Mostrando entradas con la etiqueta Jesús Hernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jesús Hernández. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de junio de 2012

Reseñas Libros: "Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial"

Durante la 2ª Guerra Mundial se produjeron numerosos hechos aparentemente inexplicables y se crearon cientos de rumores y leyendas que circularon durante años sin saber a ciencia cierta si ocurrieron realmente o no.

El historiador y periodista Jesús Hernández trata en este "Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial" de buscar una explicación histórica a todos aquellos hechos y discernir entre mito y realidad, y lo hace, como suele ser habitual en él, de una manera tan amena y entretenida como rigurosa, atendiendo a los más recientes descubrimientos (provenientes de la desclasificación de documentos secretos) y a todos los puntos de vista, desde la versión oficial a las múltiples teorías, rumores, leyendas e investigaciones paralelas que han venido realizándose a lo largo de los años.


El autor español estructura su libro en seis capítulos. En el primero, "Sucesos inexplicados", se narran algunas historias curiosas, entre las que destacan los rumores de una supuesta invasión frustrada de Inglaterra por parte de los alemanes (que os contaba por aquí, hace unos días), la conocida como "Batalla de Los Angeles", durante la cual la ciudad californiana, en plena psicosis tras el ataque a Pearl Harbor, creyó ser atacada por las fuerzas aéreas japonesas - o por unos extraños artefactos no identificados (foto de aquí arriba) -, llegándose incluso a disparar las baterías antiaéreas, o lo ocurrido el 15 de agosto de 1943 en Milán, durante un bombardeo de la aviación aliada sobre la ciudad italiana, en el transcurso del cual, "La Última Cena" - el famoso mural de Leonardo Da Vinci - sobrevivió milagrosamente al quedar intacta la pared donde está ubicado, pese a ser prácticamente destruida la iglesia de Santa Maria delle Grazie.  


En el segundo capítulo ("Espías enigmáticos"), se cuenta las andanzas de varios misteriosos espías como   la francesa Mathilde Carré (conocida como "la Gata") - una agente doble, que primero engrosó las filas de la resistencia francesa y luego se cambió al bando alemán -, "Cicerón" - el más famoso espía de la guerra, un criado al servicio de la Embajada Británica en Ankara (Turquía), que pasaba secretos a los nazis a cambio de elevadas sumas de dinero - , o Richard Sorge (en la imagen superior) - espía azerbayano de nacionalidad alemana al servicio de la NKVD, que proporcionó información crucial para la victoria de la URSS en la Batalla de Moscú, al confirmar que los japoneses no iban a atacar a los soviéticos, pudiendo de este modo Stalin trasladar varias divisiones siberianas de refresco desde el este del país a la capital -. 


En el tercero que lleva por título "Extrañas Desapariciones", se hace un repaso de las desapariciones misteriosas de personajes como el músico Glenn Miller (de la que también os hablé por estos lares no hace mucho), el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (en la foto de aquí arriba) o el diplomático sueco Raoul Wallenberg , conocido como "el héroe sin armas ni tumba", que en Budapest salvó a miles de judíos de los campos de exterminio entregándoles pasaportes protegidos que los identificaban como ciudadanos suecos - recordemos que el país nórdico era neutral -  en espera de repatriación (es decir, algo similar a lo que hizo el español Angel Sanz Briz). Un auténtico héroe que, sin embargo, fue capturado por los soviéticos acusado de ser espía de los EE.UU, y no se volvió a saber nada más de él (muriendo con toda probabilidad a manos de sus captores). 


