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miércoles, 20 de febrero de 2013

Citas Literarias (7)

"Cualquier soldado alemán que mostrara compasión por los sufrimientos de los prisioneros soviéticos era objeto de burla por parte de sus compañeros. La inmensa mayoría de ellos consideraba a los cientos de miles de prisioneros poco más que alimañas. Las lamentables condiciones de suciedad en las que se hallaban, como consecuencia del trato recibido, no hacían más que reforzar los prejuicios inspirados por la propaganda de los últimos ocho años. De ese modo, las víctimas eran deshumanizadas como si aquello fuera el cumplimiento de un profecía. Un soldado encargado de la vigilancia de una columna de prisioneros soviéticos escribía a su casa que estos comían "hierba como si fueran ganado". Y cuando pasaban por delante de un campo de patatas, "se tiran al suelo, cavan con las uñas y se las comen crudas". A pesar de que el elemento fundamental de la Operación Barbarroja según los encargados de su planificación habían sido las batallas de envolvimiento, las autoridades militares alemanas habían hecho deliberadamente muy poco para prepararse para la captura masiva de prisioneros. Cuantos más murieran por abandono, menos bocas habría que alimentar.

Un prisionero de guerra francés describía la llegada de un grupo de soldados soviéticos a un campo de la Wehrmacht en territorio del Gobierno General en los siguientes términos: "Los rusos llegaban en filas, de cinco en cinco, cogidos del brazo, pues ninguno podía caminar por sí solo; 'esqueletos ambulantes' es la única descripción que les habría cuadrado. El color de su rostro no era ni siquiera amarillo, sino verdoso. Casi todos llevaban los ojos semicerrados, como si no tuvieran fuerza para fijar la vista en nada. Caían por filas, cinco hombres a la vez. Los alemanes se precipitaban sobre ellos y los golpeaban con las culatas de sus fusiles y con látigos".

Posteriormente los oficiales alemanes intentaron atribuir el trato dispensado a los tres millones de prisioneros de guerra capturados en el mes de octubre a la falta de tropas para vigilarlos y a la escasez de medios de transporte para asegurar su alimentación. Sin embargo, miles de prisioneros del Ejército Rojo murieron durante las marchas forzadas simplemente porque la Wehrmacht no quiso que ni sus vehículos ni sus trenes se "infectaran" con la presencia de aquella masa de hombres "malolientes". No habían sido preparados campos de prisioneros de ningún tipo, de modo que decenas de millares de ellos fueron amontonados como ganado a la intemperie en recintos vallados con alambre de espino. Apenas se les daba de comer y de beber. Todo ello formaba parte del Plan Hambre diseñado por los nazis para exterminar a treinta millones de ciudadanos soviéticos y acabar así con el problema de "superpoblación" de los territorios ocupados. Los heridos eran dejados al cuidado de los doctores del Ejército Rojo, a quienes por lo demás se privaba de todo tipo de suministros médicos. Cuando los guardias alemanes arrojaban por encima de las alambradas cantidades totalmente insuficientes de pan, se divertían mirando cómo los hombres se peleaban por él. Solo en 1941 murieron de hambre, de enfermedad o de exposición a la intemperie más de dos millones de prisioneros soviéticos".

Antony Beevor - "La Segunda Guerra Mundial" (págs.295-297)

viernes, 23 de noviembre de 2012

Citas Literarias (6)

"Stalingrado vive y vivirá. Imposible quebrantar la voluntad del pueblo que quiere ser libre. Destacamentos de obreros limpian las calles, las chimeneas de las fábricas humean y el cielo está cubierto de las redondas nubecillas de las explosiones de los proyectiles antiaéreos. La gente se ha acostumbrado enseguida a la guerra. Sobre las barcazas que efectúan el transporte de tropas vuelan sin cesar los cazas y bombarderos enemigos. Tabletean las ametralladoras, el fuego de los antiaéreos es incesante, y los marineros, contemplando el cielo, comen jugosas tajadas de sandía. Los muchachos, con las piernas colgando de la borda de las barcazas, observan con mirada atenta los corchos de sus cañas de pescar; una mujer ya entrada en años hace calceta sentada en un banquillo. Cada día marchan al frente nuevos destacamentos de obreros. Stalingrado ha formado las filas de las fortalezas proletarias del país: Tula, Leningrado, Moscú. Estas fortalezas son inexpugnables. Entramos en una casa medio destruida. Sus habitantes están comiendo en mesas hechas de tablas y cajones, los niños soplan en los platos de sopa caliente. Uno de los camaradas militares levanta del suelo un libro medio quemado: "Humillados y ofendidos", lee en alta voz, mira a las mujeres sentadas sobre unos fardos a su alrededor y suspira. Una joven, comprendiendo el hilo de sus pensamientos, se le acerca y dice enfadada: "Eso no tiene nada que ver con nosotros. ¡Hemos sido ofendidos, pero no humillados! ¡Nosotros nunca seremos humillados!".

Vasili Grossman "Años de Guerra" (1942: "Stalingrado"), pág. 253

martes, 30 de octubre de 2012

Citas Literarias (5)

"El momento por el que mi padre recibía la calificación de héroe no era particularmente memorable ni valioso. Cuando le mostraron la foto por primera vez, no tenía ni idea de qué le estaban hablando. No se reconocía a sí mismo ni a sus compañeros. Para él, para los que estaban en la cima del Suribachi en ese instante, plantar aquella bandera fue tan importante como anudarse los cordones de las botas.

La ironía, por supuesto, es que Doc Bradley, como tantos otros, fue en verdad un héroe en Iwo Jima. Y en más de una ocasión. Y la maldita foto reflejaba, precisamente, uno de los pocos momentos en los que ni él ni sus camaradas estaban haciendo nada relevante. En 1998, el doctor James Wittmeier, supervisor médico de Doc en la isla, se sentó silenciosamente junto a mí. Me dejó que le preguntase de diversas maneras por qué creía que mi padre jamás habló sobre ese asunto. Finalmente, tras unos embarazosos minutos, se giró hacia mí y me dijo dulcemente: '¿Has tenido alguna vez entre tus manos un huevo roto? Pues bien, así es como tu padre y yo teníamos que coger las cabezas de esos muchachos en Iwo.' Las cabezas de los auténticos héroes, viendo como la vida se les escapaba a cada segundo mientras los sostenía entre sus brazos.

John Bradley sabía qué era el heroísmo y podía separar de aquella imagen, de aquella idiotez, la esencia real del concepto. Y no importaba que millones de personas creyesen lo contrario: John Bradley sabía que el fervor épico forjado alrededor de la fotografía era espurio.

Papá no quería que su vida fuese dictada por la Fotografía, por aquello que inundaba la cabeza de la gente cuando la contemplaban. Lo que el retrato representaba para ellos no tenía ningún valor para él. Bella, elegante, inspirada: sí. La imagen más reproducida en la historia de la fotografía: sí. Y un modelo para el mayor monumento de bronce del mundo, pues sí, ciertamente.

