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lunes, 17 de diciembre de 2012

Las Mulas Paracaidistas

Durante la Segunda Guerra Mundial se intentaron llevar a cabo numerosos planes y proyectos de lo más absurdo y disparatado. Como se suele decir, "a situaciones desesperadas, medidas desesperadas". Una de esas estrambóticas ideas fue la que a continuación os cuento. En mayo de 1943, las fuerzas angloamericanas, con el apoyo de la Francia Libre, estaban preparando en el Norte de África el asalto al continente europeo por el sur. El lugar elegido para realizar el primer gran desembarco fue la isla de Sicilia, una maniobra previa al asalto de la península itálica, que recibiría el nombre en clave de "Operación Husky". Para alcanzar las metas fijadas en esa compleja operación había que tener en cuenta las características especiales de la isla italiana, cuya difícil orografía, muy montañosa y con malas comunicaciones, dificultarían el desplazamiento de tropas y material.


Para solucionarlo se pensó en la utilización de un número importante de mulas, pero el problema residía en que éstas no podrían utilizarse durante las importantes acciones que llevarían a cabo los paracaidistas estadounidenses de la 82ª División Aerotransportada. Los "All Americans" tenían que saltar tierra adentro, tras las defensas costeras italianas y alemanas horas antes del asalto anfibio, para facilitar el desembarco del grueso de las tropas aliadas. Las dudas sobre el éxito de las tropas aerotransportadas surgieron de inmediato: ¿cómo se iban a desplazar los paracaidistas norteamericanos por aquel terreno pedregoso y reseco sin vehículos de apoyo para transportar el equipo lanzado desde los aviones?. Ante ese dilema, alguien pensó que la solución podría ser embarcar mulas en los aviones de transporte y lanzarlas sobre la isla en paracaídas, algo que hasta entonces no se había intentando nunca.


El encargado de la misión fue el mayor Mark Alexander que, aunque se mostró escéptico, inició los ensayos para conseguir abastecer de mulas de este original modo a los paracaidistas que saltarían sobre Sicilia. El lugar elegido para llevar a cabo las pruebas fue el desierto que rodea a la población de Oujda, en el norte de Marruecos, en ese momento ocupado por las tropas estadounidenses. Para llevar a cabo esta operación se confeccionaron unos paracaídas enormes y especialmente resistentes, y se adaptaron al cuerpo de los animales. Tras conseguir mulas y equiparlas se procedió a introducirlas en aviones de transporte Douglas C-47 "Dakota". Aquella operación fue especialmente complicada, pues, a pesar de llevar los ojos vendados, los tercos animales se mostraron nerviosos, asustados y poco sumisos a entrar en los aviones. Una vez dentro de los aparatos, y conforme estos iban ganando altura, la actitud de las mulas empeoró más si cabe, haciendo peligrar la estabilidad de los aviones de carga. Finalmente, cuando se alcanzó una altitud de 1.000 metros, se encendió la luz verde y las “mulas paracaidistas” fueron arrojadas al vacío.


El resultado fue un auténtico desastre. Cuando se llegó a la zona de lanzamiento, un pedregoso desierto, se comprobó que la mayoría de los animales habían sufridos fracturas en las patas a consecuencia del impacto sufrido en la caída, por lo que hubo que sacrificarlas. Tras la pifia de Oujda, el Cuartel General Aliado canceló el plan y continuó con la "Operación Husky". Una vez iniciadas las operaciones militares, los norteamericanos se dieron cuenta que el experimento de las “mulas paracaidistas” había sido una pérdida de tiempo. Sicilia, por su orografía y complicadas comunicaciones, poseía en 1943 una nutrida población de estos cuadrúpedos y los paracaidistas norteamericanos no tuvieron ningún problema para proveerse de ellos, una vez en tierra. Además, las tropas que desembarcaron en las playas sicilianas, trajeron con ellas varios centenares más de mulas, por lo que si hubo algo que no escaseó durante esos días en la isla italiana fueron precisamente estos animales.

Fuentes:
"Las 100 méjores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández
http://suite101.net/article/disparates-de-la-segunda-guerra-mundial-mulas-con-paracaidas-a44369

viernes, 2 de diciembre de 2011

Los Comandos Aerotransportados Giretsu

Después de la conquista de las Islas Marianas los estadounidenses pudieron disponer de bases para atacar el territorio metropolitano japonés con sus bombarderos de gran autonomía (así, el 24 de noviembre de 1944 los Boeing B-29 Superfortress, con base en Saipán realizaron su primera incursión sobre Tokio). Por ello, a partir de finales de 1944, bajo el mando del General de División Tominaga Kyoji, comandante de la 4ª Flota Aérea, se decidió que los paracaidistas del Ejército Imperial Japonés formaran las unidades de comandos Giretsu Kuteitai (Unidad Aerotransportada Giretsu), cuya misión principal era atacar los aeródromos estadounidenses en las Marianas y demás islas del Pacífico.

