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lunes, 22 de abril de 2013

Los Hermanos Borgstrom

En anteriores entradas os conté las trágicas historias de varios grupos de hermanos alistados en el bando aliado que murieron durante la contienda, como los hermanos estadounidenses Niland - los más famosos, ya que inspiraron el film de  Steven Spielberg "Salvar al Soldado Ryan" (1998) - y Sullivan (podéis saber la historia de ambos en este post), o los canadienses Westlake. Pues bien, la historia que procedo a relatar a continuación es bastante similar. Sus protagonistas son también norteamericanos: los hermanos Borgstrom, hijos de un matrimonio de inmigrantes suecos que llegaron al estado de Utah a principios del siglo XX, fijando su residencia en una población llamada Thatcher.


Alben y Gunda Borgstrom tuvieron diez hijos, de los cuales siete eran varones (aunque uno de ellos murió siendo niño, por una perforación del apéndice). Cuando los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial, los cinco hermanos Borgstrom que tenían edad para alistarse lo hicieron. Eran LeRoy Elmer (nacido en 1914), Clyde Eugene (1916), Boyd Carl (1921) y los gemelos Rulon Jay y Rolon Day (nacidos en 1925). Fueron destinados, como era de esperar, en distintos cuerpos y regimientos para evitar que murieran todos. Sólo que no sirvió de mucho: la mala suerte se cebó con esta familia y cuatro de los cinco hermanos murieron en un período de tiempo de 6 meses en el año 1944. 


El primero en caer fue Clyde (28 años). Enrolado en los Marines y destinado al Pacífico Sur, donde había participado en varias batallas por la captura de pequeñas islas de esa zona. El 15 de marzo de 1944 se encontraba en la isla de Guadalcanal (Islas Salomón) cuando falleció a consecuencia de un desafortunado accidente: despejando una pista de aterrizaje de un aeródromo, un árbol le cayó encima y le mató (aunque según otras fuentes, cayó en combate en dicha isla el 17 de marzo). El siguiente de los hermanos Borgstrom en morir fue LeRoy Elmer (30 años). Prestaba servicios como sanitario en el 361º Regimiento de Infantería (91ª División) y había participado en varias batallas en el Norte de África e Italia, donde finalmente falleció el 22 de junio de 1944, al ser alcanzado por un francotirador alemán cuando trataba de evacuar a un soldado herido. El 8 de agosto de 1944, uno de los gemelos, Rolon (19 años), alistado como artillero en un bombardero pesado de la  USAAF, falleció de las graves heridas sufridas durante una misión de bombardeo llevada a cabo sobre Francia y Alemania. Apenas unas semanas después, el 25 de agosto, el otro gemelo Rulon, también artillero de un bombardero, fue dado por desaparecido tras los combates aéreos librados sobre LaDress (Francia). Su muerte no se confirmó hasta el mes de octubre


La muerte de los cuatro hermanos Borgstrom fué un auténtico mazazo, no sólo para su familia, sino para toda su comunidad. Incluso, tras confirmarse la muerte de Rulon, el empleado de telégrafos de Thatcher no quiso entregar la notificación a la familia, la cuarta en menos de seis meses, para no volver a ver la misma expresión en la cara de la madre y tuvo que ser el obispo mormón de la zona (los Borgstrom eran practicantes de dicha fe) quien le diese la trágica noticia. Tras perder a cuatro hijos, toda la familia se movilizó inmediatamente, apoyada por sus vecinos, amigos y por los congresistas electos del estado de Utah para que el quinto de los hermanos, Boyd, miembro de los Marines igual que su hermano Clyde, fuese liberado del servicio y devuelto a casa. El propio presidente Franklin D. Roosevelt intervino en su favor y envió a los Borgstrom una carta de condolencia en la que decía que la pérdida de los cuatro hermanos "aumenta nuestra determinación de llevar esta guerra a un final rápido y exitoso". Finalmente, el 7 de octubre de 1944, Boyd era trasladado de vuelta a los EEUU y licenciado, mientras que el hermano menor, Elton, que todavía era menor de edad, quedaba exento del servicio militar.