Y a partir de ahí, falacia. Una malinterpretación crucial, desde sus fundamentos. Y no representativa de ningún tipo de proeza, no para alguien que había pasado por miles de eternos segundos en situaciones realmente épicas."

James Bradley - "Banderas de Nuestros Padres" (págs. 324-325)

miércoles, 10 de octubre de 2012

Citas Literarias (4)

"Nos sentíamos tan solos, tan abandonados y entregados implacablemente a aquel infierno... El tanque de 72 toneladas fue levantado de tierra varias veces y cayó pesadamente con un crujido de todo su armazón. ¿Cuanto duraría esto, antes de que muriéramos? Un tiro en el blanco y 1.500 litros de gasolina iban a estallar; lo sabíamos, lo habíamos visto a menudo. No nos hacíamos ilusiones. Morir achicharrado es lo más normal para el soldado tanquista. De todas las armas, la nuestra es la que tiene mayor porcentaje de bajas; ello contribuye a embrutecernos. ¿Nuestras cruces? La del diablo, una de madera. De las dotaciones de tanques, sólo 1% ha sobrevivido a la guerra.

A nuestro alrededor surtidores de tierra se elevaban hacia el cielo; esta vez casi enloquecimos de terror. La muerte clavó su garra en nuestras nucas y el miedo nos doblegó. Podríamos haber hecho marcha atrás, huir, pero una disciplina férrea nos retenía. No luchábamos por Hitler ni por la patria, sino para salvar la piel, porque el temor al pelotón de ejecución es más grande que el que sentíamos por las granadas rusas. En alguna ocasión, los tripulantes de un tanque han abandonado su vehículo y han huído, pero sólo para ser conducidos al amanecer ante el piquete de ejecución. 'Cobardía ante el enemigo'. Estas historias son comunicadas a las secciones del frente para dar ejemplo."

Sven Hassel - "Batallón de Castigo" (pág. 109)

viernes, 28 de septiembre de 2012

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (38)

Vamos allá con otra nueva andanada de noticias sobre la Segunda Guerra Mundial. Aquí las tienen Vds:

--- Cuando el Reino Unido está inmerso en los actos de celebración del 50 aniversario de la creación de unos de sus héroes de ficción más populares, el Agente 007, nuevas investigaciones desvelan la fuente de inspiración del personaje literario creado por Ian Fleming, llevado tantas veces a la pantalla. Una nueva biografía sobre el héroe de guerra F.F.E. "Tommy" Yeo-Thomas (en la fotografía inferior) reivindica que muchas de las experiencias reales de este espía, conocido con el nombre en clave de "White Rabbit", son las que inspiraron y han sido recreadas en el personaje de James Bond. Yeo-Thomas fue lanzado 3 veces en paracaídas en la Francia ocupada y llegó a ser capturado y torturado por la Gestapo, siendo trasladado a continuación al campo de concentración de Buchenwald, de donde logró escapar y alcanzar las líneas de los Aliados.


La relación del héroe real con el héroe ficticio ha sido desvelada gracias al descubrimiento, por parte de la historiadora Sophie Jackson, de unos documentos en el Archivo Nacional, que ha vertido ahora en el libro "Yeo-Thomas' exploits, Churchill’s White Rabbit: The True Story of a Real-Life James Bond". En un dosier recientemente desclasificado, Jackson encontró un documento fechado el 15 de mayo de 1945 en el que Fleming, que también trabajó en la Inteligencia Británica durante la guerra, hace una breve referencia a su relación con el agente y su exitosa fuga de los nazis. Al parecer los dos hombres, trabajaron en unidades distintas - Yeo-Thomas en el SOE (Special Operations Executive) y Fleming en la División de Inteligencia Naval -, y esta sería por tanto la primera vez que se ha logrado establecer una relación clara entre ellos. 

Para Jackson, las grandes similitudes entre la vida de Yeo-Thomas y Bond, así como sus recurrentes experiencias, como sus fugas en la vida real y en la ficción, apoyan la teoría de que Fleming se inspiró en el agente británico para crear a su personaje. "Eso demuestra que Fleming estaba muy interesado en el caso de Yeo-Thomas y que le hizo un seguimiento. Recogió su historia y le atrapó", agrega. La historiadora señala además la existencia de otros importantes paralelismos entre el héroe real y el de ficción: "Su vida personal y su relación y actitud hacia a la mujeres, así como la manera de comportarse como un agente secreto". Y relata a continuación de manera pormenorizada momentos puntuales que coinciden en la historia de ambos. "Yeo-Thomas, como Bond, siempre llevaba una pistola". Así se refiere a los métodos que utilizó el "Conejo blanco" para escapar de sus enemigos: "Utilizando la identidad de otro hombre, saltando de un tren, escondiéndose en un coche fúnebre o disfrazándose. Antes que Bond, Yeo-Thomas tendría incluso que matar con sus propias manos para poder escapar de una prisión en Rusia".


Jackson cree incluso que los parecidos van más allá de las experiencias vividas por "White Rabbit", y que Fleming (imagen superior) se inspiró también en los modales y el aspecto fisico de Yeo-Thomas, que como Bond tuvo una ajetreada vida amorosa. Después de la guerra, Yeo-Thomas padeció problemas psicólogicos como consecuencia de sus traumáticas experiencias, que también quiso reflejar Fleming en sus novelas, aunque esta parte más sombria del personaje no ha sido trasladada a su adaptación cinematográfica. El héroe real murió en 1964, a los 62 años; mientras que el ficticio celebra ahora su medio siglo de vida. 

--- Un tribunal de Baden-Baden (Alemania) ha cerrado definitivamente el caso contra uno de los criminales nazis más buscados, Aribert Heim, dando por bueno que murió de cáncer en Egipto bajo una identidad falsa en 1992, a pesar de que ni su cuerpo ni su tumba aparecieron nunca.


Médico destinado al campo concentración de Mathausen, el apodado como 'Doctor Muerte' sometió a cientos de prisioneros a espantosos experimentos y torturas. Según testimonios de los supervivientes, asesinó personalmente a cientos de prisioneros judíos inyectándoles veneno o sometiéndolos a aparatosas cirugías, incluso amputaciones, sin anestesia, con el objetivo "pseudocientífico" de averiguar hasta dónde llegaba la resistencia al dolor del ser humano. Una de sus prácticas más documentadas era la de inyectar gasolina, agua o veneno directamente en los corazones de sus víctimas para medir con un cronómetro cuánto tiempo aguantaban vivas.


Tras la guerra, permaneció en Alemania y llegó a trabajar como ginecólogo. Cambió de nombre y se le perdió la pista en 1962. La fiscalía de Baden-Baden presentó cargos contra él en 1979 y lanzó una orden de captura internacional, pero fue en vano. Nunca apareció. Sin embargo, siguió en contacto con su familia hasta que, según declaró su hijo, murió en Egipto bajo la identidad de Tarek Hussein Farid. La familia declaró haber donado el cuerpo para investigaciones científicas, pero tras un posterior viaje a Egipto se vieron obligados a admitir que el cuerpo nunca había llegado a ese destino y que no fueron capaces de encontrar la fosa común en la que habría terminado. El tribunal ratifica ahora la autenticidad de las pruebas presentadas por la familia y lo da oficialmente por muerto, a pesar de que sus restos siguen sin aparecer. Nunca fue juzgado por sus crímenes. Si estuviera vivo, hoy tendría 92 años. 

