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miércoles, 31 de julio de 2013

Roosevelt y el Cadillac blindado de Capone

Horas después de producirse el ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor (Hawaii) el Servicio Secreto de EE.UU se encontró con un inesperado problema. Al día siguiente el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt debía a acudir al Capitolio para hablar ante el Congreso (en lo que sería el famoso discurso del "día de la infamia"), y, aunque el viaje desde la Casa Blanca era corto, las medidas de seguridad tenían que adaptarse a la nueva situación de estado de guerra. 


La limusina presidencial no era a prueba de balas, y el Servicio Secreto contaba con unas pocas horas para conseguir un vehículo blindado que la sustituyese. Además, según las normas vigentes en aquel momento, el límite de gasto para cualquier vehículo oficial era de 750 dólares. Por ello, el nuevo coche tenía que estar acondicionado para servir al presidente en sus desplazamientos, contar con un buen blindaje, estar disponible de forma inmediata y ser barato. 


Entonces alguien cayó en la cuenta de que el gobierno federal ya tenía en su poder un coche que se ajustaba a todas esas características: Entre los bienes incautados por el Departamento del Tesoro al famoso gánster Al Capone (en la imagen superior), que había sido arrestado en 1931 y condenado por evasión de impuestos, se encontraba su automóvil, un Cadillac V8 Town Sedan de 1928. Estaba pintado de verde y negro, los colores utilizados en los vehículos de la policía de Chicago, contaba con transmisor de radio, y lo más importante: tenía un blindaje de más de 1000 kgs de planchas de acero y cristales a prueba de balas de una pulgada de grosor. 



El Cadillac (en las fotografías sobre este párrafo) había estado parado durante años en un estacionamiento del Departamento del Tesoro, y los agentes del Servicio Secreto tuvieron que trabajar aquella noche para dejarlo a punto, limpiándolo y revisando todos los detalles. Al mediodía del 8 de diciembre de 1941 todo funcionó a la perfección en el traslado de Roosevelt al Capitolio. Se dice que cuando se enteró del origen de su nuevo coche, el presidente bromeó: "Espero que al señor Capone no le importe".

Fuente:

martes, 11 de junio de 2013

Roosevelt y el Mapa de la Sudamérica Nazi

A mediados de 1941, el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt era un firme partidario de entrar en la Segunda Guerra Mundial. Su aliado natural, Gran Bretaña - con quién había firmado la Ley de Préstamo y Arriendo en marzo de 1941 para el suministro de grandes cantidades de material bélico -, resistía a duras penas los embates de las fuerzas del Eje, mientras que su aliado circunstancial, la URSS, parecía estar al borde del colapso en los primeros compases de la Operación Barbarroja, con las tropas de la Wehrmacht y sus aliados, avanzando rápida e inexorablemente por el interior del territorio soviético. Mientras tanto, en el Pacífico, las ansias imperialistas y expansionistas de Japón amenazaban seriamente la esfera de influencia estadounidense.


Roosevelt se encontraba con la dificultad de vencer las reticencias de sus compatriotas a entrar en la contienda. Aún estaba fresco el recuerdo de la intervención estadounidense en la Gran Guerra, y estaba muy presente que aquella acción no había servido para sellar una paz definitiva en el viejo continente. Así pues, los norteamericanos, por regla general, preferían mantener una posición aislacionista. Pero el presidente estaba decidido a que los EE.UU. entrarán en la guerra. Con el fin de ir preparando a la opinión pública, el 27 de octubre de 1941, con motivo del "Día de la Armada",  pronunció un discurso en que se pudieron escuchar estas palabras: "Hitler ha dicho en muchas ocasiones que sus planes de conquista no se extienden a través del océano Atlántico. Pero yo tengo en mi poder un mapa secreto, hecho en Alemania, por su gobierno, que muestra sus planes para un nuevo orden mundial. Es un mapa de Sudamérica y parte de América Central y de como Hitler pretende reorganizarlas. El mapa, amigos míos, deja claro no solo el destino que los nazis desean para Sudamérica, sino también para los EE.UU."


El mapa en cuestión era el que podéis ver sobre estas líneas. En él se podía observar como los alemanes habían diseñado las nuevas fronteras que tendría America del Sur una vez que hubiera caído en sus manos. Ese mapa, ampliamente difundido por la prensa, mostraba el siguiente título: "Luftverkehrsnetz der Vereinigten Staaten Süd-Amerikas-Hauptlinien", es decir, "Rutas Aéreas en los Estados Unidos de América del Sur - Líneas Principales". En él puede verse como Sudamérica está dividida en sólo 5 países: Argentinien, Brasilien, Chile, Guyana y Neuspanien. El resto de países quedaba repartido entre ellos. Guyana englobaría las 3 guyanas - francesa, británica y holandesa - y estaría tutelada por el gobierno colaboracionista de Vichy. Nueva España estaría integrada por Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá (por tanto, el canal de Panamá, bajo la soberanía de EE.UU. pasaría a encontrarse bajo dominio alemán). Chile,  por su parte, se anexionaría Perú y una parte de Bolivia. Un detalle curioso es que Chile quedaba cortado a la altura del puerto de Antofagasta para permitir una salida al océano Pacífico a Argentina, que por su parte, vería ampliado su territorio con Uruguay, Paraguay y las británicas Islas Malvinas. Finalmente, Brasil se anexionaba la parte de Bolivia que no había quedado bajo dominio chileno.


Obviamente, este plan suponía una clara amenaza para los intereses norteamericanos, e incluso el nombre elegido por los alemanes - Estados Unidos de América del Sur - suponía en cierto modo una provocación. La existencia de ese mapa, supuestamente arrebatado a un espía alemán en Buenos Aires tras sufrir un accidente de tráfico, demostraba que Hitler albergaba planes de expansión en el continente americano. Según Roosevelt, esos nuevos países - a excepción de Guyana -, no serían más que estados satélites de la Alemania nazi, gobernados por un Gauleiter, tal y como sucedía en Europa, con Polonia o Checoslovaquia.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, en 1985, dos investigadores, John F. Bratzel y Leslie B. Rout, descubrieron que el célebre mapa no era más que una falsificación confeccionada por los servicios secretos británicos con la intención de arrastrar a los Estados Unidos a la guerra en un momento en que el Reino Unido necesitaba desesperadamente su apoyo, así como para provocar una disminución del apoyo al Tercer Reich en algunos países sudamericanos y un incremento de la colaboración con el poderoso vecino del norte, el único que podía garantizar que los nazis se mantuvieran alejados. 

