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miércoles, 8 de mayo de 2013

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (61)

"Cada obstáculo debe ser superado, cada inconveniente padecido y cada riesgo asumido para asegurar que nuestro golpe sea decisivo. No podemos fallar."

General Dwight D. EisenhowerComandante de la Fuerza Expedicionaria Aliada (SHAEF) en una reunión de Jefes del Estado Mayor Conjunto (CCS) celebrada el 23 de enero de 1944, en relación a la Operación Overlord

viernes, 20 de enero de 2012

Reseñas Libros: "El Día D. La Batalla de Normandía"

Antony Beevor lo ha vuelto a conseguir. Tras maravillarnos con sus anteriores e impresionantes trabajos, "Stalingrado" y "Berlín. La Caída: 1945", entre otros, el genial escritor británico se ha vuelto a sacar de la manga otra nueva obra maestra del género. "El Día D. La Batalla de Normandía" es una magistral y apasionante narración de una de las batallas más decisivas de la Segunda Guerra Mundial.

A diferencia de otros libros sobre el tema que había podido leer hasta ahora, como por ejemplo "El día más largo" de Cornelius Ryan o "El día D" de Stephen E. Ambrose, que se centraban básicamente en los prolegómenos, planificación y preparativos de la Operación Overlord, los lanzamientos de paracaidistas previos al desembarco - sobre lo que también había leído bastante, como "El Puente Pegasus" o "Hermanos de Sangre", también de Ambrose - y en la difícil lucha en Omaha, Utah, Sword y las demás playas normandas, hasta el establecimiento de las respectivas cabezas de playa, la obra de Beevor va mucho más allá y nos cuenta con todo lujo de detalles el penoso y costoso avance de los ejércitos aliados a lo largo del interior del norte de Francia hasta la liberación de París y la consiguiente retirada alemana del país galo.

Este aspecto es, quizás, el que más me ha gustado de este libro, porque como digo, lo otro lo tenía, digámoslo así, más trillado, y salvo alguna excepción desconocía todos los pormenores de la campaña de Normandía, un batalla que se me ha revelado apasionante y que en muchos momentos rivalizó en crueldad y número de bajas con las que se libraban en el Frente del Este. Se combatió con gran brutalidad y salvajismo, y se dieron abundantes casos de crímenes de guerra, como por ejemplo, la ejecución de prisioneros por ambos bandos, la profanación y mutilación de cadáveres enemigos, y las matanzas de civiles a cargo de tropas de las Waffen-SS.


La ferocidad de los brutales combates librados en la campaña de Normandía es incuestionable, ya que como afirma el autor, en tan sólo 3 meses de aquel verano de 1944, la Wehrmacht sufrió casi 240.000 bajas y perdió otros 200.000 soldados que fueron hechos prisioneros por los aliados, mientras que el XXI Grupo de Ejército de británicos, canadienses y polacos sufrió más de 83.000 bajas, por más de 125.000 de los americanos (por su parte, las fuerzas aéreas aliadas, pese a su incontestable y abrumadora superioridad perdieron 16.714 hombres entre muertos y desaparecidos).

Beevor, tras largos años de trabajo en archivos que sus predecesores no pudieron consultar (más de 30, al parecer, en media docena de países), ha escrito lo que se me antoja una obra total sobre la referida campaña, aportando gran cantidad de nuevas fuentes, voces y anécdotas que hacen de "El Día D. La Batalla de Normandía" una lectura totalmente imprescindible y recomendable, no sólo a los aficionados del género, sino también a cualquier lector con ganas de sumergirse en este pedazo de nuestra historia.


El autor inglés incide en aspectos que, hasta la fecha, quizás no habían sido explorados todo lo profundamente que hubiera sido deseable en otras obras sobre la Operación Overlord y la liberación de Francia (seguramente habrá otros libros, pero un servidor no los ha leído). Así por ejemplo, en la obra objeto de esta reseña, el historiador británico hace referencia a las constantes disensiones, disputas y desacuerdos entre los jefes militares aliados. En atención a lo que cuenta el escritor, el papel del general Einsenhower como Comandante Supremo del SHAEF se me antoja decisivo, sumamente difícil y creo que no suficientemente valorado. Saber manejar semejante colección de egos (Montgomery, Patton, De Gaulle, Churchill, Declerc...) y salir, no solo airoso del envite, sino obtener además una rotunda victoria, es un mérito realmente increíble y digno de todos los elogios.