--- Sven Hassel, el controvertido novelista autor de "Los pánzers de la muerte", "Batallón de castigo", "La legión de los condenados" o "Los vi morir", entre otros muy populares títulos, falleció el pasado 21 de septiembre a los 95 años de edad en Barcelona, ciudad donde residía.


Hassel, que ha vendido 50 millones de ejemplares de sus libros, traducidos a una veintena de idiomas, se lleva las dudas sobre su pasado a la tumba. Sostenía que, nacido en un pueblecito danés en 1917, había ingresado a los 17 años en un regimiento de húsares de su país y luego, en 1938, se había apuntado voluntario para a continuación luchar en la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial, sirviendo en prácticamente todos los frentes (escenario de sus historias), excepto en el Norte de África. Sus novelas, entonces, serían un testimonio personal de la guerra a través de las tremendas vivencias de Porta, Hermanito, el Legionario, Barcelona, el Viejo y Sven (el propio autor), un grupo de duros, soeces, descreídos, indisciplinados y nada fanatizados soldados de un batallón disciplinario de la Wehrmacht.


Con los años han surgido voces que cuestionan esa biografía oficial y que incluso apuntan que Hassel no solo no vivió las experiencias de sus relatos, que le habrían sido explicadas tras la guerra por veteranos daneses de las SS, sino que fue en realidad un nazi danés que permaneció en su país. En todo caso, los especialistas en temas militares han detectado errores en sus novelas y situaciones del todo imposibles, como que los alemanes pusieran en manos de soldados de un batallón disciplinario los modernos carros Tiger y Panther. Sus partidarios le defienden recordando que sus novelas —una de las cuales, "Los panzers de la muerte" (1987), fue llevada al cine — son eso, novelas, y que si bien la médula de las historias que narra es bien real, Hassel las trasladó conscientemente al terreno de la ficción.


Sea como sea, sin entrar a valorar su calidad literaria o la veracidad de sus historias, lo innegable es que si bien sus 14 títulos muestran la contienda desde el bando alemán y llevan a solidarizarse con las penurias de los soldados germanos, el punto de vista es profundamente anitinazi y antimilitarista, y lo que se desprende de sus novelas es un profundo horror, por no decir asco, por las miserias de la guerra. Mucho antes de la actual moda de contarlo y mostrarlo todo de manera descarnada, Hassel, y era una sorpresa al leerlo en los años sesenta y setenta, no ahorraba ejecuciones sumarias, torturas, violaciones, muertes horrorosas descritas pormenorizadamente y cien mil otras barbaridades. Desde luego no es la prosa de alguien que glorifique la guerra y el espíritu marcial.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Citas Literarias (3)

"El brazo de Kubis describe un arco y la bomba vuela. Pero decididamente, nadie hace nunca con toda precisión lo que debe hacer. Aunque Kubis apunta antes hacia el asiento, la bomba cae junto a la rueda trasera derecha. Sin embargo, explota.

La bomba explota y revienta instantáneamente las ventanillas del tranvía de enfrente. Unos pedazos golpean a Kubis en la cara y lo proyectan hacia atrás. Una nube de humo inunda toda el área. Del tranvía surgen algunos gritos. Sobrevuela una guerrera de SS que estaba en el asiento de atrás. Durante unos segundos, los testigos medio ahogados sólo verán eso: esa chaqueta de uniforme flotando por los aires sobre una nube de polvo. Yo, en todo caso, es lo único que veo. La guerrera, como una hoja muerta, describe en el aire amplios rodeos mientras el eco de la deflagración se va tranquilamente resonando hasta Berlín y Londres. Sólo están en movimiento el sonido que se propaga y la chaqueta que revolotea. No hay ninguna otra señal de vida en la curva de Holesovice. Ahora estoy hablando de ese segundo. El segundo siguiente ya será otra cosa. Pero ahí, aquí, en esta clara mañana del miércoles 27 de mayo, el tiempo suspende su discurso por segunda vez en dos minutos, aunque de manera un poco diferente. 

El Mercedes cae de nuevo sobre el asfalto con pesantez. En Berlín, Hitler no puede imaginar ni por un instante que Heydrich no honrará su cita de esta noche. En Londres, Benes quiere creer todavía en el éxito de Antropoide."

Laurent Binet - "HHhH" (págs. 309-314)

martes, 18 de septiembre de 2012

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (37)

Sangre, sudor y lágrimas me está costando retomar el blog - mejor dicho, la rutina y mi actividad habitual tras las vacaciones veraniegas -; que apatía, que desidia, que vagancia y que todo, copón. En fin, confío en que, poco a poco, la cosa vaya volviendo a sus cauces habituales. De momento, aquí os reproduzco (levemente "tuneadas" por el que suscribe) unas cuantas noticias relacionadas con la WW II (la primera de ellas, cortesía de mis fieles Mr. Lombreeze y Fiona). Allá van:

--- Durante la investigación de su nuevo libro, una historia global de la WW II que se publicará en breve en nuestro país (¡¡¡¡toma, toma y toma!!!! que me reserven un ejemplar, ya mismo), el prestigioso (genial e imprescindible, añadiría yo) historiador Antony Beevor descubrió que los Ejércitos Estadounidense y Australiano prefirieron no divulgar una atrocidad japonesa hacia al final del conflicto: el canibalismo y el uso de prisioneros de guerra como “ganado humano”, que eran mantenidos con vida solo para ser asesinados de uno en uno con el objetivo de ser devorados. Esta salvajada formó parte, según los datos recogidos por el escritor británico, de “una estrategia militar sistemática y organizada”. “Las autoridades aliadas, comprensiblemente, por temor al horror que esto podría causar en las familias de aquellos que murieron en campos de prisioneros, decidieron ocultar los hechos totalmente”, explica Beevor, “por ese motivo, el canibalismo no formó parte de los delitos juzgados en el Tribunal de Crímenes de Guerra de Tokio de 1946”.
 

Como sucedió con sus libros anteriores, la búsqueda de nuevas fuentes y documentos ha producido sus frutos. Hasta ahora, este historiador británico, que encontró un filón en los archivos soviéticos que comenzaron a abrirse tras la perestroika, había hecho minuciosas descripciones de las batallas de Stalingrado, Berlín, Creta y el Desembarco de Normandía (imprescindibles y recomendadísimos por un servidor todos ellos). En "La Segunda Guerra Mundial", un volumen de más de 1.200 páginas, traza un relato global del conflicto, que no empieza con la invasión de Polonia, sino un mes antes y en el otro lado del mundo, en agosto de 1939, en la batalla de Khalkin-Gol, con la que el Ejército Rojo dirigido por Zukhov derrotó a los japoneses en Manchuria, demostrando que era uno de los grandes generales soviéticos. Dicha derrota, supuso una gran lección para Tokio, que abandonó su intención de abrir un segundo frente en Siberia, lo que hubiera obligadado a Stalin a proteger su retaguardia en Extremo Oriente, de modo que, con total seguridad el conflicto (y quizás su desenlace) hubiese sido muy diferente a como lo conocemos hoy.


