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martes, 4 de junio de 2013

Desastre en Bari: El Segundo Pearl Harbor

Desde el inicio de la invasión de Italia por los Aliados, en septiembre de 1943, el puerto de la ciudad de Bari, con una población de 250.000 habitantes, adquirió una gran importancia estratégica, convirtiéndose en el principal centro logístico de mercancías y suministros en el Mar Adriático. Partiendo de Bari, los víveres, municiones y equipamiento para las tropas marchaban hacia la Línea Gustav más al norte, donde los alemanes resistían en una cruenta y sangrienta batalla que se estaba alargando meses. Por ello, el puerto italiano habitualmente solía estar atestado de barcos amarrados en sus muelles, normalmente cargueros de mercancías y tropas, o navíos militares, llegando casi al 100% de su capacidad útil. El puerto estaba bajo jurisdicción británica, pues era la base principal de suministros para el 8º Ejército Británico, pero la ciudad también alojaba el cuartel general de la 15ª Fuerza Aérea norteamericana. Todo ello hacía que, además del habitual material de guerra, los barcos anclados en Bari transportasen combustible de aviación, bombas y municiones.


Uno de esos cargueros, un buque norteamericano de los llamados "Liberty Ships" (imagen sobre estas líneas), el SS John Harvey, había llegado al puerto italiano el 26 de noviembre de 1943, conteniendo una peligrosa carga: 1350 toneladas de bombas de gas mostaza, que llegaban en el más absoluto secretismo - incluso su capitán, Edwin F. Knowles, y la mayoría de la tripulación del carguero, salvo un pequeño grupo de expertos en el manejo de materiales tóxicos, desconocía que transportaba realmente -, y que debían tenerse en reserva, por si los alemanes decidían recurrir al uso de armas químicas. La autorización de atracar el navío allí se saltaba por completo todas las normas de seguridad, ya que un material químico de esas características tan peligrosas tenía prohibida la entrada en puertos no homologados. Bastaría que un pequeño ataque aéreo dañase al barco para que se desatase una gran tragedia. Por si fuera poco las medidas de seguridad en el puerto de Bari eran prácticamente inexistentes, ya que los aliados no consideraban la posibilidad de un ataque aéreo alemán. La Luftwaffe se encontraba muy debilitada y dispersa en Italia, por lo que las luces del puerto permanecían encendidas durante toda la noche para facilitar las labores de carga y descarga, y apenas existían baterías antiaéreas para defender su cielo. Aquella cadena de errores conduciría al desastre.


Desconociendo el arma secreta que portaba el SS John Harvey, la Luftwaffe, tras comprobar mediante un vuelo de reconocimiento que la seguridad en el puerto de Bari era prácticamente nula, decidió bombardearlo con la finalidad de golpear duramente las líneas de suministros aliados hacia el frente. La tarde del 2 de diciembre de 1943, un total de 105 bombarderos Junkers Ju-88 despegaron desde la base de Foggia con dirección al puerto de Bari. Unos aparatos volaron directos atravesando la península italiana y otros paralelos junto a la costa de Yugoslavia para despistar a los observadores enemigos. Además uno de los aviones lanzó tiras de aluminio sobre los radares para confundir a los operadores. La aproximación al objetivo fue un éxito, pues cuando el centenar de bombarderos germanos aparecieron sobre Bari a las 19:25 horas, todo el puerto estaba desprevenido.


Bombardear Bari fue un juego de niños para los pilotos alemanes. Sin apenas ser molestados por las baterías antiaéreas, los bombarderos alemanes apuntaron y soltaron tranquilamente sus bombas sobre sus objetivos. Las explosiones en el puerto se sucedieron una tras otra, y una de las bombas impactó sobre un oleoducto, causando su rotura y provocando un incendio que se propagó por el puerto y los muelles. Los navíos aliados fueron alcanzados uno tras otro en un apocalipsis de explosiones y de marineros saltando al agua para escapar de las deflagraciones y los incendios. Un carguero con 5000 toneladas de municiones, el SS John L. Motley se incendió y saltó por los aires. Mientras, el SS John Harvey, que no había recibido ningún impacto, fue alcanzado por las llamas de los buques vecinos. Sus tripulantes no abandonaron el barco y trataron de sofocar el fuego, pero de repente el buque estalló, desintegrándose en una gigantesca bola de fuego con forma de hongo (fotografía inferior), que mató en el acto a su capitán y a los 76 miembros de su tripulación.


Tras la explosión del SS John Harvey, un extraño olor se extendió por las instalaciones portuarias. Algunos de los supervivientes recordarían que comenzaron a tener problemas para respirar y que notaban un "olor a ajo". El gas se había mezclado con el aceite que flotaba en las aguas del puerto, e impregnaba el humo de los incendios que envolvía el área. Por tanto, no sólo era respirado, sino que también impregnaba los cuerpos de los marineros que se encontraban en el agua. Y no sólo ellos, la fuga del letal gas también se extendió a la misma ciudad de Bari a continuación, causando igual efecto entre su población civil. A los afectados por el gas, empezó a quemárseles la piel, a tener problemas respiratorios y a morir entre insoportables espasmos de dolor. Se estima que a consecuencia del ataque murieron más de 1.000 soldados y marineros aliados y un número desconocido de civiles italianos, aunque algunas fuentes los cifran igualmente en el millar.


En poco menos de una hora, fueron hundidos un total de 17 buques aliados de diversas nacionalidades, resultando dañados otros 12, 7 de ellos gravemente. Se perdieron unas 38.000 toneladas de cargamentos para el frente y los aeródromos aliados (munición, víveres, equipamiento, combustible…), entre ellos 10.000 toneladas de planchas de acero destinadas a dichos aeródromos. Por su parte, los alemanes solamente perdieron un bombardero Junkers-Ju 88. El puerto quedó inutilizado hasta febrero de 1944, lo que quizá fue determinante para el fracaso de las operaciones lanzadas por el general norteamericano Mark W. Clark en el mes de enero, pues no pudo contar con el aporte necesario de suministros para su V Ejército. La 15ª Fuerza Aérea también sufrió retrasos en su despliegue, lo que provocó el aplazamiento de una ofensiva combinada contra Alemania. Fue una de las incursiones más devastadoras de la Luftwaffe durante toda la guerra. Los norteamericanos suelen referirse a esta incursión aérea como el "segundo Pearl Harbor".