Los cadáveres de los cuatro hermanos Borgstrom no pudieron ser repatriados hasta varios años después de terminada la guerra. Los cuatro fueron enterrados juntos el 25 de junio de 1948, tras una multitudinaria ceremonia, en el cementerio Riverview, en Tremonton (Utah), durante la cual se les concedieron póstumamente tres Estrellas de Bronce, una medalla de las Fuerzas Aéreas y otra de Buena Conducta. Un campo de entrenamiento en Ogden (Utah) lleva su nombre.


Casos como el de los Borgstrom, los Sullivan o los Niland llevaron al Departamento de Defensa de los EEUU a establecer la Directiva 1315.15 o "Norma Especial de Separación para la Supervivencia", conocida comúnmente como la "Norma del Único Superviviente" (Sole Survivor Policy): cuando dos o más hermanos caen en combate y sólo queda un hermano, a éste se le prohíbe ingresar en el ejército (o, si ya es miembro, se le licencia). Dicha política entró en vigor en 1948 y, aunque no siempre se ha aplicado, sigue vigente. Así, en 2007 Jason Hubbard fue licenciado después de que sus hermanos Jared y Nathan cayeran en Irak en 2004 y 2007, respectivamente. Y en 2011, Beau Wise fue retirado del servicio activo tras perder a sus dos hermanos, Ben y Jeremy, en Afganistán

Fuentes:

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (56)



"Tenéis mi más sincera admiración por la exterminación de esos 11.000 idiotas de ojos rasgados"

William F. 'Bull' Halsey - Almirante de la Flota del Pacífico de los EEUU, dirigiéndose a los Marines estadounidenses tras la toma de Peleliu (noviembre 1944)

martes, 30 de octubre de 2012

Citas Literarias (5)

"El momento por el que mi padre recibía la calificación de héroe no era particularmente memorable ni valioso. Cuando le mostraron la foto por primera vez, no tenía ni idea de qué le estaban hablando. No se reconocía a sí mismo ni a sus compañeros. Para él, para los que estaban en la cima del Suribachi en ese instante, plantar aquella bandera fue tan importante como anudarse los cordones de las botas.

La ironía, por supuesto, es que Doc Bradley, como tantos otros, fue en verdad un héroe en Iwo Jima. Y en más de una ocasión. Y la maldita foto reflejaba, precisamente, uno de los pocos momentos en los que ni él ni sus camaradas estaban haciendo nada relevante. En 1998, el doctor James Wittmeier, supervisor médico de Doc en la isla, se sentó silenciosamente junto a mí. Me dejó que le preguntase de diversas maneras por qué creía que mi padre jamás habló sobre ese asunto. Finalmente, tras unos embarazosos minutos, se giró hacia mí y me dijo dulcemente: '¿Has tenido alguna vez entre tus manos un huevo roto? Pues bien, así es como tu padre y yo teníamos que coger las cabezas de esos muchachos en Iwo.' Las cabezas de los auténticos héroes, viendo como la vida se les escapaba a cada segundo mientras los sostenía entre sus brazos.

John Bradley sabía qué era el heroísmo y podía separar de aquella imagen, de aquella idiotez, la esencia real del concepto. Y no importaba que millones de personas creyesen lo contrario: John Bradley sabía que el fervor épico forjado alrededor de la fotografía era espurio.

Papá no quería que su vida fuese dictada por la Fotografía, por aquello que inundaba la cabeza de la gente cuando la contemplaban. Lo que el retrato representaba para ellos no tenía ningún valor para él. Bella, elegante, inspirada: sí. La imagen más reproducida en la historia de la fotografía: sí. Y un modelo para el mayor monumento de bronce del mundo, pues sí, ciertamente.

Y a partir de ahí, falacia. Una malinterpretación crucial, desde sus fundamentos. Y no representativa de ningún tipo de proeza, no para alguien que había pasado por miles de eternos segundos en situaciones realmente épicas."

