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jueves, 5 de enero de 2012

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (21)

Como tengo por costumbre en esta sección, os dejo unas cuantas noticias relacionadas con la WW II que recientemente he podido leer en la prensa internacional. Aquí las tenéis:

--- El líder del partido holandés PVV, Geert Wilders, exhortó el día 4 al gobierno de Holanda a que se disculpe por la actitud pasiva del país durante la Segunda Guerra Mundial. "Parece apropiado que lo menos que debe hacer el gobierno es ofrecer una disculpa", declaró Wilders en una carta dirigida al primer ministro holandés Mark Rutte. El líder de PVV hizo la petición en respuesta a un artículo sobre el libro "Juzgando a Holanda" publicado el año pasado. Manfred Gerstenfeld, escritor del texto, describió la actitud pasiva del gobierno holandés en el exilio en esa época. Holanda fue ocupada por la Alemania Nazi entre 1940 y 1945 mientras la reina de Holanda y el gobierno en el exilio escaparon a Londres. Los alemanes deportaron a la mayoría de los judíos del país hacia campos de concentración.


"Mi intuición es que si todos los católicos o calvinistas fueran deportados a Alemania, el gobierno en Londres habría dado instrucciones a la población en la Holanda ocupada", dijo el ex ministro holandés de Salud, Bienestar y Deportes, Els Borst. El ex ministro de Finanzas, Gerrit Zalm, añadió que "no habría tenido problemas en ofrecer una disculpa". En el año 2000, Zalm y Borst desempeñaron un importante papel en el proceso de negociación sobre el pago de indemnizaciones por los bienes judíos saqueados durante la Segunda Guerra Mundial. El gobierno holandés, encabezado en ese momento por el primer ministro Wim Kok, declaró su pesar por la forma en la que fueron tratados los judíos después de la guerra, pero no se disculpó por la conducta del gobierno durante esa época. 

 --- A continuación os reproduzco íntegro un interesantísimo artículo de Peio H. Riaño publicado en el diario Público el 02/01/2012, que viene que ni pintado a lo que un servidor respondía al último comentario realizado en la anterior entrega de esta sección:

"El horror no fue (sólo) el holocausto: El historiador Timothy Snyder revela que 14 millones de personas no combatientes fueron asesinadas entre 1933 y 1945 por las políticas criminales de Hitler y Stalin en el Este de Europa.


A las orillas de la Historia llegan nuevas olas de espanto. Casi ocho décadas han tardado en aparecer los 14 millones de personas que, en tan sólo 12 años, entre 1933 y 1945, Hitler y Stalin asesinaron en una estrecha franja de tierra olvidada por la Historia. Todas ellas fueron víctimas de políticas criminales, no bajas de la II Guerra Mundial. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. Sin armas. Eran ciudadanos de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Bielorrusia, Ucrania y de la franja occidental de la Rusia soviética. Países asfixiados entre el nacionalsocialismo y el estalinismo, entre Berlín y Moscú, donde vivía la mayoría de los judíos de Europa, donde los planes imperiales de Hitler y Stalin se solaparon, donde la Wehrmacht y el Ejército Rojo se enfrentaron y donde la NKVD soviética y las SS alemanas concentraron sus fuerzas.

Los crímenes de Stalin se asocian con Rusia y los de Hitler con Alemania, pero la zona más mortífera de la Unión Soviética fue su periferia no rusa, mientras que los nazis mataban generalmente fuera de Alemania. "Se suele identificar el horror del siglo XX con los campos de concentración, pero no fue en ellos donde murió la mayor parte de las víctimas de los dos regímenes", explica el historiador Timothy Snyder (EEUU, 1969) en Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin, ensayo publicado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. "Ese malentendido en cuanto a los lugares y a los métodos de los asesinatos en masa nos impide percibir todo el horror del siglo XX", asegura. 



Esta historia de asesinato político en masa recalca que en los campos de concentración alemanes murieron "en torno a un millón de personas sentenciadas a trabajos forzados". Snyder reconoce que no puede hacerse una distinción exacta entre los campos de concentración y los centros de exterminio, porque también en los campos se ejecutaba o se mataba de hambre a las personas. Pero aún así distingue: en las cámaras de gas, en las zonas de hambre y en los campos de exterminio alemanes "murieron diez millones de personas". 

