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miércoles, 5 de junio de 2013

Base X: La Isla del Ántrax

Los Aliados no llegaron a utilizar, al menos que se sepa, armas químicas, pero - como os contaba en el anterior post - si que disponían de grandes reservas de gases asfixiantes, dispuestos para usarlos, en el supuesto de que Hitler decidiera recurrir a esa terrible arma para intentar dar un vuelco desesperado al desarrollo de la contienda. Lo que es menos conocido es que los británicos también disponían de bombas bacteriológicas, en las que habían comenzado a investigar en febrero de 1934, que se realizaron ensayos de campo y que Churchill puso bastante entusiasmo en el proyecto, llegando a plantearse utilizarlas durante la guerra. 


El Departamento Biológico Porton (BDP) se estableció en octubre de 1940 en la ciudad de Porton Down con el propósito de desarrollar y ensayar armas biológicas. Con la ayuda de científicos norteamericanos y canadienses, Gran Bretaña centró sus investigaciones en microbios que atacaran al ganado y que pudieran atomizarse para ser diseminados al explotar bombas o mediante aerosoles. En el verano de 1942, el departamento ya estaba listo para llevar a cabo pruebas de campo con ántrax, a fin de comprobar la viabilidad de una bomba biológica. El ántrax, conocido también como carbunco, es una grave enfermedad contagiosa provocada por la bacteria bacillus anthracis, mortal en muchos casos, tanto para personas como para animales. 


Como escenario de los primeros ensayos con ántrax se eligió Gruinard, una isla remota y pedregosa a 800 metros de la costa noroeste de Escocia. Situada cerca de un pueblo de pescadores llamado Aultbea, es un islote rocoso cubierto de brezo con 90 metros de altura, 2,4 kilómetros de largo y 1,6 de ancho. Recibió el nombre en clave de "Base X". En el primer ensayo realizado en Gruinard se empleó una bomba química modificada de 11 kilos, cargada con una "mezcla espesa y de color café", que era en realidad una masa de esporas de ántrax concentradas, que se lanzó sobre la isla por un bombardero Vickers Wellington. La prueba de campo demostró que los gérmenes podían producirse, transportarse y cargarse en bombas que se hacían explotar sobre las áreas fijadas como objetivo sin destruir los frágiles organismos vivos que propagaban la infección. Sobrevivieron las esporas y continuaron los ensayos, pero los efectos sobre el medio ambiente de la isla no se hicieron esperar. 


Las olas del mar desenterraron un cadáver de una oveja contaminada con ántrax de su sepultura al pie de un acantilado y llegó flotando hasta tierra firme; allí, posiblemente fue comida por un perro, que acabaría propagando la enfermedad a otros 63 animales. A los lugares en los que morían animales rápidamente acudían un grupo de miembros del proyecto y se los llevaban con discreción y sin ofrecer ninguna explicación a los granjeros, preocupados por la epidemia que estaba diezmando sus rebaños. Unos meses más tarde, ante el riesgo de que la operación trascendiese, se decidió detener los ensayos con agentes biológicos en la isla. 


Los avances en la investigación permitieron a primeros de 1944 presentar un proyecto viable al primer ministro británico. Se disponía de una bomba de 1.800 gramos rellena con esporas de ántrax, que había sido diseñada en el Reino Unido y producida en un laboratorio norteamericano. Según el informe que recibió Churchill, media docena de bombarderos Avro Lancaster podría transportar una cantidad de bombas suficiente para aniquilar lo que se hallara en un radio de 2,5 kilómetros cuadrados y convertir dicha zona en inhabitable. Churchill dio el visto bueno a la producción en grandes cantidades de esas bomba bacteriológica y el 8 de marzo de 1944 encargó la fabricación en EE.UU. de medio millón de unidades. "Háganme saber sin falta en qué momento disponemos de ellas. Tenemos que considerarlas suministro prioritario", escribió el premier británico al comité para la guerra bacteriológica. 