James Bradley - "Banderas de Nuestros Padres" (págs. 324-325)

jueves, 26 de julio de 2012

Citas Literarias (2)

"Entre los cráteres que se encontraban lejos del cerro, al oeste, había unos cuantos cadáveres de marines. Justo después del borde derecho de la última trinchera, el cerro caía abruptamente hasta el terreno llano y lleno de barro. Junto al pie del cerro, casi directamente debajo de mí, había un cráter parcialmente inundado de unos noventa centímetros de diámetro y probablemente de otros noventa de profundidad. En este cráter se encontraba el cuerpo de un marine cuyo espeluznante semblante ha permanecido inquietantemente claro en mi memoria. Si cierro los ojos, está tan vívido como si lo hubiera visto ayer.

La lastimosa figura estaba sentada de espaldas al enemigo y descansaba contra el borde meridional del cráter. Tenía la cabeza ladeada y el casco estaba apoyado contra el lado del cráter, de manera que la cara, o lo que quedaba de ella, miraba directamente hacia mí. Tenía las rodillas flexionadas y separadas. Cruzado sobre los muslos, aún aferrado entre sus manos esqueléticas, tenía un rifle oxidado. Llevaba las polainas de lona cuidadosamente sujetas por las pantorrillas y encima de las botas. El agua turbia le cubría los tobillos, pero las punteras de las botas se veían por encima. Las pantalones, el casco, el forro y el equipo parecían nuevos. No estaban salpicados de barro ni desteñidos.

Estaba seguro de que era un nuevo reemplazo. Todo en aquel hombretón se parecía mucho a un marine tomándose un descanso durante unas maniobras antes de recibir la orden de ponerse en marcha otra vez. Al parecer lo habían matado al principio de los ataques contra Half Moon, antes de que comenzaran las lluvias. Bajo el borde del casco pude ver la visera de una gorra de faena de algodón verde. Debajo de la gorra estaban los restos esqueléticos más espantosos que había visto nunca...y ya había visto demasiados.

Cada vez que miraba por encima del borde de aquella trinchera hacia el cráter, aquella cara medio desaparecida me lanzaba una mirada maliciosa acompañada de una sonrisa sarcástica. Era como si se mofara de nuestros lastimosos esfuerzos para aferrarnos a la vida. O tal vez se burlaba de la locura de la propia guerra: 'Soy la cosecha de la estupidez del hombre. Soy el fruto de la hecatombe. Rogué como tú por sobrevivir, pero mírame ahora. Para los que estamos muertos ya ha terminado, pero tú debes luchar, y llevarás estos recuerdos toda tu vida. Los de casa se preguntarán por qué no puedes olvidar' ".

Eugene B. Sledge - "Diario de un Marine", págs. 383-385

jueves, 17 de mayo de 2012

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (17)


"Los enemigos muertos estaban esparcidos en pilas de cuerpos mutilados, tan penosamente desmembrados, en la mayoría de los casos, que era imposible determinar cuantos eran. Aquí y allá había una pierna o un brazo o una mano arrancada. En un punto, los cuerpos japoneses formaban una escalera humana por encima de la alambrada; cinco enemigos muertos estaban apilados uno encima de otro, a medida que cada uno llegaba al lugar para usar a su predecesor como barricada para luego caer encima de éste cuando lo mataban a él. Mas allá del perímetro, donde un arroyuelo serpeaba en paralelo a este, los japos muertos por la fuerza de miles de proyectiles de mortero yacían con la cabeza oculta - como los avestruces - bajo cualquier protección que podía hallar".

Marine norteamericano describe el resultado de las inútiles cargas banzai de la infantería japonesa en Boungaville (Islas Salomón). Marzo 1944


Fuente: "Se desataron todos los infiernos" de Max Hastings


jueves, 3 de mayo de 2012

Los Sanitarios Estadounidenses

Si hay unos tipos que siempre han merecido mi admiración y respeto, sin duda, esos son los médicos y sanitarios que durante la Segunda Guerra Mundial (y por añadidura durante cualquier otro conflicto armado) desempeñaron su labor en primera línea de fuego.


Bastaba que alguien gritara aquello de "¡Sanitario!" para que, bajo el fuego enemigo, corrieran a socorrer a los camaradas heridos, sin importarles su propia vida o integridad física. Es realmente encomiable y digno de todos los elogios que realizaran su trabajo con rigor y profesionalidad, soportando la tensión, el miedo, las balas y explosiones que se sucedían a su alrededor o incluso sus propias heridas. Gracias a su labor, se salvaron innumerables vidas y en muchas ocasiones dieron consuelo y evitaron el sufrimiento a los moribundos.


