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martes, 2 de julio de 2013

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (38)


"El joven tiene la cabeza afeitada y los típicos pómulos mongoles. Está tumbado boca arriba. Sólo mueve sus labios. Le faltan los brazos y las piernas. Los muñones están cubiertos de una espesa capa de barro mezclado con sangre y materia orgánica en descomposición. Me agacho a su lado. "Budapest, Budapest...", susurra en los estertores de la muerte. Una sola idea ronda por mi cabeza: quizá esté teniendo una visión de Budapest como una ciudad de ricos despojos y mujeres hermosas. Luego, sorprendiéndome a mí mismo, saco mi pistola, la cargo, la aprieto contra la sien del moribundo y disparo".

Oficial húngaro, durante la Batalla de Budapest (oct. 1944 - feb. 1945)


Fuente:
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor

jueves, 13 de junio de 2013

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (37)


"Todas las carreteras estaban llenas de ancianos, mujeres y niños, grandes familias, avanzando lentamente hacia el oeste en carros, en automóviles o a pie. Nuestras tropas de tanques, de infantería, de artillería y de transmisiones los alcanzaron y despejaron el camino para poder pasar echando a la cuneta o a uno y otro lado del camino sus caballos, carretas y en general todas sus pertenencias. Luego miles de ellos obligaron a los ancianos y a los niños a echarse a un lado. Olvidando su honor y lo que era su deber y olvidándose también de las unidades alemanas en retirada, se abalanzaron sobre las mujeres y las niñas (...)

Las mujeres, las madres y sus hijas, están tumbadas a derecha e izquierda de la carretera, y delante de ellas hay una pandilla de hombres riendo con los pantalones bajados. A las que ya están cubiertas de sangre y han perdido el conocimiento se las llevan a rastras a un lado. A los niños que han intentado ayudarlas les han pegado un tiro. Se oyen risas, bramidos y burlas, gritos y gemidos. Y los mandos de los soldados - comandantes y tenientes coroneles - están ahí, de pie en medio de la carretera. Algunos ríen, pero otros dirigen las operaciones de modo que todos sus soldados sin excepción puedan tomar parte en ellas. 

No es un rito de iniciación, y no tiene nada que ver con la venganza contra los malditos ocupantes, es simplemente una diabólica manifestación de sexo en grupo. Pone de manifiesto una absoluta falta de control y la lógica brutal de una multitud enloquecida. Yo estaba aturdido en la cabina de nuestro camión de tonelada y media de capacidad, mientras mi chófer, Demidov, estaba en una de las colas. Pensé en la Cartago de Flaubert. El coronel, que se había limitado a dirigir las operaciones, no pudo resistir la tentación y se puso en una de las colas, mientras que el comandante mataba a tiros a los testigos, niños y ancianos que estaban histéricos."

Leonid Radichev, teniente radiotelegrafista del XXXI Ejército soviético, describe las atrocidades cometidas por el Ejército Rojo en Prusia Oriental (enero 1945)


Fuente:
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor

jueves, 30 de mayo de 2013

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (36)


"Psicológicamente me cuesta mucho trabajo soportar que, después de haber estado charlando amigablemente con un compañero, al cabo de media hora te lo encuentres convertido en poco más que un montón de trozos de carne, como si nunca hubiera existido, o que unos camaradas, que yacen malheridos ante tus ojos, en medio de un charco de su propia sangre, te imploren con ojos suplicantes que los ayudes, pues en la mayoría de los casos ya no pueden articular palabra, o el dolor les anula la capacidad de hablar. Es terrible...esta guerra es una guerra de nervios nefasta." 

Soldado alemán destacado en el Frente Oriental (junio 1944) en una carta dirigida a su familia


Fuentes:
"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor

jueves, 9 de mayo de 2013

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (35)


"Tengo tanta fe depositada en nuestro destino que nada puede quebrantar una confianza nacida de nuestra larga historia, de nuestro glorioso pasado, como dice el doctor Goebbels. Es imposible que las cosas salgan de otro modo. Tal vez hayamos alcanzado en este momento un punto muy bajo, pero contamos con hombres decididos. El país entero está listo para marchar con las armas al hombro. Tenemos armas secretas reservadas para el momento elegido y, sobre todo, tenemos a un Führer al que podemos seguir con los ojos cerrados"

Carta escrita por una mujer alemana a su esposo, recluido en un campo de concentración francés, en los compases finales de la 2ª Guerra Mundial en Europa


Fuente:
"Berlín. La caída: 1945" de Antony Beevor

miércoles, 20 de febrero de 2013

Citas Literarias (7)

"Cualquier soldado alemán que mostrara compasión por los sufrimientos de los prisioneros soviéticos era objeto de burla por parte de sus compañeros. La inmensa mayoría de ellos consideraba a los cientos de miles de prisioneros poco más que alimañas. Las lamentables condiciones de suciedad en las que se hallaban, como consecuencia del trato recibido, no hacían más que reforzar los prejuicios inspirados por la propaganda de los últimos ocho años. De ese modo, las víctimas eran deshumanizadas como si aquello fuera el cumplimiento de un profecía. Un soldado encargado de la vigilancia de una columna de prisioneros soviéticos escribía a su casa que estos comían "hierba como si fueran ganado". Y cuando pasaban por delante de un campo de patatas, "se tiran al suelo, cavan con las uñas y se las comen crudas". A pesar de que el elemento fundamental de la Operación Barbarroja según los encargados de su planificación habían sido las batallas de envolvimiento, las autoridades militares alemanas habían hecho deliberadamente muy poco para prepararse para la captura masiva de prisioneros. Cuantos más murieran por abandono, menos bocas habría que alimentar.

Un prisionero de guerra francés describía la llegada de un grupo de soldados soviéticos a un campo de la Wehrmacht en territorio del Gobierno General en los siguientes términos: "Los rusos llegaban en filas, de cinco en cinco, cogidos del brazo, pues ninguno podía caminar por sí solo; 'esqueletos ambulantes' es la única descripción que les habría cuadrado. El color de su rostro no era ni siquiera amarillo, sino verdoso. Casi todos llevaban los ojos semicerrados, como si no tuvieran fuerza para fijar la vista en nada. Caían por filas, cinco hombres a la vez. Los alemanes se precipitaban sobre ellos y los golpeaban con las culatas de sus fusiles y con látigos".