El éxito del desembarco de Normandía y los avances posteriores por territorio francés, así como la cada vez más débil oposición alemana a las incursiones de los bombarderos aliados sobre las ciudades germanas, seguramente hizo decrecer el interés por el uso de esas armas biológicas. Sin embargo, en diciembre de 1944, Churchill todavía consideraba seriamente la posibilidad de lanzar esas bombas bacteriológicas sobre ciudades como Berlín, Hamburgo, Frankfurt o Stuttgart. El plan consistía en arrojar un millón de bombas con esporas de ántrax sobre cada una de esas ciudades. El primer ministro británico expuso su planteamiento al jefe de su departamento de guerra química, al que también le pidió que investigara los efectos de un hipotético empleo de gas mostaza contra esos grandes núcleos de población. La contestación fue que si el plan se hubiera llevado a cabo, el número de muertes no hubiera bajado de los 3 millones de personas, mayoritariamente civiles (mujeres, niños, ancianos...), y que las ciudades quedarían inhabitables durante más de 3 décadas.


Sea o no cierta esa intención de Winston Churchill de lanzar un ataque bacteriológico contra la población civil alemana, lo que es innegable es que los aliados contaban con los medios necesarios para llevarlo a cabo. El desmoronamiento de los ejércitos del Tercer Reich en el verano de 1944 hizo innecesario recurrir a esa mortífera arma, pero no debe descartarse que, si el desembarco de Normandía hubiera fracasado y la guerra, por tanto, se hubiera alargado, las cosas hubieran sido distintas. No debemos olvidar que Churchill dijo en su día al embajador de los EE.UU. en la URSS, Averell Harriman "que si fallaba la Operación Overlord, Estados Unidos habría perdido una batalla, pero para los británicos sería el fin de su capacidad militar", por lo que es posible que los británicos hubieran decidido jugar esa última y terrible baza. 


En cuanto a Gruinard, señalar que el ántrax permanecería endémico en la isla durante décadas, siendo inútiles los intentos para eliminarlo por completo. No fue hasta 1986 cuando se consideró a la isla libre de la bacteria, tras limpiar a conciencia los focos de infección. Se recogieron toneladas de tierra, se llevaron en contenedores a tierra firme y se quemaron. Luego se disolvieron cerca de 300 toneladas de formaldehído en 2000 toneladas de agua de mar, con las que se empapó el suelo de la isla. El 24 de abril de 1990, el Secretario de Estado de Defensa, Michael Neubert, se desplazó a la isla para verificar la descontaminación; sobre el terreno explicó que todo estaba ya en orden, arrancó delante de las cámaras el cartel que decía "Prohibido el paso" y envió a un grupo de ovejas a pastar con el fin de demostrar que no había peligro. 

Fuentes: 
"100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

martes, 28 de mayo de 2013

La Lucha en el 'Bocage' Normando


Tras consolidar, no sin dificultades, las cabezas de desembarco en las playas de Normandía, los aliados tuvieron enormes problemas para avanzar hacia el interior del país galo. Mientras los británicos, enfrentados al grueso de las divisiones panzer alemanas destacadas en la zona, se veían incapaces de tomar Caen ante la durísima y bien organizada defensa enemiga, un poco más al oeste, el I Ejército Americano del general Omar Bradley quedó atascado en los sangrientos combates en los que se había visto envuelto en los pantanos al sur de la península de Cotentin y el "bocage", en la zona rural al norte de Saint-Lô.


Los alemanes describían los combates en el "bocage", un paisaje compuesto de pequeñas parcelas irregulares (tierras de cultivo y prados), separadas entre sí por setos vivos, muretes y terraplenes, y por árboles que a menudo bordean los caminos, como un "Schmutziger Buschkrieg", es decir, una "guerra sucia entre los arbustos", pero sabían que ellos, como defensores, tenían mayor ventaja sobre los aliados. Los americanos no estaban preparados para la espesura del "bocage", para la altura de los árboles, los setos y los duros y elevados terraplenes en los que crecían. Durante los entrenamientos habían supuesto que los setos eran como los del sur de Inglaterra, pero nada más lejos de la realidad.


Los soldados estadounidenses, en especial los reemplazos recién llegados, se sentían desorientados y sobrecogidos por la imposibilidad de avistar al enemigo cuando avanzaban por los pequeños campos cercados y por los caminos y senderos rodeados de esa espesa vegetación. El pánico pronto se desató entre los combatientes aliados, que parecieron olvidar las enseñanzas básicas de todo entrenamiento de infantería. Su instinto, cuando se veían acosados por la artillería o el fuego de mortero alemán, era tirarse al suelo o retroceder en busca de algún refugio, en lugar de avanzar y cargar contra el enemigo, una actitud que resultaba mucho más peligrosa, en contra de lo que pudiera parecer  a priori.