Fuentes: 
"100 Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial" de Jesús Hernández

viernes, 24 de febrero de 2012

El Frente Civil en EEUU

La participación directa de EEUU en la Segunda Guerra Mundial, además de globalizar el conflicto a escala mundial y de ser determinante para decantar definitivamente la victoria hacia el bando aliado, tuvo efectos económicos, políticos y sociales de gran alcance en el seno del país norteamericano, a pesar de que nunca viera invadido su territorio (el continental se entiende, pues diversos territorios insulares como Wake o las Aleutianas si fueron ocupados en su momento por los japoneses).


Desde el punto de vista político, el presidente Franklin D. Roosevelt y sus consejeros obtuvieron más poder que nunca para gobernar el país (a lo que contribuyó el hecho de que el Tribunal Supremo rechazara la vista de casos que pusieran en duda su autoridad y la de su gobierno). Durante la guerra, el número de funcionarios federales aumentó de un millón en 1940 a casi 4 millones, muchos de ellos leales al presidente y al Partido Demócrata. Por ello, este partido siguió siendo mayoritario, lo que permitió a Roosevelt ser reelegido en 1940 y 1944. Sin embargo, los republicanos lograron reducir el control demócrata en el Congreso y unirse a los demócratas conservadores para desmantelar los programas sociales del "New Deal". El gasto militar provocó la reducción radical de los fondos destinados a programas de ayuda a los necesitados y los que sufrían discriminación laboral, afectando su desaparición, principalmente, a la población afroamericana, mujeres y ancianos. También hubo cambios en la burocracia federal: los empresarios, a los que disgustaban los programas de bienestar social del "New Deal", se las arreglaron para sustituir al grupo de expertos en asuntos sociales y económicos.


A nivel económico, la movilización influyó en muchos aspectos de la economía estadounidense y puso fin a la Gran Depresión. El Gobierno empezó a desempeñar un mayor papel en la economía, inyectándola con pedidos de material bélico. De este modo, las empresas que tenían contratos con el Gobierno emplearon a más gente, establecieron más horas de trabajo e incrementaron la capacidad de producción. En 1940 había 8 millones de desempleados, pero hacia 1943 el desempleo prácticamente había desaparecido y en algunas industrias escaseaba incluso la mano de obra. La jornada semanal media en las fábricas de bienes de consumo no perecederos pasó de 38 horas en 1939 a 47 horas en 1943. Ello dio como resultado unas cifras de producción realmente apabullantes. Así por ejemplo, en 1940 las acerías operaban al 82% de su capacidad y producían 67 millones de toneladas, mientras que en 1944, lo hacían al 100% con una producción de 89 millones de toneladas. De 1940 a 1945 se fabricaron 80.000 buques (muchos de ellos en tiempo récord, como por ejemplo el SS Robert E. Peary  - en la imagen superior -, uno de los cargueros denominados Liberty Ships, que fue terminado en 4 días, 15 horas y 29 minutos) o lanchas de desembarco, 100.000 tanques y carros blindados, 300.000 aviones, 15 millones de armas y 41.000 millones de cargas de munición. La tasa del producto nacional bruto creció a un ritmo sin precedentes, pasándose de 91.000 millones en 1939 a 214.000 millones de dólares en 1945, es decir, un 235% más. La renta nacional se dobló, y el gasto y el ahorro de los consumidores aumentaron significativamente.


La gran demanda de alimentos en tiempos de guerra conllevó también una nueva prosperidad para los granjeros norteamericanos. El Gobierno mantuvo los precios altos, les ofrecía créditos a bajo interés y les ayudaba a introducir tecnologías modernas para aumentar las cosechas. La producción a altos precios incrementó los ingresos netos de 5.300 millones de dólares en 1939 a 13.600 millones en 1944. En contraposición, como el Gobierno proporcionaba ayuda a granjeros con terrenos, el número de arrendatarios y pequeños granjeros descendió drásticamente, aumentando el número de grandes propietarios agrícolas. Por otra parte, la nueva maquinaria también desplazó a muchos trabajadores agrícolas, que se trasladaron a zonas urbanas en busca de trabajo en la industria.

El espíritu de sacrificio que inspiraba la movilización también contribuyó a forjar una sociedad unida. Uno de los objetivos más importantes de la administración Roosevelt fue preparar a la población para un duro y largo esfuerzo bélico. El servicio militar acabó afectando a unos 15 millones de hombres y mujeres, y a los que estaban en el frente interno se les alentaba para aportar su granito de arena por medio de anuncios, historias en revistas, películas y programas de radio.


Así por ejemplo, la Oficina de Información de Guerra encargó una serie de películas, producidas la mayoría por Frank Capra, tituladas "Why We Fight" (¿Por qué luchamos?) para ayudar a los estadounidenses (especialmente a los soldados) a entender por qué empezó la guerra, qué estaba en juego y por qué hacia falta sacrificarse. Estrellas de cine como Ronald Reagan, Robert Taylor y Clark Gable, que habían sido llamados a filas, trabajaron en Hollywood en estos y otros proyectos con fines propagandísticos y de concienciación de la sociedad norteamericana. La publicidad de los servicios públicos intentaba avergonzar a los estadounidenses mostrando a un soldado muerto con el texto: "Él ha muerto hoy. ¿Qué has hecho tú para evitarlo?" Otros anuncios presentaban a hombres en el servicio civil y trabajadores del frente civil como soldados luchando por la libertad, sacrificándose codo con codo por la causa. En todos los casos se mostraba al soldado estadounidense como una figura heroica, preocupado por la vuelta al hogar, pero entregado a la lucha por la libertad y por los valores tradicionales norteamericanos.