Posteriormente los oficiales alemanes intentaron atribuir el trato dispensado a los tres millones de prisioneros de guerra capturados en el mes de octubre a la falta de tropas para vigilarlos y a la escasez de medios de transporte para asegurar su alimentación. Sin embargo, miles de prisioneros del Ejército Rojo murieron durante las marchas forzadas simplemente porque la Wehrmacht no quiso que ni sus vehículos ni sus trenes se "infectaran" con la presencia de aquella masa de hombres "malolientes". No habían sido preparados campos de prisioneros de ningún tipo, de modo que decenas de millares de ellos fueron amontonados como ganado a la intemperie en recintos vallados con alambre de espino. Apenas se les daba de comer y de beber. Todo ello formaba parte del Plan Hambre diseñado por los nazis para exterminar a treinta millones de ciudadanos soviéticos y acabar así con el problema de "superpoblación" de los territorios ocupados. Los heridos eran dejados al cuidado de los doctores del Ejército Rojo, a quienes por lo demás se privaba de todo tipo de suministros médicos. Cuando los guardias alemanes arrojaban por encima de las alambradas cantidades totalmente insuficientes de pan, se divertían mirando cómo los hombres se peleaban por él. Solo en 1941 murieron de hambre, de enfermedad o de exposición a la intemperie más de dos millones de prisioneros soviéticos".

Antony Beevor - "La Segunda Guerra Mundial" (págs.295-297)

miércoles, 13 de febrero de 2013

La Evacuación de Tallinn

Durante los primeros meses de la Operación Barbarroja (la invasión de la URSS lanzada por los alemanes y sus aliados el 22 de junio de 1941), el Grupo de Ejércitos Norte de la Wehrmacht bajo el mando del Generalfeldmarschall Wilhelm Ritter von Leeb avanzó rápida e inexorablemente a través de las Repúblicas Bálticas ocupadas por los soviéticos (Lituania, Estonia y Letonia) en dirección a Leningrado (la actual San Petersburgo). El 8 de agosto de 1941, el  Panzergruppe 4 del Generaloberst Erich Hoepner penetró entre las defensas soviéticas en el sector de Luga alcanzando después Novgorod. Los restos de los 8º y 27º Ejércitos Soviéticos, quedaron de esa manera aislados al oeste del Lago Peipus y la única vía de escape fue replegarse hacia Tallinn, la capital de Estonia, donde quedaron cercados por los ejércitos alemanes.


Una gran parte de la Flota del Báltico "Bandera Roja" (Krasnoznamyonnyy Baltiyskiy Flot, KBF), más de 200 buques, quedó también encerrada en el puerto de la capital estonia. Inicialmente, Stalin se negó a permitir la evacuación por mar a Kronstadt, en el Golfo de Finlandia, de los defensores soviéticos, insistiendo en resistir a toda costa. El 17 de agosto la defensa de la bolsa de Tallinn fue confiada al Almirante Vladimir Tributs, el cual disponía de unos 20.000 hombres (4.000 soldados del Ejército de Tierra, 8.000 marineros de unidades de la flota y unos 8.000 milicianos) para formar el esquelético 10º Cuerpo de Ejército encargado de la defensa del perímetro de la ciudad.


Para cuando el dictador soviético quiso cambiar de opinión, ya era demasiado tarde para llevar a cabo una retirada ordenada. Intuyendo que los soviéticos tratarían de romper el cerco por mar, entre el 9 y el 23 de agosto, la Kriegsmarine y sus aliados de la Marina Finlandesa habían sembrado un gigantesco y tupido campo de minas en las aguas cercanas a la península de Juminda. Los dragaminas soviéticos comenzaron a intentar abrir un pasillo para sus convoys a través de los campos de minas, por lo que, a fin de evitarlo, los alemanes  destacaron en esa zona una batería de cañones de 150 mm y la armada finesa desplegó a su 2ª Flotilla de lanchas torpederas. Al mismo tiempo, la 3ª Flotilla de lanchas torpederas (S-Boots) alemana quedó concentrada a la altura de Helsinki y los bombarderos bimotores Junkers Ju-88 del Fliegergruppe 806 con base en Estonia fueron puestos en alerta.


Tributs decidió primero evacuar por mar a todos los heridos, así como a todos los habitantes que no pudieran participar en la defensa de la ciudad, también a algunas unidades de los 8º y 27º Ejércitos Soviéticos que se habían replegado hacia la capital estonia. El buque de transporte "Baltika" aunque dañado por una mina magnética logró evacuar 3.500 personas hasta Kronstadt, sin embargo el "Siberia" menos afortunado fue hundido por los bombarderos del Fliegergruppe 806. Sin embargo, antes de que el navío zozobrara, más de 3.000 pasajeros fueron transbordados a pequeñas embarcaciones que se acercaron para prestar socorro. La línea del frente se acercaba cada vez más hacia la ciudad, sobre la cual la artillería pesada alemana comenzó a disparar de manera inmisericorde.


El 19 de agosto los alemanes lanzaron su asalto final sobre Tallinn. A pesar de la dramática situación, el almirante Tributs consiguió mantener una apariencia de tranquilidad y orden entre las tropas que se habían replegado hacia la bolsa, pero la evacuación no podía esperar. El día 23 de agosto el crucero "Kirov" y el destructor "Leningrad" dispararon su artillería contra las tropas alemanas, las cuales respondieron disparando con piezas de gran calibre. Más de 600 obuses fueron disparados sobre los navíos rusos y el recinto portuario. El 25 de agosto, los destructores "Gordyi" y "Smetlivyi" procedieron a tender cortinas de humo para tratar de ocultar el embarque de tropas. Sin embargo, el hecho de que los soviéticos no contaran con protección aérea para cubrir la evacuación, unido al pesado fuego de la artillería y de los ataques de la Luftwaffe, provocó que al menos un millar de personas que pretendían embarcar resultaran muertas en el mismo puerto.


El día 26 de agosto más de 90 buques con entre 25.000 y 28.000 personas a bordo y miles de toneladas de armas y material militar e industrial ya estaban preparados para abandonar el puerto, con sus respectivos buques de escolta de la armada soviética.  Finalmente, la noche del 27 de agosto, mientras las tropas germanas entraban en Tallinn, tres grandes convoys llevando al grueso de las tropas evacuadas abandonaban el puerto estonio, mientras un cuarto lo hizo en embarcaciones menores. Muchos otros pequeños buques navegaron en solitario, agregándose en ocasiones a un convoy o a otro, por lo que hay cierta confusión en la composición de los mismos según las fuentes.


La improvisada flota encargada de llevar a cabo la evacuación estaba formada por más de 200 embarcaciones: unos 60 buques mercantes de distinto tamaño, que eran acompañados de una fuerza de la armada soviética formada por 20 transportes, un petrolero y numerosos barcos auxiliares. Como escolta estaban el crucero "Kirov" (en la fotografía bajo estas líneas), 9 destructores, 12 submarinos, 14 lanchas torpederas y otros barcos de guerra auxiliares. Entre ellos, había también unos 25 dragaminas, muchos de ellos obsoletos, que iban en vanguardia para tratar de abrir paso a través de los campos de minas.