En particular, Beevor carga las tintas sobre 'Monty', un personaje que, permitidme la expresión era tan molesto y exasperante como un dolor de huevos (llegando incluso a sacar de quicio a sus compatriotas de la RAF, por ejemplo). Pese a que es cierto que las tropas anglo-canadienses tuvieron que lidiar en su sector con la mayor parte de las divisiones acorazadas nazis, es innegable que sus avances y movimientos fueron demasiado cautelosos y ralentizados al mínimo, cometiendo Montgomery innumerables y fatales errores de cálculo así como decisiones equivocadas que costaron más bajas de lo que hubiera sido deseable, llegando incluso a ocultar datos a sus aliados norteamericanos y maquillar o tergiversar la información, negándose siempre a reconocer sus errores y mostrándose siempre como un genio militar infalible y superior al resto de sus compañeros de armas.


Por el contrario, la llegada del indomable general Patton para hacerse cargo del 3er Ejército estadounidense, se reveló decisiva - pese a las luces y sombras que siempre acompañaron al viejo general "sangre y agallas" - y el impetuoso e imparable avance de sus blindados por tierras franceses supuso un importantísimo punto de inflexión, provocando la ruptura del frente y la desbandada de las tropas alemanas, que fue decisiva para el desenlace de la campaña.

Igualmente, el escritor británico detalla el increíble sufrimiento del pueblo francés, que padeció lo indecible, a causa, sobre todo, de los masivos bombardeos de la aviación aliada. Según Beevor, un total de 19.890 civiles murieron en Francia durante la liberacion de Normandía y el número de heridos graves fue muchísimo mayor. A estas cifras hay que añadir los 15.000 muertos y 19.000 heridos de los primeros cinco meses de 1944, durante los bombardeos preparatorios de la Operacion Overlord. En definitiva, un total de 70.000 civiles franceses resultaron muertos por la accion de los aliados durante la guerra (una cifra sensiblemente superior a las muertes británicas a causa de los bombardeos alemanes, por ejemplo).

Junto a ello, cabe destacar otro aspecto, que a mi juicio tampoco se había expuesto con claridad, como es el gran número de bajas sufridas por los aliados debido a lo que se conoce como "fuego amigo": muchas tropas de la primera línea del frente - incluso un general norteamericano, McNair -, debido sobre todo a una falta de coordinación, una deficiente planificación o una información errónea, cayeron víctimas de los masivos bombardeos de la artillería y aviación aliada.


Los alemanes, pese a las constantes injerencias y desvaríos de Hitler y lo heterógeneo y disgregado de gran parte de sus tropas - muchas de ellas formadas por prisioneros de guerra (rusos, polacos, etc..), por voluntarios Osttruppen o por una amalgama de diversas unidades de todo tipo que habían sido diezmadas o prácticamente aniquiladas - lucharon con dureza, determinación y una gran disciplina (sobre todo las fanáticas tropas de las SS, como la odiada y temida 12ª SS Panzer Division Hitler Jugend), pero era prácticamente imposible resistir ante la abrumadora superioridad de la maquinaria de guerra aliada.

La artillería y la aviación aliada (cazabombarderos P-47 Thunderbolt y Typhoon, sobre todo, así como los bombarderos pesados) machacó sin piedad las posiciones alemanas y, sin que la Luftwaffe pudiera oponer una mínima resistencia ni apoyar a las tropas de tierra, ingentes cantidades de vehículos y blindados alemanes fueron destruidos antes siquiera de que pudieran llegar a la línea del frente. Por mucho que los carros de combate alemanes fueran infinitamente superiores a los británicos y norteamericanos y aunque multitud de ellos fueron destruidos o inutilizados por los potentes cañones antitanque de 88 mm de que estaban provistas las tropas del Führer, la enorme cantidad de repuestos y reemplazos de que disponían los aliados fue decisiva.

