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martes, 3 de julio de 2012

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (48)



"No existen prisioneros de guerra rusos porque nuestros soldados combaten hasta morir y, si optan por entregarse al enemigo, dejan de pertenecer a nuestra comunidad"

Iosif Stalin - Rechazando una oferta alemana de establecer un servicio postal que permitiese la llegada de paquetes de la Cruz Roja a los respectivos campos de prisioneros

lunes, 16 de abril de 2012

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (40)



"El pueblo ruso estará eternamente agradecido a los griegos por haber retardado al ejército alemán lo bastante como para que llegase el invierno, lo que nos concedió un tiempo precioso que necesitábamos para prepararnos. No lo olvidaremos jamás".

Iosif Stalin - Carta abierta leída en Radio Moscú

jueves, 19 de enero de 2012

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (22)

Sin más preámbulos, procedo a desgranar las últimas noticias relacionadas la WW II que he podido leer últimamente en la prensa. Aquí las tenéis:


--- Bajo el nombre "Visados para la libertad", la localidad madrileña de Alcorcón acoge una exposición que trata de dar a conocer y homenajear a los diplomáticos españoles que durante la Segunda Guerra Mundial se jugaron la vida para poner a salvo a cientos de judíos en toda Europa, víctimas del nazismo. 

El Ayuntamiento de Alcorcón y la Casa Sefarad Israel han organizado esta muestra que se expone desde hoy y hasta el próximo 29 de febrero en el Centro Cultural Buero Vallejo. En ella, a través de imágenes y documentos, se da a conocer el papel que jugaron embajadores y diplomáticos desde las diferentes delegaciones internacionales de España en ciudades como Atenas, Sofía, París, Budapest, Bucarest o Berlín, para lograr que centenares de judíos escaparan del holocausto nazi. Según sus organizadores, durante la Segunda Guerra Mundial, éstos enviaron a centenares de personas a países neutrales o aliados, e incluso a España, desde donde partían la mayoría de ellos hacia países suramericanos.


La muestra se complementa con la proyección de la película "El Ángel de Budapest", una producción de Televisión Española - que recientemente pudimos ver en la pequeña pantalla - la cual narra la historia del diplomático español, el zaragozano Ángel Sanz Briz (en la foto superior), que sacó de Hungría a 5.000 judíos durante el III Reich. Durante el mes y medio que estará abierta la exposición se expondrá la película en el salón de actos del Buero Vallejo, con entrada gratuita tanto para el público general como para colegios. 

--- Hace unos días, en la prensa internacional se publicó la noticia de que Las Fuerzas Armadas de Ecuador iban a destruir este pasado lunes 11 bombas de la Segunda Guerra Mundial que se hallaron en las Islas Galápagos en el año 2010. Pescadores de la Isla Santa Cruz encontraron las once bombas de aviación, que actualmente se encontraban almacenadas en las instalaciones de la Capitanía de Puerto Ayora.


"Estos explosivos, que están parcialmente armados, fueron utilizados por los pilotos norteamericanos en sus entrenamientos, durante la Segunda Guerra Mundial, mientras mantenían una base en esta isla del Archipiélago de Galápagos", señaló el Ministerio de Defensa en un comunicado. La acción busca "ofrecer seguridad a la población civil, ante el riesgo que representa el almacenamiento y manipulación de este material bélico", añadió. El Ministerio especificó que se trata de 9 bombas ANM30, una ANM57 y otra ANM64. La institución militar realizó varias inspecciones con la colaboración de técnicos estadounidenses de "Explosive Ordnance Disposal", entidad internacional encargada de detectar, recuperar, identificar, evaluar, desactivar y destruir municiones y explosivos. 

La destrucción, que se desarrolló tras recibir la autorización del Ministerio de Ambiente, tuvo lugar este lunes en la Isla Baltra, en el archipiélago de Galápagos, situado a unos mil kilómetros de las costas continentales ecuatorianas. Cabe recordar que la Unesco catalogó en 1978 a las Islas Galápagos como Patrimonio Natural de la Humanidad.  

--- El oficial de inteligencia soviético Gevork Vartanyan, que en 1943 desbarató un complot nazi para asesinar a Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Iosif Stalin durante la Conferencia de Teherán, falleció en Moscú a los 87 años de edad el pasado 11 de enero, a causa del cáncer que padecía.

Era hijo de otro espía y fue incorporado a la inteligencia soviética en 1940, donde actuó hasta 1992 en diversas misiones encubiertas en Europa Occidental, Asia y Estados Unidos. Entre 1946 y 1986 lo hizo junto a su esposa Goar, a quien reclutó él mismo.