Lo que ocurrió a continuación fue el mayor desastre naval ruso de la historia, peor incluso que la derrota sufrida contra los japoneses en Tsushima en el año 1905. El conocido como el "Dunkerque soviético" fue un desastre militar y humano de proporciones casi bíblicas. Fue una verdadera carnicería, una dantesca escena, con mercantes y barcos de guerra estallando a derecha e izquierda, aviones atacando desde arriba y minas, miles de minas acechando por doquier. Los barcos que componían la flota de evacuación tenían que salir por un estrecho canal hacia el cabo de Juminda. Dado que carecía de cobertura aérea, la enorme flota se hizo a la mar lentamente al abrigo de la oscuridad para evitar los ataques de la aviación germana.


Sin embargo, con las primeras luces del alba, los bombarderos Ju-88 de la Luftwaffe se cebaron con la flota hundiendo 5 barcos a lo largo de la mañana. Pero lo peor llegaría a partir de media tarde, cuando llegaron al área minada, insuficientemente despejada por los dragaminas. Hacia las 16:00 horas el vapor "Ella" fue el primero en tropezar con una mina y hundirse; inmediatamente después, la artillería costera alemana y finlandesa desataron una tormenta de fuego sobre la flota soviética, mientras la aviación nazi la atacaba sin descanso desde los cielos. Al final de la tarde se unieron a la fiesta las lanchas torpederas alemanes y finesas, que acabaron de desbaratar los esfuerzos por tratar de abrir paso a través de los campos de minas. Todo ello creo gran confusión, los dragaminas encargados de despejar el camino sufrieron daños a causa de minas a la deriva, así como los buques de guerra.  El gran transporte "Ivan Papanine" (3.374 tons.) se hundió con más de 3.000 personas a bordo. Hacia las 23.00 horas los soviéticos perdieron 3 destructores en el espacio de 15 minutos.


Finalmente, a medianoche, la flota ancló al norte de Vaindlo, en mitad del campo de minas. La Flota Roja del Báltico había perdido 5 destructores, 2 lanchas torpederas, 1 patrullera, 3 cazaminas, 3 submarinos, 2 lanchas cañoneras, 15 transportes de tropas y 2 barcos auxiliares. Además 2 destructores, 1 cazaminas, un líder de flotilla y otro transporte resultaron dañados. En la mañana del 29 de agosto, la flota continuó su camino, mientras los bombarderos alemanes la continuaban hostigando sin descanso.  Sin cobertura aérea, ni cañones antiaéreos (los buques de guerra no dieron protección a los mercantes ya que estaban ocupados por no encontrarse con minas a la deriva, y otros barcos rápidos como el crucero "Kirov" se alejaron de la zona) y posibilidad de maniobra limitada por los campos de minas, eran un blanco fácil. Los aviones alemanes aprovecharon para hundir otros 2 transportes militares y numerosos barcos civiles.


Finalmente, un total de 165 barcos, con más de 16.000 personas a bordo consiguió llegar, aunque algunos  dañados gravemente y muy maltrechos, a los puertos Konstradt y Leningrado durante la tarde del día 29 de agosto. Pero el coste había sido muy alto. Las minas, la artillería costera, las torpederas a motor alemanas y finesas y la Luftwaffe hundieron en total 65 barcos soviéticos, causando la muerte de unas 14.000 personas.

Fuentes:

"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor
http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?p=539468
http://ww2diario.blogspot.com.es/2011/08/la-evacuacion-de-tallinn-o-el-dunkerque.html
http://www.perogrullo.com/?p=1646
http://en.wikipedia.org/wiki/Soviet_evacuation_of_Tallinn

martes, 5 de febrero de 2013

Tarán: Los 'Kamikazes' Soviéticos

En las compases iniciales de la Operación Barbarroja, cuando los ejércitos alemanes y sus aliados avanzaban imparables hacia el corazón de Rusia, los mandos de la VVS (siglas de la Voyenno-Vozdushnye Sily, las Fuerzas Aéreas Soviéticas), se vieron obligados a adoptar medidas desesperadas para tratar de frenar a las escuadrillas de la Luftwaffe que, al amparo de su abrumadora superioridad,  bombardeaban objetivos vitales en Moscú y otras ciudades.


De este modo se emitieron órdenes escritas para que los pilotos soviéticos, en caso de haber agotado sus municiones, el combustible o si el aparato sufría cualquier avería o problema,  embistiesen a los aviones atacantes para tratar de derribarlos. Como puede imaginarse, estas directivas suponían, en la mayoría de los casos, una sentencia de muerte para los pilotos soviéticos. Cientos de ellos perdieron la vida cuando estrellaron sus aviones contra los bombarderos alemanes. Estas maniobras cuasi-suicidas fueron las llamadas tácticas Tarán (“ariete” en ruso). Podéis ver las modalidades y forma de ejecutar dichas maniobras aquí.


Los primeros ataques Tarán tuvieron lugar en el primer día de la invasión alemana, ya que, según las cifras oficiales soviéticas, al menos 6 pilotos embistieron a aviones enemigos después de agotar sus municiones, estrellándose contra sus alas y fuselaje. La primera embestida de la guerra fue anunciada de forma concisa por un programa de radio de la capital soviética: “A las 05:15 horas del 22 de junio de 1941, cerca de 200 millas dentro de territorio ruso, el teniente de vuelo Líder Juvenil Leonid Butelin se estrelló contra un bombardero alemán Junkers Ju-88, cortándole la cola con la hélice de su caza”.  Otros 9 bombarderos alemanes fueron abatidos en ataques similares en los meses de julio y agosto. Así por ejemplo, el 2 de julio un Heinkel He-111 que realizaba una misión de reconocimiento fotográfico, fue derribado por un Yakovlev Yak-1 pilotado por el teniente Sergei Goshko, al lograr golpearle en la cola con el ala de su caza. El bombardero alemán derribado transportaba mapas, códigos e información de inteligencia de gran valor. Por su hazaña, Goshko recibió la Estrella de Oro de Héroe de la Unión Soviética.


A partir de julio Moscú se convirtió en el objetivo principal de los ataques aéreos alemanes. La Luftwaffe contaba para ese propósito con una gran fuerza formada por millares de aviones - incluyendo bombarderos como los Heinkel He-111, Junkers Ju-88 y Dornier Do-215 -. El primer ataque masivo contra la capital soviética fue lanzado en la noche del 22 de julio de 1941, con la participación de 220 bombarderos. Aquella fue la primera de una larga serie de batallas aéreas libradas en los cielos de Moscú en los meses siguientes, ya que entre los meses de julio y diciembre los alemanes lanzaron aproximadamente 120 raids contra la capital rusa. La eficaz defensa antiaérea soviética logró detener la mayor parte de aquellos ataques. Pero fue precisamente en las batallas aéreas en torno a Moscú donde se realizaron la mayor parte de los ataques Tarán de la guerra.