Creo no equivocarme si afirmo que los sanitarios del Ejército y la Marina de los EE.UU., eran los mejor preparados y equipados de toda la guerra, sobre todo en el Frente del Pacífico donde eran objetivo prioritario de los disparos de los soldados japoneses. Incluso se dieron muchos casos, sobre todo, al comienzo de la guerra, en que acudían a socorrer a algún nipón herido que solicitaba ayuda para encontrarse con que les disparara, les rebanara el cuello o activara una granada mandando a ambos al infierno.


Durante la Segunda Guerra Mundial se vieron avances inmensos en el tratamiento y la evacuación de los heridos. "Drogas maravilla" como la penicilina, la sulfamida y la morfina, y la posibilidad de hacer transfusiones de sangre procedente de bancos, redujeron de modo drástico las muertes por infección y shock. Todos los médicos, y a menudo los propios soldados estadounidenses, llevaban consigo sulfamida en polvo y una jeringuilla desechable de morfina para uso de urgencia durante los combates. Si os interesa podéis pinchar en este enlace para ver el equipo médico completo que llevaba consigo un sanitario norteamericano.


Si un soldado estadounidense herido conseguía ser evacuado con seguridad para recibir tratamiento, lo que en muchas circunstancias no era precisamente moco de pavo, sus posibilidades de sobrevivir eran notablemente altas: una media del 95,5%. Un  75% de los heridos en el abdomen y un 95% de los heridos en el pecho lograban sobrevivir al tratamiento. Incluso los hombres que habían perdido miembros en una explosión o habían recibido heridas en la cabeza tenían más probabilidades de sobrevivir que lo contrario. Ahora bien, siempre en caso de que fueran evacuados a la retaguardia con suficiente rapidez.


Por cada hombre herido en combate durante toda la Segunda Guerra Mundial, hubo 27 soldados temporalmente fuera de servicio a consecuencia de las enfermedades. Así por ejemplo, las enfermedades venéreas fueron el gran azote del Frente Europeo Occidental y el Mediterráneo. La malaria fue también un serio problema en el Norte de África y Sicilia. En el Frente del Pacífico las enfermedades venéreas no eran problema, pero si casi todas las demás. La zona más peligrosa era el Suroeste del Pacífico, con su espesa jungla y la malaria. Esta enfermedad era casi universal en todas las zonas de combate, seguida de la disentería, el dengue y la fiebre tifoidea. Contra la malaria los Aliados produjeron las pastillas de Atebrina, que eliminaban los síntomas pero daban un tono amarillento a la piel como efecto secundario, y además corría el rumor entre la tropa de que causaban esterilidad e impotencia, por lo que muchos soldados evitaban tomarlas.


Con todo, ni las heridas ni las enfermedades graves era la gran causa de las miserias cotidianas del soldado estadounidense medio; lo peor era el carácter insalubre del entorno. En el Pacífico, el menor corte, la más mínima escoriación o picadura de insecto, se infectaban a toda velocidad y a menudo resultaban imposibles de curar sin tratamiento prolongado. Las rozaduras de la ropa siempre húmeda causaban enfermedades cutáneas, hongos y ulceraciones generalizadas, que solían llamarse en conjunto "putrefacción de la jungla". Además aquel frente presentaba un último problema médico que no hay que subestimar: el golpe de calor causado por las altas temperaturas y la humedad extrema.


Como los japoneses atacaban de manera prioritaria los hospitales de sangre y a los propios sanitarios - que eran el blanco predilecto de los francotiradores - éstos se abstenían de mostrar la Cruz Roja y solían ir armados. Los aborígenes del Suroeste del Pacífico - como por ejemplo los papúes a quienes los australianos que lucharon en la campaña de la "Ruta de Kokoda" apodaron fuzzy wuzzy angels - prestaron un servicio inapreciable transportando heridos a las zonas de la retaguardia. También era fácil ver capellanes ayudando a los médicos. Las tropas alemanas del Frente Europeo no tenían por costumbre disparar de manera deliberada al personal sanitario, por lo que, los médicos y camilleros ponían todo su empeño e interés en identificarse en combate con la máxima claridad mediante brazaletes de la Cruz Roja y crujes rojas dentro de un círculo blanco u otros diseños en sus cascos.