En el telegrama de condolencias enviado a la familia por el gobierno, el Presidente Medvedev le calificó como un "agente de inteligencia legendario, un genuino patriota de su país, una persona brillante y extraordinaria", y recordó que "participó de espléndidas operaciones que quedaron en los anales de los servicios de inteligencia exterior de Rusia". Vartanyan había recibido el título honorífico de Héroe de la Unión Soviética, y también el Servicio Nacional de Seguridad de Armenia emitió una declaración al respecto, en la que se lo considera uno de los "hijos sobresalientes del pueblo armenio".

Su operación más espectacular, y la única conocida, fue el desbaratamiento de un complot de la inteligencia alemana durante la Conferencia de Teherán en 1943, que buscaba asesinar a los máximos dirigentes de la URSS, de Inglaterra y de Estados Unidos. En 1943, Vartanyan, que utilizaba el nombre en clave de "Amir", estaba destacado en Teherán y contaba con la información de que Alemania preparaba dicha operación a través de otros informes. Con un escueto equipo de siete espías que se desplazaban en bicicleta por la ciudad logró localizar los integrantes de la avanzadilla enviada por paracaídas hasta la ciudad de Qom, a 65 kilómetros de la capital de Persia, e interceptar sus comunicaciones con Berlín desde la casa de campo donde se refugiaron apenas llegaron, a lomo de camello, a Teherán. En ese momento, los agentes alemanes fueron arrestados por las tropas soviéticas, que estaban en el Norte de Persia en virtud del acuerdo de amistad persa-soviético de 1921. Forzados a comunicarse con Berlín bajo supervisión de sus captores, Vartanyan supo así que vendría otro grupo, dirigido por el súper espía alemán Otto Skorzeny en persona, y que el objetivo de ese grupo era secuestrar o asesinar a los "Tres Grandes". El espía permitió entonces, intencionalmente, que uno de los arrestados transmitiera la información sobre el fracaso de la operación, con lo cual el Alto Mando alemán dio marcha atrás en sus planes y el equipo principal jamás fue enviado a Persia. "Fue de este modo, que el éxito de nuestro equipo al localizar el grupo de avanzada, y nuestras acciones posteriores, desbarataron el intento de asesinar a los `Tres Grandes`", señaló en su día el espía soviético.


La operación alemana se había planificado con gran cuidado. La Abwehr, inteligencia militar alemana, había descifrado las claves navales estadounidenses el mes anterior y disponía de todos los detalles de la reunión, habiendo designado a su agente más confiable, el Coronel de las Waffen-SSOtto Skorzeny (en la foto inferior), para ejecutar el asesinato en la que se conocía como la Operación Long Jump. Pero un oficial de inteligencia soviético, Nikolai Kuznetsov, que se había infiltrado como el Teniente Primero Paul Siebert en el ejército alemán, había logrado forjar una amistad con el Mayor de las SS Ulrich von Ortel quien, en una noche de borrachera, le reveló el secreto y comentó que ya se estaba entrenando un equipo especial en Copenhague.

De este modo, la inteligencia soviética tomó conocimiento del complot. La URSS estaba a cargo de la seguridad de la conferencia, que tuvo lugar en la embajada soviética en Teherán. Calle por medio, y unida por un túnel construido ex profeso, se encontraba la embajada británica. Gran Bretaña, en ese momento, ocupaba las costas persas del Golfo y del Estrecho de Ormuz. Según recordó posteriormente Vartanyan, "por esos tiempos Teherán estaba inundada de refugiados, mayormente personas de buena posición económica que escapaban de los riesgos de la guerra. Eso incluía unos veinte mil alemanes, entre los cuales se escondían los agentes nazis." Los espías de Berlín eran aproximadamente 400, y contaban además con la protección que les extendía el Shah Mohammad Reza Pahlavi, que tenía abierta preferencia por Hitler.


Antes de sus acciones durante la Conferencia de Teherán, Vartanyan había desbaratado también un complot de espías británicos que se estaban preparando en Persia para infiltrarse en el Asia Central soviética, en 1942. Más tarde, relató del siguiente modo los hechos: "Fieles a sus costumbres, los ingleses siguieron haciéndonos maldades pese a ser nuestros aliados. Prepararon un grupo especial y organizaron una escuela de entrenamiento de subversivos y espías para que actuaran dentro de territorio soviético". Bajo el nombre supuesto de 'Amir', se infiltró en esa escuela y pasó los nombres de los alumnos a la inteligencia soviética, que los obligó a actuar de doble agente tras permitirles el ingreso a la URSS. Irónicamente, Vartanyan agregaba que "aproveché seis meses de entrenamiento en esa escuela, así que estoy muy agradecido a la inteligencia británica". 

--- El próximo 26 de enero, Alemania vivirá una primicia periodística que volverá a confrontar al país con el capítulo más oscuro de su historia reciente. Ese día, y si la justicia lo permite, los ciudadanos germanos podrán contemplar y comprar un periódico semanal que ilustrará su portada con una foto de Adolf Hitler, el dictador que prometió un paraíso imaginario que debía durar mil años, y que ofrecerá al lector un cuadernillo con un apretado resumen de 15 páginas de la biblia del nazismo: "Mein Kampf". 