La Segunda Guerra Mundial es una fuente infinita de historias y horrores y Beevor rescata muchas en este volumen, desde cómo los nacionalistas chinos sobornaron a las tríadas de Hong Kong para evitar matanzas de extranjeros hasta la guerra bacteriológica en Italia llevada a cabo por los nazis en Italia (tras el desembarco aliado, inundaron grandes extensiones de terreno en Pontino, introdujeron el mosquito anofeles y confiscaron la quinina, con el resultado de que unas 55.000 personas contrajeron la malaria al año siguiente). En su historia sobre el final de la guerra en Asia, "Némesis. La derrota de Japón 1944-1945", Max Hastings explica que los relatos de las atrocidades que sufrieron muchos prisioneros a manos de los japoneses fueron censurados para evitar que se produjese una espiral de venganzas. De los 132.134 prisioneros de Japón, murieron 35.756, un 27%. Tanto Hastings como Beevor describen todo tipo de crueldades contra prisioneros de guerra aliados, desde vivisecciones sin anestesia hasta palizas mortales o ejecuciones a bayonetazos, además de trabajos forzados. Sin embargo, el canibalismo organizado va más allá de lo imaginable. “No fueron casos aislados: existió un patrón similar en todas las guarniciones de China y el Pacífico que se quedaron sin suministros por la Marina estadounidense”, explica Beevor.


No existen datos sobre el número de prisioneros que pudieron sufrir esa suerte, aunque sí que la mayoría de los casos ocurrieron al final del conflicto, en Nueva Guinea y Borneo. Las víctimas fueron locales y soldados papuenses, australianos, estadounidenses y prisioneros indios, que se negaron a combatir con los japoneses. “Los informes lo dejan muy claro: ‘No fueron incidentes aislados perpetrados por individuos o pequeños grupos en condiciones extremas”, explica Beevor. La revelación del canibalismo en el Pacífico se suma al redescubrimiento de las violaciones masivas cometidas por del Ejército soviético en su avance por Alemania, que describió el escritor británico en "Berlín. La caída, 1945". Existían muchos testimonios - como por ejemplo, el libro, anónimo, "Una mujer en Berlín", publicado en 1954 -, pero esas atrocidades no entraron a formar parte del acervo de conocimiento popular sobre el conflicto hasta que el ensayo de Beevor se convirtió en un éxito de ventas. Un profesor de la Universidad de Melbourne, Toshiyuki Tanaka, había descubierto en los años 90 documentos que describían casos de canibalismo, pero, según su versión, se trataba de una orgía de muerte de tropas fuera de control, algo similar a lo que ocurrió en circunstancias extremas en el sitio de Leningrado. Los documentos que ha encontrado Beevor describen algo muy diferente, una nueva vuelta de tuerca en el horror infinito de la Segunda Guerra Mundial.

--- Según documentos revelados por el Archivo Nacional estadounidense, el gobierno norteamericano tuvo conocimiento de que el régimen soviético había ejecutado a más de 22.000 polacos en la llamada masacre de Katyn en 1940, pero decidió encubrir el incidente para no enemistarse con Moscú, aliado en su lucha contra la Alemania nazi.


Alemania y la URSS invadieron Polonia en septiembre de 1939, en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y se repartieron el país en virtud del pacto Ribbentrop-Mólotov. Los invasores capturaron a cuanto oficial y soldado polaco encontraron, y la URSS confinó a unos 200.000 de ellos. "Mientras que los alemanes iniciaban la matanza de judíos y polacos en la región occidental de Polonia ocupada, el Ejército Rojo arrestó y encarceló a miles de oficiales, militares, policías e intelectuales en el este de Polonia", indicó el Archivo Nacional. Los polacos capturados por los soviéticos fueron recluidos en varios campos situados en el oeste de la URSS y operados por la policía política soviética, la temible NKVD. Unos 15.000 polacos, que componían casi la mitad del cuerpo de oficiales de las Fuerzas Armadas del país vencido, jamás aparecieron vivos.  


Alemania, a su vez, atacó a la URSS en junio de 1941, y en abril de 1943 las tropas alemanas encontraron en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk, 8 grandes fosas comunes con los restos de miles de polacos que habían estado internados en el campo de Kozielsk. Los alemanes encontraron  también cerca de Piatyjatki y Mdenove los restos de prisioneros polacos que habían estado confinados en los campos de Ostashkov y Starobielsk. Ésas se conocen como las masacres del bosque de Katyn, y los documentos divulgados por el Archivo Nacional de EEUU contienen, entre otros materiales, fotografías tomadas desde aviones en la región de Katyn.


El régimen de Stalin - y sus sucesores - en un primer momento negaron la responsabilidad soviética en la masacre, culpando en cambio a los nazis. Finalmente, la URSS reconoció su responsabilidad en la matanza en 1990. Los documentos divulgados ahora sustentan la posición de los historiadores, según la cual el gobierno de Franklin D. Roosevelt supo de la masacre, pero ayudó a encubrirla. Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial en diciembre de 1941, cinco meses después de la invasión alemana de la URSS, y dos años más tarde Washington no tenía intenciones de enemistarse con quien era su aliado en la contienda con Alemania y sus aliados.

--- Durante la madrugada del pasado 5 de septiembre artificieros de la policía alemana desactivaron en la ciudad de Hamburgo, en el norte del país, dos grandes bombas de la Segunda Guerra Mundial, que habían sido halladas en el céntrico barrio portuario de Sankt Pauli durante la realización de trabajos de construcción. La desactivación tuvo lugar una semana después de la detonación controlada de otra bomba de 250 kgs. en Múnich, que al explotar causó daños de consideración en numerosos edificios colindantes.


Un portavoz policial informó que se trataba de sendas bombas de 250 y 500 kgs. de peso y de fabricación estadounidense, localizadas muy cerca la una de la otra y que suponían un grave peligro para la población. Antes de la desactivación de los dos artefactos se montó un perímetro de seguridad de 500 metros de radio y se evacuaron a unas 5.000 personas, consiguiendo los artificieros desactivarlas sobre las 02.00 horas locales. Según el portavoz policial, se trató de una operación rutinaria, ya que es habitual que salgan a la luz ese tipo de artefactos bélicos, pues calculan "que en la región urbana de Hamburgo se encuentran aun unas 3.000 bombas sin localizar" de esa época. 

--- El pasado jueves, el periodista peruano Hugo Coya presentó en el Museo del Holocausto de Buenos Aires su libro "Estación final", en el que investiga sobre las víctimas peruanas del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y que ha provocado gran espectativa en Argentina.