Los corresponsales de guerra vieron cómo los censores suprimían de sus artículos cualquier tipo de alusión al ataque sufrido. El secretismo que rodeaba a la letal carga transportada por el SS John Harvey tendría una consecuencia más: los médicos encargados de curar tanto a los soldados como a los civiles heridos tras el ataque no conseguían comprender por qué tantos de ellos no podían abrir los ojos, sufrían erupciones en la piel que daban paso a graves quemaduras y complicaciones respiratorias, reaccionaban negativamente a los tratamientos para sus heridas convencionales,  y morían en medio de grandes dolores. Tardarían días en darse cuenta de la verdadera causa de esas muertes. Cuando se empezaron a tomar medidas realmente efectivas el daño ya estaba hecho.


El empecinamiento en “guardar el secreto” provocó muertes que hubiesen sido fácilmente evitables si se hubiesen tomando medidas elementales desde el principio, como por ejemplo, desinfectar y cambiar de ropa a los pacientes, ya que los afectados y los que estaban alrededor habían pasado horas inhalando gases tóxicos de sus propias ropas contaminadas. Se estimó un mínimo de 628 bajas militares provocadas por los efectos de la inhalación del gas mostaza, con 83 muertes confirmadas, sin embargo los investigadores reconocen muchas más que no pueden ser rastreadas. Las bajas entre los civiles italianos son desconocidas es muy probable que fueron bastante mayores ya que ellos nunca supieron a lo que se enfrentaban realmente, falleciendo posteriormente al no ser sometidos a un tratamiento adecuado.


Terminada la Segunda Guerra Mundial, los efectos del bombardeo sobre Bari se notaron en las siguientes generaciones. El gas mostaza liberado en la ciudad permaneció durante décadas, enfermando por ello muchas personas que irían muriendo con el paso del tiempo o tendrían secuelas gravísimas. A pesar de todo Washington ocultó la tragedia, siendo desclasificados los primeros archivos en 1967, fecha demasiado tardía. Hasta 1986, es decir, más de 40 años después, Bari no fue desinfectada totalmente del gas mostaza. Ese mismo año, el gobierno británico admitió oficialmente que las víctimas del raid había estado expuestas al gas mostaza, y tuvo que pagar indemnizaciones económicas con efectos retroactivos a 600 marineros supervivientes de la tragedia por las lesiones y secuelas sufridas.

Fuentes:

http://www.eurasia1945.com/batallas/contienda/raid-sobre-bari/
http://s2.elforo.de/arhem/viewtopic.php?t=1244&sid=ade86a73eb1767c974a84cfb00814637
http://en.wikipedia.org/wiki/Air_raid_on_Bari
"100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor

viernes, 24 de mayo de 2013

¿Guerra Biológica en Italia?


El 22 de enero de 1944, los aliados desembarcaron en las costas italianas de Anzio y Nettuno, a unos 50 kilómetros al sur de Roma. La denominada Operación Shingle, lanzada a unos 100 kms. detrás de las líneas alemanas, tenía como propósito unirse con las tropas del V Ejército Estadounidense del general Mark W. Clark, que una semana antes había lanzado una ofensiva contra la Línea Gustav, en el área de Montecassino, para juntos marchar sobre la capital italiana. 


El ataque pilló desprevenidos a los alemanes, pero fue un fracaso, pues las tropas de Clark no consiguieron su objetivo de quebrar la férrea línea defensiva alemana, y por el contrario, las fuerzas desembarcadas en Anzio y Nettuno, que actuaron con demasiada cautela y no avanzaron rápidamente para tomar las posiciones elevadasquedaron finalmente cercadas por los refuerzos enviados a la zona por los alemanes, no pudiendo romper el cerco hasta el mes de mayo, tras la victoria aliada en Montecassino.


Aunque los alemanes no habían preparado las defensas militares convencionales, si que habían llevado a cabo deliberadamente actos de sabotaje medioambiental en la zona. En los años 30, gastando muchísimo dinero, Mussolini había drenado las Lagunas Pontinas - una zona de marismas y pantanos en la región del Lazio, al sureste de Roma, en uno de cuyos extremos estaban las cabezas de playa del desembarco aliado - para instalar en la zona a unos 100.000 veteranos de la Primera Guerra Mundial en calidad de colonos. Desecadas las marismas y eliminada la vegetación, los mosquitos, una verdadera plaga en la región, fueron prácticamente eliminados.


Según afirma el historiador Antony Beevor en su imprescindible último libro, "La Segunda Guerra Mundial", tras la rendición de Italia a los aliados, el 3 de septiembre de 1943, dos científicos de Hitler planearon la venganza contra su antiguo aliado. Interrumpieron el funcionamiento de las bombas de agua que drenaban la zona y destruyeron las compuertas de los diques, inundando de nuevo buena parte de la región. A continuación, introdujeron en la zona el mosquito anopheles portador de la malaria, capaz de sobrevivir en aguas salobres. Las autoridades alemanas también confiscaron las reservas de quinina, para que la enfermedad no pudiera tratarse y se difundiera rápidamente.