La noche del 6 de agosto tuvo lugar uno de aquellos combates. Aunque los pilotos de las escuadrillas encargadas de la defensa de la capital soviética no tenían experiencia en combate nocturno, al sonido de las alarmas antiaéreas saltaron a las cabinas de sus cazas y comenzaron a despegar en la oscuridad con la orden de interceptar a los bombarderos enemigos. Uno de aquellos cazas era un Polikarpov I-16 pilotado por el teniente Viktor Talalikhin. Volando a 4.500 metros, el piloto soviético divisó un bombardero enemigo Heinkel He-111  abriendo fuego sobre él con las ametralladoras de su caza y alcanzándolo en uno de sus motores. El bombardero alemán, con el motor incendiado, inició una maniobra evasiva, descendiendo y cambiando de rumbo bruscamente, pero no logró deshacerse de Talalikhin, que siguió disparando hasta agotar la munición.


Aunque estaba desarmado, se negó a abandonar a su presa y continuó la persecución. Inesperadamente, una ametralladora del bombardero abrió fuego y alcanzó al piloto ruso en un brazo, pero éste aceleró al máximo y se estrelló contra el He-111, que se precipitó a tierra envuelto en llamas. Pero el caza soviético también comenzó a caer sin control, y Talalikhin tuvo que saltar en paracaídas, acabando en un lago poco profundo de donde fue rescatado por unos campesinos. Aquel fue el primer ataque Tarán nocturno de la guerra. Viktor Talalikhin fue condecorado con la Estrella de Oro de Héroe de la Unión Soviética, y su hazaña fue ampliamente difundida por la prensa y la propaganda soviética (en la imagen superior un sello conmemorativo de su hazaña). En los meses siguientes derribó otros 5 aviones alemanes. Murió el 27 de octubre de 1941, en un combate aéreo librado contra 3 cazas Messerschmitt Bf-109.


En octubre los alemanes realizaron más de 2.000 salidas contra la capital soviética, llegando a bombardear hasta el mismísimo Kremlin. Los ataques Tarán (en la fotografía de arriba un cartel propagandístico alusivo a tales ataques) continuaban sin descanso. Los soviéticos tenían que recurrir incluso a sus aviones más viejos, que no eran rivales para los modernos aparatos alemanes. El 7 de octubre un anticuado biplano Polikarpov R-5 pilotado por el teniente Ivan Denisov embistió frontalmente a un Henschel Hs-129. Ambos aviones se estrellaron, pero el aviador soviético logró sobrevivir saltando en paracaídas. A partir de 1942 la relación de fuerzas en los cielos rusos comenzó a cambiar, y las embestidas de los pilotos soviéticos se hicieron cada vez más esporádicas. El último ataque Tarán en la defensa de Moscú tuvo lugar el 2 de junio de 1943, cuando un MiG-3 pilotado por el teniente Gennady Sirishikov seccionó con su hélice la cola de un bombardero alemán Junkers Ju-88.


Pero la capital rusa no fue el único frente en el que los soviéticos recurrieron a las embestidas. En Murmansk, en el ártico ruso, el piloto Alexei Khlobystov reclamó el derribo de dos aviones alemanes (un Bf-109 y un Bf-110) en ataques Tarán el mismo día, el 8 de abril de 1942, y otro más (otro Bf-109) el 14 de mayo. Pero este último, en el que además perdió su avión, un Curtiss P-40 'Warhawk' de fabricación estadounidense (en la imagen sobre este párrafo en la que Khlobystov muestra su destrozado fuselaje tras realizar unos de esos ataques), es como mínimo dudoso, ya que ese día los alemanes no sufrieron ninguna pérdida en el sector en el que se encontraba el piloto soviético.


Oficialmente, las órdenes rusas de ataques en embestida cesaron en septiembre de 1944. Para entonces los pilotos soviéticos dominaban los cielos y pocos aviones de la Luftwaffe se aventuraban fuera del territorio aún ocupado por los alemanes. No obstante, se siguieron dando casos aislados prácticamente hasta el final de la guerra. Así, el 18 de marzo de 1945 Piotr Kozachenko (en la imagen superior), Héroe de la Unión Soviética con 12 derribos, fue alcanzado por un avión enemigo mientras escoltaba a unos bombarderos Petlyakov PE-2. El último mensaje que envió por radio fue: "Me han dado, voy a efectuar un Tarán". No se sabe si tuvo éxito.


Las órdenes soviéticas de embestir a los aviones enemigos no se hicieron públicas hasta tres décadas después del fin de la guerra. Sin embargo, no eran un secreto. Muchos de aquellos pilotos se convirtieron en héroes, recibieron las más altas condecoraciones, y en ocasiones fueron entrevistados por la prensa. Algunas de sus hazañas fueron conocidas incluso en Estados Unidos a través de la revista Life. Y por supuesto en Alemania. Las tripulaciones de la Luftwaffe que eran destinadas al frente oriental pronto comprobaban que los rumores que circulaban sobre las tácticas cuasi-suicidas soviéticas eran ciertas.


Se suponía que los ataques Tarán eran un recurso de última instancia para los pilotos rusos. En las primeras semanas y meses de la invasión la VVS no era rival para la todopoderosa aviación nazi. Generalmente los aviones alemanes eran tecnológicamente superiores y sus pilotos tenían la ventaja de contar ya con una importante experiencia en combate. Las directivas de guerra soviéticas especificaban cuándo tenían que recurrir sus pilotos a estas embestidas. Por ejemplo, una directiva dirigida a los pilotos del 6 º Cuerpo Aéreo, a cargo de la defensa de Moscú, explicaba: “Si las ametralladoras se encasquillan, si los cartuchos se gastan antes de tiempo, si el enemigo se dirige contra un objetivo de importancia para el Estado, se deberá atacar y destruir al enemigo con una embestida”. Según esta directiva, los pilotos no eran enviados a misiones suicidas: “Embestir al enemigo es un acto de supremo heroísmo y valentía, pero no es un acto de autosacrificio”. Y añadía: “El piloto debe saber cómo embestir”, una afirmación que era seguida por cuatro páginas en las que se explicaban las distintas técnicas de embestida.


En palabras del Mariscal Jefe de la Fuerza Aérea Soviética, Alexander Novikov (en la fotografía de aquí arriba) “cualquier técnica de combate aéreo exige valentía, coraje y habilidad por parte del piloto. Pero un ataque Taràn exige incalculablemente más a un piloto. El Tarán precisa, en primer lugar, de disposición para el sacrificio. Es una prueba de lealtad al pueblo, a los ideales de la Patria”. También defendía la importancia de las embestidas en un sentido puramente táctico. Como explicó después de la guerra: “El miedo de los pilotos enemigos a nuestras embestidas dio a los nuestros muchas ventajas, como mayores posibilidades de maniobra, y ayudó a impulsar su creciente superioridad en tácticas de combate aéreo”. El as soviético Alexander Pokryshkin (en la fotografía bajo este párrafo), que derribó oficialmente 59 aviones y terminó la guerra como mariscal del aire, también defendió las tácticas Tarán: “Un ataque de embestida es un arma para pilotos con nervios de acero. En la defensa de Moscú, este método fue justamente necesario. A distancias cortas, detrás de la cola de un bombardero enemigo, nuestro caza era invulnerable. Se metía en la zona muerta de fuego enemigo, se acercaba más y le seccionaba una parte de la cola o de un ala”. 


