastimosos esfuerzos para aferrarnos a la vida. O tal vez se burlaba de la locura de la propia guerra: 'Soy la cosecha de la estupidez del hombre. Soy el fruto de la hecatombe. Rogué como tú por sobrevivir, pero mírame ahora. Para los que estamos muertos ya ha terminado, pero tú debes luchar, y llevarás estos recuerdos toda tu vida. Los de casa se preguntarán por qué no puedes olvidar' ".

Eugene B. Sledge - "Diario de un Marine", págs. 383-385

jueves, 14 de junio de 2012

Las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada Japonesa (Tokubetsu Rikusentai)

Durante la guerra contra Rusia (1904-1905), los japoneses utilizaron por primera vez en sus buques de guerra pequeños destacamentos de tropas navales que podían ser desplegados con armas ligeras para hacer tareas de control de las costas y de combate. Aquellas tropas navales podían ser transportadas con rapidez por barcos hasta los lugares conflictivos como puntas de lanza de posteriores operaciones militares de mayor envergadura. Ese fue el comienzo de las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada (en adelante FEDA) o Tokubetsu Rikusentai.


El 28 de febrero de 1932 una fuerza de 2.000 soldados de la Tokubetsu Rikusentai tuvo su primer enfrentamiento con tropas chinas en lo que los japoneses llaman "el incidente de Sanghai". Tras su bautismo de fuego, comenzaron a tomar la forma de una fuerza de élite a cuyas unidades se asignaban las tareas más difíciles. Las cuatro principales bases navales de Japón - Kure, Maizuru, Sasebo y Yokosuka - crearon unidades FEDA que recibieron instrucción especial, incluidos el uso de artillería ligera y las operaciones anfibias de desembarco. El primer choque a gran escala en que intervinieron tuvo lugar en la Segunda Guerra Chino-Japonesa, concretamente en Sanghai, el 13 de agosto de 1937, donde 2 divisiones chinas intentaron echar de la Concesión Internacional a 2.000 soldados de las FEDA y 1.300 hombres más de la Armada Imperial. Aunque superados numéricamente en una proporción de 7 a 1, los nipones resistieron.


Las Tokubetsu Rikusentai fueron reestructuradas en unidades de 750 a 1500 hombres con dos compañías de fusileros y una o dos con armamento pesado (morteros, ametralladoras pesadas, ametralladoras antiaéreas ligeras o cañones ligeros de campaña). Esas compañías se conformaban con un número menor de efectivos, comparadas con las fuerzas regulares del ejército, pero fueron entrenadas para combatir independientemente si fuera necesario y en muchos casos sin esperar ayuda de ningún tipo. Al momento de declarar la guerra a los EE.UU, el país nipón tenía 16 unidades de las FEDA. La mayor de ellas, con un total de 1.600 hombres, era la 1ª Sasebo Rikusentai, seguida por la 2ª Sasebo Rikusentai, con 1.400 hombres, y las  y 2ª Kure Rikusentai, que también contaban ambas con 1.400 efectivos. Cada una de las 12 unidades restantes disponían entre 750 y 1.000 hombres. Además, había 2 unidades de paracaidistas especialmente entrenados, la y 3ª Yokosuka Rikusentai, con cerca de 750 soldados cada una de ellas.


Durante la Segunda Guerra Mundial, las unidades de las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada Imperial consiguieron una reputación desmesurada para su pequeño tamaño. Las fuerzas aliadas se refieron erróneamente a ellas como "marines japoneses" pero técnicamente no había comparación posible con el U.S. Marine Corps, que era independiente del Ejército y de la Armada estadounidenses, y sus divisiones estaban entrenadas y equipadas específicamente para establecer cabezas de playa en desembarcos anfibios antes de la llegada del Ejército. Las Tokubetsu Rikusentai no eran un cuerpo independiente - eran marineros bajo el mando de oficiales de la Armada Imperial - y, como se ha indicado, los efectivos humanos de una unidad solían aproximarse a los 2 batallones como mucho.


Por causa de las discrepancias políticas y de un acusado complejo de superioridad, la Armada y el Ejército de Japón rara vez colaboraban, una situación que a menudo llevaba a una innecesaria e ineficiente duplicación de los esfuerzos y los gastos, así como a una deficiente coordinación operacional. Eso hizo que fuera de la mayor importancia que la Marina Imperial contase con su propio contigente de tropas de infantería para acompañar a sus buques en las misiones remotas. Con sus propias tropas, los comandantes navales, podían, en teoría, vigilar sus fondeaderos y también tener control sobre la situación local sin tener que estar bajo el mando de sus compañeros rivales del Ejército Imperial.


Cuando comenzó la Guerra del Pacífico, las FEDA participaron en la invasión de las Islas Filipinas. Las incursiones aéreas japonesas dejaron fuera de servicio los aeródromos claves y pillaron totalmente desprevenidas a las guarniciones filipinas y estadounidenses. La 1ª Kure Rikusentai desembarcó en Legazpi, en la isla de Luzón, el 12 de diciembre de 1941 con 575 hombres - un modesto desembarco que en ese momento mereció la consideración de gran operación-. La 2ª Kure Rikusentai desembarcó en Mindanao el día 20. Enfrentados a una resistencia débil y desorganizada, los hombres de las FEDA sufrieron pocas bajas.