Fuente:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: "La Americal y otras divisiones americanas en el Pacífico" de Mark R. Henry

jueves, 26 de enero de 2012

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (32)




"Sea donde sea y cuando sea que llegue la hora del rancho, los soldados deben comer primero, tras ellos los suboficiales y finalmente los oficiales".

Lewis 'Chesty' Puller, Coronel del U.S. Marine Corps, 1ª División de Marines

miércoles, 11 de enero de 2012

Vídeos de la 2ª Guerra Mundial (3)

Hola de nuevo, compañeros de armas. Hoy os traigo 3 vídeos que he encontrado en youtube en los que podéis ver escenas en color de tres de las más importantes batallas libradas por los Marines estadounidenses contra las tropas japoneses durante la Campaña del Pacífico: Tarawa, Peleliu e Iwo Jima. Que los disfrutéis:

lunes, 26 de diciembre de 2011

Canciones sobre la 2ª Guerra Mundial (3)

Hoy os traigo en esta sección musical de "Blitzkrieg!!" una triste canción sobre un héroe de guerra norteamericano que murió sólo, casi en la indigencia y en el más absoluto de los olvidos. Se trata de "The Ballad of Ira Hayes" y aunque fue compuesta y escrita por Peter La Farge, fue el gran Johnny Cash que la incluyó en su álbum "Bitter Tears: Ballads of the American Indian" (1964), quien la popularizó, . 


El tema cuenta la historia de Ira Hayes, un indio Pima de Arizona, que fue uno de los 6 Marines de la famosa fotografía de Joe Rosenthal, en la que se alzaba la bandera norteamericana en la cima del Monte Suribachi durante la Batalla de Iwo Jima. Como se muestra en la película de Clint Eastwood, "Banderas de Nuestros Padres" - en donde Adam Beach interpreta a Hayes -, el Presidente Roosevelt ordenó que los supervivientes de Iwo Jima que habían aparecido en la fotografía regresaran al país con la finalidad de patrocinar una colecta de bonos de guerra, y así, el marine indio volvió a su país como un héroe nacional y durante un tiempo disfrutó de la fama y del lujo. Sin embargo, fue relegado al olvido después de la guerra, y su vida estuvo marcada por el abuso del alcohol y los problemas con la justicia (fue arrestado 15 veces), muriendo los 32 años en la reserva donde nació, borracho, sólo, pobre y olvidado. Parece ser que la culpa de haber sobrevivido a la guerra le persiguió durante el resto de su vida. "Muchos hombres mejores que yo murieron. No podía dejar de pensar en ellos", decía.


Como es habitual, a continuación os dejo la letra de la canción, y un poco más abajo, un vídeo:
"Ira Hayes, 
Ira Hayes

Call him drunken Ira Hayes
He won't answer anymore
Not the whiskey drinkin' Indian 
Nor the Marine that went to war 

Gather round me people there's a story I would tell 
About a brave young Indian you should remember well 
From the land of the Pima Indian 
A proud and noble band 
Who farmed the Phoenix valley in Arizona land 

Down the ditches for a thousand years
The water grew Ira's peoples' crops
'Till the white man stole the water rights 
And the sparklin' water stopped 

Now Ira's folks were hungry 
And their land grew crops of weeds 
When war came, Ira volunteered 
And forgot the white man's greed 


Call him drunken Ira Hayes 
He won't answer anymore 
Not the whiskey drinkin' Indian 
Nor the Marine that went to war 

There they battled up Iwo Jima's hill, 
Two hundred and fifty men 
But only twenty-seven lived to walk back down again 

And when the fight was over 
And when Old Glory raised 
Among the men who held it high 
Was the Indian, Ira Hayes 

Call him drunken Ira Hayes
He won't answer anymore
Not the whiskey drinkin' Indian
Nor the Marine that went to war 

Ira returned a hero 
Celebrated through the land 
He was wined and speeched and honored; Everybody shook his hand 

But he was just a Pima Indian
No water, no crops, no chance 
At home nobody cared what Ira'd done 
And when did the Indians dance 

Call him drunken Ira Hayes 
He won't answer anymore 
Not the whiskey drinkin' Indian 
Nor the Marine that went to war 

Then Ira started drinkin' hard; 
Jail was often his home 
They'd let him raise the flag and lower it 
like you'd throw a dog a bone! 