En definitiva, una obra imprescindible que os recomiendo encarecidamente.

martes, 11 de octubre de 2011

Los Kachin y sus fusiles Springfield

El arma de mayor antigüedad utilizada de forma oficial durante la Segunda Guerra Mundial fue el fusil Springfield (se trataba de un mosquete, en realidad, como podéis ver en la foto) procedente de un almacén que guardaba medio millar de esas piezas desde la Guerra de Secesión Norteamericana (1861-1865).

Estas armas fueron empleadas por la tribu birmana de los Kachin que luchaba junto a los aliados para librarse de la invasión japonesa, concretamente en el Destacamento 101 del OSS (Office of Strategic Services), una unidad norteamericana que actuó desde el 14 de abril de 1942 hasta el 12 de julio de 1945, en el teatro de operaciones Chino-Indio-Birmano durante la Segunda Guerra Mundial. Durante la mayor parte de aquel tiempo, el OSS financió y coordinó varios grupos de resistencia dentro de los pueblos Kachin de Birmania del Norte, que fueron conocidos como "Kachin Rangers".

En julio de 1942 veinte hombres del OSS bajo el mando del capitán Carl F. Eifler fueron asignados al teatro de operaciones y establecieron la oficina central en Assam. No ocurrieron operaciones de importancia hasta el final de 1942. A principios de 1943, pequeños grupos o individuos fueron lanzados en paracaídas detrás de líneas japonesas en pueblos remotos Kachin, seguidos por el lanzamiento de suministros en paracaídas. Los americanos entonces comenzaron a crear los grupos de guerrillas independientes con la gente Kachin, a medida que se realizaba el lanzamiento del equipo y armas. Una vez colocados, los grupos emprendieron una variedad de misiones poco convencionales: emboscadas a patrullas japonesas, rescate de pilotos americanos derribados, y limpieza de pequeñas zonas de aterrizaje en la selva. Ellos también protegieron los avances de fuerzas aliadas más grandes aliadas, incluyendo a los Merrill's Marauders (Merodeadores de Merrill).

Los integrantes de estas tribus birmanas deseaban vengarse de los nipones porque éstos habían destruido sus aldeas y mutilado a mujeres y niños. Los norteamericanos decidieron entregar armas a estos nativos, pero en muchos casos se encontraron con la dificultad de que no conseguían aprender el manejo de armas automáticas. Como estaban familiarizados con el uso de escopetas, el capitán Carl F. Eifler solicitó a Washington el envío de mosquetes o fusiles de avancarga, es decir, en los que se introduce la munición por la boca del cañón. De este modo, los Kachin podían elaborar su pólvora y fabricarse sus propias balas, además de emplear tornillos y tuercas para este cometido.

Los encargados de material pidieron más explicaciones, al no ser habitual una solicitud de este tipo, pero ante la insistencia del capitán Eifler iniciaron una búsqueda de los fusiles. Los encontraron en un viejo depósito de armas, en el que aún permanecían en sus cajas originales 500 mosquetes que no habían sido disparados nunca y que estaban destinados en su día a aprovisionar a las tropas nordistas en su lucha contra los confederados.

Los Kachin recibieron con alegría sus nuevas armas y las emplearon contra los japoneses durante toda la campaña de Birmania. El 17 de enero de 1946, se le concedió al Destacamento 101 una Presidential Distinguished Unit Citation por Dwight D. Eisenhower, quien escribió: "el coraje y la lucha del espíritu mostrado por sus oficiales y hombres en la acción ofensiva contra la fuerza aplastante enemiga reflejan la tradición más alta de las fuerzas armadas de los Estados Unidos".

lunes, 19 de septiembre de 2011

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (17)


"¡Soldados, marineros y pilotos de la Fuerza Expedicionaria Aliada!:

Estáis a punto de embarcar para la Gran Cruzada, a la que hemos dedicado todo nuestro esfuerzo durante los últimos meses. El mundo entero tiene los ojos puestos en vosotros. Las esperanzas y plegarias de todas las gentes amantes de la libertad marchan con vosotros. En compañía de nuestros valientes aliados y nuestros hermanos en armas en otros Frentes, vais a traer la destrucción de la máquina de guerra alemana, la eliminación de la tiranía Nazi sobre los pueblos oprimidos de Europa, y la seguridad para nosotros mismos en un mundo libre.

