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lunes, 1 de julio de 2013

La Captura del HMS Seal

El HMS Seal (N37) fue uno de los 6 submarinos clase Grampus para colocación de minas y combate de la Royal Navy que tiene el dudoso mérito de ser el único submarino capturado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Su captura no fue nada convencional: no fue obra de submarinos, destructores o cazasubmarinos de la Kriegsmarine, sino por increíble que parezca, se llevo a cabo por 2 hidroaviones de la marina nazi.


Integrado en la 6ª Flotilla de Submarinos de la marina real británica con base en Rosyth (Escocia), a comienzos de enero de 1940, bajo el mando del capitán Rupert Lonsdale, comenzó a realizar labores de escolta de convoyes y patrullas a lo largo de la costas noruegas. Tras varias misiones realizadas con éxito, sufrió daños al chocar accidentalmente con un carguero, lo que le llevó al puerto británico de Blyth para arreglar los desperfectos. Puesto de nuevo en funcionamiento, en el mes de abril se le asignó una misión de sembrado de minas en el estrecho de Kattegat, entre Dinamarca y Suecia. Se consideraba una misión peligrosa, más en un submarino del tamaño del HMS Seal, pero el capitán Jocelyn Bethell, oficial que comandaba la 6ª flotilla, no pudo convencer al Almirante Max Horton para que reconsiderara su decisión.


El 29 de abril de 1940 el HMS Seal zarpó hacia su objetivo, cargado con 50 minas. Pasando absolutamente inadvertido, navegó por la superficie o, cuando era necesario, por el fondo marino, en dirección a la isla de Vinga, en cuyas inmediaciones debía desperdigar su mortífera carga. Antes de llegar a su objetivo, en la madrugada del 4 de mayo fue localizado por un Heinkel He 115 alemán, que le atacó y le produjo daños leves. El hidroavión alemán debió abandonar la caza del submarino británico al ser reclamado por otro objetivo en la zona, pero haber sido localizado obligó al HMS Seal a navegar sumergido en torno a los 90 pies de profundidad.


Por la mañana, el sumergible británico realizó con éxito la colocación de minas en la zona asignada - que días después hundirían una fragata alemana y tres cargueros - y emprendió el regreso a costas británicas. Sin embargo, al llegar la tarde de aquel 4 de mayo, se vio acosado por buques arrastreros antisubmarinos y una flotilla de 9 Schnellbootes (lanchas torpederas alemanas, en la fotografía bajo este párrafo) que trataban de localizarlo; el submarino inglés trató de escapar realizando maniobras de distracción, navegando en zig-zag y ocultándose sumergido. La empresa era difícil pues todavía tenía muchas horas de luz por delante y el estrecho de Kattegat, no era un buen lugar para un submarino de su tamaño, ya que era poco profundo. En plena maniobra evasiva entró en un campo de minas que no aparecía en los mapas, colisionando con una de ellas sobre las 16,30 horas, sufriendo graves daños en la zona de popa. Aunque todas las puertas estancas fueron selladas, una subida en la presión del aire interior indicó que había entrado en el sumergible mucha agua. Además, quedó a 100 metros de profundidad con un ángulo de inclinación de 30 grados, con la popa pegada al fondo marino.


A pesar de todo, y para sorpresa de la tripulación, los buques que hostigaban al submarino, no se percataron de la explosión de la mina y se alejaron de la zona, sin conseguir localizarlo. Tras varias inspecciones y reparaciones, la tripulación esperó hasta las 22.30 horas para asegurarse que los ocultase la oscuridad y poder emerger. Los tanques de lastre fueron vaciados y los motores encendidos, pero la popa continuaba firmemente pegada en el fondo marino, y el grado de inclinación de la proa se incrementó un poco más, por lo que los intentos debieron ser abandonados. Para entonces, el aire del interior del HMS Seal se había viciado notablemente, por lo que se iniciaron bombeos y reparaciones de emergencia. Se hicieron dos intentos más de emerger hasta que las 11 toneladas de arrastre de su quilla fueron liberadas, pero esto significó que el submarino no podría volver a sumergirse de nuevo. Se usó más aire a presión para inflar los tanques restantes, pero el intento fue inútil.


El HMS Seal no podía emerger, estaba averiado, medio inundado e ingobernable.  Llevaba demasiadas horas en inmersión y el oxígeno de su interior se consumía lentamente. Poco tiempo después, los marineros y oficiales mostraban signos de hipoxia, producto de la acumulación de dióxido de carbono en el sumergible. O lograban emerger o estaban perdidos. Se hizo un tercer intento de emerger, usando los motores y el lastre principal, pero falló nuevamente.  A las 1.10 horas Lonsdale, un cristiano devoto, llamó a su tripulación a rezar y se intentó que todos, en una medida desesperada, se situaran a proa del submarino con la idea de obtener algún peso que lo equilibrara y redujera el ángulo de inclinación.


Se intentó una vez más mover el submarino encendiendo los motores, que se incendiaron, pero el fuego se extinguió debido a falta de oxígeno en el ambiente. Las baterías estaban casi vacías y el aire de alta presión casi agotado. Afortunadamente, un ingeniero se dio cuenta que había un grupo de aire a presión con un poco de carga, abrió la válvula y el submarino comenzó a subir. Llegaron a la superficie alrededor de las 1.30 horas y tras liberar la presión y abrir las escotillas para renovar el aire, la tripulación sufrió vómitos y un intenso dolor de cabeza producto del aire fresco que comenzaban a respirar. Después de un rato, trataron de encaminarse a aguas seguras, las de la neutral Suecia. El timón estaba dañado y el submarino había quedado imposible de dirigir, pero podía funcionar a la inversa. Se hizo algún progreso, pero el barro había entrado al sistema de lubricación y el único motor que todavía funcionaba se detuvo.


A las 2.30 horas del 5 de mayo de 1940, el HMS Seal fue descubierto en superficie y atacado por dos hidroaviones Arado Ar 196 de la Kriegsmarine que comenzaron a ametrallarlo y golpearon al submarino con un par de cargas. Lonsdale, en el puente y bajo el fuego enemigo, intentó defenderse disparando sus ametralladoras Lewis, pero éstas estaban atascadas. Con el submarino imposibilitado para sumergirse y sin poder moverse por no tener fuerza motriz, con algunos miembros de la tripulación heridos y sin más defensas, no tuvo más alternativa que rendirse. El mantel de la mesa del comedor fue izado al mástil a modo de bandera blanca. El teniente Schmidt, de la marina de guerra alemana, amerizó con su hidroavión al lado del submarino y pidió que a Lonsdale que nadase hasta él. La tripulación tuvo que esperar en el submarino hasta las 6.30 horas a que llegara un remolcador, que lo transportó al puerto danés de Frederikshavn, donde se hicieron una reparaciones de emergencia para remolcarlo nuevamente hasta el puerto germano de Kiel.