Los que sobrevivieron a los ataques Tarán al comienzo de la guerra pudieron enseñar más tarde a otros pilotos sus tácticas de embestida. Pero un número imposible de calcular no tuvo esa suerte. En los informes oficiales se explicaba que los pilotos sobrevivían si eran capaces de saltar en paracaídas o si se las arreglaban para aterrizar con sus cazas dañados, aunque no se mencionaba que en muchas ocasiones los aviones eran incontrolables después de la colisión con el aparato enemigo y en la mayoría de los casos estaban condenados. Según las cifras oficiales “únicamente” murió el 37% de los pilotos que efectuaron un ataque Tarán. Hubo incluso casos de pilotos que realizaron varias embestidas en el transcurso de un mismo combate aéreo y sobrevivieron para contarlo.

Fuentes:

http://nonsei2gm.blogspot.com.es/2012/12/taran.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Tar%C3%A1n
http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=3499
http://www.halconesrojos.com/articulos/taran/taran.htm

lunes, 10 de diciembre de 2012

Personajes (7): Zoya Kosmodemyanskaya

Zoya Kosmodemyanskaya fue una joven partisana rusa, cuya figura, historia y trágico destino representa a la perfección la heroica resistencia a ultranza del pueblo soviético frente a los invasores alemanes. No se qué parte de su historia será real y qué parte fruto de la poderosa propaganda soviética, pero lo innegable es que se convirtió en una de las heroínas más veneradas por el pueblo (incluso se llegó a proponer su canonización por la Iglesia Ortodoxa, con motivo del 85º aniversario de su nacimiento).


Nació el 13 de septiembre de 1923, en la pequeña aldea de Osino-Gay, cerca de la ciudad de Tambov, hija de padre, librero, y de madre, maestra de escuela. El apellido Kosmodemyansky era muy famoso en su región natal, ya que había estado estrechamente relacionado con la iglesia ortodoxa desde el siglo XVII (muchos miembros de la familia había sido sacerdotes). En 1929, la familia por miedo a ser perseguidos por el régimen bolchevique por su apellido y por su confesión religiosa, emigró a Siberia, si bien al año siguiente, por razones desconocidas se trasladó a Moscú. Es posible que el padre se sintiera más seguro en la capital soviética, o incluso, según afirman algunos, algún alto cargo del partido comunista con profundas raíces y creencias religiosas (en privado, por supuesto) diera protección a la familia.


Desde muy pequeña, Zoya, demostró ser una buena estudiante, mostrando su interés por la lectura, la música, los grandes pensadores, etc... que fueron forjando su carácter indómito e idealista. En 1938, con sólo 15 años se unió al Komsomol (las juventudes del Partido Comunista de la URSS). En octubre de 1941, cuando los alemanes avanzaban inexorablemente por tierras soviéticas (la invasión - "Operación Barbarroja" - comenzó en junio) y siendo todavía estudiante de instituto, contando con 18 años de edad, se ofreció voluntaria para formar parte de una unidad de partisanos, que participaban en misiones de sabotaje y reconocimiento tras las líneas enemigas. Su madre trató de disuadirla, pero al parecer Zoya le contestó: "¿Qué otra cosa puedo hacer cuando el enemigo está tan cerca? Si llegan hasta aquí, no podremos seguir viviendo en Moscú".


Ese mismo mes, cerca de la ciudad de Obhukovo, el grupo de Zoya logró cruzar el frente y se adentró en territorio ocupado por los alemanes, donde se dedicaron a minar las carreteras y cortar las líneas de comunicación.  El 27 de noviembre de 1941 recibieron la orden de dirigirse al pueblo de Petrischevo, donde estaba acuartelado un regimiento de caballería alemana, y quemar todas las casas y edificios posibles. La joven partisana prendió fuego a varias cuadras y a dos casas ocupadas por los alemanes, pero un colaboracionista ruso la delató – fue recompensado con una botella de vodka, según se dice – y fue capturada. La llevaron a una cabaña y durante 48 horas fue sometida a todo tipo de torturas y vejaciones para que delatase a sus camaradas. Ante la desesperación del oficial al mando, ya que no decía nada, la mañana del 29 de noviembre la sacaron de la casa y la pasearon con un cartel al cuello en el que se leía “Incendiaria de Hogares” (o "Pirómana", según otras fuentes) hasta el centro del pueblo donde le esperaba la horca. 


Los alemanes y el pueblo entero (obligado a presenciar la ejecución), rodeaban el cadalso pero cuando se iba a proceder a la ejecución, uno de los oficiales alemanes ordenó esperar hasta tener preparada su cámara fotográfica, momento que aprovechó Zoya para gritar: "Camaradas, ¿por qué estáis tan tristes? Yo no tengo miedo a morir, soy feliz de morir por mi pueblo [...] Me vais a colgar, pero no soy la única. Somos más de 200 millones, no podréis colgarnos a todos. Mis compañeros vengarán mi muerte. Alemanes, rendíos antes de que sea demasiado tarde. La victoria es nuestra.". Durante un mes, el cuerpo congelado de la joven estuvo colgado como advertencia de lo que pasaría a aquellos que osaran realizar actos similares de sabotaje contra las tropas nazis. Parece ser que unos soldados alemanes borrachos decidieron cortarle el pecho izquierdo y, entonces, los oficiales ordenaron enterrarla. En enero de 1942 el pueblo de Petrischevo fue liberado por el Ejército Rojo, y es entonces cuando se daría a conocer la historia de la joven partisana.


El periodista Pyotr Lidov tuvo conocimiento de la ejecución de Zoya Kosmodemyanskaya, cuando el pueblo en el que fue asesinada pasó de nuevo a manos soviéticas. Lidov visitó el lugar de la ejecución y pudo recabar los testimonios de los lugarenos ("cuando la iban a colgar comenzó su discurso. Aunque la fueran a matar no sintió miedo", le contó un anciano campesino). El 27 de enero de 1942 un artículo en el diario Pravda sobre la chica partisana. El artículo llegó a manos de Stalin, el cual, al leerlo, dijo: "Aquí hay una heroína del pueblo." Pronto comenzó una importante campaña de propaganda honrando a la partisana caída, y más adelante fue proclamada, en febrero, Heroína de la Unión Soviética. 


