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viernes, 17 de mayo de 2013

Fukuryu: Los Buzos Suicidas Japoneses

Los Fukuryu ("dragones agachados", en japonés), fueron unas unidades especiales de buzos suicidas creadas en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial por los japoneses, para hacer frente a la proyectada invasión aliada del archipiélago nipón (conocida como Operación Downfall). 


Estaban equipados con un equipo de respiración autónoma formado por dos botellas de aire comprimido (cuya patente al parecer los alemanes habían cedido a Japón). Como hacían recircular el aire, no dejaba una estela de burbujas, y favorecía que el buzo se aproximara a su objetivo sin ser visto. Pero por contra, como recirculaba el aire y lo purificaba mediante carbonato cálcico, si el buzo se sumergía más abajo de 10 metros, acababa respirando ácido y moría en pocos segundos. 


Para que el buzo se mantuviera en el fondo y no flotara, contaba con entre 6 y 9 kilogramos de plomo a modo de lastre. Podían podían permanecer sumergidos a una profundidad de 5 a 7 metros durante un máximo de 6 horas, y avanzar andando por el fondo marino hasta unos 2 kms. aproximadamente. Dentro del casco, el buceador podía beber zumos o alimentos líquidos que llevaba consigo gracias a un tubito. 


Estaban armados con una mina de ataque del Tipo 5, de unos 15 kgs. de explosivo y una cámara hueca que hacía de cámara de flotación, que estaba situada en el extremo de una pértiga de bambú de 5 metros de longitud (fotografía superior). La idea era que cuando los buques y lanchas de desembarco de tropas o vehículos enemigas se aproximasen a las playas de invasión, los buzos se situarían debajo de ellas, colocarían la mina bajo la embarcación con la pértiga y la harían estallar, muriendo con toda seguridad durante el proceso. 


Los Fukuryu o bien, se meterían en el agua caminando desde la playa, o esperarían ocultos entre los restos de un barco naufragado o instalación preparada al efecto, o avanzarían por una cañería oculta, una especie de boca del alcantarillado, que los llevaría a varios cientos de metros mar adentro (ver ilustración sobre estas líneas). Una vez allí, a unos 6 metros de profundidad, un batallón de buzos formaría en 3 líneas (tres compañías de 150 buzos cada una de ellas) separadas entre sí unos 60 metros. Los buzos activarían unas minas convencionales situadas bajo el agua y se apartarían de ellas. Las lanchas de desembarco enemigas procurarían evitar esas minas y se meterían justo donde los esperaban los Fukuryu. Entonces comenzaría el ataque. 


Los Fukuryu tenían que procurar apartarse de los buzos suicidas más próximos, para evitar morir sin querer cuando éstos se suicidaran debajo de un buque enemigo. Se consideraba que había suficiente con mantener unos 50 metros de distancia entre buzo y buzo. Se organizaban en secciones de 6 buzos, 5 secciones por pelotón y 5 pelotones por compañía. Se esperaba que cada uno de ellos pudiese hundir una lancha de desembarco de hasta 950 toneladas. 


En agosto de 1945, los japoneses ya tenían preparados 1.000 trajes de buzo, pero tenían previsto haber acabado 8.000 en septiembre. En octubre, los Fukuryu sumarían unos 6.000 buzos suicidas, entrenados y dispuestos a todo. La 71.ª Unidad de Ataque Especial (en Yokosuka, en la bahía de Tokyo) contaba, al final de la guerra, con dos batallones de buzos a punto y cuatro más entrenándose, y esperaba contar con 4.000 buzos para defender la bahía de Tokyo y las playas de Honshu en otoño. Otra unidad, la 81.ª, pretendía desplegar a 1.000 buzos en Kure y Sasebo. Los planes de la Armada Imperial Japonesa eran muy ambiciosos, pues pretendían que fueran 40.000 los buzos suicidas que defenderían las playas y puertos de Japón antes de final de año.

Finalmente la rendición japonesa en septiembre de 1945 evitó la invasión, por lo que los Fukuryu nunca llegaron a entrar en combate. Sin embargo, muchos de ellos murieron durante los ejercicios de entrenamiento.

Fuentes:

miércoles, 27 de febrero de 2013

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (60)




"Durante los primeros seis o doce meses de guerra contra los Estados Unidos y Gran Bretaña, causaré estragos en todos sus flancos y conquistaré una victoria tras otra. Después...no tengo esperanzas de ganar."