"Estación final" fue publicado en Perú en 2010, año en el que se convirtió en el libro de no ficción más vendido en el país andino, pero no ha llegado a Argentina hasta 2012, una nación con una gran comunidad judía y donde la sensibilidad hacia este tema es mucho más acusada que en Perú, donde este asunto no había sido investigado. "Antes de mi libro no había ninguna investigación acerca de las víctimas peruanas del holocausto, no se sabía. El libro ha permitido revelar sus nombres y apellidos, cómo llegaron a Europa, cómo fueron arrestados y murieron", explicó el autor. En su libro, Coya propone darle "un trazo peruano" a un "hecho terrible" de la historia mundial, como fue el exterminio de millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, y en él también retrata la actuación del Gobierno peruano de la época, que impidió la obtención de visados para huir del conflicto. "Muchas personas tenían familiares, parientes o amigos que solicitaron visas para huir hacia Perú. Sin embargo, el Gobierno peruano ordenó a las sedes diplomáticas que no se concedieran las visas, a pesar de que el país oficialmente era neutral", manifestó el escritor. Entre esos casos estuvieron un grupo de 200 de niños de entre 4 y 10 años de edad, para los cuales la comunidad judía solicitó unas visas que fueron denegadas, y que terminaron muriendo en el campo de exterminio de Auschwitz.  


Coya recuperó todas estas historias "desconocidas o no debidamente investigadas" a través de una búsqueda documental por varios países, pero también haciendo uso de las redes sociales, para ubicar a los descendientes de estas víctimas. Durante la presentación en el Museo del Holocausto de Buenos Aires se proyectará el documental "Madeleine Truel: La heroína peruana de la Segunda Guerra Mundial", que relata la historia una peruana de ascendencia francesa que salvó a cientos de judíos, estrenado en 2012 y dirigido por el peruano Luis Enrique Cam. 


--- Brad Pitt quiere adaptar el libro de Edwin Black, "IBM and the Holocaust" que cuenta la historia real de cómo el presidente ejecutivo de IBM en 1933 firmó una alianza estratégica con el gobierno alemán, que se tradujo en un método de clasificación de tarjetas perforadas a través de los datos extraídos del censo en Alemania, que más tarde el régimen utilizaría para identificar a millones de judíos. Los derechos del libro, publicado en 2001, son de Pitt y su productora, Plan B. Su proyecto inicial era hacer un film para la cadena de televisión HBO con guión de Marcus Hinchey, pero no se llegó a cerrar el trato. Ahora el actor vuelve a moverle por estudios ofreciéndose él mismo como actor.

jueves, 26 de julio de 2012

Citas Literarias (2)

"Entre los cráteres que se encontraban lejos del cerro, al oeste, había unos cuantos cadáveres de marines. Justo después del borde derecho de la última trinchera, el cerro caía abruptamente hasta el terreno llano y lleno de barro. Junto al pie del cerro, casi directamente debajo de mí, había un cráter parcialmente inundado de unos noventa centímetros de diámetro y probablemente de otros noventa de profundidad. En este cráter se encontraba el cuerpo de un marine cuyo espeluznante semblante ha permanecido inquietantemente claro en mi memoria. Si cierro los ojos, está tan vívido como si lo hubiera visto ayer.

La lastimosa figura estaba sentada de espaldas al enemigo y descansaba contra el borde meridional del cráter. Tenía la cabeza ladeada y el casco estaba apoyado contra el lado del cráter, de manera que la cara, o lo que quedaba de ella, miraba directamente hacia mí. Tenía las rodillas flexionadas y separadas. Cruzado sobre los muslos, aún aferrado entre sus manos esqueléticas, tenía un rifle oxidado. Llevaba las polainas de lona cuidadosamente sujetas por las pantorrillas y encima de las botas. El agua turbia le cubría los tobillos, pero las punteras de las botas se veían por encima. Las pantalones, el casco, el forro y el equipo parecían nuevos. No estaban salpicados de barro ni desteñidos.

Estaba seguro de que era un nuevo reemplazo. Todo en aquel hombretón se parecía mucho a un marine tomándose un descanso durante unas maniobras antes de recibir la orden de ponerse en marcha otra vez. Al parecer lo habían matado al principio de los ataques contra Half Moon, antes de que comenzaran las lluvias. Bajo el borde del casco pude ver la visera de una gorra de faena de algodón verde. Debajo de la gorra estaban los restos esqueléticos más espantosos que había visto nunca...y ya había visto demasiados.

Cada vez que miraba por encima del borde de aquella trinchera hacia el cráter, aquella cara medio desaparecida me lanzaba una mirada maliciosa acompañada de una sonrisa sarcástica. Era como si se mofara de nuestros lastimosos esfuerzos para aferrarnos a la vida. O tal vez se burlaba de la locura de la propia guerra: 'Soy la cosecha de la estupidez del hombre. Soy el fruto de la hecatombe. Rogué como tú por sobrevivir, pero mírame ahora. Para los que estamos muertos ya ha terminado, pero tú debes luchar, y llevarás estos recuerdos toda tu vida. Los de casa se preguntarán por qué no puedes olvidar' ".

Eugene B. Sledge - "Diario de un Marine", págs. 383-385

jueves, 5 de julio de 2012

Citas Literarias (1)

"Extraordinaria es la impresión que la guerra deja en el alma del hombre. La eterna paz de la naturaleza es eclipsada por las imágenes a las que da vida la guerra. Por eso, a los hombres que se hallaban en la cota les parecía que las ligeras nubecillas en el cielo eran huellas de explosiones de proyectiles antiaéreos; que los lejanos álamos eran altas columnas de humo negro y tierra, levantadas por las pesadas bombas de aviación; que las bandadas de cigüeñas en vuelo eran escuadrillas de aviones de guerra en riguroso orden de formación; que la niebla del valle era el humo de las aldeas en llamas, que los matorrales a lo largo del camino eran una columna de camiones camuflada con ramas en espera de la señal de partida. Más de una vez Bogariov había oído decir a la hora del crepúsculo durante los ataques aéreos: "Fíjese, los alemanes han lanzado una bengala roja". Y la burlona respuesta: "¡Qué va a ser una bengala, es el lucero vespertino". Más de una vez los lejanos relámpagos de las tardes calurosas de verano eran tomados por fogonazos de la artillería. Y cuando en el bosque enclavado al este unos grajos negros alzaron su rápido vuelo, a Bogariov y a sus camaradas les pareció que eran aviones que volaban en orden disperso."

Vasili Grossman "Años de Guerra" (1941: "El Pueblo es Inmortal"), pág. 102

jueves, 21 de junio de 2012

Reseñas Libros: "Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial"

Durante la 2ª Guerra Mundial se produjeron numerosos hechos aparentemente inexplicables y se crearon cientos de rumores y leyendas que circularon durante años sin saber a ciencia cierta si ocurrieron realmente o no.