El Gobierno motivaba a la población a ayudar a sus héroes ahorrando y reciclando todo el material que fuera posible. Por ejemplo, se les decia que si donaban una pala, con ella se podrían fabricar granadas de mano o piezas de un tanque, con los tubos de pintalabios se podía hacer cartuchos de bala, y hasta el papel de aluminio del chicle podría servir para fabricar aviones. En la imagen de arriba podéis ver a la actriz Rita Hayworth, en una imagen en la que pide a los conductores que conduzcan con cuidado porque ha donado los paragolpes de su automóvil para ser reciclados a lo fines arriba indicados. Además el Gobierno racionó ciertos artículos como la gasolina, el café, el azúcar y la carne, y animaba a plantar "huertos de la victoria" para ahorrar alimentos necesarios en el frente.

Famosos como Bob Hope, Frank Sinatra y Bing Crosby aparecían en campañas de Bonos del Estado - los llamados Bonos de Guerra (War Bonds) - para convencer a los estadounidenses de que hicieran donaciones para sostener el esfuerzo bélico y serían recompensados con intereses. El Gobierno,  llegó incluso a introducirse en el negocio de la moda dictando estilos que permitieran ahorrar metal y tejidos para la guerra. De este modo se dejaron de llevar los trajes masculinos de 3 piezas con chaleco y los pantalones con dobladillo, las faldas se hicieron más cortas y estrechas, y se presentó el escandaloso bañador de dos piezas para ahorrar ropa y goma. Era el nuevo estilo llamado "chic patriótico".


A nivel social, los efectos de una ciudadanía más unida y la economía de guerra se hicieron notar en la sociedad estadounidense. Aunque la gente ya se desplazaba antes hacia el norte, el oeste y a las zonas suburbanas de los grandes centros industriales, la tendencia se aceleraría durante la guerra en una proporción de 1 de cada 5 estadounidenses. El contacto entre ciudadanos de diferentes partes del país reforzó los sentimientos de unión, pero también surgieron conflictos raciales y de clase.

La población negra se enfrentó a continuas discriminaciones y prejuicios en el ámbito militar y en la industria. Durante la guerra sirvieron en unidades separadas; algunos destacaron, como por ejemplo, los Tuskegee Airmen, pero muchos fueron relegados a trabajos de baja categoría, como camareros y cocineros. Muchos blancos se negaban a saludar o recibir órdenes de oficiales negros y hasta el propio Secretario de Guerra Henry Stimson consideraba que no tenían capacidad de liderazgo. En el frente civil, la migración de más de 700.000 negros hacia el norte y el oeste incrementó los conflictos raciales. Entre 1940 y 1946, la población urbana negra aumentó de forma significativa. En San Francisco, por ejemplo, creció en un 560%, en contraste con el 28% de la población blanca. En Los Angeles, la cifra fue de 105% frente al 18% de blancos y en Detroit 47% frente al 5,2%. Los empresarios industriales discriminaban a los trabajadores negros pagándoles sólo una parte de lo que cobraban los blancos por el mismo trabajo. En el verano de 1943, la frustración estalló en los disturbios de Detroit - que causaron 34 muertos y 700 heridos - Michigan y Harlem (New York).


Fue precisamente durante los años de la guerra cuando el Movimiento de los Derechos Civiles empezó a adquirir ímpetu. Líderes negros como A. Phillip Randolph (en la foto superior), jefe del sindicato de mozos de coches de cama, exigían un cambio. Randolph llegó a amenazar a Roosevelt con una marcha de un millón de personas hacia Washington si no tomaba medidas respecto a la discriminación laboral. El presidente, preocupado por la posible comparación entre el antisemitismo nazi y el racismo contra la población negra, promulgó la Orden Ejecutiva 8802, que establecía la creación de un comité para las prácticas de empleo justo en el procedimiento federal de contratación. El comité no hizo gran cosa para detener las prácticas laborales injustas y discriminatorias, pero el hecho de que un líder negro consiguiera presionar al presidente sentó precedentes para el futuro Movimiento de los Derechos Civiles después de la guerra.


Los estadounidenses de origen italiano, judío, japonés y mexicano también sufrieron discriminación y prejuicios durante la guerra. En 1943, el objetivo de los blancos durante los disturbios de Los Ángeles fueron los mexicanos, pero sin duda los peor tratados fueron los de origen japonés (los llamados nisei): pese a la falta de evidencias o pruebas creíbles, unos 120.000 de ellos se vieron obligados a abandonar sus casas, fueron despojados de sus propiedades y realojados en campos de internamiento (ya hablé de ellos por aquí, si os interesa) en virtud de la Orden Ejecutiva 9066, que los clasificaba como "extranjeros enemigos". No obstante, la guerra significó mayores oportunidades sociales y económicas para muchos otros inmigrantes, especialmente del sur y el este de Europa, ya que se integraron mejor en el tejido social estadounidense.


La guerra trajo consigo cambios de primer orden para las mujeres estadounidenses. Antes de la guerra, existía una gran reserva de mano de obra femenina, compuesta básicamente por mujeres jóvenes y solteras, sin acceso a muchos tipos de trabajo y restringidas al servicio doméstico y al comercio. Sin embargo, las necesidades de producción en la industria de guerra, combinadas con la reducción del número de hombres (incorporados al ejército), proporcionaron a las mujeres una ocasión única para ampliar sus posibilidades laborales. La respuesta a la solicitud de trabajadoras por parte del Gobierno fue apabullante y conllevó cambios notables. En 1941 había 14,6 millones de trabajadoras, hacia 1944, su número había crecido a más de 19,4 millones. Hacia 1945, las mujeres constituían el 36% de la mano de obra y realizaban trabajos hasta entonces reservados a los hombres.


Las mujeres eran especialmente activas en las industrias de defensa. Entre 1940 y 1944, el número de mujeres empleadas en las fábricas creció en un 141%. En Detroit, por ejemplo, en 1943 las mujeres suponían el 91% de los nuevos contratos en 185 instalaciones bélicas. Más del 10% del personal de astilleros estaba compuesto por mujeres. Ahora bien, muchos de estos trabajos incluían una notificación de despido, ya que las mujeres serían despedidas cuando los hombres volvieran de la guerra, y además los sueldos eran manifiestamente desiguales en relación a los que cobraban los hombres por hacer el mismo trabajo (¿De qué me suena esto? Tiene narices que hayan pasado 70 años y el mundo, en líneas generales y salvo honrosas excepciones continúe igual).