Isoroku Yamamoto - Almirante y comandante en jefe de la Flota Combinada de la Armada Imperial Japonesa



lunes, 18 de febrero de 2013

El "Muroc Maru"

En el año 1943, las Fuerzas Aéreas del Ejército de los EE.UU. (USAAF) terminaron el montaje e instalación de una curiosa y enorme estructura en los terrenos de la Base Aérea de Muroc, al norte de Los Angeles, California (en los terrenos que hoy constituyen la enorme Base Aérea 'Edwards')


Situada en mitad del desierto de Mojave, en un extremo de Rogers Dry Lake, la estructura estaba construida a base de madera y alambre, recubierta después con tela asfáltica y plumas de pollo. Tenía la forma y apariencia de un crucero pesado de la Armada Imperial Japonesa de la clase "Takao" y su nombre oficial era Army Air Foces Temporary Building (Target) T-799, aunque todo el mundo lo llamaba "Muroc Maru"


Su propósito y finalidad era la servir como objetivo para misiones de entrenamiento de los pilotos de la 4ª Fuerza Aérea estadounidense, tanto en misiones de reconocimiento e identificación de objetivos, como de combate (ametrallamiento y bombardeo a baja cota) llevadas a cabo con diversos aviones, tanto cazas (P-38 "Lightning") como bombarderos (B-24 "Liberator" y B-25 "Mitchell"). 


El "Muroc Maru" tenía una longitud de casi 200 metros y su construcción costó la suma de 35.000 dólares. Para dar más realismo, se colocaron montones de arena a lo largo de la estructura, para simular olas del mar, y de hecho, debido a las tórridas temperaturas de la zona y al efecto óptico generado por el intenso calor, los pilotos tenían la sensación de que el "barco" estaba realmente navegando en mitad del mar (tal y como puede observarse en la fotografía bajo estas líneas). 


Más de un conductor que circuló por las carreteras que circundaban los terrenos de la base aérea quedó sorprendido al divisar en el horizonte un barco aparentemente varado en mitad del desierto. Allí permaneció hasta el año 1950, momento en el que se decidió desmantelarlo por suponer un peligro para el tráfico aéreo y por existir además en el interior de la estructura y en sus inmediaciones numerosos proyectiles sin estallar.

Fuentes:

http://historiassegundaguerramundial.wordpress.com/2013/02/02/muroc-maru/
http://wonderduck.mu.nu/the_muroc_maru
http://www.histomil.com/viewtopic.php?f=95&t=11927
http://en.wikipedia.org/wiki/Takao-class_cruiser

jueves, 10 de enero de 2013

La Guerra en Imágenes: Pearl Harbor


Pilotos japoneses a bordo de un portaaviones de la Armada Imperial Japonesa reciben las últimas instrucciones antes de lanzar el ataque contra la base naval de Pearl Harbor (Hawai). 7 diciembre 1941


Cazas nipones Mitsubishi A6M2 "Zero" sobre la cubierta del portaaviones Akagi (uno de los 6 participantes en el ataque) preparados para despegar hacia sus objetivos. 7 diciembre 1941


Miembros de la tripulación del portaaviones Zuikaku despiden sobre la cubierta del buque a los pilotos que despegan hacia Pearl Harbor (Hawai). Se observa un bombardero Nakajima B-5N "Kate". 7 diciembre 1941


Caza Mitsubishi A6M-2 "Zero" sobre la cubierta del portaaviones Akagi 7 diciembre 1941

 

Vista aérea de los primeros ataques de los aviones japoneses contra los buques norteamericanos anclados en Pearl Harbor (Hawai). diciembre 1941

 

Otra panorámica aérea tomada desde un avión japonés, en la que se observan los momentos iniciales del ataque sobre la base naval de Pearl Harbor (Hawai). El acorazado USS Oklahoma es alcanzado por un torpedo lanzado por un avión nipón. 7 diciembre 1941

 

Fotografía aérea tomada por un avión japonés derribado durante el ataque a Pearl Harbor. Al fondo se observa una densa columna de humo procedente del aeródromo de Hickam Field. 7 diciembre 1941


Al fondo, se observa una enorme columna de humo que proviene del acorazado USS Arizona, que es devorado por las llamas y comienza a hundirse tras ser gravemente alcanzado por bombas lanzadas por bombarderos "Kate" japoneses.diciembre 1941


Una amplia panorámica del cielo sobre Pearl Harbor (Hawai), lleno de humo e impactos de la artillería antiaérea. 7 diciembre 1941


Fotografía aérea tomada por un piloto nipón del raid sobre la base naval de Pearl Harbor. Justo enfrente se observa un bombardero japonés.diciembre 1941


El destructor USS Shaw es pasto de las llamas tras ser alcanzado por 3 bombas japonesas durante el ataque. 7 diciembre 1941


Una gigantesca explosión sacude al USS Shaw al explotar el depósito de municiones. 7 diciembre 1941


Marineros norteamericanos observan, entre los restos de los aviones destruidos en el aeródromo naval de Ford Island,  la enorme explosión del destructor USS Shaw.diciembre 1941


Entre un espeso humo negro, una bandera de EE.UU. ondea en la popa del acorazado USS West Virginia, hundido tras al ataque japonés a Pearl Harbor. 


El acorazado USS California se hunde en las aguas de Pearl Harbor, mientras se trata de evacuar a su tripulación.  7 diciembre 1941


Los acorazados USS West Virginia y USS Tennessee, gravamente dañados durante el raid, son pasto de las llamas. 7 diciembre 1941. 