El disparo de un único fusilero desde lo alto de un árbol daba lugar con demasiada frecuencia a que los hombres de toda una unidad se echaran cuerpo a tierra, donde ofrecían un blanco mucho más fácil. De hecho, los alemanes provocaban muchas veces esta situación deliberadamente, para disparar a renglón seguido una densa cortina de fuego de mortero, explotando las bombas en el aire mientras los soldados americanos estaban tendidos en el suelo, indefensos y con todo el cuerpo expuesto. "Seguid andando si queréis seguir con vida" fue el eslogan adoptado por el cuartel general del I Ejército Americano de Bradley como instrucción para todo el mundo. Se hicieron advertencias a los oficiales y suboficiales para que no se echaran cuerpo a tierra, ya que el resto de los hombres bajo su mando seguiría su ejemplo. Dado que una actitud agresiva daba lugar a que se produjeran menos bajas se hizo hincapié en la importancia del "fuego en marcha", que consistía en disparar constantemente (a costa de un enorme gasto de munición), a medida que avanzaba la infantería, contra todo lo que pudiera ser una posición enemiga, sin esperar a tener un objetivo identificado.


Igualmente se aconsejó a los soldados que, si caían heridos por un francotirador, permanecieran inmóviles y  en silencio, ya que probablemente el tirador alemán no malgastaría otra bala en un posible cadáver, pero por contra si que volvería a disparar contra el herido, si este se movía tratando de guarecerse, o contra cualquier compañero que acudiera a socorrerle. De hecho, a los sanitarios que acudían a auxiliar a los heridos les disparaban deliberada y sistemáticamente. Los francotiradores alemanes escondidos en los árboles a menudo se ataban al tronco para no caer en caso de resultar heridos; otro escondite favorito en campo abierto eran los almiares, pero esta práctica se desechó enseguida, cuando los soldados estadounidenses aprendieron a disparar balas trazadoras con las que prendían fuego a la paja, para luego coser a tiros al tirador cuando trataba de escapar de las llamas.


Utilizando las lecciones aprendidas en el frente oriental, los alemanes lograron compensar su inferioridad numérica en materia de hombres, artillería y sobre todo, aviones, minimizando sus pérdidas en defensa. Para su primera línea de defensa, excavaban pequeños refugios en la base elevada de los impenetrables setos del "bocage" - tarea dura y laboriosa habida cuenta de lo intrincado de las viejas raíces - para construir en ellos nidos de ametralladoras. Varios cientos de metros más atrás estaba preparada una línea de posiciones bastante más sólidas. Luego existía una tercera línea todavía más atrasada, que disponía de tropas suficientes para llevar a cabo un rápido contraataque. Detrás de ellas, habitualmente en terreno elevado, solía colocarse un cañón antitanque de 88 mm, capaz de dejar fuera de combate a cualquier blindado enemigo que apareciera en apoyo de la infantería.


Los soldados aliados descubrieron que los alemanes eran muy buenos en las técnicas de camuflaje y ocultación. Cortaban ramas frescas para camuflar meticulosamente los cañones y los vehículos blindados y ocultarlos de la vista de la aviación aliada, lo que suponía que la ayuda que pudieran prestar los cazabombarderos enemigos era relativamente escasa. Sus soldados estaban acostumbrados a disimular las huellas de los blindados, e incluso intentaban levantar de nuevo la hierba o el grano que habían aplastado a su paso. Además, la infantería alemana no se limitaba a cavar pequeñas trincheras. Se enterraban "como si fueran topos", cubriéndose la cabeza contra las andanadas de la artillería y abriendo túneles bajo los setos. La pequeña abertura en el terreno que dejaban les proporcionaba el hueco ideal desde el que cortar el avance de una unidad aliada con las ráfagas de una ametralladora MG-42.


