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martes, 18 de junio de 2013

El Ejército Imperial Japonés

El Ejército Imperial Japonés del período de 1931 a 1945 era una combinación extraña: una fuerza moderna, bien entrenada y armada, pero imbuida de las tradiciones antiguas y cerradas de un pueblo que acababa de salir de siglos de un autoimpuesto aislamiento del mundo moderno. Las contradicciones de la sociedad japonesa se reflejaban en sus fuerzas armadas, que abrazaban cualquier avance tecnológico militar pero seguían ancladas en las costumbres de una sociedad medieval, esencialmente feudal. Estas contradicciones crearon un ejército que era un enigma para la mayoría de los observadores extranjeros, un ejército que fue fatalmente malinterpretado y menospreciado por sus enemigos en los primeros compases de la guerra, pero que al mismo tiempo fue terriblemente vulnerable a ellos en cuanto mostró sus peculiares debilidades.


La adaptabilidad, las tácticas agresivas, el valor fanático y la obediencia ciega del soldado japonés iban a dar a ese ejército una victoria tras otra durante la guerra contra China en la década de 1930 y en las ofensivas relámpago contra las fuerzas estadounidenses, holandesas, británicas y de la Commonwealth en Asia y el Pacífico en 1941-1942. Sin embargo, estas cualidades humanas no bastaron cuando se enfrentaron al poderío económico, militar e industrial y a la cultura bélica verdaderamente moderna de EE.UU. Desde la perspectiva de hoy, puede decirse que el Ejército Imperial Japonés iba ya camino de la derrota cuando empezó a conseguir sus primeras y espectaculares victorias en diciembre de 1941.


A mediados de 1942, las fuerzas armadas imperiales japonesas habían expandido enormemente el Imperio en una espectacular campaña de conquista de 6 meses. Pero casi desde el mismo momento en que cesó su avance por el Pacífico se vieron obligadas a defender sus ganancias frente a las contraofensivas aliadas, que al principio fueron lentas y débiles pero fueron ganando en potencia y confianza. Fue una defensa para la que  Japón estaba preparado en el plano táctico, no así en el estratégico. Tras unos reveses iniciales se estableció una Esfera de Defensa Nacional Absoluta que incluía Birmania, Malasia, las Indias Orientales, Nueva Guinea occidental y las islas Carolinas, Marianas y Kuriles. Durante los 3 años siguientes, los japoneses iban a defenderla con una determinación feroz que sorprendió a sus enemigos, pero con un resultado final incuestionable.


Tanto había conquistado el ejército nipón que ahora se hallaba desplegado en el extremo de unas líneas de suministro extraordinariamente largas. El sistema logístico japonés era inadecuado - e incluso primitivo - a todos los niveles, pero los planes del alto mando para defender un perímetro tan inmenso no parecieron tener esto en cuenta. Con sus fuerzas dispersas en el extremo de unas largas líneas de suministro, amenazadas cada vez más por la supremacía aérea y naval aliada, Japón careció de los medios y el material para abastecer y reforzar sus guarniciones, y los efectos de las escaseces estratégicas de todo tipo empezarían a dejarse sentir entre la población japonesa ya en 1942. El Imperio quedó abrumado por la capacidad de EE.UU. de producir cañones, carros de combate, buques y aviones, y de tripularlos. Japón por su parte carecía de la base industrial necesaria para mantener a sus desperdigadas fuerzas armadas y reemplazar las enormes pérdidas sufridas. En el último año de la guerra, la producción japonesa se vio reducida drásticamente por los bombardeos aéreos aliados. Por ejemplo, en 1940 se fabricaron 1.023 carros de combate, por sólo 94 en 1945, y de modelos totalmente obsoletos.


La disparidad entre la producción de guerra de EE.UU. y Japón queda de manifiesto en una estadística extraordinaria: por cada soldado japonés en el Pacífico había 1 kg. de material, mientras que por cada estadounidense había 4 toneladas. Otro dato: ya en 1941, la producción de aviones estadounidense era 4 veces mayor que la japonesa, una brecha que se iría ampliando de forma imparable. Sin embargo, el carácter único de la milicia japonesa le permitió desafiar esas condiciones tan negativas. Aunque sus fieras batallas defensivas no lograron otra cosa que enormes pérdidas humanas, todavía había 2 millones de soldados dispuestos a defender las islas metropolitanas de la invasión aliada cuando el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, convencieron finalmente al gobierno imperial de la futilidad de seguir resistiendo. Aún así, un grupo de oficiales planeó, sin éxito, sabotear la alocución de rendición del emperador Hirohito.