Los habitantes de la región no solo perdieron sus casas y tierras a raíz de la inundación, sino que, al año siguiente, más de 55.000 de ellos contraerían la malaria. La enfermedad no se erradicaría de la zona hasta 1950, gracias al uso masivo del insecticida DDT. Para el escritor británico fue un caso palmario de guerra biológica.

martes, 7 de mayo de 2013

Uniformes de la 2ª Guerra Mundial (4)

Hola de nuevo, tropa. Aquí os dejo un amplio repaso a los uniformes del Ejército Norteamericano (US Army) durante las campañas del Norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez) y Europa (Normandía, Italia, Holanda, Bélgica, Alemania...). Pasen y vean:












lunes, 22 de abril de 2013

Los Hermanos Borgstrom

En anteriores entradas os conté las trágicas historias de varios grupos de hermanos alistados en el bando aliado que murieron durante la contienda, como los hermanos estadounidenses Niland - los más famosos, ya que inspiraron el film de  Steven Spielberg "Salvar al Soldado Ryan" (1998) - y Sullivan (podéis saber la historia de ambos en este post), o los canadienses Westlake. Pues bien, la historia que procedo a relatar a continuación es bastante similar. Sus protagonistas son también norteamericanos: los hermanos Borgstrom, hijos de un matrimonio de inmigrantes suecos que llegaron al estado de Utah a principios del siglo XX, fijando su residencia en una población llamada Thatcher.


Alben y Gunda Borgstrom tuvieron diez hijos, de los cuales siete eran varones (aunque uno de ellos murió siendo niño, por una perforación del apéndice). Cuando los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial, los cinco hermanos Borgstrom que tenían edad para alistarse lo hicieron. Eran LeRoy Elmer (nacido en 1914), Clyde Eugene (1916), Boyd Carl (1921) y los gemelos Rulon Jay y Rolon Day (nacidos en 1925). Fueron destinados, como era de esperar, en distintos cuerpos y regimientos para evitar que murieran todos. Sólo que no sirvió de mucho: la mala suerte se cebó con esta familia y cuatro de los cinco hermanos murieron en un período de tiempo de 6 meses en el año 1944. 


El primero en caer fue Clyde (28 años). Enrolado en los Marines y destinado al Pacífico Sur, donde había participado en varias batallas por la captura de pequeñas islas de esa zona. El 15 de marzo de 1944 se encontraba en la isla de Guadalcanal (Islas Salomón) cuando falleció a consecuencia de un desafortunado accidente: despejando una pista de aterrizaje de un aeródromo, un árbol le cayó encima y le mató (aunque según otras fuentes, cayó en combate en dicha isla el 17 de marzo). El siguiente de los hermanos Borgstrom en morir fue LeRoy Elmer (30 años). Prestaba servicios como sanitario en el 361º Regimiento de Infantería (91ª División) y había participado en varias batallas en el Norte de África e Italia, donde finalmente falleció el 22 de junio de 1944, al ser alcanzado por un francotirador alemán cuando trataba de evacuar a un soldado herido. El 8 de agosto de 1944, uno de los gemelos, Rolon (19 años), alistado como artillero en un bombardero pesado de la  USAAF, falleció de las graves heridas sufridas durante una misión de bombardeo llevada a cabo sobre Francia y Alemania. Apenas unas semanas después, el 25 de agosto, el otro gemelo Rulon, también artillero de un bombardero, fue dado por desaparecido tras los combates aéreos librados sobre LaDress (Francia). Su muerte no se confirmó hasta el mes de octubre


La muerte de los cuatro hermanos Borgstrom fué un auténtico mazazo, no sólo para su familia, sino para toda su comunidad. Incluso, tras confirmarse la muerte de Rulon, el empleado de telégrafos de Thatcher no quiso entregar la notificación a la familia, la cuarta en menos de seis meses, para no volver a ver la misma expresión en la cara de la madre y tuvo que ser el obispo mormón de la zona (los Borgstrom eran practicantes de dicha fe) quien le diese la trágica noticia. Tras perder a cuatro hijos, toda la familia se movilizó inmediatamente, apoyada por sus vecinos, amigos y por los congresistas electos del estado de Utah para que el quinto de los hermanos, Boyd, miembro de los Marines igual que su hermano Clyde, fuese liberado del servicio y devuelto a casa. El propio presidente Franklin D. Roosevelt intervino en su favor y envió a los Borgstrom una carta de condolencia en la que decía que la pérdida de los cuatro hermanos "aumenta nuestra determinación de llevar esta guerra a un final rápido y exitoso". Finalmente, el 7 de octubre de 1944, Boyd era trasladado de vuelta a los EEUU y licenciado, mientras que el hermano menor, Elton, que todavía era menor de edad, quedaba exento del servicio militar.


Los cadáveres de los cuatro hermanos Borgstrom no pudieron ser repatriados hasta varios años después de terminada la guerra. Los cuatro fueron enterrados juntos el 25 de junio de 1948, tras una multitudinaria ceremonia, en el cementerio Riverview, en Tremonton (Utah), durante la cual se les concedieron póstumamente tres Estrellas de Bronce, una medalla de las Fuerzas Aéreas y otra de Buena Conducta. Un campo de entrenamiento en Ogden (Utah) lleva su nombre.


Casos como el de los Borgstrom, los Sullivan o los Niland llevaron al Departamento de Defensa de los EEUU a establecer la Directiva 1315.15 o "Norma Especial de Separación para la Supervivencia", conocida comúnmente como la "Norma del Único Superviviente" (Sole Survivor Policy): cuando dos o más hermanos caen en combate y sólo queda un hermano, a éste se le prohíbe ingresar en el ejército (o, si ya es miembro, se le licencia). Dicha política entró en vigor en 1948 y, aunque no siempre se ha aplicado, sigue vigente. Así, en 2007 Jason Hubbard fue licenciado después de que sus hermanos Jared y Nathan cayeran en Irak en 2004 y 2007, respectivamente. Y en 2011, Beau Wise fue retirado del servicio activo tras perder a sus dos hermanos, Ben y Jeremy, en Afganistán

Fuentes:

viernes, 1 de marzo de 2013

El II Cuerpo Polaco

Polonia fue la primera nación aliada que sucumbió a la agresión alemana en la Segunda Guerra Mundial, pero de una forma u otra su ejército consiguió permanecer en campaña durante los 5 años del conflicto, y para cuando acabó éste, era el cuarto contingente más grande de la coalición aliada, después de las fuerzas armadas de la URSS, EE.UU. y el Reino Unido. Los soldados polacos lucharon en casi todas las campañas mayores del teatro europeo, y su historia es compleja y trágica. Los heroicos esfuerzos de los soldados polacos fueron muchas veces desperdiciados por cuestiones políticas que escapaban a su control. La suerte fue muy cruel con la nación polaca durante esos años, y especialmente cruel con sus soldados.