Los alemanes sabían muy bien que el mejor momento para pillar desprevenidas a las tropas aliadas era justo después de que éstas hubieran tomado una posición. Habitualmente se infligían en ese momento más bajas que durante el ataque original. Los soldados aliados eran muy lentos a la hora de abrir nuevas trincheras y a menudo se limitaban a utilizar los hoyos y las zanjas cavadas por los alemanes. En muchos casos estas posiciones estaban provistas de trampas explosivas, pero además, siempre podían estar localizadas de antemano como objetivo por los batallones de apoyo de la artillería alemana, dispuestos a abrir fuego sobre ellas en cuanto sus hombres se retiraran. Una y otra vez, las tropas aliadas fueron pilladas desprevenidas. Agotados por el ataque y ufanos por el éxito obtenido, los soldados no encontraban demasiado atractiva la idea de ponerse a cavar frenéticamente nuevas trincheras. A la infantería americana les costó mucho tiempo y muchas muertes innecesarias aprender a seguir la máxima de la Wehrmacht según la la cual "el sudor ahorra mucha sangre".


Combatiendo contra el Ejército Rojo los veteranos del frente oriental habían aprendido todas las triquiñuelas imaginables. Colocaban minas en el fondo de los cráteres abiertos por las bombas delante de sus posiciones para matar o herir gravemente a cualquier soldado atacante que se lanzara a ellos buscando refugio ante el fuego de ametralladoras o de mortero. Si abandonaban una posición, no sólo preparaban trampas explosivas en sus refugios subterráneos, sino que dejaban también una caja de granadas, varias de las cuales habían sido manipuladas para reducir el tiempo de demora a cero. También eran expertos en esconder en las cunetas minas de fragmentación, llamadas por los norteamericanos Bouncing Betty o "minas castradoras" (en la imagen superior) porque, al activarse, se elevaban hasta la altura de la entrepierna antes de estallar.


Los tripulantes de sus tanques y los artilleros de los cañones de campaña se hicieron expertos en disparar las llamadas "salvas de árbol", lo que significaba disparar contra las copas de los árboles, para que al explotar el proyectil, produjeran astillas capaces de herir a cualquiera que estuviera cerca. También tendían cables bien tirantes a la altura del cuello en los caminos usados por los jeeps aliados con el fin de decapitar a los conductores distraídos que pasaban por allí. Los americanos enseguida se acostumbraron a soldar una barra en forma de "L" invertida en la parte delantera de los vehículos descubiertos con el fin de enganchar y cortar dichos cables (fotografía sobre este párrafo).


Otra treta que utilizaban los alemanes cuando los americanos lanzaban una ofensiva por la noche consistía en disparar con una ametralladora balas trazadoras por encima de las cabezas de sus atacantes. De ese modo conseguían que los soldados aliados siguieran avanzando erguidos, para luego abrir fuego a menor altura con munición normal. A menudo, aparecía un sólo alemán con las manos en alto como si quisiera rendirse y cuando los americanos se acercaban con la intención de hacerlo prisionero, se echaba a un lado y las ametralladoras escondidas acribillaban a los desprevenidos soldados estadounidenses. No es de extrañar que después de varios incidentes de ese estilo fueran pocos los americanos dispuestos a coger prisioneros.


La presencia de los tanques utilizados para apoyar los ataques de la infantería estadounidense casi siempre atraía el fuego de la artillería o de los morteros alemanes. El Sherman era especialmente ruidoso, y los alemanes sabían cuando iba a producirse un ataque por el sonido de los motores de los tanques. Las tripulaciones de los blindados corrían también muchos riesgos, ya que los temidos cañones antiaéreos de 88 mm utilizados como arma antitanque eran de una precisión aterradora, siendo capaces de dejar fuera de combate a los tanques aliados, incluso a más de 1 km. de distancia.


Los grupos cazatanques alemanes con el lanzagranadas Panzerfaust al hombro se escondían y aguardaban el paso de las columnas de carros blindados americanos, y luego disparaban contra ellos por detrás, en la zona en la que eran más vulnerables. Otros se acercaban arrastrándose a los blindados y arrojaban contra ellos bombas adhesivas, o se encaramaban a ellos sin ser vistos, lanzando granadas por la escotilla. No es de extrañar que a las compañías de Sherman no les gustara moverse por el "bocage" sin tener el flanco guardado por la infantería.