En el capítulo 4º, llamado "Barcos Malditos", se narran las historias de los hundimientos del acorazado alemán Tirpitz y del crucero norteamericano USS Indianápolis - muchos de cuyos marineros fueron devorados por cientos de tiburones -, la tragedia del Cap Arcona (buque cargado con 4.500 prisioneros de guerra e internos de campos de concentración alemanes que fue bombardeado por los aliados en las postrimerías de la guerra), la extraña historia del submarino estadounidense USS Tang, hundido al parecer por un torpedo defectuoso lanzado por él mismo o la aventura del acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee, que hacía labores de corsario, hundiendo buques mercantes aliados, y que fue sometido a una intensa persecución por parte de los británicos que le tendieron una trampa en la conocida como Batalla del Río de la Plata, que terminó con el hundimiento del buque (foto de arriba) tras ser volado por su propio capitán (que posteriormente se suicidó).


Por último, en "Muertes Misteriosas", el capítulo 5º Hernández trata de encontrar una explicación lógica y razonable al misterio que encierran las muertes de personajes como el actor Leslie Howard, el militar polaco Sikorski (imagen superior) o  jerarcas nazis como Martin Bormann, Hermann Goering o el propio Hitler; y en "Mitos e Historias Fantásticas", el último capítulo del libro, el escritor español aborda los mitos relacionados con la contienda de corte más fantástico y sobrenatural, como los Foo Fighters, el conocido como Experimento Filadelfia o los extraños sucesos acaecidos en el Triángulo de las Bermudas.

El texto es de sencilla comprensión, de divulgación histórica pero sin exceso de erudición ni avalancha de citas, notas al pie o referencias bibliográficas. Es decir, servirá al lector para conocer los hechos, pero tampoco con excesiva profundidad, debido a la propia concepción de la obra, pero a buen seguro, le provocará la curiosidad para conocer más detalles de las historias que cuenta. En mi caso, algunas de las historias me eran más o menos conocidas, pero ello no me ha impedido disfrutar de la obra, y como siempre, el bueno de Jesús, me ha dado a conocer hechos, teorías y anécdotas interesantes y de los que hasta ahora no tenía conocimiento.  En resumen, considero que es una lectura muy interesante, que creo que gustará por igual, tanto a los aficionados a la II Guerra Mundial, como al lector neófito en el tema.

jueves, 8 de marzo de 2012

El Día que los Alemanes ocuparon Bujaruelo

¿Sabían queridos lectores y amigos que tropas de la Alemania nazi llegaron a ocupar territorio español, aragonés para más señas? ¿No? Yo tampoco. Conocí tal hecho tras la lectura del libro "100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández, quien a su vez, reproducía una información al respecto publicada en el diario Heraldo de Aragón en el año 2002. Como aragonés y como aficionado a todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial que es uno, dicha historia me parece lo suficientemente interesante como para reproducirla por aquí. Vamos allá: 

En el año 2002, Heraldo de Aragón llevó a cabo una investigación periodística sobre la actitud del régimen franquista con todas aquellas personas que trataban de escapar de la barbarie nazi huyendo a través de las rutas de escape que atravesaban el Pirineo Aragonés. Un artículo de fecha 4 de agosto de 2002 firmado por Ramón J. Campo señalaba que la eufemística posición de España de 'neutralidad' o 'no beligerancia' durante la Segunda Guerra Mundial, devenía todavía en mucho más sospechosa al bucear en episodios históricos inéditos sucedidos en el Pirineo. 


Así por ejemplo, el diario aragonés desvelaba que el régimen de Franco detuvo a 300 extranjeros que huían de los nazis y los encarceló en la prisión de Jaca (Huesca), la Torre del Reloj, entre 1942 y 1944, para después internarlos en el campo de concentración de Miranda de Ebro (Burgos). Igualmente, durante el curso la investigación, Heraldo de Aragón tuvo acceso a un documento histórico inédito que prueba cómo las tropas alemanas ocuparon Bujaruelo (en las fotos que ilustran este post), un minúsculo enclave pirenaico próximo al Parque Nacional de Ordesa, en el mes de junio de 1943.