He died drunk one mornin' 
Alone in the land he fought to save 
Two inches of water in a lonely ditch 
Was a grave for Ira Hayes 

Call him drunken Ira Hayes 
He won't answer anymore 
Not the whiskey drinkin' Indian 
 Nor the Marine that went to war 

Yeah, call him drunken Ira Hayes
But his land is just as dry 
And his ghost is lyin' thirsty 
In the ditch where Ira died"

sábado, 24 de diciembre de 2011

Testimonios de la 2ª Guerra Mundial (2)

"La escena era horrible y cruel. Salían más japos de las cuevas gritando. Rodaban por las rocas con sus cuerpos y ropas en llamas. De repente, el lanzallamas hizo una pausa. No salían disparos desde las cuevas. Un japo con la ropa hecha jirones salió encorvado de la cueva con los brazos en alto. Los Marines le hacían señas desde detrás de las rocas para que se acercara. El japo les indicó que había más que querían rendirse."

Carta de un Marine anónimo en Iwo Jima

viernes, 16 de diciembre de 2011

La Guerra en Imágenes: Tarawa

Marines de la 2ª División a cubierto del fuego enemigo tras una barricada. Isla de Betio, Atolón de Tarawa (Islas Gilbert). 20 noviembre 1943

Marines parapetados junto a un vehículo anfibio de desembarco LVT "Alligator" en las playas de la Isla de Betio, Atolón de Tarawa (Islas Gilbert). 20 noviembre 1943

Marines estadounidendes luchan junto a una barricada enemiga en Betio (Tarawa). 20 noviembre 1943

Marines norteamericanos heridos son evacuados en botes de goma. Isla de Betio (Tarawa). 20 noviembre 1943

Marines de la 2ª División combatiendo en las playas de la Isla de Betio (Tarawa). 20 noviembre 1943

El Teniente Alexander Bonnyman y sus hombres del 2º Batallón (8º Regimiento, 2ª División Marines) asaltan una posición fortificada japonesa. 21 noviembre 1943. Por sus acciones Bonnyman recibió la Medalla de Honor a título póstumo

Marines norteamericanos a cubierto del fuego enemigo tras un búnker japonés. Isla de Betio (Tarawa). 21 noviembre 1943

Dos Marines armados con lanzallamas tratan de dejar fuera de combate una posición fortificada japonesa. Isla de Betio, Tarawa (Islas Gilbert). 20-23 noviembre 1943

Un Marine dispara contra un búnker japones en Betio (Tarawa). 20-23 noviembre 1943

Un LVT "Alligator" puesto fuera de combate por el fuego enemigo permanece junto a una barricada en Beach RED 1. Tarawa, 20-23 noviembre 1943

Vista de la playa de la isla de Betio, Atolón de Tarawa cubierta de cuerpos de Marines caídos durante los duros combates. 20-23 noviembre 1943

Varios LVTs norteamericanos y tanque ligero japonés Type 95 destruidos en las playas de Tarawa tras la batalla. 23 noviembre 1943

Uno de los 4 cañones navales Vickers de 8 pulgadas que los japoneses tenían emplazados en Betio (Tarawa) destruido por el fuego de la artillería naval y los bombardeos de la aviación norteamericana. 20-23 noviembre 1943

Vista del puesto de mando japonés en Betio tras los bombardeos y ataques norteamericanos. Junto a él, se observa un tanque ligero nipón Type 95 destruido. 21 noviembre 1943

Cadáveres de Marines estadounidenses cubiertos con ponchos en una trinchera. Tarawa (Islas Gilbert). 20-23 noviembre 1943

Los cadáveres de dos soldados japoneses que se suicidaron antes de rendirse yacen en un búnker. Isla de Betio, Tarawa (Islas Gilbert). 23 noviembre 1943

Prisioneros de guerra japoneses. Betio (Tarawa). 20-23 noviembre 1943

jueves, 6 de octubre de 2011

Citas Célebres de la 2ª Guerra Mundial (20)



"Cuando para ganar una guerra se hace necesario capturar una posición enemiga, no es de nuestra competencia evaluar el coste de dinero, tiempo, equipo, y ni siquiera de vidas humanas.