Imagen del acorazado USS Maryland, que sufrió leves daños durante el ataque, anclado junto al USS Oklahoma, el cual fue alcanzado por 3 torpedos y se observa volcado y parcialmente hundido a la derecha. 7 diciembre 1941


Entre un espeso humo negro, el acorazado USS Arizona comienza a escorarse antes de hundirse definitivamente. 7 diciembre 1941


El dragaminas USS Oglala permanece volcado y semihundido tras ser atacado por aviones y minisubmarinos japoneses.  7 diciembre 1941


Imagen de los graves daños sufridos por los destructores USS Downes y USS Cassin, que se encontraban en un dique seco durante el ataque.


Aviones destruidos en el interior de un hangar en Wheeler Field, aeródromo del ejército estadounidense en Hawai. 11 diciembre 1941


Un automóvil, alcanzado por la metralla de un bomba japonesa durante el ataque, con tres civiles muertos en su interior. El coche estaba a 8 millas de Pearl Harbor, y no existían objetivos militares a su alrededor.


Restos del primer avión japonés derribado durante el ataque a Pearl Harbor. 7 diciembre 1941. 

martes, 25 de septiembre de 2012

Los Últimos Japoneses de Iwo Jima

Seguro que todos habéis escuchado o leido historias de soldados japoneses que después de terminada la Segunda Guerra Mundial, se negaron a rendirse - no olvidemos que para ellos era un deshonor y la mayor deshonra que podía existir para un soldado imperial - y permanecieron ocultos durante mucho tiempo (años, o incluso décadas, como el caso de Hiroo Onoda, que se rindió en Filipinas en marzo de ¡¡1974!!), en las espesas e inhóspitas junglas del sureste asiático o en pequeñas islas del Pacífico, quedando aislados y sin comunicación con sus superiores ni con el resto del mundo. 


En Iwo Jima, como en otras muchas otras guarniciones japonesas derrotadas, después de la batalla hubo cientos de supervivientes, que no aceptaron entregarse a los estadounidenses y permanecieron escondidos en la maraña de túneles y cuevas que habían preparado para la defensa de la isla. Iwo Jima (en la fotografía superior) era una pequeña isla volcánica, sin agua, prácticamente sin vegetación, y sin población civil, por lo que la supervivencia allí era todavía más difícil. Antes de que finalizase oficialmente la batalla (la isla fue declarada bajo control el 26 de marzo de 1945), comenzaron a llegar a la isla miles de soldados estadounidenses, personal de la USAAF y trabajadores civiles que ponían a punto las pistas de aterrizaje. Iwo Jima se convirtió en una importante base aérea auxiliar para los bombarderos norteamericanos B-29 Superfortress, a medio camino entre las bases de las Islas Marianas y Japón. Durante los meses de abril y mayo de 1945, cuando Iwo Jima estaba ya oficialmente bajo el control de las fuerzas norteamericanas, centenares de japoneses resultaron muertos o fueron capturados por los soldados del 147º Regimiento de Infantería, que había quedado como guarnición en la isla tras la marcha de los Marines (en la imagen inferior, en acción durante las operaciones de limpieza de la isla llevadas a cabo en el mes de abril).


Algunos soldados japoneses aguantaron aún varias semanas más. Fue el caso de los tenientes Musashino y Taki, que sobrevivieron ocultos en cuevas en la costa oriental de la isla, alimentándose de lo que conseguían robar a las tropas estadounidenses durante las noches. Varias veces Musashino estuvo a punto de suicidarse con una granada, pero Taki siempre le disuadía de hacerlo. Una noche, el 8 o el 9 de junio de 1945, ambos fueron sorprendidos por el fuego de una ametralladora desde un puesto de vigilancia estadounidense. Taki cayó muerto con un balazo en la cabeza. Perdida toda esperanza, Musashino decidió ocultarse en un hueco entre las rocas y quedarse allí hasta a morir de hambre. El 16 de junio, delirando y al borde de la inanición, fue encontrado por una patrulla estadounidense. En contra de lo que esperaba, fue bien tratado por sus captores, quienes le llevaron a un hospital y le alimentaron hasta que acabó totalmente recuperado, permaneciendo en un campo de prisioneros hasta el final de la guerra.


En 1949 la USAAF mantenía todavía activa la base aérea de Iwo Jima, aunque, lógicamente, tenía mucho menos movimiento que durante la guerra. Los bombarderos B-29 y los cazas P-51 Mustang habían desaparecido y únicamente se mantenían varios equipos de ayuda a la navegación aérea controlados por personal de las fuerzas aéreas y una guarnición de la Guardia Costera de los EE.UU. En el extremo norte de la isla, a unos 6 kms. de la base principal, había una estación de radio. Todas las mañanas alguno de los hombres destinados en la estación tenía que acudir a la base para cumplir con el trámite burocrático de solicitar al encargado de vehículos que les renovase el permiso para disponer de un jeep.