Los alemanes solían colocar un cañón de asalto o un tanque al final de un largo trayecto en línea recta para tender emboscadas a cualquier Sherman que intentara seguir ese camino. Si se internaban en los campos de cultivo, el comandante del tanque, incapaz de ver casi nada a través del periscopio, tenía que sacar la cabeza por la escotilla de la torreta, ofreciendo un blanco perfecto. En los campos rodeados de setos, los tanques eran más vulnerables, cuando entraban o salían de una parcela por un hueco evidente. Se intentaron diversos métodos de evitar ese peligro.


La infantería que acompañaba a los tanques intentaba abrir brechas en los setos con torpedos Bangalore, pero con escaso éxito, debido a la solidez del suelo y al tiempo que se tardaba en meter la carga bajo tierra. Además se necesitaban cantidades enormes de explosivos. La solución perfecta la encontró el sargento Curtis G. Culin, del 102º Escuadrón de Reconocimiento de Caballería, integrado en la 2ª División Acorazada, quien inventó el conocido como "tanque rinoceronte" (Rhino Tank), que podéis ver en las fotografías superiores. Soldando, a modo de dientes, trozos de acero - obtenidos de las vigas y obstáculos de playa alemanes - a la parte frontal del Sherman, se conseguía en unos 3 minutos abrir un agujero entre el terraplén y el seto (imagen bajo estas líneas).


Casi todas las bajas estadounidenses de carácter psico-neurótico de la campaña de Francia se produjeron como consecuencia de la lucha en el "bocage" y la mayoría de sus víctimas fueron reemplazos, que se habían visto metidos en el combate mal entrenados y peor preparados para sustituir a un caído en combate. Al final de la campaña, 30.000 hombres del I Ejército fueron computados como bajas psicológicas. El jefe del servicio de sanidad de los Estados Unidos, estimaba en un estudio que entre las fuerzas de primera línea un 10% causó baja por motivos psicológicos (fatiga de combate).

Fuentes:

"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor
"El Día D. La Batalla de Normandía" de Antony Beevor

miércoles, 8 de mayo de 2013

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (61)

"Cada obstáculo debe ser superado, cada inconveniente padecido y cada riesgo asumido para asegurar que nuestro golpe sea decisivo. No podemos fallar."

General Dwight D. EisenhowerComandante de la Fuerza Expedicionaria Aliada (SHAEF) en una reunión de Jefes del Estado Mayor Conjunto (CCS) celebrada el 23 de enero de 1944, en relación a la Operación Overlord

martes, 7 de mayo de 2013

Uniformes de la 2ª Guerra Mundial (4)

Hola de nuevo, tropa. Aquí os dejo un amplio repaso a los uniformes del Ejército Norteamericano (US Army) durante las campañas del Norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez) y Europa (Normandía, Italia, Holanda, Bélgica, Alemania...). Pasen y vean:












domingo, 23 de diciembre de 2012

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (42)

¡Saludos tropa! Antes del habitual parón navideño, os dejo por aquí otra tanda de noticias relacionadas con la Segunda Guerra Mundial. Son las que siguen a continuación (hoy solo tengo dos):

--- Varias cartas escritas por soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial han llegado recientemente a sus destinatarios 71 años después. Se trata de un total de 90 cartas y tarjetas escritas por soldados germanos destacados en la isla británica de Jersey (en el Canal de la Mancha frente a las costas de Normandía, ocupada por los nazis desde el 1 de julio de 1940 hasta el 9 de mayo de 1945), que fueron robadas en 1941 por un grupo de jóvenes, que forzaron un buzón de correos del Ejército alemán en St. Helier - capital de la isla - a modo de protesta por la ocupación alemana.


Las cartas fueron entregadas a un hombre que las escondió en un piano de su domicilio. Hace cinco años, este hombre, que prefirió permanecer en el anonimato, entregó las cartas a las autoridades de Jersey, quienes iniciaron una larga búsqueda para enviar el correo a sus destinatarios. El departamento de correos de la isla británica se puso en contactó con su homólogo alemán que encontró a diez de las familias de los destinatarios. "Al principio pensé que quizás era una broma, pero cuando me contaron esta historia me entusiasmé y tuve muchas ganas de ver lo que ésta carta tenía dentro", explicó Engelbert Bergmann, de 55 años, un agricultor de Frankfurt que recibió una misiva escrita por un vecino de su abuelo fallecido en los años 80.