Se trataba de una información que permaneció clasificada como reservada durante la dictadura franquista, en la que se hacía referencia textualmente a la ocurrencia de "un incidente bochornoso" ocurrido en el paraje situado "entre Torla y el Balneario de Panticosa". "Una patrulla alemana de vigilancia de frontera entró en España y llegó hasta las casas de Bujaruelo y, con el pretexto de buscar a unos franceses huidos, verificó un minucioso registro en todas las casas del poblado. Todo esto fue presenciado por los carabineros del puesto de la localidad sin que opusieran la más mínima resistencia a tal atropello", advertía el escueto documento confidencial de las autoridades españolas.


Los alemanes estaban buscando a dos miembros de la Resistencia francesa que trataban de escapar del país galo conducidos por un español, Miguel Pintado, que se dedicaba a llevar a escondidas cartas de la Resistencia al lado español, por lo que era conocido como "el Cartero de Bujaruelo". La familia de Pintado regentó el mesón San Nicolás de Bujaruelo desde 1928 a 1953 y él era pastor de vacas, actividades que le permitieron entablar amistad con vecinos franceses de Gavarnie y Gedre. Un día, esos amigos le pidieron ayuda para enviar cartas de la Resistencia con información secreta. Su padre no lo veía con buenos ojos, pero el pastor oscense no podía negarse. La amistad podía más que el peligro al que se exponía. A lado del mesón de San Nicolás estaba un cuartel de carabineros, avanzadilla de otro que había en Torla, a la entrada del Parque Nacional de Ordesa. Según Miguel Flores, nieto de Pintado, "los carabineros sabían lo que hacía mi abuelo porque muchas veces se refugiaban en el mesón sus amigos de la Resistencia o los escondía en las cuevas de Bujaruelo". 


Miguel Pintado podía cruzar la frontera francesa con la excusa de llevar sus vacas a pastar desde el 26 de julio hasta noviembre, en virtud del Tratado de la Passerie, firmado en 1389 y que todavía sigue vigente y se practica. Su misión era llegar hasta Gavarnie y recoger el correo o a los oficiales franceses para trasladados hasta Sabiñánigo. Según su nieto, nunca "llegó a mirar las cartas. A veces las echaba en Torla y otras las llevaba a Sabiñánigo, si tenía que acompañar a alguien allí". En la capital serrablesa el contacto era el cónsul francés, Robert Lamit, gerente de la empresa Pechiney y colaboracionista con las redes de espionaje aliado en Aragón, como su compatriota, el jefe de la Aduana francesa de Canfranc, Albert Le Lay. Ambos eran muy amigos y precisamente un coche enviado por Lamit al pueblo viejo de Canfranc fue el que sirvió a Le Lay para huir de la Gestapo el 23 de septiembre de 1943 rumbo a Zaragoza-Madrid -Sevilla -Gibraltar-Argelia.


El día en cuestión, Miguel Pintado, acompañaba a un oficial francés y a otro amigo de la Resistencia desde Gavarnie y Gedre a Sabiñánigo cuando, al ir a pasar la frontera, vieron que les seguía una patrulla de alemanes, por lo que aceleraron el paso hasta llegar a San Nicolás. Cruzada la muga, Pintado pensaba que el peligro había pasado y se encontraban a salvo, pero no fue así. Los alemanes cruzaron la frontera. "Mi abuelo se dio cuenta y al llegar al mesón le dijo a mi bisabuela que venían persiguiéndoles. Se marchó rápidamente hacia Torla. Los alemanes registraron Bujaruelo de arriba abajo, aunque de manera educada y sin que los carabineros del pueblo opusieran ninguna resistencia. Mi bisabuela les sirvió un café en la terraza del mesón, que se tomaron juntos alemanes y carabineros", contaba su nieto.

Esos miembros de la Resistencia de Gavarnie fueron los que en septiembre de 1944 acudieron a comer a Bujaruelo con Miguel Pintado para celebrar la liberación de Francia. "Ellos han sido clientes fijos del hotel y me han contado muchas más cosas de mi abuelo. En mi familia sólo lo sabía mi tío, aunque los abuelos de Torla deben conocer la historia y no dicen nada", reconocía el nieto, quien también contó que su abuelo solía ir con una perra llamada Canela que un día de 1944 no volvió a Bujaruelo. Se enteró que los nazis, que sospechaban de él, la mataron. "Fue la única víctima de la II Guerra Mundial aquí".