El 6 de enero de 1949, el encargado de renovar ese permiso, era el cabo Ellis, que bajó a la base acompañado por el cabo Pete, un operador de radio. Cuando iban con su jeep por la carretera que recorría todo el perímetro de la isla, los dos soldados vieron a dos hombres caminando y pararon junto a ellos para ofrecerse a llevarles hasta la base. Eran dos hombres de rasgos orientales vestidos con uniformes del ejército y chalecos militares varias tallas más grandes de lo que les hubiese correspondido. Los norteamericanos no se sorprendieron demasiado, ya que días atrás había llegado a la isla un barco chino para recoger chatarra (vehículos abandonados y otros restos de la batalla, que todavía se podían encontrar por toda la isla, como la que se observa en la fotografía de aquí arriba), y supusieron que eran miembros de la tripulación de ese barco que estaban dando una vuelta por la isla. Los orientales aceptaron subir al jeep y fueron con Ellis y Pete hasta la base. Aparte de que no parecían entender el inglés tampoco se mostraron muy comunicativos. Cuando los soldados estadounidenses llegaron a su destino se dirigieron a las oficinas de la base dejando a sus dos acompañantes en el jeep. Al salir los dos hombres habían desaparecido. Los norteamericanos regresaron a la estación de radio, sin darle mayor importancia a su extraño encuentro.


Al mediodía, para la comida, Ellis y Pete volvieron a bajar a la base principal acompañados por su superior, el sargento Donald Cook. Allí nadie hablaba de otra cosa: el sargento de suministros había capturado a dos japoneses que había encontrado justo en mitad de la base, junto al asta de la bandera. Los hombres capturados fueron interrogados y contaron su historia: eran dos soldados de la Marina Imperial, dos jóvenes japoneses de origen campesino llamados Matsudo Linsoki y Yamakage Kufuku (en la imagen superior, por ese orden). Habían permanecido 4 años escondidos en cuevas durante el día y saliendo únicamente por las noches para buscar agua y alimentos. Según dijeron habían decidido rendirse cuando escuchando una radio que habían robado a los estadounidenses oyeron villancicos en una emisora de Tokio, lo que les hizo suponer que Japón había perdido la guerra. Habían tratado de entregarse a Ellis y Pete cuando les vieron acercarse en el jeep, pero se encontraron con que en lugar de detenerles los dos soldados les habían dejado abandonados en medio de la base norteamericana. 

Más tarde los japoneses acompañaron a sus interrogadores a mostrarles el escondite donde se habían estado ocultando, una cueva cercana al punto de la carretera donde les habían encontrado Ellis y Pete, con alambre de púas en la entrada para evitar que algún soldado estadounidense se asomase por allí para curiosear. Allí se resolvieron algunos pequeños misterios, como el paradero de las latas de jamón que habían desaparecido en Navidad, o el de otros objetos que de vez en cuando alguien había echado en falta en la base.


Fuentes:
http://nonsei2gm.blogspot.com.es/2011/04/los-ultimos-de-iwo-jima.html
http://www.wanpela.com/holdouts/profiles/linsoki.html

lunes, 9 de julio de 2012

El Primer Prisionero Japonés

Kazuo Sakamaki fue un soldado japonés que tuvo el dudoso honor de ser considerado el primer prisionero de guerra del país del sol naciente capturado durante la Segunda Guerra Mundial. Para él, la guerra sólo duró unas pocas horas, al ser apresado la misma mañana del ataque a la base naval norteamericana de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941.


El alférez japonés, junto con otro compañero, el oficial técnico Kiyoshi Inagaki, formaba parte de la tripulación del HA-19, uno de los cinco minisubmarinos (o submarinos de bolsillo) del Tipo A - con 22 metros de eslora y armados con 2 torpedos - que tenían como objetivo atacar a la Flota del Pacífico estadounidense. Su misión era traspasar las redes antisubmarinas que cerraban la salida de la bahía e infiltrarse en el puerto antes de que comenzase el ataque aéreo. En el caso de que la flota norteamericana hubiese abandonado la base tenían que romper el silencio de radio y avisar para que el raid fuese cancelado. Si por el contrario, los buques enemigos seguían allí lo que tenían que hacer era situarse en el canal de acceso y atacar con sus torpedos a los que tratasen de salir del puerto, dando prioridad a los portaaviones. Luego tratarían de escapar del puerto para reencontrarse con sus submarinos nodriza, que les estarían esperando en mar abierto.


Los minisubmarinos (en la imagen superior) fueron incluidos en último momento en el plan de ataque por insistencia del príncipe Hiroyasu Fushimi, deseoso de que el arma submarina tuviese su porción de gloria, y en contra de la opinión del almirante Yamamoto. Nadie había dicho a los tripulantes que se trataba de una misión suicida, pero ellos eran conscientes que sus posibilidades de regresar con vida eran prácticamente mínimas. Además del riesgo de ser descubiertos y hundidos por los buques y defensas portuarias norteamericanas - poniendo con ello en peligro el factor sorpresa del ataque aéreo -, había que tener en cuenta que a su velocidad máxima de 19 nudos los minisubmarinos podían navegar en inmersión no más de 2 horas antes de que se agotasen las baterías. A menores velocidades podían permanecer sumergidos varias horas más, pero el problema sería entonces la falta de aire y los gases tóxicos de ácido sulfúrico que desprendían las baterías, que acabarían matando a los tripulantes.