Para mediados de 1942, el Ejército Imperial Japonés se había ganado la reputación de invencible entre las conmocionadas tropas aliadas, pero en cuanto éstas empezaron a contraatacar - en Guadalcanal y Nueva Guinea - salieron a la luz las deficiencias de dicho ejército y se aprendió a explotarlas. La mayoría de los comandantes japoneses carecían de imaginación más allá de la doctrina de atacar a toda costa: cuando el ataque fallaba, tendían a repetir el intento hasta que sus tropas quedaban diezmadas. En una sociedad fuertemente jerarquizada, el cuerpo de oficiales temía quedar desacreditado si reconocía dificultades, por lo que sus informes tendían a ser optimistas en exceso. Los mandos daban órdenes, pero se tomaban pocas molestias en supervisar su ejecución.


A diferencia de los ejércitos occidentales, el japonés apenas progresó en cuanto a mecanización. Sus unidades siguieron siendo esencialmente fuerzas de infantería apoyadas por artillería media y cuyo transporte seguía dependiendo de caballos y mulas. El ejército nipón andaba escaso de artillería pesada y era incompetente en su uso, pues se ponía todo el énfasis en el apoyo inmediato a la infantería. En esto, como en el uso de los carros de combate, los Aliados le ganaron rápida y decisivamente la partida. Pese al éxito de las unidades blindadas en Malasia a principios de 1942, los tanques fueron dispersados para dar apoyo a la infantería, un poco como si fuesen fortínes móviles (cada división de infantería Tipo A - es decir, la "reforzada" -, solía tener una unidad de carros de combate). Existía poco interés en el uso independiente de masas de carros como medios medios de maniobra (de hecho la primera división acorazada no se formó hasta 1942, y durante la guerra sólo habría un total de 4). Sin embargo, se potenció un tipo de carros de combate que sacrificaban el blindaje y la potencia del armamento en aras de la liviandad y la velocidad, por lo que resultaron extremadamente vulnerables. La calidad de la mayoría del material bélico aliado mejoró sin pausa, mientras que la del japonés se mantuvo mayormente en sus niveles de la década de 1930; en el orden cuantitativo, las diferencias se hicieron enormes.


La planificación y ejecución logística fue mala desde el principio: en el invierno de 1942-43, en Nueva Guinea, decenas de miles de soldados fueron más o menos abandonados a su suerte, y no sería la última vez. Existía una fuerte rivalidad entre el Ejército y la Marina Imperial, lo que tenía unas consecuencias nefastas en unas campañas en las que la cooperación interarmas era vital. La superioridad aérea japonesa de 1941-1942 empezó a ser disputada enseguida, y luego doblegada. Frente al avance estadounidense por el Pacífico, el Alto Mando Japonés fue incapaz de formular una estrategia más prometedora que la de atrincherarse, conservar el territorio hasta el último hombre e infligir al enemigo el mayor número de bajas posibles. Para la mentalidad occidental, ello era fruto de la desesperación, pero para la japonesa, la muerte honorable por el emperador era un premio.


El Ejército Imperial Japonés poseía importantes cualidades tácticas que puso en práctica casi hasta el final. El enemigo más temible es el soldado al que no le importa morir o seguir vivo, y esta cultura permeó en todas las fuerzas imperiales. Los Aliados descubrieron que era casi imposible tomar prisioneros japoneses: "la muerte antes que la rendición" era un principio genuino y no sólo un eslogan. Cuando se quedaban sin posibilidad de seguir resistiendo, se mataban en sus pozos de tirador, sus cuevas, fortines o búnkeres, o se inmolaban en suicidas cargas banzai o arrojándose bajo los tanques con una granada. Antes de 1945, el escaso número de prisioneros hecho entre fuerzas japonesas derrotadas - sobre todo heridos, de entre los miles de muertos en el campo de batalla - no incluía ningún oficial de graduación superior a la de comandante. En consecuencia, en todos los campos de batalla, cada posición japonesa tenía que tomarse individualmente, con fuego de artillería seguido de carros, ametralladoras, cargas explosivas, lanzallamas y granadas de mano. Ello era muy costoso en vidas estadounidenses y no sorprende que, después de haber experimentado este tipo de combate, pocos infantes aliados se tomasen demasiadas molestias en hacer prisioneros japoneses.