La decisión, además de histórica, tiene una connotación legal que puede acabar con la batalla solitaria del Ministerio de Finanzas del Estado de Baviera, que heredó - gracias a una sentencia dictada el 15 de octubre de 1948- todos los bienes que pertenecieron al dictador, incluido la editorial del partido nazi, Franz Eher. Desde entonces, los funcionarios de la región llevan a cabo una inédita batalla para impedir, con un éxito relativo, que la obra magna del Führer vuelva a ser editada en el planeta. Pero las nuevas tecnologías acabaron con el celo de las autoridades bávaras y, ahora, cualquier neonazi aficionado, puede leer el libro en internet. ¿Fue este el aspecto que convenció al editor inglés, Peter McGee, a desafiar las leyes alemanas y sacar a la venta una edición de su diario 'Zeitungszeugen', con un fascículo comentado del "Mein Kampf"?


McGee ya desafió a las autoridades germanas en enero de 2009, cuando inició la venta de su rotativo con facsímiles de periódicos que se leían en el Tercer Reich. El éxito fue total, pero la reproducción de diarios como el "Völkischer Beobachter" de la editorial nazi Die Angriff' impulsó a los bávaros a tomar una decisión que causó un escándalo: requisaron el periódico. La medida llegó a los tribunales, donde un juez dio la razón al editor inglés, que logró vender más de medio millón de ejemplares entre 2009 y 2010. Después de un pausa que duró otros doce meses, 'Zeitungszeugen' reinició la aventura el pasado 4 de enero con una nueva edición. Para su regreso a los kioskos recurrió a la reproducción de tres periódicos de la época que anunciaban en grandes titulares una noticia que provocó alegría en Alemania y preocupación en Europa: la designación de Hitler como canciller.  

Los 100.000 ejemplares desaparecieron de los kioscos a los pocos días y ahora el país se prepara para recibir la primera venta de un fascículo del libro prohibido "Mein Kampf", para regocijo de los nietos del dictador y temor de un vasto espectro de la sociedad germana, que teme que la difusión del libro reviva una polémica que parecía enterrada en el país. El escándalo, sin embargo, no parece preocupar al editor británico. "El libro es una verdadera porquería", dijo McGee a la revista 'Der Spiegel'. "Todos conocemos el poder oscuro de ese texto pero nadie lo ha leído. El aura de lo prohibido lo ha convertido en un mito".

jueves, 5 de enero de 2012

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (21)

Como tengo por costumbre en esta sección, os dejo unas cuantas noticias relacionadas con la WW II que recientemente he podido leer en la prensa internacional. Aquí las tenéis:

--- El líder del partido holandés PVV, Geert Wilders, exhortó el día 4 al gobierno de Holanda a que se disculpe por la actitud pasiva del país durante la Segunda Guerra Mundial. "Parece apropiado que lo menos que debe hacer el gobierno es ofrecer una disculpa", declaró Wilders en una carta dirigida al primer ministro holandés Mark Rutte. El líder de PVV hizo la petición en respuesta a un artículo sobre el libro "Juzgando a Holanda" publicado el año pasado. Manfred Gerstenfeld, escritor del texto, describió la actitud pasiva del gobierno holandés en el exilio en esa época. Holanda fue ocupada por la Alemania Nazi entre 1940 y 1945 mientras la reina de Holanda y el gobierno en el exilio escaparon a Londres. Los alemanes deportaron a la mayoría de los judíos del país hacia campos de concentración.


"Mi intuición es que si todos los católicos o calvinistas fueran deportados a Alemania, el gobierno en Londres habría dado instrucciones a la población en la Holanda ocupada", dijo el ex ministro holandés de Salud, Bienestar y Deportes, Els Borst. El ex ministro de Finanzas, Gerrit Zalm, añadió que "no habría tenido problemas en ofrecer una disculpa". En el año 2000, Zalm y Borst desempeñaron un importante papel en el proceso de negociación sobre el pago de indemnizaciones por los bienes judíos saqueados durante la Segunda Guerra Mundial. El gobierno holandés, encabezado en ese momento por el primer ministro Wim Kok, declaró su pesar por la forma en la que fueron tratados los judíos después de la guerra, pero no se disculpó por la conducta del gobierno durante esa época. 

 --- A continuación os reproduzco íntegro un interesantísimo artículo de Peio H. Riaño publicado en el diario Público el 02/01/2012, que viene que ni pintado a lo que un servidor respondía al último comentario realizado en la anterior entrega de esta sección:

"El horror no fue (sólo) el holocausto: El historiador Timothy Snyder revela que 14 millones de personas no combatientes fueron asesinadas entre 1933 y 1945 por las políticas criminales de Hitler y Stalin en el Este de Europa.