Al acabar la guerra y con la desmovilización, las mujeres perdieron sus puestos el doble de rápido que los hombres. En 1945, tres cuartas partes de las mujeres que trabajaban en la construcción de aviones y barcos fueron despedidas, y en la industria del motor el número de mujeres descendió de un 25% a un 7%. Aunque las mujeres creían que su trabajo era satisfactorio y liberador - pese a la lógica frustración que pudiera producirles la desigualdad de salarios respecto a los hombres -, la propaganda de posguerra se centró en transmitir que su deber era el de ayudar a asimilar la reincorporación de los veteranos a la sociedad "haciendo que él volviera a ser el hombre de la casa".


Las tasas cada vez más altas de matrimonios y nacimientos hicieron de la vivienda un problema crítico. En general, las viviendas para alojar trabajadores inmigrantes eran de inferior calidad. Sin embargo, muchas de las mujeres jóvenes que se casaron durante permanecieron con sus padres hasta que sus maridos regresaron de la guerra, y la escasez de viviendas dio lugar durante la posguerra a un auge de construcción de residencias unifamiliares. A su vez, la mayor tasa de matrimonios desencadenó un baby boom que duró hasta los años 60. Así por ejemplo, entre 1940 y 1943, la tasa de primeros nacimientos saltó de 293 a 375 por cada 10.000 mujeres, y la tasa de posteriores nacimientos también subió, de 506 a 540. Ante el mayor número de niños, la incorporación de las mujeres al trabajo y las pocas viviendas disponibles, el Gobierno tuvo que aprobar leyes para establecer servicios de guardería y proporcionar viviendas sociales.


Fuente: "La Segunda Guerra Mundial" de H.P. Willmott, Robin Cross y Charles Messenger

jueves, 19 de enero de 2012

Noticias sobre la 2ª Guerra Mundial (22)

Sin más preámbulos, procedo a desgranar las últimas noticias relacionadas la WW II que he podido leer últimamente en la prensa. Aquí las tenéis:


--- Bajo el nombre "Visados para la libertad", la localidad madrileña de Alcorcón acoge una exposición que trata de dar a conocer y homenajear a los diplomáticos españoles que durante la Segunda Guerra Mundial se jugaron la vida para poner a salvo a cientos de judíos en toda Europa, víctimas del nazismo. 

El Ayuntamiento de Alcorcón y la Casa Sefarad Israel han organizado esta muestra que se expone desde hoy y hasta el próximo 29 de febrero en el Centro Cultural Buero Vallejo. En ella, a través de imágenes y documentos, se da a conocer el papel que jugaron embajadores y diplomáticos desde las diferentes delegaciones internacionales de España en ciudades como Atenas, Sofía, París, Budapest, Bucarest o Berlín, para lograr que centenares de judíos escaparan del holocausto nazi. Según sus organizadores, durante la Segunda Guerra Mundial, éstos enviaron a centenares de personas a países neutrales o aliados, e incluso a España, desde donde partían la mayoría de ellos hacia países suramericanos.


La muestra se complementa con la proyección de la película "El Ángel de Budapest", una producción de Televisión Española - que recientemente pudimos ver en la pequeña pantalla - la cual narra la historia del diplomático español, el zaragozano Ángel Sanz Briz (en la foto superior), que sacó de Hungría a 5.000 judíos durante el III Reich. Durante el mes y medio que estará abierta la exposición se expondrá la película en el salón de actos del Buero Vallejo, con entrada gratuita tanto para el público general como para colegios. 

--- Hace unos días, en la prensa internacional se publicó la noticia de que Las Fuerzas Armadas de Ecuador iban a destruir este pasado lunes 11 bombas de la Segunda Guerra Mundial que se hallaron en las Islas Galápagos en el año 2010. Pescadores de la Isla Santa Cruz encontraron las once bombas de aviación, que actualmente se encontraban almacenadas en las instalaciones de la Capitanía de Puerto Ayora.


"Estos explosivos, que están parcialmente armados, fueron utilizados por los pilotos norteamericanos en sus entrenamientos, durante la Segunda Guerra Mundial, mientras mantenían una base en esta isla del Archipiélago de Galápagos", señaló el Ministerio de Defensa en un comunicado. La acción busca "ofrecer seguridad a la población civil, ante el riesgo que representa el almacenamiento y manipulación de este material bélico", añadió. El Ministerio especificó que se trata de 9 bombas ANM30, una ANM57 y otra ANM64. La institución militar realizó varias inspecciones con la colaboración de técnicos estadounidenses de "Explosive Ordnance Disposal", entidad internacional encargada de detectar, recuperar, identificar, evaluar, desactivar y destruir municiones y explosivos. 

La destrucción, que se desarrolló tras recibir la autorización del Ministerio de Ambiente, tuvo lugar este lunes en la Isla Baltra, en el archipiélago de Galápagos, situado a unos mil kilómetros de las costas continentales ecuatorianas. Cabe recordar que la Unesco catalogó en 1978 a las Islas Galápagos como Patrimonio Natural de la Humanidad.  

--- El oficial de inteligencia soviético Gevork Vartanyan, que en 1943 desbarató un complot nazi para asesinar a Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Iosif Stalin durante la Conferencia de Teherán, falleció en Moscú a los 87 años de edad el pasado 11 de enero, a causa del cáncer que padecía.

Era hijo de otro espía y fue incorporado a la inteligencia soviética en 1940, donde actuó hasta 1992 en diversas misiones encubiertas en Europa Occidental, Asia y Estados Unidos. Entre 1946 y 1986 lo hizo junto a su esposa Goar, a quien reclutó él mismo.


En el telegrama de condolencias enviado a la familia por el gobierno, el Presidente Medvedev le calificó como un "agente de inteligencia legendario, un genuino patriota de su país, una persona brillante y extraordinaria", y recordó que "participó de espléndidas operaciones que quedaron en los anales de los servicios de inteligencia exterior de Rusia". Vartanyan había recibido el título honorífico de Héroe de la Unión Soviética, y también el Servicio Nacional de Seguridad de Armenia emitió una declaración al respecto, en la que se lo considera uno de los "hijos sobresalientes del pueblo armenio".