En la fecha de producirse el incidente, un grupo de media docena de carabineros vigilaba el paso fronterizo montañoso de Bujaruelo, en el que apenas existe un mesón que data del siglo XII y una iglesia derruida en honor a San Nicolás. A su vez, las tropas alemanas de la Brigada de Montaña de Baviera, se distribuyeron a lo largo del lado francés de la frontera a finales de 1942, cuando el Tercer Reich ocupó definitivamente Francia (hasta entonces estos pasos fronterizos habían quedado en la zona libre del gobierno de Vichy, siendo vigilados por gendarmes franceses). 

No obstante, los alemanes, salvo en Canfranc (por su peculiaridad como estación internacional de jurisdicción hispano-francesa), no penetraron en territorio español. Por ejemplo, en El Portalet se instalaron en el Hotel Baresse, justo en el lado francés de la frontera. De hecho, fueron desalojados de allí por un grupo de guerrilleros españoles integrados en la Resistencia francesa. Ocurrió en agosto de 1944 y los miembros de la Brigada X de guerrilleros, capitaneados por el canfranero Ricardo Sánchez, lograron arrestar a 50 nazis que estaban en el puesto fronterizo. Por eso, el episodio es más sangrante ya que, a pesar de que España no participaba en el conflicto mundial, los alemanes no tuvieron ningún remilgo en cruzar la frontera y ocupar un pequeño poblado pirenaico altoaragonés, acción que el régimen franquista se encargaría de mantener oculto.


Fuentes:
"100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández
http://www.serrablo.org/revista/126/el_cartero_de_bujaruelo
http://www.foroporlamemoria.info/documentos/nazis_bujaruelo.htm

miércoles, 8 de febrero de 2012

El Misterioso Edmund F. Dräcker

De nuevo me sirvo del trabajo de Jesús Hernández y de su interesante libro "100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" (que no hace mucho reseñé por aquí). He buscado en internet información sobre el tema, pero solo he encontrado alguna página en alemán, con lo cual, no me he enterado de absolutamente nada, por lo que me limitaré a relatar lo que a su vez contaba en su libro el escritor español, añadiendo algún que otro detalle que me parezca destacable.

Parece ser que durante la Segunda Guerra Mundial, los servicios de espionaje aliados aludían en algunos informes la existencia de un misterioso y enigmático diplomático alemán, llamado Edmund Friedemann Dräcker del que se afirmaba estaba involucrado en los asuntos más turbios del Ministerio de Asuntos Exteriores germano. Pese a que los aliados trataron de obtener información sobre este escurridizo personaje no lograron nunca saber nada acerca de él. Su nombre incluso llegó a aparecer en la prensa alemana en varias ocasiones, por lo que a priori parecía sencilllo efectuar las oportunas indagaciones sobre tal diplomático, pero no fue así.


Sobre Dräcker se difundían todo tipo de historias y de rumores. Por ejemplo, que había sido marinero en un buque corsario alemán durante la Primera Guerra Mundial, que había sido vicecónsul en Bombay, funcionario de la administración nazi en el Bajo Danubio, o que era un miembro destacado del Partido Nazi que se sospechaba estaba presente en todos los lugares en que la diplomacia alemana más se jugaba, pero que siempre conseguía escabullirse de todos aquellos que trataban de acercarse a él. De hecho, nadie lograría nunca ver a Edmund F. Dräcker, por la sencilla razón de que no existía.