A las 2,20 horas de la madrugada del 7 de diciembre de 1941 los 5 minisubmarinos habían abandonado sus submarinos nodriza a unas 10 millas de Pearl Harbor. Hacia las 3,30 de la noche, el dragaminas USS Condor, que estaba de patrulla antisubmarina a la entrada de la bahía, avistó lo que parecía ser la estela de un periscopio dirigiéndose a la bocana del puerto. El dragaminas estadounidense alertó entonces al destructor USS Ward (en la fotografía de aquí arriba), que permanecía en el canal de entrada a la bahía preparado para salir en caso de alarma, el cual se dirigió a la zona a buscar al intruso, pero no encontró nada, así que una hora después de recibir el aviso, el capitán del USS Ward ordenó el cese del estado de alerta. No llegó a transmitirse la alarma a la base, pero el  destructor se quedó patrullando a la entrada del canal apoyado por un hidroavión de reconocimiento PBY Catalina.


Mas tarde, a las 6,30 de la mañana, las tripulaciones del USS Ward y del hidroavión vieron cómo emergía un pequeño submarino detrás del USS Antares, un antiguo dragaminas utilizado como barco de suministros que regresaba a puerto remolcando un blanco para prácticas de artillería. El citado buque estaba esperando a que fuese retirada la red antisubmarinos que protegía el acceso al canal, y evidentemente el minisubmarino pretendía aprovechar dicha maniobra para entrar en el puerto detrás del barco estadounidense. Inmediatamente, el USS Ward disparó sus cañones contra el minisubmarino: un cañonazo alcanzó la torre y el submarino comenzó a hundirse. A continuación el hidroavión le lanzó varias cargas de profundidad y el sumergible se fue al fondo destrozado por las explosiones. Los norteamericanos no lo sabían, pero acababan de hundir un submarino enano japonés Tipo A.


Desde que el USS Ward dio la alarma informando de que había hundido un submarino a la entrada del puerto (a las 6:45), hasta que comenzó el ataque aéreo, a las 7:50, los estadounidenses habían dispuesto de una hora que habría podido servir para poner en estado de alerta a toda la base. Sin embargo, la respuesta estadounidense fue increíblemente lenta, con el desastroso resultado que todos conocemos. Por lo que respecta al ataque de los 5 minisubmarinos nipones, al menos 3 de ellos lograron atravesar las redes y entrar en el puerto. Dos  fueron vistos en pleno centro de la base durante el ataque aéreo. En medio del caos provocado por los incendios y las explosiones, el USS Curtiss, un barco de aprovisionamiento de hidroaviones, dio la alarma cuando avistó un submarino en el centro de la rada, dirigiéndose hacia allí el otro destructor de guardia, el USS Monaghan. El submarino japonés lanzó un torpedo contra el USS Curtiss pero falló e impactó contra un muelle, entonces, el barco estadounidense respondió al ataque con una salva de cañonazos que alcanzó al submarino. Además, como la trayectoria del torpedo había revelado al USS Monaghan la posición del sumergible, el destructor se dirigió hacia él a toda máquina y lo arrolló, lanzando a continuación varias cargas de profundidad sobre él para asegurarse de que se hundía. Cuando el ataque aéreo ya había finalizado otro submarino fue detectado fuera del puerto y fue hundido con cargas de profundidad después de que fallase al lanzar sus torpedos contra el crucero USS St. Louis. Probablemente fuese el segundo que había sido avistado dentro de la base, que había seguido a dicho crucero cuando salió a mar abierto después de que los buques estadounidenses recibiesen orden de abandonar el puerto. En conclusión, 3 de los minisubmarinos fueron hundidos por los estadounidenses. Un cuarto submarino nunca fue localizado. 


El quinto minisubmarino, el Ha-19 (en las 3 fotografías superiores), era el tripulado por Sakamaki y su compañero. En las comprobaciones de rutina antes de dejar el submarino nodriza se dieron cuenta de que la brújula giroscópica se había averiado, lo que les impediría orientarse en inmersión sin ayuda del periscopio. A pesar de ello el Ha-19 continuó adelante con su misión y sorprendentemente fue uno de los que lograron entrar en la base naval. El submarino navegó a la deriva dentro de la bahía durante horas hasta que a última hora del día embarrancó en un arrecife de coral. Los dos tripulantes estaban casi intoxicados por los gases de ácido sulfúrico que generaban las baterías. Abandonaron el barco después de activar una carga explosiva de efecto retardado para destruirlo. El explosivo falló, lo que permitiría más tarde a los estadounidenses capturar el submarino, repararlo y reflotarlo (para después, utilizarlo con fines propagandísticos, realizando una gira publicitaria exhibiéndolo como trofeo de guerra por todos los puertos de la costa oeste, para aumentar las ventas de bonos de guerra). Sakamaki llegó nadando hasta la orilla, pero su compañero Inagaki, posiblemente semiinconsciente por los gases, murió ahogado. No pasó mucho tiempo hasta que un cabo estadounidense, David Akui, del 298º Regimiento de Infantería de la Guardia Nacional Hawaianaencontró al alférez japonés y le capturó. 