Su operación más espectacular, y la única conocida, fue el desbaratamiento de un complot de la inteligencia alemana durante la Conferencia de Teherán en 1943, que buscaba asesinar a los máximos dirigentes de la URSS, de Inglaterra y de Estados Unidos. En 1943, Vartanyan, que utilizaba el nombre en clave de "Amir", estaba destacado en Teherán y contaba con la información de que Alemania preparaba dicha operación a través de otros informes. Con un escueto equipo de siete espías que se desplazaban en bicicleta por la ciudad logró localizar los integrantes de la avanzadilla enviada por paracaídas hasta la ciudad de Qom, a 65 kilómetros de la capital de Persia, e interceptar sus comunicaciones con Berlín desde la casa de campo donde se refugiaron apenas llegaron, a lomo de camello, a Teherán. En ese momento, los agentes alemanes fueron arrestados por las tropas soviéticas, que estaban en el Norte de Persia en virtud del acuerdo de amistad persa-soviético de 1921. Forzados a comunicarse con Berlín bajo supervisión de sus captores, Vartanyan supo así que vendría otro grupo, dirigido por el súper espía alemán Otto Skorzeny en persona, y que el objetivo de ese grupo era secuestrar o asesinar a los "Tres Grandes". El espía permitió entonces, intencionalmente, que uno de los arrestados transmitiera la información sobre el fracaso de la operación, con lo cual el Alto Mando alemán dio marcha atrás en sus planes y el equipo principal jamás fue enviado a Persia. "Fue de este modo, que el éxito de nuestro equipo al localizar el grupo de avanzada, y nuestras acciones posteriores, desbarataron el intento de asesinar a los `Tres Grandes`", señaló en su día el espía soviético.


La operación alemana se había planificado con gran cuidado. La Abwehr, inteligencia militar alemana, había descifrado las claves navales estadounidenses el mes anterior y disponía de todos los detalles de la reunión, habiendo designado a su agente más confiable, el Coronel de las Waffen-SSOtto Skorzeny (en la foto inferior), para ejecutar el asesinato en la que se conocía como la Operación Long Jump. Pero un oficial de inteligencia soviético, Nikolai Kuznetsov, que se había infiltrado como el Teniente Primero Paul Siebert en el ejército alemán, había logrado forjar una amistad con el Mayor de las SS Ulrich von Ortel quien, en una noche de borrachera, le reveló el secreto y comentó que ya se estaba entrenando un equipo especial en Copenhague.

De este modo, la inteligencia soviética tomó conocimiento del complot. La URSS estaba a cargo de la seguridad de la conferencia, que tuvo lugar en la embajada soviética en Teherán. Calle por medio, y unida por un túnel construido ex profeso, se encontraba la embajada británica. Gran Bretaña, en ese momento, ocupaba las costas persas del Golfo y del Estrecho de Ormuz. Según recordó posteriormente Vartanyan, "por esos tiempos Teherán estaba inundada de refugiados, mayormente personas de buena posición económica que escapaban de los riesgos de la guerra. Eso incluía unos veinte mil alemanes, entre los cuales se escondían los agentes nazis." Los espías de Berlín eran aproximadamente 400, y contaban además con la protección que les extendía el Shah Mohammad Reza Pahlavi, que tenía abierta preferencia por Hitler.


Antes de sus acciones durante la Conferencia de Teherán, Vartanyan había desbaratado también un complot de espías británicos que se estaban preparando en Persia para infiltrarse en el Asia Central soviética, en 1942. Más tarde, relató del siguiente modo los hechos: "Fieles a sus costumbres, los ingleses siguieron haciéndonos maldades pese a ser nuestros aliados. Prepararon un grupo especial y organizaron una escuela de entrenamiento de subversivos y espías para que actuaran dentro de territorio soviético". Bajo el nombre supuesto de 'Amir', se infiltró en esa escuela y pasó los nombres de los alumnos a la inteligencia soviética, que los obligó a actuar de doble agente tras permitirles el ingreso a la URSS. Irónicamente, Vartanyan agregaba que "aproveché seis meses de entrenamiento en esa escuela, así que estoy muy agradecido a la inteligencia británica". 

--- El próximo 26 de enero, Alemania vivirá una primicia periodística que volverá a confrontar al país con el capítulo más oscuro de su historia reciente. Ese día, y si la justicia lo permite, los ciudadanos germanos podrán contemplar y comprar un periódico semanal que ilustrará su portada con una foto de Adolf Hitler, el dictador que prometió un paraíso imaginario que debía durar mil años, y que ofrecerá al lector un cuadernillo con un apretado resumen de 15 páginas de la biblia del nazismo: "Mein Kampf". 

La decisión, además de histórica, tiene una connotación legal que puede acabar con la batalla solitaria del Ministerio de Finanzas del Estado de Baviera, que heredó - gracias a una sentencia dictada el 15 de octubre de 1948- todos los bienes que pertenecieron al dictador, incluido la editorial del partido nazi, Franz Eher. Desde entonces, los funcionarios de la región llevan a cabo una inédita batalla para impedir, con un éxito relativo, que la obra magna del Führer vuelva a ser editada en el planeta. Pero las nuevas tecnologías acabaron con el celo de las autoridades bávaras y, ahora, cualquier neonazi aficionado, puede leer el libro en internet. ¿Fue este el aspecto que convenció al editor inglés, Peter McGee, a desafiar las leyes alemanas y sacar a la venta una edición de su diario 'Zeitungszeugen', con un fascículo comentado del "Mein Kampf"?


McGee ya desafió a las autoridades germanas en enero de 2009, cuando inició la venta de su rotativo con facsímiles de periódicos que se leían en el Tercer Reich. El éxito fue total, pero la reproducción de diarios como el "Völkischer Beobachter" de la editorial nazi Die Angriff' impulsó a los bávaros a tomar una decisión que causó un escándalo: requisaron el periódico. La medida llegó a los tribunales, donde un juez dio la razón al editor inglés, que logró vender más de medio millón de ejemplares entre 2009 y 2010. Después de un pausa que duró otros doce meses, 'Zeitungszeugen' reinició la aventura el pasado 4 de enero con una nueva edición. Para su regreso a los kioskos recurrió a la reproducción de tres periódicos de la época que anunciaban en grandes titulares una noticia que provocó alegría en Alemania y preocupación en Europa: la designación de Hitler como canciller.  