Aunque el equipo y el armamento eran completamente incompatibles con el alemán, y no era posible, obviamente, conseguir repuestos, el Almirante Rolf Carls creía que el HMS Seal podría volver a ser operativo (aunque tres submarinos alemanes de mejores prestaciones podían ser construidos por el mismo coste) y ordenó que se llevaran a cabo las reparaciones necesarias para ser puesto al servicio de la Kriegsmarine. En la primavera de 1941 fue adscrito oficialmente a la marina de guerra nazi bajo el nombre de U-B, al mando del capitán de fragata Bruno Mahn. El submarino tenía muy poco valor como equipo militar para la armada germana, por lo que fue principalmente usado con fines propagandísticos - como podéis ver en el vídeo al final del post  - y para entrenamiento de tripulaciones.


Sin embargo, dada su escasa utilidad y los desorbitados costes de las reparaciones y mantenimiento, fue finalmente retirado del servicio en 1943 y abandonado en un rincón del astillero de Kiel. El 3 de mayo de 1945, durante un ataque aéreo a cargo de la RAF sobre el puerto alemán - el mismo que hundió el crucero pesado Admiral Hipper -, fue gravemente alcanzado y se hundió. Lo único que los alemanes obtuvieron de la captura de este submarino, aparte del efecto propagandístico, fue que pudieron imitar el sistema de disparo de los torpedos ingleses. Los submarinos alemanes (U-Boot) solían tener problemas con sus torpedos, debido a un diseño poco efectivo de sus espoletas. Gracias a esta captura, su capacidad de ataque se incrementó notablemente, pues imitaron el diseño británico, mucho más eficaz.


Fuentes:

miércoles, 13 de febrero de 2013

La Evacuación de Tallinn

Durante los primeros meses de la Operación Barbarroja (la invasión de la URSS lanzada por los alemanes y sus aliados el 22 de junio de 1941), el Grupo de Ejércitos Norte de la Wehrmacht bajo el mando del Generalfeldmarschall Wilhelm Ritter von Leeb avanzó rápida e inexorablemente a través de las Repúblicas Bálticas ocupadas por los soviéticos (Lituania, Estonia y Letonia) en dirección a Leningrado (la actual San Petersburgo). El 8 de agosto de 1941, el  Panzergruppe 4 del Generaloberst Erich Hoepner penetró entre las defensas soviéticas en el sector de Luga alcanzando después Novgorod. Los restos de los y 27º Ejércitos Soviéticos, quedaron de esa manera aislados al oeste del Lago Peipus y la única vía de escape fue replegarse hacia Tallinn, la capital de Estonia, donde quedaron cercados por los ejércitos alemanes.


Una gran parte de la Flota del Báltico "Bandera Roja" (Krasnoznamyonnyy Baltiyskiy Flot, KBF), más de 200 buques, quedó también encerrada en el puerto de la capital estonia. Inicialmente, Stalin se negó a permitir la evacuación por mar a Kronstadt, en el Golfo de Finlandia, de los defensores soviéticos, insistiendo en resistir a toda costa. El 17 de agosto la defensa de la bolsa de Tallinn fue confiada al Almirante Vladimir Tributs, el cual disponía de unos 20.000 hombres (4.000 soldados del Ejército de Tierra, 8.000 marineros de unidades de la flota y unos 8.000 milicianos) para formar el esquelético 10º Cuerpo de Ejército encargado de la defensa del perímetro de la ciudad.


Para cuando el dictador soviético quiso cambiar de opinión, ya era demasiado tarde para llevar a cabo una retirada ordenada. Intuyendo que los soviéticos tratarían de romper el cerco por mar, entre el 9 y el 23 de agosto, la Kriegsmarine y sus aliados de la Marina Finlandesa habían sembrado un gigantesco y tupido campo de minas en las aguas cercanas a la península de Juminda. Los dragaminas soviéticos comenzaron a intentar abrir un pasillo para sus convoys a través de los campos de minas, por lo que, a fin de evitarlo, los alemanes  destacaron en esa zona una batería de cañones de 150 mm y la armada finesa desplegó a su 2ª Flotilla de lanchas torpederas. Al mismo tiempo, la 3ª Flotilla de lanchas torpederas (S-Boots) alemana quedó concentrada a la altura de Helsinki y los bombarderos bimotores Junkers Ju-88 del Fliegergruppe 806 con base en Estonia fueron puestos en alerta.


Tributs decidió primero evacuar por mar a todos los heridos, así como a todos los habitantes que no pudieran participar en la defensa de la ciudad, también a algunas unidades de los y 27º Ejércitos Soviéticos que se habían replegado hacia la capital estonia. El buque de transporte "Baltika" aunque dañado por una mina magnética logró evacuar 3.500 personas hasta Kronstadt, sin embargo el "Siberia" menos afortunado fue hundido por los bombarderos del Fliegergruppe 806. Sin embargo, antes de que el navío zozobrara, más de 3.000 pasajeros fueron transbordados a pequeñas embarcaciones que se acercaron para prestar socorro. La línea del frente se acercaba cada vez más hacia la ciudad, sobre la cual la artillería pesada alemana comenzó a disparar de manera inmisericorde.


El 19 de agosto los alemanes lanzaron su asalto final sobre Tallinn. A pesar de la dramática situación, el almirante Tributs consiguió mantener una apariencia de tranquilidad y orden entre las tropas que se habían replegado hacia la bolsa, pero la evacuación no podía esperar. El día 23 de agosto el crucero "Kirov" y el destructor "Leningrad" dispararon su artillería contra las tropas alemanas, las cuales respondieron disparando con piezas de gran calibre. Más de 600 obuses fueron disparados sobre los navíos rusos y el recinto portuario. El 25 de agosto, los destructores "Gordyi" y "Smetlivyi" procedieron a tender cortinas de humo para tratar de ocultar el embarque de tropas. Sin embargo, el hecho de que los soviéticos no contaran con protección aérea para cubrir la evacuación, unido al pesado fuego de la artillería y de los ataques de la Luftwaffe, provocó que al menos un millar de personas que pretendían embarcar resultaran muertas en el mismo puerto.