Tras la derrota sufrida en septiembre de 1939, se formó en Francia un Ejército Polaco a partir de los 35.000 soldados que habían logrado escapar de su país y otros 45.000 hombres reclutados de las grandes comunidades de inmigrantes polacos en el país galo. Sin embargo, en menos de 1 año, el Ejército Polaco sufrió una segunda debacle. En Francia fue nuevamente diezmado: solo 19.000 hombres lograron ser evacuados al Reino Unido y casi una cuarta parte de éstos era personal de la fuerza aérea. Una vez allí, Churchill atendió la petición del primer ministro del gobierno polaco en el exilio, el general Wladyslaw Sikorski, de reconstituir el ejército polaco de forma autónoma, y los soldados errantes se vieron ahora acampados en los alrededores de Glasgow, en lo que sería el germen del I Cuerpo Polaco (en la imagen inferior se observa a ambos mandatarios pasando revista a esas tropas polacas formadas en Escocia).


Por otra parte, aunque reticente al principio a aceptar a pilotos polacos en sus escuadrones de caza, la desesperación llevó a la Royal Air Force a la creación de varios escuadrones polacos, que entraron en acción en agosto de 1940. El clamoroso éxito de los pilotos polacos durante la Batalla de Inglaterra - por ejemplo, el 303º Escuadrón de Cazas Polaco se convertiría en la unidad de la RAF con mayor número de victorias durante esa decisiva batalla aérea -, hizo darse cuenta a los británicos de que los polacos constituían la fuerza de emigrantes más decidida de cuantas había estacionadas en el Reino Unido, olvidando rápidamente los comentarios sarcásticos y despectivos que les habían dedicado por su derrota ante los alemanes en septiembre de 1939.


En las prisiones y campos de trabajo soviéticos seguía habiendo más de 200.000 soldados polacos capturados durante la operación conjunta llevada a cabo por el régimen de Stalin con la Alemania nazi. Los polacos eran aliados, y su gobierno en el exilio estaba reconocido por Washington y Londres. Con firmeza y determinación, los representantes del general Sikorski, respaldados por el gobierno de Churchill, lograron convencer al reticente régimen soviético de que el NKVD debía liberar a sus prisioneros de guerra polacos para crear con ellos un nuevo ejército. A pesar de los constantes obstáculos que siguieron poniendo los oficiales soviéticos, los polacos recién liberados empezaron a unirse para formar unidades armadas a las órdenes del general Wladyslaw Anders (en la fotografía bajo estas líneas), que había pasado los últimos 20 meses encerrado en la prisión de Lubyanka.


El ejército de refugiados de Anders acampó en Palestina, Irak e Irán, entonces bajo el dominio del imperio británico. Con él se constituyó el II Cuerpo Polaco y se reforzó también el I Cuerpo, formado ya en Escocia. No se esperaba que pudiese volver pronto al combate, pues sus hombres, tratados brutalmente por sus captores soviéticos, estaban debilitados por las enfermedades, mal vestidos, pobremente equipados y desnutridos. Su entrenamiento duró del otoño de 1942 al otoño de 1943. Durante este período, las fuerzas polacas fueron utilizadas en un plan de desinformación británico con el que se quería convencer a los alemanes de que iba a tener lugar una pronta invasión aliada por los Balcanes. Los polacos habrían querido que hubiese algo de verdad en esos planes, pues nada les habría gustado más que desembarcar en Grecia o Yugoslavia como parte de una fuerza aliada para liberar Polonia y la Europa Central antes de que llegasen los odiados soviéticos. Ese proyecto se abandonó en 1943 por arriesgado e impracticable.


Las 3 unidades principales del II Cuerpo Polaco eran la 3ª División de Fusileros 'Cárpata', formada en torno a los veteranos del general Stanislaw Kopanski que habían luchado junto a los británicos en  el sitio de Tobruk; la 5ª División de Infantería 'Kresowa', creada en Irak y Egipto; y la 2ª Brigada Acorazada, que en 1945 sería expandida para formar la 2ª División Acorazada 'Varsovia'. En septiembre de 1943, el II Cuerpo se trasladó a Italia y empezó a tomar posiciones en la línea del río Sangro. Su actividad se limitó a patrullas ocasionales, pues el 8º Ejército Británico no quería que los alemanes supiesen que estaban trayendo refuerzos para una ofensiva de primavera sobre Roma.


En mayo de 1944, el II Cuerpo Polaco estaba desplegado para participar en la cuarta Batalla de Montecassino, con la difícil misión de tomar el monasterio benedictino. Los 3 ataques anteriores habían acabado en sangrientos fracasos, pues dicho monasterio estaba en lo alto de una montaña rocosa que constituía una posición defensiva ideal para los avezados y aguerridos veteranos de la 1ª División Paracaidista alemana. Pero a diferencia de los intentos anteriores, esta ofensiva se lanzaría contra la totalidad de la Línea Gustav y combinaría el esfuerzo del 8º Ejército Británico y el 5º Ejército Estadounidense. El XIII Cuerpo Británico del teniente general Oliver Leese giraría por el valle del río Liri, por detrás de la abadía, con la idea de obligar a los alemanes a abandonar sus posiciones en la montaña.