En cuanto al gulag: un millón de vidas truncadas por agotamiento y enfermedades, entre los años señalados. Pero en los campos de exterminio y las zonas de hambre soviéticas murieron seis millones de personas, de las cuales unos cuatro millones perecieron en estas tierras de sangre. "El 90% de los que entraron en el gulag salió con vida. La mayoría de los que entraron en los campos de concentración alemanes también sobrevivió", defiende atrevido Snyder en el libro, para quien hay una diferencia entre "ser sentenciado a un campo y ser sentenciado a muerte, entre el trabajo y el gas,entre la esclavitud y las balas". 

¿Por qué aquella barbarie? Hitler no sólo deseaba destruir al pueblo judío por completo, sino devastar Polonia y la Unión Soviética, "exterminar sus clases dominantes y matar a decenas de millones de eslavos". Stalin, en nombre de la defensa y la modernización de la URSS, supervisó la muerte por inanición de millones de personas. "Stalin mataba a sus conciudadanos con tanta eficacia como Hitler eliminaba a ciudadanos de otros países", sentencia el historiador norteamericano. 



El hambre fue el método más frecuente de asesinato en masa en los años treinta y cuarenta, "antes que las balas y el gas". La cuarta parte de las 14 millones de víctimas fue asesinada, según Snyder, antes de que empezara la II Guerra Mundial. La inanición, verdadera arma de destrucción masiva. "El hambre es una manifestación terrible del control político. Se requiere una gran cantidad de poder para conducir a un pueblo a la inanición", reconoce el profesor en la Universidad de Yale a Público. "La Alemania nazi y la Unión Soviética tuvieron ambiciosos proyectos ideológicos que definieron el territorio. Lo que es crucial es que estas dos visiones se superponen en un mismo territorio", reconoce al enfatizar su descubrimiento. Doctorado en Oxford e investido en las universidades de París, Viena, Varsovia y Harvard, Tierras de sangre es la primera traducción al castellano de un estudio de este especialista en la Historia de Europa central y del Este, así como del Holocausto. 

En los próximos meses, la editorial Taurus publicará la última obra de Tony Judt, Pensando el siglo XX, firmada en pareja con Timothy Snyder, donde dialogan sobre los acontecimientos del pasado siglo. Se reunieron una vez por semana durante seis meses con largas conversaciones y juntos las editaron para el libro. "Hablamos sobre la historia de las ideas políticas en el siglo XX, el marxismo, el nacionalismo, el fascismo, la socialdemocracia. Y también sobre el papel de los intelectuales en la política", adelanta. 


El estudio que ahora llega a las librerías se detiene en aspectos militares, políticos, económicos, sociales, culturales e intelectuales. Y, por supuesto, geográficos. No una geografía política, sino una geografía de las víctimas. Porque el corazón de la investigación de Snyder es demostrar cómo estas tierras no fueron un territorio político, sino los lugares donde los regímenes más crueles de Europa realizaron su obra más mortífera. Cuando comienza la II Guerra Mundial, los soviéticos ocupan los países bálticos y Polonia oriental; a continuación, los alemanes invaden la URSS, en 1941, es decir, ocupados por segunda vez; y triple ocupación, cuando el poder soviético vuelve en 1944. Una experiencia peligrosa y mortal. 

Según sus cálculos, el régimen estalinista asesinó a unos seis millones de personas deliberadamente y el régimen nazi a 11 millones. "Si añadimos a todas estas personas aquellas que perecieron por enfermedad o hambre en los campos de concentración, el número aumenta a alrededor de nueve millones de personas más para los soviéticos y unos 12 millones para los alemanes", aclara el historiador. Naturalmente, a esos números estremecedores hay que sumar la muerte de los militares. "Estas son una responsabilidad alemana", señala Snyder para destacar la liquidación nazi. Curiosamente, esta fue también la parte del mundo más mortífera para los soldados: alrededor de la mitad de las bajas militares de la contienda cayeron allí. 

Belzec, Sobibor, Chelmno, Treblinka, Auschwitz y Majdanek, territorios del mal. Lugares en los que se aceleró el exterminio judío a partir de 1941, cuando la guerra no iba como Hitler había imaginado. Y todavía podía haber sido más horrible: la versión original de la "solución final" de Hitler debía tener efecto después de la guerra. Con la victoria, preveía la aniquilación de "30 millones de civiles, que habrían muerto de hambre durante el primer invierno". "El riesgo de asociar esto al mal es que lo deshumanizamos y dejamos de entender lo que los humanos son capaces de hacer", advierte. 