La Batalla por la isla Wake se convirtió en una empresa formidable cuando la pequeña guarnición de Marines estadounidense destacada en la isla, ampliamente superada en número, presentó una tenaz y enconada resistencia, rechazando un primer intento de desembarco de la Maizuru Rikusentai  el día 11 de diciembre de 1941 (lo que fue aprovechado al máximo, propagandísticamente hablando, por los norteamericanos con el famoso "Send us more japs!"); el 23 de diciembre, los nipones lo volvieron a intentar, esta vez reforzados con unidades del Ejército  y asaltaron las costas meridionales de las islas Wake y Wilkes a las 02,35 horas. En una dudosa victoria para la Maizuru Rikusentai, la guarnición estadounidense se vio obligada a rendirse a las 08.00 horas.


La primera utilización de los paracaidistas de la Armada Imperial tuvo lugar el 11 de enero de 1942, cuando la 1ª Yokosuka Rikusentai  del comandante  Toyaki Horiuchi, fue lanzada para tomar el aeródromo holandés de Langoan, en las afueras de la ciudad de Manado, en la isla Célebes (la actual Sulawesi, ahora territorio de Indonesia, entonces Indias Orientales Holandesas). El asalto desde el aire efectuado por unos 430 hombres fue precedido por desembarcos anfibios de las y 2ª Sasebo, con 2.500 hombres en total, bajo el mando del capitán Kunizo Mori.  En Manado se les enfrentó una fuerza de cerca de 1.500 soldados holandeses y locales, la mayoría de ellos reservistas y milicianos. Los paracaidistas saltaron directamente sobre el defendido aeródromo de Langoan y sufrieron bajas (32 muertos y 32 heridos), pero la operación combinada de fuerzas aerotransportadas y anfibios logró una rápida victoria.


El 20 de febrero de 1942 los paracaidistas de la 3ª Yokosuka Rikusentai (teniente comandante Fukumi) fracasaron en una operación contra el aeródromo de Penfui en Timor Occidental, una zona controlada por una fuerza holandesa-australiana de unos 1.600 hombres. Simultáneamente, el 228º Regimiento de Infantería del ejército y la 1ª Kure Rikusentai  desembarcaron a unos 15 kms hacia el sur con 4.600 efectivos. Para evitar volver a sufrir muchas bajas como en Langoan, donde los paracaidistas habían saltado directamente sobre las defensas, los cerca de 630 paracaidistas de la 3ª Yokosuka fueron lanzados en una zona a 15 kms de su objetivo - demasiado lejos para que pudiesen avanzar rápidamente a través de la espesa jungla -. Quedaron detenidos en la única carretera por la resuelta resistencia enemiga y allí murieron 36 y otros 24 fueron heridos; y para cuando consiguieron llegar a su objetivo, el 22 de febrero, ya había sido tomado por la fuerza anfibia de la 1ª Kure. Aunque la Armada Imperial planeó otras operaciones con tropas aerotransportadas, ninguna fue puesta en práctica, y en diciembre de 1942, la y 3ª Yokosuka fueron enviadas a Japón y su personal fue absorbido por una 1ª Yokosuka Rikusentai reorganizada y más convencional.


Entre otras acciones ofensivas en que participaron las FEDA, la 3ª Yokosuka desembarcó en abril en 1942 en la isla de Tulagi, en las Islas Salomón, para establecer una base para hidroaviones, pero los Marines de EE.UU. liberaron la isla el 7 de agosto de 1942 al comienzo de la campaña de Guadalcanal, en la que lucharon otras tropas de las FEDA. Los soldados de las Tokubetsu Rikusentai fueron enviados a combatir en otros lugares de las Salomón y de Nueva Guinea durante 1942, pero las desastrosas pérdidas sufridas por la Armada Imperical en la Batalla de Midway en el mes de junio ya habían empezado a limitar la capacidad de Japón de maniobrar con libertad en las enormes distancias que separaban sus posiciones avanzadas en las islas. A medida que las pérdidas de la Armada Imperial frente a las fuerzas navales y aéreas aliadas iban en aumento, las Tokubetsu Rikusentai fueron perdiendo eficacia para su pretendida función; sin superioridad naval no era posible organizar operaciones de desembarco enérgicas y gran escala.


A partir de ese momento, las Tokubetsu Rikusentai se vieron limitadas a funciones de defensa de las islas ya ocupadas por Japón, y en tales combates aquellas pequeñas unidades carecían de la fuerza necesaria para ser efectivas por altas que fuesen su moral y determinación. Los encarnizados combates en la jungla, las enfermedades tropicales y el bloqueo que mantenían los Aliados sobre sus líneas de aprovisionamiento (que provocó auténticas situaciones de hambre y desabastecimiento de todo tipo de cosas) continuaron minando las fuerzas de las dispersas guarniciones. Al menos 4 de las principales unidades de las Tokubetsu Rikusentai fueron disueltas en 1942 ( y 2ª Kure, y la y 2ª Sasebo).


El último golpe real asestado por las FEDA tuvo lugar durante la Batalla de Tarawa, en las Islas Gilbert, entre el 20 y el 23 de noviembre de 1943. Allí, unos 1.500 hombres  de la 7ª Sasebo lucharon codo con codo con 1.100 marineros de la 3ª Fuerza Especial de Bases (antes 6ª Yokosuka) para defender sus posiciones principales en el atolón de Betio y en los islotes circundantes de los desembarcos de la 2ª División de Marines estadounidense. Aquel fue el primer gran asalto anfibio lanzado por EE.UU. contra una isla ocupada por japoneses, en el cual se pusieron a prueba nuevos equipos y tácticas. Cuando consiguieron tomar el atolón, 3 días más tarde, cerca de 1.000 Marines norteamericanos habían muerto o desaparecido (o murieron después de sus heridas) y otros 2.300 más habían resultado heridos. Sólo 17 hombres de la guarnición japonesa fueron capturados con vida (el resto murió en combate o decidió suicidarse como los soldados de la imagen inferior).