A primera hora del 12 de mayo de 1944, tras un bombardeo de dos horas y media, la infantería de la 'Kresowa' atacó hacia San Angelo, y los Fusileros Cárpatos hacia la fatídica Cota 593 (Monte Calvario o Snakeshead Ridge). El bombardeo artillero había sido menos eficaz de lo previsto y los polacos empezaron a sufrir numerosas bajas. Aunque los fusileros polacos consiguieron quedarse en la Cota 593, en unas cuantas horas habían perdido ya el 20% de sus efectivos. Por la tarde, Anders ordenó que sus unidades volviesen a la línea de partida. Aunque no se había ganado terreno, el general Leese felicitó a los polacos, sin cuyo sacrificio no habría sido posible la progresión británica por el río Rapido. El II Cuerpo Polaco había atraído reservas y fuego de artillería alemán que, de otra forma, habrían sido dirigidos contra el XIII Cuerpo Británico.


El 16 de mayo, dicho XIII Cuerpo Británico casi había conseguido aislar el monasterio, y al día siguiente los polacos  se sumaron a la lucha con el apoyo de los carros de combate Sherman de la 2ª Brigada Acorazada polaca. Al anochecer habían logrado una posición precaria en la Cota 593, que dominaba la abadía benedictina. Esa noche, la mayoría de los paracaidistas alemanes supervivientes empezaron a retirarse para evitar ser capturados, y el 18 de mayo los polacos se abrieron paso por entre sus retaguardias y el 12º de Lanceros Podolski izó la bandera nacional blanca y roja sobre las ruinas de Montecassino. En tan solo una semana de combates, el II Cuerpo Polaco había tenido unas bajas terribles: 4.199, un 25% de las cuales eran muertos, lo que suponía un 25% de los efectivos totales de las dos divisiones de infantería que componían el ejército del general Anders.


Tras la batalla de Montecassino, el II Cuerpo Polaco tomó parte en el avance por la costa del Adriático, capturando Ancona el 20 de julio de 1944 y Bolonia en abril de 1945. El II Cuerpo Polaco había sido prácticamente retirado de los combates por Senio-Bolonia cuando empezaron a llegar noticias de los acuerdos de la Conferencia de Yalta, en el sentido de que británicos y estadounidenses habían accedido a las demandas territoriales soviéticas. Comos muchos de los soldados del II Cuerpo procedían de las disputadas provincias orientales del país, cundió la rabia en las divisiones polacas. Sus sacrificios y sufrimientos durante 5 años de guerra parecían no haber servido para nada. No obstante, y aunque a contracorazón, haciendo honor a su compromiso, tomaron parte en las fases finales de la campaña italiana.

Fuentes:

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército Polaco" de Stephen J. Zaloga
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor
http://en.wikipedia.org/wiki/II_Corps_(Poland)
http://es.wikipedia.org/wiki/W%C5%82adys%C5%82aw_Anders

viernes, 21 de diciembre de 2012

Un Providencial Caramelo

Durante un combate en el sur de Italia contra las tropas alemanas, al sargento norteamericano de la 45ª División de Infantería, Charles A. Corella, se le encomendó, junto a dos de sus hombres, la misión de volar con dinamita una cueva que existía en la parte superior de una montaña, desde la que se controlaba todo el valle ocupado por las tropas aliadas, y donde los alemanes habían emplazado un puesto de observación para dirigir los disparos de su artillería.


Tras unas horas de escalada, el sargento y sus hombres consiguieron situarse en la parte superior de la cueva y colocar las cargas de dinamita. Una vez que hicieron explosión, tapando la entrada de la gruta, los tres bajaron corriendo por la ladera de la montaña. Los alemanes apuntaron todas sus armas hacia los soldados norteamericanos y les atacaron con un fuego intenso de fusil, ametralladores, granadas y morteros. Sin embargo, los tres hombres consiguieron llegar sanos y salvos a las posiciones aliadas.


Una vez allí, el sargento Corella, comprobó estupefacto lo que le había salvado la vida. Se trataba de un insignifcante caramelo. Al parecer, un trozo de metralla había penetrado en un bolsillo, siendo desviado por una cucharilla, y finalmente se había alojado en un caramelo que llevaba en el otro bolsillo. Si no llega a ser por la presencia de la golosina, el trozo de metralla hubiera entrado en su cuerpo, directamente hacia el corazón. Corella, inicialmente quiso desdramatizar el suceso, gritando a los alemanes "¡malditos, habéis echado a perder mi caramelo!", pero más tarde se dio cuenta de lo cerca que había estado de perder la vida, por lo que se arrodilló y dio gracias a Dios por esa carambola que le había permitido no sufrir ni un rasguño.


Por la destrucción de la posición enemiga, a Corella se le condecoró con la Estrella de Plata. Tras seguir combatiendo en Italia, fue enviado a Francia, para participar en la invasión de Alemania. Antes de ser capturado por los alemanes en 1944, le dio tiempo a ser condecorado por su heroísmo en combate con una Estrella de Bronce y un Corazón Purpura. Fue liberado del campo de prisioneros Stalag 13, en Ebelsbach (Baviera) en junio de 1945.

Fuentes:
"Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

lunes, 17 de diciembre de 2012

Las Mulas Paracaidistas

Durante la Segunda Guerra Mundial se intentaron llevar a cabo numerosos planes y proyectos de lo más absurdo y disparatado. Como se suele decir, "a situaciones desesperadas, medidas desesperadas". Una de esas estrambóticas ideas fue la que a continuación os cuento. En mayo de 1943, las fuerzas angloamericanas, con el apoyo de la Francia Libre, estaban preparando en el Norte de África el asalto al continente europeo por el sur. El lugar elegido para realizar el primer gran desembarco fue la isla de Sicilia, una maniobra previa al asalto de la península itálica, que recibiría el nombre en clave de "Operación Husky". Para alcanzar las metas fijadas en esa compleja operación había que tener en cuenta las características especiales de la isla italiana, cuya difícil orografía, muy montañosa y con malas comunicaciones, dificultarían el desplazamiento de tropas y material.