Las posiciones de campaña que los japoneses defendían hasta la muerte solían ser numerosas, bien emplazadas y de sólida construcción. Su talento para el camuflaje era de primer orden, y su disciplina de fuego, excelente. Habían aprendido de sus errores. En Tarawa fortificaron todo el perímetro de la isla, por lo que cuando los norteamericanos desembarcaron en el lado opuesto al más esperado, una gran parte del plan defensivo se vino abajo, pues no existía un reducto central desde el que lanzar contraataques en todas direcciones. En Peleliu y en adelante se aplicó esa lección: la mayor parte de guarniciones estaban desplegadas en amplios y complejos sistemas tierra adentro formados por emplazamientos de armas, búnkeres profundos, túneles interconectados y cuevas naturales optimizadas. Aunque básicamente defensivas, las tácticas japonesas implicaban siempre contraataques inmediatos y desesperados para retomar el terreno perdido. Los soldados japoneses eran valientes, disciplinados y tenaces, y muy hábiles en la lucha nocturna, la infiltración, el engaño, las trampas y las emboscadas.


Dado el escaso valor que se daba a la vida del soldado japonés, no es extraño que éste tuviese en una estima aún menor la de los extranjeros. Entrevistas a veteranos han confirmado que era habitual que, al llegar a una unidad en el frente chino, el soldado fuese obligado a demostrar su obediencia y su espíritu matando a bayonetazos a un prisionero o campesino chino (o, si el recién llegado era un oficial, decapitándolo con su espada). Espoleados por sus mandos, estos soldados embrutecidos - producto de una sociedad que se vanagloriaba de su superioridad racial - trataron a los civiles de los territorios conquistados con una crueldad medieval. En China, la pesadilla de los ataques guerrilleros desembocó en la aplicación de la política oficial de los "tres todos": "quemadlo todo, cogedlo todo, matadlo todo". Tampoco sorprende que veteranos de China siguiesen comportándose de la misma forma cuando fueron transferidos al sur para "liberar" a otras razas asiáticas, en especial cuando las deficiencias de su sistema logístico los dejó a expensas de lo que pudiesen requisar.

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército de Kwantugn y la expansión japonesa" de Philip Jowett
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Los Comandos Suicidas y otras unidades japonesas" de Philip Jowett

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (56)



"Tenéis mi más sincera admiración por la exterminación de esos 11.000 idiotas de ojos rasgados"

William F. 'Bull' Halsey - Almirante de la Flota del Pacífico de los EEUU, dirigiéndose a los Marines estadounidenses tras la toma de Peleliu (noviembre 1944)

miércoles, 11 de enero de 2012

Vídeos de la 2ª Guerra Mundial (3)

Hola de nuevo, compañeros de armas. Hoy os traigo 3 vídeos que he encontrado en youtube en los que podéis ver escenas en color de tres de las más importantes batallas libradas por los Marines estadounidenses contra las tropas japoneses durante la Campaña del Pacífico: Tarawa, Peleliu e Iwo Jima. Que los disfrutéis:

martes, 6 de septiembre de 2011

La Guerra en Imágenes: Peleliu

La primera oleada de lanchas de desembarco (LVT - Landing Vehicle Tracked) de la 1ª División de Marines USA avanza hacia las playas de Peleliu (Islas Palaos), mientras las posiciones japonesas son bombardeadas por la artillería naval. 15 de Septiembre de 1944

Usando un Amtrac (Tractor Anfibio) como escudo, los Marines de la 1ª División USA combaten en las playas de Peleliu. 15 Septiembre 1944

Marines de la 1ª División USA (1º Regimiento) tratan de desplegarse bajo el fuego enemigo en White Beach. 15 Septiembre de 1944

El 5º y 7º Regimientos de la 1ª División de Marines USA asaltan Orange Beach. 15 Septiembre 1944

Marines de la 1ª División USA retiran los cadáveres de sus compañeros caídos en las playas de Peleliu. Al fondo se observan los vehículos de desembarco LVT. Septiembre 1944