Los 100.000 ejemplares desaparecieron de los kioscos a los pocos días y ahora el país se prepara para recibir la primera venta de un fascículo del libro prohibido "Mein Kampf", para regocijo de los nietos del dictador y temor de un vasto espectro de la sociedad germana, que teme que la difusión del libro reviva una polémica que parecía enterrada en el país. El escándalo, sin embargo, no parece preocupar al editor británico. "El libro es una verdadera porquería", dijo McGee a la revista 'Der Spiegel'. "Todos conocemos el poder oscuro de ese texto pero nadie lo ha leído. El aura de lo prohibido lo ha convertido en un mito".

viernes, 16 de diciembre de 2011

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (29)




"Ya no es prudente que el águila americana siga la táctica del avestruz. Ahora tiene que volar alto y golpear con dureza".

Franklin Delano Roosevelt- Presidente de EEUU en el programa de radio "Charlas junto al fuego". 23 de febrero de 1942.

martes, 25 de octubre de 2011

El Mal Fario del "Willie Dee"

El USS William D. Porter - conocido entre su tripulación como "Willie Dee", fue un destructor de la U.S. Navy (Armada de los Estados Unidos), que se hizo famoso durante la Segunda Guerra Mundial por su curiosa trayectoria de mala suerte, y sobre todo por estar a punto de enviar a pique, con un torpedo disparado por error, al acorazado USS Iowa, en el que viajaba el Presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt. Pero vayamos por partes:

El 12 de noviembre de 1943, al Willie Dee se le encomendó como primera misión ubicarse en la desembocadura del río Potomac y aguardar instrucciones. En ese lugar estaba el acorazado USS Iowa, que embarcó al Presidente Roosevelt y al Secretario de Estado Cordell Hull , que se dirigían a la Conferencia de los Jefes Aliados en Teherán. Su destino era el puerto norteafricano de Mers el-Kebir, para desplazarse después por vía aérea a la ciudad persa. El USS William D. Porter - llamado así en honor del célebre comodoro de la Guerra de Secesión - era el tercer destructor de escolta de un total de tres, más dos portaaviones ligeros, y su misión era proporcionar cobertura antisubmarina para la flotilla.

El viaje del Willie Dee no empezó precisamente con los mejores augurios. Cuando el Capitán Wilfred Walter ordenó "Atrás despacio" para sacar al mar su barco, se produjo un gran estruendo de madera resquebrajándose. Lo que ocurría era que el ancla del destructor se había enganchado a un buque mercante vecino y le había arrancado barandas, balsas salvavidas, un bote y otros pedazos de metal variados.

No acabarían ahí los incidentes para el buque del Capitán Walter: poco después de que el convoy se agrupara y comenzara su viaje, mientras cruzaban el Mar de los Sargazos (una zona donde recientemente habían sido hundidos varios barcos por los submarinos alemanes), se produjo una explosión en el mar y una enorme columna de agua llamó la atención de los vigías. De inmediato todos los buques tocaron a zafarrancho de combate e iniciaron maniobras evasivas temiendo la presencia de un submarino germano, hasta que el Willie Dee informó que la explosión no era fruto de un ataque de un U-Boot, sino que una de sus cargas de profundidad se había soltado y caído al agua, y al no tener puesto el seguro como era preceptivo, había explotado.

El siguiente incidente en que se vio involucrado el destructor tuvo consecuencias más trágicas. Una fuerte borrasca afectaba al convoy, cuando una gran ola barrió la cubierta del Willie Dee, lanzando al agua a uno de sus marineros, el cual no pudo ser rescatado. Debido a las características especiales de la misión, el convoy no podía detenerse, pues hubiera podido atraer a algún submarino alemán, poniendo así en peligro la vida del presidente. Pasada la tormenta, el USS William D. Porter, continuó con sus problemas: esta vez, un fallo en sus máquinas que provocó que el convoy tuviera que ralentizar su marcha para garantizar su seguridad y no quedar desprotegidos.

Como es evidente, los comentarios poco halagüeños hacia el Willie Dee y su tripulación cundían en los puentes de los buques vecinos, debido a los continuos incidentes. Incluso el Almirante Ernest J. King llamó al capitán Walter a bordo del USS Iowa (en la foto de aquí abajo) y lo recriminó por sus continuos fallos.

El 14 de noviembre, con el convoy navegando al este de las Bermudas, el capitán del USS Iowa ofreció a Roosevelt y sus asistentes una demostración de las defensas antiaéreas del acorazado. El Presidente ocupó un lugar adecuado en cubierta y el acorazado desencadenó una lluvia de fuego contra una serie de globos meteorológicos lanzados para que sirvieran de blanco; Walter y sus hombres, a 6.000 yardas de distancia, contemplaban el espectáculo ansiosos por causar una buena impresión que los rehabilitase de tan mala imagen y vieron una oportunidad cuando algunos globos escapados a la atención de los artilleros del Iowa fueron arrastrados por el viento hacia el Willie Dee.

El capitán Walter ordenó zafarrancho de combate y sus artilleros abrieron fuego contra los globos. Al mismo tiempo, el comandante del destructor ordenó al resto de la tripulación llevar a cabo un simulacro de ataque con torpedos. Al recibir la orden los marineros Lawton Dawson y Tony Fazio comenzaron a simular un lanzamiento de torpedos. La única diferencia entre un simulacro y un lanzamiento real consistía en que durante los simulacros, se retiraban antes de hacer fuego los detonadores de las cargas explosivas que expulsaban los torpedos de sus tubos. Para llevar a cabo un simulacro realista, los encargados de los torpedos necesitaban un blanco para hacer sus cálculos y lo normal era utilizar para ello cualquier barco cercano. Y el objetivo más cercano en este caso era el Iowa.

Cuando Dwason y Fazio estuvieron listos, el oficial de cubierta ordenó "Fuego el uno" y los torpedistas "dispararon" el primer torpedo. Después de una pausa para simular el tiempo que en un disparo real se hubiera invertido en comprobar el rumbo del torpedo, el oficial ordenó "Fuego el dos", y después de otra pausa, ordenó "Fuego el tres". Pero esta vez se produjo un chapoteo y el torpedo verdaderamente salió disparado del tubo hacia las aguas, ante el asombro y el horror de los oficiales del destructor: acababan de lanzar un torpedo armado contra el acorazado en que viajaba el Presidente Roosevelt.