La historia de Zoya Kosmodemyanskaya se convirtió en leyenda, y sirvió de inspiración y ejemplo para muchos combatientes soviéticos. Escribe Antony Beevor en su imprescindible "Berlín. La Caída 1945": "muchos miembros del Komsomol seguían llevando consigo recortes de periódico con la fotografía de Zoya Kosmodemyanskaya, la joven guerrillera de la organización “torturada hasta la muerte por los alemanes”. No eran pocos los que escribían: “Por Zoya”, en sus tanques o aeronaves". Multitud de poetas, escritores, artistas y escultores la utilizaron como inspiración, e incluso llegaron a rodar una película sobre su vida, "Zoya" (1945). En 1968, un planetoide descubierto por astrónomos soviéticos llevaría su nombre. Su cuerpo fue recuperado y sería enterrado en el cementerio de Novodevichy, en Moscú, donde descansan los grandes Héroes de la Unión Soviética. 


Aquí acabaría la historia de la leyenda de la joven partisana, si no fuera por las controversias que azotaron su biografía en septiembre de 1991 (en pleno proceso de desintegración de la URSS). Un periodista, Aleksandr Zhovtis, afirmó que en la ciudad de Petrischevo no había tropas alemanas y que Zoya fue capturada por partisanos locales, descontentos con la destrucción de sus propiedades. Hubo una tremenda controversia que llegaría incluso a los tribunales, y muchos llegaron a cuestionar el valor de aquella joven. Se escribieron sendos artículos a favor y en contra de Zoya, e incluso llegaron a cuestionar la salud mental de la joven. 

Fuentes:
http://heroesdeguerra.blogspot.com.es/2012/05/kosmodemyanskaya-zoya-anatolyevna-la.html
http://historiasdelahistoria.com/2012/11/29/somos-mas-de-200-millones-no-podreis-colgarnos-a-todos/
http://en.wikipedia.org/wiki/Zoya_Kosmodemyanskaya

jueves, 29 de noviembre de 2012

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (30)


"Una vez, inspeccionando un avión ruso derribado por el fuego alemán, observamos que el aparato era muy simple; tenía lo estrictamente necesario para volar y carecía de la multitud de instrumentos que llenaban el tablero de los aviones alemanes. Preguntamos al aviador ruso: ¿Cómo es posible volar con estos medios tan arcaicos?. El piloto contestó: Nosotros calculamos que un avión ruso vuela, por término medio, siete veces antes de ser derribado...¿Para qué gastar tanto dinero por siete vuelos? ¿No es preferible construir el doble de aparatos primitivos que la mitad de aparatos perfectos?"
 
Oficial alemán del III SS-Panzerkorps


Fuente: "Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

lunes, 26 de noviembre de 2012

La Ascensión al Monte Elbrus

En el verano de 1942, el ejército alemán batallaba en el Frente Oriental con redoblados esfuerzos. Tras la derrota ante las puertas de Moscú en el invierno anterior, la Wehrmacht y sus aliados volvieron a golpear con dureza a las fuerzas del Ejército Rojo en un enorme frente que iba desde el mar Báltico hasta el Cáucaso.En este lugar, la cadena montañosa que da nombre a la raza caucásica, situada al sur de la antigua URSS, se libraron durísimos combates para asegurar los pasos de montaña que permitían a los germanos acceder a las rutas del mar Negro, en el marco de la llamada Operación Fall Blau. Desde ahí, y con la orografía bajo su control, dirigirse hacia los codiciados pozos petrolíferos de la zona no debía ser tarea ardua.


Este terreno fue uno de los más duros para combatir de toda la Segunda Guerra Mundial, con peligrosos combates en cotas superiores a 3.000 metros y desfiladeros con caídas al vacío de más de mil metros, todo ello en un macizo montañoso donde abunda el pórfido, un mineral de color rojizo que destaca por su dureza y resistencia, muy superior a la del granito. Tras los combates en este medio tan inhóspito, los cazadores de montaña alemanes lograron su propósito de asegurar desfiladeros como nombres tan exóticos como Klujor, Sancharo o Alustraju. Al final, consiguieron, tras arriesgadas escaramuzas entre peligrosos precipicios, conquistar el Paso de Bgalar, que conducía directamente a la costa del mar Negro, hacia Sujum.


El 21 de agosto de 1942, un equipo de 23 hombres de las 1.ª y 4.ª Divisiones de Montaña (Gebirgs-Division), conducido por los capitanes Heinz Groth y Max Gämmerler consiguieron alcanzar la cima del monte Elbrus, el pico más alto de Europa con 5.642 metros de altura sobre el nivel del mar. Sobre aquel paraje, los soldados germanos izaron la bandera de guerra del Tercer Reich y las respectivas banderas divisionales, tomando fotografías de la hazaña.Sin embargo, aquella acción distaba mucho de tener valor militar y fue una iniciativa de los propios soldados de montaña alemanes. Los combates por los pasos de montaña se libraban 2.000 metros más abajo, y el coronar la cima respondía más bien al espíritu aventurero de aquellos alpinistas.


Cuando la noticia llegó a Berlín, todo el mundo se felicitó por la conquista de los puntos estratégicos en el Cáucaso, sin embargo, Hitler montó en cólera cuando se enteró que sus cazadores de montaña se dedicaban al alpinismo en vez de a combatir contra las tropas de la Unión Soviética.No obstante, el Führer se vería obligado a cambiar de opinión a la luz de los acontecimientos posteriores. Joseph Goebbels, el astuto y siniestro Ministro de Propaganda nazi, supo ver de inmediato el valor propagandístico que podían tener las imágenes de la bandera del Tercer Reich ondeando triunfante en la cumbre del citado monte. Así pues, las fotografías de los sufridos cazadores de montaña en la cima del Elbrus fueron ampliamente difundidas por todos los periódicos y revistas del país como símbolo del entonces imparable avance de la Wehrmacht.

Hitler, encolerizado al principio con la acción de sus tropas alpinas, tuvo que cambiar de opinión al ver el entusiasmo y orgullo que, imágenes como ésta - o las que llegaban desde las arenas del desierto norteafricano con el Afrika Korps en ruta hacia El Cairo - provocaban en el pueblo alemán, que veía a sus soldados como imparables máquinas de conquistar que extendían el dominio del Tercer Reich por escenarios que hasta entonces sólo conocían por los libros y las películas de aventuras. Sin embargo, ese verano de 1942 sería el último en el que los alemanes podrían soñar con esta hazañas y con el final victorioso de la guerra; entres los meses de octubre y noviembre de 1942, las tropas de Montgomery derrotaban a las de Rommel en la batalla de El Alamein, comenzando el principio del fin del Afrika Korps. Meses después se decidió el destino de la guerra en una ciudad rusa a orillas del Volga: Stalingrado.