Dos Marines norteamericanos tomándose un descanso tras los primeros combates de la Batalla de Peleliu. 15 Septiembre 1944

Un Marine norteamericano ofrece un trago de agua de su cantimplora a un compañero herido. Septiembre 1944

Dotación de un mortero de 60 mm de los Marines USA dispara contra las posiciones japonesas en Peleliu. Septiembre-Octubre 1944

Marine estadounidense disparando su bazooka M1A1 contra un búnker nipón en las colinas de Peleliu. Septiembre-Octubre 1944

Un LVT de los Marines USA equipado con lanzallamas ataca una posición japonesa en Peleliu. Septiembre 1944

Tanqueta japonesa Typ0 94 Te-Ke destruida rodeada de cadáveres de soldados nipones. Septiembre 1944

Un F4U Corsair ataca con bombas de napalm las posiciones japonesas en los cerros Umurbrogol. Septiembre-Octubre 1944

Cartel y cráneo humano señalan una zona de combate y avisan del peligro a los Marines. Peleliu, Octubre 1944

martes, 26 de julio de 2011

Reseñas Libros: "Diario de un Marine"

Tras la lectura de "Diario de un Marine" ("With the Old Brew at Peleliu and Okinawa" en su título original) de Eugene B. Sledge no puedo sino decir que se trata de un verdadero clásico de la literatura militar, totalmente imprescindible para todo amante de la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de un libro muy ameno y entretenido que se lee en un suspiro, y que sirve no sólo para conocer un poco más a fondo la encarnizada campaña del Pacífico (concretamente las sangrientas batallas de Peleliu y Okinawa), sino también para descubrir de primera mano la dura y sufrida vida diaria de un soldado de infantería en el frente de la cruenta guerra librada contra los aguerridos e irreductibles soldados japoneses.

Eugene B. Sledge, apodado por sus compañeros "Mazo", un idealista y soñador muchacho de Alabama embebido de la historia de Estados Unidos y prendado de héroes como George Washington y Daniel Boone, es destinado a la 1ª División de Marines (conocida como "The Old Brew", algo así como "la Vieja Guardia"), concretamente como servidor de un mortero de 60 mm integrado en la Compañía K del 3er Batallón, 5º Regimiento de Marines, en el teatro del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Tras un intenso y duro adiestramiento en San Diego, primero como marine en el Marine Corps Recruit Depot y después como soldado de infantería en Camp Elliot, es destinado inicialmente a Pavuvu (Islas Salomón), una isla de apariencia paradisíaca pero que deviene en un infierno de barro, lluvia y fango, plagas de ratas, cangrejos de tierra y demás alimañas y el nausebundo olor de miles de cocos podridos, donde los marines esperan hasta que se les ordene entrar en acción.

Su primer encuentro con el horror de la guerra se produce en la Batalla de Peleliu. Aunque es una de las menos conocidas de la guerra del Pacífico, para muchos se trata del combate más duro y feroz que libraron los marines en la Segunda Guerra Mundial. Todavía hoy se discute la necesidad de tomar la diminuta isla de Peleliu (Islas Palaos) para garantizar la seguridad del flanco derecho del General MacArthur de camino a Filipinas. Pese a que el alto mando pensaba que tomaría Peleliu en 3 o 4 días, la lucha se prolongó durante 10 semanas de espantosos y cruentos combates que costaron a los norteamericanos 8.769 bajas (entre muertos, heridos o desaparecidos), mientras que perecieron casi la totalidad de los 11.000 japoneses que defendían los 13 kms cuadrados de su superficie.

Durante esta batalla los japoneses cambiaron radicalmente su táctica habitual de defender las playas mediante suicidas cargas banzai contra los marines una vez que estos habían establecido una cabeza de playa, que eran sistemáticamente masacradas y nunca fueron efectivas. Por el contrario, optaron por establecer una compleja defensa en posiciones fortificadas que se apoyaban mutuamente mediante túneles, situadas en cuevas, fortines y búnkeres (utilizada también en posteriores batallas como Iwo Jima y Okinawa), que causaron espantosas bajas a los norteamericanos.