Vuestra misión no será fácil. Vuestro enemigo está bien entrenado, bien equipado y curtido en la batalla. Combatirá sin cuartel. Pero ¡estamos en 1944! Mucho ha ocurrido desde los triunfos Nazis de 1940 y 1941....¡Es hora de que llegue el cambio!

¡Los hombres libres de todo el mundo caminan juntos hacia la victoria! Tengo plena confianza en vuestro valor, devoción por el deber y destreza en la batalla. ¡No aceptaremos otra cosa que no sea la victoria total!

¡Buena suerte!¡Dejemos que Dios Todopoderoso nos guíe y bendiga esta gran y noble empresa!"

General Dwight D. Eisenhower - Comandante Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada. Orden del día 5 de junio de 1944 que recibieron los soldados de las fuerzas de invasión mientras embarcaban hacia las playas de Normandía.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Operación Tigre: El Trágico Ensayo del Día D

No cabe duda de que el Desembarco de Normandía fue un enorme éxito de organización, coordinación y ejecución. Gracias a la minuciosa planificación y a la dirección del Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas, el General Dwight D. Eisenhower, la colosal maquinaria bélica aliada funcionó a la perfección y el asalto a la fortaleza europea de Hitler pudo desarrollarse con éxito, comenzando con ello el declive de la Alemania Nazi y el comienzo del fin de la Segunda Guerra Mundial en el frente europeo.

Pero esta trascendental operación no comenzaría precisamente con los mejores augurios. Durante uno de los entrenamientos para el "Día-D", denominado "Operación Tigre" (Exercice Tiger) se produciría un trágico episodio, que permanecería archivado como alto secreto hasta 1954 momento en que el Departamento de Estado norteamericano levantó el velo de silencio sobre ese hecho y se pudo conocer lo ocurrido en la madrugada del 28 de abril de 1944.

Las prácticas del "Día-D" se habían iniciado en diciembre de 1943, siendo la "Operación Tigre" uno de los mayores y más importantes de estos ensayos. El ejercicio estaba programado entre el 22 y el 30 de abril de 1944 y consistía en 8 días de prácticas como ensayo del posterior desembarco en Utah Beach. El escenario de la playa de Slapton (en el condado de Devon, al suroeste de Inglaterra) fue escogido por su parecido con la playa de Utah: una playa de gravilla seguida por una tramo de tierra y posteriormente un lago. En preparación para los ejercicios que fueron mantenidos en máximo secreto y a salvo de los espías alemanes, fueron evacuadas 750 familias y 180 granjas en los alrededores.

A bordo de 9 grandes buques de desembarco LST (Landing Ship, Tank), 30.000 soldados de la 4ª División de Infantería norteamericana se encontraban preparados para realizar sus prácticas de desembarco anfibio. La protección del ejercicio recaía en la Royal Navy: 2 destructores, 3 torpederos y 2 cañoneros patrullaban la entrada a la Bahía de Lyme, mientras otros torpederos permanecían cerca del área de Cherburgo, donde la Kriegsmarine tenía su base de las lanchas torpederas Schnellboot (S-Boot o también E-Boat, como las llamaban los aliados).

Las primeras prácticas de asalto se desarrollaron en la mañana del 27 de abril sin problemas, pero en el amanecer del 28 de abril, las E-Boat alemanas que habían partido de patrulla desde Cherburgo avistaron y atacaron a placer un convoy de 8 LST que ya habían emprendido el camino a la costa cargadas de soldados y vehículos. La LST 507 y 531 fueron hundidas de inmediato tras ser torpedeadas, mientras que la LST 289 quedó en muy mal estado, con muchos muertos y heridos a bordo, pero pudo llegar a la orilla, embarrancando en la playa. El resto de los barcos y sus escoltas respondieron al fuego, consiguiendo que las E-Boat se retiraran de la zona.