A las orillas de la Historia llegan nuevas olas de espanto. Casi ocho décadas han tardado en aparecer los 14 millones de personas que, en tan sólo 12 años, entre 1933 y 1945, Hitler y Stalin asesinaron en una estrecha franja de tierra olvidada por la Historia. Todas ellas fueron víctimas de políticas criminales, no bajas de la II Guerra Mundial. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. Sin armas. Eran ciudadanos de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Bielorrusia, Ucrania y de la franja occidental de la Rusia soviética. Países asfixiados entre el nacionalsocialismo y el estalinismo, entre Berlín y Moscú, donde vivía la mayoría de los judíos de Europa, donde los planes imperiales de Hitler y Stalin se solaparon, donde la Wehrmacht y el Ejército Rojo se enfrentaron y donde la NKVD soviética y las SS alemanas concentraron sus fuerzas.

Los crímenes de Stalin se asocian con Rusia y los de Hitler con Alemania, pero la zona más mortífera de la Unión Soviética fue su periferia no rusa, mientras que los nazis mataban generalmente fuera de Alemania. "Se suele identificar el horror del siglo XX con los campos de concentración, pero no fue en ellos donde murió la mayor parte de las víctimas de los dos regímenes", explica el historiador Timothy Snyder (EEUU, 1969) en Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin, ensayo publicado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. "Ese malentendido en cuanto a los lugares y a los métodos de los asesinatos en masa nos impide percibir todo el horror del siglo XX", asegura. 



Esta historia de asesinato político en masa recalca que en los campos de concentración alemanes murieron "en torno a un millón de personas sentenciadas a trabajos forzados". Snyder reconoce que no puede hacerse una distinción exacta entre los campos de concentración y los centros de exterminio, porque también en los campos se ejecutaba o se mataba de hambre a las personas. Pero aún así distingue: en las cámaras de gas, en las zonas de hambre y en los campos de exterminio alemanes "murieron diez millones de personas". 

En cuanto al gulag: un millón de vidas truncadas por agotamiento y enfermedades, entre los años señalados. Pero en los campos de exterminio y las zonas de hambre soviéticas murieron seis millones de personas, de las cuales unos cuatro millones perecieron en estas tierras de sangre. "El 90% de los que entraron en el gulag salió con vida. La mayoría de los que entraron en los campos de concentración alemanes también sobrevivió", defiende atrevido Snyder en el libro, para quien hay una diferencia entre "ser sentenciado a un campo y ser sentenciado a muerte, entre el trabajo y el gas,entre la esclavitud y las balas". 

¿Por qué aquella barbarie? Hitler no sólo deseaba destruir al pueblo judío por completo, sino devastar Polonia y la Unión Soviética, "exterminar sus clases dominantes y matar a decenas de millones de eslavos". Stalin, en nombre de la defensa y la modernización de la URSS, supervisó la muerte por inanición de millones de personas. "Stalin mataba a sus conciudadanos con tanta eficacia como Hitler eliminaba a ciudadanos de otros países", sentencia el historiador norteamericano. 



El hambre fue el método más frecuente de asesinato en masa en los años treinta y cuarenta, "antes que las balas y el gas". La cuarta parte de las 14 millones de víctimas fue asesinada, según Snyder, antes de que empezara la II Guerra Mundial. La inanición, verdadera arma de destrucción masiva. "El hambre es una manifestación terrible del control político. Se requiere una gran cantidad de poder para conducir a un pueblo a la inanición", reconoce el profesor en la Universidad de Yale a Público. "La Alemania nazi y la Unión Soviética tuvieron ambiciosos proyectos ideológicos que definieron el territorio. Lo que es crucial es que estas dos visiones se superponen en un mismo territorio", reconoce al enfatizar su descubrimiento. Doctorado en Oxford e investido en las universidades de París, Viena, Varsovia y Harvard, Tierras de sangre es la primera traducción al castellano de un estudio de este especialista en la Historia de Europa central y del Este, así como del Holocausto. 

En los próximos meses, la editorial Taurus publicará la última obra de Tony Judt, Pensando el siglo XX, firmada en pareja con Timothy Snyder, donde dialogan sobre los acontecimientos del pasado siglo. Se reunieron una vez por semana durante seis meses con largas conversaciones y juntos las editaron para el libro. "Hablamos sobre la historia de las ideas políticas en el siglo XX, el marxismo, el nacionalismo, el fascismo, la socialdemocracia. Y también sobre el papel de los intelectuales en la política", adelanta. 