Así lo contó el nipón: "Teníamos órdenes estrictas de mantener en secreto nuestra misión, de manera que no podíamos subir a la superficie ni hacer ruido alguno. Dos destructores estaban en la zona, patrullando. Cuando me acerqué, dejaron caer varias cargas de profundidad. De nuevo traté de sobrepasar la patrulla y entrar en el puerto. Nos habían ordenado atravesar la red antisubmarinos, incluso cortarla si era necesario para entrar en el puerto. Fuimos hacia la red y cortamos la tela metálica para entrar, pero nos resultó imposible llegar al punto de encuentro porque mi brújula giroscópica no funcionaba. Luego nos quedamos atrapados en el arrecife. Intentamos avanzar durante cuatro horas, pero no pudimos. Al día siguiente, el 8 de diciembre, justo antes del amanecer, vaciamos los tanques de lastre. Ordené a mi tripulante que abandonara el barco. En ese momento, ambos estábamos medio mareados porque el aire estaba muy viciado en el interior del submarino. Antes de darme cuenta estaba flotando en el mar, herido. No estoy seguro, pero quizá cuando saltamos al agua, nos herimos con los corales. No lo sé. Las olas —muy grandes— me llevaron hasta la isla, delante del aeródromo estadounidense. Estaba inconsciente... y no recuerdo nada. Fui capturado."


Después de ser interrogado, Kazuo Sakamaki sería enviado a un campo de prisioneros en Hawaii, donde estaría hasta el final de la guerra. Al principio aseguraba que prefería estar muerto a pasar por esa vergüenza - incluso llegó a pensar varias veces en el suicidio -, pero poco a poco fue asimilando su nueva situación, ayudado por el buen trato que recibió durante su cautiverio. Los medios de comunicación norteamericanos informaron de su captura, pero en su país el hecho se mantuvo en secreto. El Estado Mayor Imperial dio a conocer los nombres de sus 9 compañeros de misión, muertos durante la incursión, que se convirtieron en héroes nacionales. Sakamaki, después de haber caído en el deshonor de permitir que le capturasen con vida, no tendría ningún reconocimiento oficial. Este desprecio se tradujo en una pintura conmemorativa que pretendía homenajear la misión de los submarinos de bolsillo en Pearl Harbor: el cuadro (que podéis ver arriba) reproducía los rostros de todos los tripulantes excepto el de Sakamaki


En 1946 fue liberado y regresó a Japón. A pesar de que en su país se le seguía viendo casi como a un traidor, él gustaba de recordar el episodio de su captura y no dejaba de traslucir un discreto orgullo por haber pasado a la historia, aunque fuera por esas circunstancias. Según decía, "Pearl Harbor había sido el inicio de la guerra y para mí, también el final. En mi caso, la Segunda Guerra Mundial fue bastante corta". Quiza precisamente por eso, escribió un libro autobiográfico, titulado "Primer prisionero de guerra", que fue publicado también en Estados Unidos con el título "Yo ataqué Pearl Harbor". Posteriormente tuvo una larga carrera como directivo de la multinacional Toyota. Murió en 1999 a los 81 años de edad. Unos años antes de su muerte, en 1991, Kazuo Sakamaki aprovechó un viaje a los Estados Unidos para visitar el Museo Nacional de la Guerra del Pacífico de Fredericksburg (Texas), donde se exhibe el Ha-19, pudiendo volver a ver el minisubmarino que había pilotado en el ataque a Pearl Harbor medio siglo antes (en la fotografía de aquí arriba).

Fuentes:
http://nonsei2gm.blogspot.com.es/2011/05/el-primer-prisionero-de-la-guerra.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Kazuo_Sakamaki
"Hechos Insólitos de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

jueves, 14 de junio de 2012

Las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada Japonesa (Tokubetsu Rikusentai)

Durante la guerra contra Rusia (1904-1905), los japoneses utilizaron por primera vez en sus buques de guerra pequeños destacamentos de tropas navales que podían ser desplegados con armas ligeras para hacer tareas de control de las costas y de combate. Aquellas tropas navales podían ser transportadas con rapidez por barcos hasta los lugares conflictivos como puntas de lanza de posteriores operaciones militares de mayor envergadura. Ese fue el comienzo de las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada (en adelante FEDA) o Tokubetsu Rikusentai.


El 28 de febrero de 1932 una fuerza de 2.000 soldados de la Tokubetsu Rikusentai tuvo su primer enfrentamiento con tropas chinas en lo que los japoneses llaman "el incidente de Sanghai". Tras su bautismo de fuego, comenzaron a tomar la forma de una fuerza de élite a cuyas unidades se asignaban las tareas más difíciles. Las cuatro principales bases navales de Japón - Kure, Maizuru, Sasebo y Yokosuka - crearon unidades FEDA que recibieron instrucción especial, incluidos el uso de artillería ligera y las operaciones anfibias de desembarco. El primer choque a gran escala en que intervinieron tuvo lugar en la Segunda Guerra Chino-Japonesa, concretamente en Sanghai, el 13 de agosto de 1937, donde 2 divisiones chinas intentaron echar de la Concesión Internacional a 2.000 soldados de las FEDA y 1.300 hombres más de la Armada Imperial. Aunque superados numéricamente en una proporción de 7 a 1, los nipones resistieron.