Por si todo esto fuera poco, por si se pensaba que las fotografías y filmaciones de los campos de concentración alemanes eran la cúspide del espanto, Timothy Snyder las califica de "atisbo" del pánico. Porque nadie pudo dar testimonio de las "tierras de sangre". "Las fuerzas británicas y estadounidenses liberaron campos de concentración alemanes como Belsen y Dachau, pero nunca llegaron a ninguno de los centros de exterminio importantes", añade, para señalar que la verdadera dimensión de las matanzas ha tardado en llegar y otras se han perdido. Los crímenes del estalinismo quedaron sin documentar y las fuerzas aliadas "nunca vieron ninguno de los lugares donde los alemanes perpetraron sus masacres". Y, aún así, nadie puede olvidarlos


--- Para finalizar, los amantes de los videojuegos ambientados en la WWII están de enhorabuena, pues se anuncian dos nuevos lanzamientos: "War2 Glory" y "Birds of Steel" (pinchad en los enlaces para más info).

martes, 24 de mayo de 2011

La Matanza de Babi Yar

El 22 de junio de 1941 las tropas de la Alemania nazi y sus aliados invadieron por sorpresa la Unión Soviética en la denominada Operación Barbarroja. A medida que los ejércitos alemanes iban capturando territorio soviético, se desplegaban en él unas unidades especiales (Einsatzgruppen) formadas principalmente por las SS cuya misión era "la aniquilación de los judíos, los gitanos y los comisarios políticos".

El número de fusilamientos y ejecuciones de asesinatos de judíos se fue incrementando rápidamente a lo largo del verano de 1941, perpetrándose matanzas cada vez más masivas en la URSS y también en Polonia, antes de que se pusiera en marcha el aniquilamiento masivo mediante las cámaras de gas de la Solución Final, ideado en la conferencia de Wannsee. Según Raul Hilberg ("The destruction of the European Jews" 1985), se calcula que más del 25% de las víctimas del Holocausto murieron fusiladas o ejecutadas con el procedimiento del tiro en la nuca (más del 50% perecieron en las cámaras de gas, y el resto bajo las terribles condiciones de los guetos, los campos de concentración y de trabajos forzados, las marchas de la muertes, etc.)

Kiev (Ucrania) fue cercada por los alemanes el 16 de septiembre de 1941 y ocupada entre los días 19 y 20 de septiembre de 1941. En la ciudad residían 875.000 personas, de las cuales 175.000 (aproximadamente el 20%) eran judías. En los primeros días de la ocupación alemana, los judíos fueron perseguidos y humillados de una manera espontánea, no organizada. Pero el 24 de septiembre de 1941, se detonaron diversas bombas en las calles Kreshchatik y de Prorizna (que habían sido colocadas por comandos de la NKVD, la policía política del régimen soviético), destruyendo el cuartel general del ejército alemán así como diversos hoteles donde se alojaban oficiales alemanes, resultando muertos numerosos soldados y oficiales germanos. En represalia los comandantes alemanes (tanto de la Wehrmacht como de las SS) decidieron el día 26 ejecutar a "al menos 50.000 judíos" de la ciudad.

El 28 de septiembre el ejército alemán colocó avisos por toda la ciudad que decían:"Todos los judíos que viven en la ciudad de Kiev y en su vecindad deben presentarse a las 8 de la mañana del día 29 de septiembre de 1941, en la esquina de las calles de Melnikovsky y de Dokhturov (cerca del cementerio). Deben tomar con ellos sus documentos, dinero, objetos de valor, así como ropas, ropa interior, etc. Cualquier judío que no acate esta instrucción será ejecutado."

Obedecieron la orden más de 30.000 personas, hombres, mujeres y niños, pensando que serían deportadas en tren a alguna otra ciudad. En vez de esto, fueron conducidos a pie por los alemanes a las afueras de la ciudad, a una depresión llamada el barranco de Babi Yar, sitio que había sido escogido previamente porque era idónea para albergar una gran fosa común, ya que podía permitir ocultar una gran masa de cadáveres.