Los soldados alemanes que escribieron estas cartas pasaban su segunda Navidad en Jersey. "Les deseo una feliz Navidad y un feliz año. Pero lo que más deseo, es que la guerra se termine lo antes posibles para que podamos aprovechar la vida nuevamente todos juntos", escribió uno de los autores de las cartas. "Tenemos muchos testimonios de los habitantes de las islas Normandas bajo la ocupación, pero estas cartas permiten dar un vistazo único y fascinante de lo que sentían los ocupantes", explicó un responsable de los archivos de Jersey.

--- Un canadiense ha conseguido descifrar el misterio de la paloma mensajera de la 2ª Guerra Mundial que transportaba un mensaje codificado “imposible de resolver” por la inteligencia británica, tal y como os contaba no hace mucho por aquí. Gord Young, vecino de Ontario (Canadá) y experto en historia, asegura que ha tardado solo 17 minutos en encontrar la solución a un problema que provocó que en noviembre pasado los expertos pidieran ayuda públicamente para evitar que el mensaje se perdiera para siempre.


“Los jefes están tratando de darle más importancia al asunto de la que tiene. No es complejo”, afirmó Young, después de revelar que la serie de 27 grupos de letras que portaba la paloma mensajera son, en realidad, acrónimos. Estos códigos fueron encontrados dentro de un pequeño tubo rojo atado a los restos de una paloma mensajera muerta encontrada en una chimenea de un domicilio particular en Surrey (sur de Inglaterra) en el que se estaban haciendo reformas. Tras el hallazgo, la inteligencia británica estudió sin éxito durante un mes el contenido, descubriendo sólo que el mensaje se escribió en la II Guerra Mundial, época en la que el Reino Unido llegó a utilizar hasta 250.000 palomas para comunicar de forma segura las posiciones del enemigo. El aficionado canadiense, tras escuchar la petición de ayuda pública, comprobó que en realidad el documento se componía de acrónimos, una fórmula de comunicación habitual a partir de la I Guerra Mundial. Con la ayuda del libro de observadores aéreos del Real Cuerpo Aéreo británico  que perteneció a su tío abuelo, quien participó en la Gran Guerra, Young resolvió fácilmente el acertijo.


El mensaje se escribió a las 3:26 p.m. del 6 de junio de 1944 desde Normandía (Francia) por el sargento William Scott, para informar a los aliados sobre la situación de las tropas alemanas, en cumplimiento de su misión de observador de artillería. "Es código de artillería," dijo Young. "A menudo se ven las mismas "notas cribadas". Algunas de ellas son bastante comunes". En dichos códigos, dijo Young que la primera línea es un identificador, por lo que él cree que la primera línea en el código de la paloma mensajera – AOAKN – significa “Artillery Observer at ‘K’ Sector, Normandy” (Observador de artillería en el Sector ‘K’, Normandía). "La primera línea es siempre el código de llamada. Es su código de llamada", dijo Young.


Otras partes del código parecen utilizar una forma abreviada general que se remonta a la Primera Guerra Mundial. Por ejemplo, Young dijo que la agrupación "GOVFN" significa “Go Over Field Notes”. Aquí están algunas de las traducciones del código descubierto por  el canadiense:

PABLIZ = "Panzer Attack – Blitz" 
WAOTA = "West Artillery Observer Tracking Attack"
DJHFP = "Determined Jerry’s Headquarters Front Posts" 
RBQRH = "Right Battery [Head] Quarters Right Here" 
FQIRW = "Found [head] Quarters Infantry Right Here"

Para garantizar que su información llegara, el sargento Scott envió dos palomas mensajeras con idéntico documento, motivo por el cual en el escrito encontrado aparecen dos códigos de identificación, cuando lo habitual era que sólo figurara uno. Si el mensaje llegó es algo que se desconoce y, por el momento, lo único seguro es que la mitad del envío jamás alcanzó su destino. El sargento Scott no regresó de Normandía, donde murió pocos días antes de que los aliados ganaran la batalla decisiva para el final del conflicto. “Básicamente, Scott fue enseñado por un entrenador de la I Guerra Mundial. Puede deducirse por la forma de deletrear del sargento, característica de finales de ese conflicto”, explicó Young. La inteligencia británica se mostró interesada por las conclusiones de este canadiense, aunque un portavoz insistió en que tienen la convicción de que el mensaje será imposible de descifrar con seguridad al carecer de un libro común de códigos.