El ataque de las torpederas alemanas se saldó con un total 749 muertos: 551 soldados y 198 marineros estadounidenses. Cuando los primeros disparos alcanzaron las lanchas, la munición y las bengalas estallaron, iluminando la oscuridad. El caos resultante hizo que algunas lanchas colisionaran unas con otras. El combustible derramado sobre la superficie del mar prendió y muchos hombres murieron abrasados por las llamas. Otros se ahogaron en las frías aguas de la bahía mientras esperaban a ser rescatados. Aquellos que no estaban acostumbrados al mar entraron en pánico y no se colocaron adecuadamente sus salvavidas. En algunos casos esto provocó que, al caer al agua, el peso de sus equipos de combate les hiciera darse la vuelta, quedando con la cabeza bajo el agua y ahogándose. Dale Rodman, que sirvió en el buque LST 507 comentaría al respecto: "El peor recuerdo que tengo es estar en el bote salvavidas lejos del barco hundiéndose mientras veía los cuerpos flotando alrededor".

Al parecer de los dos destructores asignados a la protección del convoy, sólo el HMS Azalea se encontraba presente, encabezando el convoy, que navegaba en fila (esta formación fue posteriormente objeto de crítica, ya que presentaba un blanco fácil para los S-Boot de la Kriegsmarine). Sin embargo, el otro buque de escolta asignado para proteger a las LST, el HMS Scimitar, había colisionado con otro barco nada más zarpar y tuvo que fondear en Plymouth para efectuar unas reparaciones menores, pero las tropas americanas no habían sido advertidas de este hecho. Además, cuando otros barcos británicos avistaron a los E-Boat enemigos de madrugada y avisaron al HMS Azalea, su comandante no advirtió del peligro al resto del convoy, asumiendo erróneamente que estos ya habían sido advertidos, cosa que no sucedió al encontrarse los LST y el cuartel de la Marina Británica operando por error en diferentes frecuencias de radio. Para completar el cúmulo de despropósitos, las baterías costeras británicas llegaron a avistar las siluetas de las torpederas alemanas, pero tenían órdenes de contener el fuego para impedir que el enemigo tuviera conocimiento de que la bahía estaba defendida.

Cuando los restantes LST arribaron a la playa de Slapton, los errores garrafales continuaron sucediéndose. Cumpliendo órdenes de Eisenhower- que opinaba que los soldados debían endurecerse entrenándose bajo unas condiciones lo más parecidas a un combate real -, la Royal Navy batió la playa con munición real, causando numerosas bajas. Al parecer sobre "sobre las playas había líneas blancas más allá de las cuales los soldados americanos no debían pasar hasta que el fuego artillero hubiera finalizado", pero, seguramente por el pánico y la confusión creada por el ataque de las torpederas alemanes, la infantería estadounidense cruzó esas líneas, cayendo víctima del bombardeo naval.

Como resultado del bochorno oficial por el fracaso, y preocupados por las posibles filtraciones justo antes del inicio de la invasión real de Europa, se tomó juramento de secreto a todos los supervivientes por parte de sus superiores jerárquicos. Diez oficiales desaparecidos durante el ejercicio disponían de nivel de acceso "Bigot" sobre la estrategia del desembarco, lo que significaba que conocían los planes de la invasión y podrían haber comprometido el éxito de la misma de haber sido capturados con vida. Por ello, la invasión se declaró pospuesta hasta que fueron encontrados los cadáveres de todos estos oficiales. Además, el parte de bajas de la "Operación Tigre" no fue publicado hasta agosto de 1944, cuando se hizo junto con el de las bajas del Día D. Paradójicamente, la misma unidad, la 4ª División de Infantería, sólo perdería 106 hombres el Día-D, durante el desembarco en la Playa Utah.

De los errores cometidos durante la "Operación Tigre" surgieron severos cambios en el modo de actuar en el Desembarco de Normandía, como por ejemplo:

- Las frecuencias de radio fueron estandarizadas. Los buques de escolta británicos llegaron tarde y fuera de su posición durante el ejercicio debido a problemas con la radio, y el aviso sobre la presencia de los E-Boat no fue transmitido a los LST.
- Mejores equipos salvavidas para las tropas de desembarco, así como un adecuado adiestramiento de la tropa en su uso.
- Nuevos planes para que pequeños barcos se encargaran de la recogida de supervivientes en el agua durante el Día-D.