Un buen número de guarniciones japonesas fueron ignoradas y quedaron abandonadas a su suerte en islas a medida que la máquina de guerra estadounidense barría el Pacífico sin pausa en dirección a las islas del archipiélago japonés. Las unidades de las Tokubetsu Rikusentai destinadas en Saipan, Iwo Jima y Okinawa fueron masacradas a largo de 1944 y1945. Para ese momento ya no había clase alguna de tropas de élite japonesas, por falta de instrucción, mando, equipos y moral. Muy pocos de sus veteranos vivieron para llegar a ver el final de la guerra.


Fuente: 
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Las Fuerzas Japonesas de Desembarco" de Gary Nila y Robert A. Rolfe
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-JAP/tokubetsu-rikusentai.html

jueves, 24 de mayo de 2012

La Jinrai Butai ("Trueno Divino")

A pesar de los éxitos iniciales japoneses, tras las derrotas en Midway y Guadalcanal, se hizo evidente que los nipones habían despertado a un gigante dormido - como pensaba el almirante Yamamoto - con un increíble potencial humano, industrial, armamentístico y logístico que le superaba en todos los frentes, y al que, pese a oponer una tenaz, fanática y heroica resistencia, era evidente no podían derrotar. Era obvio que la guerra para Japón estaba perdida, pero los mandamases militares se empeñaron en buscar medidas desesperadas (como los ataques kamikaze y otras acciones suicidas como éstas que os conté por aquí) con las que pretendían cambiar el curso de la contienda.


En el verano de 1944, meses antes de la aparición de las primeras escuadrillas kamikaze, la Marina Imperial Japonesa desarrolló una nueva arma, la Yokosuka MXY-7 Ohka ("Flor de Cerezo"), la primera que demostraba que había aceptado ya como inevitable el empleo masivo de tácticas suicidas. Se trataba de una bomba tripulada, propulsada por cohetes y con una carga explosiva de más de una tonelada, la cual debía ser transportada hasta las proximidades del objetivo por un avión nodriza (el elegido fue el bombardero medio Mitsubishi G4M "Betty"). Una vez lanzada, el piloto la dirigiría hasta estrellarla contra el blanco escogido. Los soldados norteamericanos apodaron a esta bomba volante tripulada por pilotos suicidas, Baka, término japonés que significa "idiota" o "estúpida".


A finales de septiembre de 1944 el diseño estaba completado, y un mes después salían de fábrica las primeras unidades. El reclutamiento de sus futuros pilotos había comenzado en el mes de agosto, cuando se creó una unidad especial: la Jinrai Butai (“Cuerpo del Trueno Divino”). Sus integrantes eran todos voluntarios, en su mayor parte jóvenes reclutas sin experiencia como pilotos. La mayor parte de las prácticas se hacían con cazas Mitsubishi A6M "Zero", en un principio para obtener horas de vuelo, ya que como digo, la gran mayoría no tenían experiencia. Más tarde comenzaron a practicar los picados, también en "Zeros", ascendiendo a gran altitud y descendiendo a mínimo de gas. Para practicar el planeo se diseñó un Ohka biplaza de entrenamiento, el modelo K-1 (que podéis ver en la imagen inferior). Los accidentes eran muy frecuentes, pero la moral era alta.


Mientras tanto, en las Islas Filipinas, había nacido otra “unidad especial”, que aparentemente estaba obteniendo unos resultados espectaculares, la Shimpu Tokkotai (“Cuerpo de Ataque Especial Viento Divino”), más conocida como Kamikaze. En noviembre, el vicealmirante Takijiro Onishi, comandante de la 1ª Flota Aérea de la Armada Imperial nipona, y creador de las primeras escuadrillas kamikaze, pidió a Tokio que le enviasen refuerzos para poder mantener sus ataques suicidas. Los pilotos de la Jinrai Butai habían completado su periodo de adiestramiento y estaban deseando entrar en acción, pero dos desastres inesperados se lo impidieron. El 29 de noviembre el gigantesco portaaviones Shinano fue hundido por el submarino estadounidense USS Archer-Fish, en su primera salida de puerto, tan sólo 9 días después de ser botado. El buque nipón llevaba los 50 primeros Ohkas salidos de la cadena de montaje que iban a ser enviados a las Filipinas. El 17 de diciembre otros 30 Ohkas fueron embarcados en el portaaviones Unryu para ser transportados a Manila, pero 2 días después dicho portaaviones también fue hundido por otro submarino estadounidense, el USS Redfish. Se tardaron dos meses en reponer los Ohkas perdidos, y para entonces los ataques kamikaze habían cesado en las Filipinas (el 5 de enero de 1945 se habían enviado los últimos aviones disponibles en un ataque suicida masivo contra la flota estadounidense en el Golfo de Lingayen).