Se nos ha dicho cual va a ser nuestro objetivo y nos preparamos para cumplir nuestro trabajo."


General Holland M. "Howlin' Mad" Smith - Comandante General de la Fuerza de Marines del Pacífico.

jueves, 29 de septiembre de 2011

El Euskera en Guadalcanal

Durante la Segunda Guerra Mundial era fundamental la comunicación entre las tropas para poder coordinar las operaciones. El problema era que el enemigo podía también escucharlas, por lo que había que inventar un método para impedir por todos los medios que el enemigo descifrase los mensajes. Aunque el ejército norteamericano contaba con sofisticadas máquinas de cifrado rotatorio que mediante complejos algoritmos matemáticos encriptaban las comunicaciones - la SIGABA, similar a la británica Typex o la alemana Enigma - en la Guerra del Pacífico, los Marines recurrieron a un método más sencillo y original: utilizar idiomas minoritarios, extraños y difíciles de comprender para así despistar a los japoneses.

Seguro que gracias a la película "Windtalkers" (2002) todos conoceis la utilización del idioma de los indios navajos, encargándose a soldados de esta tribu el transmitir y recibir las comunicaciones por radio. Pero ese no fue el único idioma utilizado en las comunicaciones de los Marines estadounidenses. También se recurrió al idioma de otras tribus nativas norteamericanas como los iroqueses, los oswego o los shaishai, pero en estos casos para entablar comunicaciones con el continente americano, en relación sobre todo al envío de convoyes navales.

Y aunque pueda parecer increíble, el euskera también fue empleado por la Marina norteamericana, concretamente durante el desembarco en Guadalcanal, el 7 de agosto de 1942. Según cuenta el catedrático y escritor Daniel Arasa en su libro "Los españoles en la guerra del Pacífico" (2001), el mexicano hijo de vizcaínos Ernesto Carranza, oficial de Transmisiones del Ejército norteamericano, propuso y consiguió que se usara el euskera como idioma para las transmisiones. La idea presentaba indudables ventajas: La primera y más evidente, la rapidez en la transmisión. Bastaba con colocar a ambos lados del hilo de comunicación a dos vascoparlantes; la segunda y más importante, la certeza de que los japoneses no descifrarían los mensajes.

La idea de emplear el lenguaje paterno surgió en el cuartel de transmisiones de San Francisco en el que Carranza estaba destinado, y adonde en mayo de 1942 llegaron miles de reclutas desde California, Nevada, Idaho, Oregón, Montana y otros estados del Oeste. A este acuartelamiento fueron a parar también alrededor de 60 hijos de vascos que habían emigrado a la floreciente norteamérica en la mayoría de los casos para trabajar como pastores. Muchos de ellos hablaban mal el castellano, tenían un regular inglés pero un buen euskera. Según Arasa, a Carranza se le ocurrió que, dado su uso minoritario, sería un buen idioma para ser empleado en las transmisiones más relevantes, siendo aceptada su propuesta por el alto mando.

Después de realizar varias pruebas con todos los idiomas elegidos se comprobó que los japoneses no entendían los mensajes por lo que, se empleó cada idioma un día distinto de la semana con la intención de despistar al enemigo. El reparto que se realizó fue: lunes, euskera; martes, oswego, miércoles, iroqués; jueves shaishai; viernes, euskera; sábado, clave 2x2, domingo, oswego. El euskera se empleó primero para los convoys de carga que navegaban por el Pacífico evitando a los aviones y submarinos nipones que tras el ataque a Pearl Harbor dominaban el mar. Vista su efectividad, se siguió usando para el desembarco en Guadalcanal. En San Diego, las órdenes eran redactadas en inglés pero se traducían al euskera para transmitirlas al jefe de la flota y al resto de almirantes.