El historiador y periodista Jesús Hernández trata en este "Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mundial" de buscar una explicación histórica a todos aquellos hechos y discernir entre mito y realidad, y lo hace, como suele ser habitual en él, de una manera tan amena y entretenida como rigurosa, atendiendo a los más recientes descubrimientos (provenientes de la desclasificación de documentos secretos) y a todos los puntos de vista, desde la versión oficial a las múltiples teorías, rumores, leyendas e investigaciones paralelas que han venido realizándose a lo largo de los años.


El autor español estructura su libro en seis capítulos. En el primero, "Sucesos inexplicados", se narran algunas historias curiosas, entre las que destacan los rumores de una supuesta invasión frustrada de Inglaterra por parte de los alemanes (que os contaba por aquí, hace unos días), la conocida como "Batalla de Los Angeles", durante la cual la ciudad californiana, en plena psicosis tras el ataque a Pearl Harbor, creyó ser atacada por las fuerzas aéreas japonesas - o por unos extraños artefactos no identificados (foto de aquí arriba) -, llegándose incluso a disparar las baterías antiaéreas, o lo ocurrido el 15 de agosto de 1943 en Milán, durante un bombardeo de la aviación aliada sobre la ciudad italiana, en el transcurso del cual, "La Última Cena" - el famoso mural de Leonardo Da Vinci - sobrevivió milagrosamente al quedar intacta la pared donde está ubicado, pese a ser prácticamente destruida la iglesia de Santa Maria delle Grazie.  


En el segundo capítulo ("Espías enigmáticos"), se cuenta las andanzas de varios misteriosos espías como   la francesa Mathilde Carré (conocida como "la Gata") - una agente doble, que primero engrosó las filas de la resistencia francesa y luego se cambió al bando alemán -, "Cicerón" - el más famoso espía de la guerra, un criado al servicio de la Embajada Británica en Ankara (Turquía), que pasaba secretos a los nazis a cambio de elevadas sumas de dinero - , o Richard Sorge (en la imagen superior) - espía azerbayano de nacionalidad alemana al servicio de la NKVD, que proporcionó información crucial para la victoria de la URSS en la Batalla de Moscú, al confirmar que los japoneses no iban a atacar a los soviéticos, pudiendo de este modo Stalin trasladar varias divisiones siberianas de refresco desde el este del país a la capital -. 


En el tercero que lleva por título "Extrañas Desapariciones", se hace un repaso de las desapariciones misteriosas de personajes como el músico Glenn Miller (de la que también os hablé por estos lares no hace mucho), el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (en la foto de aquí arriba) o el diplomático sueco Raoul Wallenberg , conocido como "el héroe sin armas ni tumba", que en Budapest salvó a miles de judíos de los campos de exterminio entregándoles pasaportes protegidos que los identificaban como ciudadanos suecos - recordemos que el país nórdico era neutral -  en espera de repatriación (es decir, algo similar a lo que hizo el español Angel Sanz Briz). Un auténtico héroe que, sin embargo, fue capturado por los soviéticos acusado de ser espía de los EE.UU, y no se volvió a saber nada más de él (muriendo con toda probabilidad a manos de sus captores). 


En el capítulo 4º, llamado "Barcos Malditos", se narran las historias de los hundimientos del acorazado alemán Tirpitz y del crucero norteamericano USS Indianápolis - muchos de cuyos marineros fueron devorados por cientos de tiburones -, la tragedia del Cap Arcona (buque cargado con 4.500 prisioneros de guerra e internos de campos de concentración alemanes que fue bombardeado por los aliados en las postrimerías de la guerra), la extraña historia del submarino estadounidense USS Tang, hundido al parecer por un torpedo defectuoso lanzado por él mismo o la aventura del acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee, que hacía labores de corsario, hundiendo buques mercantes aliados, y que fue sometido a una intensa persecución por parte de los británicos que le tendieron una trampa en la conocida como Batalla del Río de la Plata, que terminó con el hundimiento del buque (foto de arriba) tras ser volado por su propio capitán (que posteriormente se suicidó).


Por último, en "Muertes Misteriosas", el capítulo 5º Hernández trata de encontrar una explicación lógica y razonable al misterio que encierran las muertes de personajes como el actor Leslie Howard, el militar polaco Sikorski (imagen superior) o  jerarcas nazis como Martin Bormann, Hermann Goering o el propio Hitler; y en "Mitos e Historias Fantásticas", el último capítulo del libro, el escritor español aborda los mitos relacionados con la contienda de corte más fantástico y sobrenatural, como los Foo Fighters, el conocido como Experimento Filadelfia o los extraños sucesos acaecidos en el Triángulo de las Bermudas.

El texto es de sencilla comprensión, de divulgación histórica pero sin exceso de erudición ni avalancha de citas, notas al pie o referencias bibliográficas. Es decir, servirá al lector para conocer los hechos, pero tampoco con excesiva profundidad, debido a la propia concepción de la obra, pero a buen seguro, le provocará la curiosidad para conocer más detalles de las historias que cuenta. En mi caso, algunas de las historias me eran más o menos conocidas, pero ello no me ha impedido disfrutar de la obra, y como siempre, el bueno de Jesús, me ha dado a conocer hechos, teorías y anécdotas interesantes y de los que hasta ahora no tenía conocimiento.  En resumen, considero que es una lectura muy interesante, que creo que gustará por igual, tanto a los aficionados a la II Guerra Mundial, como al lector neófito en el tema.

viernes, 20 de enero de 2012

Reseñas Libros: "El Día D. La Batalla de Normandía"

Antony Beevor lo ha vuelto a conseguir. Tras maravillarnos con sus anteriores e impresionantes trabajos, "Stalingrado" y "Berlín. La Caída: 1945", entre otros, el genial escritor británico se ha vuelto a sacar de la manga otra nueva obra maestra del género. "El Día D. La Batalla de Normandía" es una magistral y apasionante narración de una de las batallas más decisivas de la Segunda Guerra Mundial.

A diferencia de otros libros sobre el tema que había podido leer hasta ahora, como por ejemplo "El día más largo" de Cornelius Ryan o "El día D" de Stephen E. Ambrose, que se centraban básicamente en los prolegómenos, planificación y preparativos de la Operación Overlord, los lanzamientos de paracaidistas previos al desembarco - sobre lo que también había leído bastante, como "El Puente Pegasus" o "Hermanos de Sangre", también de Ambrose - y en la difícil lucha en Omaha, Utah, Sword y las demás playas normandas, hasta el establecimiento de las respectivas cabezas de playa, la obra de Beevor va mucho más allá y nos cuenta con todo lujo de detalles el penoso y costoso avance de los ejércitos aliados a lo largo del interior del norte de Francia hasta la liberación de París y la consiguiente retirada alemana del país galo.