El vicealmirante Onishi trataba de reorganizar sus escuadrillas kamikaze en Formosa, todavía confiando en que las tácticas suicidas podían dar la vuelta a la desesperada situación militar de Japón. Onishi estaba deseando probar los Ohkas y quiso utilizar algunos en febrero para atacar a los estadounidenses en Iwo Jima, pero no le dieron la oportunidad de hacerlo.Los hombres de la Jinrai Butai fueron integrados en el 721º Kokutai (Grupo Aéreo de la Marina con base en tierra) - en la foto superior - y trasladados a bases aéreas del sur de Japón. Los días 19 y 20 de marzo de 1945, como parte de los preparativos para los desembarcos en Okinawa, la aviación estadounidense realizó una serie de ataques contra las bases aéreas del sur de Japón. Los japoneses enviaron sus aviones de reconocimiento tratando de encontrar los portaaviones desde los que habían despegado los atacantes. La mañana del 21 de marzo un avión descubrió 3 portaaviones estadounidenses, aparentemente navegando en solitario, sin escolta.


El Almirante Matome Ugaki, comandante de la 5ª Flota Aérea, vio una oportunidad de poner a prueba los Ohkas. Había 16 preparados, todos ellos con sus respectivos aviones nodriza (bombarderos medios Mitsubishi G4M “Betty” modificados para el transporte de las bombas-cohete tripuladas, como podéis ver en la fotografía de aquí arriba). Otros dos bombarderos más les acompañarían, sin bombas tripuladas, para ayudarles en la navegación. Los bombarderos cargados con Bakas resultaban muy pesados y lentos, y en consecuencia eran muy vulnerables a los ataques de los cazas enemigos. Necesitaban estar protegidos por una fuerte escolta, pero en esa ocasión, a causa de los últimos ataques aliados a los aeródromos y de la urgencia con la que se preparó la misión, los japoneses tan solo pudieron reunir 55 "Zeros". Era un número claramente insuficiente para un ataque a una fuerza de portaaviones. Ugaki estuvo a punto de cancelar la misión, pero fue la insistencia de las tripulaciones, y especialmente de los pilotos de los Ohkas, la que le decidió a seguir adelante.


El capitán Goro Nonaka tendría el honor de dirigir el primer ataque del "Trueno Divino". A las 11:35 de la mañana del 21 de marzo despegaron los 18 bombarderos, más los 55 cazas de escolta. Sin embargo, 8 cazas Mitsubishi A6M "Zero" tuvieron fallos en el despegue y se vieron obligados a quedarse en la base y otros 17 tuvieron que regresar más tarde por problemas mecánicos. A pesar de ese comienzo tan desalentador, y de que un nuevo avión de reconocimiento informó de que los portaaviones enemigos estaban acompañados de buques de escolta, se habían separado y se alejaban hacia el sudoeste, la misión continuó. Las posibilidades de que el ataque de los Ohkas tuviese éxito habían disminuído enormemente, pero no tuvieron ocasión de comprobarlo. La formación atacante fue descubierta por los radares de los buques norteamericanos y decenas de cazas despegaron de los portaaviones para salir a su encuentro. Los aviones japoneses fueron sorprendidos por el ataque de una formación de cazas Grumman F6F Hellcat. Los cazas japoneses trataron inútilmente de proteger a los pesados bombarderos, que se vieron obligados a desprenderse de sus bombas tripuladas para aligerar peso. Fue un combate caótico que duró apenas 10 minutos, tras el cual, 14 de los "Bettys" fueron derribados rápidamente y de los otros 4 no se volvió a saber nada, después de desaparecer en un banco de nubes perseguidos por los cazas norteamericanos. Tan solo 15 "Zeros", la mayoría dañados, lograron regresar de la misión.


El 1 de abril de 1945 comenzaron los desembarcos estadounidenses en Okinawa. En las semanas siguientes se sucedieron con regularidad ataques suicidas contra la enorme flota estadounidense que se había concentrado ante la isla. La primera misión fue el primer día de la batalla, el 1 de abril. Entre los aviones que participaron en ella había 6 bombarderos con Ohkas del 721º Kokutai. En algunas fuentes se dice que uno de los Ohkas impactó en una de las torres de artillería principales del acorazado USS West Virginia causándole graves daños, aunque en realidad se trató de un avión kamikaze "convencional" y el acorazado siguió operando con normalidad. Los buques de transporte USS Alpine, USS Achernar y USS Tyrrell también fueron alcanzados por kamikazes, pero es poco probable que alguno de ellos fuese un Ohka. Ninguno de los 6 bombarderos "Betty" regresó a su base.


El 12 de abril la Jinrai Butai tuvo una nueva oportunidad de demostrar su valía. Ocho Ohkas participaron en el segundo ataque Kikusui (ataque kamikaze masivo) contra las fuerzas estadounidenses en Okinawa. Junto a ellos otros 80 aviones suicidas y más de 100 cazas de escolta se lanzaron contra la flota estadounidense convergiendo desde distintas direcciones. Seis de los ocho bombarderos lograron soltar sus bombas tripuladas antes de ser derribados. Solo uno regresó a su base y pudo informar del resultado de la misión. Ese día los Ohkas golpearon con una eficacia que nunca volverían a tener. El destructor USS Mannert L. Abele fue alcanzado por un Ohka y se hundió tras partirse en dos. Otro destructor, el USS Stanley, también recibió un impacto directo de un Ohka pero tuvo más suerte. La bomba tripulada se estrelló en su banda de estribor apenas un 1,5 m por encima de la línea de flotación, pero debido a la enorme velocidad de la bomba (900 km/h), la carga explosiva atravesó el casco y estalló fuera del buque, librándolo de un hundimiento seguro. Minutos después, otro Ohka falló por centímetros su impacto, arrancando el mástil con la enseña de la nave, desintegrándose en el mar tras una serie de rebotes en su superficie. Junto con el USS Jeffers, otro destructor que también sufrió impactos de los Ohkas, tuvo que retirarse por los daños sufridos en el ataque. Los japoneses supusieron que la misión había tenido éxito, y desde entonces los Ohkas fueron utilizados regularmente. En realidad habían sido frenados por los destructores de la primera barrera defensiva de la flota. Cuando los estadounidenses mejoraron sus tácticas antikamikaze, a los japoneses les resultó muy difícil incluso golpear a aquellos buques de primera línea.