La primera orden concreta para el asalto se remitió el 1 de agosto de 1942, "Egon arretaz, X egunari" ("atención al día X"); ese día elegido era el 7 de agosto. A ésta le siguieron otras como "Gudari-talde asko 100.000" ("las tropas japonesas ascienden a 100.000 hombres" - cifra que luego se demostró ser muy exagerada-), "lurrepaira idarrepairaindartsuak" ("poseen fuertes trincheras y fortificaciones") o "aurreta zuhaitzairi" ("atención a las copas de los árboles").

El mensaje más relevante se emitió en la madrugada del 7 de agosto de 1942, "Sagarra eragintza zazpi" ("la operación manzana comenzará a las siete"). A esa hora se había decidido desembarcar sobre el islote Tulagi y sobre Guadalcanal, una isla casi deshabitada donde los Estados Unidos, tras una dura y cruenta campaña que finalizó el 9 de febrero de 1943, obtuvo una decisiva victoria.

Por lo tanto, la lengua vasca se empleó durante la campaña de Guadalcanal para emitir diversas órdenes de combate y en las descripciones que efectuaban los aviones que sobrevolaban la isla. No obstante, y pese a reconocer su validez, los norteamericanos prefieron no utilizarlo en demasía, debido, según parece, a la existencia de una importante colonia de inmigrantes nipones en Sudamerica y el temor a que alguno pudiera poseer algún conocimiento del euskera, prefiriendo potenciar el uso de códigos basados en las lenguas indias.

martes, 13 de septiembre de 2011

Carteles Propagandísticos de la Segunda Guerra Mundial (1)

Gracias a un comentario vía facebook que ha hecho mi primo Pol, se me ha ocurrido esta nueva sección del blog en la que os iré mostrando todos aquellos carteles propagandísticos de la Segunda Guerra Mundial que vaya encontrando por la red. Inaguro esta sección con una serie de carteles conmemorativos, propagandísticos y de reclutamiento de los Marines de los Estados Unidos. Allá van:

Espero que os hayan gustado. Otro día más...

martes, 6 de septiembre de 2011

La Guerra en Imágenes: Peleliu

La primera oleada de lanchas de desembarco (LVT - Landing Vehicle Tracked) de la 1ª División de Marines USA avanza hacia las playas de Peleliu (Islas Palaos), mientras las posiciones japonesas son bombardeadas por la artillería naval. 15 de Septiembre de 1944

Usando un Amtrac (Tractor Anfibio) como escudo, los Marines de la 1ª División USA combaten en las playas de Peleliu. 15 Septiembre 1944

Marines de la 1ª División USA (1º Regimiento) tratan de desplegarse bajo el fuego enemigo en White Beach. 15 Septiembre de 1944

El y 7º Regimientos de la 1ª División de Marines USA asaltan Orange Beach. 15 Septiembre 1944

Marines de la 1ª División USA retiran los cadáveres de sus compañeros caídos en las playas de Peleliu. Al fondo se observan los vehículos de desembarco LVT. Septiembre 1944

Dos Marines norteamericanos tomándose un descanso tras los primeros combates de la Batalla de Peleliu. 15 Septiembre 1944

Un Marine norteamericano ofrece un trago de agua de su cantimplora a un compañero herido. Septiembre 1944

Dotación de un mortero de 60 mm de los Marines USA dispara contra las posiciones japonesas en Peleliu. Septiembre-Octubre 1944

Marine estadounidense disparando su bazooka M1A1 contra un búnker nipón en las colinas de Peleliu. Septiembre-Octubre 1944

Un LVT de los Marines USA equipado con lanzallamas ataca una posición japonesa en Peleliu. Septiembre 1944

Tanqueta japonesa Typ0 94 Te-Ke destruida rodeada de cadáveres de soldados nipones. Septiembre 1944

Un F4U Corsair ataca con bombas de napalm las posiciones japonesas en los cerros Umurbrogol. Septiembre-Octubre 1944

Cartel y cráneo humano señalan una zona de combate y avisan del peligro a los Marines. Peleliu, Octubre 1944