Las Tokubetsu Rikusentai fueron reestructuradas en unidades de 750 a 1500 hombres con dos compañías de fusileros y una o dos con armamento pesado (morteros, ametralladoras pesadas, ametralladoras antiaéreas ligeras o cañones ligeros de campaña). Esas compañías se conformaban con un número menor de efectivos, comparadas con las fuerzas regulares del ejército, pero fueron entrenadas para combatir independientemente si fuera necesario y en muchos casos sin esperar ayuda de ningún tipo. Al momento de declarar la guerra a los EE.UU, el país nipón tenía 16 unidades de las FEDA. La mayor de ellas, con un total de 1.600 hombres, era la 1ª Sasebo Rikusentai, seguida por la 2ª Sasebo Rikusentai, con 1.400 hombres, y las  y 2ª Kure Rikusentai, que también contaban ambas con 1.400 efectivos. Cada una de las 12 unidades restantes disponían entre 750 y 1.000 hombres. Además, había 2 unidades de paracaidistas especialmente entrenados, la y 3ª Yokosuka Rikusentai, con cerca de 750 soldados cada una de ellas.


Durante la Segunda Guerra Mundial, las unidades de las Fuerzas Especiales de Desembarco de la Armada Imperial consiguieron una reputación desmesurada para su pequeño tamaño. Las fuerzas aliadas se refieron erróneamente a ellas como "marines japoneses" pero técnicamente no había comparación posible con el U.S. Marine Corps, que era independiente del Ejército y de la Armada estadounidenses, y sus divisiones estaban entrenadas y equipadas específicamente para establecer cabezas de playa en desembarcos anfibios antes de la llegada del Ejército. Las Tokubetsu Rikusentai no eran un cuerpo independiente - eran marineros bajo el mando de oficiales de la Armada Imperial - y, como se ha indicado, los efectivos humanos de una unidad solían aproximarse a los 2 batallones como mucho.


Por causa de las discrepancias políticas y de un acusado complejo de superioridad, la Armada y el Ejército de Japón rara vez colaboraban, una situación que a menudo llevaba a una innecesaria e ineficiente duplicación de los esfuerzos y los gastos, así como a una deficiente coordinación operacional. Eso hizo que fuera de la mayor importancia que la Marina Imperial contase con su propio contigente de tropas de infantería para acompañar a sus buques en las misiones remotas. Con sus propias tropas, los comandantes navales, podían, en teoría, vigilar sus fondeaderos y también tener control sobre la situación local sin tener que estar bajo el mando de sus compañeros rivales del Ejército Imperial.


Cuando comenzó la Guerra del Pacífico, las FEDA participaron en la invasión de las Islas Filipinas. Las incursiones aéreas japonesas dejaron fuera de servicio los aeródromos claves y pillaron totalmente desprevenidas a las guarniciones filipinas y estadounidenses. La 1ª Kure Rikusentai desembarcó en Legazpi, en la isla de Luzón, el 12 de diciembre de 1941 con 575 hombres - un modesto desembarco que en ese momento mereció la consideración de gran operación-. La 2ª Kure Rikusentai desembarcó en Mindanao el día 20. Enfrentados a una resistencia débil y desorganizada, los hombres de las FEDA sufrieron pocas bajas.


La Batalla por la isla Wake se convirtió en una empresa formidable cuando la pequeña guarnición de Marines estadounidense destacada en la isla, ampliamente superada en número, presentó una tenaz y enconada resistencia, rechazando un primer intento de desembarco de la Maizuru Rikusentai  el día 11 de diciembre de 1941 (lo que fue aprovechado al máximo, propagandísticamente hablando, por los norteamericanos con el famoso "Send us more japs!"); el 23 de diciembre, los nipones lo volvieron a intentar, esta vez reforzados con unidades del Ejército  y asaltaron las costas meridionales de las islas Wake y Wilkes a las 02,35 horas. En una dudosa victoria para la Maizuru Rikusentai, la guarnición estadounidense se vio obligada a rendirse a las 08.00 horas.


La primera utilización de los paracaidistas de la Armada Imperial tuvo lugar el 11 de enero de 1942, cuando la 1ª Yokosuka Rikusentai  del comandante  Toyaki Horiuchi, fue lanzada para tomar el aeródromo holandés de Langoan, en las afueras de la ciudad de Manado, en la isla Célebes (la actual Sulawesi, ahora territorio de Indonesia, entonces Indias Orientales Holandesas). El asalto desde el aire efectuado por unos 430 hombres fue precedido por desembarcos anfibios de las y 2ª Sasebo, con 2.500 hombres en total, bajo el mando del capitán Kunizo Mori.  En Manado se les enfrentó una fuerza de cerca de 1.500 soldados holandeses y locales, la mayoría de ellos reservistas y milicianos. Los paracaidistas saltaron directamente sobre el defendido aeródromo de Langoan y sufrieron bajas (32 muertos y 32 heridos), pero la operación combinada de fuerzas aerotransportadas y anfibios logró una rápida victoria.