El resto de ataques realizados el mes de abril fracasaron uno tras otro: el 14 de abril 7 bombarderos del 721º Kokutai atacaron de nuevo a la flota estadounidense en Okinawa. No regresó ninguno, y no hay constancia de que alguno de los Ohkas llegase a ser lanzado. Dos días más tarde, otros 6 "Bettys" repitieron el ataque. Dos regresaron, pero de nuevo los Ohkas no alcanzaron ningún blanco. El 28 de abril, les tocó el turno a otros 4 "Bettys". Solo volvió uno, y una vez más los Ohkas fracasaron en su ataque. El 4 mayo, sin embargo, 7 bombarderos del 721º Kokutai atacaron a la flota estadounidense formando parte del quinto ataque masivo kamikaze. Una bomba tripulada golpeó en el puente del dragaminas USS Shea, causando grandes daños y matando a 35 hombres. La patrullera USS Gayety también fue dañada por la explosión cercana de un Ohka. Uno de los bombarderos logró regresar de la misión. Una semana después se lanzó el sexto ataque Kikusui, en el que intervinieron otros 4 "Bettys" portadores de Ohkas. El destructor USS Hugh W. Hadley fue alcanzado y sufrió daños muy graves. La tripulación logró heroicamente mantenerlo a flote, pero el buque sería considerado irreparable. El 25 de mayo el ataque de otros 11 bombarderos con sus respectivas bombas tripuladas fue interrumpido por el mal tiempo. La mayoría de los aviones optaron por regresar a su base. Los que no lo hicieron desaparecieron sin que conste que llegasen a lanzar sus bombas tripuladas.


Con la Batalla de Okinawa prácticamente perdida la Marina nipona decidió reservar los Ohkas y sus pilotos supervivientes para enfrentarse a los desembarcos en las islas mayores del achipiélago japonés, de manera que la Jinrai Butai fue repartida por varias bases en las islas niponas de Honshu y Shikoku. Una segunda unidad que se estaba formando, llamada Tatsumaki Butai ("Cuerpo del Tornado Divino"), fue disuelta y sus inexpertos pilotos - todavía en fase de adiestramiento - fueron destinados a cubrir las bajas de la Jinrai Butai. Pese a todo, aún habría un último ataque a la flota enemiga en Okinawa, el 22 de junio (el día después del fin de la resistencia japonesa en la isla). De los 6 bombarderos que participaron en el mismo, sólo 2 lograron regresar, sin que ninguna de las bombas tripuladas alcanzaran ningún objetivo.


Fuentes:
http://nonsei2gm.blogspot.com.es/2012/05/trueno-divino.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Yokosuka_MXY7_Ohka

martes, 14 de febrero de 2012

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (8)


"Fue al final de la batalla. Eran personas a quienes habían inculcado que iban a morir o sufrir torturas a manos de los americanos, así que eligieron el suicidio...saltaron desde los altos acantilados del extremo sur de la isla. No se si alguien trató de contarlos, pero por los cadáveres que encontramos días después alrededor de la isla, hubo centenares. Ver aquellos cadáveres flotando juntos en el agua era un espectáculo horrible.

Fue el horror que coronaba todos los espectáculos, algo que nunca creí que pudiera pasar, aunque ya habíamos visto ataques suicidas. Pero la aniquilación inútil de recién nacidos y niños (algunos arrojaron a sus hijos por el acantilado y luego saltaron detrás) era demasiado horrible para que la mentalidad occidental lo entendiera."

Robert Sherrod, corresponsal estadounidense durante la Batalla de Okinawa.


Fuente: "Un Mundo en Guerra: Historia Oral de la Segunda Guerra Mundial" de Richard Holmes

viernes, 2 de diciembre de 2011

Los Comandos Aerotransportados Giretsu

Después de la conquista de las Islas Marianas los estadounidenses pudieron disponer de bases para atacar el territorio metropolitano japonés con sus bombarderos de gran autonomía (así, el 24 de noviembre de 1944 los Boeing B-29 Superfortress, con base en Saipán realizaron su primera incursión sobre Tokio). Por ello, a partir de finales de 1944, bajo el mando del General de División Tominaga Kyoji, comandante de la 4ª Flota Aérea, se decidió que los paracaidistas del Ejército Imperial Japonés formaran las unidades de comandos Giretsu Kuteitai (Unidad Aerotransportada Giretsu), cuya misión principal era atacar los aeródromos estadounidenses en las Marianas y demás islas del Pacífico.

La abrumadora superioridad aérea de EEUU en la mayoría de las campañas del Pacífico y Asia en 1944-1945 estaba siendo decisiva, por lo que la idea de que pequeñas incursiones locales podían alterar la situación se antojaba cuanto menos extravagante. Pese a todo, se decidió que esas unidades de comandos llegasen hasta los aeródromos enemigos saltando en paracaídas o aterrizando de contigencia en aviones de transporte o bombarderos modificados, para llevar a cabo misiones esencialmente suicidas: debían destruir todos los aviones norteamericanos posibles y luego defender sus posiciones hasta el último hombre y la última bala. El seleccionado para dirigir la nueva unidad fue el capitán Michiro Okuyama, comandante de la 1ª Compañía del Regimiento de Ingenieros de la 1ª Brigada de Asalto Paracaidista, una unidad especializada en técnicas de sabotaje y demolición.