Este aspecto es, quizás, el que más me ha gustado de este libro, porque como digo, lo otro lo tenía, digámoslo así, más trillado, y salvo alguna excepción desconocía todos los pormenores de la campaña de Normandía, un batalla que se me ha revelado apasionante y que en muchos momentos rivalizó en crueldad y número de bajas con las que se libraban en el Frente del Este. Se combatió con gran brutalidad y salvajismo, y se dieron abundantes casos de crímenes de guerra, como por ejemplo, la ejecución de prisioneros por ambos bandos, la profanación y mutilación de cadáveres enemigos, y las matanzas de civiles a cargo de tropas de las Waffen-SS.


La ferocidad de los brutales combates librados en la campaña de Normandía es incuestionable, ya que como afirma el autor, en tan sólo 3 meses de aquel verano de 1944, la Wehrmacht sufrió casi 240.000 bajas y perdió otros 200.000 soldados que fueron hechos prisioneros por los aliados, mientras que el XXI Grupo de Ejército de británicos, canadienses y polacos sufrió más de 83.000 bajas, por más de 125.000 de los americanos (por su parte, las fuerzas aéreas aliadas, pese a su incontestable y abrumadora superioridad perdieron 16.714 hombres entre muertos y desaparecidos).

Beevor, tras largos años de trabajo en archivos que sus predecesores no pudieron consultar (más de 30, al parecer, en media docena de países), ha escrito lo que se me antoja una obra total sobre la referida campaña, aportando gran cantidad de nuevas fuentes, voces y anécdotas que hacen de "El Día D. La Batalla de Normandía" una lectura totalmente imprescindible y recomendable, no sólo a los aficionados del género, sino también a cualquier lector con ganas de sumergirse en este pedazo de nuestra historia.


El autor inglés incide en aspectos que, hasta la fecha, quizás no habían sido explorados todo lo profundamente que hubiera sido deseable en otras obras sobre la Operación Overlord y la liberación de Francia (seguramente habrá otros libros, pero un servidor no los ha leído). Así por ejemplo, en la obra objeto de esta reseña, el historiador británico hace referencia a las constantes disensiones, disputas y desacuerdos entre los jefes militares aliados. En atención a lo que cuenta el escritor, el papel del general Einsenhower como Comandante Supremo del SHAEF se me antoja decisivo, sumamente difícil y creo que no suficientemente valorado. Saber manejar semejante colección de egos (Montgomery, Patton, De Gaulle, Churchill, Declerc...) y salir, no solo airoso del envite, sino obtener además una rotunda victoria, es un mérito realmente increíble y digno de todos los elogios.

En particular, Beevor carga las tintas sobre 'Monty', un personaje que, permitidme la expresión era tan molesto y exasperante como un dolor de huevos (llegando incluso a sacar de quicio a sus compatriotas de la RAF, por ejemplo). Pese a que es cierto que las tropas anglo-canadienses tuvieron que lidiar en su sector con la mayor parte de las divisiones acorazadas nazis, es innegable que sus avances y movimientos fueron demasiado cautelosos y ralentizados al mínimo, cometiendo Montgomery innumerables y fatales errores de cálculo así como decisiones equivocadas que costaron más bajas de lo que hubiera sido deseable, llegando incluso a ocultar datos a sus aliados norteamericanos y maquillar o tergiversar la información, negándose siempre a reconocer sus errores y mostrándose siempre como un genio militar infalible y superior al resto de sus compañeros de armas.


Por el contrario, la llegada del indomable general Patton para hacerse cargo del 3er Ejército estadounidense, se reveló decisiva - pese a las luces y sombras que siempre acompañaron al viejo general "sangre y agallas" - y el impetuoso e imparable avance de sus blindados por tierras franceses supuso un importantísimo punto de inflexión, provocando la ruptura del frente y la desbandada de las tropas alemanas, que fue decisiva para el desenlace de la campaña.

Igualmente, el escritor británico detalla el increíble sufrimiento del pueblo francés, que padeció lo indecible, a causa, sobre todo, de los masivos bombardeos de la aviación aliada. Según Beevor, un total de 19.890 civiles murieron en Francia durante la liberacion de Normandía y el número de heridos graves fue muchísimo mayor. A estas cifras hay que añadir los 15.000 muertos y 19.000 heridos de los primeros cinco meses de 1944, durante los bombardeos preparatorios de la Operacion Overlord. En definitiva, un total de 70.000 civiles franceses resultaron muertos por la accion de los aliados durante la guerra (una cifra sensiblemente superior a las muertes británicas a causa de los bombardeos alemanes, por ejemplo).

Junto a ello, cabe destacar otro aspecto, que a mi juicio tampoco se había expuesto con claridad, como es el gran número de bajas sufridas por los aliados debido a lo que se conoce como "fuego amigo": muchas tropas de la primera línea del frente - incluso un general norteamericano, McNair -, debido sobre todo a una falta de coordinación, una deficiente planificación o una información errónea, cayeron víctimas de los masivos bombardeos de la artillería y aviación aliada.


Los alemanes, pese a las constantes injerencias y desvaríos de Hitler y lo heterógeneo y disgregado de gran parte de sus tropas - muchas de ellas formadas por prisioneros de guerra (rusos, polacos, etc..), por voluntarios Osttruppen o por una amalgama de diversas unidades de todo tipo que habían sido diezmadas o prácticamente aniquiladas - lucharon con dureza, determinación y una gran disciplina (sobre todo las fanáticas tropas de las SS, como la odiada y temida 12ª SS Panzer Division Hitler Jugend), pero era prácticamente imposible resistir ante la abrumadora superioridad de la maquinaria de guerra aliada.

La artillería y la aviación aliada (cazabombarderos P-47 Thunderbolt y Typhoon, sobre todo, así como los bombarderos pesados) machacó sin piedad las posiciones alemanas y, sin que la Luftwaffe pudiera oponer una mínima resistencia ni apoyar a las tropas de tierra, ingentes cantidades de vehículos y blindados alemanes fueron destruidos antes siquiera de que pudieran llegar a la línea del frente. Por mucho que los carros de combate alemanes fueran infinitamente superiores a los británicos y norteamericanos y aunque multitud de ellos fueron destruidos o inutilizados por los potentes cañones antitanque de 88 mm de que estaban provistas las tropas del Führer, la enorme cantidad de repuestos y reemplazos de que disponían los aliados fue decisiva.

En definitiva, una obra imprescindible que os recomiendo encarecidamente.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Las Operaciones Aerotransportadas: Ventajas e Incovenientes

"Las operaciones aerotransportadas han sido llamadas a menudo "envolvimientos verticales", que es quizá la mejor forma de definirlas. La esencia de un envolvimiento es fijar al enemigo para poder destruirlo. Una fuerza insertada en la retaguardia del enemigo desbarata los suministros y las comunicaciones de éste y lo hace más vulnerable a un ataque frontal. Además, se produce un fuerte impacto psicológico. Una de las pocas certezas de un soldado es que todo lo que tiene por detrás es de los suyos. Esta certeza le permite distinguir entre a quién disparar y quiénes son sus refuerzos.