El estudio que ahora llega a las librerías se detiene en aspectos militares, políticos, económicos, sociales, culturales e intelectuales. Y, por supuesto, geográficos. No una geografía política, sino una geografía de las víctimas. Porque el corazón de la investigación de Snyder es demostrar cómo estas tierras no fueron un territorio político, sino los lugares donde los regímenes más crueles de Europa realizaron su obra más mortífera. Cuando comienza la II Guerra Mundial, los soviéticos ocupan los países bálticos y Polonia oriental; a continuación, los alemanes invaden la URSS, en 1941, es decir, ocupados por segunda vez; y triple ocupación, cuando el poder soviético vuelve en 1944. Una experiencia peligrosa y mortal. 

Según sus cálculos, el régimen estalinista asesinó a unos seis millones de personas deliberadamente y el régimen nazi a 11 millones. "Si añadimos a todas estas personas aquellas que perecieron por enfermedad o hambre en los campos de concentración, el número aumenta a alrededor de nueve millones de personas más para los soviéticos y unos 12 millones para los alemanes", aclara el historiador. Naturalmente, a esos números estremecedores hay que sumar la muerte de los militares. "Estas son una responsabilidad alemana", señala Snyder para destacar la liquidación nazi. Curiosamente, esta fue también la parte del mundo más mortífera para los soldados: alrededor de la mitad de las bajas militares de la contienda cayeron allí. 

Belzec, Sobibor, Chelmno, Treblinka, Auschwitz y Majdanek, territorios del mal. Lugares en los que se aceleró el exterminio judío a partir de 1941, cuando la guerra no iba como Hitler había imaginado. Y todavía podía haber sido más horrible: la versión original de la "solución final" de Hitler debía tener efecto después de la guerra. Con la victoria, preveía la aniquilación de "30 millones de civiles, que habrían muerto de hambre durante el primer invierno". "El riesgo de asociar esto al mal es que lo deshumanizamos y dejamos de entender lo que los humanos son capaces de hacer", advierte. 



Por si todo esto fuera poco, por si se pensaba que las fotografías y filmaciones de los campos de concentración alemanes eran la cúspide del espanto, Timothy Snyder las califica de "atisbo" del pánico. Porque nadie pudo dar testimonio de las "tierras de sangre". "Las fuerzas británicas y estadounidenses liberaron campos de concentración alemanes como Belsen y Dachau, pero nunca llegaron a ninguno de los centros de exterminio importantes", añade, para señalar que la verdadera dimensión de las matanzas ha tardado en llegar y otras se han perdido. Los crímenes del estalinismo quedaron sin documentar y las fuerzas aliadas "nunca vieron ninguno de los lugares donde los alemanes perpetraron sus masacres". Y, aún así, nadie puede olvidarlos


--- Para finalizar, los amantes de los videojuegos ambientados en la WWII están de enhorabuena, pues se anuncian dos nuevos lanzamientos: "War2 Glory" y "Birds of Steel" (pinchad en los enlaces para más info).

viernes, 20 de mayo de 2011

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (5)


"Es hora de detener la retirada. ¡Ni un paso atrás! Este deberá ser nuestro lema a partir de ahora.

Defenderemos cada posición, cada metro de territorio soviético hasta derramar la última gota de sangre. Nos aferraremos al suelo soviético hasta el fin".

Iosif Stalin.- Orden nº 227 al Ejército Rojo dictada el 28 de julio de 1942

miércoles, 18 de mayo de 2011

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (2)

Lo que os decía el otro día. La de tiempo que ha pasado desde el final de la 2ª Guerra Mundial y todavía sigue generando noticias... Otras dos para hoy:

--- Según ha informado recientemente el Ministerio de Defensa de Rusia, casi un cuarto de millón de prisioneros de guerra soviéticos fueron represaliados por el régimen estalinista tras su liberación durante la Segunda Guerra Mundial. Ahí es nada...

En total, "233.400 personas de los prisioneros de guerra liberados fueron represaliados o condenados", señaló Alexandr Kirilin, jefe del departamento ministerial para la perpetuación de la memoria de los muertos en la guerra contra la Alemania nazi. Kirilin añadió: "Hubo quien fue condenado a la horca, otros fueron fusilados, otros más condenados a veinticinco años, a diez, a cinco o a tres. Y los enviaron a 160 campos de trabajo y 21 instituciones médicas". "Por supuesto, muchos de ellos murieron", indicó, y agregó que una de las funciones de su departamento es aclarar la suerte de esos represaliados y "determinar su grado de culpabilidad", según las agencias rusas.

El funcionario negó que todos los prisioneros de guerra, sin excepción, hubieran sido enviados a los campos del GULAG por orden directa del dictador soviético Iosif Stalin. "Eso no es verdad", apuntó Kirilin, quien indicó que una disposición firmada por Stalin permitía a los prisioneros de guerra soviéticos que habían sido forzados a enrolarse en la Wehrmacht (conocidos como Hiwis) expiar su traición integrando batallones de castigo. Esos batallones especiales eran enviados a la misma vanguardia para completar las misiones más peligrosas, en muchos casos como carne de cañón, por lo que de facto fueron condenados a una muerte casi segura.