Fuentes:
"Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

viernes, 23 de noviembre de 2012

Citas Literarias (6)

"Stalingrado vive y vivirá. Imposible quebrantar la voluntad del pueblo que quiere ser libre. Destacamentos de obreros limpian las calles, las chimeneas de las fábricas humean y el cielo está cubierto de las redondas nubecillas de las explosiones de los proyectiles antiaéreos. La gente se ha acostumbrado enseguida a la guerra. Sobre las barcazas que efectúan el transporte de tropas vuelan sin cesar los cazas y bombarderos enemigos. Tabletean las ametralladoras, el fuego de los antiaéreos es incesante, y los marineros, contemplando el cielo, comen jugosas tajadas de sandía. Los muchachos, con las piernas colgando de la borda de las barcazas, observan con mirada atenta los corchos de sus cañas de pescar; una mujer ya entrada en años hace calceta sentada en un banquillo. Cada día marchan al frente nuevos destacamentos de obreros. Stalingrado ha formado las filas de las fortalezas proletarias del país: Tula, Leningrado, Moscú. Estas fortalezas son inexpugnables. Entramos en una casa medio destruida. Sus habitantes están comiendo en mesas hechas de tablas y cajones, los niños soplan en los platos de sopa caliente. Uno de los camaradas militares levanta del suelo un libro medio quemado: "Humillados y ofendidos", lee en alta voz, mira a las mujeres sentadas sobre unos fardos a su alrededor y suspira. Una joven, comprendiendo el hilo de sus pensamientos, se le acerca y dice enfadada: "Eso no tiene nada que ver con nosotros. ¡Hemos sido ofendidos, pero no humillados! ¡Nosotros nunca seremos humillados!".

Vasili Grossman - "Años de Guerra" (1942: "Stalingrado"), pág. 253

miércoles, 3 de octubre de 2012

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (25)


"11 de septiembre: nuestro batallón combate en las afueras de Stalingrado. El fuego no cesa. Mires donde mires hay fuego y llamas. El cañón y las ametralladoras rusas disparan desde la ciudad en llamas: ¡qué fanáticos! 16 de septiembre: nuestro batallón y los tanques atacan el elevador de grano. El batallón sufre muchas bajas. El elevador está ocupado, no por hombres, sino por diablos que ni las balas ni las llamas pueden destruir. 18 de septiembre: prosigue el combate dentro del elevador. Si todos los edificios de Stalingrado son defendidos así, ninguno de nuestros soldados regresará a Alemania. 22 de septiembre: hemos vencido la resistencia rusa en el elevador. Nuestras tropas avanzan hacia el Volga. En el elevador sólo encontramos unos 40 rusos muertos. 26 de octubre: quién hubiera creído, hace 3 meses, que en lugar de la alegría de la victoria tendríamos que soportar semejantes sacrificios y torturas, cuyo final no está a la vista. Los soldados dicen que Stalingrado es la fosa común del ejército alemán".

Apuntes del diario personal de un soldado del 6º Ejército Alemán en Stalingrado


Fuente: "Un Mundo en Guerra: Historia Oral de la Segunda Guerra Mundial" de Richard Holmes

jueves, 27 de septiembre de 2012

Voluntarios Cosacos en la Wehrmacht

Los cosacos son un pueblo nómada que se estableció de forma permanente en las estepas del sur de lo que es actualmente Rusia y Ucrania aproximadamente en el siglo X. Desde siempre destacaron por su ardor guerrero, su destreza militar y la confianza que tenían en sí mismos. El nombre deriva posiblemente de la palabra turca quzzaq ("aventurero", "hombre libre"). El grupo principal y más numeroso es el de los cosacos ucranianos y los cosacos rusos de los ríos Don, Kubán, Terek y Ural, respectivamente. Algo menos conocidos son los cosacos polacos y los cosacos tártaros.


Las comunidades cosacas o "huestes", que históricamente habían proporcionado leal caballería ligera a los ejércitos de los Zares rusos (y que mayoritariamente apoyaron al Ejército Blanco durante la Guerra Civil Rusa), habían sido brutalmente reprimidas por el régimen de Stalin, que no sólo llevó a cabo persecuciones, deportaciones en masa y ejecuciones, sino que incluso prohibió la tradición y cultura cosaca. Por eso, muchos cosacos dieron la bienvenida a los invasores alemanes como libertadores, viendo la oportunidad de culminar sus ansias nacionalistas e independentistas. No obstante, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el dictador soviético  no tuvo escrúpulos en reactivar a unidades cosacas bajo estricta vigilancia de la NKVD, cuando se dio cuenta que en tiempos de guerra necesitaba tropas expertas y preparadas como las cosacas. Se dio así la situación extraña y fraticida de que hubo cosacos combatiendo en ambos lados del conflicto, como integrantes de las tropas alemanas y del Ejército Rojo de la URSS.


Desde el principio de la campaña de Rusia, las unidades alemanas comenzaron a reclutar voluntarios cosacos en pequeños escuadrones independientes agregados como auxiliares, pero más pronto en números significativos, que fueron creciendo a medida que la guerra progresaba (regimientos, brigadas y finalmente divisiones). Las unidades de caballería que operaban contra los partisanos agregaron pronto una sotnia (escuadrón) de cosacos a sus efectivos. Su potencial se puso en evidencia ya en agosto de 1941, cuando una unidad completa de cosacos del Ejército Rojo, bajo el mando del comandante Ivan Kononov, se pasó a la Wehrmacht en Bielorrusia. Fue designada primero Kosaken Abteilung 102, después Ost Kosacken Abt 600 y finalmente, 5º Regimiento Cosaco del Don.


Inicialmente suspicaz y reticente, Hitler autorizó el reclutamiento de voluntarios cosacos en abril de 1942. Los grupos más importantes que se crearon ese año fueron los Regimientos "Lehman" y "Von Jungschulz" del Grupo de Ejércitos Sur, y los Regimientos "Platov" y "Von Wolff" del Grupo de Ejércitos Centro. Un ejemplo de una unidad reducida y más oscura lo proporcionó el XL Grupo Panzer. En el verano de 1942, este cuerpo se vió desbordado por el número de prisioneros soviéticos capturados que requerían un número importante de vigilantes armados para enviarlos a retaguardia, privándose, de ese modo, de un recurso, soldados alemanes, de los que no podía prescindir. Alguien sugirió que podrían suministrarse caballos a los prisioneros cosacos y ponerlos como guardianes de la columna de prisioneros. Un tal capitán Zagorodniy fue puesto al mando y él su grupo regresaron en otoño, pidiendo que se les asignara otra misión. Que los cosacos hubiesen regresado fue toda una  sorpresa pero, no obstante, recibieron instrucción formal y se les designó como Escuadrón Cosaco 1/82, prestando servicios en la Wehrmacht hasta que fueron aniquilados en ¡Saint-Lô, Normandía, en 1944!