El novato Sledge se encuentra en medio del infierno de Peleliu, donde "el mundo es una pesadilla de fogonazos, explosiones y balas volando", y experimenta el pánico y el miedo a morir, la pesadilla de los bombardeos de artillería, el sofocante calor y la sed, la fátiga psíquica y mental del combate, la pérdida de amigos y compañeros, la enconada y suicida resistencia de los japoneses (que disparaban incluso a los sanitarios o a todo aquel que se acercara a socorrer a un herido), sus incursiones suicidas nocturnas y sus trucos como simular rendirse o solicitar atención médica para luego inmolarse con una granada y otros aspectos como la necesidad del compañerismo y el trabajo en equipo para sobrevivir, el afán de sus compatriotas por hacerse con todo tipo de recuerdos y souvenirs (incluso dientes de oro o restos humanos de los enemigos caídos) la falta de higiene, las plagas de moscas y el nauseabundo olor de los cuerpos en descomposición o la mutilación y profanación de los cadáveres de sus compatriotas por los nipones.

Para cuando se topa con el infierno de la Batalla de Okinawa, "Mazo" es ya un veterano de combate, aún lleno de temor pero no de pánico, y es testigo nuevamente de innumerables horrores y padecimientos físicos y mentales, durante esa aterradora lucha para tomar la isla japonesa de Okinawa que costó a las fuerzas norteamericanas un total de 50.000 bajas de todo tipo (entre ellas el mayor número de casos de fatiga de combate registrado nunca en una batalla estadounidense) por casi 100.000 muertos japoneses (más los muertos causados entre la población civil, estimados en un mínimo de 42.000).

Basándose en las notas que Sledge guardaba en secreto en una copia del Nuevo Testamento que llevaba consigo, "Diario de un Marine" capta con sencillez y honestidad las experiencias de un soldado en el encarnizado teatro del Pacífico. Aquí se recoge lo que salvó, amenazó y cambió su vida. Y también el relato de cómo aprendió a odiar y a matar, pero también a comprender, a sus semejantes, y sobre todo la imagen de repulsa tajante hacia la brutalidad y el sinsentido de la guerra. La obra de Sledge (junto a "Mi Casco por Almohada" de Robert Leckie) sirvió de inspiración para "The Pacific", la excelente serie de HBO producida por Steven Spielberg y Tom Hanks, y lo cierto es que, leyendo "Diario de un Marine" vinieron a mi mente muchas escenas y personajes de la serie, en la que Joseph Mazzello (el niño de "Parque Jurásico") interpreta al autor de este libro.

Lo dicho, imprescindible.

martes, 19 de abril de 2011

Series TV: "The Pacific" (2010)

Steven Spielberg, Tom Hanks, Gary Koetzman y la cadena de televisión HBO lo han vuelto a conseguir. Si con "Hermanos de Sangre" lograron crear un joya de la televisión, con "The Pacific" han dado de nuevo en el clavo.

He leido por la red abundantes debates sobre cual de las dos series es mejor. No pienso entrar en ese juego. No voy a andar con comparaciones, ni voy a decir cual es mejor y cual peor, ni si una es la hermana mayor y la otra la menor. Sinceramente me parece un debate bastante absurdo, a la par que inútil, ya que pese a estar ambas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial (y tener los mismos responsables y creadores), cuentan dos escenarios bélicos totalmente diferentes como son el frente Europeo y el del Pacífico, y además porque su enfoque es completamente distinto. En cualquier caso, ambas miniseries me parecen excelentes y, como no podía ser menos estando por medio la cadena HBO, totalmente imprescindibles para todo aficionado a la series de televisión de calidad.

En lugar de la amistad, el compañerismo y la épica, "The Pacific" apuesta por mostrarnos el horror y las calamidades de la guerra, el sufrimiento físico y psicológico de jóvenes normales y corrientes expuestos a la tremenda dureza de una campaña marcada fundamentalmente por dos terribles factores que se describen a la perfección en esta miniserie:

En primer lugar, los marines norteamericanos tuvieron que luchar contra un enemigo implacable, fiero e irreductible, que podía resistir en las más precarias condiciones, que por más que la situación fuera insostenible, por más que luchara en inferioridad de tropas y armamento, nunca se rendía (pues ello era visto como un deshonor), que prefería lanzarse sobre su oponente en acciones suicidas antes que claudicar y que rara vez hacía prisioneros.