Por otra parte, Kirilin cifró en más de 180.000 a los soldados soviéticos que fueron deportados como mano de obra forzosa a otros países, como Alemania, Austria, España, Argentina, Paraguay, Brasil o Dinamarca. Según las estadísticas oficiales, más de 8.000.000 de soldados soviéticos murieron durante la Gran Guerra Patria, como es conocida la contienda mundial en Rusia.

--- Un veterano de la Segunda Guerra Mundial ha devuelto todas sus medallas al primer ministro ruso, Vladímir Putin, en señal de protesta por sus malas condiciones de vida.

"Por la desesperación que me embarga en vísperas del Día de la Victoria, yo, Zasorin Vasili Iósifovich, inválido de la Gran Guerra Patria, le devuelvo mis medallas", reza la carta que el veterano envió a Putin, informó el diario Moskovski Komsomólets. La misiva añade que, "con la ayuda de los funcionarios públicos, la madre patria se convirtió en madrastra". "Cuando yo era joven y fuerte, el país me necesitaba, y ahora que soy viejo y débil, ya no me necesita. Pues, por ello, yo tampoco necesito mis medallas", agrega el veterano, justo antes de mandar sus condecoraciones al Kremlin.

Las condiciones en las que vive el veterano, afirman testigos citados por el periódico, están muy lejos de las declaraciones de Putin, que ha prometido en varias ocasiones proporcionar casas nuevas a todos los veteranos. Según la hija del veterano y que está al cuidado de su padre, en la casa no hay ni retrete ni calefacción central y, además, las vigas están agrietadas y el techo tiene goteras. Para ir al baño el veterano, de 87 años, tiene que salir a la calle y utilizar un cubo, mientras una comisión estatal que inspeccionó la residencia concluyó que la casa es apta para vivir, ya que cuenta con ventanas y puertas.

miércoles, 20 de abril de 2011

Personajes (1): Lyudmila Pavlichenko

Los francotiradores fueron una de las mejores y más efectivas armas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. No sólo por el gran número de bajas que causaron en las filas enemigas, sino también por su inestimable efecto psicológico: por una parte, estaba el innegable miedo y terror en los alemanes a ser abatido por uno de estos expertos tiradores, y por otro lado, la capacidad de insuflar ánimo y valor en las filas soviéticas, al ser utilizados por la maquinaria propagandística del régimen de Stalin, que cultivó un verdadero culto al francotirador y encumbró a muchos de ellos como verdaderos mitos y héroes de la Patria.

El más famoso de estos francotiradores es sin duda, Vassili Zaitsev, en gran medida gracias al excelente film "Enemigo a las puertas" (2001), aunque no fue el francotirador que causó mayor número de muertes al enemigo. Otro día ya hablaremos de Zaitsev (y de otros francotiradores famosos). Hoy dedico el post a la mejor francotiradora de la historia, la mujer más letal de la Segunda Guerra Mundial: Lyudmila Mikhailovna Pavlichenko.

Lyudmila nació en un pueblecito ucranio llamado Bila Tserkva, un 12 de julio de 1916. Cuando tenía 14 años, su familia se mudó a Kiev. Allí se apuntó a un club de tiro local, donde no obutvo éxitos reseñables, pero mantuvo su afición a tirar al blanco. En junio de 1941, cuando el régimen nazi comenzó la Operación Barbarroja e invadió la URSS, Pavlichenko tenía 24 años, estudiaba 4º de Historia en la Universidad y trabajaba en la Fábrica del Arsenal de Kiev.

Formando parte de las primeras rondas de voluntarios que recibió el Ejército Rojo tras la invasión alemana, se presentó en la oficina de reclutamento, donde se le ofreció formarse como enfermera, algo que Lyudmila rechazó, solicitando alistarse en una unidad de infantería. Su experiencia con las armas y el certificado de puntería conseguido en la escuela de tiro, le valió para ser asignada a la 25ª División de Infantería, donde se convirtió en una letal francotiradora, la más famosa de entre las más de 2.000 con que contó el Ejército Soviético, de las cuales sólo 500 sobrevivirían a la guerra.

Pavlichenko logró sus dos primeras bajas alemanas, cerca de una localidad llamada Belyayevka, usando el rifle típico de los francotiradores soviéticos: el básico fusil de cerrojo de infantería Mosin-Nagant de 7’62 x 54 mm al que le añadían una mira óptica de cuatro aumentos. Este fusil tenía una capacidad de albergar cinco cartuchos, un alcance preciso hasta los 500 metros y era muy valorado por los soldados por su fiabilidad y resistencia, su fácil manejo y su precisión. Una bala disparada por un fusil Mosin Nagant alcanzaba la mortífera velocidad de 785 metros por segundo.