El día 26 de agosto más de 90 buques con entre 25.000 y 28.000 personas a bordo y miles de toneladas de armas y material militar e industrial ya estaban preparados para abandonar el puerto, con sus respectivos buques de escolta de la armada soviética.  Finalmente, la noche del 27 de agosto, mientras las tropas germanas entraban en Tallinn, tres grandes convoys llevando al grueso de las tropas evacuadas abandonaban el puerto estonio, mientras un cuarto lo hizo en embarcaciones menores. Muchos otros pequeños buques navegaron en solitario, agregándose en ocasiones a un convoy o a otro, por lo que hay cierta confusión en la composición de los mismos según las fuentes.


La improvisada flota encargada de llevar a cabo la evacuación estaba formada por más de 200 embarcaciones: unos 60 buques mercantes de distinto tamaño, que eran acompañados de una fuerza de la armada soviética formada por 20 transportes, un petrolero y numerosos barcos auxiliares. Como escolta estaban el crucero "Kirov" (en la fotografía bajo estas líneas), 9 destructores, 12 submarinos, 14 lanchas torpederas y otros barcos de guerra auxiliares. Entre ellos, había también unos 25 dragaminas, muchos de ellos obsoletos, que iban en vanguardia para tratar de abrir paso a través de los campos de minas.


Lo que ocurrió a continuación fue el mayor desastre naval ruso de la historia, peor incluso que la derrota sufrida contra los japoneses en Tsushima en el año 1905. El conocido como el "Dunkerque soviético" fue un desastre militar y humano de proporciones casi bíblicas. Fue una verdadera carnicería, una dantesca escena, con mercantes y barcos de guerra estallando a derecha e izquierda, aviones atacando desde arriba y minas, miles de minas acechando por doquier. Los barcos que componían la flota de evacuación tenían que salir por un estrecho canal hacia el cabo de Juminda. Dado que carecía de cobertura aérea, la enorme flota se hizo a la mar lentamente al abrigo de la oscuridad para evitar los ataques de la aviación germana.


Sin embargo, con las primeras luces del alba, los bombarderos Ju-88 de la Luftwaffe se cebaron con la flota hundiendo 5 barcos a lo largo de la mañana. Pero lo peor llegaría a partir de media tarde, cuando llegaron al área minada, insuficientemente despejada por los dragaminas. Hacia las 16:00 horas el vapor "Ella" fue el primero en tropezar con una mina y hundirse; inmediatamente después, la artillería costera alemana y finlandesa desataron una tormenta de fuego sobre la flota soviética, mientras la aviación nazi la atacaba sin descanso desde los cielos. Al final de la tarde se unieron a la fiesta las lanchas torpederas alemanes y finesas, que acabaron de desbaratar los esfuerzos por tratar de abrir paso a través de los campos de minas. Todo ello creo gran confusión, los dragaminas encargados de despejar el camino sufrieron daños a causa de minas a la deriva, así como los buques de guerra.  El gran transporte "Ivan Papanine" (3.374 tons.) se hundió con más de 3.000 personas a bordo. Hacia las 23.00 horas los soviéticos perdieron 3 destructores en el espacio de 15 minutos.


Finalmente, a medianoche, la flota ancló al norte de Vaindlo, en mitad del campo de minas. La Flota Roja del Báltico había perdido 5 destructores, 2 lanchas torpederas, 1 patrullera, 3 cazaminas, 3 submarinos, 2 lanchas cañoneras, 15 transportes de tropas y 2 barcos auxiliares. Además 2 destructores, 1 cazaminas, un líder de flotilla y otro transporte resultaron dañados. En la mañana del 29 de agosto, la flota continuó su camino, mientras los bombarderos alemanes la continuaban hostigando sin descanso.  Sin cobertura aérea, ni cañones antiaéreos (los buques de guerra no dieron protección a los mercantes ya que estaban ocupados por no encontrarse con minas a la deriva, y otros barcos rápidos como el crucero "Kirov" se alejaron de la zona) y posibilidad de maniobra limitada por los campos de minas, eran un blanco fácil. Los aviones alemanes aprovecharon para hundir otros 2 transportes militares y numerosos barcos civiles.


Finalmente, un total de 165 barcos, con más de 16.000 personas a bordo consiguió llegar, aunque algunos  dañados gravemente y muy maltrechos, a los puertos Konstradt y Leningrado durante la tarde del día 29 de agosto. Pero el coste había sido muy alto. Las minas, la artillería costera, las torpederas a motor alemanas y finesas y la Luftwaffe hundieron en total 65 barcos soviéticos, causando la muerte de unas 14.000 personas.

Fuentes:

"La Segunda Guerra Mundial" de Antony Beevor
http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?p=539468
http://ww2diario.blogspot.com.es/2011/08/la-evacuacion-de-tallinn-o-el-dunkerque.html
http://www.perogrullo.com/?p=1646
http://en.wikipedia.org/wiki/Soviet_evacuation_of_Tallinn

lunes, 8 de octubre de 2012

La Tragedia del Puerto de Bergen

Bergen es una importante ciudad portuaria situada en la costa sudoeste de Noruega. La capital de la provincia de Hordaland es la segunda ciudad más grande del país nórdico y se la conoce por ser la puerta de entrada a los famosos fiordos noruegos. Durante la Segunda Guerra Mundial la ciudad noruega fue ocupada en el primer día de la invasión alemana del 9 de abril de 1940, tras una breve lucha entre los barcos alemanes y la artillería costera noruega. El 20 de abril de 1944, durante la ocupación nazi, Bergen (en la fotografía bajo estas líneas podéis ver una panorámica del puerto escandinavo en 1941) fue el escenario de la mayor tragedia sufrida por el país nórdico durante la contienda. A continuación os cuentó lo que pasó:


El buque mercante "Voorbode" era un antiguo barco pesquero de arrastre holandés que había sido confiscado por los alemanes y se utilizaba por la Kriegsmarine como carguero para el transporte militar. En el mes abril de 1944, el "Voorbode" estaba realizando una ruta entre Oslo y Kirkenes, cargado con 124.000 kgs. de dinamita y 180.000 fulminantes,  cuando sufrió una serie de problemas mecánicos, que obligaron a su capitán a dirigirse al puerto de Bergen para realizar las reparaciones oportunas. Pese a llevar esa ingente cantidad de explosivos que, en condiciones normales, le hubieran impedido entrar en una ciudad importante y densamente poblada como Bergen, y aunque el buque, al parecer, no cumplía con las mínimas e indispensables normas de seguridad para transportar una carga tan peligrosa, lo cierto es que se permitió la entrada del carguero en los muelles del puerto noruego. No se informó a las autoridades portuarias del contenido del buque, y estas tampoco actuaron con la debida diligencia, no comprobando la carga transportada por el "Voorbode".