En realidad se trataba de un personaje ficticio creado por Hasso von Etzdorf, vicecónsul en Roma, quien en 1936 (según creo entender en la versión alemana de la wikipedia traducida al inglés), para tratar de ausentarse de una aburrida reunión hizo que un amigo suyo llamara por teléfono al consulado y rogara que se le comunicara que el tal Dräcker había llegado y que debía reunirse inmediatamente con él. El nombre del misterioso diplomático se siguió utilizando en situaciones similares y con idénticos propósitos, si bien, posteriormente von Etzdorf decidió incluir en sus informes referencias a ese supuesto diplomático (llegó incluso a confeccionar un curriculum vitae de su personaje y le dotó de un árbol genealógico propio), no sólo para continuar con la broma, sino también, como una particular venganza personal contra la lenta y pesada burocracia alemana. Para dar nombre a su criatura, von Etzdorf (en la imagen superior, el tipo alto que está al lado del "japo" de los bigotes), utilizó el nombre de una cervecería alemana, Dräcker, y el de un amigo suyo llamado Ernst-Friedemann von Münchhausen.


Von Etzdorf (en la imagen de arriba) - que según leo aquí llegó a ser embajador de la República Federal Alemana en Londres - se divirtió de lo lindo con las pesquisas e indagaciones de los burócratas alemanes acerca del paradero e identidad del tal Dräcker, y finalmente, su figura trascendería la mera broma personal para convertirse involuntariamente en una especie de inesperada "arma secreta" del Ministerio de Asuntos Exteriores del Tercer Reich, que llegaría a desorientar a los espías aliados.

Según leo en internet, al parecer se realizó en el año 1997 una película sobre este enigmático personaje llamada "Das Phantom von Bonn" ("El Fantasma de Bonn") dirigida por un tal Claus Bobel, pero lo cierto es que no la he visto.

Por último, señalar que conforme cuenta el propio Jesús Hernández en el mencionado libro, parece ser los ingleses, más concretamente la prensa de las islas, también crearon un personaje ficticio similar llamado J. Hamilton Forby, un supuesto Coronel británico, héroe de guerra que nunca existió, pero que debía servir de ejemplo por su valor y patriotismo a los jóvenes reclutas. Tampoco he encontrado en la red ninguna información al respecto.

lunes, 6 de febrero de 2012

Grover P. Parker, el aviador escapista

El Teniente Grover P. Parker, fue un piloto norteamericano que sirvió durante la Segunda Guerra Mundial en el 7º Grupo de Reconocimiento Aéreo Fotográfico (7th Photographic Reconnaisance Groupde la USAAF, concretamente en el 27º Escuadrón (27th Photo Recon Squadron), primero, y en el 13º Escuadrón (13th Photo Recon Squadron), después, y que escribió su nombre en las páginas de la historia de dicho conflicto al ser derribado en 3 ocasiones sobre territorio enemigo, y ser capaz, no sólo de salir ileso del trance, sino de lograr escapar esas tres veces de las garras de las tropas alemanas hacia las líneas aliadas.


Supe de la historia de este afortunado, y a la vez irreductible, aviador a través del recomendable libro de Jesús Hernández, "Hechos Insólitos de la Segunda Guerra Mundial" (2005), y mi intención era tratar de ampliar un poco la información que detallaba en su relato el escritor español. Sin embargo, lo cierto es que salvo alguna pequeña mención no he podido localizar mayores referencias sobre el referido piloto en la red, ni tampoco he logrado encontrar ninguna fotografía suya - salvo esta de aquí arriba en la que aparece (última fila, la primera foto por la izquierda) con otros pilotos del 13th Photo Recon Squadron -, así que me limitaré a reproducir lo que nos contaba en su obra el bueno de Jesús, ampliándolo con algún que otro mínimo dato o detalle que creo pueda ser interesante. 