La abrumadora superioridad aérea de EEUU en la mayoría de las campañas del Pacífico y Asia en 1944-1945 estaba siendo decisiva, por lo que la idea de que pequeñas incursiones locales podían alterar la situación se antojaba cuanto menos extravagante. Pese a todo, se decidió que esas unidades de comandos llegasen hasta los aeródromos enemigos saltando en paracaídas o aterrizando de contigencia en aviones de transporte o bombarderos modificados, para llevar a cabo misiones esencialmente suicidas: debían destruir todos los aviones norteamericanos posibles y luego defender sus posiciones hasta el último hombre y la última bala. El seleccionado para dirigir la nueva unidad fue el capitán Michiro Okuyama, comandante de la 1ª Compañía del Regimiento de Ingenieros de la 1ª Brigada de Asalto Paracaidista, una unidad especializada en técnicas de sabotaje y demolición.

La primera operación Giretsu, se llevó a cabo en la noche del 6-7 de diciembre de 1944, y fue ejecutada por 750 hombres del 1er Grupo de Incursión que fueron llevados - 13 soldados por avión - en aviones de tranporte Mitsubishi Ki-57 que debían lanzarlos sobre varios aeródromos filipinos, dos de ellos en Dulag y dos más en Tacoblan (ambos en la provincia filipina de Leyte). Aunque un total de 300 comandos japoneses consiguieron aterrizar en sus objetivos, el resto de los aviones fueron abatidos. Los paracaidistas que lograron sobrevivir opusieron una enérgica y tenaz resistencia durante unas horas y fueron cayendo poco a poco sin haber causado daños de importancia.



La operación más conocida de las unidades Giretsu se produjo en la noche del 24-25 de mayo de 1945, cuando 9 bombarderos Mitsubishi Ki-21 despegaron para atacar el aeródromo de Yontan, en Okinawa, llevando cada uno 14 comandos. Cuatro de los aviones tuvieron que regresar a la base por problemas mecánicos, pero los cinco restantes consiguieron llegar a las inmediaciones del aeródromo. Sin embargo, de los cinco aviones que llegaron a Yontan, cuatro se estrellaron derribados por las batería antiaéreas del Ejército y la Marina norteamericana, cuando se aproximaban al aeródromo con intención de tomar tierra. La sección de cola de uno de ellos se puede observar en la foto inferior.

El ala de uno de ellos cayó en la posición de un cañón antiaéreo, matando a 2 de los servidores. Un quinto "Sally" (nombre que daban los aliados al Ki-21) aterrizó de panza, con el tren de aterrizaje plegado, en una de las pistas, deslizándose hasta una distancia de 80 metros de la torre de control. Los paracaidistas japoneses salieron del "Sally" (el de la foto de aquí abajo) y se abalanzaron hacia los aviones estadounidenses estacionados en la base, lanzando granadas de fósforo y cargas de demolición y disparando sus armas. Dos depósitos que contenían 70.000 galones de combustible (265.000 litros) estallaron en llamas, provocando un gigantesco incendio.

Los estadounidenses fueron temporalmente presa del pánico. Los pilotos, el personal de tierra, los artilleros de los antiaéreos y las fuerzas de seguridad de la base comenzaron a disparar sus armas en todas direcciones. Ese fuego indiscriminado fue lo que causó la mayor parte de las bajas estadounidenses (3 muertos y 18 heridos) y algunos de los daños que sufrieron los aviones norteamericanos.

Todos los comandos japoneses murieron, el último de ellos al mediodía del día siguiente cuando fue descubierto oculto entre la maleza. En total, los estadounidenses enterraron 69 cuerpos de comandos y aviadores enemigos. La mayoría de ellos murieron en sus aviones. Entre los que lograron tomar tierra, varios de ellos acabaron suicidándose cuando agotaron los explosivos que llevaban. Los atacantes lograron destruir en total 9 aviones estadounidenses: 3 cazas F4U Corsair, 2 cuatrimotores bombarderos-patrulleros PB4Y Privateer, y 4 transportes R4D - la denominación que daba la Marina al Douglas C-47 ("Dakota") -; otros 26 aviones norteamericanos resultaron igualmente dañados. No obstante, la tarde del día siguiente el aeródromo de Yontan estaba de nuevo en funcionamiento, y la mayoría de aviones dañados fueron reparados en pocos días.

Se diseñó un ataque masivo contra las bases de los bombarderos B-29 en Saipán, Tinián y Guam el día 9 de agosto de 1945, en el que iban a participar 200 aviones que transportarían 2.000 comandos Giretsu, pero tuvo que ser cancelado cuando los aviones reunidos para la misión fueron destruidos en tierra por la aviación aliada.