Esto cambia con las operaciones aerotransportadas. Ellas obligan al enemigo a retirar tropas de la línea principal, primero para defenderse contra posibles lanzamientos sobre posiciones clave y, segundo, para reducir las bolsas de paracaidistas en caso de que hayan podido saltar. En ciertas situaciones, es imposible defenderse contra las tropas aerotransportadas. A menos que se le adivinen las intenciones (o se tenga acceso a sus planes), el atacante puede colocar una fuerza grande en un lugar determinado que el defensor apenas haya podido proteger. Es entonces cuando interviene la fortuna: los paracaidistas pueden ser destruidos durante el salto, antes de que hayan podido formar posiciones defensivas".

Esta cita extraída del libro "What Good is Airborne" de Stephen B. Patrick, es la descripción mejor y más concisa de las operaciones aerotransportada que he encontrado nunca, y por eso, aprovechando que no hace mucho se hablaba por aquí de los paracaidistas alemanes (Fallschirmjager) me ha parecido interesante colgarla por aquí.

Señala de manera breve y concisa las ventajas de esta forma de ataque y apunta sus posibles inconvenientes. La sorpresa es la clave, unida a unos vientos y un tiempo apropiados, un objetivo que pueda ser sostenido hasta que lleguen refuerzos, una información precisa sobre las fuerzas enemigas que, situadas en las proximidades, puedan reunirse rápidamente para un contraataque eficaz, y, por supuesto, la importancia del factor suerte. Cuando se usan apropiadamente, las fuerzas aerotransportadas tienen un valor muy superior al de su número de efectivos.

jueves, 20 de octubre de 2011

Reseñas Libros: "100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial"

A nadie se le escapa que un período de la historia tan convulso como la Segunda Guerra Mundial esconde todavía hoy día, transcurridos más de 60 años de su finalización, muchos secretos. Millones de documentos de la época continúan todavía a la espera de ser desclasificados - y probablemente muchos de ellos nunca verán la luz -, aunque poco a poco se van desvelando historias impactantes y sorprendentes del conflicto bélico que se han mantenido ocultas durante décadas.

En esta interesante y amena obra, el español Jesús Hernández, continuando la senda marcada por anteriores (e igualmente destacables) trabajos como "Las 100 Mejores Anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" o "Hechos Insólitos de la Segunda Guerra Mundial", se hace eco de una serie de historias sobre la guerra que han salido a la luz recientemente a medida de la apertura de archivos que hasta ahora habían permanecido bajo el sello de "Alto Secreto" y vetado su acceso a los investigadores.

Gracias a este libro podemos conocer planes y proyectos secretos que nunca llegaron a ejecutarse como el secuestrar o asesinar a Hitler por parte de los británicos, el asesinato de científicos enemigos, el ataque de ciudades alemanes con bombas bacteriológicas o el abortado atentado contra los tres grandes jefes aliados (Churchill, Roosevelt y Stalin) durante la cumbre de Teherán en 1943. La existencia de dobles de personajes históricos como Montgomery (el de la izquierda de la foto) o Stalin, así como otros planes más curiosos o incluso disparatados como el uso de la astrología o la antropología como mecanismos para tratar de obtener ventajas o pequeñas victorias durante el conflicto.

Igualmente descubriremos accidentes y tragedias que se saldaron con centenares de muertos y cuyas causas y demás circunstancias fueron ocultadas durante años - como los hundimientos del Lancastria, el Patria o el Struma, la matanza de Oradur-Sur-Glane o las dramáticas y misteriosas explosiones en los puertos de Bari o Bombay -, así como el oscuro pasado colaboracionista con el régimen nazi de prestigiosas marcas comerciales como Hugo Boss, IBM o Deutsche Bank, pasando por el polémico papel del Vaticano durante la guerra. Al mismo tiempo, veremos el lado más humano del conflicto, a través de las distintas personas (Sanz Briz, Feng-Shan Ho) que salvaron miles de vidas de las fauces de la insaciable maquinaria exterminadora de la Alemania nazi.

Por último conoceremos la vida personal de gente como Roosevelt, Eisenhower o Patton, cuya imagen quedó salvaguardada durante años al encubrir sus relaciones extramatrimoniales o el misterio que encierran muertes de otros personajes como Mussolini o Himmler.

En definitiva, un libro entretenidísimo y totalmente recomendable.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Reseñas Libros: "El Holocausto Asiático"

"El Holocausto Asiático" ('Horror in the East') del británico Laurence Rees - escritor, productor y director creativo de la BBC en programas sobre historia y series documentales - es un interesantísimo y recomendable (a la par que breve y ameno) libro sobre las innumerables atrocidades cometidas por el Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Chino-Japonesa (1937-1945) y la Segunda Guerra Mundial en los escenarios de Asia (Birmania, Hong Kong, Singapur, Malasia, China...) y en las Islas del Pacífico.

Unos crímenes execrables que nada tienen que envidiar a los perpetrados en el Frente Oriental Europeo por la Alemania Nazi o el Ejército Rojo y que en muchas ocasiones incluso los superan con creces en número y en crueldad.

El terrible genocidio de Nanking en 1937 (más de 300.000 prisioneros y civiles asesinados) y las otras matanzas y violaciones en masa de civiles llevadas a cabo en China, los enterramientos vivos, las prácticas de bayoneta y espada realizados con campesinos y prisioneros vivos, los experimentos con armas bacteriológicas y biológicas, la realización vivisecciones y otras prácticas médicas y quirúrgicas con personas vivas, las mujeres obligadas a la fuerza a prostituirse en burdeles para las tropas, la brutalidad y maltrato sistemático contra los prisioneros de guerra (por ejemplo, en el campo de Sandakán (Malasia) sólo sobrevivieron 6 prisioneros de un total de 2.500, víctimas del hambre, la sed, las enfermedades, las extenuantes marchas por la selva y los trabajos forzosos), el canibalismo practicado sobre cadáveres de soldados australianos (o incluso prisioneros vivos) en Nueva Guinea, los suicidios colectivos o los ataques de los kamikazes, se dan cita en las páginas de la obra de Laurence Rees.

A través de una serie de testimonios de víctimas y, lo que es más interesante, de los propios verdugos, el autor no sólo da un somero repaso al amplio catálogo de brutalidades y tropelías cometidas por los nipones contra los combatientes enemigos, los prisioneros de guerra y la población civil, sino que además trata de encontrar respuestas e intentar explicarse estos terribles hechos. ¿Por qué si los japoneses habían tratado humanamente a sus prisioneros en la Primera Guerra Mundial, se comportaron tan cruelmente en la Segunda? Si el antiguo código del guerrero japonés y de los samurais le obligaba a impedir que fuera capturado, pero también a tratar con amabilidad a aquellos que se le rendían, ¿por qué en la Segunda Guerra Mundial todo eso cambió drásticamente? Este libro es, a la vez, una respuesta a esas (y otras cuestiones) - que obviamente no voy a desvelar, eso lo dejo para vosotros - y un alegato contra la brutalidad y el sinsentido de la guerra.