El puente del Willie Dee se convirtió en un torrente de órdenes y contraórdenes tratando de confirmar lo que todos temían que estaba ocurriendo. Como mucho, el torpedo necesitaría unos dos minutos para alcanzar su blanco, pero un acorazado como el USS Iowa no iba a esquivarlo fácilmente. No había un segundo que perder. El capitán Walter ordenó que se avisara inmediatamente al Iowa del peligro, pero como había órdenes estrictas de mantener silencio de radio por las características de la misión, un marinero tenía que emitir el mensaje con el telégrafo marino transmitiendo en Código Morse. Sin embargo, debido a las nervios, las prisas y la inexperiencia del pipiolo marinero encargado de transmitir el mensaje, este se "hizo la picha un lío": primero transmitió que había un torpedo en el agua alejándose del acorazado presidencial, y después, en lugar de recomendar al Iowa que pusiera sus máquinas en "Todo Atrás" para esquivar el torpedo, señaló que el Willie Dee se había atascado en "marcha atrás a toda máquina". En el USS Iowa, lógicamente, no entendían una mierda.

Sin tiempo para intentarlo otra vez, el capitán del Willie Dee decidió romper el silencio de radio y gritó: "¡Torpedo en el agua! ¡Lion, caiga a estribor! ¡Emergencia! ¡A estribor, Lion, caiga a estribor!". Al mismo tiempo, los vigías del acorazado divisaron el torpedo y aullaron aterrorizados "¡Torpedo a estribor! ¡No es un simulacro! ¡Torpedo a estribor!", momento en que el USS Iowa viró abruptamente a estribor y aceleró a toda máquina, mientras sonaban las sirenas de alarma, los tripulantes corrían a sus puestos de combate y su artillería abría fuego contra el torpedo. Al parecer, al virar a estribor, el buque se escoró de tal forma que la silla de ruedas del presidente comenzó a deslizarse hacia la borda amenazando con caerse al mar. Sus guardaespaldas tuvieron muchas dificultades para retenerla junto a su magna carga. Se dice que uno de ellos, incluso llegó a sacar su pistola y disparó al torpedo que se acercaba.

El acorazado del presidente logró virar a tiempo y esquivar por los pelos al torpedo, que explotó en su estela. Más tarde, el propio Roosevelt hizo una anotación en su diario sobre el incidente: "Lunes, demostración de artillería. El Porter nos lanzó un torpedo por error. Lo vi, falló por unos 1.000 pies (unos 300 metros)."

El incidente estaba muy lejos de haber terminado. Poco después el USS Iowa radiaba preguntado qué diablos había pasado. "Hemos sido nosotros," fue todo lo que Walter pudo decir, tratando de convencer al Almirante King, que como es lógico estaba hecho una furia, de que todo había sido un lamentable error. Sus esfuerzos no tuvieron éxito y el Willie Dee fue expulsado del convoy y se dirigió a la base naval estadounidense en Bermudas.

Toda la tripulación del destructor fue arrestada y sometida después a un consejo de guerra, en el cual, las investigaciones determinaron que por error, al tubo lanzatorpedos no se le había retirado el detonador en el momento del simulacro, y que tanto los oficiales como los marineros eran inexpertos en maniobras navales. Pese a todo, casi habían mandado al infierno al barco del presidente, y alguien tenía que pagar el pato. Por su negligencia inicial y su comportamiento posterior, el marinero Dawson fue condenado a 14 años de trabajos forzados. Afortunadamente, no llegó a cumplirlos, pues cuando Roosevelt fue informado de la sentencia otorgó un perdón presidencial al joven y ordenó a la Marina que no infligiese ningún otro castigo al joven marinero, pues todo había sido un error y nadie había sido perjudicado.

Sin embargo, desde entonces, el USS William D. Porter fue considerado portador de mala suerte y objeto de todo tipo de chanzas y burlas. Era habitual que el destructor fuera recibido con saludos como "¡Alto el fuego! Nosotros no votamos a Roosevelt!" o "¡No disparen, somos Republicanos" (Roosevelt era demócrata) y otros por el estilo. El Willie Dee era el estigma de la flota y fue destinado hacia donde nadie lo deseaba, a las gélidas Islas Aleutianas, en Alaska. Durante su servicio en las duras condiciones árticas de la zona la tripulación trabajó duro para convencer al Alto Mando de que cambiase su estimación del Willie Dee, pero a pesar de que en general se comportaron bien, el barco parecía perseguido por una maldición, y les resultó imposible deshacerse de su embarazoso pasado. Para empeorar las cosas, durante un permiso entre dos períodos de maniobras en las Aleutianas un marinero regresó a bordo del barco completamente borracho y tuvo la 'genial' idea que disparar uno de los cañones del buque, impactando el proyectil de 127 mm en el jardín delantero de la residencia del Comandante de la Base, en el que celebraba una fiesta para los oficiales y sus esposas. Afortunadamente no hubo que lamentar víctimas, pero la ya dañada reputación del destructor recibió otro considerable varapalo.

Posteriormente, el destructor sirvió como escolta antisubmarina en el Atlántico Norte, sin nuevos incidentes, tras lo cual, el capitán Charles M. Keyes relevó a Walter como oficial en jefe del Willie Dee el 30 de mayo de 1944. Keyes, decidido a cambiar la imagen del navío a su mando, sometió a la tripulación a un duro y riguroso entrenamiento en maniobras navales y de defensa artillera, que dio su frutos pues durante las campañas en el Pacífico Norte (Islas Kuriles) y Occidental (Filipinas) no hubo más contratiempos, desempeñando sus misiones de escolta antisubmarina y contra los ataques aéreos con normalidad, obteniendo pequeños éxitos al conseguir derribar varios aviones japoneses.

Durante la Batalla de Okinawa proporcionó nuevamente protección antiaérea y antisubmarina para los buques de la flota estadounidense, así como apoyo de artillería a los Marines que desembarcaban en la isla. Entre el 1 de abril y 5 de mayo, disparó 8500 proyectiles de 127 milímetros contra blancos en la costa y contra aviones enemigos - sobre todo ataques kamikazes - durante los ataques aéreos casi incesantes contra la fuerza de invasión. El 10 de junio de 1945, el Willie Dee detectó una formación de aviones japoneses que resultaron ser kamikazes. Un Aichi D3A se abalanzó contra el destructor que disparó frenéticamente sus defensas antiaérea consiguiendo alcanzar al avión, que cayó al mar.