La primera operación Giretsu, se llevó a cabo en la noche del 6-7 de diciembre de 1944, y fue ejecutada por 750 hombres del 1er Grupo de Incursión que fueron llevados - 13 soldados por avión - en aviones de tranporte Mitsubishi Ki-57 que debían lanzarlos sobre varios aeródromos filipinos, dos de ellos en Dulag y dos más en Tacoblan (ambos en la provincia filipina de Leyte). Aunque un total de 300 comandos japoneses consiguieron aterrizar en sus objetivos, el resto de los aviones fueron abatidos. Los paracaidistas que lograron sobrevivir opusieron una enérgica y tenaz resistencia durante unas horas y fueron cayendo poco a poco sin haber causado daños de importancia.



La operación más conocida de las unidades Giretsu se produjo en la noche del 24-25 de mayo de 1945, cuando 9 bombarderos Mitsubishi Ki-21 despegaron para atacar el aeródromo de Yontan, en Okinawa, llevando cada uno 14 comandos. Cuatro de los aviones tuvieron que regresar a la base por problemas mecánicos, pero los cinco restantes consiguieron llegar a las inmediaciones del aeródromo. Sin embargo, de los cinco aviones que llegaron a Yontan, cuatro se estrellaron derribados por las batería antiaéreas del Ejército y la Marina norteamericana, cuando se aproximaban al aeródromo con intención de tomar tierra. La sección de cola de uno de ellos se puede observar en la foto inferior.

El ala de uno de ellos cayó en la posición de un cañón antiaéreo, matando a 2 de los servidores. Un quinto "Sally" (nombre que daban los aliados al Ki-21) aterrizó de panza, con el tren de aterrizaje plegado, en una de las pistas, deslizándose hasta una distancia de 80 metros de la torre de control. Los paracaidistas japoneses salieron del "Sally" (el de la foto de aquí abajo) y se abalanzaron hacia los aviones estadounidenses estacionados en la base, lanzando granadas de fósforo y cargas de demolición y disparando sus armas. Dos depósitos que contenían 70.000 galones de combustible (265.000 litros) estallaron en llamas, provocando un gigantesco incendio.

Los estadounidenses fueron temporalmente presa del pánico. Los pilotos, el personal de tierra, los artilleros de los antiaéreos y las fuerzas de seguridad de la base comenzaron a disparar sus armas en todas direcciones. Ese fuego indiscriminado fue lo que causó la mayor parte de las bajas estadounidenses (3 muertos y 18 heridos) y algunos de los daños que sufrieron los aviones norteamericanos.

Todos los comandos japoneses murieron, el último de ellos al mediodía del día siguiente cuando fue descubierto oculto entre la maleza. En total, los estadounidenses enterraron 69 cuerpos de comandos y aviadores enemigos. La mayoría de ellos murieron en sus aviones. Entre los que lograron tomar tierra, varios de ellos acabaron suicidándose cuando agotaron los explosivos que llevaban. Los atacantes lograron destruir en total 9 aviones estadounidenses: 3 cazas F4U Corsair, 2 cuatrimotores bombarderos-patrulleros PB4Y Privateer, y 4 transportes R4D - la denominación que daba la Marina al Douglas C-47 ("Dakota") -; otros 26 aviones norteamericanos resultaron igualmente dañados. No obstante, la tarde del día siguiente el aeródromo de Yontan estaba de nuevo en funcionamiento, y la mayoría de aviones dañados fueron reparados en pocos días.

Se diseñó un ataque masivo contra las bases de los bombarderos B-29 en Saipán, Tinián y Guam el día 9 de agosto de 1945, en el que iban a participar 200 aviones que transportarían 2.000 comandos Giretsu, pero tuvo que ser cancelado cuando los aviones reunidos para la misión fueron destruidos en tierra por la aviación aliada.

martes, 25 de octubre de 2011

El Mal Fario del "Willie Dee"

El USS William D. Porter - conocido entre su tripulación como "Willie Dee", fue un destructor de la U.S. Navy (Armada de los Estados Unidos), que se hizo famoso durante la Segunda Guerra Mundial por su curiosa trayectoria de mala suerte, y sobre todo por estar a punto de enviar a pique, con un torpedo disparado por error, al acorazado USS Iowa, en el que viajaba el Presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt. Pero vayamos por partes:

El 12 de noviembre de 1943, al Willie Dee se le encomendó como primera misión ubicarse en la desembocadura del río Potomac y aguardar instrucciones. En ese lugar estaba el acorazado USS Iowa, que embarcó al Presidente Roosevelt y al Secretario de Estado Cordell Hull , que se dirigían a la Conferencia de los Jefes Aliados en Teherán. Su destino era el puerto norteafricano de Mers el-Kebir, para desplazarse después por vía aérea a la ciudad persa. El USS William D. Porter - llamado así en honor del célebre comodoro de la Guerra de Secesión - era el tercer destructor de escolta de un total de tres, más dos portaaviones ligeros, y su misión era proporcionar cobertura antisubmarina para la flotilla.

El viaje del Willie Dee no empezó precisamente con los mejores augurios. Cuando el Capitán Wilfred Walter ordenó "Atrás despacio" para sacar al mar su barco, se produjo un gran estruendo de madera resquebrajándose. Lo que ocurría era que el ancla del destructor se había enganchado a un buque mercante vecino y le había arrancado barandas, balsas salvavidas, un bote y otros pedazos de metal variados.