Para que vosotros, amigos lectores, os hagais una idea de esto que os digo, voy a dar unos datos bastante reveladores. La práctica totalidad de la guarnición japonesa de la isla de Iwo Jima (21.000 soldados) murió durante la batalla (solamente se rindieron o fueron hechos prisioneros 216 japoneses), sufriendo los norteamericanos 6.821 muertos y 21.200 heridos; en la batalla de Peleliu de los 11.000 japoneses destacados, 10.695 resultaron muertos, causando 1.794 muertos y 8.010 heridos entre los marines norteamericanos; en Okinawa, de los 131.000 japoneses que defendían la isla (entre soldados y milicianos), murieron más de 107.000, contra 12.500 muertos o desparecidos y 38.000 heridos en combate en el bando de los E.E.U.U.

El segundo de esos factores a los que me refería antes era el luchar en un entorno, aparentemente paradisíaco, pero totalmente hostil y con unas condiciones climatológicas sumamente adversas. Junglas impenetrables, humedad y calor asfixiante, lluvias torrenciales e interminables, pantanos, lodazales, mosquitos, arañas, reptiles, ratas y enfermedades como la malaria o la disentería eran un enemigo tan poderoso, destructivo y desmoralizador como las balas y bombas japonesas, causando un importante número de bajas tanto físicas como psicológicas.

La nueva miniserie de HBO es una producción superlativa (más de 200 millones de presupuesto la contemplan) que cuenta con un nivel técnico de primer orden: una cuidada ambientación y documentación, inmejorables efectos especiales, excelente fotografía y el apoyo de una extraordinaria banda sonora. Pero también cuenta con un reparto bastante competente, unos guiones sólidos y una dirección a la altura de las circunstancias.

"The Pacific" se centra fundamentalmente en las vivencias de tres soldados de la 1ª División de Marines de los USA, Robert Leckie (James Badge Dale), Eugene Sledge (Joseph Mazzello) y John Basilone (Jon Seda) durante la campaña del Pacífico tras el ataque japonés a Pearl Harbor, desde la batalla de Guadalcanal hasta la de Okinawa, pasando por Peleliu e Iwo Jima.

Al contrario que en "Hermanos de Sangre", con un reparto más coral (que en ocasiones provocaba que te costara trabajo identificar a todos sus protagonistas), es más fácil conectar y cogerles cariño a los personajes, y al mismo tiempo se ofrece un retrato más sólido y compacto de sus 3 protagonistas, pudiendo observar su evolución a lo largo de la serie (más patente en el personaje de Sledge, al vemos pasar de la inocencia y los sueños de gloria a su completa deshumanización).

Eso si, no espereis una batalla tras otra, acción sin límite, en todos y cada uno de los 10 episodios. Tampoco en "Hermanos de Sangre" las había en todos sus episodios (pese a que muchos parece que así lo recuerden, según he podido leer por ahí): sin ir más lejos, en su primer capítulo se nos describía el entrenamiento de los paracaidistas de la 101 División Aerotransportada, sin embargo, en el primero de "The Pacific", ya nos meten de lleno en la batalla de Guadalcanal.

"The Pacific" alterna las vibrantes escenas bélicas - rodadas de manera magnífica, al más puro estilo "Salvar al Soldado Ryan", con un realismo y crudeza que sobrecoge, en particular los capítulos que discurren en Peleliu (los 3 que cuentan esta batalla son, sin duda, los mejores), Iwo Jima y Okinawa - con otras de ritmo más pausado, intimista y melodramático.

Existen capítulos carentes de toda acción bélica pero no por ello dejan de ser interesantes (y tan demoledores o más como la más sangrienta batalla), pues nos muestran los padecimientos de los marines por las inclemencias del tiempo o las enfermedades, las graves secuelas psicológicas provocadas por los duros y encarnizados combates, mostrándonos igualmente el llamado "descanso del guerrero" con historias de amor y romanticismo no carentes de interés, sino todo lo contrario.

A un servidor, "The Pacific" le ha ofrecido exactamente lo que esperaba de ella. Rigor histórico y realismo, junto con una perfecta realización técnica y ambientación. Un estremecedor relato de uno de los más terribles frentes de la Segunda Guerra Mundial que me ha sobrecogido, emocionado y horrorizado a partes iguales, y que me deja para el recuerdo algunas escenas que tardaré mucho tiempo en borrar de mi mente.

Dadle una oportunidad a "The Pacific". Seguro que no os defrauda.