Sin embargo, la mala suerte volvería a atacar al USS William D. Porter, esta vez de manera definitiva. En vez de explotar en la superficie, el kamikaze cayó y se sumergió en diagonal a casi a 10 m del buque americano, siguiendo en dirección hacia el destructor por debajo de la quilla, y explotando justo debajo de él, lo que provocó, finalmente, el hundimiento del gafado destructor. Por fortuna, no hubo que lamentar ninguna baja, y toda la tripulación pudo ponerse a salvo y ser rescatada por otros barcos (como se aprecia en la foto de arriba).

Pese a todo, el USS William D. Porter recibió 4 estrellas de combate por los servicios prestados durante la guerra.

martes, 17 de mayo de 2011

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (4)



"Ayer, 7 de Diciembre de 1941, una fecha que será recordada como el Día de la Infamia, los Estados Unidos de América fueron atacados sin previo aviso por fuerzas aéreas y navales del Imperio Japonés..."

Franklin Delano Roosevelt.- Discurso dirigido a la nación el día 8 de diciembre de 1941 tras el ataque japonés a Pearl Harbor

miércoles, 20 de abril de 2011

Personajes (1): Lyudmila Pavlichenko

Los francotiradores fueron una de las mejores y más efectivas armas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. No sólo por el gran número de bajas que causaron en las filas enemigas, sino también por su inestimable efecto psicológico: por una parte, estaba el innegable miedo y terror en los alemanes a ser abatido por uno de estos expertos tiradores, y por otro lado, la capacidad de insuflar ánimo y valor en las filas soviéticas, al ser utilizados por la maquinaria propagandística del régimen de Stalin, que cultivó un verdadero culto al francotirador y encumbró a muchos de ellos como verdaderos mitos y héroes de la Patria.

El más famoso de estos francotiradores es sin duda, Vassili Zaitsev, en gran medida gracias al excelente film "Enemigo a las puertas" (2001), aunque no fue el francotirador que causó mayor número de muertes al enemigo. Otro día ya hablaremos de Zaitsev (y de otros francotiradores famosos). Hoy dedico el post a la mejor francotiradora de la historia, la mujer más letal de la Segunda Guerra Mundial: Lyudmila Mikhailovna Pavlichenko.

Lyudmila nació en un pueblecito ucranio llamado Bila Tserkva, un 12 de julio de 1916. Cuando tenía 14 años, su familia se mudó a Kiev. Allí se apuntó a un club de tiro local, donde no obutvo éxitos reseñables, pero mantuvo su afición a tirar al blanco. En junio de 1941, cuando el régimen nazi comenzó la Operación Barbarroja e invadió la URSS, Pavlichenko tenía 24 años, estudiaba 4º de Historia en la Universidad y trabajaba en la Fábrica del Arsenal de Kiev.

Formando parte de las primeras rondas de voluntarios que recibió el Ejército Rojo tras la invasión alemana, se presentó en la oficina de reclutamento, donde se le ofreció formarse como enfermera, algo que Lyudmila rechazó, solicitando alistarse en una unidad de infantería. Su experiencia con las armas y el certificado de puntería conseguido en la escuela de tiro, le valió para ser asignada a la 25ª División de Infantería, donde se convirtió en una letal francotiradora, la más famosa de entre las más de 2.000 con que contó el Ejército Soviético, de las cuales sólo 500 sobrevivirían a la guerra.

Pavlichenko logró sus dos primeras bajas alemanas, cerca de una localidad llamada Belyayevka, usando el rifle típico de los francotiradores soviéticos: el básico fusil de cerrojo de infantería Mosin-Nagant de 7’62 x 54 mm al que le añadían una mira óptica de cuatro aumentos. Este fusil tenía una capacidad de albergar cinco cartuchos, un alcance preciso hasta los 500 metros y era muy valorado por los soldados por su fiabilidad y resistencia, su fácil manejo y su precisión. Una bala disparada por un fusil Mosin Nagant alcanzaba la mortífera velocidad de 785 metros por segundo.

Poco después, la unidad de Lyudmila se vio obligada a retirarse, junto con el resto del Ejército Rojo hasta Odessa. Allí, a lo largo de dos meses y medio de combates brutales, logró abatir ni más ni menos que a 187 soldados y oficiales enemigos. Cuando los alemanes tomaron Odessa, su unidad fue enviada a Sebastopol, en la península de Crimea, donde luchó durante otros 8 meses, ya ascendida a teniente y provista de un Tokarev SVT-40. Durante ese tiempo su número de muertes confirmadas ascendió a 257 a finales de mayo de 1942.

En el mes de junio, Lyudmila resultó herida por fuego de mortero. Pese a ello volvió al frente poco después, combatiendo durante un mes más, hasta alcanzar la cifra de 309 bajas enemigas (de ellas 36 francotiradores) a lo largo de la guerra. El alto mando consideró que sería malo para la moral de la tropa que la famosa Lyudmila Pavlichenko fuera abatida por el enemigo, así que la retiró del frente.

Después de abandonar el frente, viajó a
Cana y Estados Unidos, para hacer propaganda de la causa soviética y defender los valores comunistas, siendo el primer ciudadano soviético en visitar la Casa Blanca y entrevistarse con el presidente de EEUU, Franklin D. Roosevelt. Su éxito propagandístico le proporcionó el rango de mayor y su abandono definitivo del frente al ser nombrada instructora de francotiradores, labor que desempeñó hasta el final de la guerra. En 1943 fue condecorada con la Estrella de Héroe de la Unión Soviética.

Finalizada la guerra, terminó su carrera y ejerció de historiadora, conjugándola con su cargo de “ayudante” del Cuartel General de la Armada Soviética (entre los años 1945 y 1953). Años más tarde, formó parte del Comité Soviético de Veteranos de Guerra.

Lyudmila Pavlichenko falleció el 10 de Octubre de 1974, a los 58 años de edad de un ataque al corazón. Está enterrada en el Cementerio Novodevichy en Moscú.