El 7th Photographic Reconnaisance Group se constituyó en febrero de 1943 y operó integrado en la 8ª Fuerza Aérea (8th Air Force) de la USAAF, desde el mes de julio de ese año, realizando misiones de reconocimiento tomando fotos de aeródromos, ciudades, instalaciones industriales y portuarios en Francia - en 1944 durante los preparativos del Día D y la posterior Batalla de Normandía -, los Países Bajos - durante la Operación Market-Garden (sept.1944) y la Batalla de las Ardenas (dic. 1944-ene. 1945) - y Alemania (durante los últimos meses de la guerra). Sus pilotos utilizaron en sus misiones los siguientes aviones de reconocimiento: L-5 Sentinel, P-51 Mustang, Spitfire (Photo Recon XI) y F-5 (una versión de reconocimiento del P-38 Lighting, que podéis ver en la foto de aquí abajo). 


Hecha la anterior introducción, paso a contaros la historia de Grover P. Parker. La primera vez que fue derribado, a primeros de septiembre de 1944, lo fue por un caza alemán en el Sudoeste de Francia. Tras verse obligado a lanzarse en paracaídas, una vez en suelo francés, Parker, logró evitar las patrullas alemanas y consiguió contactar con las tropas aliadas que avanzaban a paso firme por el interior del país galo hacia las fronteras alemanas. Apenas una semana después, el 19 de septiembre de 1944, el piloto norteamericano estaba de nuevo en el aire, realizando en esta ocasión una misión de reconocimiento fotográfico en Holanda para recopilar información útil para los lanzamientos aerotransportados de la Operación Market-Garden. Al parecer su F-5B (en la imagen) fue alcanzado por fuego antiaéreo y se vio obligado a efectuar un aterrizaje forzoso. Pese a estar dañado el tren de aterrizaje, logró posar su avión en una arenosa playa de Knocke (Holanda) consiguiendo salir sano y salvo del percance, pero no pudiendo evitar ser capturado por los alemanes. 


Fue enviado a un campo de prisioneros, del cual, poco tiempo después, aprovechando la pequeña confusión que se generaba con la llegada de nuevos internos,  logró evadirse trepando por la alambrada y escapando a campo abierto. Fue ayudado por una pareja de ancianos que lo ocultó en su casa durante unos 10 días, para después ponerle en contacto con la Resistencia Holandesa, que le llevó a una zona segura al norte de Geertruidenberg, para finalmente alcanzar las líneas británicas.

Finalmente, el 21 de febrero de 1945, formando parte esta vez del 13º Escuadrón (13th PRS) - anteriormente había pertenecido al 27º Escuadrón (27th PRS) - mientras efectuaba una misión de reconocimiento fotográfico sobre la zona de Peenemünde (noreste de Alemania) - el gran complejo militar y de investigación donde se desarrollaban los misiles V-2 - el F-5E que pilotaba fue derribado por un caza a reacción Messerschmitt Me-262 de la Luftwaffe . Tras saltar en paracaídas, se dirigió rápidamente hacia territorio polaco, donde logró contactar con las tropas del Ejército Rojo, que lo llevaron de vuelta a Gran Bretaña.

jueves, 20 de octubre de 2011

Reseñas Libros: "100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial"

A nadie se le escapa que un período de la historia tan convulso como la Segunda Guerra Mundial esconde todavía hoy día, transcurridos más de 60 años de su finalización, muchos secretos. Millones de documentos de la época continúan todavía a la espera de ser desclasificados - y probablemente muchos de ellos nunca verán la luz -, aunque poco a poco se van desvelando historias impactantes y sorprendentes del conflicto bélico que se han mantenido ocultas durante décadas.

En esta interesante y amena obra, el español Jesús Hernández, continuando la senda marcada por anteriores (e igualmente destacables) trabajos como "Las 100 Mejores Anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" o "Hechos Insólitos de la Segunda Guerra Mundial", se hace eco de una serie de historias sobre la guerra que han salido a la luz recientemente a medida de la apertura de archivos que hasta ahora habían permanecido bajo el sello de "Alto Secreto" y vetado su acceso a los investigadores.