Poco después, la unidad de Lyudmila se vio obligada a retirarse, junto con el resto del Ejército Rojo hasta Odessa. Allí, a lo largo de dos meses y medio de combates brutales, logró abatir ni más ni menos que a 187 soldados y oficiales enemigos. Cuando los alemanes tomaron Odessa, su unidad fue enviada a Sebastopol, en la península de Crimea, donde luchó durante otros 8 meses, ya ascendida a teniente y provista de un Tokarev SVT-40. Durante ese tiempo su número de muertes confirmadas ascendió a 257 a finales de mayo de 1942.

En el mes de junio, Lyudmila resultó herida por fuego de mortero. Pese a ello volvió al frente poco después, combatiendo durante un mes más, hasta alcanzar la cifra de 309 bajas enemigas (de ellas 36 francotiradores) a lo largo de la guerra. El alto mando consideró que sería malo para la moral de la tropa que la famosa Lyudmila Pavlichenko fuera abatida por el enemigo, así que la retiró del frente.

Después de abandonar el frente, viajó a
Cana y Estados Unidos, para hacer propaganda de la causa soviética y defender los valores comunistas, siendo el primer ciudadano soviético en visitar la Casa Blanca y entrevistarse con el presidente de EEUU, Franklin D. Roosevelt. Su éxito propagandístico le proporcionó el rango de mayor y su abandono definitivo del frente al ser nombrada instructora de francotiradores, labor que desempeñó hasta el final de la guerra. En 1943 fue condecorada con la Estrella de Héroe de la Unión Soviética.

Finalizada la guerra, terminó su carrera y ejerció de historiadora, conjugándola con su cargo de “ayudante” del Cuartel General de la Armada Soviética (entre los años 1945 y 1953). Años más tarde, formó parte del Comité Soviético de Veteranos de Guerra.

Lyudmila Pavlichenko falleció el 10 de Octubre de 1974, a los 58 años de edad de un ataque al corazón. Está enterrada en el Cementerio Novodevichy en Moscú.

lunes, 18 de abril de 2011

Los Hiwis

Durante la Segunda Guerra Mundial un Hiwi (apócope del alemán Hilfswillige -"ayudante o auxiliar voluntario") era todo aquel soldado voluntario no alemán adscrito a la Werhmacht (Fuerzas Armadas Alemanas) y que prestaba todo de servicios auxiliares (tales como trabajos pesados, servicios en cocinas, establos, hospitales o almacenes, conductores de vehículos, mensajeros, labores de guardia y vigilancia de campos de prisioneros, carga y descarga, suministro de munición, cavar trincheras y construir búnkers o fortificaciones, etc.), llegando en algunas ocasiones incluso a luchar en el frente junto a los soldados alemanes o realizar acciones de sabotaje y combatir a los partisanos que hostigaban a las fuerzas de Hitler en la retaguardia. 

En teoría, los Hiwis eran desertores de los ejércitos que combatían contra los alemanes (fundamentalmente del Ejército Rojo) o civiles de los territorios ocupados que voluntariamente y por diversas razones (políticas e ideológicas o simple y pura superviviencia) decidían unirse a los ejércitos del Fürher y colaborar con los nazis. Así por ejemplo, muchos miembros de minorías étnicas no rusas como los ucranianos, bielorrusos, lituanos o estonios, a los que el régimen bolchevique de Stalin había masacrado, explotado y marginado, vieron al ejército invasor de la Alemania nazi como un libertador y se unieron a él para luchar contra los bolcheviques. Aparte de ese anti-bolchevismo, en otras ocasiones el fuerte antisemitismo de algunas de esas etnias era el motivo para enrolarse en las filas teutonas. 

Sin embargo, en la mayoría de los casos se trataba de soldados soviéticos, que su único motivo era tratar de sobrevivir. La crueldad y el trato inhumano que los oficiales del Ejército Rojo dispensaban a sus soldados, a los que enviaban directamente al sacrificio al lanzarlos en masa en ataques suicidas, mal armados y equipados (y bajo la constante amenaza de ser ejecutados en el acto si retrocedían o se retiraban) fueron la causa para que miles de ellos se pasaran al lado alemán transformándose en Hiwis. Conforme avanzaba la guerra, un gran número de Hiwis lo formaban prisioneros de guerra rusos, que alentados por las promesas de un mejor trato, de poder reunirse con sus familias y sólo para huir del penoso cautiverio, aceptaban ser reclutados de los campos de prisioneros para compensar la cada vez más acusada, escasez de hombres en las filas alemanas.