Los judíos fueron encaminados a zonas donde se les obligaba a abandonar su equipaje y sus ropas. Una vez desnudos, policías ucranianos (que colaboraban con los nazis) los dirigían al barranco de Babi Yar, donde se les ordenaba tumbarse boca abajo. Allí les disparaban con pistolas y metralletas. Cuando los judíos que venían detrás descubrieron los cadáveres se desató el pánico, muchos se pusieron a gritar, pero era demasiado tarde para escapar. Según lo descrito por un superviviente: "No se podía escapar. Los golpes eran brutales, la sangre fluía inmediatamente, de las cabezas, partes posteriores y hombros, a la izquierda y a la derecha. No se podía escapar o huir. Los soldados gritaban: "Schnell, schnell!" ["Rápido, rápido"] y reían divertidos, como si miraran un circo actuar: Incluso habían encontrado la manera de golpear con mayor dureza en los lugares más vulnerables, las costillas, el estómago y la ingle."

Las nuevas víctimas tenían que tumbarse encima de los cadáveres todavía frescos para ser asesinados a su vez. Ese horrible procedimiento era conocido como el sardinenpackung (algo así, como "lata de sardinas", supongo), que consistía en cavar una zanja, obligar a los judíos a saltar en ella, tumbarse sobre los cadáveres allí existentes y pegarles un tiro en la nuca, formando así sucesivas capas hasta que, al finalizar la matanza, se tapaba la zanja. Había algunos judíos que no morían, quedaban malheridos y eran enterrados vivos.

En 1959, un testigo alemán, Fritz Höfer, que había sido conductor de camiones en el Sonderkommando 4 dio detalles de cómo los alemanes, ayudados por sus colaboradores ucranianos, apresaron a los judíos, y los obligaron a quitarse la ropa, dejar sus objetos de valor y entrar en “un barranco que tenía aproximadamente 150 metros de largo, 30 metros de ancho y una profundidad de unos 15 metros". Dicho testigo explicó que: “No se hicieron distinciones entre hombres, mujeres y niños. Una vez dentro del barranco, eran obligados “a tumbarse sobre los cadáveres de judíos que habían muerto a tiros. Todo esto ocurría muy rápido. Los cuerpos estaban dispuestos en capas, literalmente. Un policía pasaba y disparaba a cada uno de ellos en la nuca en el sitio donde estaba tumbado”.

Un total de 33.771 judíos fueron asesinados en Babi Yar entre los días 29 y 30 de septiembre de 1941. El responsable de la operación era el Standartenführer de las SS Paul Blobel, jefe del Sonderkommando 4 del Einsatzgruppe C, que fue apoyado por miembros de un batallón Waffen-SS y de unidades de la policía auxiliar ucraniana. Un informe acerca de una parte significativa de los asesinatos llegó el 2 de octubre a la oficina de Reinhard Heidrich en Berlín. El “Informe de la situación operacional en la URSS Nº 101” incluía un breve resumen del trabajo del Einsatzgruppe C en Babi Yar y decía así: “El Sonderkommando 4 A, en colaboración con Einsatzgruppe HG y dos Kommandos del Regimiento Sur de la policía, ejecutaron a 33.771 judíos en Kiev el 29 y el 30 de septiembre de 1941”.

Posteriormente, en sucesivas operaciones, fueron asesinadas en el mismo lugar al menos unas 60.000 personas más, incluyendo gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, partisanos, nacionalistas ucranianos y comisarios políticos de la NKVD. En total se estima que entre 100.000 y 150.000 personas fueron ejecutadas en el barranco de Babi Yar.

En julio de 1943, ante el avance del Ejército Rojo en Ucrania, los SS recibieron la orden de eliminar toda la evidencia de la masacre. Se organizó una unidad especial denominada Sonderkommando 1005, dirigida también por Blobel, para desenterrar los cadáveres de los judíos y quemarlos para no dejar rastros. Dicha tarea fue encomendada a los internos del campo de concentración Syretsk (prisioneros rusos y 327 hombres - entre los que había 100 judíos-). Las tareas comenzaron el 18 de agosto y después de que los cuerpos fueran exhumados, algunos presos con alicates eran obligados a hurgar en las bocas de la víctima para extraerles el oro de las muelas. Para la cremación de los cuerpos fueron transportadas placas de granito del cementerio judío, ubicado cerca del barranco. Encima de las losas se colocaban cuidadosamente, capas de madera y cadáveres (aproximadamente 2.000 a la vez), que rociados con gasolina fueron prendidos. Una vez finalizada la pira, los trozos de huesos que no se habían quemado eran machacados para esconder toda evidencia.