 
 

A las 8:39 horas del 20 de abril de 1944 una enorme explosión sacudió la ciudad nórdica. El "Voorbode", que estaba anclado en un muelle existente en el mismo centro de Bergen, junto a la fortaleza Bergenhus, había saltado por los aires. La enorme deflagración provocada por los miles de kgs. de explosivos, arrasó el puerto y gran parte de la ciudad noruega, afectando a numerosos edificios de valor histórico. Una enorme ola, de varios metros de altura, lanzó tierra adentro a varios barcos fondeados en el puerto, además de restos de embarcaciones, mercancías, escombros y partes del propio muelle. Para que os hagáis una idea de la intensidad de la detonación, baste con deciros que una parte del ancla del "Voorbode", apareció en Sandviksfjellet, una pequeña montaña de 417 metros cercana al puerto.
 
 
 

La onda expansiva de la explosión y la gran ola que se formó a continuación arrasaron los barrios cercanos al puerto. La detonación también provocó numerosos incendios, y muchas viviendas, constituidas por tradicionales casa de madera fueron pasto de las llamas, dejando a 5.000 personas sin hogar. Un total de 160 personas murieron y otras 5.000 resultaron heridas, en su mayoría civiles.


Los alemanes inicialmente trataron de ocultar la magnitud de la catástrofe, probablemente para no poner al descubierto su negligencia en el cumplimiento de las normas de seguridad y el fallo en el control del buque y su letal cargamento. Dado que el día de la explosión era el cumpleaños de Adolf Hitler, surgieron sospechas de si podía haberse tratado de un acto de sabotaje, pero investigaciones posteriores revelaron que la deflagración fue causada por un fortuito accidente de auto-ignición.

Fuentes:
 http://en.wikipedia.org/wiki/ST_Voorbode
http://web.hist.uib.no/delfag-h97/tormod/explo.htm

miércoles, 15 de febrero de 2012

El raid sobre Saint-Nazaire

Los Comandos (British Commandos) nacieron de la filosofía de llevar la guerra al enemigo, que a su vez emanó de la postura defensiva en la que se instaló el pensamiento militar británico después del desastre de la campaña de Francia y la posterior evacuación de la British Expeditionary Force en Dunkerque. El Teniente Coronel Dudley Clarke, destinado en Palestina en 1936, había podido observar como pequeñas unidades expertas en golpes de mano podían inmovilizar a todo un ejército al tiempo que le infligían daños y desmoralizaban al personal. En junio de 1940, Clarke preparó una memoria para el alto mando en la que esbozaba el concepto de una fuerza de combate pequeña, móvil y ofensiva, basada en parte en la actuación de los guerrilleros bóers, que habían sido capaces de paralizar a un 250.000 soldados británicos en Sudáfrica.


El Primer Ministro Winston Churchill aprobó la idea y empezaron a circular despachos por todo el Reino Unido pidiendo voluntarios para un servicio especial de naturaleza no definida pero difícil y peligroso: eran las llamadas "Compañías Independientes", unidades de incursión anfibia que crecieron después para convertirse en los British Comandos, consistentes en pequeños grupos de asalto, ligeramente equipados, pero muy entrenados y enérgicos, formados por voluntarios selectos, que llevaron a cabo numerosas incursiones contra la Europa ocupada. La "Operación Chariot" lanzada sobre el puerto francés de Saint-Nazaire, fue una de las acciones más intrépidas realizadas por los Comandos durante la Segunda Guerra Mundial y que ahora mismo paso a contarles.


Aunque en 1940, Gran Bretaña había salido victoriosa de la Batalla de Inglaterra, derrotando con claridad a la Luftwaffe, el bloqueo marítimo que estaban sufriendo las islas británicas por parte de los U-Boots  alemanes, la ponía nuevamente al borde de la derrota. Sumado a ese peligro, la acción de buques de superficie alemanes, como el Admiral Graf Spee o el poderoso Bismarck, dio a la situación un aire de preocupación, que inquietaba al mando británico. Saint-Nazaire, ubicado en la costa francesa del Atlántico en la desembocadura del Loira, ofrecía a los alemanes una excelente refugio para sus submarinos, y además tenía un descomunal dique seco (el Dique Normandie, que se observa en las imágenes) capaz de recibir en su seno a los acorazados alemanes de mayor tonelaje - como el Tirpitz, gemelo del Bismarck - para el supuesto de que fueran destinados a combatir en el Atlántico y precisaran de reparaciones o mantenimiento. Los británicos suponían que si dejaban fuera de servicio este dique, la Kriegsmarine no se arriesgaría a mandar a sus escasos buques de superficie al Atlántico. Dicho de otro modo, sin ese dique seco, cualquier barco alemán averiado, debería forzar su paso por el Canal de la Mancha o por el Mar del Norte, lo cual sería demasiado arriesgado.


El plan era destruir la esclusa de entrada al referido dique, para lo cual un buque cargado hasta los topes de explosivos debía lanzarse contra la compuerta a modo de ariete, empotrándose contra la misma. Los explosivos, dotados de un sistema especial de detonación retardaba, se esperaba que explotaran 8 horas después del impacto, destruyendo la esclusa y dejando fuera de servicio el dique seco. Una vez que el destructor quedara literalmente incrustado en la compuerta, los Comandos y equipos de demolición embarcados en el mismo saltarían a tierra, para tratar destruir las instalaciones del puerto, y luego salir pitando como alma que lleva el diablo del puerto francés. Si el plan salía como estaba previsto, el Dique Normandie quedaría fuera de servicio durante un largo tiempo, aunque se trataba de un ataque de un enorme riesgo tanto para los 265 Comandos participantes - que habían estado entrenando en Escocia y Gales, fundamentalmente en ataques contra instalaciones portuarias, depósitos, diques, esclusas y compuertas -  como para los 346 marineros de los barcos que les acompañarían en el raid (3 destructores, 16 lanchas motoras ML (Motor Launches) (algunas de ellas armadas con lanzatorpedos), la lancha torpedera MTB74 (Motor Torpedo Boat)  y la cañonera MGB314 (Motor Gun Boat).