El 20 de febrero de 1942 los paracaidistas de la 3ª Yokosuka Rikusentai (teniente comandante Fukumi) fracasaron en una operación contra el aeródromo de Penfui en Timor Occidental, una zona controlada por una fuerza holandesa-australiana de unos 1.600 hombres. Simultáneamente, el 228º Regimiento de Infantería del ejército y la 1ª Kure Rikusentai  desembarcaron a unos 15 kms hacia el sur con 4.600 efectivos. Para evitar volver a sufrir muchas bajas como en Langoan, donde los paracaidistas habían saltado directamente sobre las defensas, los cerca de 630 paracaidistas de la 3ª Yokosuka fueron lanzados en una zona a 15 kms de su objetivo - demasiado lejos para que pudiesen avanzar rápidamente a través de la espesa jungla -. Quedaron detenidos en la única carretera por la resuelta resistencia enemiga y allí murieron 36 y otros 24 fueron heridos; y para cuando consiguieron llegar a su objetivo, el 22 de febrero, ya había sido tomado por la fuerza anfibia de la 1ª Kure. Aunque la Armada Imperial planeó otras operaciones con tropas aerotransportadas, ninguna fue puesta en práctica, y en diciembre de 1942, la y 3ª Yokosuka fueron enviadas a Japón y su personal fue absorbido por una 1ª Yokosuka Rikusentai reorganizada y más convencional.


Entre otras acciones ofensivas en que participaron las FEDA, la 3ª Yokosuka desembarcó en abril en 1942 en la isla de Tulagi, en las Islas Salomón, para establecer una base para hidroaviones, pero los Marines de EE.UU. liberaron la isla el 7 de agosto de 1942 al comienzo de la campaña de Guadalcanal, en la que lucharon otras tropas de las FEDA. Los soldados de las Tokubetsu Rikusentai fueron enviados a combatir en otros lugares de las Salomón y de Nueva Guinea durante 1942, pero las desastrosas pérdidas sufridas por la Armada Imperical en la Batalla de Midway en el mes de junio ya habían empezado a limitar la capacidad de Japón de maniobrar con libertad en las enormes distancias que separaban sus posiciones avanzadas en las islas. A medida que las pérdidas de la Armada Imperial frente a las fuerzas navales y aéreas aliadas iban en aumento, las Tokubetsu Rikusentai fueron perdiendo eficacia para su pretendida función; sin superioridad naval no era posible organizar operaciones de desembarco enérgicas y gran escala.


A partir de ese momento, las Tokubetsu Rikusentai se vieron limitadas a funciones de defensa de las islas ya ocupadas por Japón, y en tales combates aquellas pequeñas unidades carecían de la fuerza necesaria para ser efectivas por altas que fuesen su moral y determinación. Los encarnizados combates en la jungla, las enfermedades tropicales y el bloqueo que mantenían los Aliados sobre sus líneas de aprovisionamiento (que provocó auténticas situaciones de hambre y desabastecimiento de todo tipo de cosas) continuaron minando las fuerzas de las dispersas guarniciones. Al menos 4 de las principales unidades de las Tokubetsu Rikusentai fueron disueltas en 1942 ( y 2ª Kure, y la y 2ª Sasebo).


El último golpe real asestado por las FEDA tuvo lugar durante la Batalla de Tarawa, en las Islas Gilbert, entre el 20 y el 23 de noviembre de 1943. Allí, unos 1.500 hombres  de la 7ª Sasebo lucharon codo con codo con 1.100 marineros de la 3ª Fuerza Especial de Bases (antes 6ª Yokosuka) para defender sus posiciones principales en el atolón de Betio y en los islotes circundantes de los desembarcos de la 2ª División de Marines estadounidense. Aquel fue el primer gran asalto anfibio lanzado por EE.UU. contra una isla ocupada por japoneses, en el cual se pusieron a prueba nuevos equipos y tácticas. Cuando consiguieron tomar el atolón, 3 días más tarde, cerca de 1.000 Marines norteamericanos habían muerto o desaparecido (o murieron después de sus heridas) y otros 2.300 más habían resultado heridos. Sólo 17 hombres de la guarnición japonesa fueron capturados con vida (el resto murió en combate o decidió suicidarse como los soldados de la imagen inferior).


Un buen número de guarniciones japonesas fueron ignoradas y quedaron abandonadas a su suerte en islas a medida que la máquina de guerra estadounidense barría el Pacífico sin pausa en dirección a las islas del archipiélago japonés. Las unidades de las Tokubetsu Rikusentai destinadas en Saipan, Iwo Jima y Okinawa fueron masacradas a largo de 1944 y1945. Para ese momento ya no había clase alguna de tropas de élite japonesas, por falta de instrucción, mando, equipos y moral. Muy pocos de sus veteranos vivieron para llegar a ver el final de la guerra.


Fuente: 
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "Las Fuerzas Japonesas de Desembarco" de Gary Nila y Robert A. Rolfe
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-JAP/tokubetsu-rikusentai.html