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viernes, 23 de noviembre de 2012

Citas Literarias (6)

"Stalingrado vive y vivirá. Imposible quebrantar la voluntad del pueblo que quiere ser libre. Destacamentos de obreros limpian las calles, las chimeneas de las fábricas humean y el cielo está cubierto de las redondas nubecillas de las explosiones de los proyectiles antiaéreos. La gente se ha acostumbrado enseguida a la guerra. Sobre las barcazas que efectúan el transporte de tropas vuelan sin cesar los cazas y bombarderos enemigos. Tabletean las ametralladoras, el fuego de los antiaéreos es incesante, y los marineros, contemplando el cielo, comen jugosas tajadas de sandía. Los muchachos, con las piernas colgando de la borda de las barcazas, observan con mirada atenta los corchos de sus cañas de pescar; una mujer ya entrada en años hace calceta sentada en un banquillo. Cada día marchan al frente nuevos destacamentos de obreros. Stalingrado ha formado las filas de las fortalezas proletarias del país: Tula, Leningrado, Moscú. Estas fortalezas son inexpugnables. Entramos en una casa medio destruida. Sus habitantes están comiendo en mesas hechas de tablas y cajones, los niños soplan en los platos de sopa caliente. Uno de los camaradas militares levanta del suelo un libro medio quemado: "Humillados y ofendidos", lee en alta voz, mira a las mujeres sentadas sobre unos fardos a su alrededor y suspira. Una joven, comprendiendo el hilo de sus pensamientos, se le acerca y dice enfadada: "Eso no tiene nada que ver con nosotros. ¡Hemos sido ofendidos, pero no humillados! ¡Nosotros nunca seremos humillados!".

Vasili Grossman "Años de Guerra" (1942: "Stalingrado"), pág. 253

jueves, 5 de julio de 2012

Citas Literarias (1)

"Extraordinaria es la impresión que la guerra deja en el alma del hombre. La eterna paz de la naturaleza es eclipsada por las imágenes a las que da vida la guerra. Por eso, a los hombres que se hallaban en la cota les parecía que las ligeras nubecillas en el cielo eran huellas de explosiones de proyectiles antiaéreos; que los lejanos álamos eran altas columnas de humo negro y tierra, levantadas por las pesadas bombas de aviación; que las bandadas de cigüeñas en vuelo eran escuadrillas de aviones de guerra en riguroso orden de formación; que la niebla del valle era el humo de las aldeas en llamas, que los matorrales a lo largo del camino eran una columna de camiones camuflada con ramas en espera de la señal de partida. Más de una vez Bogariov había oído decir a la hora del crepúsculo durante los ataques aéreos: "Fíjese, los alemanes han lanzado una bengala roja". Y la burlona respuesta: "¡Qué va a ser una bengala, es el lucero vespertino". Más de una vez los lejanos relámpagos de las tardes calurosas de verano eran tomados por fogonazos de la artillería. Y cuando en el bosque enclavado al este unos grajos negros alzaron su rápido vuelo, a Bogariov y a sus camaradas les pareció que eran aviones que volaban en orden disperso."

Vasili Grossman "Años de Guerra" (1941: "El Pueblo es Inmortal"), pág. 102