El buque encargado de la destrucción de la esclusa era el HMS Campbeltown, un obsoleto destructor norteamericano de la Primera Guerra Mundial, el USS Buchanan (en la foto superior), que en 1940 había pasado a formar parte de la Royal Navy en virtud de la Ley de Prestamo y Arriendo. La carga explosiva del HMS Campbeltown se realizó utilizando 24 cargas de profundidad, cada una de ellas de 200 kgs, lo que proporcionaba 4,8 toneladas de explosivos, que se introdujeron en un tanque especial de acero revestido de cemento situado sobre los depósitos de combustible en la proa del barco. Los detonadores eran los nuevos de acción retardada utilizados por el ejército, programados para hacer efecto después de 8 horas, y se usaron 3 de ellos para asegurar la detonación. Para tratar de que el destructor, al mando del Teniente-Comandante Stephen H. Beattie, tuviera la apareciencia de un torpedero alemán de la clase Möwe (la primera de las fotografías de aquí abajo), se eliminaron dos de las chimeneas más a popa, se acortó una tercera, se eliminó el mástil de popa, se redujo el tamaño del puente, se elevaron las bordas y se modificó su armamento. También se añadieron grandes planchas de metal en la cubierta, para brindar protección a los Comandos embarcados en él, y el puente fue desmontado y blindado (con el resultado final que se puede observar en el croquis de la segunda imagen).



Los otros dos destructores ingleses, HMS Atherstone y HMS Tyndale, proporcionarían la escolta durante el viaje hacia la costa francesa (y el posterior regreso a costas inglesas), pero no participarían directamente en el ataque. Además, unos 60 bombarderos de la RAF atacarían la zona portuaria poco antes del ataque de los Comandos, como forma de distraer las defensas y de iluminar la zona del objetivo. El Capitán de Corbeta Robert Ryder estaría al mando de la agrupación naval y el Teniente Coronel Augustus C. Newman mandaría las acciones en tierra de los Comandos y grupos de demolición, viajando ambos a bordo de la cañonera MGB314, donde estaría el puesto de mando del raid.

Las defensas alemanas en torno al puerto de Saint-Nazaire eran considerables y estaban, en su totalidad, bajo el control y mando de la Kriegsmarine. El comandante responsable de toda la zona del estuario de Loira era el Capitán de Corbeta Adalbert Zuckshwerdt, que tenía bajo su mando un batallón de artillería de costa  (que contaba con 28 cañones de variado calibre, desde 75mm hasta 150mm y 170mm, y una batería sobre raíles de 240mm), una brigada de artillería antiaérea (3 batallones, con cañones capaces de disparar tanto a blancos aéreos como terrestres, con calibres que iban desde 20mm a 37mm y 40mm, aunque las baterías más potentes de 88mm sólo podían hacer fuego antiaéreo) y algunas fuerzas menores bajo la responsabilidad del comandante del puerto. Asistiendo a la artillería en la identificación de blancos, se encontraban dos estaciones de radar, además de otras estaciones de apoyo exclusivo a la artillería antiaérea y una pequeña unidad de globos de barrera. Además de todas estas defensas permanentes, estaban las tripulaciones de los numerosos barcos y submarinos amarrados en la base. El cálculo estimado de los efectivos alemanes destacados en la zona de Saint-Nazaire podría exceder de los 5.000 hombres.


La pequeña flotilla (en la imagen inferior la torpedera MTB74) zarpó del puerto de Falmouth hacia su misión a las 14 horas del 26 de marzo de 1942, poniendo rumbo sur hacia el Golfo de Vizcaya, alejándose de la desembocadura del Loira, para después girar hacia el noroeste, hasta el punto de encuentro con un submarino que estaba cerca de la costa y hacia las veces de baliza para guiar en la oscuridad a la flotilla hacia el puerto francés a través del estuario del río. Sobre las 7:00 horas del día siguiente, el HMS Tynedale avistó un submarino alemán sobre la superficie y abrió fuego.  Los dos buques de escolta abandonaron momentáneamente el convoy para enfrentarse al U-Boot, que se sumergió rápidamente, y fue atacado sin éxito mediante cargas de profundidad. Sorpresivamente, parece ser que el sumergible alemán no informó debidamente del incidente, algo que podría haber mandado al traste toda la operación.

En la tarde del 27 de marzo, los dos destructores de escolta se apartaron del convoy y las embarcaciones británicas se dirigieron a la desembocadura del Loira, donde sobre las 22:00 horas el submarino HMS Sturgeon guió a la flotilla (en la imagen inferior una lancha motora ML) mediante su faro de navegación mostrándole la ruta hacia su objetivo, al mismo tiempo que el HMS Campbeltown izaba la bandera de combate de la marina alemana, como forma de confundir a las defensas enemigas.


A las 23,30 horas del 27 de marzo, 5 escuadrones de bombarderos de la RAF (35 Whitleys y 27 Wellingtons) iniciaron el bombardeo de la zona. El Capitán de Navío Karl-Konrad Mecke, que estaba a cargo de la brigada de artillería antiaérea, se mostró extrañado por la estrategia de los aviones británicos, pues habían lanzado un número muy reducido de bombas para la cantidad de aparatos que participaban en el ataque. Temiéndose que se pudiera estar cociendo algo gordo, sobre la medianoche envió una comunicación a todos los puestos de mando indicando que "la actuación de los aviones enemigos es inexplicable, y hace sospechar posibles ataques de paracaidistas". A las 1:00 horas la mayoría de los aviones británicos había desaparecido, y los pocos que permanecían en el área volaban fuera del alcance de los antiaéreos. Mecke ordenó que cesara el fuego y se apagaran los reflectores, pero también que se mantuviera la alerta y la observación de posibles acciones del enemigo, especialmente en dirección al mar.


Sobre las 1:15 horas del 28 de marzo, la flotilla británica fue avistada navegando a velocidad moderada con rumbo al puerto por uno de los batallones de artillería antiaérea dispuestos en la orilla este del río.  Al ser informado del hecho por sus subordinados, Mecke preguntó a la Jefatura del Puerto si se esperaba la llegada de algún grupo de barcos alemanes, y siendo la respuesta negativa, transmitió una orden urgente a todos los puestos alertando de un posible desembarco enemigo. A la recepción del mensaje de alerta todo el personal militar del puerto fue puesto en alarma de combate: las tripulaciones de todos los barcos se convirtieron de inmediato en tropas de infantería y todas las armas antiaéreas capaces de hacerlo se prepararon para apuntar a objetivos terrestres. El factor sorpresa del ataque se había ido al garete, pero un pequeño detalle actuó a favor de la flotilla. Desde la alarma de desembarco lanzada por Mecke, hasta que todos los reflectores del puerto fueron encendidos y comenzaron a rastrear el mar, pasaron al menos 5 valiosísimos minutos para que el HMS Campbeltown y sus acompañantes en el raid pudieran acercarse más al puerto de Saint-Nazaire.