Para solucionarlo se pensó en la utilización de un número importante de mulas, pero el problema residía en que éstas no podrían utilizarse durante las importantes acciones que llevarían a cabo los paracaidistas estadounidenses de la 82ª División Aerotransportada. Los "All Americans" tenían que saltar tierra adentro, tras las defensas costeras italianas y alemanas horas antes del asalto anfibio, para facilitar el desembarco del grueso de las tropas aliadas. Las dudas sobre el éxito de las tropas aerotransportadas surgieron de inmediato: ¿cómo se iban a desplazar los paracaidistas norteamericanos por aquel terreno pedregoso y reseco sin vehículos de apoyo para transportar el equipo lanzado desde los aviones?. Ante ese dilema, alguien pensó que la solución podría ser embarcar mulas en los aviones de transporte y lanzarlas sobre la isla en paracaídas, algo que hasta entonces no se había intentando nunca.


El encargado de la misión fue el mayor Mark Alexander que, aunque se mostró escéptico, inició los ensayos para conseguir abastecer de mulas de este original modo a los paracaidistas que saltarían sobre Sicilia. El lugar elegido para llevar a cabo las pruebas fue el desierto que rodea a la población de Oujda, en el norte de Marruecos, en ese momento ocupado por las tropas estadounidenses. Para llevar a cabo esta operación se confeccionaron unos paracaídas enormes y especialmente resistentes, y se adaptaron al cuerpo de los animales. Tras conseguir mulas y equiparlas se procedió a introducirlas en aviones de transporte Douglas C-47 "Dakota". Aquella operación fue especialmente complicada, pues, a pesar de llevar los ojos vendados, los tercos animales se mostraron nerviosos, asustados y poco sumisos a entrar en los aviones. Una vez dentro de los aparatos, y conforme estos iban ganando altura, la actitud de las mulas empeoró más si cabe, haciendo peligrar la estabilidad de los aviones de carga. Finalmente, cuando se alcanzó una altitud de 1.000 metros, se encendió la luz verde y las “mulas paracaidistas” fueron arrojadas al vacío.


El resultado fue un auténtico desastre. Cuando se llegó a la zona de lanzamiento, un pedregoso desierto, se comprobó que la mayoría de los animales habían sufridos fracturas en las patas a consecuencia del impacto sufrido en la caída, por lo que hubo que sacrificarlas. Tras la pifia de Oujda, el Cuartel General Aliado canceló el plan y continuó con la "Operación Husky". Una vez iniciadas las operaciones militares, los norteamericanos se dieron cuenta que el experimento de las “mulas paracaidistas” había sido una pérdida de tiempo. Sicilia, por su orografía y complicadas comunicaciones, poseía en 1943 una nutrida población de estos cuadrúpedos y los paracaidistas norteamericanos no tuvieron ningún problema para proveerse de ellos, una vez en tierra. Además, las tropas que desembarcaron en las playas sicilianas, trajeron con ellas varios centenares más de mulas, por lo que si hubo algo que no escaseó durante esos días en la isla italiana fueron precisamente estos animales.

Fuentes:
"Las 100 méjores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández
http://suite101.net/article/disparates-de-la-segunda-guerra-mundial-mulas-con-paracaidas-a44369

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Citas de Cómic (19)

Soldado Smith: "¿Ha oído lo de Lady Astor, señor?

Teniente Ross: "¿Lady Astor?"

Soldado Smith: "Se ve que habló en el Parlamento el otro día. Nos llamó los gallinas del Día D, señor. Dice que estamos tan tranquilos aquí, en Italia, que es en Francia donde se lucha de verdad".

Teniente Ross: "¡Pero eso es una aberración...! ¡Smith, no puede ser cierto!

Soldado Smith:
"Es lo que he oído, señor."


"War Story: Los Gallinas del Día D" de Garth Ennis y John Higgins

viernes, 9 de noviembre de 2012

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (54)

"¡Camisas Negras! ¡Italianos e italianas! Después de un largo silencio, he aquí que nuevamente os llega mi voz y estoy seguro de que la reconoceréis. Es la voz que os ha convocado en los momentos difíciles y que ha celebrado con vosotros las jornadas triunfales de la patria."

Benito Mussolini - Parte inicial del largo discurso emitido por radio el 18 de septiembre de 1943, días después de ser liberado por paracaidistas alemanes del hotel en el macizo del Gran Sasso (Montes Apeninos) donde permanecía arrestado.

lunes, 29 de octubre de 2012

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (27)


"El campo de batalla ofrecía una lúgubre visión. Había enormes depósitos de munición sin usar y aquí y allá montones de minas terrestres. Cadáveres de soldados polacos y alemanes, a veces enredados en un abrazo mortal, yacían por todas partes, y el aire estaba cargado del hedor de los cuerpos pudriéndose. Había blindados volcados con las orugas rotas y otros parados como si estuvieran listos para un ataque, con sus cañones apuntando aún hacia el Monasterio. Las laderas de las colinas, especialmente donde el fuego había sido menos intenso, estaban cubiertas de amapolas en número increíble, sus flores rojas eran extrañamente apropiadas para la escena...Los cráteres de las explosiones llenaban las laderas de las colinas, y esparcidos sobre ellos había fragmentos de uniformes, cascos, subfusiles Tommy y Schmeisser, ametralladoras Spandau y granadas de mano. Del Monasterio apenas quedaba un enorme montón de ruinas y escombros, con algunas columnas rotas aquí y allá. Sólo el muro occidental, sobre el que ondeaban las dos banderas, estaba aún en pie. Una campana de iglesia rajada yacía en el suelo al lado de un proyectil de gran calibre sin estallar y en paredes y techos destrozados podían verse fragmentos de pinturas y frescos. Obras de arte de valor incalculable, esculturas, grabados y libros yacían entre el polvo y el enlucido roto".