La operación de limpieza duró 6 semanas, finalizando el 19 de septiembre, y pese a que se trató de no dejar ningún rastro - los prisioneros que habían trabajado en la operación fueron también ejecutados, salvo 15 judíos que lograron escapar -, sin embargo el trabajo ocultó solo parcialmente el crimen, que fue probado después de la guerra.

Entre 1946 y 1947 tuvo lugar el juicio contra los comandantes de los Einsatzgruppen, proceso en el que Paul Blobel fue juzgado y condenado a muerte. Tras varias peticiones infructuosas de clemencia, fue ejecutado en la horca el 7 de junio de 1951.

lunes, 18 de abril de 2011

Los Hiwis

Durante la Segunda Guerra Mundial un Hiwi (apócope del alemán Hilfswillige -"ayudante o auxiliar voluntario") era todo aquel soldado voluntario no alemán adscrito a la Werhmacht (Fuerzas Armadas Alemanas) y que prestaba todo de servicios auxiliares (tales como trabajos pesados, servicios en cocinas, establos, hospitales o almacenes, conductores de vehículos, mensajeros, labores de guardia y vigilancia de campos de prisioneros, carga y descarga, suministro de munición, cavar trincheras y construir búnkers o fortificaciones, etc.), llegando en algunas ocasiones incluso a luchar en el frente junto a los soldados alemanes o realizar acciones de sabotaje y combatir a los partisanos que hostigaban a las fuerzas de Hitler en la retaguardia. 

En teoría, los Hiwis eran desertores de los ejércitos que combatían contra los alemanes (fundamentalmente del Ejército Rojo) o civiles de los territorios ocupados que voluntariamente y por diversas razones (políticas e ideológicas o simple y pura superviviencia) decidían unirse a los ejércitos del Fürher y colaborar con los nazis. Así por ejemplo, muchos miembros de minorías étnicas no rusas como los ucranianos, bielorrusos, lituanos o estonios, a los que el régimen bolchevique de Stalin había masacrado, explotado y marginado, vieron al ejército invasor de la Alemania nazi como un libertador y se unieron a él para luchar contra los bolcheviques. Aparte de ese anti-bolchevismo, en otras ocasiones el fuerte antisemitismo de algunas de esas etnias era el motivo para enrolarse en las filas teutonas. 

Sin embargo, en la mayoría de los casos se trataba de soldados soviéticos, que su único motivo era tratar de sobrevivir. La crueldad y el trato inhumano que los oficiales del Ejército Rojo dispensaban a sus soldados, a los que enviaban directamente al sacrificio al lanzarlos en masa en ataques suicidas, mal armados y equipados (y bajo la constante amenaza de ser ejecutados en el acto si retrocedían o se retiraban) fueron la causa para que miles de ellos se pasaran al lado alemán transformándose en Hiwis. Conforme avanzaba la guerra, un gran número de Hiwis lo formaban prisioneros de guerra rusos, que alentados por las promesas de un mejor trato, de poder reunirse con sus familias y sólo para huir del penoso cautiverio, aceptaban ser reclutados de los campos de prisioneros para compensar la cada vez más acusada, escasez de hombres en las filas alemanas.