Gracias a este libro podemos conocer planes y proyectos secretos que nunca llegaron a ejecutarse como el secuestrar o asesinar a Hitler por parte de los británicos, el asesinato de científicos enemigos, el ataque de ciudades alemanes con bombas bacteriológicas o el abortado atentado contra los tres grandes jefes aliados (Churchill, Roosevelt y Stalin) durante la cumbre de Teherán en 1943. La existencia de dobles de personajes históricos como Montgomery (el de la izquierda de la foto) o Stalin, así como otros planes más curiosos o incluso disparatados como el uso de la astrología o la antropología como mecanismos para tratar de obtener ventajas o pequeñas victorias durante el conflicto.

Igualmente descubriremos accidentes y tragedias que se saldaron con centenares de muertos y cuyas causas y demás circunstancias fueron ocultadas durante años - como los hundimientos del Lancastria, el Patria o el Struma, la matanza de Oradur-Sur-Glane o las dramáticas y misteriosas explosiones en los puertos de Bari o Bombay -, así como el oscuro pasado colaboracionista con el régimen nazi de prestigiosas marcas comerciales como Hugo Boss, IBM o Deutsche Bank, pasando por el polémico papel del Vaticano durante la guerra. Al mismo tiempo, veremos el lado más humano del conflicto, a través de las distintas personas (Sanz Briz, Feng-Shan Ho) que salvaron miles de vidas de las fauces de la insaciable maquinaria exterminadora de la Alemania nazi.

Por último conoceremos la vida personal de gente como Roosevelt, Eisenhower o Patton, cuya imagen quedó salvaguardada durante años al encubrir sus relaciones extramatrimoniales o el misterio que encierran muertes de otros personajes como Mussolini o Himmler.

En definitiva, un libro entretenidísimo y totalmente recomendable.

lunes, 12 de septiembre de 2011

El Bosque de la Esvástica

Gracias al recomendable libro del español Jesús Hernández, "100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial", he conocido esta curiosa historia que ahora paso a relataros.

En el año 1992, un equipo de cartógrafos de la agencia de noticias Reuters se llevó una sorpresa mayúscula cuando examinaban una serie de fotografías tomadas desde el aire de los bosques que rodean a Zernikow, una pequeña aldea situada en Brandenburgo, a 110 kilómetros de Berlín. Con gran asombro, comprobaron como en un bosque de grandes abetos de hoja perenne podía distinguirse claramente una esvástica de unos 60 x 60 metros aproximadamente, dibujada por el color anaranjado de las hojas de decenas de arces de hoja caduca, que contrastaba claramente con las verdes de los abetos. Desconozco si la foto que ilustra este post se corresponde con esa esvástica arbórea, pero es la única que he encontrado por la red.

Posteriores investigaciones revelaron que en 1938 un hombre de negocios de la región simpatizante del régimen nazi, decidió llevar a cabo ese original homenaje al Tercer Reich de Hitler, plantando 57 arces formando el símbolo del nazismo, en una composición que tan sólo podía ser advertida desde el aire. Durante la primavera y el verano, la cruz gamada no podía ser vista al ser las hojas verdes, pero en otoño, al cambiar las hojas de color, aparecía progresivamente como si del revelado de una fotografía de tratase.

Parece ser que el sorprendente descubrimiento de los cartógrafos alteró la tranquilidad de los habitantes de Zernikow, que temían que el bosque se convirtiese en un lugar de peregrinación para nostálgicos del nazismo. La solución más drástica era talar los arces, pero las disputas por la propiedad del bosque dificultaron esta acción. No obstante, en el año 1995 se cortaron algunos árboles para desdibujar la esvástica, aunque al poco tiempo, las ramas de los arces restantes habían ocupado ese terreno libre y el símbolo seguía siendo visible desde el aire.

Finalmente, en el año 2001, las autoridades forestales de Brandenburgo decidieron talar un total de 27 árboles, con lo que la esvástica perdía buena parte de su visibilidad, pero aún hoy en día puede distinguirse claramente en el bosque el símbolo de aquella nefasta y abominable ideología.