El General Wladyslaw Anders, comandante del II Cuerpo de Ejército Polaco, describe el escenario de la Batalla de Monte Cassino tras la victoria aliada (20 de mayo de 1944)


Fuente: "La Batalla de Monte Cassino" de Matthew Parker

miércoles, 27 de junio de 2012

Las dos Italias de 1943

La derrota de las fuerzas del Eje en Túnez, en mayo de 1943, y la subsiguiente invasión aliada de Sicilia, en julio, acabaron con la fe del pueblo italiano en Benito Mussolini y su régimen fascista. El apoyo a ambos había ido menguando con los años, y los reveses sufridos en la URSS y el Norte de África por las Fuerzas Armadas Italianas habían desilusionado a la mayoría, salvo a los más fanáticos seguidores de Il Duce. Ahora, ante la perspectiva inminente de una invasión anglo-americana de la península italiana, varias facciones en Roma empezaron a trabajar en el derrocamiento de esa dictadura que llevaba 21 años en el poder. 


El Commando Supremo italiano sabía que los Aliados iban a hacer su siguiente movimiento ofensivo contra Sicilia, Cerdeña o la Grecia continental ocupada, y Mussolini sospechó acertadamente que Sicilia iba a ser finalmente el objetivo del primer intento aliado de capturar territorio europeo en manos del Eje. Las fuerzas del Eje que defendían la isla, nominalmente al mando del general Guzzoni, consistían en unos 230.000 hombres, 40.000 de ellos alemanes; estos tenían unidades de élite como la División Panzer Hermann Göring del general Paul Conrath (en la foto inferior junto al orondo Reichsmarschall), al norte de Gela, y la 15ª División de Granaderos Panzer. La guarnición italiana estaba formada por 4 divisiones de infantería y 7 de infantería de defensa de costa, así como 2 brigadas costeras, con un total de 1.500 piezas de artillería. Los accesos a Sicilia estaban protegidos por la isla de Pantelaria, a medio camino entre las costa norteafricana y la isla italiana, muy fortificada y con una guarnición de 12.000 soldados.


Las divisiones costeras italianas y otras formaciones de infantería tenían muy poco equipo pesado. Un gran número de las fuerzas defensoras era voluntarios de la Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale (Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional o MSVN), y muchos eran personal de cierta edad. Los pocos medios acorazados de qeu disponíoan eran carros franceses Renault R-35 y unos cuantos vetustos Renault FT-17, así como un puñado de arcaicos Fiat 3000 italianos. El mejor material se había perdido en Rusia y el Norte de África, y de las fábricas salían muy pocos carros y cañones para sustituirlo. La artillería contracarro era casi inexistente, con sólo un puñado de desfasados cañones de 47 mm que no representaban ningún peligro para los carros M-4 Sherman de los aliados.


La invasión aliada estuvo precedida, el 10 de junio de 1943, por la captura de la isla fortaleza de Pantelaria (Operación Corkscrew); tras su caída, no quedaba ningún otro obstáculo para la invasión principal. La Operación Husky empezó el 10 de julio. Pese al costoso fracaso de una gran parte de las fuerzas aerotransportadas, debida a la inexperiencia del personal de vuelo aliado y a que los paracaidistas fueron tiroteados por la artillería antiaérea de sus propios buques, unos 3.000 barcos desembarcaron 160.000 soldados estadounidenses, británicos y canadienses, así como 600 carros de combate, en las costas del sur y el este de Sicilia. Durante los primeros días de la invasión, las cabezas de playa aliadas fueron objeto de varios contraataques desesperados. El principal de ellos tuvo lugar en la zona de Gela, en el sur, donde había desembarcado la 1ª División de Infantería norteamericana (la "Big Red One") con los Rangers  y elementos de la 2ª División Acorazada (conocida como "Hell on Wheels", "el infierno sobre ruedas"); la fuerza italiana incluía una unidad de vetustos carros de combate, y aunque el ataque fue enérgico, acabó detenido por causa de las muchas bajas sufridas por los italianos, y la División Herman Göring, que sufrió graves pérdidas a causa de la artillería naval de los buques aliados.


Como en todas las campañas que libraron, la capacidad combativa de las fuerzas italianas varió grandemente de una unidad a otra. Por lo general, las divisiones de costa se entregaron sin pegar un tiro, pero la Livorno y la Napoli  pelearon duro durante las acciones iniciales y elementos de otras unidades siguieron luchando junto a los alemanes. Las fuerzas del Eje se retiraron combatiendo hacia Messina; cuando concluyó el repliegue, el 11 de agosto, los italianos habían logrado evacuar 59.000 hombres, 227 vehículos  41 piezas de artillería a la Italia continental a través del estrecho de Messina. La retirada alemana, la Operación Lehrgang, fue también ejecutada brillantemente, pues para el 17 de agosto había conseguida extraer de Sicilia un total de 40.000 hombres, 9.600 vehículos, 47 carros de combate, 94 cañones y 17.000 toneladas de munición.


La derrota en Sicilia fue la puntilla que faltaba para la caída de Mussolini, quien no fue derrocado por sus enemigos de fuera de su gobierno, sino por una conspiración desde su propio partido fascista. Hacía meses que varios grupos de la jerarquía fascista conspiraban contra el dictador, un proceso que culminó en una reunión del Gran Consejo Fascista celebrada el 24 de julio de 1943. Dicho consejo era la mayor autoridad constitucional del Estado, por debajo de Il Duce, pero en la práctica se reunía pocas veces y su función era más bien simbólica. Tras un largo debate, la propuesta del Conde Grandi de desposeer a Mussolini de sus poderes fue secundada por 19 de los 26 miembros del consejo. Irónicamente, tras 21 años de dictadura, Mussolini había sido apartado del poder por votación. Al día siguiente, el dictador italiano presentó su dimisión al rey Víctor Manuel III, que la aceptó y puso a Mussolini bajo arresto. El nuevo gobierno, dirigido por el mariscal Pietro Badoglio - en la imagen inferior, antiguo jefe del Estado Mayor que había dimitido a raíz de las derrotas en Grecia en diciembre de 1940 -, declaró públicamente que iba a continuar la guerra contra los Aliados, pero al mismo tiempo estaba negociando secretamente con británicos y estadounidenses. En agosto, el régimen de Badoglio fue trasladando a Mussolini de un sitio a otro para frustrar cualquier intento de liberarlo, y al final lo confinó en un hotel de montaña en el Gran Sasso, en los Montes Abruzzos, cerca de Roma.