No acabarían ahí los incidentes para el buque del Capitán Walter: poco después de que el convoy se agrupara y comenzara su viaje, mientras cruzaban el Mar de los Sargazos (una zona donde recientemente habían sido hundidos varios barcos por los submarinos alemanes), se produjo una explosión en el mar y una enorme columna de agua llamó la atención de los vigías. De inmediato todos los buques tocaron a zafarrancho de combate e iniciaron maniobras evasivas temiendo la presencia de un submarino germano, hasta que el Willie Dee informó que la explosión no era fruto de un ataque de un U-Boot, sino que una de sus cargas de profundidad se había soltado y caído al agua, y al no tener puesto el seguro como era preceptivo, había explotado.

El siguiente incidente en que se vio involucrado el destructor tuvo consecuencias más trágicas. Una fuerte borrasca afectaba al convoy, cuando una gran ola barrió la cubierta del Willie Dee, lanzando al agua a uno de sus marineros, el cual no pudo ser rescatado. Debido a las características especiales de la misión, el convoy no podía detenerse, pues hubiera podido atraer a algún submarino alemán, poniendo así en peligro la vida del presidente. Pasada la tormenta, el USS William D. Porter, continuó con sus problemas: esta vez, un fallo en sus máquinas que provocó que el convoy tuviera que ralentizar su marcha para garantizar su seguridad y no quedar desprotegidos.

Como es evidente, los comentarios poco halagüeños hacia el Willie Dee y su tripulación cundían en los puentes de los buques vecinos, debido a los continuos incidentes. Incluso el Almirante Ernest J. King llamó al capitán Walter a bordo del USS Iowa (en la foto de aquí abajo) y lo recriminó por sus continuos fallos.

El 14 de noviembre, con el convoy navegando al este de las Bermudas, el capitán del USS Iowa ofreció a Roosevelt y sus asistentes una demostración de las defensas antiaéreas del acorazado. El Presidente ocupó un lugar adecuado en cubierta y el acorazado desencadenó una lluvia de fuego contra una serie de globos meteorológicos lanzados para que sirvieran de blanco; Walter y sus hombres, a 6.000 yardas de distancia, contemplaban el espectáculo ansiosos por causar una buena impresión que los rehabilitase de tan mala imagen y vieron una oportunidad cuando algunos globos escapados a la atención de los artilleros del Iowa fueron arrastrados por el viento hacia el Willie Dee.

El capitán Walter ordenó zafarrancho de combate y sus artilleros abrieron fuego contra los globos. Al mismo tiempo, el comandante del destructor ordenó al resto de la tripulación llevar a cabo un simulacro de ataque con torpedos. Al recibir la orden los marineros Lawton Dawson y Tony Fazio comenzaron a simular un lanzamiento de torpedos. La única diferencia entre un simulacro y un lanzamiento real consistía en que durante los simulacros, se retiraban antes de hacer fuego los detonadores de las cargas explosivas que expulsaban los torpedos de sus tubos. Para llevar a cabo un simulacro realista, los encargados de los torpedos necesitaban un blanco para hacer sus cálculos y lo normal era utilizar para ello cualquier barco cercano. Y el objetivo más cercano en este caso era el Iowa.

Cuando Dwason y Fazio estuvieron listos, el oficial de cubierta ordenó "Fuego el uno" y los torpedistas "dispararon" el primer torpedo. Después de una pausa para simular el tiempo que en un disparo real se hubiera invertido en comprobar el rumbo del torpedo, el oficial ordenó "Fuego el dos", y después de otra pausa, ordenó "Fuego el tres". Pero esta vez se produjo un chapoteo y el torpedo verdaderamente salió disparado del tubo hacia las aguas, ante el asombro y el horror de los oficiales del destructor: acababan de lanzar un torpedo armado contra el acorazado en que viajaba el Presidente Roosevelt.

El puente del Willie Dee se convirtió en un torrente de órdenes y contraórdenes tratando de confirmar lo que todos temían que estaba ocurriendo. Como mucho, el torpedo necesitaría unos dos minutos para alcanzar su blanco, pero un acorazado como el USS Iowa no iba a esquivarlo fácilmente. No había un segundo que perder. El capitán Walter ordenó que se avisara inmediatamente al Iowa del peligro, pero como había órdenes estrictas de mantener silencio de radio por las características de la misión, un marinero tenía que emitir el mensaje con el telégrafo marino transmitiendo en Código Morse. Sin embargo, debido a las nervios, las prisas y la inexperiencia del pipiolo marinero encargado de transmitir el mensaje, este se "hizo la picha un lío": primero transmitió que había un torpedo en el agua alejándose del acorazado presidencial, y después, en lugar de recomendar al Iowa que pusiera sus máquinas en "Todo Atrás" para esquivar el torpedo, señaló que el Willie Dee se había atascado en "marcha atrás a toda máquina". En el USS Iowa, lógicamente, no entendían una mierda.

Sin tiempo para intentarlo otra vez, el capitán del Willie Dee decidió romper el silencio de radio y gritó: "¡Torpedo en el agua! ¡Lion, caiga a estribor! ¡Emergencia! ¡A estribor, Lion, caiga a estribor!". Al mismo tiempo, los vigías del acorazado divisaron el torpedo y aullaron aterrorizados "¡Torpedo a estribor! ¡No es un simulacro! ¡Torpedo a estribor!", momento en que el USS Iowa viró abruptamente a estribor y aceleró a toda máquina, mientras sonaban las sirenas de alarma, los tripulantes corrían a sus puestos de combate y su artillería abría fuego contra el torpedo. Al parecer, al virar a estribor, el buque se escoró de tal forma que la silla de ruedas del presidente comenzó a deslizarse hacia la borda amenazando con caerse al mar. Sus guardaespaldas tuvieron muchas dificultades para retenerla junto a su magna carga. Se dice que uno de ellos, incluso llegó a sacar su pistola y disparó al torpedo que se acercaba.