Hacia las 1:22 horas, los reflectores empezaron a iluminar a la flotilla, pero gracias al intercambio de señales luminosas con los puertos alemanes llevado a cabo por un marinero especialmente entrenado, tratando de aparentar ser un convoy alemán que llegaba al puerto en misión secreta, se consiguió ganar más tiempo, aproximándose todavía más al puerto, y generando de paso más confusión entre las fuerzas alemanas, pues de noche y en la distancia, el HMS Campbeltown, tras las modificaciones sufridas y con el pabellón naval de la Kriegsmarine izado parecía un torpedero alemán. Ello unido a que ningún alemán en Saint-Nazaire podía imaginar que una fuerza británica fuera a correr el riesgo de atacar la base, provocó que todavía se dispararan unas salvas de advertencia, a las que el destructor británico respondió con un mensaje de su reflector de señales: "Esperen". Inmediatamente después transmitió otro mensaje: "Urgente. Dos barcos dañados por fuego enemigo, permiso para entrar en el puerto cuanto antes", lo que provocó que el fuego alemán de advertencia cesara momentáneamente.

Inmediatamente después las baterías costeras abrieron fuego y de nuevo las señales del HMS Campbeltown les indicaban que estaban cometiendo un error: "Están disparando a barcos amigos". Nuevamente las baterías dejaron de disparar. Ahora la osada flotilla se encontraba a tan solo 6 minutos de su objetivo, pero era evidente que el engaño no podía durar eternamente. Los mandos alemanes no tenían la certeza absoluta de que los barcos que se acercaban fueran amigos, así que ordenaron abrir fuego sin contemplaciones sobre ellos con todas las piezas. Siendo evidente que no podrían engañar a los alemanes ni un segundo más, el Capitán Robert Ryder, al mando de la flotilla, ordenó devolver el fuego enemigo e izar la bandera de la Royal Navy. En un instante el estuario se convirtió en un infierno de explosiones, impactos de artillería sobre el agua, balas trazadoras y metralla. Casi de inmediato los componentes de la flotilla empezaron a encajar impactos, y a falta de 5 minutos para alcanzar el puerto ya todo era cuestión de acelerar la marcha, responder a los disparos y encomendarse a la suerte.


La cañonera MGB314 (en la foto), que iba en la cabeza del convoy, se encontró con una pequeña patrullera alemana intentado bloquear la entrada al puerto y disparando sobre los barcos británicos, por lo que la embarcación británica se acercó lo máximo posible al patrullera enemiga y barrió la cubierta con balas explosivas, dejándola fuera de combate. Pero el blanco principal para la artillería alemana era el HMS Campbeltown. Su tamaño atraía los proyectiles de todos los calibres, que impactaban en la cubierta, el puente y el casco del barco. La sala de máquinas y las calderas fueron alcanzadas, y los Comandos intentaban protegerse en el interior como buenamente podían de la lluvia de fuego y metal que caía sobre ellos, esperando el momento en que el barco alcanzara su objetivo y pudieran saltar a tierra. El comandante Stephen H. Beattie, siendo consciente del riesgo que corrían los Comandos ocultos en las bodegas del barco, ordenó que salieran de allí y se resguardaran en el fuertemente blindado compartimento del timón. Después ordenó a toda máquina, el barco alcanzó una velocidad de 20 nudos, y Beattie se concentró en llevar al castigado destructor contra las compuertas del Dique Normandie, que parecía estar a un mundo de distancia.

Un segundo más tarde el puente del HMS Campbeltown fue barrido por el haz de luz de un reflector, que cegó momentáneamente a Beattie, e inmediatamente después el timonel cayó muerto. El contramaestre saltó para hacerse con el gobierno del barco, pero también fue alcanzado, y fue finalmente uno de los Comandos especialistas en demolición, quien se hizo cargo del timón. El cañón de cubierta del destructor británico fue alcanzado por un disparo de gran calibre, que mató a su dotación y a los Comandos que se encontraban con ellos. La explosión impidió a Beattie por unos segundos comprobar el rumbo, pero en cuanto se disipó el humo pudo ver ante él la entrada sur, y las compuertas del dique a unos pocos cientos de metros por delante. Entonces la MGB314 viró para situarse a la derecha del HMS Campbeltown y dejarle vía libre, y Beattie anunció "¡Preparados para colisión!". Unos segundos más tarde alcanzaban la red antitorpedos desplegada ante el dique, pero fue incapaz de frenar a las más de 1.000 toneladas del viejo destructor lanzadas a toda máquina. En un instante el buque británico embestió contra el centro de las compuertas exteriores finalizando su extraordinaria carrera contra el tiempo y el fuego enemigo. Eran las 1:34 horas, y el HMS Campbeltown había alcanzado su objetivo con sólo 4 minutos de retraso.


Aprovechando la confusión, los Comandos que viajaban en el HMS Campbeltown, junto con los embarcados en el resto de la flotilla se lanzaron hacia sus objetivos en las distintas instalaciones portuarias, con mayor o menor fortuna. Aunque una gran parte de las lanchas motoras que integraban el raid habían sufrido graves daños y bajas entre sus ocupantes (algunas de ellas ni siquiera pudo desembarcar a los comandos británicos al ser hundida), pese a todo, estos lograron poner fuera de combate algunos de sus objetivos, como la estación de bombeo de agua que hacía posible el vaciado del dique seco, la maquinaria encargada de abrir y cerrar las compuertas del mismo y algunos de los depósitos subterráneos. El Teniente Coronel Newman y sus hombres, ante el creciente número de tropas alemanas que los hostigaban, no pudieron destruir todos los objetivos asignados y se vieron obligados a retirarse y reagruparse en el muelle, donde debían ser recogidos por las lanchas motoras. Sin embargo, el fuego enemigo durante el transcurso del ataque había diezmado la flotilla, siendo evidente que la evacuación por mar no era una opción al no haber suficientes embarcaciones para evacuar a los más de 100 Comandos que todavía estaban en tierra. Ante esta eventualidad, las órdenes de Newman eran que los no pudieran ser evacuados por mar debían tratar de abrirse paso combatiendo por las calles de Saint-Nazaire para escapar del cerco alemán e intentar regresar a Inglaterra como cada uno buenamente pudiera, y caso de que no fuera posible escapar, no rendirse hasta que se agotara la munición y  que no fuera posible recibir ningún tipo de ayuda.