En septiembre de 1942, el Oberstleutnant Helmuth von Pannwitz (en la imagen superior), un oficial alemán de caballería que había mandado una unidad de cosacos con cierto éxito, agregado a la caballería rumana y que mantenía una buena relación con el atamán (líder) de la hueste Terek, promovió la idea de formar una división completa de cosacos. El proyecto recibió la aprobación y se le nombró Comandante de Unidades Cosacas (con eventual ascenso a teniente general), organizando la evacuación de muchas familias de cosacos que huían del avance del Ejército Rojo, y establecer un stan o asentamiento permanente de cosacos, primero en Polonia y, más tarde, al norte de Italia.


La 1ª División Cosaca fue creada de forma oficial el 4 de agosto de 1943 bajo el mando de Von Pannwitz, incorporándose a ella los Regimientos "Platov", "Von Jungschultz", "Lehman", "Kononov" y "Von Wolff". Pronto se les agregaron muchas unidades menores, aunque algunas siguieron siendo independientes proporcionando servicios de reconocimiento, seguridad y escolta a las unidades alemanas que las habían reclutado. La división se instruyó en Mlawa, Polonia, organizada en 2 brigadas:

1ª Brigada Cosaca: 1er Regimiento Don, 4º Kuban, 2º Siberiano; Batallón de Artillería de Montaña Caúcaso.
2º Brigada Cosaca: 3er Regimiento Kuban, 5º Don, 6º Terek;  Batallón de Artillería de Montaña Caúcaso. 


Cada regimiento a caballo tenía 6 escuadrones, divididos en Gruppen de 12 hombres. Cada brigada tenía también un escuadrón pesado con 4 morteros de 81 mm y 4 ametralladoras. La división dispuso de un escuadrón contracarro con 5 cañones de 5,0 cm. Se le entregaron armas y uniformes alemanes así como material soviético capturado. Mlawa era una gran instalación del anterior Ejército Polaco que proporcionó acomodo para los 10.000 o 15.000 hombres y caballos que pasaron por ella. Se crearon unidades de apoyo divisional; un Regimiento de Reemplazo y Adiestramiento de Voluntarios con cuartel general en Mochovo dirigió una escuela para muchachos cosacos y un curso de entrenamiento para oficiales; incluso editaron un periódico. La división era rusa, y utilizaba esa lengua, aunque los técnicos como los herradores y veterinarios eran en su mayoría alemanes. Cada regimiento de 2.000 hombres tenía 160 cuadros de oficiales y técnicos alemanes.


En septiembre de 1943, de acuerdo con la nueva política de despliegue de las Osttruppen, la división fue transferida a Croacia para luchar contra los guerrilleros partisanos de Josip Broz "Tito". Ahora sería la policía alemana la que empleara a las Osttruppen en frentes muy alejados de sus patrias. La alta moral de la división y el hecho de que por lo menos los partisanos eran comunistas ayudaban a compensar la decepción sentida por los cosacos al no tener la oportunidad de combatir contra los soviéticos. A finales de 1943 las dos brigadas de la división fueron segregadas y reforzadas para convertirlas en las 1ª y 2ª Divisiones Cosacas, que junto a tropas adicionales, formaron el XIV Cuerpo de Ejército Cosaco. Los cosacos lucharon duramente y por mucho tiempo contra los partisanos, obteniendo más exitos que los alemanes en este tipo de guerra. Sus caballos les daban flexibilidad táctica en el abrupto terreno de las montañas balcánicas. Cuando el Ejército Rojo avanzó por Yugoslavia con su nuevo aliado, el Ejército Búlgaro, los cosacos consiguieron finalmente su oportunidad para combatir contra los soldados regulares soviéticos.


A finales de 1944, el cuerpo fue redesignado XV Cuerpo de Caballería Cosaca SS, pero su reasignación del control del Ejército al de las Waffen-SS fue sólo administrativa y sobre el papel, conservando la unidad sus viejos títulos y uniformes. El cuerpo - la formación más grande dentro de las Osttruppen - continuó creciendo. Una brigada sin numeración de plastum o infantería cosaca, de dos regimientos, fue creada alrededor del núcleo del antiguo 5º Regimiento de Cosacos del Don, y, con la adición de varias unidades más pequeñas formó una nueva 3ª División de Cosacos. Un poco antes del fin de la guerra, una unidad de infantería cosaca que había servido en el Muro del Atlántico, el 630º Regimiento de Infantería, fue incorporada también a la 3ª División. Sin embargo, es importante mencionar que otras unidades de cosacos continuaron dispersas por todo el ejército alemán.


Von Pannwitz estimulaba mucho el uso de las prendas tradicionales cosacas entre sus voluntarios: ésa fue una muestra típica de afinidad y comprensión que lo hizo muy popular entre ellos, y como resultado fue elegido Feldataman, el empleo más alto en la jerarquía cosaca, que tradicionalmente estaba reservado en exclusiva para el Zar. En su uniformidad se incluían dos tipos de gorro de piel y lana de oveja: el papaja de tradición zarista, de color negro con la corona en rojo para los cosacos del Don, y en blanco con la corona en amarillo para los cosacos de Siberia; y la más corta kubanka, introducida por los soviéticos en 1936, en negro con la corona en rojo y azul claro respectivamente para los cosacos del Kuban y del Terek. Todos tenían una cruz de trencilla en la corona. También fueron usadas otras prendas de cabeza de origen soviético y alemán. También se usó la burka, la pesada y rígida capa de montar de hombreras cuadradas, confeccionada con pelo negro de cabra o camello, la baschlyk (capucha con dos largas bufandas sujeta al cuello con un cordón), la tcherkesska (abrigo largo, hasta los tobillos, decorado con gaziri (cartuchos falsos) en el pecho) y las shaskas (sables tradicionales cosacos).


La suerte de los cosacos que combatían en las fuerzas alemanes iba a ser sombría. Los restos del XV Cuerpo de Caballería Cosaca se rindieron al Ejército Británico el 9 de mayo de 1945, cerca de Lienz (Austria). Pero los aliados habían acordado el traspaso de ciudadanos soviéticos capturados con uniforme alemán a la URSS, y los miles de prisioneros de guerra británicos liberados por el Ejército Rojo de los campos alemanes eran una importante baza de negociación. Los británicos entregaron a los cosacos a los vengativos soviéticos: la mayoría fue sentenciada a trabajos forzados en los gulags siberianos (donde miles morirían a causa del frío, el hambre y las enfermedades), y sus líderes fueron ejecutados, incluyendo al general Von Pannwitz, que eligió compartir la suerte de sus hombres y fue ejecutado en Moscú el 16 de enero 1947, tras ser condenado a muerte por un tribunal soviético por cometer crímenes de guerra en Yugoslavia.

 Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "La Legión Valona y otras unidades alemanas de voluntarios" de Carlos Caballero Jurado
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "La Caballería Alemana" de Jeffrey T. Fowler