Antony Beevor, en su recomendable libro"Stalingrado", relata como un hiwi capturado por los soviéticos dijo a su interrogador de la NKVD (algo así como la policía militar del régimen bolchevique) que los rusos en el ejército alemán podían dividirse en 3 categorías: en primer lugar, las tropas voluntarias combatientes "Osstruppen" movilizadas por los propios alemanes (las llamadas secciones cosacas, la división de Vlasov o la Brigada Kaminski, que estaban adscritas a las divisiones teutonas); en segundo lugar, estaban los Hilfswilligen, que eran los civiles locales o prisioneros rusos voluntarios o aquellos soldados del Ejército Rojo que desertaban para unirse a los alemanes, quienes vestían el uniforme alemán completo con sus rangos e insignias y que al igual que los soldados alemanes estaban adscritos a regimientos alemanes. Y por último estaban los prisioneros rusos que hacían el trabajo pesado, las cocinas, los establos y demás.
Este Hiwi en concreto al que hace referencia el escrito británico, junto con otros 10 prisioneros había sido sacado del campo de prisioneros de Novo-Aleksandrovsk, para trabajar para el ejército alemán. Ocho de sus compañeros fueron ejecutados durante la marcha cuando se desmayaron por el cansancio y el hambre, y él fue destinado a la cocina de campaña de un regimiento de infantería donde pelaba patatas. Posteriormente se le envió a los establos a cuidar los caballos. Muchos de esos prisioneros rusos, que como él, fueron inducidos mediante promesas, para ir de voluntarios, pronto se dieron cuenta de la cruda realidad. Cuenta Beevor, que el citado Hiwi, en el interrogatorio relató como conoció a otros Hiwis ucranianos, quienes le contaron que se habían creído las octavillas propagandísticas que les repartieron y que confiaban en volver con sus esposas. Sin embargo, pronto iban a ser enviados al frente a combatir a sus compatriotas: si se negaban, los alemanes los fusilarían. Y si regresaban con los rusos, serían también ejecutados (como muchos otros que se rindieron o fueron hechos prisioneros y posteriormente liberados por el Ejército Rojo) por traidores.

Si bien Adolf Hitler estuvo en un principio en contra de aceptar desertores - y mucho menos, de una etnia considerada inferior como la eslava - dentro de las filas alemanas, el pragmatismo y la necesidad terminó por imponerse en las situaciones más desesperadas, aprovechando así de manera útil la ingente cantidad de prisioneros, fundamentalmente soviéticos, que habían sido capturados. Así, por ejemplo, en la Batalla de Stalingrado, el VI Ejército alemán al mando del Mariscal Paulus tenía más de 50.000 auxiliares rusos adscritos a sus divisiones en la línea del frente, lo que que representaba un cuarto de su fuerza. En concreto, la 71ª y 76ª Divisiones de Infantería tenían, según señala el citado Beevor, más de 8.000 Hiwis cada una, lo que representaba prácticamente el mismo número de soldados alemanes con los que dichas divisiones contaban. Algunas fuentes afirman que para la primavera de 1942 había 200.000 Hilfswillingen (ayudantes voluntarios) o Hiwis detrás de los ejércitos alemanes y que a finales de ese año la cifra alcanzó el millón.
Todo ello provocaba una cierta incomodidad o sensación de extrañeza entre los alemanes. Así un oficial alemán contaba en una carta dirigida a otro compañero lo siguiente: "Es preocupante que nos veamos obligados a reforzar nuestras tropas de combate con prisioneros rusos de guerra...Es una situación extraña que las bestias a quienes hemos estado combatiendo estén ahora viviendo con nosotros en la armonía más estrecha". No obstante, según afirma Beevor en su mencionado libro "Stalingrado", parece ser que, en líneas generales, las unidades alemanas del frente (sobre todo los soldados rasos, no tanto los oficiales) trataron de forma aceptable a los Hiwis, aunque con cierto grado de desprecio.

Los Hiwis de origen ruso que cayeron prisioneros del Ejército Rojo o fueron puestos en manos de los soviéticos por los mismos aliados (principalmente americanos, británicos y franceses), en su mayoría terminaron ejecutados sumariamente por traición o bien enviados al Gulag (donde millares de ellos también fueron ajusticiados o perecieron de hambre, frío y enfermedad). Para finalizar, os dejo otro testimonio (una nota encontrada a un prisionero ruso, seguramente un Hiwi) extraído de otro libro más que interesante del citado Antony Beevor ("Berlín - La Caída: 1945") que creo es bastante revelador del drama de estos pobres diablos: "Camaradas soldados, nos entregamos a vosotros y os pedimos un gran favor: decidnos, por favor, por qué estáis matando a los rusos encerrados en las prisiones alemanas. Resulta que nos capturaron y nos llevaron a trabajar para sus regimientos, y lo hicimos sólo por no morir de hambre. Ahora resulta que llevan a esas personas al lado ruso, a su propio ejército, y los fusiláis. ¿Por qué? os preguntamos ¿Es porque el mando soviético traicionó a esas personas en 1941 y 1942?".

Y eso es todo. Espero que os haya gustado. Otro día más...