Antony Beevor, en su recomendable libro"Stalingrado", relata como un hiwi capturado por los soviéticos dijo a su interrogador de la NKVD (algo así como la policía militar del régimen bolchevique) que los rusos en el ejército alemán podían dividirse en 3 categorías: en primer lugar, las tropas voluntarias combatientes "Osstruppen" movilizadas por los propios alemanes (las llamadas secciones cosacas, la división de Vlasov o la Brigada Kaminski, que estaban adscritas a las divisiones teutonas); en segundo lugar, estaban los Hilfswilligen, que eran los civiles locales o prisioneros rusos voluntarios o aquellos soldados del Ejército Rojo que desertaban para unirse a los alemanes, quienes vestían el uniforme alemán completo con sus rangos e insignias y que al igual que los soldados alemanes estaban adscritos a regimientos alemanes. Y por último estaban los prisioneros rusos que hacían el trabajo pesado, las cocinas, los establos y demás.
Este Hiwi en concreto al que hace referencia el escrito británico, junto con otros 10 prisioneros había sido sacado del campo de prisioneros de Novo-Aleksandrovsk, para trabajar para el ejército alemán. Ocho de sus compañeros fueron ejecutados durante la marcha cuando se desmayaron por el cansancio y el hambre, y él fue destinado a la cocina de campaña de un regimiento de infantería donde pelaba patatas. Posteriormente se le envió a los establos a cuidar los caballos. Muchos de esos prisioneros rusos, que como él, fueron inducidos mediante promesas, para ir de voluntarios, pronto se dieron cuenta de la cruda realidad. Cuenta Beevor, que el citado Hiwi, en el interrogatorio relató como conoció a otros Hiwis ucranianos, quienes le contaron que se habían creído las octavillas propagandísticas que les repartieron y que confiaban en volver con sus esposas. Sin embargo, pronto iban a ser enviados al frente a combatir a sus compatriotas: si se negaban, los alemanes los fusilarían. Y si regresaban con los rusos, serían también ejecutados (como muchos otros que se rindieron o fueron hechos prisioneros y posteriormente liberados por el Ejército Rojo) por traidores.

Si bien Adolf Hitler estuvo en un principio en contra de aceptar desertores - y mucho menos, de una etnia considerada inferior como la eslava - dentro de las filas alemanas, el pragmatismo y la necesidad terminó por imponerse en las situaciones más desesperadas, aprovechando así de manera útil la ingente cantidad de prisioneros, fundamentalmente soviéticos, que habían sido capturados. Así, por ejemplo, en la Batalla de Stalingrado, el VI Ejército alemán al mando del Mariscal Paulus tenía más de 50.000 auxiliares rusos adscritos a sus divisiones en la línea del frente, lo que que representaba un cuarto de su fuerza. En concreto, la 71ª y 76ª Divisiones de Infantería tenían, según señala el citado Beevor, más de 8.000 Hiwis cada una, lo que representaba prácticamente el mismo número de soldados alemanes con los que dichas divisiones contaban. Algunas fuentes afirman que para la primavera de 1942 había 200.000 Hilfswillingen (ayudantes voluntarios) o Hiwis detrás de los ejércitos alemanes y que a finales de ese año la cifra alcanzó el millón.
Todo ello provocaba una cierta incomodidad o sensación de extrañeza entre los alemanes. Así un oficial alemán contaba en una carta dirigida a otro compañero lo siguiente: "Es preocupante que nos veamos obligados a reforzar nuestras tropas de combate con prisioneros rusos de guerra...Es una situación extraña que las bestias a quienes hemos estado combatiendo estén ahora viviendo con nosotros en la armonía más estrecha". No obstante, según afirma Beevor en su mencionado libro "Stalingrado", parece ser que, en líneas generales, las unidades alemanas del frente (sobre todo los soldados rasos, no tanto los oficiales) trataron de forma aceptable a los Hiwis, aunque con cierto grado de desprecio.

Los Hiwis de origen ruso que cayeron prisioneros del Ejército Rojo o fueron puestos en manos de los soviéticos por los mismos aliados (principalmente americanos, británicos y franceses), en su mayoría terminaron ejecutados sumariamente por traición o bien enviados al Gulag (donde millares de ellos también fueron ajusticiados o perecieron de hambre, frío y enfermedad). Para finalizar, os dejo otro testimonio (una nota encontrada a un prisionero ruso, seguramente un Hiwi) extraído de otro libro más que interesante del citado Antony Beevor ("Berlín - La Caída: 1945") que creo es bastante revelador del drama de estos pobres diablos: "Camaradas soldados, nos entregamos a vosotros y os pedimos un gran favor: decidnos, por favor, por qué estáis matando a los rusos encerrados en las prisiones alemanas. Resulta que nos capturaron y nos llevaron a trabajar para sus regimientos, y lo hicimos sólo por no morir de hambre. Ahora resulta que llevan a esas personas al lado ruso, a su propio ejército, y los fusiláis. ¿Por qué? os preguntamos ¿Es porque el mando soviético traicionó a esas personas en 1941 y 1942?".

Y eso es todo. Espero que os haya gustado. Otro día más...