 
Salvo 5 Comandos que lograron escapar y llegaron a Gibraltar a través de España, el resto de los que quedaron en tierra murieron en combate o fueron capturados por los alemanes. De los 622 hombres que integraron el raid sobre Saint-Nazaire, sólo 228 pudieron regresar a Inglaterra, en tan sólo 3 lanchas motoras (ML) del total de 18 embarcaciones de que constaba la flotilla que acompañaba al HMS Campbeltown (el resto fueron destruidas y hundidas durante la incursión). El ataque costó a los británicos 169 muertos (105 marineros de la Royal Navy y 64 Comandos) y 215 prisioneros (106 marineros y 109 Comandos). A ojos de los alemanes el raid parecía un rotundo fracaso de los británicos que habían sufrido unas enormes pérdidas y no habían causado apenas daños reseñables. Lo que no sabían es que la "Operación Chariot" todavía no había terminado y que su momento culminante estaba por llegar.


La mañana siguiente al ataque transcurría en Saint-Nazaire con las tropas alemanas ocupadas en encontrar y neutralizar a los escasos Comandos que todavían ofrecían resistencia y trataban de escapar. Mientras tanto, en el Dique Normandie, una multitud de personas (oficiales de inteligencia, altos mandos y soldados alemanes, personal de mantenimiento, trabajadores franceses, responsables de la propaganda nazi dispuestos a tomar fotos del barco inglés (como la que se pueden ver abajo)...) se había ido congregando alrededor del HMS Campbeltown para contemplar el inútil intento de los británicos. A las 11:35 horas de la mañana del 28 de marzo de 1942 las cargas de explosivos ocultas en el interior del destructor detonaron produciendo una enorme explosión que prácticamente volatilizó el barco, destruyendo las esclusas del dique seco y llevándose por delante a muchos de los allí presentes.


Fuera por la pericia del Teniente-Comandante Beattie, fuera por pura casualidad, lo cierto es que el HMS Campbeltown había quedado encajado en las esclusas del dique justo en el punto exacto en el que se encontraban los explosivos, y la destrucción provocada por la explosión fue inmensa. Las esclusas externas desaparecieron, y el barco, impulsado por la fuerza del agua al penetrar en el dique, salió disparado hacia el interior, yendo a chocar contra dos buques tanque que se encontraban en él. El número de soldados alemanes y civiles muertos se elevó a casi 400, incluyendo entre ellos a 40 altos oficiales que estaban realizando una visita de  inspección en el buque. El puerto tuvo que ser cerrado durante varios días, y toda la población del casco viejo de Saint-Nazaire evacuada. Incluso dos días después, el 30 de marzo, continuaban explotando algunas de las cargas y torpedos de explosión retardadas que los Comandos y las lanchas de la flotilla habían usado en el ataque, generando más destrucción en las instalaciones portuarias y una gran confusión entre los alemanes. El Dique Normandie no pudo ser utilizado por la marina nazi durante el resto de la guerra.


La noticia del ataque corrió por toda Francia, elevando la moral patriótica de sus habitantes y enfureciendo al propio Hitler. Si la pérdida del Dique Normandie ya era un mal asunto, era todavía peor el hecho de que los British Commandos hubieran sido capaces de traspasar las defensas alemanas de un modo tan fácil. El Führer ordenó al Mariscal Gerd Von Rundstedt - Comandante en Jefe del Ejército Occidental y del Grupo de Ejércitos D con sede en Francia - la apertura de una investigación, cuyas pesquisas se pusieron en marcha el día 31 de marzo, informando finalmente que no había existido a su juicio ningún tipo de negligencia en el comportamiento de las tropas alemanas encargadas de la defensa del puerto, más bien al contrario. Ello no fue suficiente para calmar la ira del dictador nazi, quien ordenó al General Alfred Jodl del OKW (Alto Mando de la Wehrmachtque visitara en persona a Von Rundstedt tres días más tarde para "examinar en más detalle el fracaso en repeler al enemigo", lo que llevó a serios encontronazos entre el Heer (ejército de tierra) y la Kriegsmarine, al querer hacer quedar a ésta como chivo expiatorio por el golpe recibido.

Los participantes en el raid de Saint-Nazaire recibieron un total de 89 condecoraciones, entre ellas 5 Cruces Victoria, tres para la Royal Navy (Capitán de Corbeta Robert Ryder, teniente-comandante Stephen H. Beattie y marinero William Savage), y dos para el Ejército (Teniente Coronel Augustus C. Newman y sargento Thomas Durrant). El resultado final del ataque fue un éxito total, y una llamada de atención para los defensores de la Muralla del Atlántico en el sentido de que los aliados eran capaces de golpear a lo largo de su aún incompleta línea de defensa. Lord Louis Mountbatten, responsable del Combined Operations Headquarters, en una carta dirigida al coronel Newman - tras su liberación como prisionero de guerra en 1945 - afirmaba: "Habiendo estado asociado a lo largo de mi carrera a prácticamente todas las operaciones combinadas, desde pequeños asaltos protagonizados por sólo dos hombres hasta el desembarco en Normandía, no tengo reparos en decir que el mejor y el que mayores resultados produjo de todos ellos fue nuestro ataque en Saint Nazaire."

lunes, 23 de enero de 2012

La Estación Meteorológica Kurt

La noche del 22 de octubre de 1943, las frías aguas de la Bahía de Martin en la  Península del Labrador (Canadá), en el Atlántico Norte, se abrieron entre dos enormes surcos de espuma surgiendo de entre ellos la oscura silueta de un submarino. Se trataba de un U-Boot de la Kriegsmarine alemana, concretamente el U-537 (en la foto inferior), que había levado anclas del puerto alemán de Kiel el 18 de septiembre de 1943, para acometer una misión muy especial en tierras canadienses. Ahora mismo os la cuento.


No cabe duda de que, durante la Segunda Guerra Mundial (al igual que en cualquier otra guerra), el clima era un elemento a tener muy en cuenta antes de acometer cualquier operación o plan de ataque. Unas condiciones climatológicas adversas o desfavorables podían suspender una ofensiva, paralizar las actividades de la aviación o enviar al traste cualquier operación. Por ello, los mandos militares debían de tener los mejores medios a su alcance para que las predicciones meteorológicas fueran lo más precisas posibles a tales efectos.