El acorazado del presidente logró virar a tiempo y esquivar por los pelos al torpedo, que explotó en su estela. Más tarde, el propio Roosevelt hizo una anotación en su diario sobre el incidente: "Lunes, demostración de artillería. El Porter nos lanzó un torpedo por error. Lo vi, falló por unos 1.000 pies (unos 300 metros)."

El incidente estaba muy lejos de haber terminado. Poco después el USS Iowa radiaba preguntado qué diablos había pasado. "Hemos sido nosotros," fue todo lo que Walter pudo decir, tratando de convencer al Almirante King, que como es lógico estaba hecho una furia, de que todo había sido un lamentable error. Sus esfuerzos no tuvieron éxito y el Willie Dee fue expulsado del convoy y se dirigió a la base naval estadounidense en Bermudas.

Toda la tripulación del destructor fue arrestada y sometida después a un consejo de guerra, en el cual, las investigaciones determinaron que por error, al tubo lanzatorpedos no se le había retirado el detonador en el momento del simulacro, y que tanto los oficiales como los marineros eran inexpertos en maniobras navales. Pese a todo, casi habían mandado al infierno al barco del presidente, y alguien tenía que pagar el pato. Por su negligencia inicial y su comportamiento posterior, el marinero Dawson fue condenado a 14 años de trabajos forzados. Afortunadamente, no llegó a cumplirlos, pues cuando Roosevelt fue informado de la sentencia otorgó un perdón presidencial al joven y ordenó a la Marina que no infligiese ningún otro castigo al joven marinero, pues todo había sido un error y nadie había sido perjudicado.

Sin embargo, desde entonces, el USS William D. Porter fue considerado portador de mala suerte y objeto de todo tipo de chanzas y burlas. Era habitual que el destructor fuera recibido con saludos como "¡Alto el fuego! Nosotros no votamos a Roosevelt!" o "¡No disparen, somos Republicanos" (Roosevelt era demócrata) y otros por el estilo. El Willie Dee era el estigma de la flota y fue destinado hacia donde nadie lo deseaba, a las gélidas Islas Aleutianas, en Alaska. Durante su servicio en las duras condiciones árticas de la zona la tripulación trabajó duro para convencer al Alto Mando de que cambiase su estimación del Willie Dee, pero a pesar de que en general se comportaron bien, el barco parecía perseguido por una maldición, y les resultó imposible deshacerse de su embarazoso pasado. Para empeorar las cosas, durante un permiso entre dos períodos de maniobras en las Aleutianas un marinero regresó a bordo del barco completamente borracho y tuvo la 'genial' idea que disparar uno de los cañones del buque, impactando el proyectil de 127 mm en el jardín delantero de la residencia del Comandante de la Base, en el que celebraba una fiesta para los oficiales y sus esposas. Afortunadamente no hubo que lamentar víctimas, pero la ya dañada reputación del destructor recibió otro considerable varapalo.

Posteriormente, el destructor sirvió como escolta antisubmarina en el Atlántico Norte, sin nuevos incidentes, tras lo cual, el capitán Charles M. Keyes relevó a Walter como oficial en jefe del Willie Dee el 30 de mayo de 1944. Keyes, decidido a cambiar la imagen del navío a su mando, sometió a la tripulación a un duro y riguroso entrenamiento en maniobras navales y de defensa artillera, que dio su frutos pues durante las campañas en el Pacífico Norte (Islas Kuriles) y Occidental (Filipinas) no hubo más contratiempos, desempeñando sus misiones de escolta antisubmarina y contra los ataques aéreos con normalidad, obteniendo pequeños éxitos al conseguir derribar varios aviones japoneses.

Durante la Batalla de Okinawa proporcionó nuevamente protección antiaérea y antisubmarina para los buques de la flota estadounidense, así como apoyo de artillería a los Marines que desembarcaban en la isla. Entre el 1 de abril y 5 de mayo, disparó 8500 proyectiles de 127 milímetros contra blancos en la costa y contra aviones enemigos - sobre todo ataques kamikazes - durante los ataques aéreos casi incesantes contra la fuerza de invasión. El 10 de junio de 1945, el Willie Dee detectó una formación de aviones japoneses que resultaron ser kamikazes. Un Aichi D3A se abalanzó contra el destructor que disparó frenéticamente sus defensas antiaérea consiguiendo alcanzar al avión, que cayó al mar.

Sin embargo, la mala suerte volvería a atacar al USS William D. Porter, esta vez de manera definitiva. En vez de explotar en la superficie, el kamikaze cayó y se sumergió en diagonal a casi a 10 m del buque americano, siguiendo en dirección hacia el destructor por debajo de la quilla, y explotando justo debajo de él, lo que provocó, finalmente, el hundimiento del gafado destructor. Por fortuna, no hubo que lamentar ninguna baja, y toda la tripulación pudo ponerse a salvo y ser rescatada por otros barcos (como se aprecia en la foto de arriba).

Pese a todo, el USS William D. Porter recibió 4 estrellas de combate por los servicios prestados durante la guerra.