El 8 de septiembre de 1943, Italia se rindió sin condiciones a las potencias aliadas, y las tropas alemanas se apresuraron a tomar el control del país y desarmar sus fuerzas militares. El día 10 ocuparon Roma, y Badoglio y el rey se vieron obligados a huir al sur, a Brindisi, en buques de la Royal Navy. El 12 de septiembre, 90 hombres de una unidad especial de paracaidistas alemanes (2.Fallschirmjägerdivision) y de tropas de montaña de las SS (SS-Jäger-Bataillon 502) mandada por Otto Skorzeny aterrizó en planeadores en el Gran Sasso y liberó a Mussolini (imagen de aquí abajo). Llevado al cuartel general de Hitler, en Rastenburg, el día 15, el desmoralizado ex dictador se dejó convencer para proseguir la guerra contra los Aliados; en sus circunstancias, no tenía demasiadas opciones. El 23 de septiembre fue escoltado de regreso a Italia, donde proclamó la fundación de la República Social Italiana (RSI), con capital en la ciudad de Saló, orillas del lago Garda, en el norte del país. El 13 de octubre, el Reino de Italia declaró la guerra a Alemania.


La firma de un tratado de paz entre el nuevo gobierno italiano y los Aliados fue visto por los alemanes como una gran traición, pero no les pilló totalmente por sorpresa. De hecho, pusieron en práctica planes de contigencia elaborados tiempos atrás para desarmar a las fuerzas italianas y asumir el gobierno en el norte y el centro de Italia, adonde las tropas alemanas se habían ido trasladando en previsión de esa eventualidad. Con 22 divisiones sobre el terreno, los alemanes actuaron de forma rápida y expeditiva para tomar las guarniciones italianas tanto en el país alpino, como en Grecia y Yugoslavia. Si los italianos se resistían, eran aplastados con particular brutalidad: los alemanes estaban convencidos de que, si no daban ejemplo ante el menor atisbo de oposición, podían verse ante una insurrección general.


Algunas unidades italianas resistieron, y miles de soldados perdieron la vida. Uno de los casos más terribles es la masacre de la isla griega de Cefalonia (creo que se cuenta en la novela y película "La Mandolina del Capitán Corelli", y digo creo porque ni he leido la novela ni he visto el film). Las ambigüas instrucciones dadas a las fuerzas italianas por Badoglio cuando anunció el armisticio con los Aliados decían que no debían emprender acciones ofensivas contra los alemanes pero si debían defenderse en caso de ser atacadas, con lo que demostraba no haber entendido la actitud alemana hacia el concepto de guerra total. El comandante de la División Acqui en Cefalonia, el general Antonio Gandin, estaba dispuesto a rendir sus fuerzas a los alemanes, pero no si sus hombres corrían cualquier clase de peligro. Al final, las conversaciones para una rendición pacífica se rompieron y las fuerzas italianas abrieron fuego contra 2 buques de la Kriegsmarine; los alemanes llevaron refuerzos a la isla para someter a los italianos, que se rindieron el 21 de septiembre tras haber combatido bravamente y haber sufrido 1.250 muertos. Unos 4.750 soldados de la división italiana, ya desarmados, fueron asesinados a sangre fría, empezando por los mandos - incluido el propio general Gandin - y continuando por la tropa. Los cerca de 4.000 supervivientes de la guarnición italiana fueron embarcados para ser enviados a campos de trabajo en Alemania, pero los buques dieron con minas y murieron alrededor de 3.000 hombres. En total, estos incidentes costaron la vida a 10.030 soldados de la guarnicion de Cefalonia.


Ejemplos tan brutales como éste permitieron a los alemanes someter a sus antiguos aliados. Alrededor de 615.000 soldados italianos fueron hacinados en vagones de ganado y transportados a centros de trabajo en Alemania. Tanto el trato como las condiciones en aquellos campos fueron realmente malos, y más de 30.000 italianos perecieron durante el cautiverio. Una forma de escapar a las privaciones era presentándose voluntario para el nuevo ejército de la República Social Italiana. Muchos optaron por esa salida: algunos de ellos lo hicieron porque deseaban luchar de nuevo por el fascismo, pero otros lo que buscaban era librarse de las penurias de los campos de internamiento.


Italia se convirtió en un campo de batalla permanente desde los primeros desembarcos aliados en el sur del país, el 3 de septiembre de 1943, hasta la rendición de las fuerzas alemanas, el 29 de abril de 1945. El 10ª y 14ª Ejércitos alemanes del mariscal Albert Kesselring libraron una tenaz y brillante campaña defensiva en una sucesión de líneas montañosas y fluviales, obligando a las fuerzas aliadas a pagar un alto precio por cada metro de terreno que avanzaban. Mientras tanto, los italianos estaban terriblemente divididos. Muchos miles permanecieron leales al gobierno fascista y lucharon en las diversas fuerzas de la República Social Italiana, como el Esercito Nazionale Repubblicano (ENR), la Guardia Nazionale Repubblicana (GNR) o las Brigadas Negras (Brigate Nere), o incluso enrolándose como voluntarios en las Waffen-SS italianas (29. Waffen-Grenadier Division der SS - Italienische Nr.1) . Al mismo tiempo, otros muchos miles pelearon contra ellos, junto a los Aliados en el Esercito Cobelligerante Italiano - el llamado "Ejército del Sur" -, bien en los diversos grupos partisanos que operaban tras las líneas alemanas.  

Fuente:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "El Ejército Italiano en la defensa de Sicilia y la península" de Philip Jowett