El clima en el Hemisferio Norte del globo se mueve predominantemente de oeste a este. Este hecho daba a los Aliados una importante ventaja: la red de estaciones meteorológicas aliadas en América del Norte, Groenlandia e Islandia les permitía hacer pronósticos meteorológicas muchísimo más precisos y fiables que los alemanes. Los metereólogos alemanes sólo obtenían informes climáticos enviados por buques y submarinos que operaban en el Atlántico Norte, los informes de las estaciones meteorológicas clandestinas existentes en partes remotas del Ártico y las lecturas recogidas a lo largo del Atlántico por aviones especialmente equipados. Sin embargo, los buques y las estaciones clandestinas eran fácilmente capturados y desmanteladas por los aliados durante la primera parte de la guerra, y los datos facilitados por los aviones era sumamente incompletos, pues los aparatos eran de alcance limitado y susceptibles de ser derribados por el enemigo. La presentación de informes periódicos elaborados por los submarinos suponía ponerlos en riesgo, ya que rompía su silencio de radio, pudiendo los aliados localizar y rastrear sus movimientos mediante la triangulación de señales.


Para obtener más información, los alemanes desarrollaron la estación meteorológica terrestre Wetter-Funkgerät (WFL). Diseñada por Ernest Ploetze y Edwin Stoebe y fabricada por la compañía alemana Siemens, era una estación meteorológica automática  que consistía en diversos sistemas de medición además de un potente transmisor de 150 vatios y un mínimo de 10 contenedores con baterías secas de alto voltaje que funcionaban con niquel-cadmio (que garantizaban el funcionamiento de la estación durante 3 meses). La estación tomaba lecturas del tiempo (temperatura, humedad, presión barométrica, dirección y velocidad del viento), traducía esos datos automáticamente al Código Morse y los transmitía cada 3 horas a través de onda corta. El Alto Mando alemán decidió que 14 de esas estaciones meteorológicas WFL serían desplegadas formando una red secreta por el Ártico y sub-regiones del Ártico (Groenlandia, la isla del Oso, Spitsbergen y Franz Josef Land) y 5 se colocarían alrededor del Mar de Barents. Dos de ellas se destinarían también en América del Norte.


El submarino U-537 comandado por el capitán Peter Shrewe (en la foto superior),  zarpó de Kiel (Alemania) el 18 de septiembre de 1943. Tras una breve parada en el noruego puerto de Bergen, se hizo de nuevo al mar el 30 de septiembre. Su misión era la instalación de una de esas estaciones WFL en un emplazamiento lo suficientemente deshabitado de América del Norte que pudiera aportar valiosa información meteorológica para las operaciones de la Kriegsmarine. Se decidió que el lugar idóneo era la costa de la Península del Labrador (Canadá). A bordo del submarino alemán viajaba un científico, el Dr. Kurt Sommermeyer, su ayudante Walter Hildebrant y la Wetter-Funkgerät (WFL) Número 26 (la sexta de una serie de 21 estaciones meteorológicas de este tipo fabricada por Siemens).


El 22 de octubre el U-537 llegó a la Bahía de Martin en el extremo norte de la Península del Labrador. Una hora después de fondear, un grupo de exploradores habían localizado un lugar adecuado y poco después el Dr. Sommermeyer, su ayudante y diez marineros desembarcaron para instalar la estación. Vigías armados se colocaron en tierra mientras parte de la tripulación reparaba los daños del submarino causados por una fuerte tormenta sufrida durante el viaje. Durante las siguientes 48 horas el U-537 estuvo anclado mientras la tripulación traspasaba los contenedores de 220 libras, junto con un trípode y un mástil, a botes de goma y los llevaba a tierra. La estación meteorológica se instaló 400 metros tierra adentro en una colina de 500 m de altura en la posición 60 ° 5' N, 64 ° 24' O. Para evitar sospechas algunos de los equipos se habían marcado con la inscripción "Servicio Meteorológico de Canadá" y la tripulación dejó abandonados en los alrededores paquetes vacíos de cigarrillos americanos. A las 17:40 del 23 de octubre, después de comprobar que la estación estaba funcionando correctamente, Schrewe levó anclas y se dirigió a cumplir una patrulla anti-buque en Terranova, la cual realizó sin incidentes, regresando a Lorient (Francia) el 8 de diciembre.


Los informes indican que la 'Estación Meteorológica Kurt' transmitió normalmente por unos días, pero luego hubo saltos de frecuencia, y finalmente dejó de emitir. En julio de 1944, otro submarino alemán, el U-867 salió de Noruega para instalar una segunda estación meteorológica en la península del Labrador, pero fue hundido con toda su tripulación en aguas noruegas mediante cargas de profundidad lanzadas por bombarderos B-24 Liberator del 224º Escuadrón de la RAF. El U-537 fue trasladado al Lejano Oriente y se hundió, pereciendo toda su tripulación, el 10 de noviembre 1944 al ser torpedeado en el Mar de Java por el submarino norteamericano USS Flounder. Sólo el Dr. Sommermeyer y unos pocos marineros del submarino que habían sido transferidos a otras unidades, quedaron como testigos de la audaz misión.


La existencia de la estación meteorológica WFL 26 permaneció en secreto hasta que a finales de 1970, un ingeniero llamado Franz Selinger, tras su retiro de Siemens, decidió escribir un libro sobre la historia del servicio meteorológico alemán. Entre los documentos del Dr. Sommermeyer encontró fotografías de una estación meteorológica y un submarino que no correspondían con las estaciones árticas de Groenlandia y Svalbard, que previamente había identificado. Después de un tiempo logró reconocer en las fotografías la costa de la Península del Labrador, pero ni las autoridades estadounidenses ni las canadienses pudieron aportar pruebas de la existencia de la estación meteorológica. A través del historiador naval Jürgen Rohwer y el hijo del Dr. Sommermeyer lograron identificar al U-537 y hallaron su diario de a bordo en los archivos de Friburgo.


En 1980, Selinger escribió al historiador oficial de las fuerzas armadas canadienses, W. Douglas, quien lo comunicó al Servicio Canadiense de Guardacostas, quienes inspeccionaron la zona hasta dar con el emplazamiento de la 'Estación Meteorológica Kurt' y sus restos, entre los que  todavía se encontraba la estructura, el mástil y algunas baterías. La estación fue desmantelada, restaurada y trasladada al Canadian War Museum en Ottawa, donde en la actualidad se exhibe al público de manera permanente.